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Función Ministerial del Coro.
"Promover la
participación de los fieles en el canto"
El ministerio de música es parte
integrante de la asamblea y merece un reconocimiento especial, no es superior al resto de
la asamblea está a su servicio.
a) Sentido ministerial.
El concepto de
ministerialidad, parece haber recuperado su sentido original. En otros tiempos se
concebía la función episcopal o presbiteral como una dignidad personal y casi absoluta;
hoy, quienes realizan funciones sagradas no aparecen como participantes de grado superior,
sino como ministros, a través de los cuales se logra la participación del pueblo, con
cuyo servicio "el pueblo de Dios queda debidamente servido" (S.C. 29).
En cuanto a los cantores,
"a ellos les corresponde en virtud del ministerio litúrgico que desempeñan,
promover la participación de los fieles en el canto" (M.S. 19). El ministerio a coro
debe tomar cada vez más conciencia del sentido que tiene su participación en la
celebración están: al servicio de la asamblea. El canto de la asamblea ocupa el lugar
principal. Al coro le corresponde:
Crear espacios de descanso que fomenten
la contemplación (silencio, instrumental...)
Dar colorido a cada una de las
celebraciones del año litúrgico (distinguir y resaltar las fiestas y solemnidades, así
como los diversos tiempos litúrgicos).
Animar el canto de la asamblea.
b) Servir y no dominar.
Es conveniente resaltar
la participación del ministerio de música (tener un lugar apropiado, pero que se note
que son parte de la asamblea). La música cristiana o litúrgica no tiene razón en sí
misma, ni su valor principal es sólo pedagógico o estético, sino que, es valiosa por
razón de la celebración misma.
La música queda pues
"relativizada", o mejor dicho ordenada en una escala de valores para un fin más
sublime. Un canto es sagrado en la medida que sirva al espíritu de la celebración
litúrgica (S.C. 112). La música no debe estorbar nunca la percepción de la Palabra de
Dios, ni la voz del pueblo. Hay que saber utilizar la música apta para alabar, suplicar,
proclamar, meditar, salmodiar, aclamar, dialogar, etc... utilizar las melodías, ritmos y
arreglos armónicos adecuados, de modo que la música no aparezca nunca en el papel
protagónico.
   
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