EL CÓNDOR LEVANTA EL VUELO

13/Septiembre/2003

 

Fue hace 33 años cuando el Cóndor elevó por primera vez el vuelo...

La escuadra universitaria quizá de más tradición nació en 1970, y desde su creación comenzó a escribir historia dentro del deporte de las tacleadas. Durante su debut dentro del circuito de la Liga Nacional Colegial de Futbol Americano pronto mostró que iba a ser un equipo grande, al coronarse en forma invicta.

         Sus duras batallas en el emparrillado hicieron que en poco tiempo los estadios en donde se presentaban lucieran llenos y que cada encuentro se convirtiera en una lucha en donde cada yarda se peleaba, palmo a palmo, con el corazón, pero básicamente a golpes, pues éste es un deporte para hombres rudos.

         Cóndores surgió como consecuencia del crecimiento poblacional en la UNAM y el IPN, lo que provocó que las escuadras de fútbol americano de ambas instituciones se vieran rebasadas y fueran insuficientes para dar cabida a los deportistas ávidos de emociones.

         Para enfrentar esta demanda de los jóvenes estudiantes, la Universidad Nacional Autónoma de México decidió crear tres equipos: Cóndores, Águilas Reales y Guerreros Aztecas.

         De estas tres nacientes escuadras, la más favorecida fue la de Cóndores, pues en aquella época se decía que los mejores jugadores Pumas habían optado por sus colores y era verdad.

Eso lo demostraron en su primera temporada en la que, por ejemplo, Antonio Paz López, guard ofensivo, conservó su puesto como capitán después de haber ocupado este mismo cargo en la última representación de Pumas.

A los aficionados no les dolía pagar entre tres y cuatro pesos por ir a ver jugar a los Cóndores en aquella época. Los encuentros se realizaban en el estadio de Ciudad de los Deportes o en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria y al equipo en poco tiempo se le adjudicó el mote de “la máquina de hacer touchdowns”.

El primer head coach que tuvieron fue Manuel Neri, quien en sus filas contaba con hombres valiosos y de gran entrega en el campo como el quarterback Mario Hernández Verduzco, el fullback Guillermo Torres, Leonardo Lino y Noel Ortiz Halves, entre otros.

Al paso del tiempo y con el equipo actualmente desaparecido, resulta inevitable que surjan las anécdotas y es así como Abel Ortiz se hincha de orgullo al afirmar “Yo anote el primer touchdown de Cóndores”.

Eso ocurrió en un encuentro frente a los Cheyenes de la ESIA y Abel lo cuenta de la siguiente manera: “Estábamos en la yarda 10, cuando atrapé un pase. Me acuerdo muy bien”. El marcador favoreció a  Cóndores por paliza de 33-0.

Fue ese resultado el primero de ocho victorias que redondearían la campaña en que la escuadra universitaria consiguió 269 puntos contra solamente 48 recibidos.

Luego de mostrar su poderío frente a los Cheyenes, su siguiente rival fueron los también debutantes Guerreros Aztecas a quienes vencieron fácilmente 43-8.

Sin embargo, su primera victoria importante fue ante las Aguilas Blancas de Jacinto Licea, a quien ni su larga experiencia sirvió para sacudirse un doloroso 19-0. Después pasaron sobre Toros Salvajes por 27-7, arrasaron a Tigres por 60-0 y ante Aguilas Reales se impusieron 23-6 para continuar con un 20-13 frente a Búhos y cerrar con 44-14 a costa de los Borregos.

         Un verdadero acorazado había nacido y con el paso del tiempo quienes integraron esas poderosas escuadras se jactaban al afirmar a grito abierto que en cinco años nunca perdieron frente a un equipo del Poli, ni en temporada regular ni en los tradicionales clásicos.

 

VUELOS DE OTROS TIEMPOS DE OTRAS GUERRAS

                Los nombres elegidos para las tres nuevas escuadras con que la UNAM esperaba colocar muy en alto su nombre surgieron de la observación del escudo universitario. Ahí había un cóndor, un águila real y un guerrero azteca.

         Estos símbolos se lanzaron al aire, tomaron la forma del ovoide y de las cenizas de Pumas surgieron tres ejércitos danzantes.

         Dentro de las filas de Cóndores a los jugadores del Poli se les conocía como “negros”, contrariamente a su habitual mote de “burros” o “burros blancos”, por lo que el grito de batalla solía ser: “¡Ataca al negro! ¡Ahí viene un negro!”

         Aparte del campeonato, en la campaña de 1970, Cóndores buscaba que Guillermo Torres terminara como Campeón Anotador para tener los primeros lugares en todo y para lograr su objetivo hicieron todo, hasta sacrificios que pusieron en peligro el triunfo.

Por ejemplo, durante un encuentro celebrado en Monterrey frente a los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el quarterback  Hernández Verduzco realizó una jugada reversible que lo colocó en la yarda uno de sus rivales. Sin enemigos al frente hubiera resultado sencillo penetrar a las diagonales, pero en lugar de eso el mariscal de campo prefirió salir del campo.

Eso provocó que en la siguiente jugada el ovoide le fuera entregado a  Torres, quien sin problemas se adjudicó la anotación.

Todo esto sucedía mientras el equipo se enfilaba hacia el campeonato y al tiempo en que durante los medios tiempos era inevitable escuchar las notas del tema “El cóndor pasa”, que pronto fue adoptado como el Himno de Guerra de la escuadra universitaria, pues los jugadores se identificaban con esta melodía al decir que así de fácil pasaban ellos sobre sus rivales.

DE LAS NOVATADAS AL GOLPEO

                Todos los aspirantes a formar parte del equipo más prestigiado dentro de la UNAM eran sometidos a las tradicionales novatadas, que por crueles resultaba una verdadera prueba de escalofrío.

El aspirante a jugador tenía que soportar ser mojado durante todo el día con agua fría o ser pintado de colores (tradicionalmente de dorado o amarillo y negro) para posteriormente ser abandonado en un mercado público. Otras de las pruebas consistían en ser  atado en el asta bandera del Zócalo, ser bajado a pedradas desde lo alto de un árbol o ser lanzado totalmente amarrado desde la plataforma de 10 metros a la fosa de clavados de Ciudad Universitaria.

Entre las novatadas estaba una a la que habían bautizado como el “Ja ja... no me dolió” que consistía en que tres jugadores se colocaban frente a frente: Uno propina una cachetada al jugador de la derecha quien debe responder “ja ja... no me dolió” y enseguida el agredido debía dar una cachetada a su compañero de la derecha y así sucesivamente. En una de esas pruebas ocurrió que el primero en recibir la cachetada, cayó al suelo totalmente noqueado.

Otra prueba era la conocida como “Gallo-gallina” y era pasar por las filas de regaderas. Una había sido abierta con agua hirviendo y la otra con agua fría. Agua caliente: Gallo. Agua fría: Gallina.

         Eran pruebas que solamente los valientes se atrevían a enfrentar y el lema era que las novatadas los preparaban para los juegos duros.

Andrés “El Canguro” Gómez recuerda que su novatada duró 12 horas, de siete de la mañana a siete de la noche y asegura que hasta se desangró por los golpes que le dieron. Sin embargo, todo esto lo cuenta diciendo que fue un verdadero orgullo.

Tras de superar la difícil novatada, el jugador era obligado a hacer el juramento del equipo después del cual ya no había duda: había nacido un nuevo cóndor.

Diego García Miravete, quien fuera head coach de Cóndores y los llevara a la conquista de nueve campeonato de 1976 a 1983, formó parte de ese equipo fundador. Junto a él estuvieron varios grupos de hermanos, como José y Alberto Gómez Luna, conocidos como “Los Bolillos”; Ignacio, Carlos y Roberto Gómez Maqueo; los Hernández Verduzco, quienes colaboraron en todas las posiciones pues Federico era coach mientras Gustavo, Mario y Sergio se desempeñaban en el campo; los Alfonso García, padre e hijo. Al primero lo llamaban “El Desalmado” y era parte del cuerpo técnico mientras el hijo jugaba como esquinero.

 

 

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El Cóndor pasa
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