RAÍCES ITALIANAS.

La "Mafia", nombre con el que
erróneamente se designa a muchos colectivos de crimen organizado, define
solamente a los grupos que nacen y se establecen en y desde Sicilia. Nace en la
época borbónica y en su evolución se establecen tres períodos: la "Vecchia
Mafia", de 1800 a 1950; el período de 1950 a 1970, y la "Nova Mafia", de 1970
hasta hoy.
En aquella Sicilia de principios del siglo XIX, a diferencia de lo que sucedía
en el resto de Europa donde crecían y se asentaban dando paso a nuevos y
modernos conceptos del comercio y de la industria, los burgueses constituían una
minoría que vivía en torno a la nobleza local en una relación de dependencia y
sumisión propia del
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medioevo. La corrupción, el favoritismo y en definitiva el
desgobierno caracterizaban a la mayor isla del Mediterráneo. Los terratenientes
dejaron la explotación de sus fincas a los "gabellotti" (aparceros) que con el
paso del tiempo se convirtieron en amos y señores de la isla dando paso a un
modo de ser y comportamiento basado en formas enfermizas de respeto, códigos,
obediencia y secretismo en torno a la figura del jefe (capo) de una "familia"
(clan) dominante en un territorio específico. Al conjunto de esas peculiares
"familias" se le denominó Mafia y entre ellos "La Cosa Nostra".
El término "mafia" como tal aparece por primera vez entre 1862 y 1863 cuando se
representó en Palermo con gran éxito el drama popular de Giuseppe Rizzoto y
Gaetano Mosca titulado "I mafiusi di la Vicaria". La representación de esta obra
hizo de la palabra Mafia una expresión corriente para designar a los grupos de
individuos violentos y temibles, ligados entre ellos por misteriosos lazos
secretos y dedicados a actividades delictivas o inconfesables.
También se atribuye el origen del término a tiempos mucho más lejanos e
improbables. En
la primavera de 1282,
un soldado francés de la guardia de un príncipe angevino
violó y mató a una jovencita que se dirigía a
una iglesia de Palermo a contraer
matrimonio. El novio resultó ser a su vez muerto cuando intentó vengar a su
prometida. "Morte alla Francia, Italia anela" fue supuestamente
el grito que condujo entonces a un levantamiento popular: "Italia quiere la
muerte de Francia", frase
cuyas iniciales originales dan la palabra "Mafia". Parece imposible comprobar la
veracidad del episodio; lo importante es que condensa las dos características
definitorias de la asociación: la defensa del honor, y la venganza como método
de "resolver" conflictos.
La supervivencia de la leyenda se explica además por la imposibilidad de fechar con exactitud el surgimiento de la mafia en Italia. Si bien existe consenso para situar tal acontecimiento en un momento más cercano a la modernidad, los historiadores y especialistas divergen respecto de cuáles fueron los hechos históricos que precedieron y determinaron el fenómeno. De aquí se desprenden otras discordancias, sobre todo en cuanto al carácter original de la mafia y su primer terreno de operaciones.
Los
antecedentes inmediatos del fenómeno -sostiene Serge Hutin- remiten a principios
del siglo XIX, cuando la Corte de Nápoles, expulsada de su sede por el avance de
los ejércitos napoleónicos, buscó refugio en Sicilia,
bajo la protección de la
flota inglesa de Lord Nelson. La isla sufría el azote de bandidos que la
saqueaban sin mayores inconvenientes. Como no contaba con las fuerzas militares
suficientes, el soberano improvisó entonces (en 1812) un cuerpo de gendarmería
rural. La mafia tendría su origen en el momento en que esa organización parapolicial desconoció una orden de disolución, en 1837, y siguió funcionando
por su cuenta. Entre sus actividades se encontraba una práctica sistematizada
más tarde por los mafiosos: la mediación entre delincuentes y víctimas, que
apuntaba a sacar provecho de ambas partes. Además, incorporaban "a todo el que
tenía quejas contra el orden existente. Y había, desgraciadamente, inagotables
posibilidades de reclutamiento, pues en los primeros tiempos de la Mafia, la
miseria era grande en Sicilia entre los obreros de las minas de azufre y de las
pequeñas explotaciones agrícolas", apunta Heron Lepper. Curiosamente, la
Camorra
tendría el mismo origen en Nápoles: una fuerza de seguridad "de emergencia",
dedicada a mantener el orden y cobrar impuestos, que comienza a degenerar cuando
se la emplea como grupo de presión en comicios.
En cambio, Robert K. Rowland asegura que la organización surgió como un movimiento político de resistencia, hacia mediados del siglo XVIII, cuando Sicilia se encontraba bajo el reinado de los Borbones. La mafia habría sido entonces la forma del levantamiento popular contra un régimen que se imponía a través de la tortura, el encarcelamiento y la ejecución de opositores. Pierre Barraucand retrocede aun más en la historia: conjetura que su formación se produjo como la reacción de una sociedad pastoril que, en los umbrales del capitalismo, enfrentaba la amenaza de transformaciones en los modos de producción y en consecuencia la posibilidad de su disolución; el código del silencio (omertá) "es la expresión profunda de toda una población en un país que además ha conocido las más extraordinarias dominaciones políticas".
Gaetano
Falzone, entre otros especialistas, destaca la determinante incidencia que tuvo
para la mafia la unificación de Italia, en 1861. La definición misma de la
asociación, como grupo cerrado que opera dentro de la sociedad, en el marco del
orden legal pero de acuerdo con sus propias reglas, sólo puede articularse en
ese momento, en que se constituye el Estado nacional. No
obstante, como Sicilia
había sido invadida y sojuzgada muchas veces, t
odo lo que fuera extranjero y sus
símbolos era odiado, y quedó identificado con el concepto de Estado. El
"problema siciliano", dice Falzone, puede asimilarse a "una antigua, singular y
tal vez anormal relación entre el Estado y el individuo, por una parte, y entre
el Estado y el Anti-Estado, por la otra". La mafia, como forma del anti-Estado,
aparece entonces como la derivación de un dilatado proceso histórico, cuyas
bases son una ancestral necesidad de defenderse por mano propia, la ausencia de
un sentimiento nacional y las relaciones de vasallaje impuestas por la sociedad
feudal.
La
unificación de Italia aceleró el lento proceso de desaparición de las
estructuras feudales de la campaña, a
partir de la incorporación de la economía de la isla a la del país. El negocio
de la "protección" parece haber prosperado entonces: los hombres de la mafia se
encargaron de calmar los temores de los latifundistas -que veían peligrar sus propiedades- y de velar por su seguridad.
"En las comunidades sin leyes -explica E. J. Hobsbawm-, el poder se dispersa
rara vez en la anarquía de las competencias individuales, sino que se concentra
alrededor de los centros de fuerza local. Una de estas formas es el patronato y
el titular típico es el notable o el patrón (...) cuya red de influencia, que se
extiende en su derredor, obliga a la gente a ponerse bajo su protección. La
Mafia es casi el sinónimo de esta protección...".![]()
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La
unificación trajo aparejadas transformaciones económicas cuyo efecto inmediato
fue el aumento de la pobreza y la criminalidad. La crisis afectó sobre todo a la
campaña, cuyos habitantes se vieron obligados a migrar en masa a las ciudades,
donde de todos modos no encontraban trabajo. Así se generó un amplio sector de
marginales que se volcaron al delito y la protesta social. La emigración
significó poco después la gran válvula de escape para esta situación, como
demostró, entre otros datos, el notable descenso de crímenes y asaltos en
Sicilia, donde se registraban los índices delictivos más altos de toda Italia.
Aunque esa es la circunstancia que le habría dado cohesión, la mafia parece haber existido previamente. Ya a
mediados del siglo XIX, dice Falzone, la autoridad de la sociedad no era objeto de discusión. Incluso "los policías estaban al servicio de la mafia, que los utilizaba para formar un muro entre los campesinos y los propietarios". Además del cobro de tributos, el campo constituyó pronto el escenario de otro gran negocio mafioso: el secuestro de personas. Esta modalidad fue inaugurada en la isla por grupos de bandidos, que tenían sus bases de operaciones en las montañas de Lercara y desaparecieron pronto ante la vigilancia mafiosa. En 1874 se produjo una primera ola de casos, con los secuestros de los barones Porcari, Sgadari y Camaroni.