CAUDILLISMO

 

EL CAUDILLISMO

 

"La casi totalidad de los sociólogos admiten que el Caudillismo se manifiesta por la  xistencia de un hombre fuerte "Tirano absoluto", "Gendarme necesario", "Caudillo máximo" o, "Caudillo benefactor2, que encarna un régimen político personalista, y que realiza la función de gobierno, con plena renuncia de los postulados políticos y administrativos, que deben orientar el lógico y armonioso desarrollo de las instituciones. De modo que para la mayoría de los sociólogos. Caudillismo, Personalismo y Tiranía son sinónimos"

Napoleón Franceschi Gonzalez, Caudillos y caudillismo en la Historia de Venezuela. 1979.

 

Definición

Caudillismo es un fenómeno social surgido durante el Siglo XIX en Hispanoamérica, consistente en la aparición en cada país de líderes carismáticos cuya forma de acceder al poder y llevar el gobierno estaba basada en el endiosamiento de su persona, al hacer creer a sectores importantes de la población que el caudillo podía llegar a solucionar todos los problemas existentes.
 

El poder de los caudillos se basaba en el apoyo de fracciones importantes de las masas populares. Este apoyo popular se tornaba en su contra cuando las esperanzas puestas en el poder entregado al caudillo se veían frustradas, y se decidía seguir a otro caudillo que lograra convencer de su capacidad de mejorar el país. Este fenómeno se dio en América latina durante prolongados períodos de su historia Republicana, y desembocó en fuertes dictaduras, represiones a la oposición y estancamiento Económico y Político.
 

Causas
Las causas de la aparición del caudillismo en América Latina fueron principalmente la ausencia de consenso político y las teorías de gobierno utópicas por parte de los aristócratas. Para acceder al poder, los caudillos se rebelaban con sus aliados militares, deponían al gobernante actual, disolvían el Congreso y se autoproclamaban presidentes provisionales. Después de un corto plazo, se elegía a un nuevo congreso y se convocaba a elecciones presidenciales. En las elecciones, salía elegido el caudillo que había presidido anteriormente la Revolución y deposición del antiguo gobernante. Los principales partidarios de los caudillos, aparte de sus hombres de armas de confianza, fueron los miembros de las clases enriquecidas. Así, estos aseguraban un flujo de dinero para el Estado del caudillo de turno y este se comprometía a darles beneficios.


El caudillismo se desarrolló principalmente en México  (donde hubo una gran cantidad de presidentes militares en 50 años); en Chile con el gobierno de Bernardo O`Lliggins comienzos de la república; en Perú, donde hubo tres grandes militarismos, a inicios de la república, durante la reconstrucción nacional después de la guerra con Chile, y tras el oncenio de Leguía; en Argentina con el gobierno de Juan Manuel de Rosas en 1829 y en Colombia con el gobierno de Pedro Alcantara Herran que promovió a la vez la constitución de 1843; y también en Bolivia, paraguay, Ecuador y Venezuela.
Algunos de los caudillos de mayor influencia fueron Juan Manuel de Rosas en Argentina, Antonio López de Santa Anna en México, José Gaspar Rodríguez de Francia en Paraguay, José Antonio Paez, Antonio Guzmán Blanco, José Tadeo Monagas en Venezuela, Francisco Franco en España , Salazar en Portugal y Agustin Gamarra en Perú.


Consecuencias
La inestabilidad política actual es consecuencia de cómo fue organizado el Estado, al nacer a la vida republicana, sin base nacional y también debido a los sucesivos años de enfrentamientos políticos presididos por las diferentes facciones que se disputaban el poder en ese entonces. De esta forma, las repúblicas se constituyeron sobre una base inconsistente, sobre un Estado embrionario, desorganizado económicamente, caótico en el orden político y sin planes de gobierno que sigan disciplina y orden. Por esta razón, la democracia no es totalmente efectiva y se realiza un uso inadecuado de las conquistas del liberalismo, en vez de un correcto uso de la libertad.
El orden impuesto por fuerza bruta dentro del caudillismo ha quedado como herencia. Además, ciertas características “caudillescas” prosiguen hasta la actualidad. El caudillo, que buscaba gloria y poder, intentaba con sus obras ganarse la simpatía de la población y desprestigiar al máximo al anterior gobernante; así, reorganizaba el gobierno a su antojo y consideraba como malo todo lo que el gobernante anterior hubiese hecho. Hoy en día, muchos gobernantes desprestigian aquello gestado por sus antecesores y lo abandonan, buscando el propio beneficio, o tal vez como una estrategia para su obligada participación en las siguientes elecciones.
Por otro lado, es importante resaltar que, al hablar de caudillismos se habla también de consolidación de fuertes regionalismos, que mermaron el casi inexistente estado-nación. Así, hoy en día aún existen algunos de esos fuertes regionalismos, especialmente en el sur andino, que, a pesar de no ser una consecuencia directa del caudillismo, ayudó a que se solidificaran algunos de ellos. Por esta razón, algunas veces planes unificadores resultan insostenibles
 

Características personales de un caudillo:

Situaciones que deben darse para que surja el caudillismo:
• Penuria fiscal crónica: deficitarios ingresos, deudas agobiantes, etc.
• Burocracia ineficaz y corrompida.
• Ejercito no coherente, no profesional, no permanente, falto de equipos y de apoyo logístico adecuado.
• Signos de atraso general.
• Incapacidad política de las clases y sus dirigentes para adelantar una estructura de partidos políticos que canalizara las tensiones en forma no conflictiva.
• Analfabetismo generalizado.
• Localismo o regionalismo.
• Falta de vías de comunicación.
• Ambición desmedida de poder de los caciques político - social de cada región.
• Peso del pasado colonial en tradiciones de violencia, machismo, ruralismo, brutalidad

LA GRAN COLOMBIA


El 17 de diciembre de 1819, en Angostura -hoy Ciudad Bolívar- el sueño del Libertador, Simón Bolívar de unir a los países latinoamericanos se materializó en la consolidación de la República de la Gran Colombia, la cual comprendió las actuales regiones de Colombia, Ecuador y Venezuela.
El territorio de la nueva nación tenía una extensión de más de 2.000.000 km2 y se encontraba dividido en 3 departamentos: Venezuela, Cundinamarca y Quito, siendo Caracas, Bogotá y Quito respectivamente, sus capitales. Los símbolos patrios utilizados fueron los mismos de Venezuela: escudo de armas, sello y bandera. La más alta jerarquía de la república la tenía el presidente y en su ausencia el vicepresidente; Bolívar fue designado presidente y los vicepresidentes de los departamentos fueron Juan Germán Roscio para Venezuela y Francisco de Paula Santander para Cundinamarca. El del departamento de Quito no fue designado por estar su territorio bajo el dominio español.

Bogotá, la nueva capital

Bogotá fue designada capital de la república y ésta se dividió en departamentos, provincias y cantones. La máxima autoridad ejecutiva en los primeros era el intendente, en las segundas el gobernador y en los terceros el juez político. Los departamentos venezolanos fueron tres: Orinoco, Venezuela y Zulia con un total de diez provincias; los de la Nueva Granada fueron cuatro: Boyacá, Cundinamarca, Cauca y Magdalena, con trece provincias.
El Congreso adoptó medidas que preveían la abolición progresiva de la esclavitud, la eliminación del tráfico de esclavos y legisló sobre la enseñanza pública, poder judicial, naturalización de extranjeros, exención de porte de correos a periódicos y otros impresos, libertad de imprenta, importación, aranceles y tarifas, registro de buques nacionales y nacionalización de los extranjeros.
Así mismo, también acordó leyes para la contribución directa, asignación de bienes nacionales a los servidores de la república, confiscación de bienes pertenecientes al Gobierno español, extinción de los tributos de los indígenas, contaduría general de Hacienda, uniformidad de pesos y medidas, enajenación de tierras baldías, modo de proceder contra conspiradores y perturbadores de la tranquilidad pública y otras materias de capital interés para el desenvolvimiento de la administración nacional.
Sin embargo, el 30 de abril 1826 estalló el movimiento separatista conocido como La Cosiata, liderado por Miguel Peña y el general José Antonio Páez, el cual trajo como consecuencia que el crédito externo de la República sufriera un colapso total debido a la crisis económica, política y social ocasionada y al quiebre de la casa londinense de Goldschmidt, que administraba los fondos del empréstito. Esta situación fue determinante, para que el sueño de Bolívar de estar unidos como una sola nación, se terminara de resquebrajar.

La separación

La Gran Colombia se disolvió en 1830 con el nacimiento de tres entidades estatales distintas: Colombia, Ecuador y Venezuela. La secesión, (acto por el que una población se separa de la comunidad nacional), venezolana fue dirigida por el General José Antonio Páez quien ya había combatido bajo las órdenes de Bolívar. Páez se convirtió en el primer presidente del nuevo estado venezolano y gobernó hasta 1863.
Por una serie de desavenencias políticas, Páez pidió la expulsión del Libertador del territorio de Venezuela y del territorio colombiano. Cuando Bolívar abandona el poder, para volver a Venezuela, el gobierno colombiano le participa la prohibición, la cual se cumplió en Venezuela mas no en Colombia.
Debido a esto, Bolívar regresa a la antigua Nueva Granada y muere en Santa Marta en la quinta de San Pedro de Alejandrino en 1830.
El mismo año de la muerte del Libertador se promulgó la primera constitución de la República de Venezuela, en ella se estableció un gobierno centro-federal, para tratar de buscar un punto de equilibrio entre las exigencias de los centralistas bolivarianos y los federalistas. El período constitucional se estableció en cuatro años y el presidente no podía ser reelecto para el período inmediato.
En cuanto a la división territorial se establecieron 11 provincias las cuales fueron: Apure, Barcelona, Barinas, Carabobo, Caracas, Coro, Cumaná, Guayana, Maracaibo, Margarita y Mérida.

 

FACTORES QUE DETERMINARON SU SURGIMIENTO Y DESARROLLO

Existe relativo consenso al considerar que la presencia de los caudillos y del sistema caudillista en Venezuela debe asociarse a una multiplicidad de factores, todos ellos en estrecha relación, entre los cuales vale la pena destacar los siguientes:

 1) La tradición autonomista de las provincias desde la época colonial y el fuerte arraigo de las instancias de poder local -los ayuntamientos- lo cual favoreció el sentimiento localista y el desarrollo de liderazgos enfrentados al poder central como fundamento de la acción caudillista.

2) La dificultad de establecer un poder central capaz de imponer su autoridad en todo el territorio, lo cual propició el surgimiento y consolidación de factores de poder local.

3) La falta de integración nacional como consecuencia de la desintegración territorial, las dificultades de comunicación y el lento establecimiento de un mercado interno; todo lo cual acentuaría las fuerzas disgregadoras y el predominio de las tendencias localistas.

4) La ausencia de clases sociales poderosas, capaces de adelantar un proceso de ordenamiento y control de la sociedad de acuerdo a sus intereses y de consolidarse como factor hegemónico en la construcción de un Estado Nacional.

 5) La ausencia de una institución militar de carácter nacional como factor de control y sometimiento de las distintas opciones de poder lideradas por las huestes armadas de los caudillos que se disputaban el poder.

6) La dificultad del modelo económico de generar los excedentes económicos capaces de propiciar el fomento de las fuerzas productivas y el crecimiento sostenido para favorecer la ejecución del proyecto liberal y de estructurar un Estado Nacional.

 A esta serie de factores puede añadirse la tesis de la indisciplina social planteada recientemente por Gastón Carvallo. Según este autor el largo desarrollo de la Guerra de Independencia, al familiarizar a gran parte de la población con la violencia y con una situación en la cual se hacía patente la existencia de un vacío de poder producto del proceso de disolución del orden social que trajo aparejado la ruptura del vínculo colonial, dio lugar a un proceso en el cual se fracturó la disciplina social de la época colonial sin que se lograra establecer un equivalente republicano, lo cual actuaría también como un elemento que reforzó el caudillismo. Se trata, pues, de un fenómeno en el cual intervienen los más disímiles factores y cuyas manifestaciones históricas varían durante el siglo XIX dependiendo de la fuerza y magnitud con que se plasma la presencia de los caudillos en la realidad venezolana de esos años para determinar, en mayor o menor grado, su nivel de beligerancia en el sistema político. EL cauudillo es una figura que se mantiene presente en la realidad venezolana desde la Guerra de Independencia y luego de finalizada ésta, su acción varía a lo largo del siglo XIX de acuerdo a su impacto sobre el sistema político venezolano. Es decir, la presencia de caudillos no determina la existencia de un sistema caudillista; sólo cuando la acción de estos personajes y su red de alianzas es predominante estamos frente a un régimen caudillista. Sobre este punto nos detendremos a continuación, a fin de caracterizar la evolución del fenómeno caudillista en Venezuela de acuerdo al nivel de incidencia de los caudillos en el desenvolvimiento de las acciones de reparto y control del poder.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL CAUDILLISMO

Sometimiento y control (1830-1846):


 Al establecerse la República, luego de la disolución de la Gran Colombia, se erige un sistema político donde, si bien José Antonio Páez surge como el individuo capaz de conciliar los intereses de las élites, la base efectiva de poder que sostiene la hegemonía paecista no es una red de alianzas caudillistas sino el consenso entre los notables, comerciantes, hacendados e intelectuales, por adelantar un proyecto que permita la estructuración de un Estado liberal basado en un sistema censitario capaz de contener los factores de disolución social heredados de la contienda emancipadora. Durante este período los factores disgregadores caudillistas son sometidos y controlados por la estructura formal de un Estado en proceso de gestación, el cual actúa como elemento de contención de la beligerancia de los caudillos, favorece el predominio de las élites y se sostiene en la autoridad y prestigio de Páez. Al surgir en el seno de la élite diferencias en cuanto a la conducción del proyecto liberal, se trastoca el proceso de estabilización alcanzado durante esos primeros 3 lustros de experiencia republicana y cobran fuerza las tendencias disgregadoras y la beligerancia caudillista.

Expansión (1847-188):

Durante el período que se inicia con el ascenso de José Tadeo Monagas al poder apoyado por los sectores asociados al Partido Liberal y que culmina con la alianza entre liberales y conservadores para derrocar a Monagas en la Revolución de Marzo en 1858, se modifican los términos mediante los cuales se había erigido el clima de consenso político capaz de favorecer un período de relativa estabilidad y se produce un proceso de expansión del caudillismo como elemento predominante del sistema político. La modalidad de poder que impera durante la hegemonía de José Tadeo Monagas no se sostiene sobre mecanismos institucionales formales como en el período precedente, sino que, desde el poder, el primer mandatario fomenta una red de lealtades personales y familiares que constituyen la base de su predominio político. Durante su mandato se manifiesta una aguda crisis económica, hay enormes tensiones entre los bandos conservador y liberal, surgen numerosos focos subversivos en distintas partes del territorio. No obstante, en virtud de los intereses que sostienen su particular régimen personalista, caudillista y nepótico, controla la designación de su sucesor y lleva a la primera magistratura a su hermano, el general José Gregorio Monagas. Al concluir el mandato de éste, José Tadeo Monagas regresa al poder con un clima de abierta intranquilidad y malestar político. La crisis económica, las carencias institucionales, la existencia de numerosas facciones armadas en la región de los llanos, los levantamientos que propician los sectores desafectos al régimen, la modalidad de poder sostenida sobre la red de lealtades del caudillo, favorecen la expansión de las fuerzas disgregadoras, estimulan la indisciplina social y el fortalecimiento de prestigios políticos y militares a nivel local. Finalmente, el proyecto de una reforma constitucional abiertamente centralizadora, así como las aspiraciones de poder entre los sectores liberales y conservadores, propician el derrocamiento de Monagas y el inicio de un período de inestabilidad política que culmina con el estallido de la Guerra Federal (1859), momento culminante de la acción caudillista.

Auge 1859-1870):

El clima de agitación e intranquilidad que acompaña al triunfo de la Revolución de Marzo no desaparece sino que, por el contrario, se sostiene y amplía en la mayor parte del territorio. La abierta conspiración contra el régimen por parte de los sectores ligados al Partido Liberal y las numerosas facciones armadas que se encontraban diseminadas por el país dan lugar a la Guerra Federal, la cual se prolongará por espacio de 5 años, exacerbando la proliferación y consolidación de los más disímiles liderazgos caudillistas. El vacío de poder que acompaña al desenvolvimiento de la guerra en virtud de la incapacidad del gobierno de dominar y contener las distintas acciones de armas que atentaban contra la estabilidad del régimen y la inexistencia de un efectivo control por parte de los jefes de todas las facciones que luchaban a nombre de la federación, favorecieron la proliferación de numerosos grupos o guerrillas al mando de jefes locales sin ninguna cohesión entre sí y con abiertas aspiraciones de consolidar su poder a nivel local o regional. Al finalizar la guerra (1863), no se liquida la efervescencia caudillista surgida al calor de la contienda, sino que, por el contrario, la consagración de los principios de la federación en la Constitución Federal de 1864 y la popularización de sus alcances como el mecanismo idóneo para el ejercicio efectivo del poder local, fomenta la consolidación de los caudillos como figuras determinantes del sistema político. Durante el régimen de Juan Crisóstomo Falcón se consolida la jefatura de los caudillos triunfantes en la contienda y se vive un clima de permanente agitación e intranquilidad como consecuencia de las pugnas por el poder en las diferentes localidades por parte de quienes pretenden defender por la vía de las armas su predominio político a nivel local, regional y nacional. Los numerosos levantamientos armados, la crisis económica y la inestabilidad política heredadas de la guerra dificultan la estabilización del gobierno central. Falcón se retira del mando y deja como sucesor al general Manuel Ezequiel Bruzual, después de lo cual estalla la Revolución Azul y José Tadeo Monagas reasume el poder en 1868. La muerte de Monagas a los pocos meses del triunfo divide a sus seguidores. José Ruperto Monagas, sobrino del caudillo, asume el mando; pero las tensiones entre los promotores del movimiento, la aguda crisis económica y la confrontación entre los distintos factores que aspiran al poder culminan con el levantamiento de los liberales al mando del general Antonio Guzmán Blanco, quien entra triunfante a Caracas en abril de 1870. Será precisamente durante su mandato y en la década inmediatamente posterior que empiecen a aparecer los síntomas que anuncian el debilitamiento y crisis del régimen caudillista en Venezuela.

Debilitamiento y crisis (1870-1898):

Con el ascenso al poder de Guzmán Blanco se erige un sistema político que se caracteriza, primero, por la presencia de un número significativo de importantes caudillos como factor fundamental de la alianza que sostiene a Guzmán Blanco en la primera magistratura, y luego, comienzan a formalizarse una serie de transformaciones que tienden a consolidar la estructuración de un Estado Nacional lo cual, progresivamente, afectará la beligerancia caudillista como factor de poder. Cuando Guzmán Blanco triunfa sobre los hombres de la Revolución Azul su victoria es posible gracias al apoyo que le prestan diversos caudillos de distintas regiones del país, quienes se constituyen en factor clave de la toma del poder y en elemento fundamental de su permanencia a la cabeza del Estado. Se establece una fórmula de reparto del poder mediante la cual los caudillos conservan un importante margen de acción local al mantener sus esferas de influencia mientras que Guzmán Blanco es reconocido como jefe del poder central. Al obtener del poder central el reconocimiento de su autoridad en los diferentes estados son ellos los responsables del control político de cada localidad, lo cual permite que, en general, las elecciones para presidentes de los estados favorezcan a los mismos caudillos o a sus seguidores y que los cargos públicos de carácter local formen parte de la red de alianzas y lealtades de cada caudillo. Pero además, producto de este acuerdo, muchos de ellos ascienden a posiciones de carácter nacional, son ministros de Guerra y Marina, son nombrados primer o segundo designado, lo cual les permite acceder a la primera magistratura por ausencia de Guzmán Blanco o se convierten en sucesores del mismo en la Presidencia de la República, como ocurre con Francisco Linares Alcántara primero y con Joaquín Crespo después. A esta particular cuota de poder político se une la figuración de los caudillos en el control militar del territorio. Se reduce el pie de tropa dependiente del poder central y se disminuye considerablemente el monto destinado al presupuesto de Guerra y Marina. Ahora son los caudillos los encargados de mantener el orden, la seguridad y el control de las milicias en las distintas localidades y las erogaciones presupuestarias que exige esto no depende del presupuesto nacional. Además, luego de la reacción de Linares Alcántara, se divide al país en 5 delegaciones militares cada una de las cuales es entregada a algunos de los más representativos caudillos que participan del acuerdo con Guzmán Blanco: Joaquín Crespo, Juan Bautista Araujo, José Eusebio Acosta, Gregorio Cedeño y Jacinto Lara. Aun cuando el esquema de poder antes descrito funciona sin mayores sobresaltos durante toda la hegemonía guzmancista, hay también una serie de iniciativas tendientes a fortalecer el poder central y a debilitar al caudillismo. Una de las premisas básicas del régimen guzmancista es adelantar la edificación de un Estado Nacional, para lo cual el control de los recursos fiscales se convierte en un aspecto central de su gestión administrativa. De forma que, durante el gobierno de Guzmán Blanco se sancionan una serie de disposiciones que despojan a las regiones de una parte importante de sus recursos, los cuales pasan a ser recaudados y administrados directamente por el poder central. Se lleva a cabo un proceso de institucionalización y organización de la Hacienda Pública que persigue la regularización del situado constitucional, el control de las aduanas, la abolición de impuestos locales como el peaje y la administración a nivel central de los recursos mineros, así como un conjunto de medidas administrativas que permiten el reordenamiento y una mayor eficacia en la administración de los recursos del Estado. Con este conjunto de disposiciones se fortalece la administración central, se regulariza el control de las fuentes de ingreso del Estado y se formalizan e institucionalizan los mecanismos de distribución y uso de los fondos de la tesorería nacional de acuerdo a criterios emanados del poder central. Este esfuerzo institucionalizador, si bien no desmantela el sistema caudillista, sí lo debilita al determinar una vía de acceso a los beneficios económicos del poder que no depende de los caudillos ni de su capacidad de gestión local, sino de los requerimientos de un Estado cuyos objetivos y prerrogativas escapan a los designios personalistas y locales de los caudillos. Al desaparecer de la escena política Guzmán Blanco, luego de la reacción que tiene lugar durante el gobierno de Juan Pablo Rojas Paúl, comienza un proceso de crisis que determina la declinación y decadencia del sistema caudillista como consecuencia de las pugnas que se producen entre las distintas facciones por acceder al poder. Si bien Joaquín Crespo logra imponerse a partir de 1892 con el triunfo de la Revolución Legalista, no logra erigir un sistema de alianzas que permita la supervivencia del modelo adelantado de manera exitosa por Guzmán Blanco; la imposición de su sucesor, el general Ignacio Andrade, mediante una fraudulento proceso electoral, desata el descontento de los liberales nacionalistas, quienes recurren a las armas para manifestar su rechazo a la maniobra electoral. Joaquín Crespo muere procurando someter la reacción contra Andrade. Muerto Crespo, el presidente Andrade no tiene mayores posibilidades de sostenerse en el poder en virtud de las discordias que agitan internamente a los caudillos y facciones que dividen al Partido Liberal. En 1899, ante la debilidad manifiesta del gobierno de Andrade, el general Cipriano Castro, a la cabeza de una pequeña hueste andina, invade el país y en una rápida y exitosa marcha hacia el centro asume la primera magistratura. Con el triunfo de la Revolución Liberal Restauradora comienza el fin del sistema caudillista en Venezuela.

Extinción (1899-1903):

Las medidas de centralización política y militar que adelanta el nuevo mandatario y que logra ejecutar de manera exitosa, dislocan de manera irreversible los fundamentos de poder de los caudillos, determinando su extinción como factor predominante del sistema político y dando lugar al surgimiento de un nuevo sistema político erigido sobre la estructuración de una autoridad central y la formación de una fuerza militar permanente que obedece a los designios de un solo jefe. Esta modificación de la estructura de poder es posible, en parte, como resultado del descalabro del sistema de alianzas del liberalismo amarillo, en franca decadencia desde la salida del poder de Guzmán Blanco. Pero, por otra parte, se sustenta en las acciones que adelanta Castro para estabilizarse en el poder. Su presencia en la primera magistratura, a diferencia de Guzmán Blanco, no va a estar determinada por una alianza de caudillos cuyo fundamento sea el respeto a sus cuotas de poder local, sino que, por el contrario, Castro erige una nueva red de poder donde la designación de cada uno de los colaboradores del régimen va a estar motivada por el vínculo que los une con el jefe del poder central y no como consecuencia de la ascendencia política que ellos posean local o regionalmente. Para alcanzar esta nueva modalidad de poder Castro impone a los andinos en distintas partes del territorio, muda liberales de un sitio a otro o neutraliza caudillos mediante la designación de un emisario leal a su autoridad. Este cambio político para poder sostenerse se apoya en una mudanza de carácter militar cuyas bases son la modernización y ampliación de la fuerza regular dependiente del poder central; una intensa campaña de recolección de armas cuyo objetivo es debilitar el poder armado de los caudillos; con la adquisición de un moderno armamento y finalmente con la recuperación y modernización del ejército como factor clave para el control del territorio. La conjunción de las acciones políticas y militares adelantadas por el régimen restaurador se ven sustentadas, además, por una reforma constitucional cuya objetivo es consagrar la legalización de las medidas centralizadoras a fin de consolidar la autoridad de poder central. El resultado es la estructuración de una nueva fórmula del poder que desplaza a los caudillos de su condición protagónica. Esto, por supuesto, trae como consecuencia la reacción de los caudillos a fin de evitar la mudanza que se procura instaurar. El resultado de esta acción conjunta de los caudillos es la Revolución Libertadora, bajo la jefatura del banquero Manuel Antonio Matos. Este último acto de armas del caudillismo no logra desalojar del poder a Cipriano Castro. Su estruendoso fracaso determina la derrota militar de los caudillos. A partir de allí y después del régimen de Castro se consolidan las tendencias centralizadoras. La edificación de una institución armada de carácter nacional, la estructuración de un Estado Nacional y la pacificación del país favorecen entonces la desaparición, de manera irrevocable, de las tendencias disgregadoras como factor propiciador de la beligerancia caudillista. Los caudillos que sobreviven a la derrota ven extinguirse sus días de protagonistas estelares. Unos se pliegan al poder central y desaparecen de la escena política; otros fallecen inevitablemente y otros, los menos, se niegan a aceptar el nuevo tiempo que comienza, promoviendo los numerosos e infructuosos movimientos armados contra Juan Vicente Gómez. Tercamente se enfrentan con los recursos del pasado a una nueva realidad en la cual dejaron de ser el factor determinante del sistema político, el cual, a partir de ese momento, se constituye sobre otras bases y modalidades del poder propio del siglo XX.

 

CAUDILLOS Y CONSPIRADORES

Durante casi un siglo en Venezuela se sucedieron diversos caudillos, por cuanto el País venía de una época Colonial, en que los mantuanos o descendientes de los españoles dominaban el Comercio, pero no tenían acceso a la toma de decisiones y tampoco al Gobierno, lo cual es la semilla de la Guerra de Independencia, sin embargo, una vez lograda la independencia del yugo español, surgían cuadillos regionales que aupados por la población regional circundante, pensaban que era posible conducir o manejar el país, en la misma forma que manejaban sus haciendas particulares o manejaban a la peonada, y es así que cada uno a su manera trata de presidir el País, con el mismo látigo con que manejaba a sus peones en la hacienda o en el Fundo. Es por ello que se origina el caudillismo, y desde luego es con el paso del tiempo y la madurez de la población que se van logrando avances y en el Siglo XX, con la muerte de Juan Vicente Gómez, surge la Democracia, con presidentes que buscaban la participación de la mayoría, sin embargo, la verdadera participación todavía no se ha alcanzado en Venezuela, que resulta lo que logran los líderes que son la contraposición de los caudillos, por cuanto los líderes, tienen poder de convocatoria, pero buscan la participación de las minorías.

Una vez separada Venezuela de la Gran Colombia, la vida política del país siguió bajo la jefatura del General José Antonio Páez, nombrado Presidente Provisional en 1830 y Presidente Constitucional para el período 1831-183. Durante este gobierno se organizó la administración de la República de acuerdo con la Constitución sancionada por el Congreso de Valencia. El proceso político iniciado en 1830 se caracterizó por la pugna entre los caudillos salidos de la guerra de la independencia, los cuales van a representar a menudo, a los grupos políticos antagónicos que empezaron a definirse después de 1830. Estas pugnas entre los caudillos se resolvieron en última instancia por medio de las armas. Por eso podemos decir que las guerras civiles fueron la expresión política de nuestro desarrollo durante este periodo.
El gobierno encabezado por Páez después del pronunciamiento separatista, no ejercía autoridad real en todo el país. En provincias y regiones aisladas, imperaba el poder de los caudillos locales. El movimiento separatista había sido promovido y realizado por la oligarquía caraqueña y los caudillos militares del centro, encabezados por el General Páez. Fueron ellos los que convocaron el Congreso de 1830, desconocieron a Bolívar y pusieron a Páez al frente del gobierno. Estos hechos hicieron aflorar las viejas rivalidades de las provincias y en especial entre Caracas y las provincias orientales, que por razones históricas y dada la importancia que tenían en aquellos momentos, aspiraban una vez más a encabezar la República.
En los primeros treinta años de la República, la escena estuvo dominada por los dos caudillos más importantes de esa etapa: José Antonio Páez y José Tadeo Monagas. Después de 1863, año en que terminó la Guerra Federal , surgieron y se sucedieron en el poder nuevos caudillos rurales hasta 1935 en que murió el último de ellos y el de más larga hegemonía en nuestra historia: Juan Vicente Gómez .
Durante este período, la alternabilidad a que se refieren las constituciones, no fue otra cosa que la alternabilidad entre los caudillos. Algunos de ellos se mantuvieron, directa o indirectamente, muchos años en el poder; otros pasaron por períodos breves.
Cuando se estudian los nombres de quienes ejercieron el poder durante el siglo pasado y las primeras décadas del presente, observamos como cinco de estos caudillos: Páez , Monagas , Guzmán Blanco , Castro y Gómez gobernaron más de ochenta
años de los primeros cien de nuestra historia republicana 

En los primeros treinta años de la República, la escena estuvo dominada por los dos caudillos más importantes de esa etapa: José Antonio Páez y José Tadeo Monagas. Después de 1863, año en que terminó la Guerra Federal , surgieron y se sucedieron en el poder nuevos caudillos rurales hasta 1935 en que murió el último de ellos y el de más larga hegemonía en nuestra historia: Juan Vicente Gómez .
Durante este período, la alternabilidad a que se refieren las constituciones, no fue otra cosa que la alternabilidad entre los caudillos. Algunos de ellos se mantuvieron, directa o indirectamente, muchos años en el poder; otros pasaron por períodos breves.
Cuando se estudian los nombres de quienes ejercieron el poder durante el siglo pasado y las primeras décadas del presente, observamos como cinco de estos caudillos: Páez , Monagas , Guzmán Blanco , Castro y Gómez gobernaron más de ochenta años de los primeros cien de nuestra historia republicana 

Los comienzos de la República de 1830

La República de 1830 inició su vida independiente en medio de una situación económica, social y política muy precaria debido a las difíciles condiciones en que había quedado el país después de la guerra de independencia y del proceso de disolución de la Gran Colombia . Esta situación estaba enmarcada dentro de los siguientes aspectos:

Aspecto Demográfico

 

Al hacer click en el cuadro, podrás encontrar el "Crecimiento de la Población a patir de 1830 Composición Urbana - Rural"

 

 Venezuela, con un millón de kilómetros cuadrados, contaba con una población que escasamente llegaba a 800 000 habitantes en 1830 y a un 1000000 en 1840. Era una población rural, dispersa en pequeños pueblos, haciendas y hatos. Caracas, el centro urbano más importante, apenas contaba con 50 000 habitantes; y mucho menos las otras ciudades. La escasa población reflejaba la magnitud del precio que tuvo que pagar el  país por su independencia. De 900 000 habitantes que tenía en 1810, antes de la guerra, había descendido a menos de 800 000 en 1830 sin tomar en cuenta el crecimiento que debió ocurrir en esos 20 años. La despoblación aparecía, pues, como el primer problema que debía resolver la República. En 1831 el Ministro del Interior, Antonio Leocadio Guzmán , lo planteaba en los siguientes términos:

"No tenemos caminos por falta de hombres; no tenemos navegación interior por esta misma falta; y por ella es pobre nuestra agricultura, corto el comercio, poca la industria, escasa la ilustración, débil la moral y pequeña Venezuela. Todo debemos esperarlo de la población; y hablaré de ella cuanto me sea dable, porque bajo la zona tórrida, al ver la fecundidad prodigiosa de nuestra tierra, los muchos y poderosos elementos de prosperidad que encierra, y al compararlos con su estado de infancia y debilidad, nada creo más necesario ni más digno de la atención del soberano que poblarla".

Para poblar era preciso promover y favorecer la inmigración de extranjeros y su asentamiento en el país, con lo cual se esperaba también ayudar al progreso general, mediante el incremento de la producción. En este sentido las recomendaciones del Ministro al Congreso de 1831, fueron acogidas y se dictaron

Las medidas a favor de los extranjeros que vinieran a radicarse en Venezuela. Además, hubo también propietarios particulares que promovieron la inmigración interesados en obtener mano de obra extranjera para sus haciendas y contribuyeron a establecer familias inmigrantes en plan de colonización agrícola, como fue el caso de la "Colonia Tovar" fundada por iniciativa de uno de estos propietarios, Martín Tovar , en tierras de su propiedad, al Oeste de Caracas.

Sin embargo, los gobiernos fueron tímidos en la adopción de medidas eficaces para favorecer estos propósitos; y, además, las condiciones sociales, económicas y políticas imperantes en el país durante esa época, constituyeron un serio obstáculo para el desarrollo de una política de inmigración y colonización agrícola acorde con esta necesidad. Durante el período de 1830 a 1936, el número de inmigrantes por año no llegó a 1000, es decir, el aporte de la inmigración fue muy pequeño para que pudiera tener efectos significativos en el Crecimiento de la población ni en las condiciones económicas y sociales del país.

El crecimiento de la población de Venezuela siguió siendo muy lento. Cien años después, en 1936 era todavía de tres millones y medio de habitantes. Se habían necesitado 100 años para que se cuadruplicara. En cambio, a partir de 1936 la población de Venezuela se ha cuadruplicado en sólo 40 años. La explicación está en el cambio de las condiciones económicas, sociales y políticas ocurridas en estos años de la Venezuela contemporánea. 

Aspecto Económico

 Al hacer click en este cuadro, podrás encontrar la "Evolución del Presupuesto Nacional entre 1830 y 1985 (Bs)".

La agricultura y la ganadería, cuyos productos eran la fuente principal del comercio exterior, se hallaban en completa ruina; y los ingresos fiscales, provenientes en su mayoría de las exportaciones de café, cacao, eran muy escasos para atender a los gastos de organización y administración de la República. Al igual que la agricultura, la ganadería presentaba también serios problemas y se encontraba en franca decadencia. De un rebaño de 5 000000 de cabezas en 1812, no quedaban más de 2 500 000 reses en 1831. Además el gobierno debía responder por las obligaciones que había Venezuela en el reparto de la deuda exterior de la Gran Colombia y por los préstamos exigidos a los particulares, todo lo cual montaba, en 1831, a más de 34 millones de pesos.

 

CONSECUENCIAS ECONÓMICAS POLÍTICO SOCIALES DEL CAUDILLISMO EN VENEZUELA
 
Como consecuencia de estos problemas económicos, la situación fiscal era igualmente difícil y la República, para organizar debidamente su aparato administrativo, debía reducir los gastos burocráticos; proteger la producción agropecuaria; establecer un sistema fiscal equilibrado; regular el comercio exterior e interior.

El Ministro de Hacienda, Santos Michelena , en su Memoria al Congreso de 1831, inicio del primer periodo constitucional:
"Al cabo de veinte años de sacrificios y de males, consecuencias de las guerras y de las revoluciones que han agitado a Colombia, no debe esperarse que sea próspera la situación fiscal de Venezuela. Durante ese largo período las Rentas Públicas, no obstante el establecimiento de multitud de impuestos, han sido insuficiente para cubrir la demanda contra el Tesoro; y como aquellas decrecían al paso que éstas aumentaban, el déficit que se ha ido acumulando de año en año, ha sido también creciente".
Desde 1830 a 1935, la economía de Venezuela descansaba su sobre la producción y exportación de los productos agrícolas especialmente en el café y cacao, tuvo una sociedad fundamentalmente rural, con una población escasa y de muy lento crecimiento como consecuencia de las guerras y de un elevado porcentaje de mortalidad, con determinadas clases sociales. Dentro de este período de la Venezuela agropecuaria ocurrió un acontecimiento que vino a cambiar la historia del país, para dar paso a otra nación, como lo fue la aparición del petróleo.
El petróleo se descubrió en Venezuela en la época de la dictadura de Juan Vicente Gómez . En 1911 comienza la primera y gran cacería petrolera en Venezuela.

La República de 1830, en lo que respecta a estructura social, no difería mayormente de la sociedad colonial. En este sentido puede considerársela como continuación estructural del periodo de la colonia, cuyo sistema económico no sufrió modificaciones fundamentales con la guerra de independencia. Continuó, pues, en la República el predominio de los terratenientes. La propiedad territorial siguió en manos de los antiguos propietarios blancos y sus descendientes, a los cuales se agregó, a partir de la guerra de independencia, un sector de caudillos militares que pasaron a ser también grandes propietarios. Después de 1830 siguió subsistiendo una sociedad heterogéneo, en la cual se mezclaban relaciones feudales de producción con relaciones esclavistas y formas incipientes de capitalismo. La oligarquía terrateniente monopolizaba la tierra y en algunos casos, era, además dueña de la mano de obra esclava. Los terratenientes en las haciendas esclavistas, concentraban la propiedad de todos los factores productivos. Fuera de las haciendas esclavistas, en los latifundios, los campesinos no poseían más que sus propios aperos y útiles de trabajo, pero estaban sometidos por los latifundistas, a quienes debían pagar rentas, en dinero o en especie, por trabajar la parcela que se les cedía dentro de la propiedad.
Los peones devengaban salarios miserables que les eran pagados en fichas con las cuales de los artículos de primera necesidad a los peones sobrepasaban en 200% los precios usuales en las poblaciones. Hasta 1913. los salarios de los peones en las haciendas oscilaban entre 2 y 3 bolívares diarios para los hombres y 1 y 1,50 para las mujeres.
Con tan bajos salarios los trabajadores se velan forzados a contraer deudas con los terratenientes a los cuales pedían créditos en dinero o en artículos de la bodega. Estas deudas tuvieron carácter hereditario. "Si el peón fallecía, su mujer y sus hijos y los pocos bienes familiares responden ante el amo del pasivo del jefe de familia".
Al terminar la guerra, la masa de soldados, en su totalidad de origen campesino, volvieron a sus lugares de origen; pero allí se encontraron sin hogar ni trabajo, frente a los antiguos propietarios que mantenían el mismo sistema de explotación a la población rural. Muchos de estos ex-soldados, impelidos por el malestar económico, constituían bandas armadas que "mataban las reses esparcidas en las sabanas, sin más objeto que apoderarse de los cueros y el sebo, para venderlos".
Esta situación predominante en los llanos, era consecuencia directa del malestar económico que agitaba a las masas rurales después de la guerra; y continuó siendo un elemento explosivo que con frecuencia dio origen a sublevaciones, levantamientos y guerras civiles durante todo el período de la Venezuela agropecuaria.
"No pocas veces los militares descontentos incorporaron bajo sus banderas a la famélica masa humana que vegeta en los latifundios o deambula aguerrillada por los llanos y serranías" (Federico Brito Figueroa. Ensayos de Historia Social de Venezuela).
“Diversas regiones del país se hallaban constantemente asoladas por bandoleros, algunos con la connivencia de las autoridades. Nadie se aventuraba por los caminos sin una buena escolta. Prácticamente no pasaba día sin que alguien fuese perseguido por revolucionario o conspirador”. (Antonio Arraiz. "El Nacional").
Desde 1830 los gobiernos dictaron severas medidas para castigar a los culpables de estos hechos. La "Ley sobre Conspiradores" de 1831 y la "Ley de Hurtos" de 1836, constituyeron los instrumentos de represión que aplicó el gobierno contra los jefes y participantes de estas bandas armadas. La mencionada Ley de Hurtos traía la siguiente disposición:
"Los capitanes o cabezas de gavillas que infesten ciudades o caminos sufrirán la pena del último suplicio, y los demás cómplices la de ciento cincuenta azotes distribuidos en tres porciones de quince en quince días y diez años de presidio. Para los hurtos de cien a quinientos pesos se impondrán al reo cincuenta azotes de dolor y dos años de trabajo en las obras públicas. De quinientos a mil pesos, el mismo número de azotes y cuatro años de trabajos forzados; y de mil pesos en adelante setenta y cinco azotes, con seis años de presidio".
Estos severos castigos, inspirados por los latifundistas, no alcanzaron nunca a los caudillos principales que conspiraron y se alzaron contra el gobierno, a los cuales, con harta frecuencia se les perdonaron sus intentonas y se les ofrecieron indultos y garantías. Pero sí se aplicaron a quienes promovieron la lucha contra el poder local y las propiedades de los latifundistas. Sin embargo, a pesar del rigor de estas leyes, continuó el malestar social y los alzamientos de las masas rurales como expresión de la lucha contra la oligarquía terrateniente.



El 18 de marzo de 1865 el congreso proclama a Falcón presidente constitucional de la República. Es electo en el marco de la democrática Constitución federal de 1864. Como designados se nombra a José Desiderio Trías y Antonio Guzmán Blanco. Al empobrecimiento general y a la caótica situación económica, se suma la desarticulación del país, cuadro que no es fácil de solucionar en un período presidencial. Para aumentar las dificultades, la misma Constitución introduce un ingrediente disociador: la facultad de los estados para reunirse –dos o más– y formar uno solo o separarse cuando lo consideren conveniente.
Los legisladores no tomaron en cuenta que el nuevo caudillaje se negaría a perder sus poderes territoriales, lo que causó muchos enfrentamientos e hizo inoperantes los objetivos de la norma constitucional. No obstante, los 20.000 pesos por situado constitucional apaciguaron las ambiciones de los caudillos.
La administración de Falcón batalla con una continua crisis político-constitucional, que muchas veces se expresa en forma bélica. En 1863 el mismo presidente sale a combatir. En Zulia dos caudillos regionales, los generales Venancio Pulgar y Jorge Sutherland, se disputan el poder. En Guayana, Juan Bautista Dalla-Costa da muestras de autonomía administrativa. José Eusebio Acosta invade Maturín y lo anexa a Cumaná. El gobierno de Margarita establece derechos de importación. Los estados Zamora (Barinas) y Portuguesa tienen problemas de integración.
En la práctica, la institucionalización del proyecto de Estado liberal no tiene dirección alguna. El presidente sólo permanece esporádicamente en Caracas, la sede del gobierno, y durante veinte meses viaja a Churuguara y otros pueblos de su estado natal, dejando el poder en manos de delegados. Este vacío pronto encontrará quien lo ocupe.Se conspira por todas partes.
Entre todos los que asedian el poder, el incansable José Tadeo Monagas, de 83 años, reúne a la mayoría de los descontentos y el 25 de junio de 1868 planta en la plaza mayor de Caracas la bandera azul del liberalismo disidente. La muerte del paladín oriental, el 18 de noviembre, desconcierta al militarismo y divide a los herederos de la hegemonía, Domingo, José Ruperto y José Gregorito.
 

INFOGRAFIA  

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