Canto y Música en la Liturgia.
"Vengan, cantemos alegres al Señor...
Entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos"
Sal 94, 1-2
El apóstol san Pablo nos invita a cantar
juntos salmos, himnos y cánticos inspirados, mientras esperamos la venida del Señor. Y
que mejor momento para hacerlo en la asamblea litúrgica. El Misal Romano nos habla del
canto como "una señal de euforia del corazón; san Agustín nos dice que
"Cantar es propio de quien ama" y un antiguo proverbio afirma que: "Quien
bien canta, dos veces ora".
Siguiendo la Tradición cristiana y bíblica nos damos cuenta de la importancia del canto
y la música en el culto.
Todo lo anterior nos motiva a tener en gran estima el uso del canto y la música en las
celebraciones litúrgicas.
El canto y la música son propios del hombre, son medios de expresión y comunicación y
crean comunidad.
En la Liturgia la música tendrá el fin de favorecer la unidad en una misma acción, ya
sea aclamar, meditar o proclamar. La música está al servicio de la asamblea que celebra;
es "parte necesaria e integral de la liturgia solemne". (S.C. 12).
Por su parte el canto en la liturgia tiene la función de proclamar nuestra postura ante
Dios, nuestra comunión con la asamblea de los fíeles y con el Misterio que celebramos.
El Concilio Vaticano II invita al pueblo a que participe activamente en la interpretación
de los cantos en la celebración. (S.C. 113 y 114). Si la asamblea es la protagonista de
la celebración el canto es un instrumento del que se sirve, este, sin embargo, no es algo
añadido sino parte integrante de la celebración.
En la introducción a la liturgia de las horas se nos recuerda que: "No ha de ser
considerado el canto como un cierto adorno que se añade a la oración, como algo
extrínseco, sino más bien como algo que brota de lo profundo del espíritu del que ora y
alaba a Dios".
"Con el canto, la oración adopta una expresión más penetrante... y el misterio de
la liturgia se manifiesta más claramente". (Instrucción Musicam Sacram, sobre la
música en la sagrada liturgia, no. 5).