Por grave que nos pareciese la circustancia, eso no era lo peor. Aún habiendo conocido a la individua en profundidad durante este tiempo, aún conociendo sus más oscuros secretos, lo peor estaba por llegar...
Con ella venía una especie de de perro de color rojo y negro, odioso, repelente y repugnante... La criatura respondía al nombre de Demetrio.
Intenté que se fuese, colgarlo, secuestrarlo, maltratarlo, pero al muy cabrón parecía que le gustaba y todo. Casí conseguí que se tirase por la ventana, pero al final decidió que todavía podía dar más por culo entre nosotros.
Nuestros problemas de comunicación empezaron cuando llegaron a sus oídos rumores de que Marta y yo nos habíamos encerrado en el lavabo juntos, y que teníamos una aventura.
Creo que no se lo tomó muy bien...
La criatura se vengó de mi, haciéndome la vida imposible: me metió en el microondas, en la nevera, me quiso rebanar el cuello... hasta abusó de mi sexualmente. Aprovecho para desmentir los rumores malintencionados que dicen que me gustó. ¡¡No es cierto!!
Al final recapacitó, y se dio cuenta de que valía la pena ser amigo mío, como se encargó de recordarle Jesús mientras me hacía un favor (el favor me lo hacía Demetrio, no Jesús).