METÁFORA DE LOS CINCO COFRES Imaginemos que cada ser humano posee cinco cofres para guardar sus valores. Como es imposible guardar lo que no se tiene, la riqueza almacenada en esos cofres determina la calidad y cantidad de lo que se puede compartir con los demás. Naturalmente en la vida hay asuntos más valiosos que otros. Por eso pueden clasificarse según su importancia. El primer cofre es el público. En el se guardan las ideas y estilos de convivencia que se usan en la vida social. Todos los conocidos tienen fácil acceso a este primer cofre. El segundo cofre es el cordial. En él se guardan elementos para compartir especialmente con compañeros de trabajo, de estudios o de clubes. A él acceden las amistades que se frecuentan en proyectos afines. El tercer cofre es el fraternal. Guarda los valores para dar sólo a quienes se ama: los tres o cuatro amigos reales y la familia. El cuarto cofre es el de pareja. En él se depositan aspectos más exclusivos, únicamente para los enamorados. El quinto cofre es el íntimo. Emociones secretas, recuerdos y anhelos profundos, sólo para los esposos. En la espera edificante se adquiere conciencia de la existencia del quinto cofre, se comienza a cuidarlo y a enriquecerlo, al descubrir que en él se guarda el único, "capital afectivo" que podrá regalarse a la pareja definitiva (Lo interesante del capital afectivo es que comienza a formarse desde mucho tiempo antes de conocer a la pareja definitiva). Dignidad es poner llave al quinto cofre, cerrarlo y custodiarlo como acto de responsabilidad. La dinámica más importante es: "Escribe una carta a la persona que será tu pareja definitiva que incluya lo que piensas y sientes. Háblale de los anhelos e ideales que te gustaría convertir en realidad algún día", Cuando llegue el día de adquirir un compromiso matrimonial con tu pareja, debes sacar la carta y dársela como un símbolo de la llave de tu quinto cofre.