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Mi discurso en la noche de los tiempos Buenas noches compañeros, amigos y público en general. Un motivo grato nos convoca, la aparición de un libro de poesía, que edita la excelente (si no es que la mejor) revista de poesía, Alforja, y para acabarla de chingar, resulta que ese libro yo lo escribí. Muchos libros y presentaciones de grandes autores nos convocan casi todos los días en la ciudad de México. Este tuvo su primera presentación en el Zócalo de la ciudad el 1 de septiembre de 2001 y la segunda en Tlaxcala el día de los atentados en Estados Unidos en Nueva York y Washington, donde tuve oportunidad de ver a más cámaras de televisión y periodistas que me asediaban con preguntas espinosas que a un público nutrido como la vez del Zócalo, donde, por cierto, mi amiga y actriz Susana Payró me comparó con Octavio Paz y me calificó como “revolucionario” y mi primo poeta Sergio Vicario dijo que yo era el verdadero Marcos pero sin pasamontañas. Este tipo de comentarios me apabullan, luego las celebraciones están llenas de nuevos compromisos y me invitan a limbos insuperables. Como mi maestro Eduardo Casar a Radio Educación o una loca presentación en la ciudad de Aguascalientes con todos los gastos pagados, ¿o qué me dicen ustedes de una supuesta presentación presidida por Eduardo Milán del extinto grupo Vuelta? Afortunadamente por azares del destino como éstos la fama me está negada pero los textos permanecen, el evangelio de estos Infinitos dispersos busca, tienta, toca todas las puertas y la página con la emoción congelada sólo se abre para aquél que acepta que su soledad, condición esencial y permanente del ser humano, contiene un elemento poético que nos revela, como todo el arte, que el sentido de la vida, realmente está en otra parte. Este sentido o esta revelación ha acompañado ha todos los poetas de todas las épocas y culturas y no sólo a ellos, también a los filósofos de la Grecia clásica, a los aventureros como mi amigo Joaquín Castro (a quien dedico un poema de este libro), y en general, a todos los que casi casi se podría decir que se vuelven parásitos por su capacidad innata de hacer cosas que no sirven para nada. Este sentido de la vida o visión, en poesía se hace más notoria con la aparición de los románticos, luego los poetas malditos y en el siglo pasado, las vanguardias artísticas y la beat generation. Poco antes de que le concedieran el nobel de literatura en 1990, nuestro poeta Octavio Paz escribía: “Entre la revolución y la religión, la poesía es la otra voz. Su voz es otra porque es la voz de las pasiones y las visiones; es de otro mundo y es de este mundo, es antigua y es de hoy mismo, antigüedad sin fechas”. La recepción de este año 2002 estuve en las comunidades rebeldes zapatistas de Chiapas, el octavo año desde el alzamiento en 1994. Malos lugares para hablar de poesía y de arte, la efigie del Che Guevara me perseguía, allá casi hasta los perros (es decir, los chuchos) usan pasamontañas. Al igual que con la religión ocurre, la idea de revolución se apodera de las mentes, trasciende la subjetividad al igual que la fe y se proyecta al futuro, ese futuro que, como escribí en una novela inédita sería “en su sentido amplio, un más allá de género y número, música o palabra, más allá de sílabas y huesos, carne o alegría, sangre o mentira: un más allá última razón de cualquier búsqueda. Un más allá de continuos ojos parpadeantes”. Y con ese mismo tono y choro sigue el texto hasta que el texto mismo se contesta: “Los mejores sueños ya están viejos y de sus cascarones sólo salieron moscas. Piensa en un instante, que un relámpago te ilumine el ojo para ver si eres capaz de abrirte ese corazón, ese corazón humano al que Dostoievski le decía “untada de grasa”, revísatelo pues y pregúntate si es que en verdad en el fondo existe un más allá” Desde que escribí ese texto sabía que me refería a la poesía, a ese gran poema que escribimos los poetas y que continúa abierto he indeterminado, irreductible, condenado a vagar entre las catacumbas y las chispas de la historia. Como escribí en un añejo artículo de Alforja, en lo que quise que fuera un breve homenaje a Federico García Lorca por su Poeta en Nueva York, que considero, desde mi opinión personal como un texto capital en la literatura Hispanoamericana del siglo XX, la poesía misma es un acto de crítica de la sociedad y de la vida, que toca índoles amorosas, morales, políticas, cotidianas, etcétera. Los temas sin tiempo, que son ajenos a las modas, al mercado y las noticias pero que irremediablemente se nutren, en bastantes ocasiones, de esta tríada odiada por los poetas de la edad moderna. Modernidad ahora con dos nombres fundamentales: postmodernidad y globalización, nombres donde se esconde la noción de progreso, pero ¿Progreso para quiénes? ¿Progreso para cuántos? ¿Progreso en la órbita de la globalización o al margen de ella? Se pregunta Carlos Fuentes en el espléndido texto Por un progreso incluyente. Quien no entienda la validez de estas preguntas y su vital importancia, que se vaya a las comunidades de Chiapas, se duerma entre la tierra, el pasto y el lodo y escuche a los niños descalzos de seis años entonar el himno zapatista. Según mi maestro y poeta Ernesto Lumbreras, George Steiner tiene un texto en el que contundente, reclama y acusa a las humanidades, entiéndase: la antropología, la psicología, la sociología y la literatura de no haber evitado la barbarie. Steiner, según Lumbreras, declara que las humanidades han fracasado. Voltaire no pudo nada contra Auschwitz, o Kafka contra Hiroshima. O incluso versiones ultra radicales que acusan a Nietzsche de el terror de Hitler y si nos siguiéramos en esa línea, El evangelio según Jesucristo de José Saramago o los varios libros de Salman Rushdie son culpables de lo que ahora ocurre a nivel mundial. Terribles pesadillas, a mi juicio, causadas por mentes perversas que creían como Joyce, que la historia es una pesadilla. A mi juicio la historia no es ni blanco ni negro. Lo que sí creo, sin embargo, es que la globalización necesita urgentemente una crítica de su talla como la tuvo el capitalismo en los tiempos de Marx. Quienes piensan esto de que la historia es pesadilla ignoran la gloria del arte y de la cultura. Olvidan que Latinoamérica es más una región cultural en constante renovación e invención que una próspera región democrática. En fin, creo que para ellos Borges, la maestría de Borges, su erudición y su luminosa literatura se reduce a un nombre que es Borgues y quien así piensa, por su bestial estupidez, se me convierte en enemigo personal. Concluyo. No sin antes decir que este texto poético que titulé Infinitos dispersos en un verdadero arrebato de locura, del que salí con los pies sangrantes y un fallido intento de suicidio, está dedicado a los grandes monstruos que admiro, pero esencialmente, para los jóvenes, los jóvenes drogadictos, los matados de las universidades, los yuppies, los jóvenes zapatistas, los jóvenes politizados, los jóvenes poetizados, los jóvenes que son héroes dormidos, los jóvenes que son mandados en las oficinas, los jóvenes que descubren la sexualidad, los jóvenes alegres y los jóvenes tristes, hombres y mujeres, a ellos está dedicado este texto, porque yo sé que en cada uno de ellos, como le dedicó Efraín Huerta a Alejo Carpentier en un poema: “germinará la humilde semilla de la victoria”. Muchas gracias. Centro cultural José Martí Ciudad de México a 17 de enero de 2002 Marcos García Caballero
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