RAZONES CONTRA EL PROYECTO DE LEY DE "UNIONES CONCUBINARIAS"

 

El actual proyecto de ley de "uniones concubinarias" es una prueba, a su modo, de la importancia del matrimonio y la familia para la sociedad política. Es evidente que algo debe andar mal en las "uniones de hecho" cuando se ve la necesidad de asimilarlas más o menos completamente al matrimonio. El colmo de la importancia del matrimonio se observa en la urgencia que algunos sienten de asimilarle incluso las uniones homosexuales.

 

Ahora bien, contradice, precisamente, a esa importancia gigantesca del matrimonio y la familia, el hecho de querer equipararlos con las uniones concubinarias, y más aún, con las uniones homosexuales. Es injusto hacer partícipes a los concubinos de algunas de las ventajas que poseen los casados. Es injusto, porque los casados asumen ante la sociedad las responsabilidades del caso, y los concubinos, por definición, no.

 

Donde sí se ve que el proyecto de ley en discusión toma como modelo algo distinto del ideal tradicional acerca del matrimonio y la familia, es en la consagración práctica que pretende realizar de la poligamia en la sociedad uruguaya. Se puede formalizar varias uniones concubinarias la vez, o a la vez estar legalmente casado y legalmente en concubinato, obvio que con personas diferentes.
 
Con todo el respeto que nos merecen otras culturas, hay que reconocer que la poligamia es una forma bastante inferior e imperfecta de organización familiar y social, que felizmente la nuestra había superado hace ya tiempo. Incluso en su forma propiamente poligámica (un varón, varias mujeres), que por otra parte es la más frecuente, comporta sin duda un elemento de injusticia para con la mujer, que es raro no haya sido notado en estos tiempos de feminismo.  

 

Alguien podrá decir que eso de "formalizar uniones concubinarias" es un contrasentido. En efecto, lo es. El concubino, por definición, es aquel que no quiere formalizar. Pero esto es lo dicho arriba: evidentemente el concubinato es percibido como muy negativo, hasta el punto de querer aliviar sus efectos nocivos mediante esta ley. Sin embargo, lo que se consigue es perjudicar al matrimonio y la familia, y con ello, a toda la sociedad uruguaya.


Por si cabe duda de lo último, recuérdese que el proyecto de ley propone que cese la obligación de fidelidad en los matrimonios "si no viven de consuno". Uno se pregunta qué tiene que hacer una norma sobre el matrimonio en un texto sobre uniones concubinarias. Pero la razón, tal vez, es que si un casado, a tenor de este proyecto de ley, regulariza a su vez su relación concubinaria con otra persona, estaría incurriendo legalmente en delito de infidelidad, a no ser por dicho cese de la obligación de fidelidad matrimonial. O sea que es falso que reconocer derechos al concubinato no atente contra el matrimonio y la familia basada en el matrimonio.

 

De todos modos, si ésa es la finalidad de dicho artículo, ¿qué pasa cuando el matrimonio sigue viviendo "de consuno", a pesar de la legalización del concubinato de uno de sus miembros con otra persona? ¿Ahí sí se está incurriendo legalmente en delito de infidelidad?

 

Respecto de la legalización de uniones homosexuales, en el informe de la Comisión del Senado sobre este proyecto de ley se dice que es sólo un primer paso, imperfecto e incompleto, en el reconocimiento de los derechos de las parejas homosexuales. O sea, que se lo ve como un primer paso hacia el "matrimonio homosexual", y luego, la posibilidad de adoptar niños. Son obvias las múltiples objeciones que se pueden poner a esta tesis, por ejemplo, desde el punto de vista del sano crecimiento psíquico y emocional de los niños y adolescentes que necesitan el complemento de la   figura paterna y materna para su desarrollo personal. 

 

Por todas estas razones, es necesario votar en contra de este proyecto en su totalidad. Al hacerlo así, se estará trabajando por el bien de la sociedad uruguaya, presente y futura.

 

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