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"yo soy el  que los ha  elegido a ustedes   Jn 15,16"

"Evangelizaci�n y catequesis"

�Qu� es la evangelizaci�n? Es la labor que realiza la Iglesia para sembrar el evangelio en todos los hombres. Es la comunicaci�n del evangelio. Se desarrolla en tres grandes tareas: Ense�ar a los hombres el mensaje de Cristo. Santificar a los hombres distribuy�ndoles la gracia. Guiar a los hombres hacia Dios, en las variadas situaciones de esta vida. Ministerio de la palabra en la evangelizaci�n de la Iglesia: Para poder realizar nuestra tarea, necesitamos ubicar y diferenciar la evangelizaci�n de la catequesis. La Iglesia realiza su labor de ense�anza por varias actividades. Todas ellas forman el conjunto de acciones que llamamos el Ministerio de la Palabra en la Iglesia: Primera evangelizaci�n: es la primera presentaci�n del mensaje evang�lico. Tiene por objetivo provocar la conversi�n a Cristo de quien no se sabe llamado por Dios a seguir a su Hijo. Es el kerigma de la Iglesia dirigido a los no cristianos y tambi�n los bautizados que necesitan hacer una opci�n consciente por Cristo. Catequesis: es la profundizaci�n en el mensaje evang�lico para educar la fe. (CIC n.5) Predicaci�n: es la presentaci�n del mensaje evang�lico un contexto generalmente lit�rgico y tiene por objetivo vivir integralmente el momento presente.

�Qu� es la Catequesis?


La catequesis como educaci�n de la fe Ahora, explicamos la definici�n de catequesis: La catequesis es profundizar en el mensaje evang�lico para educar la fe. Profundizar: es conseguir m�s de lo que se tiene. Por eso, la catequesis no es el primer paso hacia la fe. Se presupone que ya se consigui� con la primera evangelizaci�n. Mensaje evang�lico: es la doctrina de Cristo. Pero entendida como la ve la Iglesia. Educar: es busca hacer crecer la semilla que Dios deposit� en el alma el d�a del Bautismo. No busca tanto dar muchas informaciones sobre el mensaje de Cristo Fe: es aceptar lo que Dios nos propone. Requiere: Entendimiento (acto de inteligencia). Pero nunca podemos llegar a abarcar totalmente la grandeza infinita de Dios. Aceptaci�n (acto de voluntad). Despu�s, la voluntad decide si acepta o no los datos que ha recibido la inteligencia. Gracia de Dios. Como la voluntad no recibe con total seguridad sobre cuanto le presenta la inteligencia, necesita la ayuda de la gracia para aceptar lo que est� m�s all� sus posibilidades.

Necesidad y naturaleza de la espiritualidad del catequista. Es necesario que el catequista tenga una profunda espiritualidad, es decir, que viva en el Esp�ritu que le ayude a renovarse cont�nuamente en su identidad espec�fica. La necesidad de una espiritualidad propia del catequista se deriva de su vocaci�n y misi�n. Por eso, la espiritualidad del catequista entra�a, con nueva y especial exigencia, una llamada a la santidad. La feliz expresi�n del Sumo Pont�fice Juan Pablo II: "el verdadero misionero es el santo" puede aplicarse ciertamente al catequista. Como todo fiel, el catequista "est� llamado a la santidad y a la misi�n", es decir, a realizar su propia vocaci�n "con el fervor de los santos". La espiritualidad del catequista est� ligada estrechamente a su condici�n de "cristiano" y de "laico", hecho part�cipe, en su propia medida, del oficio prof�tico, sacerdotal y real de Cristo. La condici�n propia del laico es secular, con el "deber espec�fico, cada uno seg�n su propia condici�n, de animar y perfeccionar el orden temporal con el esp�ritu evang�lico, y dar as� testimonio de Cristo, especialmente en la realizaci�n de esas mismas cosas temporales y en el ejercicio de las tareas seculares". Cuando el catequista est� casado, la vida matrimonial forma parte de su espiritualidad. Como afirma justamente el Papa:"Los catequistas casados tienen la obligaci�n de testimoniar con coherencia el valor cristiano del matrimonio, viviendo el sacramento en plena fidelidad y educando con responsabilidad a sus hijos". Esta espiritualidad correspondiente al matrimonio puede tener un impacto favorable y caracter�stico en la misma actividad del catequista, y este tratar� de asociar a la esposa y a los hijos en su servicio, de manera que toda la familia llegue a ser una c�lula de irradiaci�n apost�lica. La espiritualidad del catequista est� vinculada tambi�n a su vocaci�n apost�lica y, por consiguiente, se expresa en algunas actitudes determinantes que son: la apertura a la Palabra, es decir, a Dios, a la Iglesia y por consiguiente, al mundo; la autenticidad de vida; el celo misionero y el esp�ritu mariano.




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