El pueblo de Israel ha encontrado en los Salmos una manera de entablar con Dios un
diálogo existencial profundo y rico en formas y contenido.
Esencialmente
son himnos, cánticos, poesías y oraciones que en forma de súplica y alabanza se elevan
al Creador porque se reconoce en él al que conduce la historia y la vida de su pueblo.
Quién
mejor interpreta, en este sentido, la espiritualidad de los Salmos es el Rey David. A él
se le atribuyen la mayor parte de los Salmos, o, es su vida y experiencia la que los ha
inspirado. Tal vez él es quien representa la verdadera espiritualidad del músico.
El Rey
David es un hombre que ha sido llamado, elegido, ungido por el Señor para ser Rey de
Israel. Un hombre que ha conocido la gratuidad de esta llamada. Es el hombre a quién Dios
ha colmado de todas sus bendiciones y bienes. Sin embargo este hombre ha pecado
profundamente. Ha cometido los pecados más graves a los ojos de Dios. Ha sido adúltero y
luego para esconder su pecado ha mandado a asesinar a Urías, el marido de Betsabé. Dios
a través del profeta Natán ilumina su realidad y David reconoce su pecado y se
arrepiente.
Este
hombre conocerá la más profunda consecuencia de romper con el amor de Dios: la tristeza,
desolación y angustia a la que conduce el pecado. Sin embargo esta experiencia es la que
le lleva a reconocer en Dios, el perdón.
El Rey
David comprenderá la profunda realidad de la existencia humana y clamará desde el fondo
de su corazón, elevando un cántico de alabanza, de súplica y de perdón.
El Rey
David es el humilde que reconociendo su fragilidad puede reconocer la grandeza de Dios.
Por esta razón Dios le promete que de su descendencia vendrá el Mesías. Es por eso que
David tiene motivos para cantar, ha visto la gratuidad, el perdón. Sobre todo ha visto
que Dios ama al pecador.
Entonces
en este hombre surge un canto:
"Te
doy gracias, Yahvé de todo corazón,
Voy a proclamar todas tus maravillas..." (Sal 9,2)
"
Cantad para Yahvé los que lo amáis,
recordad su santidad con alabanzas" (Sal 30,5)
"¡Dad
gracias a Yahvé con la cítara,
tocad con el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañad la música con aclamaciones!"
Pues recta es la palabra de Yahvé,
su obra toda fundada en la verdad. (Sal 33, 2s)
"Bendeciré
en todo tiempo a Yahvé,
Sin cesar en mi boca su alabanza" (Sal 34,2)
"
Puso en mi boca un cántico nuevo,
una alabanza a nuestro Dios" (Sal 40,4)
"¡
Pueblos todos, tocad palmas,
aclamad a Dios con gritos de alegría!" (Sal 47,2)
"Aclama
a Dios tierra entera,
cantad a su nombre glorioso,
dadle honor con alabanzas,
Decid a Dios: ¡Qué admirables tus obras!" (Sal 66,2)
"Cantaré
por siempre el amor de Yahvé,
anunciaré tu lealtad de edad en edad." (Sal 89,2)
"Es
bueno dar gracias a Yahvé,
cantar en tu honor, Altísimo,
publicar tu amor por la mañana
y tu fidelidad por las noches,
con el arpa de diez cuerdas y la lira
acompañadas del rasgueo de la cítara" (Sal 92,2)
"Venid,
cantemos gozosos a Yahvé,
aclamemos a la roca que nos salva" (Sal 95,1)
"¡Cantad
a Yahvé un nuevo canto,
Canta a Yahvé tierra entera,
Cantad a Yahvé, bendecid su nombre!
anunciad su salvación día a día
contad su gloria a las naciones,
sus maravillas a todos los pueblos" (Sal 96,1-3)
"Cantaré
al amor y a la justicia
para ti tañeré, Yahvé;
Iré por el camino perfecto:
¿cuando vendrás a mí?" (Sal 101, 1-2)
¿Cuál es
la espiritualidad del músico?
La espiritualidad de aquél que ha visto el amor gratuito, de aquél que ha experimentado
la victoria de la resurrección en su vida... y esto despierta en él un canto de
alegría.
Aquél que
conoce la profundidad del corazón del hombre, nuestra pobreza, nuestra miseria y que
desde la muerte puede reconocer el amor de quién nos ha amado en su hijo Jesucristo,
porque sólo desde nuestra pequeñez podemos elevar un cántico en espíritu y en verdad.
Nadie
puede cantar las maravillas del Señor si no ha visto, como la virgen María, que el
Señor ha mirado la humillación de su esclava.
Un músico
cristiano está llamado a experimentar en su vida el amor de Dios cuando hemos sido sus
enemigos: la gratuidad, para poder proclamar, como el salmista, que "en mi roca no
existe la maldad".
Nuestra
misión, como músicos es la de bendecir y anunciar en nuestro canto, la buena noticia del
perdón, de la paz, de la victoria sobre la muerte. Es por ello que con sus salmos el Rey
David nos muestra la verdadera espiritualidad del cristiano que es cantor, músico y
poeta, ya que Jesús dice que todos los salmos hablan de él.
Busquemos en los salmos
una fuente de inspiración para nuestro canto: "Para ti es mi música Señor..."