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Evangelio de Pseudo Mateo

CAPÍTULO I

VIDA PIADOSA DE JOAQUÍN

 1.- En aquellos días había en Jerusalén un varón llamado Joaquín, de la tribu de Juda, y era pastor de sus propias ovejas, y tenía al altísimo en la sencillez, en la bondad de su corazón y no tenía otro cuidado que el de sus rebaños, que empleaba en alimentar a todos los que como él, temían al altísimo y ofrecía presentes dobles a los que trabajaban en la sabiduría y en el temor de Dios, y presentes simples a los que a estos servían, así, de las ovejas, de los corderos, de la lana y de todo lo que poseía hacia tres partes, la 1ª la distribuía entre las viudas, los huérfanos, los peregrinos y los pobres, la 2ª la daba a los que se consagraban al servicio de Dios y celebraban su culto, en cuanto a la 3ª, la reservaba para si y para toda su casa.

        2.- ¿Y porque obraba de ese modo?, Dios multiplicaba sus rebaños, y no había, en todo el pueblo israelita nadie que le igualase en abundancia de reses, y todo eso comenzó a hacerlo desde el año quinceno de su edad y cuando llegó a sus 20 años tomó por esposa a Ana, hija de Isachar y de su propia tribu, es decir, de la raza de David, y a pesar de haber trascurrido otros 20 años, a partir de su casamiento no había tenido ni hijos ni hijas.

 

 

CAPÍTULO II

DOLOR DE JOAQUÍN Y DE ANA

 

        1.- Y sucedió que un día de fiesta, Joaquín se encontraba entre los que tributaban incienso y otras ofrendas al Señor, y el preparaba las suyas, y acercándose un escriba del templo llamado Rubén le dijo: No puedes continuar entre los que hacen sacrificios a Dios, porque este no te ha bendecido al no otorgarte una posteridad en Israel, y habiendo sufrido esta afrenta en presencia del pueblo, Joaquín abandonó llorando el templo del Señor y no volvió a su casa sino que marchó a donde estaban sus rebaños, y llevó consigo a sus pastores, a las montañas de una comarca lejana, y durante 5 meses su esposa Ana no tuvo ninguna noticia suya.

        2.- Y la triste lloraba, diciendo: Señor, Dios muy fuerte y muy poderoso de Israel, después de haberme negado hijos, ¿porque me arrebatas también a mi esposo?, he aquí que han pasado 5 meses y no le veo, y no se si está muerto para siquiera darle sepultura, y mientras lloraba abundantemente en el jardín de su casa, y levantaba en su plegaria los ojos al Señor, vio un nido de gorriones en un laurel, y entrevedando sus palabras de gemidos se dirigió a Dios y le dijo: Señor, Dios omnipotente, si has concedido posteridad a todas las criaturas, a los animales salvajes, a las bestias de carga, a las serpientes, a los peces, a los pájaros, y has hecho que todos se regocijen de su progenitura, ¿porqué has excluido a mi sola de los favores de tu bondad?, bien sabes Señor, que, desde el comienzo de mi matrimonio hice voto de que si me dabas un hijo o una hija te lo ofrecería a tu santo templo.

        3.- Y a punto de terminar su clamor dolorido, he aquí que de súbito apareció ante ella un ángel del Señor, diciéndole: No temas Ana, porque el designio de Dios está en que salga de ti un vástago, el cual será objeto de la admiración de todos los siglos hasta el fin del mundo, y no bien pronunció estas palabras, desapareció de delante de sus ojos, y ella temblorosa y llena de pavor por haber tenido semejante visión y por haber oído semejante lenguaje, se echó en el lecho como muerta, y todo el día y toda la noche permaneció en oración continua y en el terror extremo.

        4.- Al fin llamó a su sierva, y le dijo: ¿cómo viéndome desolada por mi viudez y abatida por la angustia no has venido a asistirme?, y la sierva le respondió, murmurando: Si Dios ha cerrado tu matriz, y te ha alejado de tu marido, ¿que puedo hacer por ti yo?, y al oír esto, Ana lloraba más aun.

 

 

CAPÍTULO III

EL ÁNGEL GUARDIÁN DE JOAQUÍN, EL ENCUENTRO EN LA PUERTA DORADA

 

        1.- En aquel mismo tiempo un joven apareció en las montañas en que Joaquín apacentaba sus rebaños, y le dijo: ¿Porque no vuelves al lado de tu esposa?, y Joaquín repuso: Durante 20 años la he tenido por compañera, pero ahora por no haber querido Dios que no tuviera hijos, he sido expulsado ignominiosamente del templo del Señor, ¿cómo volvería al lado suyo después de haber sido envilecido y despreciado?, continuaré, pues, aquí con mis ovejas, mientras Dios conceda a mis ojos luz, sin embargo por intermedio de mis servidores, seguiré repartiendo de buen grado su parte a los pobres, a las viudas, a los huérfanos y a los ministros del Altísimo.

        2.- Y, no bien hubo en tal guisa hablando, el joven le respondió: Soy un ángel de Dios, que se ha aparecido hoy a tu mujer, la cual oraba y lloraba, yo la consolé, y ella sabe por que ha concebido de ti una hija, esta vivirá en el templo del Señor, y el Espíritu Santo reposará en ella, y su beatitud será mayor que la de todas las mujeres, aun de las más santas, de suerte que nadie podrá decir que hubo, ni que habrá mujer semejante a ella en este mundo, baja, pues, de las montañas y vuelve al lado de tu esposa a quien encontrarás en cinta porque Dios ha suscitado progenitura en ella, y su posteridad será bendita, y Ana misma será bendita y establecida madre con una eterna bendición.

        3.- Y Joaquín adorándole dijo: Si he encontrado gracia ante ti, reposa un instante en mi tienda y bendíceme, puesto que soy tu servidor, y el ángel le contestó: No te llames servidor mío, pues ambos somos los servidores de un mismo Dueño, mi comida es invisible, y mi bebida lo es también para los mortales, así, no debes invitarme a entrar en tu tienda, y lo que habrías de darme, ofrécelo en holocausto a Dios, entonces Joaquín cogió un cordero sin mancilla, y dijo al ángel: No me hubiera atrevido a ofrecer un holocausto a Dios, si tu orden no me hubiese dado el poder sacerdotal de sacrificarlo, y el ángel dijo: Tampoco yo te hubiera invitado a ofrecerlo, si no hubiese conocido la voluntad de Dios, y ocurrió que en el momento que Joaquín ofrecía su sacrificio a Dios, al mismo tiempo que el olor del sacrificio y en cierto modo con su mismo humo, el ángel se elevó hacia el cielo.

        4.- Y Joaquín inclino su faz contra la tierra y permaneció así prosternado desde la hora sexta del día hasta la tarde, y sus mercenarios y jornaleros llegaron, he ignorando la causa de su actitud se llenaron de temor y pensaron que quería matarse, y se acercaron a el, y no sin esfuerzo le levantaron, y cuando les contó su visión, estremecidos de estupor y sorpresa, le exhortaron a cumplir sin demora el mandato del ángel y a volver prontamente al lado de su esposas, y como Joaquín discutiese todavía en su interior debía o no volver, le invadió el sueño, y he aquí que el ángel que le había aparecido, estando despierto, le apareció otra vez mientras dormía, diciéndole: Yo soy el ángel que Dios te ha dado por guardia, baja con seguridad y retorna cerca de Ana, porque las obras de caridad que tu y tu mujer habéis hecho han sido proclamadas en presencia del Altísimo, el cual os ha legado una posteridad tal como, ni los profetas, ni los santos han tenido ni tendrán desde el comienzo del mundo, y cuando Joaquín hubo despertado llamó a sus pastores y les dio a conocer su sueño, y ellos adoraron al Señor y dijeron a Joaquín: Guárdate de resistir más al ángel del Señor, levántate, partamos y avancemos lentamente haciendo pastar a los rebaños.

        5.- Y después de caminar 30 días, cuando se aproximaban ya a la ciudad, un ángel del Señor apareció a Ana en oración, diciéndole: Ve a la llamada Puerta Dorada, al encuentro de tu esposo que hay viene, y ella se apresuró a ir allí con sus siervas, y en pie se puso a orar delante de la puerta misma, y aguardó largo tiempo, y se cansaba y se desanimaba ya de tan dilatada espera, cuando levantó los ojos y vio a Joaquín que llegaba con sus rebaños, y corrió a echarle los brazos al cuello, y dio gracias a Dios y exclamó: Era viuda y he aquí que no lo soy, era estéril, y he aquí que he concebido, y hubo gran júbilo entre sus vecinos y conocidos, y todo la tierra de Israel la felicitó por aquélla gloria.

 

 

CAPÍTULO IV

MARÍA CONSAGRADA AL TEMPLO

 

        1.- Nueve meses después, Ana dio a luz una niña, y la llamó por nombre María, y festejada fue al tercer año, Joaquín y su esposa Ana se encaminaron juntos al templo y ofrecieron víctimas al Señor, y confiaron a la pequeña a la congregación de vírgenes, que pasaban el día y la noche glorificando a Dios.

        2.- Y cuando hubo sido depositada delante del templo del Señor, subió corriendo las 15 gradas sin mirar atrás, y sin reclamar la ayuda de sus padres como hacen de ordinario los niños, y este hecho llenó a todo el mundo de sorpresa, hasta el punto de que los mismos sacerdotes del templo no pudieron contener su admiración.

 

 

CAPÍTULO V

GRATITUD DE ANA AL SEÑOR

 

        1.- Entonces Ana, llena del Espíritu Santo, exclamó en presencia de todos: el Señor Dios de los ejércitos ha recordado su palabra y recompensado a su pueblo con su bendita visita para humillar a las naciones que se levantaban contra nosotros, y para que su corazón vuelva hacia el, ha abierto sus oídos a nuestras plegarias y ha hecho cesar los insultos de nuestros enemigos, la que era estéril es ahora madre y ha engendrado la exaltación y el júbilo, y mis enemigos no podrán ya impedírmelo nunca más, vuelva el Señor sus corazones hacia mi, y procúreme una alegría eterna.

 

 

CAPÍTULO VI

OCUPACIÓN DE MARÍA EN EL TEMPLO, ORIGEN DEL SALUDO "DEO GRATIAS"

 

        1.- Y María causaba admiración a todo el mundo, a la edad de 3 años marchaba con paso tan seguro, hablaba tan perfectamente, ponía tanto ardor en sus alabanzas a Dios, que se habría tomado, no por una niña pequeña, sino por una persona mayor, pues recitaba sus plegarias como si 30 años hubiera tenido, y su semblante resplandecía como la nieve hasta el extremo de que apenas podía mirársela, y se aplicaba a trabajar en la lana. y lo que las mujeres adultas no sabían hacer, ella en edad tan tierna lo hacia a perfección.

        2.- Y se había impuesto la regla siguiente: Desde el amanecer hasta la hora de tercia, permanecía en oración, desde la hora de tercia hasta la de nona se ocupaba en tejer, a la de nona volvía a orar y no dejaba de hacerlo hasta el momento en que el ángel del Señor se le aparecía y recibía el alimento de sus manos, en fin, con las jóvenes de más edad se instruía tanto, haciendo día por día progresos en la práctica de alabar al Señor, que, ninguna le precedía en las vísperas, ni eran más sabias que ella en la ley de Dios, ni más humilde, ni mas hábil en entonar los cánticos de David, ni más graciosas en su caridad, ni más pura en su castidad, ni más perfecta en toda virtud, ni más constante, ni más inquebrantable, ni más perseverante, ni más adelantada en la realización del bien.

        3.- Nunca se la vio encolerizada, ni se la oyó murmurar de nadie, toda su conversación estaba tan llena de dulzura que se reconocía la presencia de Dios en sus labios, continuamente se ocupaba de orar y meditar la ley, y llena de solicitud por sus compañeras se preocupaba de que ninguna pecase ni siquiera en una sola palabra, de que injuriase o menospreciase a otra, bendecía al Señor sin cesar, y para no distraerse de loarle, cuando alguien la saludaba por respuesta decía: Gracias sean dadas a Dios, de aquí vino a los hombres la costumbre de contestar: Gracias sean dadas a Dios cuando se saludan, a diario comía el alimento que recibía de manos del ángel, y en cuanto al que le proporcionaban los sacerdotes, lo distribuía entre los necesitados, a menudo se veían a los ángeles conversar con ella y obedecerla con el afecto de verdaderos amigos, y cuando algún enfermo la tocaba inmediatamente volvía curado a su casa.

 

 

CAPÍTULO VII

MERITO DE CASTIDAD

 

        1.- Entonces, el sacerdote Abiathar ofreció presentes considerables a los pontífices para obtener de ellos que María se casase con un hijo suyo, pero María lo rechazó diciendo: Es imposible que yo conozca varón, ni que un varón me conozca, los pontífices y todos sus parientes trataron de disuadirla de su resolución, insinuándola que se honra a Dios por los hijos, y se le adora con la creación de progenitura y que así había sido siempre en Israel, pero María les respondió: Se honra a Dios por la castidad ante todo, como es muy fácil de probar.

        2.- ¿Porqué, antes de Abel no hubo ningún justo entre los hombres?, y aquel fue agradable a Dios por su ofrenda y muerto por el que había desagradado al Altísimo, y recibió 2 coronas, la de su ofrenda y la de su virginidad, puesto que había evitado continuamente toda mancilla en su carne, de igual modo, Elías fue trasportado al cielo en su cuerpo mortal por haber conservado intacta su pureza, cuanto a mi, he aprendido en el templo desde mi infancia que una virgen puede ser grata a Dios, he aquí porque he resuelto en mi corazón no pertenecer jamás a hombre alguno.

 

 

CAPÍTULO VIII

LA GUARDA DE MARÍA

 

        1.- Y María llegó a los 14 años, y ello dio ocasión a los fariseos para recordar que conforme a la tradición no podía una mujer continuar viviendo en el templo de Dios, entonces se resolvió enviar un heraldo a todas las tribus de Israel a fin de que, en el término de 3 días se reuniesen todos en el templo, y cuando todos se congregaron, Abiathar, el gran sacerdote, se levantó y subió a lo alto de las gradas a fin de que pudiese verle y oírle todo el pueblo, y habiéndose hecho un gran silencio dijo: Escuchadme hijos de Israel y atender mis palabras, desde que el templo fue construido por Salomón, moran en el vírgenes, hijas de reyes, de profetas, de sacerdotes y de pontífices, y estas vírgenes han sido grandes y admirables, sin embargo, no bien llegaban a la edad núbil, se guían de nuestros antepasados y tomaban esposo, agradando así a Dios, únicamente María ha encontrado un nuevo modo de agradarle prometiéndole que se conservaría siempre virgen, me parece, pues, que interrogando a Dios y pidiéndole su respuesta, podemos saber a quien habremos de darla en guarda.

        2.- Toda la asamblea aprobó ese discurso, y los sacerdotes echaron suerte entre las 12 tribus, y la suerte recayó sobre la tribu de Judá, y el gran sacerdote dijo: Mañana venga todo el que esté viudo en esta tribu, y traiga una vara en la mano, y José hubo de ir con los jóvenes llevando también su vara, y cuando todos hubieron entregado sus varas al gran sacerdote, este ofreció un sacrificio a Dios y le interrogó sobre el caso, y el Señor le dijo: Coloca las varas en  el santo de los santos y que permanezcan allí, y ordena a esos hombres que vuelvan mañana aquí y que recuperen sus varas, y de la extremidad de una de ellas saldrá una paloma que volará hacia el cielo, y aquel que en cuya vara se cumplan este prodigio, será el designado para guardar a María.

 

        3.- Y al día siguiente, todos de nuevo se congregaron, y después de haber ofrecido incienso, el pontífice entró en el santo de los santos, y presentó las varas, y una vez estuvieron todas distribuidas, se vio que no salía la paloma de ninguna de ellas, y Abiathar se revistió con el traje de las 12 campanillas y con los hábitos sacerdotales del sacrificio, y mientras oraba, un ángel le apareció, diciéndole: Hay aquí una vara muy pequeña con la que no has contado, a pesar de haberla depositado con las otras, cuando la hayas devuelto a su dueño veras presentarse en ella la señal que se te indicó, y la vara era de José, y en considerándose descartado por ser viejo y temiéndose verse obligado a recibir a la joven, no había querido reclamar su vara, y como se mantuviese humildemente en último término, Abiathar le gritó a gran voz: Ven y toma tu vara, que es a ti a quien se espera, y José avanzó temblando por el fuerte acento con que le llamara el gran sacerdote, y apenas hubo tendido la mano para tomar su vara, de la extremidad de esta surgió de pronto una paloma más blanca que la nieve y extremadamente bella, la cual, después de haber volado algún tiempo en lo alto del templo se perdió en el espacio.

 

        4.- Entonces todo el pueblo felicitó al anciano, diciéndole: Feliz eres en tu vejez, pues Dios te ha designado como digno de recibir a María, y los sacerdotes le dijeron: Tómala, puesto que has sido elegido por el Señor en toda la tribu de Judea, pero José empezó a prosternarse, suplicante y les dijo con timidez: Soy viejo y tengo hijos, ¿porqué me confiáis a esta joven?, y el gran sacerdote le dijo: Recuerda José, cómo perecieron Dathan, Abió y Coré por haber despreciado la voluntad del Altísimo, y teme no te suceda igual si no acatas su orden, y José le dijo: En verdad no menosprecio la voluntad del Altísimo, y seré el guardián de la muchacha hasta el día en que el mismo Dios me haga saber cual de mis hijos ha de tomarla por esposa, entretanto, dénsele algunas vírgenes de entre sus compañeras con las cuales more, y Abiathar repuso: Se le darán vírgenes para su consuelo hasta que llegue el día fijado para que tu la recibas, porque no podrá casarse con ningún otro que contigo.

 

        5.- Y José tómo a María con otras 5 doncellas que habían de habitar con ella en su casa, y las doncellas eran Rebeca, Sefora, Susana, Abigea y Zael, a las cuales los sacerdotes les dieron: Seda, Lino, Jacinto, Violeta, Escarlata y Púrpura y echaron suerte entre ellas para saber en que cada una trabajaría, y a María le tocó la púrpura destinada al velo del templo del Señor y al cogerla, las otras le dijeron: Eres la más joven de todas y sin embargo has merecido obtener la púrpura, y después de decir esto empezaron a llamarla por burla: La reina de las vírgenes, pero, apenas acabaron de hablar así, un ángel del Señor apareció en medio de ellas, y exclamó: Vuestro apodo no será un apodo sarcástico, sino una profecía muy verdadera, y las jóvenes quedaron mudas de terror ante la presencia del ángel y sus palabras, y suplicaron a María que las perdonase y rogase por ella.

 

 

CAPÍTULO IX

LA ANUNCIACIÓN

 

        1.- Al día siguiente, mientras María se encontraba en la fuente llenando su cántaro, un ángel del Señor le apareció y le dijo: Bienaventurada eres María, porque has preparado en tu seno un santuario para el Señor y he aquí que vendrá una luz del cielo a habitar en ti y por ti irradiará en el mundo entero.

        2.- Y al tercer día, mientras tejía la púrpura con sus manos, se le presentó un joven de inenarrable belleza, al verle, María quedó sobrecogida de temor y se puso a temblar, pero el visitante le dijo: No temas ni tiembles María, porque has encontrado gracia a los ojos de Dios, y de el concebirás un Rey que dominará no sólo en la Tierra sino también en los cielos, y que prevalecerá por los siglos de los siglos.

 

                                                          CAPÍTULO X

VUELTA DE JOSÉ

 

        1.- Y en tanto que ocurría todo esto, José, que era carpintero estaba en Capernaum, al borde del mar, ocupado en sus trabajos, y permaneció allí 9 meses, y vuelto a su casa, encontró a María en cinta y todos sus miembros se estremecieron y en su desesperación, exclamó: Señor Dios, recibe mi alma, porque más vale morir que vivir, y las jóvenes que con María estaban, le arguyeron: ¿Que dices José?, nosotras sabemos que ningún hombre la ha tocado y su virginidad continua íntegra, intacta e inmaculada, porque ha tenido por guardián a Dios y ha permanecido siempre orando con nosotras, a diario un ángel conversa con ella, y a diario recibe su alimento de manos de ese ángel, ¿cómo podría existir un sólo pecado en ella?, y si quieres que te declaremos nuestras sospechas, nadie la ha puesto en cinta sino es el ángel de Dios.

        2.- Pero José dijo: ¿Porqué queréis embrollarme haciéndome creer que quien se ha unido a ella es un ángel del Señor?, ¿no parece más seguro que un hombre haya fingido ser un ángel de Dios y la haya engañado?, y, al decir esto lloraba y exclamaba: ¿Con cara me presentaré en el templo del Señor?, ¿Cómo osaré mirar a los sacerdotes?, ¿Qué haré?, y mientras hablaba así, pensaba en esconderse, en abandonarla.

 

 

CAPÍTULO XI

JOSÉ CONFORTADO POR UN ÁNGEL

 

        1.- Y ya había decidido levantarse en la noche y huir para habitar en un lugar oculto, cuando aquélla misma noche le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: José, hijo de David, no temas de recibir a María, tu mujer, porque lo que en ella está engendrado del Espíritu Santo es, y parirá un hijo que se llamara Jesús que salvará al pueblo de sus pecados.

        2.- Y desvanecido el sueño, José se levantó dando gracias a su Dios y habló a María y a las vírgenes que estaban con ella y les contó su visión, y consolado con respecto a María dijo: He pecado por haber abrigado sospechas contra ti.

 

 

... Y cuando José despertó, hizo lo que el ángel le dictó ...

 

 

CAPÍTULO 12

LA PRUEBA DEL AGUA

 

        1.- Tras esto, se extendió la nueva de que María estaba en cinta, y José fue conducido ante el gran sacerdote por los servidores del templo, y aquel como los demás sacerdotes le colmó de reproches, diciéndole: ¿Porqué has seducido a una doncella de tanto mérito que los ángeles de Dios han nutrido en el templo como una paloma?, ¿que no quiso nunca ver a un hombre y que estaba tan instruida en la ley de Dios?, si tu no lo hubieses violentado, ella permanecería virgen hasta ahora, pero José juraba que nunca la había tocado, entonces el gran sacerdote Abiathar le dijo: Por vida de Dios, yo te haré beber el agua de la bebida del Señor, y en el acto tu pecado será demostrado.

        2.- Entonces, Israel se reunió en una muchedumbre innumerable, y también María fue conducida al templo del Señor, y los sacerdotes y los parientes de María la decían llorando: Confiesa tu pecado a los sacerdotes, tú que eras como una paloma en el templo de Dios y que recibías tu alimento de la mano de un ángel, José fue llevado al altar y se le dio el agua de la bebida del Señor, si un hombre después de haber mentido la probaba y daba 7 veces la vuelta al altar, Dios ponía alguna señal sobre su rostro, y cuando hubo bebido reposadamente y dado 7 vueltas al altar, ningún signo de pecado apareció en su cara, entonces, todos los sacerdotes y los servidores del templo y la multitud proclamaron su virtud diciendo: Feliz eres, porqué en ti no se hallaba falta.

        3.- Llamando a María le dijeron: ¿Pero tú, que disculpa podrías dar?, ¿y que mayor signo podría mostrarse en ti que ese embarazo que te traiciona?, sólo te pedimos que digas, ¿quien te ha seducido?, ya que José está puro de toda relación contigo, más te valdrá confesar tu pecado que dejar que la cólera de Dios se marque con su signo y sin temblar dijo María: Si hay alguna mancha o pecado o concupiscencia impura en mi, que Dios me designe a la faz de todos los pueblos para que yo sirva a todos de ejemplo, y bebió el agua de la bebida del Señor, dio las 7 vueltas al altar y no se vio en ella ninguna marca.

        4.- Y como todo el pueblo estaba lleno de estupor y de duda viendo el embarazo de María, sin que signo de impureza apareciera en su rostro, se elevó entre las muchedumbre un gran vocerío de palabras contradictorias, unas loaban su santidad al paso que otras la acusaban, entonces advirtiendo que el pueblo no estimaba su justificación completa, dijo María con clara voz, para ser entendida de todos: Por la vida del Señor Dios de los ejércitos en cuya presencia me hallo, que yo no he conocido a ningún hombre y más que no lo debo conocer, porque desde mi infancia he tomado esa resolución y desde mi infancia he hecho el voto de permanecer pura para Él que me ha creado, y así quiero vivir para Él sólo, permaneceré sin macula mientras exista.

        5.-Entonces, todos la abrazaron pidiéndola que perdonase sus maliciosas sospechas, y todo el pueblo y los sacerdotes y todas las vírgenes la llevaron a su casa regocijados, gritando y diciendo: Bendito sea el nombre del Señor porque ha manifestado su santidad a todo el pueblo de Israel.

 

 

CAPÍTULO XIII

VISIÓN DE LOS PUEBLOS, NACIMIENTO DE JESÚS EN LA GRUTA, TESTIMONIO DE LOS PASTORES

 

        1.- Y ocurrió algún tiempo más tarde, que un edicto de Cesar Augusto obligó a cada uno a empadronarse en su patria, y este primer censo fue hecho por Cirino, gobernador de Siria, José, pues, se vio obligado a partir con María para Bethlehem, porque el era de ese país y María era de la tribu de Judá, de la casa y patria de David, y José y María iban por el camino que conduce a Bethlehem, y dijo María a José: Veo ante mi dos pueblos, uno que llora y otro que regocija, más José le respondió: Estate sentada y sostente sobre tu montura, y no digas palabras inútiles, entonces un hermoso niño vestido con un traje magnífico apareció ante ellos y dijo a José: ¿Porqué has llamado inútiles las palabras que María a dicho de esos dos pueblos?, ella ha visto al pueblo judío llorar por haberse alejado de su Dios y al pueblo de los gentiles alegrarse por haberse aproximado al Señor según la promesa hecha a nuestros padres, puesto que ha llegado el tiempo en que todas las naciones deben de ser benditas en las posteridad de Abrahán.

        2.- Dichas estas palabras, el ángel hizo parar la bestia por cuanto se acercaba el instante del alumbramiento y dijo a María que se apease y que entrara en una gruta subterránea en la que no había luz alguna, porque la claridad del día no penetraba nunca allí, pero al entrar María, toda la gruta se iluminó y resplandeció como si el sol la hubiera invadido y fuera la hora 6ª del día, y mientras María estuvo en la caverna, esta permaneció iluminada día y noche por aquel resplandor Divino, y ella trajo al mundo un hijo que los ángeles rodearon desde que nació diciendo: Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

        3.- Y José había ido a buscar comadronas, más cuando estuvo de vuelta en la gruta  María ya había parido a su hijo, y José le dijo: Te he traído 2 comadronas, Zelomi y Salome, más no osan entrar en la gruta a causa de esta luz demasiado viva, María oyéndole, sonrió, pero José le dijo: No sonrías, antes se prudente por si tienes necesidad de algún remedio, entonces hizo entrar a una de ellas, Zelomi, y habiendo entrado dijo a María: Permíteme que te toque, y habiéndolo permitido María, la comadrona dio un gran grito y dijo: Señor, ten piedad de mi, he aquí lo que yo nunca he oído ni supuesto, pues sus pechos están llenos de leche y a parido un niño, y continua virgen, el nacimiento no ha sido inmaculado por ninguna efusión de sangre, y el parto se ha producido sin dolor, virgen ha concebido, virgen a parido y virgen permanece.

        4.- Oyendo estas  palabras la otra comadrona, llamada Salome, dijo: Yo no puedo creer eso que oigo, a no asegurarme por mi misma, y Salome, entrando dijo a María: Permíteme tocarte y asegurarme de que lo que ha dicho Zelomi es verdad, y como María le diese permiso, Salome adelantó la mano, y al tocarla súbitamente su mano se secó y de dolor se puso a llorar amargamente y a desesperarse y a gritar: Señor, tu sabes que siempre he atendiendo a los pobres sin pedir nada a cambio, que nada he admitido de la viuda o del huérfano y que nunca he despechado a un menesteroso con las manos vacías, y he aquí que hoy me veo desgraciada por mi incredulidad y por dudar de vuestra virgen.

        5.- Y hablando ella así, un joven de gran belleza apareció a su lado y la dijo: Aproxímate al niño y adórale, tócale con tu mano y el te curará, porque es el Salvador del mundo y de cuantos esperan en Él, y tan pronto como ella se acercó al niño, le adoró y le tocó los lienzos en los que estaba envuelto, su mano fue curada, y saliendo fuera, se puso a proclamar a grandes voces los prodigios que había visto y experimentado, y cómo había sido curada, y muchos creyeron en sus palabras.

        6.- Porque unos pastores afirmaban a su vez, que habían visto a media noche ángeles cantando un himno, loando y bendiciendo al Dios del cielo, y diciendo: Que el salvador de todos, el Cristo, había nacido, y que en el debía Israel encontrar su salvación.

 

... unos pastores afirmaban ...

 

        7.- Y una gran estrella brillaba encima de la gruta de la tarde a la mañana, nunca desde el principio del mundo se había visto una tan grande, y los profetas que estaban en Jerusalén decían que: Esa estrella indicaba el nacimiento del Cristo, el cual debía cumplir las promesas hechas no sólo a Israel sino a todas las naciones.

 

 

CAPÍTULO XIV

EL BUEY Y EL ASNO DEL PESEBRE

 

        1.- el tercer día después del nacimiento del Señor, María salió de la gruta, y entró en un establo, y depositó al niño en un pesebre, y el buey y el asno le adoraron, entonces se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: el buey y el asno han conocido a su Dueño y Señor en el pesebre.

 

 

 

        2.- Y estos mismos animales, que tenían al niño entre ellos, le adoraban sin cesar, entonces se cumplió lo que dijo por boca del profeta Habacue: Te manifestarás entre dos animales, y José y María permanecieron en este sitio con el niño durante 3 días.

 

 

CAPÍTULO XV

LA CIRCUNCISIÓN

 

        1.- el sexto día entraron en Bethlehem, donde pasaron el 7º día, y el 8º circuncidaron al niño, y le llamaron Jesús, como le había denominado el ángel antes de su concepción, cuando se cumplieron según la ley de Moisés, los días de la purificación de María, José condujo al niño al templo del Señor, y como el niño había sido circunciso, ofrecieron por el dos tórtolas y dos pichones.

 2.- Y había en el templo un hombre de Dios, perfecto y justo llamado Simeón, y de edad de 112 años y el Señor le había hecho saber: Que no moriría sin haber visto al Cristo, hijo de Dios encarnado, cuando hubo visto al niño gritó en alta voz: Dios ha visitado a su pueblo, y el Señor a cumplido su promesa, y adoró al niño, luego tomándole en su mano, le adoró otra vez, y le besó los pies diciendo: Ahora Señor, deja partir a tu servidor en paz, según tu promesa, puesto que mis ojos han visto tu salvación que has preparado a la faz de todos los pueblos, "Luz que debe disipar las tinieblas de las naciones, e ilustrar a Israel su pueblo".

        3.- Había también en el templo del Señor una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que había vivido con su marido 7 años después de su virginidad y que era viuda hacia 84 años, nunca se había alejado del templo del Señor, entregándose siempre a la oración y a la ayuda, y acercándose adoró al niño, y proclamó: Que era la redención del siglo.

 

 

CAPÍTULO XVI

VISITA DE LOS MAGOS

 

        1.- Y trascurrido dos años, vinieron de oriente a Jerusalén unos magos que traían consigo grandes ofrendas y que interrogaron a los judíos, diciéndoles: ¿Dónde esta el rey que os ha nacido?, porque hemos visto su estrella en oriente y hemos venido a adorarle, y la nueva llegó al rey Herodes, y le asustó tanto que consultó a los escribas, a los fariseos y a los doctores del pueblo para saber por ellos: ¿Dónde había anunciado los profetas que debía nacer el Cristo?, y ellos respondieron: En Bethlehem de Judea, porque está escrito: ¿Y tu, Bethlehem, tierra de Judá, no eres la menor entre las ciudades de Judá, porque debe salir el jefe que regirá Israel, mi  pueblo, entonces el rey herodes llamó a los magos e inquirió de ellos el tiempo en que la estrella había aparecido y les envió a Bethlehem, diciéndoles: Id e informaos exactamente del niño, y cuando lo hayáis encontrado, anunciádmelo, a fin de que yo también le adore.

 

 

... el rey Herodes llamó a los magos ...

 

        2.- Y al dirigirse los magos a Bethlehem, la estrella apareció en el camino para servirles de guía hasta que llegaron a donde estaba el niño, y los magos al divisar la estrella se llenaron de alegría y entrando en su casa, vieron al niño Jesús que reposaba en el seno de su madre, entonces descubrieron sus tesoros, he hicieron a María y a José muy ricos presentes, y al niño mismo cada uno le ofreció una pieza de oro, después uno ofreció, oro, otro incienso y otro mirra, y como quisieran volver a Herodes, un ángel les advirtió en sueños: Que no hiciesen tal, adoraron, así pues al niño con alegría extrema, y volvieron a su país por otro camino.

 

                                                    CAPÍTULO XVII

DEGOLLACIONES DE LOS INOCENTES

 

        1.- Viendo el rey Herodes que había sido burlado por los magos, ardió en cólera, y envió gente para que los castigaran y los mataran, y no habiéndolos apresados, ordenó: Degollar en Bethlehem a los niños de 2 años para abajo, según el tiempo que había inquirido de los magos.

        2.- Pero la víspera del día en que tuvo lugar, José fue advertido en sueños por un ángel del Señor que le dijo: Toma a María y a el niño y dirígete a Egipto por el camino del desierto, y José partió, siguiendo las palabras del ángel.

 

 

CAPÍTULO XVIII

JESÚS Y LOS DRAGONES

 

        1.- Habiendo llegado a una gruta y queriendo reposar allí, María descendió de su montura y se sentó teniendo a Jesús en sus rodillas, 3 muchachos hacían ruta con José y una joven con María, y he aquí que de pronto salieron de la gruta una multitud de dragones y a su vista los niños lanzaron gritos de espanto, entonces Jesús, descendiendo de las rodillas de su madre, se puso en pie delante de los dragones, y estos le adoraron y se fueron, y así se cumplió la profecía de David: Alabad al Señor sobre la Tierra, vosotros los dragones y todos los abismos.

       2.- Y el niño Jesús andando delante de ellos, les ordenó no hacer mal a los hombres, pero José y María temían que el niño fuese herido por los dragones, y Jesús les dijo: No temáis y no me miréis como a un niño, porque yo he sido siempre un hombre hecho, y es preciso que todas las bestias de los bosques se amansen ante mi.

 

 

CAPÍTULO XIX

LOS LEONES GUÍAN LA CARAVANA

 

        1.- Igualmente, los leones y los leopardos le adoraban, y les acompañaban en el desierto, por doquiera que iban José y María ellos le precedían, señalaban la ruta e inclinando sus cabezas reverenciaban a Jesús, el primer día que María vio venir a los leones, a toda clase de fieras hacia ella, tuvo gran temor, pero el niño Jesús mirándola alegremente, le dijo: No temas nada madre mía, que no es por hacerte mal, sino para obedecerte por lo que vienen a tu alrededor, y con estas palabras disipó todo el temor del corazón de María.

       2.- Los leones hacían camino con ellos, y con los bueyes y los asnos, y con las bestias de carga que llevaban los equipajes, y no les causaban ningún mal, sino que marchaban con toda dulzura entre los corderos y las ovejas que José y María habían llevado de Judea y que conservaban con ellos, y andaban también por entre los lobos, y nadie sufría ningún mal, entonces se cumplió lo que había dicho el profeta: Los lobos pacerán con los corderos, y el león y el buey comerán la misma paja, porque había dos bueyes y una carreta en la que iban los objetos necesarios, y los leones los dirigían en su marcha.

 

 

CAPÍTULO XX

MILAGRO DE LA PALMERA

 

        1.- Y ocurrió que el tercer día de su viaje, María estaba fatigada en el desierto por el ardor del sol, y viendo una palmera dijo a José: Voy a descansar un poco a su sombra, y José la condujo hasta la palmera, y la hizo apearse de su montura, cuando María estuvo sentada levantó los ojos a la palmera y viendo que estaba cargada de frutos dijo a José: Yo quisiera, si fuera posible, probar los frutos de esta palmera, y José le dijo: Me sorprendes que hables así viendo la altura de este árbol, y que pienses en comer sus frutas, lo que a mi me preocupa es la falta de agua, pues ya no queda en nuestros odres, y no tenemos para nosotros ni para nuestros animales.

       2.- Entonces el niño Jesús, que descansaba con figura serena y puesto sobre las rodillas de su madre, dijo a la palmera: Árbol inclínate, y alimenta a mi madre con tus frutos, y a estas palabras la palmera inclinó su copa hasta los pies de María, y cogieron frutos con los que hicieron todos refacción, y no bien hubieron comido, el árbol siguió inclinado, esperando para erguirse la orden del que lo había hecho inclinarse, entonces le dijo Jesús: Yérguete palmera, recobra tu fuerza, y sé la compañera de los árboles que hay en el paraíso de mí padre, descubre con tus raíces el manantial que corre bajo tierra y haz que brote agua bastante para apagar nuestra sed, y enseguida el árbol se enderezó y de entre sus raíces brotaron hilos de agua muy clara, muy fresca y de una extremada dulzura, y viendo aquella agua, todos se regocijaron y bebieron, ellos y todas las bestias de carga dieron gracias a Dios.

 

 

 

CAPÍTULO XXI

LA PALMA DE LA VICTORIA

 

        1.- A la mañana siguiente partieron, y en el momento en que se ponían en el camino, Jesús se volvió hacia la palmera y dijo: Yo te concedo palmera, el privilegio de que una de tus ramas sea llevada por mis Ángeles y plantada en el paraíso de mi Padre, te quiero conferir este favor para que se diga a aquellos que hayan vencido en cualquier lucha "Has sostenido la palma de la victoria", y mientras decía esto, he aquí que un ángel del señor apareció sobre la palmera, y tomando una de sus ramas voló hacia el cielo con ella en la mano.

        2.- Y viendo tal, todos cayeron de hinojos y quedaron como muertos, más Jesús les dijo: ¿Porqué ha invadido el temor en vuestros corazones?, ignoráis que esa palmera que he hecho transportar al paraíso, será dispuesta para todos los santos en un lugar de delicia, como ha sido preparada para vosotros en este desierto, y todos se levantaron llenos de alegría.

 

 

CAPÍTULO XXII

LOS ÍDOLOS DE SOTINA

 

        1.- Y según caminaban, José dijo a Jesús: Señor, el calor nos abruma, tomemos si quieres el camino cercano al mar, para poder reposar en las ciudades de la costa, Jesús le respondió: No temas nada José, que yo abreviare nuestra ruta, de suerte que la distancia que habríamos de recorre en 30 días la franqueamos en esta sola jornada, y mientras hablaban así, he aquí que, mirando ante ellos, divisaron las montañas y las ciudades de Egipto.

        2.- Alegremente entraron en territorio de Hermópolis, y llegaron a una ciudad denominada Sotina, y como no conocían a nadie que hubiesen podido darles hospitalidad, penetraron en un templo que se llamaba "el capitolio de Egipto", y en este templo había 365 ídolos, a quienes se rendían a diario honores divinos con ceremonias sacrílegas.

 

 

CAPÍTULO XXIII

CUMPLIMIENTO DE UNA PROFECÍA DE ISAÍAS

 

        1.- Pero ocurrió, que la bienaventurada María con el niño entró en el templo, y todos los ídolos cayeron por tierra, cara al suelo, y hechos pedazos y así revelaron que no eran nada.

        2.- Entonces se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: He aquí que el Señor vendrá sobre una nube ligera y entrara en Egipto, y todas las obras de las manos de los egipcios temblaran ante tu faz.

 

 

CAPÍTULO XXIV

AFRODISIO ADORA A JESÚS

 

        1.- Y anunciaron la nueva a Afrodisio, gobernador de la ciudad, este vino al templo con todas sus tropas. y al verle acudir, los pontífices del templo esperaban que castigasen a los que habían causado la caída de los dioses.

        2.- Pero entrando en el templo, cuando vio a todos los ídolos caídos de cara al suelo, se acercó a María y adoró al niño que ella llevaba sobre su seno, y cuando lo hubo adorado se dirigió a su ejercito y a sus amigos, diciendo: Si este no fuera el Dios de nuestros dioses, estos no se prosternarían ante Él, por lo que atestiguan tácitamente que es su Señor, con que si nosotros no hacemos prudentemente lo que vemos hacer a nuestros dioses, correremos el riesgo de atraer su indignación, y de perecer como le ocurrió al faraón de Egipto, que, por no rendirse a grandes prodigios fue ahogado en el mar con todo su ejercito, entonces por Jesús, todo el pueblo de aquella ciudad creyó en el Señor Dios.

 

 

CAPÍTULO XXV

REGRESO DE EGIPTO A JUDEA

 

        1.- Poco tiempo más tarde, el ángel dijo a José: Vuelve al país de Judá, pues muertos son los que querían la vida del niño.

 

 

CAPÍTULO XXVI

JUEGOS DEL NIÑO JESÚS

 

        1.- Después de su vuelta de Egipto, y estando en Galilea, Jesús que entraba ya en el 4º año de su edad, jugaba un día de sábado con los niños a la orilla del Jordán, estando sentado Jesús hizo con la azada 7 pequeñas lagunas a la que dirigió varios pequeños surcos por los que el agua del río iba y venía, entonces uno de los niños, hijo del diablo obstruyó por envidia las salidas del agua, y destruyó lo que Jesús había hecho, y Jesús le dijo: Sea la desgracia sobre ti, hijo de la muerte, hijo de Satán, ¿cómo te atreves a destruir las obras que yo hago?, y el que aquello que había hecho murió.

        2.- Y los padres del difunto alzaron tumultuosamente la voz contra José y María, diciendo: Vuestro hijo ha maldecido al nuestro y este ha muerto, y cuando José y María los oyeron, fueron enseguida cerca de Jesús a causa de las quejas de los padres, y de que se reunían los judíos, pero José dijo en secreto a María: Yo no me atrevo a hablarle, pero tu adviértele y dile: ¿Porque has provocado contra nosotros el odio del pueblo, que nos han abrumado con la cólera de los hombres?, y su madre fue a el, y le rogó diciendo: Señor, ¿qué ha hecho ese niño para morir?, pero el respondió: Merecía la muerte porque había destruido las obras que yo hice.

        3.- Y su madre le insistía diciendo: No permitas Señor que todos se levanten contra nosotros, y el no queriendo afligir a su madre, tocó con el pie derecho la pierna del muerto, y le dijo: Levántate hijo de la iniquidad, que no eres digno de entrar en el reposo de mi padre, porque has destruido las obras que yo he hecho, entonces el que estaba muerto se levantó y se fue, y Jesús con su potencia condujo el agua por los surcos a las pequeñas lagunas.

 

 

CAPÍTULO XXVII

LOS GORRIONES DE JESÚS

 

        1.- Después de esto, Jesús tomó el barro de los hoyos que había hecho, y a la vista de todos fabricó 12 pajarillos, era el día del sábado y que había muchos niños con el, y como uno de los judíos hubiese visto lo que hacia, dijo a José: ¿No estáis viendo al niño Jesús trabajar en sábado, lo que no esta permitido?, ha hecho 12 pajarillos con su herramienta, José reprendió a Jesús diciendo: ¿Porqué haces en sábado lo que no nos está permitido hacer?, pero Jesús oyendo a José, batió sus manos y dijo a los pájaros: Volad, y a esta orden volaron, y mientras todos oían y miraban, el dijo a las aves: Id y volad por el mundo y por todo el universo y vivid.

        2.- Y los asistentes viendo tales prodigios, quedaron llenos de gran asombro, unos le admiraban y le alababan, más otros le criticaban, y algunos fueron a buscar a los príncipes de los sacerdotes, y a los jefes de los fariseos y les contaron que Jesús hijo de José, en presencia de todo pueblo de Israel había echo grandes prodigios y revelado un gran poder y esto se relató en las 12 tribus de Israel.

 

 

CAPÍTULO XXVIII

MUERTE DEL HIJO DE ANÁS

 

        1.- Y otra vez un hijo de Anás, sacerdote del templo, que había venido con José, y que llevaba en la mano una vara destruyó con ella, lleno de cólera, y en presencia de todos, los pequeños estanques que Jesús había hecho, y esparció el agua que Jesús había conducido y destruyó los surcos por donde venían.

        2.- Y Jesús viendo esto, dijo: Aquel muchacho que había destruido su obra, grano execrable de iniquidad, hijo de la muerte, oficina de Satán, a buen seguro que el fruto de tu semilla quedará sin fuerza, tus raíces sin humedad, tus ramas áridas y sin sazonar, y enseguida en presencia de todos, se secó y murió.

 

 

 

CAPÍTULO XXIX

CASTIGO DE LOS HIJOS DE SATÁN

 

        1.- Entonces José se espantó, y llevó a Jesús y a su madre a casa.

        2.- Y he aquí que un niño, también agente de iniquidad, corriendo a su encuentro, se arrojó sobre un hombro de Jesús por burlarse de el, o por hacerle daño si podía, pero Jesús le dijo: No volverás sano y salvo del camino que haces, y enseguida el niño feneció, y los padres del muerto que habían visto lo que pasara, dieron gritos, diciendo: ¿Dónde ha nacido este niño?, manifiesta que toda palabra que dice es verdad, y aun  a menudo se cumple antes de que la pronuncie, y se acercaron a José y le dijeron: Conduce a Jesús fuera de aquí, porque no puede habitar con nosotros en esta población, o a lo menos enséñale a bendecir y no a maldecir, y José fue a Jesús y le dijo: ¿Porque obras así?, muchos tienen ya quejas de ti y nos odian por tu causa, y por ti sufrimos vejaciones de gente, más Jesús respondió a José y le dijo: No hay más hijo prudente que aquel a quien su Padre ha instruido siguiendo la ciencia de este tiempo, y la maldición de su Padre no daña a nadie, sino a los que hacen el mal.

        3.- Las gentes se amotinaron contra Jesús, y le acusaron ante su padre, y, cuando José vio aquello, se asustó mucho, temiendo un acceso de violencia y una sedición en el pueblo de Israel, en aquel momento, Jesús cogió por la oreja al niño que había muerto, y le alzó de tierra en presencia de todos y se vio entonces a Jesús conversar con el, como un padre con su hijo, y el espíritu del niño volvió en si y se reanimó, y todos quedaron llenos de sorpresa.

 

 

CAPÍTULO XXX

ZAQUIAS

 

        1.- Un maestro judío llamado Zaquias, habiendo oído asegurar de Jesús que poseía una sabiduría más que eminente, concibió propósitos intemperantes e inconsiderados contra José, a quien dijo: ¿No quieres confiarme a tu hijo para que le instruya en la ciencia humana y en la religión?, pero bien veo que tu y María preferís a vuestro hijo a las tradiciones de los ancianos del pueblo, deberíais respetar más a los sacerdotes de la sinagoga de Israel y cuidar que vuestro hijo compartiese con los otros niños una afección mutua, y de que se instruyesen al lado de ellos en la doctrina judaica.

        2.- José respondió diciendo: ¿Y quién es, el que podrá guardar e instruir a este niño?, más, si tu quieres hacerlo nosotros no nos oponemos de modo alguno a que le ilustres en todo aquello que los hombres enseñan, habiendo oído Jesús las palabras de Zaquias, le respondió, y le dijo: Maestro de la ley, a un hombre como tu le conviene parar en todo lo que acabas de decir y de nombrar, yo soy extraño a vuestras instituciones y estoy exento de vuestros tribunales, y no tengo padre según la carne, en cuanto a vosotros que leéis la ley y que os instruís en ella, debéis permanecer en ella aunque presumas de no tener igual en materia de ciencia, aprenderás de mi que ningún otro que Yo pueda enseñar las cosas de que has hablado, y cuando haya salido de la tierra aboliré toda mención de la genealogía de tu raza, tu en efecto ignoras de quien he nacido y de donde vengo, pero yo os conozco a todos exactamente, y se cuando habéis nacido, que edad tenéis, y cuanto tiempo permaneceréis en este mundo.

        3.- Entonces, cuantos habían oído estas palabras quedaron asombrados y exclamaron: He aquí verdaderamente un gran y admirable misterio, nunca hemos oído nada semejante, nada de este género ha sido dicho por otro, ni por los profetas, ni por los fariseos, ni nunca tal se ha oído, nosotros sabemos donde el ha nacido y que tiene 5 años apenas, ¿de dónde viene que pronuncia esas palabras?, los fariseos respondieron: Jamás oímos a un niño tan pequeño pronunciar tales palabras.

        4.- Y Jesús, contestándoles, dijo: ¿Os sorprende oír a un niño pronunciar tales palabras?, ¿porque, pues, no dais fe a los que os he dicho?, y puesto, que cuando yo os he dicho que: Sé cuando habéis nacido, os habéis asombrado, os diré más, para que os asombréis más aun: Yo he tratado a Abraham, a quien vosotros llamáis vuestro padre, y le he hablado, y el me ha visto, oyendo estas palabras, todos callaban, y nadie osaba ha hablar, y Jesús les dijo: He estado con vosotros entre los niños y no me habéis conocido, os he hablada como a sabios y no me habéis comprendido, porque en realidad sois mas jóvenes que yo y además no tenéis fe.

 

 

CAPÍTULO XXXI

CONFUSIÓN DEL EDIL

 

        1.- Otra vez, el maestro Zaquias, doctor de la ley, dijo a José y María: Dadme al niño y le confiaré al maestro Leví que le enseñará las letras y le instruirá, entonces José y Maria acariciando a Jesús le condujeron a la escuela para que fuese instruido por el viejo Leví, Jesús, luego dentro guardaba silencio, y el maestro Leví nombrando una letra a Jesús, y comenzando por la primera Aleph, le dijo: Responde, pero Jesús cayó, no respondió nada, entonces el maestro irritado cogió una vara y le pegó en la cabeza.

        2.- Pero Jesús dijo al profesor: ¿Sabe en verdad, que el que es golpeado instruye al que le pega, en vez de ser instruido por el?, pero todos los que estudian y que escuchan son como un bronce sonoro, como un címbalo resonante si les falta el sentido y la inteligencia de las cosas significadas por su sonido, y continuando Jesús dijo a Zaquias: Toda letra desde la Alefh a la Thau se distingue por su disposición, dime pues primero lo que es Thau, y te diré lo que es Aleph y aun dijo Jesús: Hipócritas, ¿cómo los que no conocen Aleph podrán decir Thau?, di primero lo que es Aleph y te creeré cuando lo digas, y Jesús se puso a preguntar el nombre de cada letra y dijo: Diga el maestro de la ley lo que es la 1ª letra, o por que tiene números y triángulos graduados, agudos, ..., cuado el Leví le oyó hablar así del orden y disposición de las letra quedó estupefacto.

       3.- Entonces comenzó a gritar ante todos y a decir: ¿Es que este niño debe vivir sobre la tierra?, merece, porque al contrario debería ser elevado en una gran cruz, porque puede apagar el fuego y burlarse de otros tormentos, pienso que existía antes del cataclismo y que ha nacido antes del diluvio, ¿qué entrañas le han llevado?, ¿qué madre le ha puesto en el mundo?, ¿qué seno le ha amamantado?, me arredro ante el por no poder sostener la palabra que sale de su boca, mi corazón se asombra de oír tales palabras y pienso que a ningún hombre es darle a comprenderla, a menos que Dios no este con el, y ahora desgraciado de mi, que he quedado entregado a sus burlas, ahora que creía tener un discípulo he encontrado un maestro sin saberlo, ¿que diré?, no puedo sostener las palabras de este niño, y huiré de esta ciudad porque no puedo comprenderle, viejo soy, y he sido vencido por un niño, no puedo encontrar ni el principio ni el fin de lo que afirma, os digo en verdad y no miento, que a mis ojos, este niño juzgado por sus primeras palabras y por el fin de su intención no parece tener nada de común con los hombres, no se si es un hechicero o un Dios, o si un ángel de Dios habla en el, lo que es, de dónde viene, lo que llegará a ser, lo ignoro.

        4.- Entonces Jesús con aire satisfecho le sonrió y le dijo en tono imperioso a los hijos de Israel, y que le escuchaban: Los estériles sean fecundos, los ciegos vean, los cojos anden derechos, los pobres tengan bienes y los muertos resuciten para que cada uno vuelva a su estado primero, y viva en aquel que es la raíz de la vida y de la dulzura perpetua, y cuando el niño Jesús hubo dicho esto, todos los que estaban aquejados de enfermedades fueron curados y nadie osaba ya decirle nada, ni oír nada de el.

 

 

CAPÍTULO XXXII

JESÚS RESUCITA A UN NIÑO MUERTO

 

        1.- Después de esto, José y María fueron con Jesús a la ciudad de Nazaret, y el estaba allí con sus padres, un día de sábado en que Jesús jugaba en la terraza de una casa con otros niños, uno de ellos hizo caer de la terraza al suelo a otro que murió, y como los padres del niño no habían visto esto, lazaron gritos contra José y María diciendo: Vuestro hijo ha hecho caer al nuestro y lo ha matado.

        2.- Pero Jesús callaba y no respondía palabra, y José y María fueron cerca de Jesús, y su madre le interrogó: Mi Señor, ¿dime si tu lo has tirado?, entonces Jesús descendió de la terraza y llamó al muerto por su nombre de Zenón, y este respondió: Señor, y Jesús le preguntó: ¿Te he tirado yo de la terraza al suelo?, y el niño contestó: No Señor, y los padres del niño que había muerto se maravillaron y honraron a Jesús por el milagro que había hecho, y de allí José y María partieron con Jesús para Jericó.

 

 

CAPÍTULO XXXIII

JESÚS EN LA FUENTE

 

        1.- Jesús tenía 6 años, y su madre le envió a buscar agua a la fuente con los niños, y sucedió que cuando había llenado su vasija de agua, uno de los niños le empujó y le destrozó la vasija.

        2.- Pero Jesús extendió el manto que llevaba y recogió en él tanta agua como había en el cántaro, y la llevó a su madre, la cual viendo todo esto se sorprendió, meditaba dentro de si misma y lo guardaba todo en su corazón.

 

 

CAPÍTULO XXIV

MILAGRO DEL GRANO DE TRIGO

 

        1.- Otro día Jesús fue al campo, y tomando un grano de trigo del granero de su madre, lo sembró el mismo.

        2.- Y el grano germinó, se multiplicó extremadamente, lo recolectó el mismo, y recogió 3 medidas de trigo, y les dio a sus numerosos parientes.

 

 

CAPÍTULO XXV

JESÚS EN MEDIO DE LOS LEONES

 

        1.- Hay un camino que sale de Jericó y que va hacia el jordán, el lugar por donde pasaron los hijos de Israel y donde se dice que se  detuvo el arca de la alianza, y Jesús, siendo de edad de 8 años salió de Jericó, y fue hacia el jordán. 

        2.- Y había al lado, cerca de la orilla del jordán, una caverna en la que una leona nutría a sus cachorros, y nadie podía seguir con seguridad aquel camino, Jesús, viniendo de Jericó y oyendo que una leona tenía su guarida en aquella caverna, entró en ella a la vista de todos, más cuando los leones divisaron a Jesús, corrieron a su encuentro y le adoraron, y Jesús estaba sentado en la caverna, y los leoncillos corrían de aquí a allá, alrededor de sus pies acariciándole y jugando con el, los leones viejos se mantenían a lo lejos con la cabeza baja, le adoraban y movían dulcemente su cola ante el, entonces el pueblo, que permanecía a distancia, no viendo a Jesús, dijo: Si no hubiesen, él o sus parientes, cometidos grandes pecados, no se hubiera ofrecido el mismo a los leones, y mientras el pueblo se entregaba a estos pensamientos y estaba abrumado de tristeza, he aquí que de súbito en presencia de todos, Jesús salió de la caverna, y los leones viejos le precedían, y los leoncillos jugaban a sus pies.

        3.- Los parientes de Jesús se mantenían a distancia con la cabeza baja y miraban, el pueblo permanecía también alejado a causa de los leones, y no osaban unirse a ellos, entonces Jesús dijo al pueblo: Cuanto más valen las bestias feroces que reconocen a su maestro y que le glorifican que vosotros, hombres, que habéis sido creados a imagen y semejanza de Dios y que le ignoráis, las bestias me reconocen y se amansan, los hombres me ven y no me conocen.

 

 

CAPÍTULO XXVI

JESÚS DESPIDE EN PAZ A LOS LEONES Y LES ORDENA QUE NO HAGAN DAÑO A NADIE

 

        1.- Luego, Jesús atravesó el Jordán con los leones a la vista de todos y el agua del jordán se separó a derecha y a izquierda, y entonces dijo a los leones de forma que todos le oyeran: Id en paz, y no hagáis daño a nadie, pero que nadie os enoje hasta que volváis al lugar del que habéis salido.

        2.- Y las fieras, saludándole, no con lo voz pero si con la actitud del cuerpo, volvieron a la caverna, y Jesús regresó cerca de su madre.

 

 

CAPÍTULO XXVII

MILAGRO DEL TROZO DE MADERA

 

        1.- Como José era carpintero, y no fabricaba más que yugos para los bueyes, arados, carros, instrumentos de labranza y camas de madera, ocurrió que un hombre joven le encargó hacerle un lecho de 6 codos, José mandó a su aprendiz cortar la madera mediante una sierra de hierro según la medida que le había sido dada, pero el aprendiz no guardó la medida prescrita e hizo una pieza de madera más corta que la otra, y José empezó a preocuparse y a pensar en lo que convenía hacer al respecto.

        2.- Y cuando Jesús le vio preocupado con lo que no había arreglo posible, le habló para consolarle, diciéndole: Ven, tomemos las extremidades de las 2 piezas de madera, coloquémosla una junto a otra, y tiremos de ellas hacia nosotros para que podamos hacerlas iguales, José obedeció porque sabía que Jesús podía hacer cuanto quisiera, y tomó los extremos de los trozos de madera, y los apoyó contra un muro cerca de el, y Jesús tomó los otros extremos, tiró del trozo más corto y lo hizo igual al más largo, y dijo a José: Ve a trabajar y haz lo que has prometido, y José hizo lo que había prometido.

 

 

CAPÍTULO XXVIII

EXPLICACIÓN DEL ALFABETO

 

        1.- Por segunda vez, pidió el pueblo a José y a María, que enviaran a Jesús a aprender las letras a la escuela, no se negaron a hacerlo, y siguiendo la orden de los ancianos, le llevaron a un maestro para que le instruyese en la ciencia humana, y el maestro comenzó a instruirle con un tono imperioso, ordenándole: Di Alpha, pero Jesús le contestó: Dime primero que es Beth, y te diré que es Alfha, y el maestro irritado pegó a Jesús, y apenas le hubo tocado cuando murió.

        2.- Y Jesús volvió a casa de su madre, José aterrado, llamó a María y le dijo: Mi alma esta triste hasta la muerte por causa de este niño, porque puede ocurrir que cualquier día alguien le hiera a traición y muera, pero María, respondiéndole dijo: Hombre de Dios, no creo que eso pueda pasar, antes creo con certeza que aquel que le ha enviado para nacer entre los hombres le protegerá contra toda malignidad, y le conservará en su nombre al abrigo del bien.

 

 

CAPÍTULO XXIX

EL NIÑO JESÚS EXPLICA LA LEY

 

        1.- Por tercera vez, rogaron los judíos a María y José que condujeran con dulzura al niño a otro maestro para ser instruido, y José y María temiendo al pueblo, a la insolencia de los príncipes y a las amenazas de los sacerdotes, le llevaron de nuevo a la escuela aun sabiendo que nada podía aprender de un hombre, el que tenía de Dios una ciencia perfecta.

        2.- Cuando Jesús hubo entrado en la escuela por el Espíritu Santo, tomó el libro de las manos del maestro que enseñaba la ley, y en presencia de todo el pueblo que le veía y le oía se puso a leer, no lo que estaba escrito en el libro, sino que hablaba en el espíritu del Dios vivo, como si un torrente de agua brotase de una fuente viva, y como si esa fuente estuviese siempre colmada, y enseñó al pueblo con tanta energía la grandeza de Dios, que el mismo maestro cayó a tierra y le adoró, pero el corazón de los que allí estaban y le habían oído hablar fueron presa del estupor, y cuando José lo hubo oído, fue corriendo hacia Jesús, temeroso de que el maestro muriese, y viéndole, el maestro dijo: No me has dado un discípulo sino un maestro, ¿quién sostendrá a la fuerza de sus palabras?, entonces se cumplió lo que fue dicho por el salmista: El río de Dios está lleno de agua, tu has preparado su nutrición, porque así es como se prepara.

 

 

CAPÍTULO XL

JESÚS RESUCITA A UN MUERTO A RUEGOS DE JOSÉ

 

        1.- Y José partió de allí con María y Jesús para ir a Capernaum, a orillas del mar, a causa de la maldad de sus enemigos, y cuando Jesús moraba en Capernaum, había en la ciudad un hombre llamado José, inmensamente rico, pero había sucumbido a la enfermedad y estaba extendido muerto sobre un lecho.

        2.- Y cuado Jesús hubo oído a los que gemían y se lamentaban sobre el muerto dijo a José: ¿Porqué no prestas el socorro de tu bondad a ese hombre que lleva el mismo nombre que tu?, y José le respondió: ¿Que poder o que medio tengo yo de prestarle socorro?, y le dijo Jesús: Coge el pañuelo que llevas en la cabeza, ponlo sobre el rostro del cuerpo y dile: El Cristo te salve, y enseguida el muerto quedará curado, y se levantará de su lecho, después de haberle oído, José fue corriendo a cumplir la orden de Jesús, entró en la casa del muerto y colocó sobre su rostro el pañuelo que el llevaba sobre su cabeza, diciéndole: Jesús te salve, y al instante el muerto se levantó, preguntando: ¿Quién era Jesús?.

 

 

CAPÍTULO XLI

CURACIÓN DE JACOBO

 

        1.- Y fueron a la ciudad que se llama Bethelehem, y José estaba en su casa con María, y Jesús con ellos, y un día José llamo a Jacobo su primogénito y le envió a la huerta a recoger legumbres para hacer un potaje, Jesús siguió a su hermano a la huerta, y José y María no lo sabían, y he ahí que mientras que Jacobo cogía las legumbres, una víbora salió de un agujero, y mordió la mano del muchacho que se puso a gritar con mucho dolor, y ya desfalleciente, clamaba con voz llena de amargura: ¡Ah!, una malvada víbora me ha herido la mano.

        2.- Pero Jesús que estaba al otro lado, corrió hacia Jacobo al oír su grito de dolor, y le tomó la mano, sin hacerle otra cosa que soplarla encima y refrescarla, y enseguida Jacobo fue curado y la serpiente murió, y José y María no sabían lo que pasaba, pero a los gritos de Jacobo, y al mandárselo Jesús, corrieron a la huerta, y vieron a la serpiente muerta y a Jacobo perfectamente curado.

 

 

CAPÍTULO XLII

JESÚS Y SU FAMILIA

 

        1.- Cuando José iba a un banquete con sus hijos, Jacobo, José, Judá y Simeón y con sus dos hijas y con Jesús y María su madre, iba también su hermana, María hija de Cleofás, que Jesús Dios le había dado a su padre Cleofás y su madre ana, porque habían ofrecido al Señor a María la madre de Jesús, y esta María había sido  llamada con el mismo nombre de María para consolar a sus padres.

        2.- Siempre que estaban reunidos, Jesús les santificaba y les bendecía, y comenzaba el primero a comer y beber, porque ninguno osaba ni comer, ni beber, ni sentarse a la mesa, ni partir el pan hasta que Jesús, habiéndoles bendecido hubiere hecho el primero estas cosas, si por casualidad no estaba allí, esperaban a que lo hiciese, y cada vez que el quería aproximarse a la comida se aproximaban José y María y sus hermanos, los hijos de José, y estos hermanos teniéndoles ante sus ojos como una luminaria, le observaban y le temían, y mientras Jesús dormía fuese de día o de noche, la luz de Dios brillaba sobre el, alabado y glorificado sea por los siglos de los siglos amén.

 

 


                                                             Ultima fecha de actualización: 27/07/2006 

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