Soledad... soledad... soledad...

 

Eso ha sido toda mi vida...

 

Nada nuevo he podido esperar de la vida...

 

Y ahora debo esperarlo de la muerte.

 

EL CUBO DE LOS ESCRITORES

 

Escrito por Starknight

 

SOLEDAD INFINITA

 

No recuerdo cuanto tiempo estuve dormido después que aumentó mi fiebre, pero si recuerdo la causa... Una herida en mi brazo izquierdo hizo que flaquearan mis fuerzas a causa de la infección.

 

Pero si recuerdo que alguien, que para mi era lo mas parecido a un ángel, me estaba cuidando en ese lugar frío y lleno de maldad, que salía de cada una de las paredes de aquella habitación

 

Pero por muy irónico que parezca, mientras dormía a causa de mi fiebre, logre recordar parte de lo que debía ser mi vida anterior, quizá sean locuras mías, o quizás sea el gesto de cariño que ese ángel tenía con un pobre solitario que aparte de haber bromeado con ella, la había maltratado en anteriores ocasiones, aunque sin mala intención... que les puedo decir, es mi forma de ser.

 

Quizás no sea una locura que esté arriesgando mi vida en este lugar... quizás me lo merezco en serio

 

ella no se dio cuenta, pero estuve llorando en silencio, por causa de ese maldito recuerdo...

 

Ese maldito recuerdo... como imágenes llegaron a mi mente... ese maldito día

 

 

Recuerdo que era un día cercano a las vacaciones (lo sé porque ese día debía presentar un examen parcial, y no me pregunten la materia, porque no la recuerdo)... Recuerdo el sonido de mi despertador que un día atrás coloqué a las 6 de la mañana para levantarme temprano y poder estudiar un poco.

 

Como todos los días.

 

Me levante de mi cama como religiosamente haría cualquier ser humano que se preste para así poder desayunar, cepillarme mis dientes e irme de mi casa... Y como siempre, mi papá ya se había ido a trabajar, ya que se levanta más temprano que yo.

 

Vaya que he sido descortés... no me he presentado... aunque mi nombre no importa, solo les diré mi apodo... “Starknight”.

 

Estúpido apodo ¿verdad?, pero mis recuerdos no tienen que ver con mi nombre, ya que me gusta que me llamen por mi apodo.

 

En fin... como todos los días, salí de mi casa rumbo al liceo... sin ningún tipo de compañía.

 

Lo que si pude recordar, es que siempre he andado solo en esta vida... a pesar de contar con el cariño incondicional de mis padres, he vivido solo.

 

Mi soledad se acentuó hasta el limite en mi época de bachillerato, o secundaria para los que no saben el anterior termino.

 

Malditos recuerdos, sin uno buscarlos, reaparecen... ¿por qué tuve que recordar mis traumas de bachillerato, cuando era el centro de las burlas de más de la mitad del salón de mi clase?.

 

Y todo por culpa del maldito pelirrojo, quién se acercó como la única compañía que tuve en esa época... solo para acentuar mi dolor el día que me traicionó, aliándose con todos los que yo llamaba “mis enemigos”, y solo para ganar más status social.

 

Era la época más negra que había vivido... mi soledad se había acrecentado... y lo peor, sin la compañía de una chica...

 

Sentí que esa situación estaba a punto de cambiar, ya que conocí a una chica que durante un tiempo iluminó mi vida... creí por fin que mi vida tendría sentido.

 

Eran los últimos días que viviría en el bachillerato y saldría a la Universidad, así que debía aprovechar para decirle lo que sentía por ella...

 

Le diría a Carlina lo que sentía por ella.

 

El receso estaba a punto de terminar y no podría decirle a tiempo todo lo que tenía en mi corazón, un corazón que durante mucho tiempo, estuvo lleno de tonos grises y heridas lacerantes.

 

Una carta... ¿por qué no?... con una carta podría decirle lo que sentía y además, la cosa quedaría en secreto (créanme, con la vida que tenía, una cosa de esas sería como prender una mecha a una bomba nuclear) así que la escribí, y la coloqué en su pupitre... ya de ahí, la cosa era esperar. 

 

El timbre sonó... y ella fue la primera en entrar, una chica que era un poco gordita, de cara redonda y un cabello rubio con mechones un poco oscuros. Muchas personas me preguntaban “¿pero que le viste a ella?”... digamos que fue la persona que estuvo más tiempo conmigo en los momentos en que lo que único que quería era lanzarme del piso más alto del edificio, por lo que nació en mi un sentimiento especial hacia ella.

 

Mi corazón latió fuertemente en el momento que agarro la carta que puse en su pupitre y la abrió.

 

Vi como sus ojos se movían de línea en línea, mientras esperaba su respuesta ansioso.

 

En el momento que volteó a verme, le sonreí...

 

Y en respuesta, arrugó la carta y la tiró en el cesto de la basura.

 

No necesito explicarles lo que sentí en ese momento.

 

Unas pocas horas después, como si estuviera en una especie de shock, caminé rumbo a las escaleras que daban con el piso inferior del liceo (que era de dos pisos), y la vi allí, sentada hablando con sus amigas mientras almorzaba de un envase plástico, ya que siempre se llevaba su comida de la casa.

 

Sin darme cuenta, me senté un poco más abajo que ella... y ese fue mi grave error.

 

Carlina se plantó delante mío con cara de pocos amigos. Y dijo las palabras que más me lastimaron durante todo lo que quedaba de año.

 

Carlina: YA DEJA DE SEGUIRME. NO QUIERO VERTE MAS.

 

Después de eso, se fue.

 

No sabía que hacer o decir; me quedé petrificado mientras sus amigas bajaban por mi lado, se quedaron un rato a verme y luego se susurraron entre sí... lo máximo que alcancé a escuchar fue “... no debió tratarlo así...”.

 

Por lo menos, alguien me tenia consideración... mas bien lastima... porque lo único que sabía hacer... era dar lastima.

 

Por primera vez en mi vida... lloré como nunca antes lo había hecho.

 

Llegó el día de la graduación... recuerdo que por primera vez se hizo en el patio, ya que era bastante amplio, en comparación con el pequeño teatro que se encontraba cerca de la entrada, donde el calor era agobiante, y nunca alcanzaban las sillas para todos los estudiantes, padres, representantes e invitados que asistían a ese tipo de cosas.

 

Aún estaba abatido por lo que había ocurrido... no volví a cruzar palabra con Carlina desde ese día.

 

Ese día fue uno de los más asquerosos que había vivido, cuando recibí mi diploma... ya que todos mis enemigos fueron los primeros en levantarse para aplaudirme y ovacionarme como nunca lo habían hecho solo para lograr una disculpa mía.

 

Malditos hipócritas... jamás los perdonaré... ni aunque pasen mil vidas... jamás los perdonaré.

 

Pero lo pasado ha pasado y no podré cambiarlo... y el tiempo pasó hasta que llegué a mi época de Universitario.

 

Después de ese incidente en bachillerato, odié mi vida y todo lo que tuviera que ver con ella... no me importaban los exámenes que presentara en la Universidad... no me importaba la vida de Universitario... no me importaba mi vida.

 

El Internet, que mi padre logró obtener, sirvió como un bálsamo para mi dañado corazón.

 

Tanta gente que pude conocer en la red... tanta gente con la que pude conversar sin necesidad de mostrar mi cara... de verdad que me aliviaba estar en el Internet.

 

Fue en esos constantes viajes por el ciberespacio, cuando leí el primer fanfic de toda mi vida.

 

Fue extraño encontrar un guión basado en una serie de anime, así que por curiosidad, empecé a investigar sobre el tema, encontrando de todo tipo de fanfics, desde comedia, hasta trágicos...

 

Entonces me dije a mi mismo: “¿por qué no escribes un fanfic?”.

 

Así empezó mi vida como escritor de fanfics... durante un tiempo me fue bastante bien... pero aún así, seguía solo... mi único amigo durante mucho tiempo, fue la computadora.

 

No era raro que todas las noches llorara a causa de mi soledad antes de irme a dormir.

 

Los días pasaban y pasaban y mi situación no cambiaba en nada; las clases de la Universidad donde ahora estudio se volvían fastidiosas... insípidas... insulsas... cada vez que iba, solo contaba las horas para volver a casa y seguir escribiendo... tenia ya varios compromisos con varias paginas web para la publicación de nuevos fanfics.

 

Lo peor no era contar las horas, sino el camino de regreso.

 

En la salida de la Universidad se encuentra una pequeña plaza con la estatua de tres mujeres abrazándose, conocida como “Las Tres Gracias”. Todos los días siempre debo pasar por ahí para llegar a mi casa y seguir escribiendo... y todos los días se producía ese amargo sabor en la boca...

 

Parejas... parejas y más parejas, como si de Primavera se tratase... aunque dejé de celebrar la primavera desde hace ya mucho tiempo.

 

A cada lado que veía, veía una parejita amapuchandose, consintiéndose y besándose... la envidia me carcomía las entrañas al verlos tan felices... y al verme a mi tan solo.

 

Y no solo en la Plaza, sino también en la Universidad... a cada lado, una parejita derramando tanta miel que me provocarían una caries severa.

 

De verdad que era una escena patética, que me revolvían las tripas de la envidia.

 

Sin mirar a ningún otro lado, caminé hasta mi casa para seguir escribiendo... y como todos los días, caminaría sin ninguna compañía.

 

Constantemente apretaba mi mano, como si llevara la mano de una chica imaginaria... incluso para mi es patético, pero comprendan la desesperación que provoca vivir solo desde el bachillerato.

 

Ya en mi casa, me senté delante de mi computadora y me puse a escribir por un largo rato... quizá tan largo, que terminé tres episodios de nueve paginas cada uno en tres horas...

 

Y sentía que si no seguía escribiendo... no lo volvería a hacer durante un buen tiempo.

 

Ya eran como las 7 de la noche, mi padre aún no había regresado de su trabajo, y yo aquí, agotado de tanto escribir... me levanté y me puse a ver animes grabados de canales de cable para pasar el tiempo... siempre volteaba a ver mi teléfono esperando la llamada de alguien para aplacar la soledad durante un buen rato... pero el teléfono nunca sonó.

 

Solo me serví una cena recalentada y me puse a ver los noticiarios de las 11, para de allí irme a dormir; mañana será un nuevo día, aunque como siempre, la pasaré solo.

 

Apagué la televisión y cerré mis ojos... no sin antes mojar mi almohada de lágrimas.

 

 

CLANG...

 

Me desperté sobresaltado, miré mi reloj y vi que eran las dos de la mañana... ese ruido fuerte me extrañó de verdad, pero al rato pensé que era mi padre... con tanta oscuridad, de seguro se tropezó con algún adorno, así que me volví a dormir.

 

CRASH...

 

Eso ya era extraño, “mi padre no es tan tonto” pensé en ese momento, así que me levanté de mi cama rumbo  su cuarto, pensando que quizá rompió un vaso de vidrio puesto en su mesita de noche...

 

Llegué a su cama... y no estaba allí.

 

Escuché pasos en la sala...

 

Había alguien metido en la casa.

 

Armándome de valor, me acerqué silenciosamente hasta la sala. El contacto de mis pies con el suelo frío de verdad que me daba escalofríos, pero debía averiguar quien entró en mi casa.

 

Tomé un muñeco bastante grande hecho de madera, y comencé a alzarlo a medida que llegaba a la sala, listo para golpear al intruso.

 

Llegué a la oscura sala... me asomé un poco... y lo vi.

 

Era la silueta de un niño... por la oscuridad no podía verle la cara... pero era un niño.

 

Niño: vaya... ya era hora que despertaras... Starknight (me dijo con voz burlona).

 

Starknight: có... como sabes mi nombre... (pregunté apoyándome un poco en el librero que tenía a mis espaldas).

 

Niño: no importa como me enteré... te conocía desde hace bastante tiempo.

 

Starknight: ¿me conocías?

 

Niño: eres famoso por tus fanfics… es increíble que no reconozcas tu propio talento.

 

Starknight: ¿quién eres? (dije acercándome un poco).

 

Niño: alguien... al que le molesta tu trabajo.

 

Su tono de voz había cambiado... ahora era más amenazante.

 

Starknight: entonces... ¿por qué me dijiste que tenía talento?... y además ¿cómo entraste aquí?

 

Era una pregunta que tardé en formular.

 

Niño: fácil... tu me facilitaste la entrada a tu vida... tu desesperación a causa de tu soledad fue como un timbrazo a la puerta de mi casa.

 

No me gustó como sonó eso... quería verle la cara, así que me acerqué al interruptor de luz, lo activé... pero ninguna luz se encendió.

 

Niño: tengo la solución para ti... una solución que estoy seguro ya has pensado en tu miserable vida.

 

Starknight: ¿qué? ¿venderte mi alma?.

 

Niño: ¿tu alma?... jajajajajajaja, no quiero algo tan insignificante como eso.

 

Starknight: entonces... que demonios quieres.

 

Niño: ......... tu vida.

 

Hubo un fuerte destello de luz dorada, salí disparado hacia atrás y me golpee en el librero... y mientras perdía el conocimiento... supe que las paginas que escribí en mi computadora... eran las últimas que escribiría en mucho tiempo.

 

 

Desperté de un largo sueño... no escuché mi despertador... pero estaba despertando... no recordaba que había ocurrido la noche anterior.

 

Pero ví un techo extraño de color marrón... con una puerta metálica en el centro... y un montón de marcas negras.

 

Me levanté del piso donde estaba tumbado... y vi con terror que mi casa fue reemplazada por un habitación que no conocía, con puertas en cada lado, techo y suelo... y vestía un uniforme militar de color gris.

 

Abrí una de las puertas... y vi con sorpresa (aunque con más miedo) que tenía una habitación delante mío de color rosa... con las mismas marcas negras.

 

No sabía que hacer... ya que por alguna razón, sabía que al abrir otra puerta, encontraría otra habitación.

 

No sé cuanto tiempo esperé para reaccionar y abrir otra puerta.

 

Y vi una habitación de color amarillo.

 

Armándome de valor, atravesé el pequeño pasillo que dividía las dos habitaciones... y entré.

 

Estuve largo rato mirando de arriba a abajo esa misteriosa habitación amarilla... no había muchos cambios en el diseño, salvo el color... todo era todavía muy extraño para mí.

 

Miré la puerta que tenía delante...ese sería mi siguiente objetivo.

 

Solo di un paso al frente, y algo pasó frente a mi con un silbido extraño... miré hacia el lugar donde fue a dar el objeto... y vi con horror que era una flecha.

 

SUUIIISSS... otro silbido... pero a mis espaldas... ¡así que me puse a correr como alma que lleva el diablo!.

 

¡Flechas!... habían flechas volando en diferentes direcciones cada vez que avanzaba... iban a gran velocidad y en gran numero... solo me quedaba usar mis reflejos y esquivarlas para llegar a la puerta.

 

Me frenaba y seguía corriendo... era una locura... me iban a dejar como alfiletero...

 

Ya estaba llegando a la puerta... faltaba poco...

 

Starknight: AAAARRRGH

 

Hasta que una flecha me dio en el brazo izquierdo... justo cuando me pegaba a la pared para dar por terminada esa locura.

 

Mi respiración era agitada, me quejaba del dolor punzante que sentía mientras rompía con mi otra mano la flecha que tenía clavada... tenía muchísima sangre... y no sabía cuanto tiempo resistiría así.

 

Miré la puerta que tenía a mi lado, y como pude la abrí, me encaramé por la pequeña escalinata y entré al pasillo.

 

Fue a partir de ese momento que llegué a este lugar, que mi vida daría un vuelco inesperado... mi vida cambió cuando entré a esa habitación blanca.

 

Mi vida cambió cuando la conocí.

 

Ahora sabía que no estaba solo en esa situación... sabía que con esa misteriosa chica, todo sería distinto... porque entre los dos, buscaríamos la salida de esa casa de locos.

 

Ya no estaría solo...

 

Porque conocí a ese ángel...

 

Porque conocí... a Lina Saotome

 

FIN DEL PRINCIPIO...

 

¿O EL PRINCIPIO DEL FIN?

 

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