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Medios prácticos
Para que se logre, Venerables Hermanos, el
efecto deseado de todo lo que, siguiendo las huellas de Nuestros Predecesores, hemos
recomendado y ordenado en esta Carta encíclica, usad eficazmente todos los medios que os
ofrece la excelsa dignidad que Cristo Señor y la Iglesia os han confiado, los cuales,
como la experiencia enseña, se emplean con gran fruto en muchos templos del orbe
cristiano.
Y en primer lugar, que en la iglesia catedral
y en los mayores templos de vuestra jurisdicción, permitiéndolo las circunstancias, haya
una escogida Schola cantorum que a los demás sirva de modelo y acicate para cultivar y
perfeccionar con celo el canto sagrado. Donde no se pudiera tener una Schola cantorum o no
se hallare competente número de Pueri cantores, se permite que tanto los hombres como las
mujeres y las jóvenes en lugar exclusivamente dedicado a esto, fuera del presbiterio,
puedan cantar los textos litúrgicos, con tal que los hombres estén separados
absolutamente de las mujeres y jóvenes, evitando todo inconveniente y gravando la
conciencia de los Ordinarios en esta materia[27]. Débese proveer con gran solicitud a que
todos los que aspiran a las sagradas órdenes en vuestros Seminarios y en los Institutos
misioneros y religiosos se formen diligentemente en la música sagrada y en el
conocimiento teórico y práctico del canto gregoriano, mediante profesores excelentes en
el arte, los cuales sean respetuosos con la tradición y fieles en todo a los preceptos y
normas de la Santa Sede.
Si se descubriere entre los alumnos del
Seminario o Colegio religioso alguno que se distinguiese especialmente por su aptitud y
amor al arte musical, no descuiden de advertirlo al Prelado los Rectores del Seminario y
directores del Colegio, para darle ocasión de perfeccionar sus cualidades, enviándolo al
Instituto Pontificio de Música Sagrada de Roma o a otra Escuela de dicha disciplina, con
tal que el sujeto se halle dotado de virtud y buenas costumbres que induzcan a esperar que
ha de ser excelente sacerdote. Deben también procurar los Ordinarios y Superiores
religiosos tener a alguien de quien se.puedan valer en materia tan importante, a la cual
no pueden, en medio del cúmulo de sus deberes, dedicar por sí mismos su atención. Gran
cosa sería si en la Comisión diocesana de Arte Cristiano se hallare algún perito en
música y canto sagrado, que pueda vigilar sobre lo que se hace en la diócesis y
comunicar al Ordinario lo hecho y lo que se debe aún hacer y de él reciba la dirección
y la autoridad y la ponga en ejecución. Si por fortuna en alguna diócesis se encuentra
ya Asociación establecida para el fomento de la música sagrada, que ya hubiese sido
elogiada y recomendada por los Sumos Pontífices, el Ordinario podrá, según su
prudencia, servirse de ella en el cumplimiento de su cargo. Promoved y ayudad, Venerables
Hermanos, con vuestra protección los institutos píamente fundados para educar al pueblo
en la música sagrada o para perfeccionar más particularmente dicho arte, y que mucho
pueden contribuir con sus palabras y ejemplos al adelantamiento del canto religioso, pues
así, gozando de vitalidad y poseyendo excelentes y aptos profesores, podrán promover en
toda la diócesis el conocimiento, amor y uso de audiciones de música sagrada y
conciertos religiosos, en armonía con las leyes eclesiásticas y obediencia completa a la
Santa Sede.
Después de haber tratado largamente de esta
materia movido de paternal solicitud, Nos confiamos seguramente que vosotros, Venerables
Hermanos, dedicaréis todo vuestro celo pastoral a este arte sagrado, que tanto sirve para
celebrar con dignidad y magnificencia el culto divino. Esperamos que todos los que en la
Iglesia, siguiendo vuestra inspiración, fomentan y dirigen el arte musical, recibirán un
nuevo impulso para promover con nuevo ardor e intensidad este excelente género de
apostolado. Así sucederá -lo deseamos- que este arte nobilísimo, tenido en tanta estima
por la Iglesia en todos los tiempos, también en los nuestros se cultivará y
perfeccionará hasta los esplendores genuinos de santidad y de belleza; y de parte suya
felizmente sucederá que los hijos de la Iglesia, con robusta fe, esperanza firme y
ardiente caridad, rendirán a Dios Uno y Trino, en los sagrados templos, el debido tributo
de alabanza, traducido de una manera digna y en una suave armonía; más aún, que, hasta
fuera de los templos sagrados, en las familias y sociedades cristianas se realice lo que
decía San Cipriano a Donato: Resuenen los salmos durante la sobria refección; con tu
memoria tenaz y agradable voz acomete esta empresa; mejor educarás a tus carísimos con
audiciones espirituales y con armonía religiosa dulce a los oídos[28]. Confiando que
estas Nuestras exhortaciones han de producir abundantes y alegres frutos, a vosotros,
Venerables Hermanos, y a todos y a cada uno de los confiados a vuestro celo, en particular
a aquellos que, secundando Nuestros deseos, promueven la música sagrada, impartimos con
efusiva caridad la Bendición Apostólica, testimonio de Nuestra voluntad y augurio de
celestes dones. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 25 de diciembre, en la fiesta de la
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, el año 1955, decimoséptimo de Nuestro
Pontificado.
[27] Decr. S. Rit. Congr. n. 3964, 4201, 4231
[28]
Cypriani Ep. ad Donatum (Ep. 1, 16) PL 4, 227.
   
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