LA MAFIA ITALONORTEAMERICANA
 

Recorrido historico de la Mafia... Todo Imperio tiene su Génesis

  Cualquier sociedad secreta del crimen organizado se basa en las más modernas técnicas de dirección empresarial, desde la organización, planificación y coordinación de las actividades hasta su ejecución y control de los resultados. Jerarquía, unidad de mando, división del trabajo, productividad, etcétera, son conceptos manejados de forma natural por la delincuencia organizada. También sus miembros (capos, lugartenientes, consejeros, capitanes, soldados) tienen como máxima lo solidaridad entre ellos, exactamente como sucede en cualquier empresa, en las cuales, los jefes y los obreros trabajan codo con codo por el bienestar común… En cuanto a la célebre omertá o código del silencio, poco difiere del hermetismo imperante en las empresas y organismos sensibles al espionaje, cuyos empleados deben comprometerse por escrito a preservar los datos conocidos durante su trabajo (la violación del secreto está penalizada con la cárcel y con toda clase de "listas negras"). Un mafioso traidor es automáticamente represaliado: amenazas sobre la familia, secuestro, paliza, asesinato. La indisciplina es mala consejera dentro de cualquier hermandad del crimen, como también ocurre en la CIA o en el KGB, según la experiencia de algunos ex agentes víctimas de la "seguridad de la información". Un miembro del CESID denunció en la prensa haber sido humillado con un objeto inanimado por haber metido la nariz en la trastienda de la presunta guerra sucia contra ETA.

En próximos capítulos, trataré sobre diversas sociedades secretas del crimen organizado, tan históricas e influyentes como la Mafia o Cosa Nostra, pero hoy comenzaré con la conjunción de estas dos últimas, quizá las más populares debido a la mayor dedicación por escritores y cineastas.
 

PRIMERA PARTE
 

La mafia italonorteamericana nació en Sicilia, isla expoliada tradicionalmente por los invasores procedentes de casi todos los rincones del Mediterráneo y Europa. Durante el dominio árabe, las tierras sicilianas estaban muy repartidas, pero cuando los normandos conquistaron la isla, en la Edad Media, los señores feudales despojaron a sus propietarios germinando la semilla de la Mafia. Muchos campesinos, contrarios a trabajar como siervos en los enormes latifundios de los nuevos amos de Sicilia, huyeron a las montañas, donde permanecieron hasta el desembarco de los españoles, en el siglo XV. Los nuevos conquistadores no se privaron de ninguna medida represora contra los terratenientes ni contra sus esclavos. En aquella época, la Mafia representaba el único baluarte para mitigar las injusticias provocadas por las autoridades y soldados extranjeros. Durante varios siglos, la Mafia indujo a los sicilianos a buscar en el seno de la familia la reparación de cualquier arbitrariedad y conflicto. Nada de colaborar con los forasteros ni recabar el auxilio de los jueces borbones. El mutismo y la disciplina se convirtieron en una norma frente al Estado, similar a los clanes escoceses. La venganza sólo era incumbencia de la familia. En ese contestó emergió la Mafia como alternativa de gobierno hasta la conversión de Sicilia en una colonia del reino de Nápoles. Desde entonces, los jóvenes sicilianos sólo tuvieron tres alternativas: pelear contra el nuevo invasor; emigrar a EEUU o ingresar en la Mafia. En las postrimerías del siglo XIX, cerca de un millón de isleños arribaron a Nueva York. Muchos ya formaban parte de la Honorable Sociedad con bastante aplicación. En 1890, los hermanos Mattanga, nacidos en Palermo, controlaban el tráfico del puerto de Nueva Orleans.
 

El alumbramiento de Cosa Nostra, como se iba a conocer a la mafia de origen italonorteamericano, se produjo el 12 de noviembre de 1908. Inicialmente, se constituyó como una filial de la mafia siciliana, entonces dirigida por Don Vito Cascio Ferro, jefe de todos los jefes. Pero en poco tiempo llegó a convertirse en la más fabulosa organización criminal del planeta. A mediados de 1970, su poder no era inferior al atesorado por los señores de Wall Street.
 

Aunque con el transcurso de los años llegó a suprimirse la ceremonia de ingreso de los nuevos mafiosos, durante bastante tiempo formó parte de la leyenda de Cosa Nostra. El rito comenzaba en presencia del Padrino, quien, con la sangre del candidato a gangster, obtenida con un pinchazo en un dedo, mojaba la imagen de Santa Rosalía, patrona de Palermo, y procedía a quemarla después. Las cenizas las depositaba entre las manos del neófito, quien pronunciaba el siguiente juramento: "Juro lealtad a mis hermanos; no traicionarlos nunca y socorrerlos siempre. Si no lo hiciera, que sea quemado y reducido a cenizas como esta imagen". Desde ese momento, el juramentado estaba comprometido con toda clase de vendetta o ajuste de cuentas, bien contra los enemigos de la Mafia, bien contra los clanes mafiosos rivales. Contra todo pronóstico, el voto de silencio no es patrimonio exclusivo de la Mafia; baste, si no, recordar Cazador de policías, libro biográfico del ex agente del Departamento de Policía de Nueva York Vincent Murano. El "muro azul" funciona entre los policías norteamericanos para encubrir los crímenes perpetrados en los cuerpos de seguridad.
 

No todo el monte es orégano; tampoco EEUU para los inmigrantes sicilianos. Hacinados en barrios periféricos de Nueva York o Chicago, pronto buscaron el trampolín de Cosa Nostra. Las extorsiones, los asesinatos por encargo, el contrabando de bebidas alcohólicas, las apuestas clandestinas y los préstamos con usura a los propios italianos formaron parte de un conglomerado económico al margen de los negocios tradicionales. El FBI nació para responder a la grave amenaza de Cosa Nostra.
 

Joe Petrosino no emuló a muchos de sus compatriotas e ingresó en el Departamento de Policía de Nueva York. Según algunos detenidos, practicaba la tortura como sistema de interrogatorio. En 1909, bajo la identidad falsa de Simone Velletri, viajó a Sicilia con la idea de convencer a las autoridades locales de cooperar más activamente con la policía norteamericana. No regresó a EEUU porque Don Vito Cascio Ferrero lo despidió del mundo en los muelles de Palermo. Muchos enfrentamientos mantuvo Cosa Nostra con la policía de las principales ciudades norteamericanas. Pero también han sido numerosas las denuncias hechas sobre determinadas complicidades entre ambos gremios. Incluso el mismísimo Edgar J. Hoover, director del FBI durante más de un siglo, murió bajo la sospecha de haber coqueteado con ciertos jefes de Cosa Nostra.
 

El primer gran padrino de Cosa Nostra en Nueva York nació de la guerra entre sendas bandas de sicilianos y napolitanos. Después, a Ignazio Saietta lo sustituyó Giusseppe Masseria, más conocido como Joe the Boss. La fama de Masseria pronto se vio perturbada por gente con savia nueva: Gambino, Luciano, Costello, Lucchese, Bonanno, Anastasia. Pero ninguno tan peligroso en aquella época como Salvatore Maranzano, enviado por Don Vito Cascio Ferro para dominar Cosa Nostra. En 1931, Lucky Luciano propuso a Maranzano liquidar a Masseria. Dio su visto bueno porque Masseria ya lo había incluido en la nómina de gente a despachar. Poco después, y durante un banquete multitudinario, Maranzano se proclamó jefe de todos los jefes. Dividió Nueva York entre cinco familias (Bonanno, Lucchese, Colombo, Mangano -en 1957 tomó el nombre de Gambino- y Genovese) e implantó la unidad y la colaboración entre las veinticuatro familias existentes en Norteamérica para cubrir las necesidades de todos los italianos. Pero no confesó un objetivo inmediato: quitar del medio a Lucky Luciano. "Mantén los ojos abiertos porque es duro de roer", le dijo Josep Valacchi a Maranzano. Aun así, picó el anzuelo tendido por Lucky Luciano acudiendo al restaurante Nuova Villa Tammaro, donde, Genovese, Anastasia, Siegel y Adonis le quitaron la vida mientras Lucky Luciano, a medio comer, se había disculpado un momento para echar una meada. Maranzano no duró ni cinco meses como rey del hampa en Nueva York.
 

Con el advenimiento de Lucky Luciano como jefe de hecho de todos los jefes (abolió el cargo), refundó el sindicato del crimen con la participación de las bandas de judíos e irlandeses por su vieja relación con ellas. Lucky Luciano dio un giro radical a la estructura mafiosa en EEUU creando una comisión u órgano de gobierno colegiado. La influencia de Cosa Nostra hizo escalar peldaños antes inimaginables a ciertos prebostes de la Honorable Sociedad. El dinero de muchas campañas electorales salió de las arcas mafiosas e incluso Lucky Luciano jugó un papel decisivo durante la II Guerra Mundial, cuando los norteamericanos requirieron la colaboración de la Mafia contra las tropas de Hitler.
 

Otro hombre descollante en Cosa Nostra ha sido Al Capone. Tras la promulgación de la Ley Seca, Jim Colosimo, jefe indiscutible del crimen organizado en Chicago, mantuvo una reunión con Torrio y Al Capone para establecer las bases de la producción, transporte y venta de whisky y ginebra clandestinos, un negocio de pingües beneficios a pesar de las incautaciones y las bajas producidas durante los enfrentamientos con la policía. Primero Colosimo y después Torrio, abandonaron el mundo de forma precipitada, y Al Capone dio un salto hacia la fama en EEUU. Su recuerdo subsiste aún en Chicago, Nueva York, Dallas. Murió varios años después de ser condenado como defraudador de impuestos. El FBI jamás pudo demostrar sus otras actividades delictivas.
 

Encarcelado Lucky Luciano (por dirigir una red de prostitución) y huido temporalmente Vito Genovese, Frank Costello brilló con luz propia durante varios años. Lo apodaban "Primer Ministro del Hampa" por sus fraternales relaciones con gobernantes, jueces, policías y banqueros. Gozaba con la posesión de diamantes, coristas de lujo y automóviles blindados. También asesorando al director del FBI en las apuestas de caballos. En 1951, el senador Kefauver denunció la connivencia entre Cosa Nostra, los políticos y las corporaciones de Wall Street. La jefatura de Frank Costello (asesinado por mandato de Vincent Gigante siguiendo a su vez las órdenes de Anastasia y Genovese) coincidió más o menos en el tiempo con las operaciones de Murder Inc (Homicidas Anónimos), un grupo de sicarios al servicio de cualesquiera de las veinticuatro familias de Cosa Nostra. Se anunciaba sin cortapisa por doquier: "Servicio eficaz; máxima discreción. Aceptamos encargos en cualquier Estado". Usaban veneno, puñales, armas de fuego, las profundidades del mar, gasolina. El FBI andaba detrás de Anastasia, máximo responsable de Homicidas Anónimos, para mandarlo a la silla eléctrica, pero el mafioso hubo de contentarse con la silla de la barbería del hotel Park Sheraton, donde unos matones enviados por Genovese lo dejaron frito.
 

Durante años, los hombres de Anastasia habían sembraron el pánico entre los estibadores díscolos de los muelles de Brooklyn, remisos a la hora de pagar una comisión por la carga y descarga de los barcos. Un hermano de Anastasia también ostentaba la vicepresidencia del sindicato ILA (Asociación Internacional de Estibadores). Precisamente por la influencia de Cosa Nostra sobre la marcha del puerto de Nueva York, en 1942, aprovechando el riesgo latente de los submarinos alemanes, los hermanos Anastasia urdieron una treta para liberar a Lucky Luciano, encarcelado desde 1936. Provocaron un incendio a bordo de uno de los barcos atracados y las autoridades no dudaron en negociar la seguridad de las instalaciones portuarias con el sindicato del crimen. Lucky Luciano recuperó la libertad y fue deportado a Sicilia, donde jugó una misión decisiva coadyuvando en el desembarco de las tropas aliadas.
 

Después de la desaparición de Frank Costello, y preso Vito Genovese por la traición de Carlo Gambino, la familia creada por Lucky Luciano dejó de ser la más importante dentro de Cosa Nostra y cedió el testigo a la familia Gambino, dirigida por Mangano hasta su muerte, en 1931 (ordenada por Anastasia), y por el mismo Anastasia hasta 1957, asesinado tras la conspiración de Gambino y Genovese. El relevo en la jefatura de la vieja familia Mangano coincidió con su cambio de nombre. Don Carlo Gambino es sin duda, en la historia de la mafia italonorteamericana, la personalidad más brillante tanto por su inteligencia como por la cantidad de poder atesorado. En 1958, sólo Don Vito Genovese, su aliado en la desaparición de Anastasia, amenazaba los planes de Gambino. Pero Don Carlo no lo dudó ni un instante y dio el chivatazo al Departamento de Policía de Nueva York. Genovese no salió vivo de la cárcel tras violar la Ley de Control de Narcóticos, aunque antes sufrió una nueva traición: Joseph Valacchi declaró en su contra ante la Comisión Senatorial McClellan.
 

La Mafia tiene un lema sagrado: "Apoyar a quienes ostentan el poder o van a ostentarlo". Leyenda o realidad, subsiste la sospecha (cada vez menos sospechosa) del coqueteo entre la familia Kennedy y Cosa Nostra. Lo denunció en un libro uno de los sobrinos de Sam Giancana, antiguo jefe de la Mafia en Chicago, quien presuntamente financió la campaña electoral del primogénito del clan Kennedy. Sin embago, tanto desde la presidencia del Gobierno como desde la Fiscalía General del Estado, los hermanos John y Robert declararon la guerra a Cosa Nostra nada más asumir sus respectivos mandatos. Robert Kennedy transmitió al director del FBI una lista de los mafiosos perseguibles con urgencia: San Giancana; Santos Trafficante (jefe de Cosa Nostra en Tampa y La Habana, respectivamente); Josep Profaci (jefe de la familia Colombo); Tommy Lucchese (Nueva York); John Scalish (Cleveland); Josep Civello (Dallas); Carlo Gambino (Nueva York); Frank de Simone (California); Frank Majuri (Nueva Jersey); Carlo Marcello (Lousiana y Texas); Angelo Bruno (Philadelfia). Todos iban detrás del nombre de Jimmy Hoffa, presidente de la Hermandad Internacional de Camioneros y estrechamente vinculado a Cosa Nostra. Pero su desaparición no le costó ni un centavo al Departamento del Tesoro porque "Tony el Griego", lo dejó sin aliento por encargo de San Giancana.
 

En 1961, los tribunales de justicia condenaron a más de setenta gángsteres; en 1962 se duplicó la cifra y en 1963 se triplicó. Los hermanos Kennedy representaban un quebranto para la seguridad de Cosa Nostra. La muerte de ambos se convirtió en un objetivo de máxima prioridad, aun cuando un par de años antes, según las conclusiones del Comité Church, la Mafia y el Gobierno norteamericano habían planeado amistosamente matar a Fidel Castro Ruz. El magnicidio del presidente Kennedy es un tema oscuro todavía. ¿Por qué Jack Ruby, brazo derecho de San Giancana en Dallas, eliminó a Lee Harvey Oswald, agente de la CIA y cabeza de turco en el atentado contra Kennedy? ¿Mantuvo San Giancana una entrevista con Nixon y Johnson a cuenta de la necesidad de matar al presidente? Las revelaciones de los detectives privados Fred Otash y John Danoff, contratados por Jimmy Hoffa para grabar las confidencias de Robert Kennedy a Marilyn Monroe, su amante, pusieron en un brete la presunta honorabilidad de los hermanos Kennedy en su guerra contra la Mafia. Incluso San Giancana, colaborador a su vez de la CIA, acusó a la Agencia Central de Inteligencia de haber asesinado a Marilyn Monroe con un supositorio de Nembutal (más efectivo porque no dejaba rastro en el estómago ni en el riñón) para evitar el riesgo de una explosiva declaración por su parte sobre las confidencias del fiscal general del Estado. Lionel Grandison, entonces juez del condado de Beverly Hills, ha reconocido haber recibido presiones para falsear las causas de la muerte en el certificado de "suicidio".

Mientras Don Carlo ("Don Vito Corleone" en la película El Padrino) iba construyendo su vasto imperio, Lucky Luciano, residente en Sicilia desde la deportación, continuaba presidiendo la comisión de gobierno del Sindicato Nacional del Crimen Organizado. En Nápoles, lo entrevistó John H. Davis, oficial de la VI Flota y más tarde autor de La Dinastía Mafia. Lucky Luciano transitaba en la ciudad como Pedro por su casa, a pesar de su añoranza constante de Nueva York y la frustración de haber perdido los casinos en La Habana tras la victoria de la revolución de los barbudos. Igea, una hermosa milanesa casi treinta años más joven, trataba de consolarlo envolviéndolo en las redes del amor. Pero los sentimientos y los negocios no son incompatibles y Lucky Luciano continuaba exportando a EEUU la heroína procedente de Oriente Medio. Con algo más de sesenta años de edad, aunque con un pie ya buscando la otra vida por su mala salud, recibió una propuesta de Martin Gosch, ex guionista de Hoolywood, para filmar una película sobre la Mafia. Aceptó de inmediato, pero no contaba con la oposición de Genovese, Bonanno, Lucchese y Gambino. Lucky Luciano perdió la asignación de 25.000 dólares mensuales y ganó una oferta de asesinato. Un infarto, en 1962, lo salvó de la peor suerte para quien hizo de Cosa Nostra un mito imperecedero. Sus honras fúnebres no desmerecieron las de cualquier monarca europeo.
 

Gambino, tras la boda de su hija con un vástago de Thomas Lucchese, hincó el diente a la familia Lucchese. Después también consiguió el control de la familia Colombo, precisamente maniobrando en beneficio del nombramiento de Josep Colombo como jefe (más tarde dio la orden de asesinarlo por no compartir sus excentricidades como predicador de la Liga Italonorteamericana de los Derechos Civiles, sermones contrarios a la personalidad discreta de Gambino). La muerte en prisión de Vito Genovese hizo posible la extensión del dominio de Don Carlo a la familia Genovese. En 1970, a Gambino únicamente le quedaba por manejar la pequeña familia Bonanno, dirigida entonces por Carmine Galante (muerto pocos años más tarde por enfrentarse a Paul Castellano, cuñado y sucesor de Don Carlo). Gambino tuvo el privilegio de fallecer de muerte natural, hecho infrecuente entre los jefes de Cosa Nostra. Su desaparición dejó consternado a los habitantes neoyorkinos de Pequeña Italia, donde, en el café Biondo, Don Carlo solía escuchar las quejas y peticiones de sus compatriotas. Miles de italianos estaban en deuda con el Padrino.
 

Como todo gangster de reputación, Paul Castellano amaba viajar en limusina; residir en una mansión y tener dinero a espuertas. Nunca llevaba encima ni una modesta pistola del calibre 22. Pero no dudaba ni un segundo en ordenar cualquier asesinato cuando las palabras no significaban nada. Su medio natural se situaba entre distinguidos empresarios o leyendo The Wall Street Journal. Varias sociedades relevantes de Nueva York pasaron a manos de la familia Gambino gracias a su poder de infiltración en el mundo de la economía legalizada. Una diabetes mal curada lo dejó impotente cuando aún no había coronado la edad de sesenta años. Pero la enfermedad no iba a ser la causa de su muerte. John Gotti, Frank DeCicco y Salvatore Gravano decidieron mover ficha. Jaque mate al jefe. Paul Castellano murió acribillado mientras entraba en el restaurante Sparks Steak House.
 

Según John H. Davis, los ingresos de Cosa Nostra, sólo en Nueva York, sumaban 500 millones de dólares a la muerte de Paul Castellano. El negocio no iba a decrecer en los siguientes años. John Gotti, nuevo jefe de la familia Gambino, tampoco cultivaba la ociosidad. A través de un conglomerado de empresas fantasmas y la sumisión de los sindicatos, controlaba un sinfín de sectores económicos, desde la construcción hasta la recogida de basura pasando por la hostelería, el transporte, la prostitución y la industria textil. Por si fuera poco, logró salir absuelto en un juicio por asociación con el crimen organizado. La fama como persona ejemplar se disparó aún más. Sin embargo, tanto derroche publicitario no gustó a los jefes del resto de las familias de Nueva York. Vincent Gigante, jefe de la familia Genovese, insinuó la posibilidad de mudarlo de galaxia. El FBI descubrió la conspiración y John Gotti pasó a ser un protegido de la Administración de Justicia norteamericana hasta la celebración de un nuevo juicio por asesinato. También salió indemne de la acusación, pero el apuesto mafioso ya no contaba con la fidelidad de Salvatore Gravano, primero su consejero y después su lugarteniente. "Sammy the Bull", apodo de Gravano, lo acusó de haber ordenado la muerte de Paul Castellano. La noticia corrió como un reguero de pólvora. Salvatore, frío como un témpano y robusto como un toro, pactó la delación y destrucción de la familia Gambino a cambio de cumplir sólo cinco años de prisión. "¿Por qué lo hizo?", le preguntó una periodista de la cadena de televisión ABC. "Porque John pensaba traicionarme. Es un maestro del doble juego, pero esta vez perdió", dijo "Sammy the Bull" mirando fijamente a los ojos de Diane Sawyer. Salvatore Gravano ingresó en Cosa Nostra con apenas 21 años de edad. El dinero, las mujeres, los automóviles, el honor y la fraternidad influyeron en la decisión de convertirse en gangster. Hoy, recuperada la libertad, también ha escrito un libro sobre sus andanzas en Cosa Nostra. John Gotti no ha necesitado leerlo para ofrecer un millón de dólares por la cabeza del "pájaro" cantarín.
 


SEGUNDA PARTE

 

La mafia siciliana nunca permaneció desconectada de Cosa Nostra, pero después del regreso de Lucky Luciano, tanto la isla como Nápoles (manantial también de la Camorra), cobraron un enorme prestigio. En la II Guerra Mundial, tras la victoria de los aliados en Túnez, último bastión del III Reich en África, el siguiente objetivo no podía ser otro: Sicilia, cabeza de puente hacia Roma. La flota norteamericana estaba compuesta por centenares de barcos. El general Patton mandaba el VIII Ejército. El 15 por ciento de las tropas de asalto llevaba sangre de origen siciliana; también el germen de Cosa Nostra. El desembarco no constituyó ningún riesgo, salvo la tormenta desatada la noche anterior. En cada rincón de Sicilia o a la vuelta de cada esquina, muchos antiguos emigrantes en Nueva York o Chicago, saludaban: "¡Vivan los aliados! ¡Viva la Mafia!".
 

Los norteamericanos liberaron a los gángsteres presos y la mayoría de ciudades cayeron en manos de alcaldes mafiosos, como Don Calogero Vizzini, cacique de Villalba, o Serafino de Peri, máximo responsable del ayuntamiento de Bologueta y terror de Nápoles durante varios años. La Iglesia bendijo tales nombramientos. Los norteamericanos incluso llegaron a coquetear con la idea de apoyar la independencia de Sicilia gracias al anticomunismo de la Mafia. Pero no estaban solos en los manejos internos. Sir William Sthepherson, italiano de origen y teniente coronel de la Sección de Operaciones Especiales del Ejército británico, se hizo cargo de organizar y adiestrar a los sicilianos en técnicas de guerrilla y sabotaje. Muchos de aquellos reclutados también formaban parte de la Mafia. Pero no Salvatore Giuliano, un contrabandista joven, valiente, impetuoso y semejante a Robin Hood: robaba a los ricos para repartir el botín entre sus familiares, amigos y vecinos. Tras ser nombrado coronel por el Servicio Militar de Información, mantuvo a raya a dos divisiones alemanas sólo con una dotación de doscientos hombres. También soñaba con la separación de Sicilia del resto de Italia, y su banda integró el Movimiento Independentista Siciliano. Feroz anticomunista, mandó una carta al presidente Truman deseando convertir a Sicilia en un Estado más de USA para "preservarla de la terrible Rusia". El 1 de mayo de 1947, su banda, apostada en las montañas cercanas al valle de Portella della Ginestra, donde se concentró un gran número de campesinos para festejar el Día del Trabajo, abrió fuego. Murió una docena de personas. Giuliano, convertido en fugitivo de los tribunales de justicia, inexperto en política y traicionado por la Mafia (fiel aliada de la Democracia Cristiana), cayó abatido cuando no contaba aún treinta años.
 

Tras finalizar la II Guerra Mundial, la Mafia se convirtió en un Estado dentro del Estado. Sus tentáculos ya no abarcaban sólo a Sicilia, sino casi a toda la estructura económica de Italia, y de usar escopetas de cañones recortados, pasó a disponer de armamento más expeditivo: revólveres del calibre 357 Magnum, fusiles lanzagranadas, bazokas, cargas explosivas. La Mafia y otras sociedades secretas del crimen organizado formaron un sistema de vasos comunicantes. En la Logia Masónica P-2, representada por el gran maestre Licio Gelli, había parlamentarios, ministros, generales, jueces, policías, banqueros, aristócratas, mafiosos. En 1993, cinco ex presidentes de Gobierno, un montón de ministros y más de 3.000 políticos y empresarios fueron acusados, procesados o condenados por corrupción y asociación con la Mafia. Uno de los implicados en el "Maxiproceso", Francesco Madonia, hubo de resignarse con la requisa de 250 cuentas bancarias, 200 edificios, 60 empresas, 265 automóviles, 45 fincas rústicas y varios yates. El jefe de la Democracia Cristiana, miembro de la Honorable Sociedad, cayó abatido tras la confirmación de la sentencia multitudinaria. Se trataba de un mensaje de la Mafia al viejo Andreotti, ex presidente del Gobierno, por no impedir la encarcelación masiva de sus miembros. La Mafia no perdona nunca, como ya no podrán atestiguar los banqueros Michele Sindona y Roberto Calvi, dos magos de las finanzas del Vaticano, la Mafia y otras instituciones de Italia. Abandonaron la tierra sin oposición de la medicina por un arrebato de codicia: quisieron apropiarse del dinero de la Mafia.
 

La mitad de los ingresos de la Honorable Sociedad procede de los asuntos criminales, y el resto de los negocios y empresas sin mácula: almacenes, fábricas, minas de oro, navieras, casinos. Hasta FIAT ha contribuido al engrandecimiento de las arcas de la Mafia tras instalar una factoría en San Nicolás de Melfi, donde hubo de abonar la correspondiente comisión para no sufrir ningún percance. Incluso el mármol de las canteras del municipio almeriense de Macael ha de competir con el obtenido en Carrara, propiedad de la Honorable Sociedad. Las fraudulentas adjudicaciones de obras y servicios son la esencia de la Mafia, como sucede en no pocos rinconcitos de nuestro bello planeta: España, México, Colombia. A la vista del tejido social bajo control de la Honorable Sociedad, quizá no sea exagerado calcular en cientos de miles de personas las ocupadas en toda clase de negocios respetables dentro y fuera de Italia. Seguir el rastro del dinero blanqueado hasta hoy por la Mafia ha sido una misión imposible. Según la periodista Claire Sterling, la investigación del caso "Pizza Connection" (como se conoció a mediados de los años ochenta la red norteamericana de "French Connection"), apenas dio resultado.
 

Tras el desmoronamiento del Pacto de Varsovia y la desintegración de la URSS, la Mafia ha dado un paso más adelante en la globalización del crimen organizado. El estado de bancarrota, la corrupción y el capitalismo salvaje dentro de los antiguos países "comunistas", han permitido la expansión de la Honorable Sociedad más allá de los límites hasta hace poco establecidos por la extinta división del mundo en dos bloques políticos antagónicos. De un tiro, la Mafia ha cazado dos pájaros: cobertura para el dinero negro y posibilidad de nuevas inversiones. Los sicilianos, como también han hecho las demás sociedades secretas del hampa internacional, han comprado todo cuanto han encontrado en el camino desde la caída del Muro de Berlín: armas, bonos del Estado, municiones, restaurantes, discotecas, estudios de cine, hoteles, agencias de viaje, casinos, empresas de transporte, medios de comunicación, fábricas de automóviles, yacimientos de petróleo, partidos políticos, militares del KGB, equipos de fútbol. Desde Rusia sin honor. Los mafiosos del mundo, con la complicidad de políticos corruptos y delincuentes nacionales, han conseguido blanquear una inmensa fortuna valiéndose de sociedades interpuestas y otros cambalaches. El resultado ha sido la puesta en circulación dentro del circuito financiero internacional de un montón de dinero ajeno a cualquier sospecha. "La capital del crimen organizado está en Rusia", ha dicho el presidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia de Italia.
 

La descomposición del bloque "comunista" ha supuesto un duro revés en la guerra contra la delincuencia organizada, fundamentalmente contra la producción, comercio y venta de drogas estupefacientes, máxime por la estrecha relación entre la Mafia y los carteles colombianos para repartirse una parte del mercado europeo de la cocaína. A principios de 1992, gracias a la detención de Bettina Maartens, la policía de EEUU, Canadá, Gran Bretaña, Italia, España, Colombia, Islas Cayman y Costa Rica llevaron a cabo la operación "Green-Ice", bajo la coordinación de la DEA. Fueron arrestados todos los mafiosos asistentes a la segunda junta de colombianos e italianos y Scotland Yard confiscó una gran cantidad de dinero en una caja de seguridad de un banco londinense. Entre los detenidos se hallaba Carlos Rodríguez Polonia-Camargo, inspector general del Banco Central de Colombia y representante del Gobierno en materia de drogas. Lo acusaron de ser el consejero de finanzas de Gilberto Rodríguez Orejuela, jefe de uno de los carteles colombianos de la cocaína. Siete de los circuitos de blanqueo de dinero del consorcio del hampa quedaron al descubierto.
 

La Mafia, lejos ya el respeto y la inviolabilidad del código de silencio, ha sufrido contratiempos como su homónima en EEUU. Las deserciones y chivatazos han descubierto parte de sus entresijos. Pero ninguno de los "arrepentimientos" han sido tan espectaculares como los protagonizados por Don Masimo Tommaso Buscetta (antiguo capo de la familia Corleone, cuya confesió dio lugar al "Maxiproceso") y por Giovanni Brusca, nieto de Don Emanuele (viejo aliado de Salvatore Giuliano).
 

Los Corleoneses asentaron su dominio sobre las demás familias sicilianas después de la guerra habida entre las mismas a principios de los años ochenta. Murieron más de mil gángsteres acribillados, degollados, quemados, devorados por los cerdos, estrangulados, descuartizados. Pero nunca llueve a gusto de todos y el asesino de los jueces Falcone y Borsellino, Giovanni Brusca, ex lugarteniente de Salvatore "Totó" Riina, jefe de la familia Corleone desde la sustitución de Luciano Leggio, ha elegido la cooperación para desmantelar a la Honorable Sociedad en vez de morir de viejo en la cárcel. Las autoridades italianas han puesto en práctica las usuales medidas de seguridad: nuevo nombre, vigilancia continua y dinero para no vivir con apuros. Salvatore "Totó" Riina, recluido en prisión hasta la hora de presentarse ante San Pedro, ya ha dado la orden: "¡Metan a ese cerdo en un bidón con ácido!".

Barra cadena de oro

MAS INFORMACION EN:

La página de la IDIS-DPF

La Maga - El largo brazo de la mafia

PÁGINA PRINCIPAL.

Hosted by www.Geocities.ws

1