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El rol del profesor en la educación
virtual
Javier Martínez Aldanondo, Gerente Desarrollo de
Proyectos para Chile de GEC (Grupo UOC)
Hace unos años, fui alumno de un Master en Internet
Management en Barcelona, donde durante bastantes meses
compartí aula con profesionales del mundo de la banca,
telecomunicaciones, informática o seguros. Claro está,
eran tiempos anteriores al estallido de la burbuja, la
fiebre de Internet estaba desatada y reinaba el
entusiasmo. Recuerdo muy especialmente lo que sucedió
con el profesor responsable del módulo de Marketing en
Internet. Nada más entrar en su primer día de clase, se
presentó como socio de una consultora especializada en
aplicación de nuevas tecnologías al marketing y
e-business. Nos preguntó a cada uno a qué nos
dedicábamos, qué esperábamos del Master, qué era lo que
mas nos interesaba en concreto e inmediatamente nos
repartió unos papeles. Eran el enunciado sobre el caso
e-bay. Nos pidió que nos reuniésemos en grupos, nos
pusiésemos a trabajar y media hora más tarde
presentásemos al resto de la clase nuestras conclusiones
sobre las preguntas que nos planteaba.
La reacción de casi todos mis compañeros fue la
misma: Pero bueno, a este hombre le pagan por enseñarnos
y no por estar sentado sin hacer nada mientras nosotros
trabajamos. La sensación de malestar y resistencia fue
intensa y duró largo rato. Concretamente duró hasta que
dio comienzo la primera discusión en grupo y todos
empezaron a darse cuenta que los que teníamos que hacer
el esfuerzo éramos obviamente nosotros y que aprender no
es lo mismo que enseñar y que en realidad surge desde
dentro y no viene de fuera. Al finalizar cada módulo,
debíamos rellenar unas encuestas de evaluación de los
profesores. Este profesor fue el mejor evaluado con
mucha diferencia sobre el resto del claustro cuya
característica común era llegar cada uno con un portátil
con mayores prestaciones que el profesor anterior y
avasallarnos con sus powerpoints espectaculares e
interminables. Marketing en Internet se convirtió en la
clase que esperábamos impacientemente y que todos
echamos mucho de menos cuando finalizó.
El papel del dinamizador/tutor en el mundo del
e-learning es materia de discusión encendida y
permanente. Hasta cierto punto es normal pero tal vez lo
que mas me sorprende es que nadie se pregunta ni pone en
duda el papel del profesor en la educación presencial.
Ni tampoco el rol de la escuela, que todavía opera con
mentalidad de fábrica de producción en serie. Menos aun
sobre el rol del alumno. Ni siquiera hay dudas sobre lo
que significa aprender cuando es muy poco lo que sabemos
al respecto. A mi me parece claro que el papel del tutor
virtual es el mismo que en presencial: Ayudar a que los
alumnos aprendan y, más concretamente, favorecer el que
las personas aprendan a pensar y decidir por si mismos,
idealmente, instalar en ellos el amor por aprender. Más
concretamente, y como argumentaré en las siguientes
páginas, pienso que el tutor tendrá 2 papeles decisivos:
Ofrecer feedback y manejar y reforzar relaciones entre
personas. La razón me parece obvia. Los tutores van a
tener que especializarse en aquello en que sean mejores
que los ordenadores. Aspectos como relacionarse con los
demás, comunicarse efectivamente, funcionar en la
sociedad contemporánea o manejar el stress son cruciales
y siguen teniendo un componente humano muy importante.
Hay que dejar que los ordenadores hagan el trabajo
sucio.
Al igual que ilustraba en el caso anterior, cuando un
profesor plantea una sesión donde los que deben hacer el
trabajo son los alumnos, estos reaccionan negativamente
y a la defensiva ya que eso pone en peligro su estatus
al que se han acomodado. Han perdido toda iniciativa, se
han vuelto conformistas, reflexionar se ha convertido en
una excepción y su principal objetivo consiste en
superar los exámenes y obtener un título. Aunque esto
daría para otro capítulo entero, es necesario
puntualizar algunos aspectos relacionados con el
aprendizaje si no queremos seguir perpetuando los
errores en el mundo virtual. La escuela y la universidad
debieran trabajar para educar y formar a los ciudadanos
que la sociedad necesitará para el siglo XXI. Sin
embargo hay que hacer una primera distinción: No es lo
mismo saber acerca de que saber hacer. El conocimiento
no tiene excesivo valor si no se pone en práctica. Por
esa razón, el objetivo último del aprendizaje es
modificar el comportamiento de un alumno para que haga
las cosas de manera diferente y mejor que antes. La
realidad sin embargo parece estar bastante lejos de
cumplir esa aspiración. La formación presencial tiene
graves deficiencias. Y gran parte de esas deficiencias
pasan por el papel que desempeñan maestros y profesores
dentro de un sistema perverso que mide el aprendizaje en
relación directa con los exámenes y las notas de los
alumnos. Si lo pasamos por alto, nos estamos abocando
directamente al fracaso, como está ocurriendo con muchos
de los proyectos de e-learning. La tecnología es un gran
acelerador de procesos y modelos cuando estos funcionan
adecuadamente. Lo que ocurre es que añadir tecnología a
un modelo deficiente no sólo no lo mejora sino que lo
empeora. Por tanto, este capítulo hace referencia al rol
del profesor independientemente de que se desempeñe en
presencial u online porque el aprendizaje es
independiente del ámbito en el que ocurre.
El aprendizaje es un fenómeno social que ocurre en el
ámbito personal y como tal es intransferible. Soy yo el
que aprendo y, al igual que pasa por ejemplo al comer,
dormir o correr nadie puede hacerlo por mí. Aprender
consiste en acumular experiencia reutilizable en el
futuro y para ello, necesita motivación, necesita tiempo
y necesita práctica. El resultado de aprender es la
experiencia y sus palabras hermanas como experimentar
(hacer, probar, practicar) y experto (el que acumula
gran cantidad vivencias, casos y problemas resueltos).
Lo que aprendemos forma parte de nosotros, de nuestro
bagaje y nos lo llevamos puesto donde quiera que
vayamos. Ahora bien, esto no significa que el
aprendizaje sea individual y aislado. El hombre es un
ser social y aprende DE otros y CON otros y la historia
y la naturaleza humana nos demuestran que preferimos el
aprendizaje colectivo. Este aspecto es especialmente
relevante en el mundo profesional. Se valora más
aprender de los pares, de un colega que vive la misma
realidad y los mismos problemas que de un ponente
brillante, por lo general ajeno al día a día y por tanto
demasiado teórico. El ser humano lo es desde la genética
pero sobre todo desde la pertenencia a un grupo social
organizado. Los psicólogos afirman que sabemos muy poco
todavía acerca del funcionamiento del cerebro, sobre la
memoria, la motivación, sobre cómo aprendemos realmente
y el papel que juegan las emociones. Pero por otro lado
llevamos algunos miles de años observando al ser humano
aprender y evolucionar. Si seguimos la pista de un
recién nacido durante 4 años por ejemplo, comprobamos
que es capaz de aprender una increíble cantidad de cosas
y todas ellas sin necesidad de sentarse a hacer ningún
curso, ni estudiar, sin ni siquiera saber leer, escribir
e incluso hablar. No saben que aprenden, no son
conscientes pero tienen objetivos: hablar para
comunicarse, andar para explorar sitios, etc. Son
auténticas máquinas de aprender. Están motivados y
aprenden a base de cometer errores que los padres
siempre entienden como imprescindibles en este
proceso.¿Alguien ha visto un niño deprimido por sus
errores o que ha decidido dejar de intentar aprender a
andar o a hablar?
Además, el aprendizaje está íntimamente ligado al
Hacer. Se trata de una experiencia activa de
construcción de conocimiento frente a las habituales
experiencias de recepción pasiva de información.
Aprender no consiste en acumular datos ni memorizarlos y
estudiar no tiene sentido aunque el colegio insiste en
la relevancia de saber la respuesta correcta igual que
los concursos televisivos. Lo peligroso es que el
e-learning camina en la misma dirección. Nadie aprende
escuchando a un profesor ni leyendo en una pantalla sino
haciendo, investigando, explorando, probando y sobre
todo haciéndose preguntas, siendo curioso. El
aprendizaje natural del ser humano parte del modelo del
aprendiz, se aprende cometiendo errores, reflexionando
sobre las causas y rectificando para buscar soluciones,
casi siempre con ayuda de alguien más experimentado. Sin
embargo, si echamos la vista atrás y tratamos de
recordar las diferentes experiencias educativas que
hemos tenido a lo largo de nuestra vida, veremos que
apenas cumplen esas premisas. Por regla general, la
mayor parte de ellas eran monopolizadas por profesores
que acaparaban el espectáculo. Su labor consistía en
impartir lecciones magistrales. La premisa era: Yo sé,
tú no sabes, yo te cuento. Hoy el profesor sigue
haciendo el 95% del trabajo. Para cerrar el círculo,
tratamos de medir el conocimiento de los alumnos a
través de exámenes. Nosotros, los alumnos, nos
limitábamos a escuchar callados durante horas, tratar de
no dormirnos, memorizar lo necesario para aprobar el
examen y continuar avanzando. Éramos meros asistentes,
casi nunca participantes. Al cabo de pocos meses,
habíamos olvidado casi todo lo "aprehendido" y lo poco
que recordábamos, éramos incapaces de encontrarle
aplicación práctica. ¿Integrales y derivadas? ¿Latín?
¿Trigonometría? ¿las leyes de Mendel? ¿la tabla de los
elementos? Y sin embargo ¿donde aprendemos comunicación,
relaciones sociales, a razonar, a hablar en público y
presentar y defender nuestras ideas ante otros. Pensar
que esta labor del profesor es enseñar y esta actividad
de alumno es aprender es una ilusión. Y para un profesor
vocacional es simplemente frustrante.
Internet ha favorecido el acceso de la información y
facilitado su distribución. La educación viene a
nosotros. Anytime, anywhere. Genial. Lo grave es que el
problema continúa siendo el mismo. La versión online se
limita a virtualizar lo presencial. El alumno sigue
siendo el mismo espectador que era antes y además ahora
está solo, con un artefacto tecnológico por medio (el
ordenador) y las autopistas de la información que muchas
veces se comportan como caminos rurales. Por si fuera
poco, la mayor parte de los contenidos dejan mucho que
desear, al igual que ocurre con la mayoría de los cursos
presenciales. La calidad de los contenidos no se mide
por la cantidad de diapositivas ni por el número de
páginas de los manuales al igual que una película no es
buena en función de sus efectos especiales o su
duración. Nada de esto es sinónimo de aprendizaje. Por
tanto ¿de qué nos sirve tener acceso fácil y rápido a
unos contenidos pobres? Lo peor de esta herencia
milenaria es que se genera una inercia de asumir el
aprendizaje como algo externo, que viene de fuera y
donde nosotros no somos auténticos los protagonistas ni
responsables. Por eso, cuando queremos aprender algo
nuevo, automáticamente pensamos en conceptos
artificiales como escuelas, aulas, cursos, asignaturas,
exámenes donde esperamos que un profesor nos explique
cómo son las cosas. Y todos sabemos que describir una
situación jamás sustituye el vivir esa situación en
primera persona. El e-learning no consiste solamente en
navegar por Internet o en descargar contenidos o acceder
a diferentes recursos. Aprender a través de un ordenador
no tiene nada que ver con aprender en el aula, es más
complicado, a priori, hay más obstáculos que tener en
cuenta, es un medio diferente que exige enfoques
diferentes. La ventaja es que los ordenadores tienen el
potencial para dejar de ser un medio de hacer las mismas
cosas más rápido y convertirse en una forma de hacer las
cosas de una manera diferente. El ordenador es un "doing
device", un aparato para hacer cosas y no para pasar
páginas ni para escuchar pasivamente. Para eso ya está
la televisión. Pulsar iconos no es sinónimo de
Interactivo. La interactividad no está en el click sino
en el think. E-learning no significa leer en la pantalla
del ordenador lo que antes leíamos en un papel. Ni
multimedia (animaciones espectaculares, sonidos,
imágenes, videos) es sinónimo de aprendizaje. La
solución no es más tecnología, más ancho de banda,
procesadores más rápidos. Tenemos que hacer lo que se
necesita para la experiencia de aprendizaje sea
efectiva, no lo que es fácil o barato. Y las tecnologías
nos pueden prestar una inestimable ayuda en ese intento.
Seymour Papert sostiene que el ordenador es un medio de
expresión humana y aunque no ha encontrado a sus
Shakespeare, Leonardo Da Vinci o Einstein, no tardará en
hacerlo.
En mi opinión, la primera tarea fundamental de
cualquier profesor es ofrecer feedback adecuado. Es
decir, entregar al alumno información pertinente sobre
lo que está haciendo de manera que le permita entenderlo
e incorporarlo (integrarlo en su cuerpo) como parte de
su experiencia personal y vital. Pero para que haya
feedback, es condición sine qua non que el alumno tenga
un proyecto que realizar, un contexto de trabajo, un rol
que desempeñar, objetivos que cumplir, actividades,
tareas, problemas, errores. ¿Ocurre esto a menudo? Rara
vez. Para dar feedback, el alumno se tiene que estar
cuestionando algo y esto exige expertos disponibles para
ayudarle. Un experto sabe muchas veces lo que funciona
pero sobre todo lo que no funciona. En realidad, dar
feedback es lo más importante que los padres aportan a
esos niños pequeños que mencionábamos antes. A partir de
los 5 años, a los niños que al comienzo valorábamos
tanto por sus preguntas, ahora los premiamos por sus
respuestas. En un aula, por tanto ofrecer feedback es
tarea casi imposible porque los alumnos rara vez tienen
retos que alcanzar, practican poco y preguntan menos.
Con ratios que van de 1 profesor a 30, 60 ó 200 alumnos
las cosas no son fáciles. Por eso las simplificamos
inventándonos los exámenes como el sistema para medir
conocimientos. Y no importa mucho que dos meses después
el examinado ya no recuerde gran cosa. Además insistimos
en enseñar cosas que ya sabemos que no serán de gran
utilidad para la mayoría. Y sin embargo, dejamos de
enseñar otras que resultan imprescindibles para
desempeñarse en el mundo que nos rodea. Aspectos
relacionados con la inteligencia emocional, la capacidad
de comunicarse y relacionarse con otros, trabajar en
equipo, aprender a aprender y a pensar, etc. ¿Sería
mejor nuestro mundo si todas las personas hubiesen
sacado dieces en sus exámenes de matemáticas? ¿Alguien
cree que la mejor manera de educar a los ciudadanos
críticos y autónomos que demanda la sociedad actual es a
través de clases magistrales?¿Puedo averiguar quien es
un buen cocinero a través de un examen de respuesta
múltiple? Seamos serios, estamos hablando de desempeño y
no hay examen escrito u oral capaz de medirlo. En un
curso virtual, las cosas no varían demasiado. La mayor
parte de las veces el feedback lo da la maquina mediante
2 palabras: Correcto o incorrecto (pruebe con otra
respuesta). Nada más. ¿Incorrecto por que? ¿En que me
equivoqué? ¿Como me puedes ayudar a entender mi error y
buscar alternativas que funcionen mejor? ¿Me puedes
mostrar un ejemplo? ¿Podrías hacerlo tú para que yo vea
como se hace? Cuando el feedback lo da una persona, la
respuesta no varía demasiado. Con Internet, estamos
hablando del 1 to 1 y esto significa no solo un trato
personalizado sino un feedback personalizado y
constructivo. Podríamos diseñar un gran curso de cocina
que mezclase unos módulos presenciales teóricos y otros
vía e-learning. El programa abordaría asuntos que irían
desde como seleccionar los alimentos, como escogerlos y
comprarlos en el mercado, multitud de recetas y trucos
para prepararlos, consejos para servirlos, videos de
grandes cocineros, etc. A nadie se le pasaría por la
cabeza que la parte principal del curso no fuese
practicar en los fogones con sartenes y demás cacharros
y quemar unos cuantos platos antes de empezar a
progresar. Pues bien, la mayor parte de cursos, desde
negociación hasta dirección de reuniones, inteligencia
emocional o finanzas se centran en todo menos en
practicar las tareas reales. Es decir nunca negocias con
nadie, jamás diriges reuniones, no empatizas con otros y
rara vez realizas la cuenta de explotación de una
empresa. Mucha teoría y nunca práctica. Obviamente
algunas de habilidades deben hacer más hincapié en un
trabajo presencial y otras pueden descansar más en lo
virtual, en unos casos son aprendizajes mas emocionales,
en otros son mas intelectuales. Sin embargo, si esos
cursos no se parecen al trabajo para el que tratan de
prepararte, no sirven de nada. En definitiva, aunque el
objetivo consiste en enseñar a los alumnos a cocinar,
creemos lograrlo por el mero hecho de preparar y
distribuir unos materiales bien diseñados, colgarlos en
una plataforma y poner unos cuantos tutores como soporte
pero con escaso valor para apoyar al alumno en un
aprendizaje auténtico. Y en realidad, lo que vamos a
exigir a ese tutor es que se comporte como un coach,
accesible siempre para ayudar al alumno cuando tenga
problemas para alcanzar los retos, que muchas veces, ese
mismo tutor le ha planteado.
Otro de los aspectos fundamentales de un profesor es
el de gestionar personas (y como hemos destacado
ofrecerles feedback pertinente y permanente) pero sobre
todo gestionar relaciones entre personas. Es evidente
que actualmente ya existe gran cantidad de software y
contenidos que cubrirán casi todas las áreas del
conocimiento habidas y por haber. Por eso, la
responsabilidad principal de los tutores no consistirá
en ser expertos en sus asignaturas, algo que los
ordenadores ya suplen actualmente con mucha eficacia,
sino en ayudar en el aprendizaje de habilidades sociales
y de relación interpersonal. Si uno echa un vistazo al
retrato robot del tutor virtual que definen los
expertos, se encuentra casi siempre con las mismas
obviedades: Facilitador, dinamizador, motivador, guía,
acompañante. Todos estos términos se manejan con
demasiada superficialidad. ¿Qué significa realmente
dinamizar o motivar personas? ¿Consiste en enviar mails
con cierta regularidad pidiendo que los alumnos
participen o recordándoles que para una fecha
determinada deben haber completado la unidad X? Vivimos
en el mundo de la comunicación. Cada vez nos
relacionamos e interactuamos con más personas que están
en lugares distintos y empleando diferentes medios.
Internet es una red, el primer medio que permite la
comunicación de todos con todos y donde cualquiera puede
ser al mismo tiempo proveedor y consumidor, receptor y
emisor de conocimiento. Trabajar en equipo es un
requisito imprescindible para operar en el mundo de hoy.
Para generar valor y desempeñarse de manera óptima todos
entienden que el único camino es cooperar con otros
dentro y fuera de la empresa, generar confianzas,
co-laborar (trabajar juntos), crear redes, generar
alianzas. La coopetition desplaza a la competition. De
un tiempo a esta parte, todo el mundo está de acuerdo en
la importancia de la inteligencia emocional, el best
seller de Goleman está en todas las estanterías de los
directivos que se precien de serlo, sean de RRHH o no.
Pero ¿donde está la IE en la formación? ¿y en el
elearning? La vida se compone de situaciones reales
donde tomamos decisiones, pocas veces racionales, y
donde vivimos las consecuencias de dichas decisiones. Es
un cúmulo de relaciones, conversaciones, ambigüedades,
desacuerdos, mal interpretaciones, intuiciones y
conflictos con seres humanos. Los problemas que
enfrentamos cotidianamente no vienen por la falta de
conocimiento ni de capacidades o habilidades y no se
solucionan por la vía racional. No debiésemos olvidar
que el conocimiento está en la cabeza pero también en el
corazón. Las personas aprendemos y compartimos cuando
nosotros queremos (voluntad) y somos responsables de
nuestras relaciones con otros. Las actitudes tienen un
peso muy importante y eso no se relaciona con la
racionalidad sino con la emocionalidad y el entorno
cultural, con la calidad de las relaciones. En cualquier
institución, se lleva un control exhaustivo de materias
primas y productos, de los datos que circulan por las
redes pero rara vez de las conversaciones entre las
personas. Conversar no es intercambiar información para
tomar decisiones sino, como proclama Maturana, construir
y transformar la realidad junto con el otro, sin ánimo
de convencerle con argumentos que buscan la verdad.
Desde este prisma es donde escuchar se torna en
capacidad decisiva, un escuchar activo donde lo
importante es hacerse cargo de los intereses y
necesidades del otro, en nuestro caso, del alumno. En
este ámbito adquieren un valor decisivo aspectos como la
gestión de si mismo (autoconfianza, la integridad o
autocontrol) y la gestión de relaciones con otros que
van desde el trabajo en equipo, el liderazgo, la
comunicación o la multiculturalidad. Eso exige que el
tutor sea proactivo y nunca reactivo. Debe ser
especialmente diestro en sintonizar con personas,
detectar estados de ánimo y sensibilidades y, como se
dice en el mundo del deporte, ser muy hábil a la hora de
"leer los partidos". El aprendizaje, la colaboración o
la confianza no suceden sin más y de manera automática.
Hay que provocarlo, inducirlo, alimentarlo, fomentarlo,
crear las condiciones idóneas para que ocurra y sobre
todo mimarlo y cuidarlo para que se perpetué. Para
lograrlo, el tutor debe desarrollar esa labor intangible
guiando a los alumnos hacia los recursos, hacia los
contenidos, hacia los expertos. En términos de marketing
hablaríamos de Fidelización. ¿Cómo le demuestro al
alumno que mi soporte y mi colaboración le dan un valor
añadido fundamental a su aprendizaje?. Importa sobre
todo que desempeñe ese rol de tutor socrático, que
propone la duda, la autorreflexión y el descubrimiento
personal. Aunque en su momento no lo considerásemos así,
el mejor profesor no era el que nos daba la respuesta
correcta sino quien nos ayudaba a que la encontrásemos
por nosotros mismos. En el desempeño de esta función
vamos a encontrar cada vez más tutores provenientes del
mundo profesional que del académico, con la ventaja de
que los tutores virtuales, al igual que los alumnos,
pueden realizar su trabajo con independencia del lugar
físico y eso abre enormes posibilidades para contar con
los mejores expertos donde quiera que se encuentren.
Ahora bien, un buen profesional no es automáticamente un
buen profesor y un buen profesor presencial tampoco es
un buen formador on line Un profesor debe Aprender a
Enseñar para luego Enseñar a Aprender (y no tanto ser el
mejor experto en su materia). Un alumno debe Aprender a
Aprender y en cierta manera a Desaprender. Para aprender
hay que soltar y abandonar la certidumbre. Los tutores
serán seleccionadores y filtradores de información,
facilitadores del feedback adecuado y se les valorará
mas por saber enseñar que por su conocimiento de una
material específica. Los alumnos acabarán siendo
verdaderos Infotectives corriendo siempre el riesgo de
caer en la sobredosis de información conocida como:
Infoxicación. Los buenos maestros alientan la
experimentación y a no tener miedo al error y
reconocerlo como oportunidad para mejorar y aprender,
considerándolo como un derecho fundamental del ser
humano. "Perdiendo aprendí: más vale lo que aprendí que
lo que perdí".Y es en esta labor donde tiene realmente
sentido aquello de guiar, escuchar, motivar, aconsejar,
preguntar, moderar, impulsar, animar y facilitar. El
tutor virtual es responsable por tanto de garantizar la
colaboración, cooperación, compartición, construcción,
comunicación, cohesión y dinamización de las diferentes
comunidades de interés, práctica y aprendizaje. La
información se transmite por las redes, el conocimiento
se construye por la educación y por eso los tutores
siempre tendrán un rol esencial escuchando, motivando,
preguntando, acompañando, facilitando a través de ese
nuevo concepto de conversación.
Seamos conscientes de que estamos hablando de un
cambio drástico y por tanto realmente complicado. Le
estamos pidiendo al profesor que ceda su protagonismo,
renuncie a su autoridad y desempeñe un rol para el que
nadie les ha preparado, incluyendo entre medias una
dolorosa revolución tecnológica. Muchos entornos de
aprendizaje basan su estrategia en crear una comunidad,
colocar tutores, foros, chats, bibliotecas, contenidos,
etc. La comunicación tiene una enorme importancia en
este proceso. Pero de nuevo, caemos en el error de
pensar que creando un entorno rico en relaciones y
comunicaciones, las personas aprenderán de manera
automática. ¿Alguien cree que podrá aprender a cocinar
por el hecho de pertenecer a una comunidad de expertos
en el tema, por el hecho de leer artículos, participar
en foros, chats, etc? Falso. Aprenderá haciendo, esto
es, cocinando y cuanto más practique, mejor. La idea
suele resultar chocante pero, primero debe ser la
práctica y luego la teoría. Si yo no me hago una
pregunta, no aprendo. Si no me la estoy haciendo ¿qué
sentido tiene todo ese entorno rico en recursos con
expertos, contenidos, relaciones, etc.?
La conclusión es clara: No podemos seguir enseñando
las mismas cosas y de la misma manera. La educación y la
formación son aburridas, demasiado serias y dejan escaso
margen al entretenimiento. Los profesores deben jugar un
papel diferente, y que será más importante que el que
han desempeñado hasta ahora porque la información y
conocimiento que antes transmitían, hoy ya están
disponibles en múltiples formatos. En lugar de estar
encerrados en un aula, participarán en el diseño de
cursos y simulaciones, en la construcción de
plataformas, de herramientas de autor, en la
tutorización, seguimiento y evaluación de alumnos, en la
selección de contenidos, en el diseño de itinerarios
formativos y curriculums, en la gestión de conocimiento,
en los equipos de desarrollo de productos. Este panorama
tiene también sus peajes. El tutor tiene que aceptar que
efectivamente los alumnos saben más que ellos en algunas
cosas y que por tanto en ocasiones los roles se
intercambian y ello posibilita una inmejorable
oportunidad para aprender. Debe también comprender que
se trata de enseñar a las personas a pensar y que para
esto tenemos que inducirles objetivos, hacer que fallen
las expectativas, ayudarles entender porque y
facilitarles herramientas para que corrijan su teoría y
aprendan. En un curso bien diseñado, un alumno habrá
tenido éxito, y por tanto un tutor también, si ha
aprendido a HACER (desempeño) y no solo a saber
(competencia).
Para finalizar quiero dejar una reflexión en el
aire:
La tarea que tenemos por delante es, al mismo tiempo,
un reto tentador y una aventura complicada. Los
tomadores de decisiones, las personas que dirigen
empresas y gobiernos y que lo harán todavía durante
bastantes años nacieron, crecieron y se educaron en un
modelo tradicional. No tuvieron contacto con un
ordenador hasta que empezaron a trabajar y tienen, con
honrosas excepciones, un concepto poco innovador y
moderno del aprendizaje. Tengamos esto siempre presente
para moderar el optimismo que en ocasiones se desborda..
Por último y para no generar falsas expectativas, hay
que advertir que no van a aprender gran cosa por leer
este libro. Como mucho encontrarán algunas ideas
inspiradoras pero poco más. Y las razones son simples.
En pocas semanas se olvidarán de la mayor parte de lo
que lean. Y lo realmente importante son las preguntas
que surjan en sus cabezas cuando lean estás paginas,
preguntas que muchas veces quedarán sin respuesta.
Por tanto, les recomiendo que recopilen y contrasten
tan amplio espectro de opiniones sobre el tema como sea
posible en lugar de fiarse de un solo experto,
institución, informe o incluso de este capitulo.
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