El humor en el mexicano

Por Marcos García Caballero

En alguna ocasión, Federico Campbell entrevistó a Gabriel Ferrater y le preguntó si el cultivo de la irrealidad era manifiesta entre los más jóvenes poetas europeos. El profesor catalán respondió diciendo que: "Es una cosa que a partir de cierta edad ya no interesa." Y ofreció una anécdota que versaba así: "Uno de los primeros fonetistas que hubo en el mundo, el abate Rousselot, se fue a una aldea francesa a estudiar la lengua de las gentes y le pareció que se hablaban en realidad tres lenguas: la de los viejos, la de la gente de mediana edad y la de los jóvenes. Veinte años después otro lingüista fue a la misma aldea francesa para corroborar las conclusiones del otro. Pues bien, los viejos habían muerto, los de mediana edad eran más viejos, los jóvenes eran ya de mediana edad y había una nueva generación,  pero existían las tres lenguas idénticas que el primer visitante había detectado. Al pasar a la mediana edad, los jóvenes adoptaban la lengua exacta de la gente de mediana edad, y los de mediana edad adoptaban la de los viejos. No había una tendencia al cambio de la lengua, y los tres estratos subsistían. Es elemental. El tratamiento de usted, por ejemplo, no lo utilizan los niños al empezar a hablar, pero a partir de cierta edad el niño adopta el tratamiento de usted. Entonces cuando me hablan de las generaciones, de la irrealidad o del realismo, pues bien, yo los espero a que tengan 48 años y estoy seguro de que pensarán exactamente lo mismo que yo, o sea, que lo único que tiene valor es la realidad". Y así dio respuesta a la pregunta, que si bien cuestionaba sobre la irrealidad en la creación poética,  me parece que como paralelismo en una nota sobre el humor en el mexicano es perfectamente válida: Siendo el lenguaje la llave para todo el resto de saberes, dentro de los cuales también figura el humor, obviamente habrá por lo menos haciendo una generalización, tres niveles de humor en una sociedad, y tres niveles con los cuales cada uno se reirá por lo menos de la esfera en la que se mueven los restantes.

También en alguna parte de su Diccionario Filosófico, Fernando Savater abunda en el tema de los inicios del lenguaje y asegura que éste surgió no como un maquiavélico cálculo para establecer algún comercio u obtener un beneficio: surgió entre los hombres para que éstos se comunicaran su vorágine interior, y asegura también, que entre nuestros antepasados prehumanos también se gastaban algunas bromas.

Para entrar en materia: ¿De qué se ríe el mexicano? ¿De dónde surge su humor? Saltándonos la gravedad histórica apuntada en El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz,  tendríamos que decir sin más miramientos, que el mexicano no se anda con juegos que la hagan concesiones a la ternura o a la sensibilidad del arte elevado; se ríe únicamente —en forma unívoca o recíproca— de la perplejidad de la muerte en todos sus aspectos. ¿Dónde esta la muerte en nuestra cultura? Pues en la calaveritas de azúcar, en los corridos, en las frases sentenciosas como el: "Si me han de matar mañana, que me maten de una vez." Etcétera.

En su Fenomenología del Relajo, Jorge Portilla apunta que el humor "nos libera de un valor negativo, de una adversidad." Y hasta donde yo tengo noticia, en esta vida no hay mayor adversidad que la muerte y todo aquello que la acarrea o nos hace sentir el vértigo de su amenaza.

Hablo de que el mexicano se ríe de la muerte en forma unívoca o recíproca porque la risa de un modo u otro siempre está asociada con ella. Del mismo modo que el patetismo puede provocar carcajadas (como por ejemplo en mi caso, espero no haber sido el único que al ver su primera representación de Otelo soltó algunas). Del otro modo, todo aquello que parece borrar el horizonte de la muerte de nuestra perspectiva, adquiere un barniz humorístico o satírico, puesto que en lo más hondo, creemos que la muerte nunca vendrá a cerrarnos los ojos y se coronará victoriosa: al descubrir cierto absurdo en nuestro empeño, descubrimos que en el fondo del pensamiento se establece una contradicción. Una contradicción fugaz en la que pocas veces reparamos, pero sin pensarlo demasiado avistamos su rostro, y al verlo, nos mata de risa. De esta manera entramos a la conciencia: Con la certeza de que ante todo, estamos ya muriendo, y de que la noticia, finalmente no es tan grave, puesto que en el tránsito muchas carcajadas nos esperan. De este modo, no hay nada tan subersivo como la risa, pues frente a todos los órdenes lógicos que imparte la muerte en nuestra sociedad desde el estado, ni más ni menos, la risa llega y lo despedaza todo, muestra la inutilidad de todo cuanto no nos posibilita el estado ideal de la risa, que sería ni más ni menos que la alegría.

Habría que apuntar que el tema ha sido por demás explorado y de ahí me viene la prudencia para abordarlo. ¿Qué no se ha dicho ya sobre la risa del mexicano? Jorge Portilla apunta que la afirmación de que el humor negro es el que prevalece en México no es del todo errónea. Para finalizar y cerrar con la idea primaria de este texto, sólo un pequeño comentario acerca del motivo de risa de los tres niveles de edades del mexicano:

El niño ríe ante la magia que le causa el mundo, en el cual, para él aún no está presente la muerte del todo. El jóven y el hombre de mediana edad se ríen de lo que imaginaron cuando niños y utilizan la risa esgrimiéndola ante la muerte, sabiendo ya que la muerte existe como el hecho definitivamente irrevocable y en escencia es de eso de lo que ríen. El viejo, el hombre o la mujer que ya han vivido todo lo que les correspondía, ríen con nostalgia recordando todo aquello que en la vida los motivó y los hizo penar alegremente.

 

 

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