POEMAS

 abril 2000-diciembre 2001

 

Errante perspectiva  

 

 D

   

Por Tristan Tzara

   

En el verso algo le ha sucedido a la inteligencia. En la prosa la

inteligencia ha encontrado un objeto para sus observaciones. El

hecho poético preexiste.

 

Ezra Pound

 

Patada de jaguar

Qué nieve de cristal

se suicidó en tus ojos,

qué patada de jaguar

te arañó la frente,

bajo cuál consigna

incendiaste el globo de tu infancia

buscándote un porvenir,

una razón para tanta vuelta,

para tanto devaneo.

Siempre llegaste al centro de tí misma

removiendo la hojarasca de la duda

y la contradicción de la existencia.

Yo ahora te pregunto, resonando, por la razón hidráulica

de tu silueta,

por esa memoria sujetada en las sandalias

que navega entre mis pensamientos

como un pez en aguas transparentes,

como paladeando el dulce discurrir de una tortura.

Y ahora estamos aquí

a la intemperie de nosotros mismos,

de cara al tiempo, al ser,

¿qué es el ser sino una máscara hundida en la memoria?

Rascando los sepulcros de los dioses,

contemplando la palabra no dicha que se aleja

como  barcos en la distancia,

ay amor, esa palabra hecha de lluvia.

 
 
PARA PRONUNCIARTE NECESITO

meterme en poema de once varas.

La leve oportunidad de acariciar

un sueño tuyo,

una nube de caoba que discurre

en un cielo pedregoso.

Ahora la memoria es un ventanal

de maderas rotas,

un surco que se lleva mis huesos a la intemperie,

solo me queda descansar

como un volcán herido en las comisuras.

No me invade el temor de no encontrarte

a menos que tu no te encuentres, en la lluvia,

en los carriles del viento,

en el divorcio de la niña con la mujer.

En los cueros del alba, en la raíz del ser,

en los sepulcros de una edad adormecida

cuya columna vertebral es el vals de las despedidas

del hambre y el vacío.

La fiebre avanza por tu cuerpo, pero no es la fiebre:

es mi sombra que se quema en tu centro.

Ahí puedo mirar  mi lírica ingratitud y la paradoja

del ser amado, que no se ama por lo que da, sino

por su materia prima, que nos es al fin y al cabo,

desconocida.

 
 
Tráquea

Esta noche se me antoja

para nadar en el espasmo

de una fiebre acalorada que traza en la neblina

un hueso de garganta consumido por el fuego.

El deseo es un holocausto,

un pájaro ciego que escapa de su jaula

y vuela, de aquí, de cualquier parte.

No sabe retornar a nuestras manos

aunque su ausencia nos llena

las manos de palabras muertas.

Esas palabras muertas que es la vida,

la exploración y la desidia.

Es la hora de mancillar sus ritos,

el hueco enorme que deja la pregunta

cuando excava en la pérdida

con esos dientes de moralidad pagana

para encontrar un mundo enmascarado.

Yo lo sé, sin embargo, la imaginación poética

es rebelde a dejar como testimonio mi desdicha emparedada.

La poesía es un beso que rebana las costillas,

un rotundo ¡No serviré! Basado en la utilidad

y que a la realidad alimenta.

Un júbilo insaciable que no le rinde cuentas al

mejor disfraz de la muerte: la necesidad.

Donde hay necesidad no puede haber poesía

y cuando la poesía resuena la muerte está, momentáneamente,

vencida.

                       
 
 
 
Salva mi exageración, no dejes que muera apaciblemente.
 
 
 
 
  
SE PUEDE SOÑAR UN PASADO PERFECTO

una verdadera posesión del tiempo: domar el pasado.

Busco en mi pasado la oportunidad de un renacimiento,

una antorcha verde y roja que saque a la luz mi entendimiento,

sin embargo perezco: mi pasado es una flor

cuyo tallo la devora y la corroe con su ponzoña.

Permanezco entonces en la ausencia, en ese tiempo

improbable que no ha llegado ni nunca va a llegar: el presente.

 
 
 
 

 Julio 2000

 

¿Cómo Escribir?

Las ojeras pardas de tu rostro

son las almohadas donde me acuesto

para contemplarte contemplándose

contemplándome;

así nuestras preguntas

adquieren verdad de significados

dichos y no dichos,

por ejemplo: ayer tuve un sueño

y al despertar estabas tú en estas ojeras pardas,

como venado desdichado bajo las olas,

golondrina humeante de verdad tangible

con tu corazón ya desnudo de gestos insensibles,

caíste en la palabra,

recobraste rostro y lágrimas,

sujetaste tu ser de los rescoldos del vacío:

nadie, no era nadie,

alzas la cara y nunca hay nadie,

el mundo se ha convertido en un rancho

de pobres diablos.

Solo hay el sol irrefutable despeñándose

sobre tu nuca, sobre tus hombros,

sobre tu sueño: tigrillo rescatado

del diluvio, manos que como comarcas

inscriben en tu mirada la marcha del tiempo.

¿Cómo estás presente si solo es mi palabra

la que rasguña tu mundo de fantasmas?

¿Cómo escribir: fuimos eco de algo,

palabras de mucha gente, cuando también

nosotros seremos olvidados?

 

El destino de nuestra palabra es allanar esa puerta

                                                                    entrecerrada del olvido.

 
 
 
 
MARCHO EN UN OSCURO TREN

                        donde oigo golpear a mis costados

                        al infatigable bramido de los años

                        carcomidos y rancios,

                        como fantasmas de las aguadas nieblas

                        de la impotencia y su reverso: el deseo.

                        El deseo es un pájaro herido que escapa de su jaula

                        y vuela.

                        Navegamos, ya es tarde.

                        El pájaro vuela y escapa de aquí, se marcha

                        a cualquier parte, sólo depositará sus plumas

                        en la retrospectiva de la nostalgia.

                        En el beso que estuve a punto de recibir

                        la semana pasada de una mujer desconocida.

                        Navegamos y ya es de noche, la poesía

                        golpea las puertas cuando todavía no hay nadie.

                        Es como trepar a un árbol a buscar frutos

                        y sentir en medio del áspero tronco la sensación

                        de falta de firmeza, de niñez cobarde.

                        Pero el pájaro está ahí y no ha escapado.

                        ¿Quién no lo recuerda?

                        Aquellas tardes, cuando el alma se retracta,

                        cuando la sombra da una media vuelta en la nuca,

                        cuando una toronja sabe en realidad,

                        cuando el vino es vino,

                        cuando la fragancia de ayer se disipa en el presente.

                        Navegamos, ya es de noche.

                        ¡Salud! Amigos fraternos, déjenme escalar por su árbol

                        y que no me venza la torpeza de una prosa mal entendida,

                        que tenga la frente limpia y pueda llegar hasta el fruto

                        para que al fin, el pájaro pueda volar.

 

 

 

 

CAUSA SUI

  Para mi hermana LUCÍA BAYONA

                       Yo soy causa sui,

                        alma mater de mi cuerpo y de mi sombra.

                        Soy la causa y el efecto,

                        la diferencia entre la tierra y el adobe,

                        el cuero y la rebeldía,

                        la voluntad y la esperanza.

                        Penetro en mi interior por mi oreja derecha y

                        contemplo los árboles de un bosque antigüo,

                        legendario, irreal pero concreto.

                        Busco a tientas entre los sonidos

                        perdidos de la memoria.

                        No escribo este poema para que me lean,

                        sino para ser leído.

                        He dejado en la noche las primeras letras,

                        los primeros gestos,

                        estoy momificado en una estatua y una sombra

                        que va a parir a la luz mi pensamiento.

                        La intemporalidad es mi estrategia,

                        un carril por donde el viento no pasará,

                        por donde las miradas nada atisbarán.

                        Me fundamento en la necedad de afirmar la vida

                        por este hilito desmadejado de palabras.

                        Sueño abarcar la punta azul de este horizonte de leopardos

                        que me obliga a dar cornadas a la niebla  desde hace años.

                        Absorbo la vellosidad de la luz:

                        gotas rugosas de un presente fugitivo.

                        Al amanecer mis pupilas enfebrecidas recuerdan el paso

                        de jóvenes guerreros en noches de lunas de ginebra y hachís.

                        Para que el pasado sea fructífero debe tomar la forma

                        de un encuentro, de un corolario de tiempos que matan al tiempo

                        y las horas: un breve atisbo de pasado, el paraíso: aciagos días

                        en que nuestra vida la vivían los otros,

                        aciagos días cuando el rostro

                        aún no se fucionaba con la máscara, el engaño y la ignominia.

                        Aquello fue crecer, dar la vida por noticia vieja, archivarla o

                        traspapelarla de los asuntos importantes de sobra conocidos.

                        Como abandonar un taxi de un portazo y contemplar las calles.

                        Lo único que no se robará la globalización: las calles de nuestro

                        pequeño planeta. Y mientras existan las calles existirán los libros:

                        pequeños centauros tramados en las calles, en las cafeterías,

                        en los bares, en las avenidas, en los parques y terrazas.

                        Lugares donde uno espera ser redimido, por un beso, por un trago,

                        por una pelea o por un canto de flores negras.

                        Retratos de una roca: la muerte propia es precedera,

                        pero la especie es perpetua.

                        Retamos, fuera de toda coherencia, a la tiranía de la lógica,

                        y nos plantamos como demonios en una palabra: ¡causa sui!

              Principio de toda historia mítica,

                        verdadero manantial de todas las galaxias.

                        Regreso a mi exterior y me mareo: ¿dónde estaba antes de

                        comenzar? ¿Penetré por mi oreja derecha o fui directamente

              proyectado fuera de ella?

                        El hombre es una pregunta cuya respuesta jamás sabremos sino

                        a posteriori. El conocimiento es una fuente cuyos frutos

                        malgastan la voluntad: ni el poeta más erudito

                        ha escapado de ellos.

                        China, Roma o el imperio Astrohúngaro sólo dan de comer

                        —en la mayoría de los casos— para un plato de lentejas.

                        Si en verdad penetro por mi oreja derecha

                        jamás me encontraré en un bosque,

                        sino enfrente de un espejo en el cual no me reconozco,

                        y ni mi gemelo inexistente podría rebelarlo;

                        soy pues, causa sui, fundamento de lo real,

                        de la percepción, de la voluntad humana que en mi se representa,

               pero para eso me baso en un absurdo,

                        en un equívoco, en un tropiezo, en una carcajada que me

               desmiente y confirma mis sospechas:

                        la poesía no salva la vida, sólo es un tejido invisible

                        que salva al instante,

                        pero mediante ello, salvamos la intemporalidad.                       

 

 
 
 
ES MI PLUMA LA QUE TE DIBUJA ENTRE DOS FLAMAS,

                        son mis dedos que tiemblan como alas de mariposa,

                        es mi mano la que dice detente

                        y te acaricia  vientre, rodillas y huesos,

                        una garganta que alguna vez pronunció

                        las palabras: me gustas, me asustas, me conmueves.

                        Bajo un  canto de ilusiones que peregrinan como gaviotas

                        la tinta se desvanece, como se desvanece la sangre no fecundada,

                        como la ola que nunca acariciará la arena,

                        como un grito de auxilio que se pierde en la distancia,

                        una hamaca que tiembla de la ausencia,

                        una puerta entreabierta que nadie cruzará,

                        un viento de sopor que recorre la costa

                        donde tú viajas bajo las aguas de los sueños,

                        león marino condenado a vagar bajo las estrellas.

                        Abajo, en el patio, el colibrí vuela hasta su nido,

                        la ciudad duerme de impotencia como un perro que se espanta las

                moscas con la cola.

                        Y yo me desgrano agusanado de recuerdos.

                       
           
 
 
Joaquín Castro, gachupa

                        Así es que tú y yo

                        —hermanos ocasionales—

                        navegamos de nuevo

                        levantándole banderas a lo desconocido

                        fumando de ride y encajando guitarras

                        en el horizonte rumbo a Puerto Escondido.

                        Vieja deuda que nos reclama iguales al parecer,

                        ogros o duendes de nuestra historia,

                        descuartizando las encías de los recuerdos

                        que nos machacan y nos vuelven a juntar

                        en el paraíso de lo que una vez creímos alcohol

                        y otras veces amistad.

                        De tus cabellos descuelgan secretos poderosos

                        que mi corazón pronto ha de masticar.

                        El frío y los insectos de la selva me llevan a contar

                        enjambres de anécdotas pisoteadas

                        por la pasión de volverte a mirar.

                        No somos, digo,

                        —aunque tal vez lo seamos—

                        un éxtasis mutuo que se vuelve a desgranar.

                        Con mi navaja alumbro el sol y tus dientes vuelven a brillar.

                        Tigrillo de caoba, cangrejo de huída interminable.

                        Probable habitante inmortal de los recuerdos,

                        trepado en su silla de montar.

                        Temo en tí encontrar a lo que más me parezco

                        y que me vuelve a encasillar.

                        Nos decimos personal calificado

                        que rieles habrá de descargar,

                        pronto un oasis, una palmera habrá de atestiguar

                        nuestros designios de alcoba y el huracán

                        que en nuestras pupilas se viene a atorar.

                        Encallamos nunca, sólo en lo invisible volvemos a brillar.

                        Los inmigrantes y los turistas se confunden al pasar,

                        nómadas insectos que tu pronto habrás de devorar

                        Los mosquitos también sufren de tanto taladrar,

                        las mujeres esperan nuestro paso, sedientas de calmar

                        la expectativa de nuestros cuernos que rutilan al pasar.

                        Venga, hey, muchacho, que pronto nuestros nombres,

                        en los cuernos de la lluvia que golpea, se comenzarán a incendiar.

 
 
POEMA OSCURO

                        Sueño con  sombras fugitivas

                        que proyectan en mi carne

                        la inútil  batalla del delirio,

                        contorneándose esta noche 

                        de maremotos suicidas

                        cantándole  a la soledad de mi sangre.

 

                        Pronto habrá que convertir

                        en poesía los   rescoldos

                        que escapan a la luz,

                        ese enjambre de serpientes

                        que te esperan en el cruce

                        de cualquier estación,

                        donde tu memoria se levanta

                        en la oscuridad y sientes que te lleva  

                        no sé que voz  obscena

                        ajena a toda mitología,

                        que olvida  tu gloria y tu pecho palpitante.

                        Tú sientes que cargas un gran honor

                        por mandar al diablo la rutina,

                        por sentir la uva en el gaznate

                        apedreando como siempre

                        las efigies del sistema.

                        Creerás en algo más allá del absurdo

                        y de la lógica

                        frente a esta pantalla donde tu rostro

                        te contempla hundido en el vacío

                        y donde cada día

                        te desgranas agusanado de recuerdos.

  
 
 
 
 
 
Tu única obligación es no morir demasiado fácil.
 
 
 
 
 
DESCANSA. EL TIEMPO TE ACOMPAÑA.

                        También, mi voz que disipa el humo,

                        un remolino de colibríes que te celebran la vida.

                        Un sudor que te recorre la memoria

                        y te confirma su cuidado.

                        La sencillez de las cosas te reclama:

                        un sol de medio día, un espejo de arcoiris,

                        un árbol y una familia para abrazar y querer.

 
 
4 de mayo de 2001
 
 
 
 HABITAR EL CUERPO

                        incluso en el silencio,

                        otros días, una leve brisna de pensamiento

                        fugitivo y más atento,

                        hallar en lo efímero

                        la sagacidad de  ser uno  mismo:

                        experiencia de un instante

                        que dibuja en el rostro el tamaño de la vida.

                        Claridad que viene como  lluvia

                        que apaga mil estrellas mas no la memoria

                        que se torna en experiencia.

                        Correspondencia: ojos que me miran traspasar                                 

                        el tiempo y tiempo para mirar como se enhebra

                        la voluntad en sus diamantes rojos y rutilantes.

                        Dos sustancias: cometas del espíritu y agujeros negros

                        de materia. Puentes para comunicar el fuego

                        de mano a mano, de hombre a hombre. Lenguaje

                        para llamar misterio al misterio. Vivir la fantasía erótica,

                        llegar a lo otro del otro en donde reconozco mi destino

                        y palpo la muerte con manos serenas: fin del enigma

                        y comienzo de la resistencia.

                  
 

BARCOS QUE ENCALLAN

                        en flores de aguas turbias,

                        se alejan dejando surcos

                        sobre espejos carcomidos por los astros.

                        Lo no pensado regresa y gravita

                        como un objeto que arrastra la marea.

                        Porque el eco es como una flor en espiral

                        cuyos pétalos suavizan la conciencia

                        y así la soledad sólo es vigilia.

              
 
 
CADENAS

                        Arrastro con mi mano

                        La otra mano de un cadáver

                        Y sabemos ambos 

                       (él desde la muerte profunda como el sueño

                        y yo desde la ilusión), 

                        que no es vida o muerte lo que compartimos.

                        Con la igualdad cósmica

                        que él grita desde su pesadilla

                        y yo desde el agujero de mi sombra con sombrero

                        que pulula sola en la avenida,

                         hemos venido a dar aquí juntos

                         para certificar que la fantasía

                         es el abrevadero de la conciencia humana

                         atorada en el deseo:

                         la muerte y su reverso: voz, respuesta o alegría.

                        Quizá...

                        Mas lo arrastro y no me canso, me conduelo.

                        Su mano que rodea a la mía lo delata,

                        quizá él en vida perteneció a mi tierra,

                        lloró, bebió y amó al parecer igual que  yo, pero yo no lo conozco.

                        Estoy obligado a no mirarlo.

                        Quizá es mi hermano, mi padre o el viejo

                        que soldaba fierros a la vuelta de la esquina,

                        cuando el sol resplandecía en las aceras y el olor a comida y carbón atraía a las

                        familias a sentarse en los comederos

                        dispuestos por toda la calle, inconmensurable.

                        La mano de éste cadáver pesa poco,

                        soy yo el que con mis pasos me voy perdiendo,

                        no sé si por locura, orfandad o miedo,

                        pero aquél recuerdo lejano de mi calle y aquél viejo,

                        un beso de mi exnovia,

                        la galaxia que dibujaba en el  pizarrón mi maestro,

                        o el cuento desmadrado que todavía no acabo,

                        me hacen dudar si arrastro o soy yo el arrastrado.

                       
 
LA NOCHE, CUAL PALOMA DE AZÚCAR

surca con sus alas otro espacio tras mi espalda,

dejándome anonadado, a solas con mi nada.

Negro cancerbero que babea en la oscuridad,

como profecía mal ocultada,

se me rebela en forma de poema:

espuela que me golpea y no me arredro:

voluntariamente acepto que mi soledad es poética

porque mi paciencia se va tornando en bocanada,

en viento que no sólo acepta al tiempo

como mudo testigo sino al destino

que pausadamente entre el oleaje

me trajo un día una botella

que contenía el pergamino de mi memoria.

Flama al rojo vivo, la memoria,

intensidad a salvo del eructo a destiempo de las urbes.

Siempre estás ahí y mis pensamientos te acarician,

te deforman, te vuelven lo que eres: palabra, destino,

sombra amorosa que arremete

contra los tentáculos de la peor de mis suertes,

la muerte, aquella que descreo y a través de la cual seré juzgado, hojalá al lado de mi

féretro  resuene de un mendigo un delicioso: dolor color de olvido, amor siempre en

blanco o en negro, astillero para huir siempre del silencio.

Y si no lo dice, ¡ay! ¡Pobre de él que lo estaré esperando!

 
 
 
Rostro

para Sergio Vicario

                        Defender el rostro,

                        aún en el silencio,

                        recobrar la ingenuidad

                        del pensamiento

                        que bifurca al mundo

                        en sus cascadas:

                        lo que no somos,

                        lo que no queremos,

                        a los que despreciamos.

                        Y por otro lado,

                        lo nuestro, ese precioso

                        telar de lo más íntimo,

                        lo que atruena con orgullo

                        y suplica bajo.

                        Defender el rostro,

                        incluso en el silencio,

                        en las tormentas y en

                        el cansancio de la memoria

                        que se repite cada vez distinta,

                        cada vez más fiera, más ajena,

                        más nuestra.

                        Allá la multitud,

                        los artistas de la fama,

                        el paisaje de la multitud que vomita,

                        como decía Lorca.

                        Más acá, sólo un poco más acá, la sombra,

                        la soledad, la luz intangible

                        con su ramillete de promesas,

                        y todo para concluir, en el sereno de la noche,

                        que dadas nuestras fuerzas,

                        nuestras morales y nuestras letras,

                        serán dadas nuestras conductas,

                        sentimientos y comportamientos.

 
 
 
 
 

Hay un problema que es muy común en los talleres de creación. Después de que fulanito o merenganita se dan a conocer por vez primera con un texto al que le han puesto todo su empeño e ilusión, en muchos casos, el coordinador del taller u otro farragoso responden: “Bien... pero, ¿qué quisiste decir en este párrafo o este verso?” Cuando a López Velarde le preguntaban qué había querido decir en alguno de sus textos, parco, respondía: “pues lo que dije”. De ese modo sorteaba esta pregunta que la mayoría de las veces es un golpe bajo disimulado. Yo propongo que cuando nos pregunten qué quisimos decir, respondamos: “¿A qué te refieres, a sus implicaciones históricas, sociológicas, de significación semántica y lingüística, quizá antropológicas, poéticas, o simplemente a lo que significa la literatura?” Estoy seguro que ahí sí que la hacemos buena.

 
 
 
 
 

                        La verdad tirita

                        de frío en mis labios...

                        ¿La diré en ésta noche?

  
 
 
 
 

    Los poetas escribimos contra el silencio

                        pero respiramos silencio.

                        Desembocamos en el viento.

 

 
 

 

 

CAUSA SUI

 

D

 

 

SEMA         SOMA

 

Disidencia

A todos los músicos que hacen posible ese prodigio llamado

 La maldita vecindad y los hijos del 5 patio

 
                                                                 

Hacer poesía por la creencia

                        de que está mal hacerlo no es suficiente.

                        Hacer poesía por las ganas de hacer

                        malabarismos verbales no es suficiente.

                        Hacer poesía porque nos gusta leerla

                        no es suficiente.

                        Hacer poesía para decir una catarsis

                        de incoherencias no es suficiente.

                        Hacer poesía como otro modo

                        de comunicarse con las amistades

                        o las mujeres no es suficiente.

                        Hacer poesía por la creencia de que lo dicho

                        permanece tampoco es suficiente.

                        Hacer poesía por el convencimiento de que

                        la poesía expresa al hombre y su circunstancia,

                        como dijo Ortega, o de que lo real es lo que me circunda

                        y me resiste como dijo su discípula María Zambrano

                        no es suficiente.

                        Hacer poesía por la convicción de que la poesía

                        es otra más (escuchen: otra más) de las ramas

                        de las humanidades como la antropología,

                        la historia o la psicología no es suficiente.

                        Hacer poesía para matar el tiempo no es suficiente.

                        Hacer poesía porque se tiene

                        "algo qué decir" tampoco es suficiente.

                        Hacer poesía como un modo

                        de propaganda política no es suficiente.

                        Hacer poesía para vengarse de los enemigos

                        no es suficiente.

                        Hacer poesía para que los otros se rían

                        no es suficiente.

                        Hacer poesía para hacer el ridículo podría,

                        pero tampoco es suficiente.

                        Hacer poesía para retar a la historia, al hombre,

                        a la mujer, a la realidad, no es suficiente.

                        Hacer poesía para buscar la grandeza

                        no es suficiente.

                        Hacer poesía basado en la creencia de que la poesía

                        es el segundo esqueleto del hombre

                        tampoco es suficiente.

                        Hacer poesía para salvar a la humanidad

                        no sirve para nada.

                        Hacer poesía para encontrar una verdad no dicha

                        a lo largo de por lo menos veinte siglos

                        de versos tampoco es suficiente.

                        Hacer poesía para descubrir, por medio

                        de la poesía, lo que la poesía representa y decirlo

                        en un meta-poema tampoco es suficiente.

                        Hacer poesía para hacer galimatías no es suficiente.

                        Hacer poesía para vengarse de los poetas light, es decir,

                        los que no dicen nada y lo dicen mal, no es suficiente.

                        Hacer poesía para decir que la poesía no sirve

                        es peor que un mal poema.

                        Hacer poesía después de hacer el amor o

                        tomar alguna droga no es suficiente.

                        Hacer poesía para honrar a los grandes maestros

                        no es suficiente.

                        Hacer poesía para soltarse de la imaginación

                        bonitas imágenes no es suficiente.

                        Hacer poesía para decir que la sociedad

                        ha perdido algo esencial que sólo la poesía posee,

                        o que la poesía es inherente al nacimiento de

                        las civilizaciones fue suficiente, pero ahora no.

                        Hacer poesía para defender la casa, el barrio o la tribu

                        no es suficiente.

                        Hacer poesía para tentar la locura es posible,

                        pero no suficiente.

                        Hacer poesía para salir de la locura no es posible,

                        pero es suficiente.

  9 de noviembre 2001

   

  

Vocal

A la Comandancia EZLN

Como un hoyo atrás de la garganta,

                        como un escozor de marmol negro a cuestas,

                        como una quietud suave de vocal que no existe

                        y palpita en la lengua de tu amada,

                        como  cuerno tatuado en el resquicio,

                        donde la grieta es boca que arde

                        como un huracán de caimanes sin cerrarse,

                        aquí y ahora es donde retruena la existencia

                        en tu poema, aquí y ahora, sin falsa ausencia

                        la memoria te recoge y te devuelve, te levanta,

                        te hace convivir con el otro que eres tú,

                        ahora memoria y palabra se conjugan en un yo mismo

                        que después será recuerdo y ahora es paradoja

                        perdida en ese centro que no admite reconocerse

                        en nadie, solo en la antorcha

                        que con tu  poema va buscando un borde

                        que sea un más cerca, una cuenca inexplorada

                        que pide ser inagotable entre lo que me circunda y me resiste

                        y lo que me he resistido a imaginar.

                        La poesía admite el acto de existir

                        como ejecutable, lo razona y lo establece con fascinación

                        pues sabe que su existencia viene de fuera,

                        de ese momento que no ha pasado ni nunca va a llegar,

                        —el presente—,

                        esa siniestra jaula abierta de donde escapó lo perpetuo.                                                                

 

 

  DESPEDIDA

 

Qué  se puede decir a estas alturas de mi historia Universal.

 

Eduardo Casar

 

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