|
 |
|
|
|
Decálogo del cantor
Todo instrumento musical es
digno de participar en la liturgia, si se toca debidamente.
Todo canto que se usa en la
liturgia debe ser compuesto expresamente para ella.
El canto y la música deben
estar al servicio de la palabra. Esta debe entenderse claramente.
Canto, música y letra deben
ayudar a la comunidad a expresar su fe cantando.
El canto y la música son
parte integrante de la celebración litúrgica, nunca motivos de adorno o lucimiento
personal.
Deben preferirse los cantos
inspirados en los Salmos o en la Palabra de Dios a otro tipo de cantos llamados piadosos o
sentimentales.
Los cantos que acompañan una
canción litúrgica: entrada, presentación de los dones, comunión, no deben prolongarse
más allá de esos momentos.
El canto debe apoyar y
expresar la acción litúrgica que se realiza: procesión de entrada, presentación de
dones, comunión, etc.
Los cantos y la música que
se toquen deben estar de acuerdo con los tiempos litúrgicos que celebra la Iglesia.
Deben excluirse de la acción
litúrgica los cantos y la música compuesto para otros fines, independientemente de su
belleza o nobleza.
   
|
|
 |
|