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Canto y música
1156 "La tradición
musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale
entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a
las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne" (SC
112). La composición y el canto de Salmos inspirados, con frecuencia acompañados de
instrumentos musicales, estaban ya estrechamente ligados a las celebraciones litúrgicas
de la Antigua Alianza. La Iglesia continúa y desarrolla esta tradición: "Recitad
entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro
corazón al Señor" (Ef 5,19; cf Col 3,16-17). "El que canta ora dos veces"
(S. Agustín, sal. 72,1).
1157 El canto y la música cumplen su función de signos de una manera tanto más
significativa cuanto "más estrechamente estén vinculadas a la acción
litúrgica" (SC 112), según tres criterios principales: la belleza expresiva de la
oración, la participación unánime de la asamblea en los momentos previstos y el
carácter solemne de la celebración. Participan así de la finalidad de las palabras y de
las acciones litúrgicas: la gloria de Dios y la santificación de los fieles (cf SC 112):
¡Cuánto lloré al oír vuestros himnos y cánticos, fuertemente conmovido por las voces
de vuestra Iglesia, que suavemente cantaba! Entraban aquellas voces en mis oídos, y
vuestra verdad se derretía en mi corazón, y con esto se inflamaba el afecto de piedad, y
corrían las lágrimas, y me iba bien con ellas (S. Agustín, Conf. IX,6,14).
1158 La armonía de los signos (canto, música, palabras y acciones) es tanto más
expresiva y fecunda cuanto más se expresa en la riqueza cultural propia del pueblo de
Dios que celebra (cf SC 119). Por eso "foméntese con empeño el canto religioso
popular, de modo que en los ejercicios piadosos y sagrados y en las mismas acciones
litúrgicas", conforme a las normas de la Iglesia "resuenen las voces de los
fieles" (SC 118). Pero "los textos destinados al canto sagrado deben estar de
acuerdo con la doctrina católica; más aún, deben tomase principalmente de la Sagrada
Escritura y de las fuentes litúrgicas" (SC 121).
   
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