LA DECISION ES TUYA En el lejano oriente había un sabio. Este hombre tenía la sabiduría en plenitud. Había dedicado toda su vida a tener esa sabiduría. Pero en el mismo lugar también había un niño. Este niño quería engañar al viejito sabio. Y para conseguirlo, tomaba diferentes objetos entre sus manitas, iba con el sabio y le decía: - "A ver viejillo sabio, ¿qué tengo entre mis manos?". El sabio con mucha paciencia le decía: - "Sabes, tienes una piedrita roja". El niño comenzó a desesperarse porque cada vez que se presentaba con este sabio, le adivinaba las cosas que tenía entre las manos: "Tienes una canica. Tienes una luciérnaga. Tienes una bolita blanca". Pero en una ocasión en que el niño salía de estar con el sabio pensó. - "Tengo que engañar a este sabio. Yo se que no es sabio, pero, cómo lo hago. ¡ Ya se ! buscaré un árbol y me subiré a él. Es lógico que en ese árbol encuentre un nido, pues bien, buscaré el nido. Obviamente en ese nido tendrá que haber pajaritos, pues bien, tomaré un pajarito entre mis manos e iré con el sabio y le preguntaré: a ver, viejillo sabio, ¿qué tengo entre mis manos?. Como el dice que es un sabio me dirá: tienes un pajarito. Entonces yo le preguntaré: ¿está vivo o está muerto?. Si el me dice, está vivo, lo voy a comenzar a apretar hasta matarlo abriré las manos y le diré; No, mira está muerto. Pero si me dice, está muerto, entonces abro las manos y le digo; No, mira está vivo". Ante estos pensamientos el niño se pone muy contento por poder engañar al sabio. Y cuando a los niños se les mete algo a la cabeza hasta no lograrlo, así es que el pequeño busca el árbol, encuentra el nido, también encuentra el pajarito lo toma entre su manos y va a ver viejillo sabio y le dice: - "¿Qué es lo que tengo entre mis manos?". El viejito le responde: - "Sabes, tienes un pajarito". El niño, se pone contento por ver que el plan va viento en popa. Y le dice: - "Es cierto. Yo se que tú eres un sabio grande, que nada es imposible para ti. Que nadie en la tierra tiene esa sabiduría que sale por tus mismos poros, pero dime: ¿está vivo o está muerto?". El viejito sabio, conservando su serenidad, le dice: -"La decisión es tuya".