LA MAFIA ITALONORTEAMERICANA
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automáticamente represaliado: amenazas sobre la familia, secuestro, paliza,
asesinato. La indisciplina es mala consejera dentro de cualquier hermandad del
crimen, como también ocurre en la CIA o en el KGB, según la experiencia de
algunos ex agentes víctimas de la "seguridad de la información". Un miembro
del CESID denunció en la prensa haber sido humillado con un objeto inanimado
por haber metido la nariz en la trastienda de la presunta guerra sucia contra
ETA.En próximos
capítulos, trataré sobre diversas sociedades secretas del crimen organizado,
tan históricas e influyentes como la Mafia o Cosa Nostra, pero hoy comenzaré
con la conjunción de estas dos últimas, quizá las más populares debido a la
mayor dedicación por escritores y cineastas.
PRIMERA PARTE
La mafia
italonorteamericana nació en Sicilia, isla expoliada tradicionalmente por los
invasores procedentes de casi todos los rincones del Mediterráneo y Europa.
Durante el dominio árabe, las tierras sicilianas estaban muy repartidas, pero
cuando los normandos conquistaron la isla, en la Edad Media, los señores
feudales despojaron a sus propietarios germinando la semilla de la Mafia.
Muchos campesinos, contrarios a trabajar como siervos en los enormes
latifundios de los nuevos amos de Sicilia, huyeron a las montañas, donde
permanecieron hasta el desembarco de los españoles, en el siglo XV. Los nuevos
conquistadores no se privaron de ninguna medida represora contra los
terratenientes ni contra sus esclavos. En aquella época, la Mafia representaba
el único baluarte para mitigar las injusticias provocadas por las autoridades
y soldados extranjeros. Durante varios siglos, la Mafia indujo a los
sicilianos a buscar en el seno de la familia la reparación de cualquier
arbitrariedad y conflicto. Nada de colaborar con los forasteros ni recabar el
auxilio de los jueces borbones. El mutismo y la disciplina se convirtieron en
una norma frente al Estado, similar a los clanes escoceses. La venganza sólo
era incumbencia de la familia. En ese contestó emergió la Mafia como
alternativa de gobierno hasta la conversión de Sicilia en una colonia del
reino de Nápoles. Desde entonces, los jóvenes sicilianos sólo tuvieron tres
alternativas: pelear contra el nuevo invasor; emigrar a EEUU o ingresar en la
Mafia. En las postrimerías del siglo XIX, cerca de un millón de isleños
arribaron a Nueva York. Muchos ya formaban parte de la Honorable Sociedad con
bastante aplicación. En 1890, los hermanos Mattanga, nacidos en Palermo,
controlaban el tráfico del puerto de Nueva Orleans.
El alumbramiento de Cosa
Nostra, como se iba a conocer a la mafia de origen italonorteamericano, se
produjo el 12 de noviembre de 1908. Inicialmente, se constituyó como una
filial de la mafia siciliana, entonces dirigida por Don Vito Cascio Ferro,
jefe de todos los jefes. Pero en poco tiempo llegó a convertirse en la más
fabulosa organización criminal del planeta. A mediados de 1970, su poder no
era inferior al atesorado por los señores de Wall Street.
Aunque con el transcurso de
los años llegó a suprimirse la ceremonia de ingreso de los nuevos mafiosos,
durante bastante tiempo formó parte de la leyenda de Cosa Nostra. El rito
comenzaba en presencia del Padrino, quien, con la sangre del candidato a
gangster, obtenida con un pinchazo en un dedo, mojaba la imagen de Santa
Rosalía, patrona de Palermo, y procedía a quemarla después. Las cenizas las
depositaba entre las manos del neófito, quien pronunciaba el siguiente
juramento: "Juro lealtad a mis hermanos; no traicionarlos nunca y socorrerlos
siempre. Si no lo hiciera, que sea quemado y reducido a cenizas como esta
imagen". Desde ese momento, el juramentado estaba comprometido con toda clase
de vendetta o ajuste de cuentas, bien contra los enemigos de la Mafia,
bien contra los clanes mafiosos rivales. Contra todo pronóstico, el voto de
silencio no es patrimonio exclusivo de la Mafia; baste, si no, recordar
Cazador de policías, libro biográfico del ex agente del Departamento de
Policía de Nueva York Vincent Murano. El "muro azul" funciona entre los
policías norteamericanos para encubrir los crímenes perpetrados en los cuerpos
de seguridad.
No todo el monte es
orégano; tampoco EEUU para los inmigrantes sicilianos. Hacinados en barrios
periféricos de Nueva York o Chicago, pronto buscaron el trampolín de Cosa
Nostra. Las extorsiones, los asesinatos por encargo, el contrabando de bebidas
alcohólicas, las apuestas clandestinas y los préstamos con usura a los propios
italianos formaron parte de un conglomerado económico al margen de los
negocios tradicionales. El FBI nació para responder a la grave amenaza de Cosa
Nostra.
Joe Petrosino no emuló a
muchos de sus compatriotas e ingresó en el Departamento de Policía de Nueva
York. Según algunos detenidos, practicaba la tortura como sistema de
interrogatorio. En 1909, bajo la identidad falsa de Simone Velletri, viajó a
Sicilia con la idea de convencer a las autoridades locales de cooperar más
activamente con la policía norteamericana. No regresó a EEUU porque Don Vito
Cascio Ferrero lo despidió del mundo en los muelles de Palermo. Muchos
enfrentamientos mantuvo Cosa Nostra con la policía de las principales ciudades
norteamericanas. Pero también han sido numerosas las denuncias hechas sobre
determinadas complicidades entre ambos gremios. Incluso el mismísimo Edgar J.
Hoover, director del FBI durante más de un siglo, murió bajo la sospecha de
haber coqueteado con ciertos jefes de Cosa Nostra.
El primer gran padrino de
Cosa Nostra en Nueva York nació de la guerra entre sendas bandas de sicilianos
y napolitanos. Después, a Ignazio Saietta lo sustituyó Giusseppe Masseria, más
conocido como Joe the Boss. La fama de Masseria pronto se vio
perturbada por gente con savia nueva: Gambino, Luciano, Costello, Lucchese,
Bonanno, Anastasia. Pero ninguno tan peligroso en aquella época como Salvatore
Maranzano, enviado por Don Vito Cascio Ferro para dominar Cosa Nostra. En
1931, Lucky Luciano propuso a Maranzano liquidar a Masseria. Dio su visto
bueno
porque Masseria ya lo había incluido en la nómina de gente a despachar. Poco
después, y durante un banquete multitudinario, Maranzano se proclamó jefe de todos los jefes.
Dividió Nueva York entre c
inco
fa
milias
(Bonanno, Lucchese, Colombo, Mangano -en 1957 tomó el nombre de Gambino- y
Genovese) e implantó la unidad y la colaboración entre las veinticuatro
familias existentes en Norteamérica para cubrir las necesidades de todos los
italianos. Pero no confesó un objetivo inmediato: quitar del medio a Lucky
Luciano. "Mantén los ojos abiertos porque es duro de roer", le dijo Josep
Valacchi a Maranzano. Aun así, picó el anzuelo tendido por Lucky Luciano
acudiendo al restaurante Nuova Villa Tammaro, donde, Genovese, Anastasia,
Siegel y Adonis le quitaron la vida mientras Lucky Luciano, a medio comer, se
había disculpado un momento para echar una meada. Maranzano no duró ni cinco
meses como rey del hampa en Nueva York.
Con el advenimiento de
Lucky Luciano como jefe de hecho de todos los jefes (abolió el cargo), refundó
el sindicato del crimen con la participación de las bandas de judíos e
irlandeses por su vieja relación con ellas. Lucky Luciano dio un giro radical
a la estructura mafiosa en EEUU creando una comisión u órgano de gobierno
colegiado. La influencia de Cosa Nostra hizo escalar peldaños antes
inimaginables a ciertos prebostes de la Honorable Sociedad. El dinero de
muchas campañas electorales salió de las arcas mafiosas e incluso Lucky
Luciano jugó un papel decisivo durante la II Guerra Mundial, cuando los
norteamericanos requirieron la colaboración de la Mafia contra las tropas de
Hitler.
Otro hombre descollante en
Cosa Nostra ha sido Al Capone. Tras la promulgación de la Ley Seca, Jim
Colosimo, jefe indiscutible del crimen organizado en Chicago, mantuvo una
reunión con Torrio y Al Capone para establecer las bases de la producción,
transporte y venta de whisky y ginebra clandestinos, un negocio de pingües
beneficios a pesar de las incautaciones y las bajas producidas durante los
enfrentamientos con la policía. Primero Colosimo y después Torrio, abandonaron
el mundo de forma precipitada, y Al Capone dio un salto hacia la fama en EEUU.
Su recuerdo subsiste aún en Chicago, Nueva York, Dallas. Murió varios años
después de ser condenado como defraudador de impuestos. El FBI jamás pudo
demostrar sus otras actividades delictivas.
Encarcelado Lucky Luciano
(por dirigir una red de prostitución) y huido temporalmente Vito Genovese,
Frank Costello brilló con luz propia durante varios años. Lo apodaban "Primer
Ministro del Hampa" por sus fraternales relaciones con gobernantes,
jueces, policías y banqueros. Gozaba con la posesión de diamantes, coristas de
lujo y automóviles blindados. También asesorando al director del FBI en las
apuestas de caballos. En 1951, el senador Kefauver denunció la connivencia
entre Cosa
Nostra,
los políticos y las corporaciones de Wall Street. La jefatura de Frank
Costello (asesinado por mandato de Vincent Gigante siguiendo a su vez las
órdenes de Anastasia y Genovese) coincidió más o menos en el tiempo con las
operaciones de Murder Inc (Homicidas Anónimos), un grupo de sicarios al
servicio de cualesquiera de las veinticuatro familias de Cosa Nostra. Se
anunciaba sin cortapisa por doquier: "Servicio eficaz; máxima discreción.
Aceptamos encargos en cualquier Estado". Usaban veneno, puñales, armas de
fuego, las profundidades del mar, gasolina. El FBI andaba detrás de Anastasia,
máximo responsable de Homicidas Anónimos, para mandarlo a la silla eléctrica,
pero el mafioso hubo de contentarse con la silla de la barbería del hotel Park
Sheraton, donde unos matones enviados por Genovese lo dejaron frito.
Durante años, los hombres
de Anastasia habían sembraron el pánico entre los estibadores díscolos de los
muelles de Brooklyn, remisos a la hora de pagar una comisión por la carga y
descarga de los barcos. Un hermano de Anastasia también ostentaba la
vicepresidencia del sindicato ILA (Asociación Internacional de Estibadores).
Precisamente por la influencia de Cosa Nostra sobre la marcha del puerto de
Nueva York, en 1942, aprovechando el riesgo latente de los submarinos
alemanes, los hermanos Anastasia urdieron una treta para liberar a Lucky
Luciano, encarcelado desde 1936. Provocaron un incendio a bordo de uno de los
barcos atracados y las autoridades no dudaron en negociar la seguridad de las
instalaciones portuarias con el sindicato del crimen. Lucky Luciano recuperó
la libertad y fue deportado a Sicilia, donde jugó una misión decisiva
coadyuvando en el desembarco de las tropas aliadas.
Después de la desaparición
de Frank Costello, y preso Vito Genovese por la traición de Carlo Gambino, la
familia creada por Lucky Luciano dejó de ser la más importante dentro de Cosa
Nostra y cedió el testigo a la familia Gambino, dirigida por Mangano hasta su
muerte, en 1931 (ordenada por Anastasia), y por el mismo Anastasia hasta 1957,
asesinado tras la conspiración de Gambino y Genovese. El relevo en la jefatura
de la vieja familia Mangano coincidió con su cambio de nombre. Don Carlo
Gambino es sin duda, en la historia de la mafia italonorteamericana, la
personalidad más
brillante tanto por su inteligencia como por la cantidad de poder atesorado.
En 1958, sólo Don Vito Genovese, su aliado en la desaparición de Anastasia,
amenazaba los planes de Gambino. Pero Don Carlo no lo dudó ni un instante y
dio el chivatazo al Departamento de Policía de Nueva York. Genovese no salió
vivo de la cárcel tras violar la Ley de Control de Narcóticos, aunque antes
sufrió una nueva traición: Joseph Valacchi declaró en su contra ante la
Comisión Senatorial McClellan.
La Mafia tiene un lema
sagrado: "Apoyar a quienes ostentan el poder o van a ostentarlo". Leyenda o
realidad, subsiste la sospecha (cada vez menos sospechosa) del coqueteo entre
la familia Kennedy y Cosa Nostra. Lo denunció en un libro uno de los sobrinos
de Sam Giancana, antiguo jefe de la Mafia en Chicago, quien presuntamente
financió la campaña electoral del primogénito del clan Kennedy. Sin embago,
tanto desde la presidencia del Gobierno como desde la Fiscalía General del
Estado, los hermanos John y Robert declararon la guerra a Cosa Nostra nada más
asumir sus respectivos mandatos. Robert Kennedy transmitió al director del FBI
una lista de los mafiosos perseguibles con urgencia: San Giancana; Santos
Trafficante (jefe de Cosa Nostra en Tampa y La Habana, respectivamente); Josep
Profaci (jefe de la familia Colombo); Tommy Lucchese (Nueva York); John
Scalish (Cleveland); Josep Civello (Dallas); Carlo Gambino (Nueva York); Frank
de Simone (California); Frank Majuri (Nueva Jersey); Carlo Marcello (Lousiana
y Texas); Angelo Bruno (Philadelfia). Todos iban detrás del nombre de Jimmy
Hoffa, presidente de la Hermandad Internacional de Camioneros y estrechamente
vinculado a Cosa Nostra. Pero su desaparición no le costó ni un centavo al
Departamento del Tesoro porque "Tony el Griego", lo dejó sin aliento por
encargo de San Giancana.
En 1961, los tribunales de
justicia condenaron a más de setenta gángsteres; en 1962 se duplicó la cifra y
en 1963 se triplicó. Los hermanos Kennedy representaban un quebranto para la
seguridad de Cosa Nostra. La muerte de ambos se convirtió en un objetivo de
máxima prioridad, aun cuando un par de años antes, según las conclusiones del
Comité Church, la Mafia y el Gobierno norteamericano habían planeado
amistosamente matar a Fidel Castro Ruz. El magnicidio del presidente Kennedy
es un tema oscuro todavía. ¿Por qué Jack Ruby, brazo derecho de San Giancana
en Dallas, eliminó a Lee Harvey Oswald, agente de la CIA y cabeza de turco en
el atentado contra Kennedy? ¿Mantuvo San Giancana una entrevista con Nixon y
Johnson a cuenta de la necesidad de matar al presidente? Las revelaciones de
los detectives privados Fred Otash y John Danoff, contratados por Jimmy Hoffa
para grabar las confidencias de Robert Kennedy a Marilyn Monroe, su amante,
pusieron en un brete la presunta honorabilidad de los hermanos Kennedy en su
guerra contra la Mafia. Incluso San Giancana, colaborador a su vez de la CIA,
acusó a la Agencia Central de Inteligencia de haber asesinado a Marilyn Monroe
con un supositorio de Nembutal (más efectivo porque no dejaba rastro en el
estómago ni en el riñón) para evitar el riesgo de una explosiva declaración
por su parte sobre las confidencias del fiscal general del Estado. Lionel
Grandison, entonces juez del condado de Beverly Hills, ha reconocido haber
recibido presiones para falsear las causas de la muerte en el certificado de
"suicidio".
Mientras Don Carlo ("Don Vito Corleone" en la película El Padrino) iba
construyendo su vasto imperio, Lucky Luciano, residente en Sicilia desde la
deportación, continuaba presidiendo la comisión de gobierno del Sindicato
Nacional del Crimen Organizado. En Nápoles, lo entrevistó John H. Davis,
oficial de la VI Flota y más tarde autor de La Dinastía Mafia. Lucky
Luciano transitaba en la ciudad como Pedro por su casa, a pesar de su añoranza
constante de Nueva York y la frustración de haber perdido los casinos en La
Habana tras la victoria de la revolución de los barbudos. Igea, una hermosa
milanesa casi treinta años más joven, trataba de consolarlo envolviéndolo en
las redes del amor. Pero los sentimientos y los negocios no son incompatibles
y Lucky Luciano continuaba exportando a EEUU la heroína procedente de Oriente
Medio. Con algo más de sesenta años de edad, aunque con un pie ya buscando la
otra vida por su mala salud, recibió una propuesta de Martin Gosch, ex
guionista de Hoolywood, para filmar una película sobre la Mafia. Aceptó de
inmediato, pero no contaba con la oposición de Genovese, Bonanno, Lucchese y
Gambino. Lucky Luciano perdió la asignación de 25.000 dólares mensuales y ganó
una oferta de asesinato. Un infarto, en 1962, lo salvó de la peor suerte para
quien hizo de Cosa Nostra un mito imperecedero. Sus honras fúnebres no
desmerecieron las de cualquier monarca europeo.
Gambino, tras la boda de su
hija con un vástago de Thomas Lucchese, hincó el diente a la familia Lucchese.
Después también consiguió el control de la familia Colombo, precisamente
maniobrando en beneficio del nombramiento de Josep Colombo como jefe (más
tarde dio la orden de asesinarlo por no compartir sus excentricidades como
predicador de la Liga Italonorteamericana de los Derechos Civiles, sermones
contrarios a la personalidad discreta de Gambino). La muerte en prisión de
Vito Genovese hizo posible la extensión del dominio de Don Carlo a la familia
Genovese. En 1970, a Gambino únicamente le quedaba por manejar la pequeña
familia Bonanno, dirigida entonces por Carmine Galante (muerto pocos años más
tarde por enfrentarse a Paul Castellano, cuñado y sucesor de Don Carlo).
Gambino tuvo el privilegio de fallecer de muerte natural, hecho infrecuente
entre los jefes de Cosa Nostra. Su desaparición dejó consternado a los
habitantes neoyorkinos de Pequeña Italia, donde, en el café Biondo, Don Carlo
solía escuchar las quejas y peticiones de sus compatriotas. Miles de italianos
estaban en deuda con el Padrino.
Como todo gangster de
reputación, Paul Castellano amaba viajar en limusina; residir en una mansión y
tener dinero a espuertas. Nunca llevaba encima ni una modesta pistola del
calibre 22. Pero no dudaba ni un segundo en ordenar cualquier asesinato cuando
las palabras no significaban nada. Su medio natural se situaba entre
distinguidos empresarios o leyendo The Wall Street Journal. Varias
sociedades relevantes de Nueva York pasaron a manos de la familia Gambino
gracias a su poder de infiltración en el mundo de la economía legalizada. Una
diabetes mal curada lo dejó impotente cuando aún no había coronado la edad de
sesenta años. Pero la enfermedad no iba a ser la causa de su muerte. John
Gotti, Frank DeCicco y Salvatore Gravano decidieron mover ficha. Jaque mate al
jefe. Paul Castellano murió acribillado mientras entraba en el restaurante
Sparks Steak House.
Según John H. Davis, los
ingresos de Cosa Nostra, sólo en Nueva York, sumaban 500 millones de dólares a
la muerte de Paul Castellano. El negocio no iba a decrecer en los siguientes
años. John Gotti, nuevo jefe de la familia Gambino, tampoco cultivaba la
ociosidad. A través de un conglomerado de empresas fantasmas y la sumisión de
los sindicatos, controlaba un sinfín de sectores económicos, desde la
construcción hasta la recogida de basura pasando por la hostelería, el
transporte, la prostitución y la industria textil. Por si fuera poco, logró
salir absuelto en un juicio por asociación con el crimen organizado. La fama
como persona ejemplar se disparó aún más. Sin embargo, tanto derroche
publicitario no gustó a los jefes del resto de las familias de Nueva York.
Vincent Gigante, jefe de la familia Genovese, insinuó la posibilidad de
mudarlo de galaxia. El FBI descubrió la conspiración y John Gotti pasó a ser
un protegido de la Administración de Justicia norteamericana hasta la
celebración de un nuevo juicio por asesinato. También salió indemne de la
acusación, pero el apuesto mafioso ya no contaba con la fidelidad de Salvatore
Gravano, primero su consejero y después su lugarteniente. "Sammy the Bull",
apodo de Gravano, lo acusó de haber ordenado la muerte de Paul Castellano. La
noticia corrió como un reguero de pólvora. Salvatore, frío como un témpano y
robusto como un toro, pactó la delación y destrucción de la familia Gambino a
cambio de cumplir sólo cinco años de prisión. "¿Por qué lo hizo?", le preguntó
una periodista de la cadena de televisión ABC. "Porque John pensaba
traicionarme. Es un maestro del doble juego, pero esta vez perdió", dijo "Sammy
the Bull" mirando fijamente a los ojos de Diane Sawyer. Salvatore Gravano
ingresó en Cosa Nostra con apenas 21 años de edad. El dinero, las mujeres, los
automóviles, el honor y la fraternidad influyeron en la decisión de
convertirse en gangster. Hoy, recuperada la libertad, también ha escrito un
libro sobre sus andanzas en Cosa Nostra. John Gotti no ha necesitado leerlo
para ofrecer un millón de dólares por la cabeza del "pájaro" cantarín.
SEGUNDA PARTE
La mafia siciliana nunca
permaneció desconectada de Cosa Nostra, pero después del regreso de Lucky
Luciano, tanto la isla como Nápoles (manantial también de la Camorra),
cobraron un enorme prestigio. En la II Guerra Mundial, tras la victoria de los
aliados en Túnez, último bastión del III Reich en África, el siguiente
objetivo no podía ser otro: Sicilia, cabeza de puente hacia Roma. La flota
norteamericana estaba compuesta por centenares de barcos. El general Patton
mandaba el VIII Ejército. El 15 por ciento de las tropas de asalto llevaba
sangre de origen siciliana; también el germen de Cosa Nostra. El desembarco no
constituyó ningún riesgo, salvo la tormenta desatada la noche anterior. En
cada rincón de Sicilia o a la vuelta de cada esquina, muchos antiguos
emigrantes en Nueva York o Chicago, saludaban: "¡Vivan los aliados! ¡Viva la
Mafia!".
Los norteamericanos
liberaron a los gángsteres presos y la mayoría de ciudades cayeron en manos de
alcaldes mafiosos, como Don Calogero Vizzini, cacique de Villalba, o Serafino
de Peri, máximo responsable del ayuntamiento de Bologueta y terror de Nápoles
durante varios años. La Iglesia bendijo tales nombramientos. Los
norteamericanos incluso llegaron a coquetear con la idea de apoyar la
independencia de Sicilia gracias al anticomunismo de la Mafia. Pero no estaban
solos en los manejos internos. Sir William Sthepherson, italiano de origen y
teniente coronel de la Sección de Operaciones Especiales del Ejército
británico, se hizo cargo de organizar y adiestrar a los sicilianos en técnicas
de guerrilla y sabotaje. Muchos de aquellos reclutados también formaban parte
de la Mafia. Pero no Salvatore Giuliano, un contrabandista joven, valiente,
impetuoso y semejante a Robin Hood: robaba a los ricos para repartir el botín
entre sus familiares, amigos y vecinos. Tras ser nombrado coronel por el
Servicio Militar de Información, mantuvo a raya a dos divisiones alemanas sólo
con una dotación de doscientos hombres. También soñaba con la separación de
Sicilia del resto de Italia, y su banda integró el Movimiento Independentista
Siciliano. Feroz anticomunista, mandó una carta al presidente Truman deseando
convertir a Sicilia en un Estado más de USA para "preservarla de la terrible
Rusia". El 1 de mayo de 1947, su banda, apostada en las montañas cercanas al
valle de Portella della Ginestra, donde se concentró un gran número de
campesinos para festejar el Día del Trabajo, abrió fuego. Murió una docena de
personas. Giuliano, convertido en fugitivo de los tribunales de justicia,
inexperto en política y traicionado por la Mafia (fiel aliada de la Democracia
Cristiana), cayó abatido cuando no contaba aún treinta años.
Tras finalizar la II Guerra
Mundial, la Mafia se convirtió en un Estado dentro del Estado. Sus tentáculos
ya no abarcaban sólo a Sicilia, sino casi a toda la estructura económica de
Italia, y de usar escopetas de cañones recortados, pasó a disponer de
armamento más expeditivo: revólveres del calibre 357 Magnum, fusiles
lanzagranadas, bazokas, cargas explosivas. La Mafia y otras sociedades
secretas del crimen organizado formaron un sistema de vasos comunicantes. En
la Logia Masónica P-2, representada por el gran maestre Licio Gelli, había
parlamentarios, ministros, generales, jueces, policías, banqueros,
aristócratas, mafiosos. En 1993, cinco ex presidentes de Gobierno, un montón
de ministros y más de 3.000 políticos y empresarios fueron acusados,
procesados o condenados por corrupción y asociación con la Mafia. Uno de los
implicados en el "Maxiproceso", Francesco Madonia, hubo de resignarse con la
requisa de 250 cuentas bancarias, 200 edificios, 60 empresas, 265 automóviles,
45 fincas rústicas y varios yates. El jefe de la Democracia Cristiana, miembro
de la Honorable Sociedad, cayó abatido tras la confirmación de la sentencia
multitudinaria. Se trataba de un mensaje de la Mafia al viejo Andreotti, ex
presidente del Gobierno, por no impedir la encarcelación masiva de sus
miembros. La Mafia no perdona nunca, como ya no podrán atestiguar los
banqueros Michele Sindona y Roberto Calvi, dos magos de las finanzas del
Vaticano, la Mafia y otras instituciones de Italia. Abandonaron la tierra sin
oposición de la medicina por un arrebato de codicia: quisieron apropiarse del
dinero de la Mafia.
La mitad de los ingresos de
la Honorable Sociedad procede de los asuntos criminales, y el resto de los
negocios y empresas sin mácula: almacenes, fábricas, minas de oro, navieras,
casinos. Hasta FIAT ha contribuido al engrandecimiento de las arcas de la
Mafia tras instalar una factoría en San Nicolás de Melfi, donde hubo de abonar
la correspondiente comisión para no sufrir ningún percance. Incluso el mármol
de las canteras del municipio almeriense de Macael ha de competir con el
obtenido en Carrara, propiedad de la Honorable Sociedad. Las fraudulentas
adjudicaciones de obras y servicios son la esencia de la Mafia, como sucede en
no pocos rinconcitos de nuestro bello planeta: España, México, Colombia. A la
vista del tejido social bajo control de la Honorable Sociedad, quizá no sea
exagerado calcular en cientos de miles de personas las ocupadas en toda clase
de negocios respetables dentro y fuera de Italia. Seguir el rastro del dinero
blanqueado hasta hoy por la Mafia ha sido una misión imposible. Según la
periodista Claire Sterling, la investigación del caso "Pizza Connection" (como
se conoció a mediados de los años ochenta la red norteamericana de "French
Connection"), apenas dio resultado.
Tras el desmoronamiento del
Pacto de Varsovia y la desintegración de la URSS, la Mafia ha dado un paso más
adelante en la globalización del crimen organizado. El estado de bancarrota,
la corrupción y el capitalismo salvaje dentro de los antiguos países
"comunistas", han permitido la expansión de la Honorable Sociedad más allá de
los límites hasta hace poco establecidos por la extinta división del mundo en
dos bloques políticos antagónicos. De un tiro, la Mafia ha cazado dos pájaros:
cobertura para el dinero negro y posibilidad de nuevas inversiones. Los
sicilianos, como también han hecho las demás sociedades secretas del hampa
internacional, han comprado todo cuanto han encontrado en el camino desde la
caída del Muro de Berlín: armas, bonos del Estado, municiones, restaurantes,
discotecas, estudios de cine, hoteles, agencias de viaje, casinos, empresas de
transporte, medios de comunicación, fábricas de automóviles, yacimientos de
petróleo, partidos políticos, militares del KGB, equipos de fútbol. Desde
Rusia sin honor. Los mafiosos del mundo, con la complicidad de políticos
corruptos y delincuentes nacionales, han conseguido blanquear una inmensa
fortuna valiéndose de sociedades interpuestas y otros cambalaches. El
resultado ha sido la puesta en circulación dentro del circuito financiero
internacional de un montón de dinero ajeno a cualquier sospecha. "La capital
del crimen organizado está en Rusia", ha dicho el presidente de la Comisión
Parlamentaria Antimafia de Italia.
La descomposición del
bloque "comunista" ha supuesto un duro revés en la guerra contra la
delincuencia organizada, fundamentalmente contra la producción, comercio y
venta de drogas estupefacientes, máxime por la estrecha relación entre la
Mafia y los carteles colombianos para repartirse una parte del mercado europeo
de la cocaína. A principios de 1992, gracias a la detención de Bettina
Maartens, la policía de EEUU, Canadá, Gran Bretaña, Italia, España, Colombia,
Islas Cayman y Costa Rica llevaron a cabo la operación "Green-Ice", bajo la
coordinación de la DEA. Fueron arrestados todos los mafiosos asistentes a la
segunda junta de colombianos e italianos y Scotland Yard confiscó una gran
cantidad de dinero en una caja de seguridad de un banco londinense. Entre los
detenidos se hallaba Carlos Rodríguez Polonia-Camargo, inspector general del
Banco Central de Colombia y representante del Gobierno en materia de drogas.
Lo acusaron de ser el consejero de finanzas de Gilberto Rodríguez Orejuela,
jefe de uno de los carteles colombianos de la cocaína. Siete de los circuitos
de blanqueo de dinero del consorcio del hampa quedaron al descubierto.
La Mafia, lejos ya el
respeto y la inviolabilidad del código de silencio, ha sufrido contratiempos
como su homónima en EEUU. Las deserciones y chivatazos han descubierto parte
de sus entresijos. Pero ninguno de los "arrepentimientos" han sido tan
espectaculares como los protagonizados por Don Masimo Tommaso Buscetta
(antiguo capo de la familia Corleone, cuya confesió dio lugar al
"Maxiproceso") y por Giovanni Brusca, nieto de Don Emanuele (viejo aliado de
Salvatore Giuliano).
Los Corleoneses asentaron su dominio sobre las demás familias sicilianas después de la guerra habida entre las mismas a principios de los años ochenta. Murieron más de mil gángsteres acribillados, degollados, quemados, devorados por los cerdos, estrangulados, descuartizados. Pero nunca llueve a gusto de todos y el asesino de los jueces Falcone y Borsellino, Giovanni Brusca, ex lugarteniente de Salvatore "Totó" Riina, jefe de la familia Corleone desde la sustitución de Luciano Leggio, ha elegido la cooperación para desmantelar a la Honorable Sociedad en vez de morir de viejo en la cárcel. Las autoridades italianas han puesto en práctica las usuales medidas de seguridad: nuevo nombre, vigilancia continua y dinero para no vivir con apuros. Salvatore "Totó" Riina, recluido en prisión hasta la hora de presentarse ante San Pedro, ya ha dado la orden: "¡Metan a ese cerdo en un bidón con ácido!".
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