9 
El duelo a medianoche 
Harry nunca haba credo que pudiera existir un chico al que detestara ms que a Dudley, pero eso era antes de haber conocido a Draco 
Malfoy. Sin embargo, los de primer ao de Gryffindor slo compartan con los de Slytherin la clase de Pociones, as que no tena que 
encontrarse mucho con l. O, al menos, as era hasta que apareci una noticia en la sala co-mn de Gryffindor; que los hizo protestar a 
todos. Las leccio-nes de vuelo comenzaran el jueves... y Gryffindor y Slytherin aprenderan juntos. 
Perfecto dijo en tono sombro Harry. Justo lo que siempre he deseado. Hacer el ridculo sobre una escoba de-lante de Malfoy. 
Deseaba aprender a volar ms que ninguna otra cosa. 
No sabes an si vas a hacer un papeln dijo razo-nablemente Ron. De todos modos, s que Malfoy siempre habla de lo bueno 
que es en quidditch, pero seguro que es pura palabrera. 
La verdad es que Malfoy hablaba mucho sobre volar. Se quejaba en voz alta porque los de primer ao nunca estaban en los equipos de  
quidditch y contaba largas y jactanciosas historias, que siempre acababan con l escapando de helicp-teros pilotados por  muggles. 
Pero no era el nico: por la for-ma de hablar de Seamus Finnigan, pareca que haba pasado toda la infancia volando por el campo con 
su escoba. Hasta Ron poda contar a quien quisiera orlo que una vez casi ha-ba chocado contra un planeador con la vieja escoba de 
Char-les. Todos los que procedan de familias de magos hablaban constantemente de  quidditch. Ron ya haba tenido una gran discusin 
con Dean Thomas, que comparta el dormitorio con ellos, sobre ftbol. Ron no poda ver qu tena de excitante un juego con una sola 
pelota, donde nadie poda volar. Harry haba descubierto a Ron tratando de animar un cartel de Dean en que apareca el equipo de ftbol 
de West Ham, para hacer que los jugadores se movieran. 
Neville no haba tenido una escoba en toda su vida, por-que su abuela no se lo permita. Harry pens que ella haba actuado 
correctamente, dado que Neville se las ingeniaba para tener un nmero extraordinario de accidentes, incluso con los dos pies en tierra. 
Hermione Granger estaba casi tan nerviosa como Neville con el tema del vuelo. Eso era algo que no se poda apren-der de memoria en 
los libros, aunque lo haba intentado. En el desayuno del jueves, aburri a todos con estpidas notas sobre el vuelo que haba 
encontrado en un libro de la bibliote-ca, llamado  Quidditch a travs de los tiempos . Neville estaba pendiente de cada palabra, 
desesperado por encontrar algo que lo ayudara ms tarde con su escoba, pero todos los dems se alegraron mucho cuando la lectura 
de Hermione fue inte-rrumpida por la llegada del correo. 
Harry no haba recibido una sola carta desde la nota de Hagrid, algo que Malfoy ya haba notado, por supuesto. La le-chuza de Malfoy 
siempre le llevaba de su casa paquetes con golosinas, que el muchacho abra con perversa satisfaccin en la mesa de Slytherin. 
Un lechuzn entreg a Neville un paquetito de parte de su abuela. Lo abri excitado y les ense una bola de cristal, del tamao de una 
gran canica, que pareca llena de humo blanco. 
Es una Recordadora! explic. La abuela sabe que olvido cosas y esto te dice si hay algo que te has olvidado de hacer. Mirad, 
uno la sujeta as, con fuerza, y si se vuelve roja... oh... se puso plido, porque la Recordadora sbitamente se ti de un brillo 
escarlata... es que has olvidado algo... 
Neville estaba tratando de recordar qu era lo que haba olvidado, cuando Draco Malfoy que pasaba al lado de la mesa de Gryffindor; le 
quit la Recordadora de las manos. 
Harry y Ron saltaron de sus asientos. En realidad, desea-ban tener un motivo para pelearse con Malfoy, pero la profe-sora McGonagall, 
que detectaba problemas ms rpido que ningn otro profesor del colegio, ya estaba all. 
Qu sucede? 
Malfoy me ha quitado mi Recordadora, profesora. 
Con aire ceudo, Malfoy dej rpidamente la Recordado-ra sobre la mesa. 
Slo la miraba dijo, y se alej, seguido por Crabbe y Goyle. 
Aquella tarde, a las tres y media, Harry, Ron y los otros Gryffindors bajaron corriendo los escalones delanteros, ha-cia el parque, para 
asistir a su primera clase de vuelo. Era un da claro y ventoso. La hierba se agitaba bajo sus pies mientras marchaban por el terreno 
inclinado en direccin a un prado que estaba al otro lado del bosque prohibido, cuyos rboles se agitaban tenebrosamente en la 
distancia. 
Los Slytherins ya estaban all, y tambin las veinte esco-bas, cuidadosamente alineadas en el suelo. Harry haba odo a Fred y a George 
Weasley quejarse de las escobas del cole-gio, diciendo que algunas comenzaban a vibrar si uno volaba muy alto, o que siempre volaban 
ligeramente torcidas hacia la izquierda. 
Entonces lleg la profesora, la seora Hooch. Era baja, de pelo canoso y ojos amarillos como los de un halcn. 
Bueno qu estis esperando? bram. Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rpido. 
Harry mir su escoba. Era vieja y algunas de las ramitas de paja sobresalan formando ngulos extraos. 
Extended la mano derecha sobre la escoba les indic la seora Hooch y decid arriba. 
ARRIBA! gritaron todos. 
La escoba de Harry salt de inmediato en sus manos, pero fue uno de los pocos que lo consigui. La de Hermione Granger no hizo ms 
que rodar por el suelo y la de Neville no se movi en absoluto. A lo mejor las escobas saben, como los caballos, cundo tienes 
miedo, pens Harry, y haba un tem-blor en la voz de Neville que indicaba, demasiado claramen-te, que deseaba mantener sus pies en 
la tierra. 
Luego, la seora Hooch les ense cmo montarse en la escoba, sin deslizarse hasta la punta, y recorri la fila, corri-gindoles la forma 
de sujetarla. Harry y Ron se alegraron muchsimo cuando la profesora dijo a Malfoy que lo haba es-tado haciendo mal durante todos 
esos aos. 
Ahora, cuando haga sonar mi silbato, dais una fuerte patada dijo la seora Hooch. Mantened las escobas fir-mes, elevaos un 
metro o dos y luego bajad inclinndoos sua-vemente. Preparados... tres... dos... 
Pero Neville, nervioso y temeroso de quedarse en tierra, dio la patada antes de que sonara el silbato. 
Vuelve, muchacho! grit, pero Neville suba en l-nea recta, como el corcho de una botella... Cuatro metros... seis metros... Harry le 
vio la cara plida y asustada, mirando hacia el terreno que se alejaba, lo vio jadear; deslizarse hacia un lado de la escoba y.. BUM... Un ruido horrible y Neville qued tirado en la hierba. Su escoba segua subiendo, cada vez ms alto, hasta que comenz a torcer 
hacia el bosque prohibido y desapareci de la vista. 
La seora Hooch se inclin sobre Neville, con el rostro tan blanco como el del chico. 
La mueca fracturada la oy murmurar Harry. Vamos, muchacho... Est bien... A levantarse. 
Se volvi hacia el resto de la clase. 
No debis moveros mientras llevo a este chico a la en-fermera. Dejad las escobas donde estn o estaris fuera de Hogwarts ms 
rpido de lo que tardis en decir  quidditch. Vamos, hijo. 
Neville, con la cara surcada de lgrimas y agarrndose la mueca, cojeaba al lado de la seora Hooch, que lo sostena. 
Casi antes de que pudieran marcharse, Malfoy ya se es-taba riendo a carcajadas. 
Habis visto la cara de ese gran zoquete? 
Los otros Slytherins le hicieron coro. 
Cierra la boca, Malfoy! dijo Parvati Patil en tono cor-tante. 
Oh, ests enamorada de Longbottom? dijo Pansy Parkinson, una chica de Slytherin de rostro duro. Nunca pens que te podan 
gustar los gorditos llorones, Parvati. 
Mirad! dijo Malfoy, agachndose y recogiendo algo de la hierba. Es esa cosa estpida que le mand la abuela a Longbottom. 
La Recordadora brillaba al sol cuando la cogi. 
Trae eso aqu, Malfoy dijo Harry con calma. Todos dejaron de hablar para observarlos. 
Malfoy sonri con malignidad. 
Creo que voy a dejarla en algn sitio para que Longbottom la busque... Qu os parece... en la copa de un rbol? 
Trela aqu! rugi Harry, pero Malfoy haba subido a su escoba y se alejaba. No haba mentido, saba volar. Des-de las ramas ms 
altas de un roble lo llam: 
Ven a buscarla, Potter! 
Harry cogi su escoba. 
No! grit Hermione Granger. La seora Hooch dijo que no nos moviramos. Nos vas a meter en un lo. 
Harry no le hizo caso. Le ardan las orejas. Se mont en su escoba, peg una fuerte patada y subi. El aire agitaba su pelo y su tnica, 
silbando tras l y, en un relmpago de feroz alegra, se dio cuenta de que haba descubierto algo que po-da hacer sin que se lo 
ensearan. Era fcil, era maravilloso. Empuj su escoba un poquito ms, para volar ms alto, y oy los gritos y gemidos de las chicas 
que lo miraban desde abajo, y una exclamacin admirada de Ron. 
Dirigi su escoba para enfrentarse a Malfoy en el aire. ste lo mir asombrado. 
Djala grit Harry o te bajar de esa escoba! 
Ah, s? dijo Malfoy, tratando de burlarse, pero con tono preocupado. 
Harry saba, de alguna manera, lo que tena que hacer. Se inclin hacia delante, cogi la escoba con las dos manos y se lanz sobre 
Malfoy como una jabalina. Malfoy pudo apartarse justo a tiempo, Harry dio la vuelta y mantuvo fir-me la escoba. Abajo, algunos 
aplaudan. 
Aqu no estn Crabbe y Goyle para salvarte, Malfoy exclam Harry 
Pareca que Malfoy tambin lo haba pensado. 
Atrpala si puedes, entonces! grit. Gir la bola de cristal hacia arriba y baj a tierra con su escoba. 
Harry vio, como si fuera a cmara lenta, que la bola se elevaba en el aire y luego comenzaba a caer. Se inclin hacia delante y apunt el 
mango de la escoba hacia abajo. Al mo-mento siguiente, estaba ganando velocidad en la cada, per-siguiendo a la bola, con el viento 
silbando en sus orejas mez-clndose con los gritos de los que miraban. Extendi la mano y, a unos metros del suelo, la atrap, justo a 
tiempo para en-derezar su escoba y descender suavemente sobre la hierba, con la Recordadora a salvo. 
HARRY POTTER! 
Su corazn lati ms rpido que nunca. La profesora McGonagall corra hacia ellos. Se puso de pie, temblando. 
Nunca... en todo mis aos en Hogwarts... 
La profesora McGonagall estaba casi muda de la impre-sin, y sus gafas centelleaban de furia. 
Cmo te has atrevido...? Has podido romperte el cuello... 
No fue culpa de l, profesora... 
Silencio, Parvati. 
Pero Malfoy.. 
Ya es suficiente, Weasley. Harry Potter, ven conmigo. 
En aquel momento, Harry pudo ver el aire triunfal de Malfoy, Crabbe y Goyle, mientras andaba inseguro tras la profesora McGonagall, de 
vuelta al castillo. Lo iban a expul-sar; lo saba. Quera decir algo para defenderse, pero no po-da controlar su voz. La profesora 
McGonagall andaba muy rpido, sin siquiera mirarlo. Tena que correr para alcanzar-la. Esta vez s que lo haba hecho. No haba durado 
ni dos se-manas. En diez minutos estara haciendo su maleta. Qu diran los Dursley cuando lo vieran llegar a la puerta de su casa? 
Subieron por los peldaos delanteros y despus por la escalera de mrmol. La profesora McGonagall segua sin hablar. Abra puertas y 
andaba por los pasillos, con Harry corriendo tristemente tras ella. Tal vez lo llevaba ante Dumbledore. Pens en Hagrid, expulsado, pero 
con permiso para quedarse como guardabosque. Quiz podra ser el ayudante de Hagrid. Se le revolvi el estmago al imaginarse 
obser-vando a Ron y los otros convirtindose en magos, mientras l andaba por ah, llevando la bolsa de Hagrid. 
La profesora McGonagall se detuvo ante un aula. Abri la puerta y asom la cabeza. 
Disclpeme, profesor Flitwick. Puedo llevarme a Wood un momento? 
Wood? pens Harry aterrado. Wood sera el en-cargado de aplicar los castigos fsicos? 
Pero Wood era slo un muchacho corpulento de quinto ao, que sali de la clase de Flitwick con aire confundido. 
Seguidme los dos dijo la profesora McGonagall. Avanzaron por el pasillo, Wood mirando a Harry con curio-sidad. 
Aqu. 
La profesora McGonagall seal un aula en la que slo estaba Peeves, ocupado en escribir groseras en la pizarra. 
Fuera, Peeves! dijo con ira la profesora. 
Peeves tir la tiza en un cubo y se march maldiciendo. La profesora McGonagall cerr la puerta y se volvi para en-cararse con los 
muchachos. 
Potter, ste es Oliver Wood. Wood, te he encontrado un buscador. 
La expresin de intriga de Wood se convirti en deleite.
Est segura, profesora? 
Totalmente dijo la profesora con vigor. Este chico tiene un talento natural. Nunca vi nada parecido. sta ha sido tu primera vez 
con la escoba, Potter? 
Harry asinti con la cabeza en silencio. No tena una ex-plicacin para lo que estaba sucediendo, pero le pareca que no lo iban a 
expulsar y comenzaba a sentirse ms seguro. 
Atrap esa cosa con la mano, despus de un vuelo de quince metros explic la profesora a Wood. Ni un rasgu-o. Charlie 
Weasley no lo habra hecho mejor. 
Wood pareca pensar que todos sus sueos se haban he-cho realidad. 
Alguna vez has visto un partido de  quidditch, Potter? pregunt excitado. 
Wood es el capitn del equipo de Gryffindor aclar la profesora McGonagall. 
Y tiene el cuerpo indicado para ser buscador dijo Wood, paseando alrededor de Harry y observndolo con atencin. Ligero, 
veloz... Vamos a tener que darle una es-coba decente, profesora, una Nimbus 2.000 o una Cleans-weep 7. 
Hablar con el profesor Dumbledore para ver si pode-mos suspender la regla del primer ao. Los cielos saben que necesitamos un 
equipo mejor que el del ao pasado. Fuimos aplastados por Slytherin en ese ltimo partido. No pude mi-rar a la cara a Severus Snape 
en vanas semanas... 
La profesora McGonagall observ con severidad a Harry, por encima de sus gafas. 
Quiero or que te entrenas mucho, Potter, o cambiar de idea sobre tu castigo. 
Luego, sbitamente, sonri. 
Tu padre habra estado orgulloso dijo. Era un ex-celente jugador de  quidditch. 
Es una broma. 
Era la hora de la cena. Harry haba terminado de contar-le a Ron todo lo sucedido cuando dej el parque con la profe-sora McGonagall. 
Ron tena un trozo de carne y pastel de ri-n en el tenedor; pero se olvid de llevrselo a la boca. 
Buscador? dijo. Pero los de primer ao nunca... Seras el jugador ms joven en... 
Un siglo termin Harry, metindose un trozo de pas-tel en la boca. Tena muchsima hambre despus de toda la excitacin de la 
tarde. Wood me lo dijo. 
Ron estaba tan sorprendido e impresionado que se que-d mirndolo boquiabierto. 
Tengo que empezar a entrenarme la semana que viene dijo Harry. Pero no se lo digas a nadie, Wood quiere mantenerlo en 
secreto. 
Fred y George Weasley aparecieron en el comedor; vie-ron a Harry y se acercaron rpidamente. 
Bien hecho dijo George en voz baja. Wood nos lo cont. Nosotros tambin estamos en el equipo. Somos gol-peadores. 
Te lo aseguro, vamos a ganar la copa de  quidditch este curso dijo Fred. No la ganamos desde que Charlie se fue, pero el equipo 
de este ao ser muy bueno. Tienes que hacer-lo bien, Harry. Wood casi saltaba cuando nos lo cont. 
Bueno, tenemos que irnos. Lee Jordan cree que ha descubierto un nuevo pasadizo secreto, fuera del colegio. 
Seguro que es el que hay detrs de la estatua de Gre-gory Smarmy, que nosotros encontramos en nuestra prime-ra semana. 
Fred y George acababan de desaparecer, cuando se pre-sentaron unos visitantes mucho menos agradables. Malfoy, flanqueado por 
Crabbe y Goyle. 
Comiendo la ltima cena, Potter? Cundo coges el tren para volver con los  muggles? 
Eres mucho ms valiente ahora que has vuelto a tie-rra firme y tienes a tus amiguitos dijo framente Harry. Por supuesto que en 
Crabbe y Goyle no haba nada que justificara el diminutivo, pero como la Mesa Alta estaba llena de profesores, no podan hacer ms que 
crujir los nudillos y mi-rarlo con el ceo fruncido. 
Nos veremos cuando quieras dijo Malfoy. Esta no-che, si quieres. Un duelo de magos. Slo varitas, nada de con-tacto. Qu 
pasa? Nunca has odo hablar de duelos de magos, verdad? 
Por supuesto que s dijo Ron, interviniendo. Yo soy su segundo. Cul es el tuyo? 
Malfoy mir a Crabbe y Goyle, valorndolos. 
Crabbe respondi. A medianoche, de acuerdo? Nos encontraremos en el saln de los trofeos, nunca se cierra con llave. 
Cuando Malfoy se fue, Ron y Harry se miraron. 
Qu es un duelo de magos? pregunt Harry. Y qu quiere decir que seas mi segundo? 
Bueno, un segundo es el que se hace cargo, si te matan dijo Ron sin darle importancia. Al ver la expresin de Harry, aadi 
rpidamente: Pero la gente slo muere en los duelos reales, ya sabes, con magos de verdad. Lo mximo que podis hacer Malfoy y 
t es mandaros chispas uno al otro. Ninguno sabe suficiente magia para hacer verdadero dao. De todos modos, seguro que l esperaba 
que te negaras. 
Y si levanto mi varita y no sucede nada? 
La tiras y le das un puetazo en la nariz le sugiri Ron. 
Disculpad. 
Los dos miraron. Era Hermione Granger. 
No se puede comer en paz en este lugar? dijo Ron. 
Hermione no le hizo caso y se dirigi a Harry 
No pude dejar de or lo que t y Malfoy estabais di-ciendo... 
No esperaba otra cosa murmur Ron. 
... y no debes andar por el colegio de noche. Piensa en los puntos que perders para Gryffindor si te atrapan, y lo harn. La verdad es 
que es muy egosta de tu parte. 
Y la verdad es que no es asunto tuyo respondi Harry. 
Adis aadi Ron. 
De todos modos, pens Harry, aquello no era lo que llamara un perfecto final para el da. Estaba acostado, despierto, oyendo dormir a 
Seamus y a Dean (Neville no haba regresado de la enfermera). Ron haba pasado toda la velada dn-dole consejos del tipo de: Si trata 
de maldecirte, ser mejor que te escapes, porque no recuerdo cmo se hace para parar-lo. Tenan grandes probabilidades de que los atraparan Filch o la  Seora Norris , y Harry sinti que estaba abusando de su suerte al transgredir otra regla del colegio en un mis-mo 
da. Por otra parte, el rostro burln de Malfoy se le apa-reca en la oscuridad, y aqulla era la gran oportunidad de vencerlo frente a frente. 
No poda perderla. 
Once y media murmur finalmente Ron. Mejor nos vamos ya. 
Se pusieron las batas, cogieron sus varitas y se lanzaron a travs del dormitorio de la torre. Bajaron la escalera de ca-racol y entraron en 
la sala comn de Gryffindor. Todava bri-llaban algunas brasas en la chimenea, haciendo que todos los sillones parecieran sombras 
negras. Ya casi haban llega-do al retrato, cuando una voz habl desde un silln cercano. 
No puedo creer que vayas a hacer esto, Harry. 
Una luz brill. Era Hermione Granger; con el rostro ce-udo y una bata rosada. 
Tu! dijo Ron furioso. Vuelve a la cama! 
Estuve a punto de decrselo a tu hermano contest enfadada Hermione. Percy es el prefecto y puede deteneros. 
Harry no poda creer que alguien fuera tan entrometido. 
Vamos dijo a Ron. Empuj el retrato de la Dama Gorda y se meti por el agujero. 
Hermione no iba a rendirse tan fcilmente. Sigui a Ron a travs del agujero, gruendo como una gansa enfadada. 
No os importa Gryffindor; verdad? Slo os importa lo vuestro. Yo no quiero que Slytherin gane la copa de las casas y vosotros vais a 
perder todos los puntos que yo consegu de la profesora McGonagall por conocer los encantamientos para cambios. 
Vete. 
Muy bien, pero os he avisado. Recordad todo lo que os he dicho cuando estis en el tren volviendo a casa maana. Sois tan... 
Pero lo que eran no lo supieron. Hermione haba retroce-dido hasta el retrato de la Dama Gorda, para volver; y descu-bri que la tela 
estaba vaca. La Dama Gorda se haba ido a una visita nocturna y Hermione estaba encerrada, fuera de la torre de Gryffindor. 
Y ahora qu voy a hacer? pregunt con tono agudo. 
se es tu problema dijo Ron. Nosotros tenemos que irnos o llegaremos tarde. 
No haban llegado al final del pasillo cuando Hermione los alcanz. 
Voy con vosotros dijo. 
No lo hars. 
No creeris que me voy a quedar aqu, esperando a que Filch me atrape? Si nos encuentra a los tres, yo le dir la verdad, que 
estaba tratando de deteneros, y vosotros me apo-yaris. 
Eres una caradura dijo Ron en voz alta. 
Callaos los dos dijo Harry en tono cortante. He odo algo. 
Era una especie de respiracin. 
La Seora Norris ? resopl Ron, tratando de ver en la oscuridad. 
No era la Seora Norris . Era Neville. Estaba enroscado en el suelo, medio dormido, pero se despert sbitamente al orlos. 
Gracias a Dios que me habis encontrado! Hace horas que estoy aqu. No poda recordar el nuevo santo y sea para irme a la cama. 
No hables tan alto, Neville. El santo y sea es hocico de cerdo, pero ahora no te servir, porque la Dama Gorda se ha ido no s 
dnde. 
Cmo est tu mueca? pregunt Harry 
Bien contest, ensendosela. La seora Pomfrey me la arregl en un minuto. 
Bueno, mira, Neville, tenemos que ir a otro sitio. Nos veremos ms tarde... 
No me dejis! dijo Neville, tambalandose. No quiero quedarme aqu solo. El Barn Sanguinario ya ha pa-sado dos veces. 
Ron mir su reloj y luego ech una mirada furiosa a Her-mione y Neville. 
Si nos atrapan por vuestra culpa, no descansar hasta aprender esa Maldicin de los Demonios, de la que nos habl Quirrell, y la 
utilizar contra vosotros. 
Hermione abri la boca, tal vez para decir a Ron cmo utilizar la Maldicin de los Demonios, pero Harry susurr que se callara y les hizo 
seas para que avanzaran. 
Se deslizaron por pasillos iluminados por el claro de luna, que entraba por los altos ventanales. En cada esquina, Harry esperaba chocar 
con Filch o la Seora Norris , pero tuvieron suerte. Subieron rpidamente por una escalera hasta el ter-cer piso y entraron de puntillas en 
el saln de los trofeos. 
Malfoy y Crabbe todava no haban llegado. Las vitrinas con trofeos brillaban cuando las iluminaba la luz de la luna. Copas, escudos, 
bandejas y estatuas, oro y plata reluciendo en la oscuridad. Fueron bordeando las paredes, vigilando las puertas en cada extremo del 
saln. Harry empu su varita, por si Malfoy apareca de golpe. Los minutos pasaban. 
Se est retrasando, tal vez se ha acobardado susu-rr Ron. 
Entonces un ruido en la habitacin de al lado los hizo saltar. Harry ya haba levantado su varita cuando oyeron unas voces. No era 
Malfoy. 
Olfatea por ah, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincn. 
Era Filch, hablando con la  Seora Norris . Aterrorizado, Harry gesticul salvajemente para que los dems lo siguie-ran lo ms rpido 
posible. Se escurrieron silenciosamente hacia la puerta ms alejada de la voz de Filch. Neville acaba-ba de pasar, cuando oyeron que 
Filch entraba en el saln de los trofeos. 
Tienen que estar en algn lado lo oyeron murmu-rar. Probablemente se han escondido. 
Por aqu! seal Harry a los otros y, aterrados, co-menzaron a atravesar una larga galera, llena de armadu-ras. Podan or los 
pasos de Filch, acercndose a ellos. Sbi-tamente, Neville dej escapar un chillido de miedo y empez a correr, tropez, se aferr a la 
mueca de Ron y se golpearon contra una armadura. 
Los ruidos eran suficientes para despertar a todo el castillo. 
CORRED! exclam Harry, y los cuatro se lanzaron por la galera, sin darse la vuelta para ver si Filch los segua. Pasaron por el 
quicio de la puerta y corrieron de un pasillo a otro, Harry delante, sin tener ni idea de dnde estaban o adn-de iban. Se metieron a 
travs de un tapiz y se encontraron en un pasadizo oculto, lo siguieron y llegaron cerca del aula de Encantamientos, que saban que 
estaba a kilmetros del sa-ln de trofeos. 
Creo que lo hemos despistado dijo Harry, apoyndo-se contra la pared fra y secndose la frente. Neville estaba doblado en dos, 
respirando con dificultad. 
Te... lo... dije aadi Hermione, apretndose el pe-cho. Te... lo... dije. 
Tenemos que regresar a la torre Gryffindor dijo Ron lo ms rpido posible.
Malfoy te enga dijo Hermione a Harry. Te has dado cuenta, no? No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch saba que iba a 
haber gente en el saln de los trofeos. Malfoy debi de avisarle. 
Harry pens que probablemente tena razn, pero no iba a decrselo. 
Vamos. 
No sera tan sencillo. No haban dado ms de una docena de pasos, cuando se movi un pestillo y alguien sali de un aula que estaba 
frente a ellos. 
Era Peeves. Los vio y dej escapar un grito de alegra. 
Cllate, Peeves, por favor... Nos vas a delatar. 
Peeves cacare. 
Vagabundeando a medianoche, novatos? No, no, no. Malitos, malitos, os agarrarn del cuellecito. 
No, si no nos delatas, Peeves, por favor. 
Debo decrselo a Filch, debo hacerlo dijo Peeves, con voz de santurrn, pero sus ojos brillaban malvolamente. Es por vuestro 
bien, ya lo sabis. 
Qutate de en medio orden Ron, y le dio un golpe a Peeves. Aquello fue un gran error. 
ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! grit Peeves. ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS 
ENCANTAMIENTOS! 
Pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta... 
que estaba cerrada. 
Estamos listos! gimi Ron, mientras empujaban intilmente la puerta. Esto es el final! 
Podan or las pisadas: Filch corra lo ms rpido que poda hacia el lugar de donde procedan los gritos de Peeves. 
Oh, muvete orden Hermione. Cogi la varita de Harry, golpe la cerradura y susurr:  Alohomora! 
El pestillo hizo un clic y la puerta se abri. Pasaron todos, la cerraron rpidamente y se quedaron escuchando. 
Adnde han ido, Peeves? deca Filch. Rpido, dmelo. 
Di por favor. 
No me fastidies, Peeves. Dime adnde fueron. 
No dir nada si me lo pides por favor dijo Peeves, con su molesta vocecita. 
Muy bien... por favor . 
NADA! Ja, ja. Te dije que no te dira nada si me lo pedas por favor. Ja, ja!    Y oyeron a Peeves alejndose y a Filch maldiciendo 
enfurecido. 
l cree que esta puerta est cerrada susurro Harry. Creo que nos vamos a escapar. Sultame, Neville! Porque Neville le tiraba 
de la manga desde hacia un minuto. Qu pasa? 
Harry se dio la vuelta y vio, claramente, lo que pasaba. Durante un momento, pens que estaba en una pesadilla: aquello era 
demasiado, despus de todo lo que haba suce-dido. 
No estaban en una habitacin, como l haba pensado. Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso. Y ya saban por qu estaba 
prohibido. 
Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tena 
tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en direccin a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los 
amarillentos colmillos. 
Estaba casi inmvil, con los seis ojos fijos en ellos, y Harry supo que la nica razn por la que no los haba matado ya era porque la 
sbita aparicin lo haba cogido por sorpresa. Pero se recuperaba rpidamente: sus profundos gruidos eran in-confundibles. 
Harry abri la puerta. Entre Filch y la muerte, prefera a Filch. 
Retrocedieron y Harry cerr la puerta tras ellos. Corrie-ron, casi volaron por el pasillo. Filch deba de haber ido a buscarlos a otro lado, 
porque no lo vieron. Pero no les impor-taba: lo nico que queran era alejarse del monstruo. No de-jaron de correr hasta que alcanzaron 
el retrato de la Dama Gorda en el sptimo piso. 
Dnde os habais metido? les pregunt, mirando sus rostros sudorosos y rojos y sus batas desabrochadas, col-gando de sus 
hombros. 
No importa... Hocico de cerdo, hocico de cerdo jade Harry, y el retrato se movi para dejarlos pasar. Se atropella-ron para entrar en 
la sala comn y se desplomaron en los si-llones. 
Pas un rato antes de que nadie hablara. Neville, por otra parte, pareca que nunca ms podra decir una palabra. 
Qu pretenden, teniendo una cosa as encerrada en el colegio? dijo finalmente Ron. Si algn perro necesita ejercicio, es se. 
Hermione haba recuperado el aliento y el mal carcter. 
Es que no tenis ojos en la cara? dijo enfadada. No visteis lo que haba debajo de l? 
El suelo? sugiri Harry. No mir sus patas, esta-ba demasiado ocupado observando sus cabezas. 
No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que est vigilando algo. 
Se puso de pie, mirndolos indignada. 
Espero que estis satisfechos. Nos poda haber mata-do. O peor, expulsado. Ahora, si no os importa, me voy a la cama. 
Ron la contempl boquiabierto. 
No, no nos importa dijo Nosotros no la hemos arrastrado, no? 
Pero Hermione le haba dado a Harry algo ms para pensar, mientras se meta en la cama. El perro vigilaba algo... Qu haba dicho 
Hagrid? Gringotts era el lugar ms seguro del mundo para cualquier cosa que uno quisiera ocul-tar... excepto tal vez Hogwarts. 
Pareca que Harry haba descubierto dnde estaba el pa-quetito arrugado de la cmara setecientos trece. 
10 
Halloween 
Malfoy no poda creer lo que vean sus ojos, cuando vio que Harry y Ron todava estaban en Hogwarts al da siguiente, con aspecto cansado pero muy alegres. En realidad, por la maana Harry y Ron pensaron que el encuentro con el perro de tres cabezas haba sido 
una excelente aventura, y ya esta-ban preparados para tener otra. Mientras tanto, Harry le habl a Ron del paquete que haba sido 
llevado de Gringotts a Hogwarts, y pasaron largo rato preguntndose qu poda ser aquello para necesitar una proteccin as. 
Es algo muy valioso, o muy peligroso dijo Ron. 
O las dos cosas opin Harry 
Pero como lo nico que saban con seguridad del miste-rioso objeto era que tena unos cinco centmetros de largo, no tenan muchas 
posibilidades de adivinarlo sin otras pistas. 
Ni Neville ni Hermione demostraron el menor inters en lo que haba debajo del perro y la trampilla. Lo nico que le importaba a Neville 
era no volver a acercarse nunca ms al animal. 
Hermione se negaba a hablar con Harry y Ron, pero como era una sabihonda mandona, los chicos lo consideraron como un premio. Lo 
que realmente deseaban en aquel mo-mento era poder vengarse de Malfoy y, para su gran satisfac-cin, la posibilidad lleg una semana 
ms tarde, por correo. 
Mientras las lechuzas volaban por el Gran Comedor, como de costumbre, la atencin de todos se fij de inmediato en un paquete largo y 
delgado, que llevaban seis lechuzas blancas. Harry estaba tan interesado como los dems en ver qu contena, y se sorprendi mucho 
cuando las lechuzas ba-jaron y dejaron el paquete frente a l, tirando al suelo su toci-no. Se estaban alejando, cuando otra lechuza dej 
caer una carta sobre el paquete. 
Harry abri el sobre para leer primero la carta y fue una suerte, porque deca: 
NO ABRAS EL PAQUETE EN LA MESA Contiene tu nue-va Nimbus 2.000, pero no quiero que todos sepan que te han comprado una 
escoba, porque tambin querrn una. Oliver Wood te esperar esta noche en el campo de  quidditch a las siete, para tu primera se-sin 
de entrenamiento. 
Profesora McGonagall 
Harry tuvo dificultades para ocultar su alegra, mien-tras le alcanzaba la nota a Ron. 
Una Nimbus 2.000! gimi Ron con envidia. Yo nunca he tocado ninguna. 
Salieron rpidamente del comedor para abrir el paquete en privado, antes de la primera clase, pero a mitad de camino se encontraron 
con Crabbe y Goyle, que les cerraban el cami-no. Malfoy le quit el paquete a Harry y lo examin. 
Es una escoba dijo, devolvindoselo bruscamente, con una mezcla de celos y rencor en su cara. Esta vez lo has hecho, Potter. 
Los de primer ao no tienen permiso para te-ner una. 
Ron no pudo resistirse. 
No es ninguna escoba vieja dijo. Es una Nimbus 2.000. Cul dijiste que tenas en casa, Malfoy, una Comet 260? Ron ri con 
aire burln. Las Comet parecen velo-ces, pero no tienen nada que hacer con las Nimbus. 
Qu sabes t, Weasley, si no puedes comprar ni la mi-tad del palo? replic Malfoy. Supongo que t y tus her-manos tenis que 
ir reuniendo la escoba ramita a ramita. 
Antes de que Ron pudiera contestarle, el profesor Flit-wick apareci detrs de Malfoy 
No os estaris peleando, verdad, chicos? pregunt con voz chillona. 
A Potter le han enviado una escoba, profesor dijo r-pidamente Malfoy. 
S, s, est muy bien dijo el profesor Flitwick, miran-do radiante a Harry. La profesora McGonagall me habl de las circunstancias 
especiales, Potter. Y qu modelo es? 
Una Nimbus 2.000, seor dijo Harry, tratando de no rer ante la cara de horror de Malfoy. Y realmente es gra-cias a Malfoy que la 
tengo. 
Harry y Ron subieron por la escalera, conteniendo la risa ante la evidente furia y confusin de Malfoy. 
Bueno, es verdad continu Harry cuando llegaron al final de la escalera de mrmol. Si l no hubiera robado la Recordadora de 
Neville, yo no estara en el equipo... 
As que crees que es un premio por quebrantar las re-glas? Se oy una voz irritada a sus espaldas. Hermione su-ba la escalera, 
mirando con aire de desaprobacin el paque-te de Harry 
Pensaba que no nos hablabas dijo Harry. 
S, contina as dijo Ron. Es mucho mejor para nosotros. 
Hermione se alej con la nariz hacia arriba. 
Durante aquel da, Harry tuvo que esforzarse por aten-der a las clases. Su mente volva al dormitorio, donde su escoba nueva estaba 
debajo de la cama, o se iba al campo de  quidditch, donde aquella misma noche aprendera a jugar. Durante la cena comi sin darse 
cuenta de lo que tragaba, y luego se apresur a subir con Ron, para sacar; por fin, a la Nimbus 2.000 de su paquete. 
Oh suspir Ron, cuando la escoba rod sobre la colcha de la cama de Harry. 
Hasta Harry, que no saba nada sobre las diferencias en las escobas, pens que pareca maravillosa. Pulida y brillan-te, con el mango 
de caoba, tena una larga cola de ramitas rectas y, escrito en letras doradas: Nimbus 2.000. 
Cerca de las siete, Harry sali del castillo y se encamin hacia el campo de  quidditch. Nunca haba estado en aquel estadio deportivo. 
Haba cientos de asientos elevados en tri-bunas alrededor del terreno de juego, para que los espectado-res estuvieran a suficiente altura 
para ver lo que ocurra. En cada extremo del campo haba tres postes dorados con aros en la punta. Le recordaron los palitos de plstico 
con los que los nios muggles hacan burbujas, slo que stos eran de quince metros de alto. 
Demasiado deseoso de volver a volar antes de que llegara Wood, Harry mont en su escoba y dio una patada en el suelo. Qu 
sensacin. Subi hasta los postes dorados y luego baj con rapidez al terreno de juego. La Nimbus 2.000 iba donde l quera con slo 
tocarla. 
Eh, Potter, baja! 
Haba llegado Oliver Wood. Llevaba una caja grande de madera debajo del brazo. Harry aterriz cerca de l. 
Muy bonito dijo Wood, con los ojos brillantes. Ya veo lo que quera decir McGonagall, realmente tienes un ta-lento natural. Voy a 
ensearte las reglas esta noche y luego te unirs al equipo, para el entrenamiento, tres veces por se-mana. 
Abri la caja. Dentro haba cuatro pelotas de distinto ta-mao. 
Bueno dijo Wood. El  quidditch es fcil de entender; aunque no tan fcil de jugar. Hay siete jugadores en cada equipo. Tres se 
llaman cazadores. 
Tres cazadores repiti Harry, mientras Wood sacaba una pelota rojo brillante, del tamao de un baln de ftbol.
Esta pelota se llama quaffle dijo Wood. Los caza-dores se tiran la  quaffle y tratan de pasarla por uno de los aros de gol. Obtienen 
diez puntos cada vez que la  quaffle pasa por un aro. Me sigues? 
Los cazadores tiran la  quaffle y la pasan por los aros de gol recit Harry. Entonces es una especie de balon-cesto, pero con 
escobas y seis canastas. 
Qu es el baloncesto? pregunt Wood. 
Olvdalo respondi rpidamente Harry 
Hay otro jugador en cada lado, que se llama guardin. Yo soy guardin de Gryffindor. Tengo que volar alrededor de nuestros aros y 
detener los lanzamientos del otro equipo. 
Tres cazadores y un guardin dijo Harry, decidido a recordarlo todo. Y juegan con la  quaffle. Perfecto, ya lo ten-go. Y para qu 
son sas? Seal las tres pelotas restantes. 
Ahora te lo ensear dijo Wood. Toma esto. 
Dio a Harry un pequeo palo, parecido a un bate de bisbol. 
Voy a ensearte para qu son dijo Wood. Esas dos son las  bludgers. 
Ense a Harry dos pelotas idnticas, pero negras y un poco ms pequeas que la roja  quaffle. Harry not que pare-can querer escapar 
de las tiras que las sujetaban dentro de la caja. 
Qudate atrs previno Wood a Harry. Se inclin y sol-t una de las  bludgers. 
De inmediato, la pelota negra se elev en el aire y se lan-z contra la cara de Harry. Harry la rechaz con el bate, para impedir que le 
rompiera la nariz, y la mand volando por el aire. Pas zumbando alrededor de ellos y luego se tir contra Wood, que se las arregl para 
sujetarla contra el suelo. 
Ves? dijo Wood jadeando, metiendo la pelota en la caja a la fuerza y asegurndola con las tiras. Las  bludgers andan por ah, 
tratando de derribar a los jugadores de las es-cobas. Por eso hay dos golpeadores en cada equipo (los geme-los Weasley son los 
nuestros). Su trabajo es proteger a su equipo de las  bludgers y desviarlas hacia el equipo contrario. Lo has entendido? 
Tres cazadores tratan de hacer puntos con la  quaffle, el guardin vigila los aros y los golpeadores mantienen aleja-das las  bludgers de 
su equipo resumi Harry. 
Muy bien dijo Wood. 
Hum... han matado las  bludgers alguna vez a al-guien? pregunt Harry, deseando que no se le notara la preocupacin. 
Nunca en Hogwarts. Hemos tenido algunas mandbu-las rotas, pero nada peor hasta ahora. Bueno, el ltimo miembro del equipo es el 
buscador. Ese eres t. Y no tienes que preocuparte por la  quaffle o las bludgers... 
Amenos que me rompan la cabeza. 
Tranquilo, los Weasley son los oponentes perfectos para las  bludgers. Quiero decir que ellos son como una pareja de  bludgers 
humanos. 
Wood busc en la caja y sac la ltima pelota. Compara-da con las otras, era pequea, del tamao de una nuez grande. Era de un 
dorado brillante y con pequeas alas plateadas. 
Esta dorada continu Wood es la  snitch. Es la pe-lota ms importante de todas. Cuesta mucho de atrapar por lo rpida y difcil de 
ver que es. El trabajo del buscador es atraparla. Tendrs que ir y venir entre cazadores, golpeado-res, la  quaffle y las bludgers, antes de 
que la coja el otro buscador, porque cada vez que un buscador la atrapa, su equipo gana ciento cincuenta puntos extra, as que 
prcticamente acaba siendo el ganador. Por eso molestan tanto a los buscadores. Un partido de  quidditch slo termina cuando se 
atra-pa la  snitch, as que puede durar muchsimo. Creo que el re-cord fue tres meses. Tenan que traer sustitutos para que los jugadores 
pudieran dormir... Bueno, eso es todo. Alguna pregunta? 
Harry neg con la cabeza. Entenda muy bien lo que te-na que hacer; el problema era conseguirlo. 
Todava no vamos a practicar con la  snitch dijo Wood, guardndola con cuidado en la caja. Est demasiado oscuro y podramos 
perderla. Vamos a probar con unas pocas de stas. 
Sac una bolsa con pelotas de golf de su bolsillo y, unos pocos minutos ms tarde, Wood y Harry estaban en el aire. Wood tiraba las 
pelotas de golf lo ms fuertemente que poda en todas las direcciones, para que Harry las atrapara. ste no perdi ni una y Wood 
estaba muy satisfecho. Despus de media hora se hizo de noche y no pudieron continuar. 
La copa de  quidditch llevar nuestro nombre este ao dijo Wood lleno de alegra mientras regresaban al casti-llo. No me 
sorprendera que resultaras ser mejor jugador que Charles Weasley. l podra jugar en el equipo de Inglate-rra si no se hubiera ido a 
cazar dragones. 
Tal vez fue porque estaba ocupado tres noches a la semana con las prcticas de  quidditch, adems de todo el trabajo del colegio, la 
razn por la que Harry se sorprendi al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts. El castillo era mucho ms su casa de lo que 
nunca haba sido Privet Drive. Sus clases, tambin, eran cada vez ms interesantes, una vez aprendidos los principios bsicos. 
En la maana de Halloween se despertaron con el deli-cioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasi-llos. Pero lo mejor fue 
que el profesor Flitwick anunci en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, 
algo que todos se moran por hacer; desde que vieron cmo haca volar el sapo de Nevi-lle. El profesor Flitwick puso a la clase por 
parejas para que practicaran. La pareja de Harry era Seamus Finnigan (lo que fue un alivio, porque Neville haba tratado de llamar su 
atencin). Ron, sin embargo, tuvo que trabajar con Hermione Granger. Era difcil decir quin estaba ms enfadado de los dos. La 
muchacha no les hablaba desde el da en que Harry recibi su escoba. 
Y ahora no os olvidis de ese bonito movimiento de mueca que hemos estado practicando dijo con voz aguda el profesor; subido a 
sus libros, como de  costumbre. Agitar y golpear; recordad, agitar y golpear. Y pronunciar las pala-bras mgicas correctamente es 
muy importante tambin, no os olvidis nunca del mago Baruffio, que dijo ese en lugar de efe y se encontr tirado en el suelo con 
un bfalo en el pecho. 
Era muy difcil. Harry y Seamus agitaron y golpearon, pero la pluma que deba volar hasta el techo no se mova del pupitre. Seamus se 
puso tan impaciente que la pinch con su varita y le prendi fuego, y Harry tuvo que apagarlo con su sombrero. 
Ron, en la mesa prxima, no estaba teniendo mucha ms suerte. 
Wingardium leviosa!  grit, agitando sus largos bra-zos como un molino. 
Lo ests diciendo mal. Harry oy que Hermione lo rea. Es  Win-gar-dium levi-o-sa , pronuncia gar ms claro y ms largo. 
Dilo, t, entonces, si eres tan inteligente dijo Ron con rabia. 
Hermione se arremang las mangas de su tnica, agit la varita y dijo las palabras mgicas. La pluma se elev del pupitre y lleg hasta ms de un metro por encima de sus ca-bezas. 
Oh, bien hecho! grit el profesor Flitwick, aplau-diendo. Mirad, Hermione Granger lo ha conseguido! 
Al finalizar la clase, Ron estaba de muy mal humor. 
No es raro que nadie la aguante dijo a Harry, cuando se abran paso en el pasillo. Es una pesadilla, te lo digo en serio. 
Alguien choc contra Harry. Era Hermione. Harry pudo ver su cara y le sorprendi ver que estaba llorando. 
Creo que te ha odo. 
Y qu? dijo Ron, aunque pareca un poco incmo-do. Ya debe de haberse dado cuenta de que no tiene amigos. 
Hermione no apareci en la clase siguiente y no la vieron en toda la tarde. De camino al Gran Comedor, para la fiesta de Halloween, 
Harry y Ron oyeron que Parvati Patil le de-ca a su amiga Lavender que Hermione estaba llorando en el cuarto de bao de las nias y 
que deseaba que la dejaran sola. Ron pareci ms molesto an, pero un momento ms tarde haban entrado en el Gran Comedor; donde 
las decora-ciones de Halloween les hicieron olvidar a Hermione. 
Mil murcilagos aleteaban desde las paredes y el techo, mientras que otro millar ms pasaba entre las mesas, como nubes negras, 
haciendo temblar las velas de las calabazas. El festn apareci de pronto en los platos dorados, como ha-ba ocurrido en el banquete de 
principio de ao. 
Harry se estaba sirviendo una patata con su piel, cuando el profesor Quirrell lleg rpidamente al comedor; con el tur-bante torcido y 
cara de terror. Todos lo contemplaron mien-tras se acercaba al profesor Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa y jadeaba: 
Un trol... en las mazmorras... Pens que deba saberlo. 
Y se desplom en el suelo. 
Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el profesor Dumbledore tuvo que hacer salir varios fuegos arti-ficiales de su varita. 
Prefectos exclam, conducid a vuestros grupos a los dormitorios, de inmediato. 
Percy estaba en su elemento. 
Seguidme! Los de primer ao, manteneos juntos! No necesitis temer al trol si segus mis rdenes! Ahora, venid conmigo. Haced 
sitio, tienen que pasar los de primer ao. Perdn, soy un prefecto! 
Cmo ha podido entrar aqu un trol? pregunt Harry, mientras suban por la escalera. 
No tengo ni idea, parece ser que son realmente estpi-dos dijo Ron. Tal vez Peeves lo dej entrar; como broma de Halloween. 
Pasaron entre varios grupos de alumnos que corran en distintas direcciones. Mientras se abran camino entre un tumulto de confundidos 
Hufflepuffs, Harry sbitamente se aferr al brazo de Ron. 
Acabo de acordarme... Hermione! 
Qu pasa con ella? 
No sabe nada del trol. 
Ron se mordi el labio. 
Oh, bueno dijo enfadado. Pero que Percy no nos vea. 
Se agacharon y se mezclaron con los Hufflepuffs que iban hacia el otro lado, se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el 
cuarto de bao de las nias. Acababan de do-blar una esquina cuando oyeron pasos rpidos a sus espaldas. 
Percy! susurr Ron, empujando a Harry detrs de un gran buitre de piedra. 
Sin embargo, al mirar; no vieron a Percy, sino a Snape. Cruz el pasillo y desapareci de la vista. 
Qu es lo que est haciendo? murmur Harry. Por qu no est en las mazmorras, con el resto de los profe-sores? 
No tengo la menor idea. 
Lo ms silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo, detrs de los pasos apagados del profesor. 
Se dirige al tercer piso dijo Harry, pero Ron levant la mano. 
No sientes un olor raro? 
Harry olfate y un aroma especial lleg a su nariz, una mezcla de calcetines sucios y bao pblico que nadie limpia. 
Y lo oyeron, un gruido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos. Ron seal al fondo del pasillo, a la izquier-da. Algo enorme 
se mova hacia ellos. Se ocultaron en las sombras y lo vieron surgir a la luz de la luna. 
Era una visin horrible. Ms de tres metros y medio de alto y tena la piel de color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una 
pequea cabeza pelada. Tena piernas cortas, gruesas como troncos de rbol, y pies achatados y deformes. El olor que despeda era 
increble. Llevaba un gran bastn de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos. 
El monstruo se detuvo en una puerta y mir hacia el in-terior. Agit sus largas orejas, tomando decisiones con su mi-nsculo cerebro, y 
luego entr lentamente en la habitacin. 
La llave est en la cerradura susurr Harry. Po-demos encerrarlo all. 
Buena idea respondi Ron con voz agitada. 
Se acercaron hacia la puerta abierta con la boca seca, re-zando para que el trol no decidiera salir. De un gran salto, Harry pudo empujar 
la puerta y echarle la llave. 
S! 
Animados con la victoria, comenzaron a correr por el pa-sillo para volver, pero al llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus 
corazones se detuvieran: un grito agudo y ate-rrorizado, que proceda del lugar que acababan de cerrar con llave. 
Oh, no dijo Ron, tan plido como el Barn Sangui-nario. 
Es el cuarto de bao de las chicas! buf Harry. 
Hermione! dijeron al unsono. 
Era lo ltimo que queran hacer; pero qu opcin les quedaba? Volvieron a toda velocidad hasta la puerta y dieron la vuelta a la llave, 
resoplando de miedo. Harry empuj la puerta y entraron corriendo. 
Hermione Granger estaba agazapada contra la pared opuesta, con aspecto de estar a punto de desmayarse. El per-sonaje deforme 
avanzaba hacia ella, chocando contra los lavamanos. 
Distrelo! grit Harry desesperado y tirando de un grifo, lo arroj con toda su fuerza contra la pared. 
El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balan-ce, parpadeando con aire estpido, para ver quin haba he-cho aquel ruido. 
Sus ojitos malignos detectaron a Harry Va-cil y luego se abalanz sobre l, levantando su bastn. 
Eh, cerebro de guisante! grit Ron desde el otro ex-tremo, tirndole una caera de metal. El ser deforme no pa-reci notar que la 
caera lo golpeaba en la espalda, pero s oy el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hoci-co hacia Ron y dando tiempo a 
Harry para correr. 
Vamos, corre, corre! Harry grit a Hermione, tra-tando de empujarla hacia la puerta, pero la nia no se poda mover. Segua agazapada contra la pared, con la boca abierta de miedo. 
Los gritos y los golpes parecan haber enloquecido al trol. Se volvi y se enfrent con Ron, que estaba ms cerca y no tena manera de 
escapar. 
Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estpido: corri, dando un gran salto y se colg, por detrs, del cuello de aquel monstruo. 
La atroz criatura no se daba cuenta de que Harry colgaba de su espalda, pero hasta un ser as poda sentirlo si uno le clavaba un palito 
de madera en la nariz, pues la varita de Harry todava estaba en su mano cuando salt y se haba introducido directamente en uno de los 
orifi-cios nasales del trol. 
Chillando de dolor; el trol se agit y sacudi su bastn, con Harry colgado de su cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el 
monstruo lo destrozara, o le dara un golpe terrible con el bastn. 
Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada. Ron empu su propia varita, sin saber qu iba a hacer; y se oy gritar el primer 
hechizo que se le ocurri: 
Wingardium leviosa! 
El bastn sali volando de las manos del trol, se elev, muy arriba, y luego dio la vuelta y se dej caer con fuerza so-bre la cabeza de su 
dueo. El trol se balance y cay boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitacin. 
Harry se puso de pie. Le faltaba el aire. Ron estaba all, con la varita todava levantada, contemplando su obra. 
Hermione fue la que habl primero. 
Est... muerto? 
No lo creo dijo Harry. Supongo que est desma-yado. 
Se inclin y retir su varita de la nariz del trol. Estaba cubierta por una gelatina gris. 
Puaj... qu asco. 
La limpi en la piel del trol. 
Un sbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los tres se sobresaltaran. No se haban dado cuenta de todo el ruido que haban hecho, 
pero, por supuesto, abajo deban haber odo los golpes y los gruidos del trol. Un momento despus, la profesora McGonagall entraba 
apresuradamente en la ha-bitacin, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la mar-cha. Quirrell dirigi una mirada al monstruo, se le 
escap un gemido y se dej caer en un inodoro, apretndose el pecho. 
Snape se inclin sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Ron y Harry Nunca la haban visto tan enfadada. Tena los labios 
blancos. Las esperanzas de ganar cincuenta puntos para Gryffindor se desvanecieron rpidamente de la mente de Harry. 
En qu estabais pensando, por todos los cielos? dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Harry mir a Ron, todava con 
la varita levantada. Tenis suerte de que no os haya matado. Por qu no estabais en los dormi-torios? 
Snape dirigi a Harry una mirada aguda e inquisidora. Harry clav la vista en el suelo. Dese que Ron pudiera es-conder la varita. 
Entonces, una vocecita surgi de las sombras. 
Por favor; profesora McGonagall... Me estaban bus-cando a m. 
Hermione Granger! 
Hermione finalmente se haba puesto de pie. 
Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pens que poda vencerlo, porque, ya sabe, haba ledo mucho sobre el tema. 
Ron dej caer su varita. Hermione Granger diciendo una mentira a su profesora? 
Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estara muerta. Harry le clav su varita en la nariz y Ron lo hizo gol-pearse con su propio 
bastn. No tuvieron tiempo de ir a bus-car ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron. 
Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro. 
Bueno... en ese caso dijo la profesora McGonagall, contemplando a los tres nios... Hermione Granger; eres una tonta. Cmo 
creas que ibas a derrotar a un trol gigante t sola? 
Hermione baj la cabeza. Harry estaba mudo. Hermione era la ltima persona que hara algo contra las reglas, y all estaba, fingiendo 
una infraccin para librarlos a ellos del problema. Era como si Snape empezara a repartir golosinas. 
Hermione Granger, por esto Gryffindor perder cinco puntos dijo la profesora McGonagall. Estoy muy desilu-sionada por tu 
conducta. Si no te ha hecho dao, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos estn terminando la fiesta en sus casas. 
Hermione se march. 
La profesora McGonagall se volvi hacia Harry y Ron. 
Bueno, sigo pensando que tuvisteis suerte, pero no muchos de primer ao podran derrumbar a esta montaa. Habis ganado cinco 
puntos cada uno para Gryffindor. El profesor Dumbledore ser informado de esto. Podis iros. 
Salieron rpidamente y no hablaron hasta subir dos pi-sos. Era un alivio estar fuera del alcance del olor del trol, adems del resto. 
Tendramos que haber obtenido ms de diez puntos se quej Ron. 
Cinco, querrs decir; una vez que se descuenten los de Hermione. 
Se port muy bien al sacarnos de este lo admiti Ron. Claro que nosotros la salvamos. 
No habra necesitado que la salvramos si no hubira-mos encerrado esa cosa con ella le record Harry. 
Haban llegado al retrato de la Dama Gorda. 
Hocico de cerdo dijeron, y entraron. 
La sala comn estaba llena de gente y ruidos. Todos co-man lo que les haban subido. Hermione, sin embargo, esta-ba sola, cerca de 
la puerta, esperndolos. Se produjo una pausa muy incmoda. Luego, sin mirarse, todos dieron: Gracias y corrieron a buscar platos 
para comer.  
Pero desde aquel momento Hermione Granger se convir-ti en su amiga. Hay algunas cosas que no se pueden com-partir sin terminar 
unidos, y derrumbar un trol de tres me-tros y medio es una de esas cosas. 
11 
Quidditch 
Cuando empez el mes de noviembre, el tiempo se volvi muy fro. Las montaas cercanas al colegio adquirieron un tono gris de hielo y el lago pareca de acero congelado. Cada maana, el parque apareca cubierto de escarcha. Por las ventanas de arriba vean a Hagrid 
descongelando las esco-bas en el campo de  quidditch, enfundado en un enorme abri-go de piel de topo, guantes de pelo de conejo y 
enormes botas de piel de castor. 
Iba a comenzar la temporada de  quidditch. Aquel sba-do, Harry jugara su primer partido, despus de semanas de entrenamiento: 
Gryffindor contra Slytherin. Si Gryffindor ga-naba, pasaran a ser segundos en el campeonato de las casas. 
Casi nadie haba visto jugar a Harry, porque Wood haba decidido que sera su arma secreta. Harry tambin deba mantenerlo en 
secreto. Pero la noticia de que iba a jugar como buscador se haba filtrado, y Harry no saba qu era peor: que le dijeran que lo hara 
muy bien o que sera un desastre. 
Era realmente una suerte que Harry tuviera a Hermio-ne como amiga. No saba cmo habra terminado todos sus deberes sin la ayuda 
de ella, con todo el entrenamiento de  quidditch que Wood le exiga. La nia tambin le haba pres-tado  Quidditch a travs de los tiempos 
, que result ser un li-bro muy interesante. 
Harry se enter de que haba setecientas formas de co-meter una falta y de que todas se haban consignado durante los Mundiales de 
1473; que los buscadores eran habitualmente los jugadores ms pequeos y veloces, y que los acci-dentes ms graves les sucedan a 
ellos; que, aunque la gente no mora jugando al  quidditch, se saba de rbitros que ha-ban desaparecido, para reaparecer meses 
despus en el de-sierto del Sahara. 
Hermione se haba vuelto un poco ms flexible en lo que se refera a quebrantar las reglas, desde que Harry y Ron la salvaron del 
monstruo, y era mucho ms agradable. El da anterior al primer partido de Harry los tres estaban fuera, en el patio helado, durante un 
recreo, y la muchacha haba he-cho aparecer un brillante fuego azul, que podan llevar con ellos, en un frasco de mermelada. Estaban de 
espaldas al fuego para calentarse cuando Snape cruz el patio. De inme-diato, Harry se dio cuenta de que Snape cojeaba. Los tres 
chi-cos se apiaron para tapar el fuego, ya que no estaban segu-ros de que aquello estuviera permitido. Por desgracia, algo en sus 
rostros culpables hizo detener a Snape. Se dio la vuel-ta, arrastrando la pierna. No haba visto el fuego, pero pare-ca buscar una razn 
para regaarlos. 
Qu tienes ah, Potter? 
Era el libro sobre  quidditch. Harry se lo ense. 
Los libros de la biblioteca no pueden sacarse fuera del colegio dijo Snape. Dmelo. Cinco puntos menos para Gryffindor. 
Seguro que se ha inventado esa regla murmur Harry con furia, mientras Snape se alejaba cojeando. Me pregunto qu le pasa en 
la pierna. 
No s, pero espero que le duela mucho dijo Ron con amargura. 
En la sala comn de Gryffindor haba mucho ruido aquella noche. Harry, Ron y Hermione estaban sentados juntos, cer-ca de la ventana. 
Hermione estaba repasando los deberes de Harry y Ron sobre Encantamientos. Nunca los dejaba copiar (cmo vais a aprender?), 
pero si le pedan que revisara los trabajos les explicaba las respuestas correctas. 
Harry se senta inquieto. Quera recuperar su libro so-bre  quidditch, para mantener la mente ocupada y no estar nervioso por el partido 
del da siguiente. Por qu iba a temer a Snape? Se puso de pie y dijo a Ron y Hermione que le pre-guntara a Snape si poda devolverle 
el libro. 
Yo no lo hara dijeron al mismo tiempo, pero Harry pensaba que Snape no se iba a negar, si haba otros profeso-res presentes. 
Baj a la sala de profesores y llam. No hubo respuesta. Llam otra vez. Nada. 
Tal vez Snape haba dejado el libro all? Vala la pena intentarlo. Empuj un poco la puerta, mir antes de entrar... y sus ojos captaron 
una escena horrible. 
Snape y Filch estaban all, solos. Snape tena la tnica levantada por encima de las rodillas. Una de sus piernas es-taba magullada y 
llena de sangre. Filch le estaba alcanzando unas vendas. 
Esa cosa maldita... deca Snape. Cmo puede uno vigilar a tres cabezas al mismo tiempo? 
Harry intent cerrar la puerta sin hacer ruido, pero... 
POTTER! 
El rostro de Snape estaba crispado de furia y dej caer su tnica rpidamente, para ocultar la pierna herida. Harry trag saliva. 
Me preguntaba si me poda devolver mi libro dijo. 
FUERA! FUERA DE AQU! 
Harry se fue, antes de que Snape pudiera quitarle pun-tos para Gryffindor. Subi corriendo la escalera. 
Lo has conseguido? pregunt Ron, cuando se reu-ni con ellos. Qu ha pasado? 
Entre susurros, Harry les cont lo que haba visto. 
Sabis lo que quiere decir? termin sin aliento. Que trat de pasar por donde estaba el perro de tres cabe-zas, en Halloween! 
All se diriga cuando lo vimos... Iba a buscar lo que sea que tengan guardado all! Y apuesto mi escoba a que fue l quien dej entrar al 
monstruo, para distraer la atencin! 
Hermione tena los ojos muy abiertos. 
No, no puede ser dijo. S que no es muy bueno, pero no iba a tratar de robar algo que Dumbledore est cus-todiando. 
De verdad, Hermione, t crees que todos los profeso-res son santos o algo parecido dijo enfadado Ron. Yo es-toy con Harry. Creo 
que Snape es capaz de cualquier cosa. Pero qu busca? Qu es lo que guarda el perro? 
Harry se fue a la cama con aquellas preguntas dando vueltas en su cabeza. Neville roncaba con fuerza, pero Harry no poda dormir. Trat 
de no pensar en nada (necesitaba dor-mir; deba hacerlo, tena su primer partido de  quidditch en pocas horas) pero la expresin de la 
cara de Snape cuando Harry vio su pierna era difcil de olvidar. 
La maana siguiente amaneci muy brillante y fra. El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma de las sal-chichas fritas y 
las alegres charlas de todos, que esperaban un buen partido de  quidditch. 
Tienes que comer algo para el desayuno. 
No quiero nada. 
Aunque sea un pedazo de tostada suplic Hermione. 
No tengo hambre. 
Harry se senta muy mal. En cualquier momento echa-ra a andar hacia el terreno de juego.
Harry, necesitas fuerza dijo Seamus Finnigan. Los nicos que el otro equipo marca son los buscadores. 
Gracias, Seamus respondi Harry, observando cmo llenaba de salsa de tomate sus salchichas. 
A las once de la maana, todo el colegio pareca estar reunido alrededor del campo de  quidditch. Muchos alumnos tenan prismticos. 
Los asientos podan elevarse pero, inclu-so as, a veces era difcil ver lo que estaba sucediendo. 
Ron y Hermione se reunieron con Seamus y Dean en la grada ms alta. Para darle una sorpresa a Harry, haban transformado en 
pancarta una de las sbanas que  Scabbers haba estropeado. Deca: Potter; presidente, y Dean, que dibujaba bien, haba trazado un 
gran len de Gryffindor. Luego Hermione haba realizado un pequeo hechizo y la pintura brillaba, cambiando de color. 
Mientras tanto, en los vestuarios, Harry y el resto del equipo se estaban cambiando para ponerse las tnicas color escarlata de  
quidditch (Slytherin jugaba de verde). 
Wood se aclar la garganta para pedir silencio. 
Bueno, chicos dijo. 
Y chicas aadi la cazadora Angelina Johnson. 
Y chicas dijo Wood. ste es... 
El grande dijo Fred Weasley 
El que estbamos esperando dijo George. 
Nos sabemos de memoria el discurso de Oliver dijo Fred a Harry. Estbamos en el equipo el ao pasado. 
Callaos los dos orden Wood. ste es el mejor equipo que Gryffindor ha tenido en muchos aos. Y vamos a ganar. 
Les lanz una mirada que pareca decir: Si no.... 
Bien. Ya es la hora. Buena suerte a todos. 
Harry sigui a Fred y George fuera del vestuario y, espe-rando que las rodillas no le temblaran, pis el terreno de jue-go entre vtores y 
aplausos. 
La seora Hooch haca de rbitro. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano. 
Bien, quiero un partido limpio y sin problemas, por parte de todos dijo cuando estuvieron reunidos a su alre-dedor. 
Harry not que pareca dirigirse especialmente al capi-tn de Slytherin, Marcus Flint, un muchacho de quinto ao. Le pareci que tena 
un cierto parentesco con el trol gigante. Con el rabillo del ojo, vio el estandarte brillando sobre la muchedumbre: Potter; presidente. Se 
le aceler el corazn. Se sinti ms valiente. 
Montad en vuestras escobas, por favor. 
Harry subi a su Nimbus 2.000. 
La seora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata. Quince escobas se elevaron, alto, muy alto en el aire. Y es-taban muy lejos. 
Y la quaffle es atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor... Qu excelente cazadora es esta jo-ven y, a propsito, 
tambin es muy guapa... 
JORDAN! 
Lo siento, profesora. 
El amigo de los gemelos Weasley, Lee Jordan, era el co-mentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profeso-ra McGonagall. 
Y realmente golpea bien, un buen pase a Alicia Spin-net, el gran descubrimiento de Oliver Wood, ya que el ao pasa-do estaba en 
reserva... Otra vez Johnson y.. No, Slytherin ha cogido la  quaffle, el capitn de Slytherin, Marcus Flint se apodera de la  quaffle y all 
va... Flint vuela como un guila... est a punto de... no, lo detiene una excelente jugada del guardin Wood de Gryffindor y Gryffindor 
tiene la quaffle... Aqu est la cazadora Katie Bell de Gryffindor; buen vuelo rodeando a Flint, vuelve a elevarse del terreno de juego y.. 
Aaayyyy!, eso ha tenido que dolerle, un golpe de  bludger en la nuca... La quaffle en poder de Slytherin... Adrian Pucey co-giendo 
velocidad hacia los postes de gol, pero lo bloquea otra  bludger, enviada por Fred o George Weasley, no s cul de los dos... bonita 
jugada del golpeador de Gryffindor, y Johnson otra vez en posesin de la  quaffle, el campo libre y all va, realmente vuela, evita una 
bludger, los postes de gol estn ah... vamos, ahora Angelina... el guardin Bletchley se lan-za... no llega... GOL DE GRYFFINDOR! 
Los gritos de los de Gryffindor llenaron el aire fro, junto con los silbidos y quejidos de Slytherin. 
Venga, dejadme sitio. 
Hagrid! 
Ron y Hermione se juntaron para dejarle espacio a Hagrid. 
Estaba mirando desde mi cabaa dijo Hagrid, ense-ando el largo par de binoculares que le colgaban del cue-llo. Pero no es lo 
mismo que estar con toda la gente. Toda-va no hay seales de la  snitch, no? 
No dijo Ron. Harry todava no tiene mucho que hacer. 
Mantenerse fuera de los problemas ya es algo dijo Hagrid, cogiendo sus binoculares y fijndolos en la manchita que era Harry. 
Por encima de ellos, Harry volaba sobre el juego, espe-rando alguna seal de la  snitch. Eso era parte del plan que tenan con Wood. 
Mantnte apartado hasta que veas la  snitch le ha-ba dicho Wood. No queremos que ataques antes de que tengas que hacerlo. 
Cuando Angelina anot un punto, Harry dio unas volte-retas para aflojar la tensin, y volvi a vigilar la llegada de la  snitch. En un 
momento vio un resplandor dorado, pero era el reflejo del reloj de uno de los gemelos Weasley; en otro, una  bludger decidi perseguirlo, 
como si fuera una bala de can, pero Harry la esquiv y Fred Weasley sali a atraparla. 
Est todo bien, Harry? tuvo tiempo de gritarle, mientras lanzaba la  bludger con furia hacia Marcus Flint. 
Slytherin toma posesin deca Lee Jordan. El ca-zador Pucey esquiva dos  bludgers, a los dos Weasley y al caza-dor Bell, y 
acelera... esperen un momento... No es la  snitch? 
Un murmullo recorri la multitud, mientras Adrian Pu-cey dejaba caer la  quaffle, demasiado ocupado en mirar por encima del hombro el 
relmpago dorado, que haba pasado al lado de su oreja izquierda. 
Harry la vio. En un arrebato de excitacin se lanz hacia abajo, detrs del destello dorado. El buscador de Slytherin, Terence Higgs, 
tambin la haba visto. Nariz con nariz, se lanzaron hacia la  snitch... Todos los cazadores parecan ha-ber olvidado lo que deban hacer y 
estaban suspendidos en el aire para mirar. 
Harry era ms veloz que Higgs. Poda ver la pequea pe-lota, agitando sus alas, volando hacia delante. Aument su velocidad y.. 
PUM! Un rugido de furia reson desde los Gryffindors de las tribunas... Marcus Flint haba cerrado el paso de Harry, para desviarle la 
direccin de la escoba, y ste se aferra-ba para no caer. 
Falta! gritaron los Gryffindors. 
La seora Hooch le grit enfadada a Flint, y luego orde-n tiro libre para Gryffindor; en el poste de gol. Pero con toda la confusin, la  
snitch dorada, como era de esperar, haba vuelto a desaparecer. 
Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba.
Eh, rbitro! Tarjeta roja! 
Esto no es el ftbol, Dean le record Ron. No se puede echar a los jugadores en  quidditch... Y qu es una tar-jeta roja? 
Pero Hagrid estaba de parte de Dean. 
Deberan cambiar las reglas. Flint ha podido derribar a Harry en el aire. 
A Lee Jordan le costaba ser imparcial. 
Entonces... despus de esta obvia y desagradable trampa... 
Jordan! lo rega la profesora McGonagall. 
Quiero decir, despus de esta evidente y asquerosa falta... 
Jordan, no digas que no te aviso...! 
Muy bien, muy bien. Flint casi mata al buscador de Gryffindor, cosa que le podra suceder a cualquiera, estoy se-guro, as que penalti 
para Gryffindor; la coge Spinnet, que tira, no sucede nada, y contina el juego, Gryffindor todava en posesin de la pelota. 
Cuando Harry esquiv otra  bludger, que pas peligrosa-mente cerca de su cabeza, ocurri. Su escoba dio una sbita y aterradora 
sacudida. Durante un segundo pens que iba a caer. Se aferr con fuerza a la escoba con ambas manos y con las rodillas. Nunca haba 
experimentado nada semejante. 
Sucedi de nuevo. Era como si la escoba intentara derri-barlo. Pero las Nimbus 2.000 no decidan sbitamente tirar a sus jinetes. Harry 
trat de dirigirse hacia los postes de Gryffindor para decirle a Wood que pidiera una suspensin del partido, y entonces se dio cuenta de 
que su escoba estaba completamente fuera de control. No poda dar la vuelta. No poda dirigirla de ninguna manera. Iba en zigzag por el 
aire y, de vez en cuando, daba violentas sacudidas que casi lo ha-can caer. 
Lee segua comentando el partido. 
Slytherin en posesin... Flint con la quaffle... la pasa a Spinnet, que la pasa a Bell... una  bludger le da con fuerza en la cara, espero 
que le rompa la nariz (era una broma, profeso-ra), Slytherin anota un tanto, oh, no... 
Los de Slytherin vitoreaban. Nadie pareca haberse dado cuenta de la conducta extraa de la escoba de Harry Lo lle-vaba cada vez ms 
alto, lejos del juego, sacudindose y retor-cindose. 
No s qu est haciendo Harry murmur Hagrid. Mir con los binoculares. Si no lo conociera bien, dira que ha perdido el control 
de su escoba... pero no puede ser... 
De pronto, la gente comenz a sealar hacia Harry por encima de las gradas. Su escoba haba comenzado a dar vuel-tas y l apenas 
poda sujetarse. Entonces la multitud jade. La escoba de Harry dio un salto feroz y Harry qued colgan-do, sujeto slo con una mano. 
Le sucedi algo cuando Flint le cerr el paso? susu-rr Seamus. 
No puede ser dijo Hagrid, con voz temblorosa. Nada puede interferir en una escoba, excepto la poderosa magia tenebrosa... 
Ningn chico le puede hacer eso a una Nimbus 2.000. 
Ante esas palabras, Hermione cogi los binoculares de Hagrid, pero en lugar de enfocar a Harry comenz a buscar frenticamente entre 
la multitud. 
Qu haces? gimi Ron, con el rostro grisceo. 
Lo saba resopl Hermione. Snape... Mira. 
Ron cogi los binoculares. Snape estaba en el centro de las tribunas frente a ellos. Tena los ojos clavados en Harry y murmuraba algo 
sin detenerse. 
Est haciendo algo... Mal de ojo a la escoba dijo Her-mione. 
Qu podemos hacer? 
Djamelo a m. 
Antes de que Ron pudiera decir nada ms, Hermione haba desaparecido. Ron volvi a enfocar a Harry. La escoba vibraba tanto que era 
casi imposible que pudiera seguir col-gado durante mucho ms tiempo. Todos miraban aterroriza-dos, mientras los Weasley volaban 
haca l, tratando de po-ner a salvo a Harry en una de las escobas. Pero aquello fue peor: cada vez que se le acercaban, la escoba 
saltaba ms alto. Se dejaron caer y comenzaron a volar en crculos, con el evidente propsito de atraparlo si caa. Marcus Flint cogi la  
quaffle y marc cinco tantos sin que nadie lo advirtiera. 
Vamos, Hermione murmuraba desesperado Ron. 
Hermione haba cruzado las gradas hacia donde se en-contraba Snape y en aquel momento corra por la fila de aba-jo. Ni se detuvo para 
disculparse cuando atropell al profesor Quirrell y, cuando lleg donde estaba Snape, se agach, sac su varita y susurr unas pocas y 
bien elegidas palabras. 
Unas llamas azules salieron de su varita y saltaron a la tnica de Snape. El profesor tard unos treinta segundos en darse cuenta de 
que se incendiaba. Un sbito aullido le indi-c a la chica que haba hecho su trabajo. Atrajo el fuego, lo guard en un frasco dentro de su 
bolsillo y se alej gateando por la tribuna. Snape nunca sabra lo que le haba sucedido. 
Fue suficiente. All arriba, sbitamente, Harry pudo su-bir de nuevo a su escoba. 
Neville, ya puedes mirar! dijo Ron. Neville haba estado llorando dentro de la chaqueta de Hagrid aquellos l-timos cinco minutos. 
Harry iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse. Tosi y 
algo dorado cay en su mano. 
Tengo la  snitch! grit, agitndola sobre su cabeza; el partido termin en una confusin total. 
No es que la haya atrapado, es que casi se la traga to-dava gritaba Flint veinte minutos ms tarde. Pero aque-llo no cambi nada. 
Harry no haba faltado a ninguna regla y Lee Jordan segua proclamando alegremente el resultado. Gryffindor haba ganado por ciento 
setenta puntos a sesen-ta. Pero Harry no oa nada. Tomaba una taza de t fuerte, en la cabaa de Hagrid, con Ron y Hermione. 
Era Snape explicaba Ron. Hermione y yo lo vi-mos. Estaba maldiciendo tu escoba. Murmuraba y no te qui-taba los ojos de 
encima. 
Tonteras dijo Hagrid, que no haba odo una pala-bra de lo que haba sucedido. Por qu iba a hacer algo as Snape? 
Harry, Ron y Hermione se miraron, preguntndose qu le iban a decir. Harry decidi contarle la verdad. 
Descubrimos algo sobre l dijo a Hagrid. Trat de pasar ante ese perro de tres cabezas, en Halloween. Y el pe-rro lo mordi. 
Nosotros pensamos que trataba de robar lo que ese perro est guardando. 
Hagrid dej caer la tetera. 
Qu sabis de  Fluffy? dijo. 
Fluffy? 
Aj... Es mo... Se lo compr a un griego que conoc en el bar el ao pasado... y se lo prest a Dumbledore para guardar... 
S? dijo Harry con nerviosismo.
Bueno, no me preguntis ms dijo con rudeza Ha-grid. Es un secreto. 
Pero Snape trat de robarlo. 
Tonteras repiti Hagrid. Snape es un profesor de Hogwarts, nunca hara algo as. 
Entonces por qu trat de matar a Harry? grit Hermione. 
Los acontecimientos de aquel da parecan haber cam-biado su idea sobre Snape. 
Yo conozco un maleficio cuando lo veo, Hagrid. Lo he ledo todo sobre ellos. Hay que mantener la vista fija y Sna-pe ni pestaeaba, 
yo lo vi! 
Os digo que estis equivocados dijo ofuscado Ha-grid. No s por qu la escoba de Harry reaccion de esa ma-nera. .. Pero 
Snape no iba a tratar de matar a un alumno! Ahora, escuchadme los tres, os estis metiendo en cosas que no os conciernen y eso es 
peligroso. Olvidaos de ese perro y ol-vidad lo que est vigilando. En eso slo tienen un papel el profesor Dumbledore y Nicols Flamel... 
Ah! dijo Harry. Entonces hay alguien llamado Nicols Flamel que est involucrado en esto, no? 
Hagrid pareci enfurecerse consigo mismo. 
12 
El espejo de Oesed 
Se acercaba la Navidad. Una maana de mediados de diciem-bre Hogwarts se descubri cubierto por dos metros de nieve. El lago 
estaba slidamente congelado y los gemelos Weasley fueron castigados por hechizar varias bolas de nieve para que siguieran a Quirrell 
y lo golpearan en la parte de atrs de su turbante. Las pocas lechuzas que haban podido llegar a travs del cielo tormentoso para dejar 
el correo tuvieron que quedar al cuidado de Hagrid hasta recuperarse, antes de volar otra vez. 
Todos estaban impacientes de que empezaran las vaca-ciones. Mientras que la sala comn de Gryffindor y el Gran Comedor tenan las 
chimeneas encendidas, los pasillos, lle-nos de corrientes de aire, se haban vuelto helados, y un vien-to cruel golpeaba las ventanas de 
las aulas. Lo peor de todo eran las clases del profesor Snape, abajo en las mazmorras, en donde la respiracin suba como niebla y los 
haca mante-nerse lo ms cerca posible de sus calderos calientes. 
Me da mucha lstima dijo Draco Malfoy, en una de las clases de Pociones toda esa gente que tendr que que-darse a pasar la 
Navidad en Hogwarts, porque no los quieren en sus casas. 
Mientras hablaba, miraba en direccin a Harry. Crabbe y Goyle lanzaron risitas burlonas. Harry, que estaba pesan-do polvo de espinas 
de pez len, no les hizo caso. Despus del partido de  quidditch, Malfoy se haba vuelto ms desagrada-ble que nunca. Disgustado por la 
derrota de Slytherin, haba tratado de hacer que todos se rieran diciendo que un sapo conuna gran boca poda reemplazar a Harry como 
buscador. Pero entonces se dio cuenta de que nadie lo encontraba gra-cioso, porque estaban muy impresionados por la forma en que 
Harry se haba mantenido en su escoba. As que Malfoy; celoso y enfadado, haba vuelto a fastidiar a Harry por no te-ner una familia 
apropiada. 
Era verdad que Harry no ira a Privet Drive para las fiestas. La profesora McGonagall haba pasado la semana antes, haciendo una lista 
de los alumnos que iban a que-darse all para Navidad, y Harry puso su nombre de inmediato. Y no se senta triste, ya que 
probablemente sa sera la mejor Navidad de su vida. Ron y sus hermanos tambin se queda-ban, porque el seor y la seora Weasley 
se marchaban a Ru-mania, a visitar a Charles. 
Cuando abandonaron los calabozos, al finalizar la clase de Pociones, encontraron un gran abeto que ocupaba el ex-tremo del pasillo. 
Dos enormes pies aparecan por debajo del rbol y un gran resoplido les indic que Hagrid estaba detrs de l. 
Hola, Hagrid. Necesitas ayuda? pregunt Ron, me-tiendo la cabeza entre las ramas. 
No, va todo bien. Gracias, Ron. 
Te importara quitarte de en medio? La voz fra y gangosa de Malfoy lleg desde atrs. Ests tratando de ganar algn dinero 
extra, Weasley? Supongo que quieres ser guardabosques cuando salgas de Hogwarts... Esa choza de Hagrid debe de parecerte un 
palacio, comparada con la casa de tu familia. 
Ron se lanz contra Malfoy justo cuando apareca Snape en lo alto de las escaleras. 
WEASLEY! 
Ron solt el cuello de la tnica de Malfoy. 
Lo han provocado, profesor Snape dijo Hagrid, sa-cando su gran cabeza peluda por encima del rbol. Malfoy estaba insultando a 
su familia. 
Lo que sea, pero pelear est contra las reglas de Hog-warts, Hagrid dijo Snape con voz amable. Cinco puntos menos para 
Gryffindor; Weasley, y agradece que no sean ms. Y ahora marchaos todos. 
Malfoy, Crabbe y Goyle pasaron bruscamente, sonriendo con presuncin. 
Voy a atraparlo dijo Ron, sacando los dientes ante la espalda de Malfoy. Uno de estos das lo atrapar... 
Los detesto a los dos aadi Harry. A Malfoy y a Snape. 
Vamos, arriba el nimo, ya es casi Navidad dijo Ha-grid. Os voy a decir qu haremos: venid conmigo al Gran Comedor; est 
precioso. 
As que los tres siguieron a Hagrid y su abeto hasta el Gran Comedor, donde la profesora McGonagall y el profesor Flitwick estaban 
ocupados en la decoracin. 
El saln estaba espectacular. Guirnaldas de murdago y acebo colgaban de las paredes, y no menos de doce rboles de Navidad 
estaban distribuidos por el lugar, algunos brillando con pequeos carmbanos, otros con cientos de velas. 
Cuntos das os quedan para las vacaciones? pre-gunt Hagrid. 
Slo uno respondi Hermione. Y eso me recuer-da... Harry, Ron, nos queda media hora para el almuerzo, de-beramos ir a la 
biblioteca. 
S, claro, tienes razn dijo Ron, obligndose a apar-tar la vista del profesor Flitwick, que sacaba burbujas dora-das de su varita, para 
ponerlas en las ramas del rbol nuevo. 
La biblioteca? pregunt Hagrid, acompandolos hasta la puerta. Justo antes de las fiestas? Un poco triste, no creis? 
Oh, no es un trabajo explic alegremente Harry. Desde que mencionaste a Nicols Flamel, estamos tratando de averiguar quin es. 
Qu? Hagrid pareca impresionado. Escuchadme... Ya os lo dije... No os metis. No tiene nada que ver con vosotros lo que 
custodia ese perro. 
Nosotros queremos saber quin es Nicols Flamel, eso es todo dijo Hermione. 
Salvo que quieras ahorrarnos el trabajo aadi Harry. Ya hemos buscado en miles de libros y no hemos po-dido encontrar nada... 
Si nos das una pista... Yo s que le su nombre en algn lado. 
No voy a deciros nada dijo Hagrid con firmeza. 
Entonces tendremos que descubrirlo nosotros dijo Ron. Dejaron a Hagrid malhumorado y fueron rpidamente a la biblioteca. 
Haban estado buscando el nombre de Flamel desde que a Hagrid se le escap, porque de qu otra manera podan averiguar lo que 
quera robar Snape? El problema era la difi-cultad de buscar; sin saber qu poda haber hecho Flamel para figurar en un libro. No estaba 
en Grandes magos del si-glo XX , ni en Notables nombres de la magia de nuestro tiem-po ; tampoco figuraba en  Importantes 
descubrimientos en la magia moderna  ni en Un estudio del reciente desarrollo de la hechicera . Y adems, por supuesto, estaba el 
tamao de la biblioteca, miles y miles de libros, miles de estantes, cientos de estrechas filas... 
Hermione sac una lista de ttulos y temas que haba de-cidido investigar; mientras Ron se paseaba entre una fila de libros y los sacaba 
al azar. Harry se acerc a la Seccin Prohi-bida. Se haba preguntado si Flamel no estara all. Pero por desgracia, haca falta un 
permiso especial, firmado por un profesor, para mirar alguno de los libros de aquella sec-cin, y saba que no iba a conseguirlo. All 
estaban los libros con la poderosa Magia del Lado Oscuro, que nunca se ense-aba en Hogwarts y que slo lean los alumnos mayores, 
que estudiaban cursos avanzados de Defensa Contra las Artes Oscuras. 
Qu ests buscando, muchacho? 
Nada respondi Harry. 
La seora Pince, la bibliotecaria, empu un plumero ante su cara. 
Entonces, mejor que te vayas. Vamos, fuera! 
Harry sali de la biblioteca, deseando haber sido ms r-pido en inventarse algo. l, Ron y Hermione se haban pues-to de acuerdo en 
que era mejor no consultar a la seora Pince sobre Flamel. Estaban seguros de que ella podra decrselo, pero no podan arriesgarse a 
que Snape se enterara de lo que estaban buscando. 
Harry los esper en el pasillo, para ver si los otros ha-ban encontrado algo, pero no tena muchas esperanzas. Des-pus de todo, 
buscaban slo desde haca quince das y en los pocos momentos libres, as que no era raro que no encontra-ran nada. Lo que 
realmente necesitaban era una buena in-vestigacin, sin la seora Pince pegada a sus nucas. 
Cinco minutos ms tarde, Ron y Hermione aparecieron negando con la cabeza. Se marcharon a almorzar. 
Vais a seguir buscando cuando yo no est, verdad? dijo Hermione. Si encontris algo, enviadme una lechuza. 
Y t podrs preguntarle a tus padres si saben quin es Flamel dijo Ron. Preguntarle a ellos no tendr riesgos. 
Ningn riesgo, ya que ambos son dentistas respon-di Hermione. 
Cuando comenzaron las vacaciones, Ron y Harry tuvieron mucho tiempo para pensar en Flamel. Tenan el dormitorio para ellos y la sala 
comn estaba mucho ms vaca que de costumbre, as que podan elegir los mejores sillones frente al fuego. Se quedaban comiendo 
todo lo que podan pinchar en un tenedor de tostar (pan, buuelos, melcochas) y planea-ban formas de hacer que expulsaran a Malfoy, 
muy diverti-das, pero imposibles de llevar a cabo. 
Ron tambin comenz a ensear a Harry a jugar al aje-drez mgico. Era igual que el de los  muggles, salvo que las piezas estaban vivas, 
lo que lo haca muy parecido a dirigir un ejrcito en una batalla. El juego de Ron era muy antiguo y estaba gastado. Como todo lo que 
tena, haba pertenecido a alguien de su familia, en este caso a su abuelo. Sin embargo, las piezas de ajedrez viejas no eran una 
desventaja. Ron las conoca tan bien que nunca tena problemas en hacerles ha-cer lo que quera. 
Harry jug con el ajedrez que Seamus Finnigan le haba prestado, y las piezas no confiaron en l. l todava no era muy buen jugador, y 
las piezas le daban distintos consejos y lo confundan, diciendo, por ejemplo: No me enves a m. No ves el caballo? Muvelo a l, 
podemos permitirnos per-derlo. 
En la vspera de Navidad, Harry se fue a la cama, deseo-so de que llegara el da siguiente, pensando en toda la diver-sin y comida que 
lo aguardaban, pero sin esperar ningn re-galo. Cuando al da siguiente se despert temprano, lo primero que vio fue unos cuantos 
paquetes a los pies de su cama. 
Feliz Navidad! lo salud medio dormido Ron, mien-tras Harry saltaba de la cama y se pona la bata. 
Para ti tambin contest Harry. Mira esto! Me han enviado regalos! 
Qu esperabas, nabos? dijo Ron, volvindose hacia sus propios paquetes, que eran ms numerosos que los de Harry 
Harry cogi el paquete que estaba ms arriba. Estaba envuelto en papel de embalar y tena escrito: Para Harry de Hagrid. Contena 
una flauta de madera, toscamente trabajada. Era evidente que Hagrid la haba hecho. Harry sopl y la flauta emiti un sonido parecido al 
canto de la le-chuza. 
El segundo, muy pequeo, contena una nota. 
Recibimos tu mensaje y te mandamos tu regalo de Na-vidad. De to Vernon y ta Petunia. Pegada a la nota estaba una moneda de 
cincuenta peniques. 
Qu detalle coment Harry. 
Ron estaba fascinado con los cincuenta peniques. 
Qu raro! dijo Qu forma! Esto es dinero? 
Puedes quedarte con ella dijo Harry, riendo ante el placer de Ron. Hagrid, mis tos... Quin me ha enviado ste? 
Creo que s de quin es se dijo Ron, algo rojo y se-alando un paquete deforme. Mi madre. Le dije que creas que nadie te 
regalara nada y.. oh, no             gru, te ha hecho un jersey Weasley. 
Harry abri el paquete y encontr un jersey tejido a mano, grueso y color verde esmeralda, y una gran caja de pastel de chocolate 
casero. 
Cada ao nos teje un jersey dijo Ron, desenvolvien-do su paquete y el mo siempre es rojo oscuro. 
Es muy amable de parte de tu madre dijo Harry probando el pastel, que era delicioso. 
El siguiente regalo tambin tena golosinas, una gran caja de ranas de chocolate, de parte de Hermione. 
Le quedaba el ltimo. Harry lo cogi y not que era muy ligero. Lo desenvolvi. 
Algo fluido y de color gris plateado se desliz hacia el suelo y se qued brillando. Ron buf.
Haba odo hablar de esto dijo con voz ronca, dejan-do caer la caja de grageas de todos los sabores, regalo de Her-mione. Si es lo 
que pienso, es algo verdaderamente raro y valioso. 
Qu es? 
Harry cogi el gnero brillante y plateado. El tocarlo pro-duca una sensacin extraa, como si fuera agua convertida en tejido. 
Es una capa invisible dijo Ron, con una expresin de temor reverencial. Estoy seguro... Prubatela. 
Harry se puso la capa sobre los hombros y Ron lanz un grito. 
Lo es! Mira abajo! 
Harry se mir los pies, pero ya no estaban. Se dirigi al espejo. Efectivamente: su reflejo lo miraba, pero slo su cabe-za suspendida en 
el aire, porque su cuerpo era totalmente in-visible. Se puso la capa sobre la cabeza y su imagen desapa-reci por completo. 
Hay una nota! dijo de pronto Ron. Ha cado una nota! 
Harry se quit la capa y cogi la nota. La caligrafa, fina y llena de curvas, era desconocida para l. Deca: 
Tu padre dej esto en mi poder antes de morir. Ya es tiempo de que te sea devuelto. Utilzalo bien. 
Una muy Feliz Navidad para ti. 
No tena firma. Harry contempl la nota. Ron admiraba la capa. 
Yo dara cualquier cosa por tener una dijo Lo que sea. Qu te sucede? 
Nada dijo Harry Se senta muy extrao. Quin le haba enviado la capa? Realmente haba pertenecido a su padre? 
Antes de que pudiera decir o pensar algo, la puerta del dormitorio se abri de golpe y Fred y George Weasley entra-ron. Harry escondi 
rpidamente la capa. No se senta con ganas de compartirla con nadie ms. 
Feliz Navidad! 
Eh, mira! A Harry tambin le han regalado un jersey Weasley! 
Fred y George llevaban jersis azules, uno con una gran letra F y el otro con la G. 
El de Harry es mejor que el nuestro dijo Fred co-giendo el jersey de Harry. Es evidente que se esmera ms cuando no es para la 
familia. 
Por qu no te has puesto el tuyo, Ron? quiso saber George. Vamos, prubatelo, son bonitos y abrigan. 
Detesto el rojo oscuro se quej Ron, mientras se lo pasaba por la cabeza. 
No tenis la inicial en los vuestros observ George. Supongo que ella piensa que no os vais a olvidar de vuestros nombres. Pero 
nosotros no somos estpidos... Sabemos muy bien que nos llamamos Gred y Feorge. 
Qu es todo ese ruido? 
Percy Weasley asom la cabeza a travs de la puerta, con aire de desaprobacin. Era evidente que haba ido desenvol-viendo sus 
regalos por el camino, porque tambin tena un jersey bajo el brazo, que Fred vio. 
P de prefecto! Prubatelo, Percy, vamos, todos nos lo hemos puesto, hasta Harry tiene uno. 
Yo... no... quiero dijo Percy, con firmeza, mientras los gemelos le metan el jersey por la cabeza, tirndole las gafas al suelo. 
Y hoy no te sentars con los prefectos dijo George. La Navidad es para pasarla en familia. 
Cogieron a Percy y se lo llevaron de la habitacin, con los brazos sujetos por el jersey. 
Harry no haba celebrado en su vida una comida de Navidad como aqulla. Un centenar de pavos asados, montaas de patatas cocidas 
y asadas, soperas llenas de guisantes con mantequilla, recipientes de plata con una grasa riqusima y salsa de moras, y muchos 
huevos sorpresa esparcidos por to-das las mesas. Estos fantsticos huevos no tenan nada que ver con los flojos artculos de los  
muggles, que Dudley habi-tualmente compraba, ni con juguetitos de plstico ni gorri-tos de papel. Harry tir uno al suelo y no slo hizo 
pum!, sino que estall como un caonazo y los envolvi en una nube azul, mientras del interior salan una gorra de con-traalmirante y 
varios ratones blancos, vivos. En la Mesa Alta, Dumbledore haba reemplazado su sombrero cnico de mago por un bonete floreado, y 
se rea de un chiste del profe-sor Flitwick. 
A los pavos les siguieron los pudines de Navidad, fla-meantes. Percy casi se rompi un diente al morder un  sickle  de plata que estaba 
en el trozo que le toc. Harry observaba a Hagrid, que cada vez se pona ms rojo y beba ms vino, hasta que finalmente bes a la 
profesora McGonagall en la mejilla y, para sorpresa de Harry, ella se ruboriz y ri, con el sombrero medio torcido. 
Cuando Harry finalmente se levant de la mesa, estaba cargado de cosas de las sorpresas navideas, y que incluan globos luminosos 
que no estallaban, un juego de Haga Crecer Sus Propias Verrugas y piezas nuevas de ajedrez. Los rato-nes blancos haban 
desaparecido, y Harry tuvo el horrible presentimiento de que iban a terminar siendo la cena de Na-vidad de la  Seora Norris . 
Harry y los Weasley pasaron una velada muy diverti-da, con una batalla de bolas de nieve en el parque. Ms tarde, helados, hmedos y 
jadeantes, regresaron a la sala comn de Gryffindor para sentarse al lado del fuego. All Harry es-tren su nuevo ajedrez y perdi 
espectacularmente con Ron. Pero sospechaba que no habra perdido de aquella manera si Percy no hubiera tratado de ayudarlo tanto. 
Despus de un t con bocadillos de pavo, buuelos, bizcocho borracho y pastel de Navidad, todos se sintieron tan hartos y soolientos 
que no podan hacer otra cosa que irse a la cama; no obstante, permanecieron sentados y ob-servaron a Percy, que persegua a Fred y 
George por toda la torre Gryffindor porque le haban robado su insignia de prefecto. 
Fue el mejor da de Navidad de Harry. Sin embargo, algo daba vueltas en un rincn de su mente. En cuanto se meti en la cama, pudo 
pensar libremente en ello: la capa invisible y quin se la haba enviado. 
Ron, ahto de pavo y pastel y sin ningn misterio que lo preocupara, se qued dormido en cuanto corri las cortinas de su cama. Harry 
se inclin a un lado de la cama y sac la capa. 
De su padre... Aquello haba sido de su padre. Dej que el gnero corriera por sus manos, ms suave que la seda, ligero como el aire. 
Utilzalo bien, deca la nota. 
Tena que probarla. Se desliz fuera de la cama y se en-volvi en la capa. Mir hacia abajo y vio slo la luz de la luna y las sombras. Era 
una sensacin muy curiosa. 
Utilzalo bien. 
De pronto, Harry se sinti muy despierto. Con aquella capa, todo Hogwarts estaba abierto para l. Mientras estaba all, en la oscuridad y 
el silencio, la excitacin se apoder de l. Poda ir a cualquier lado con ella, a cualquier lado, y Filch nunca lo sabra. 
Ron gru entre sueos. Deba despertarlo? Algo lo de-tuvo. La capa de su padre... Sinti que aquella vez (la prime-ra vez) quera 
utilizarla solo.
Sali cautelosamente del dormitorio, baj la escalera, cruz la sala comn y pas por el agujero del retrato. 
Quin est ah? chill la Dama Gorda. Harry no dijo nada. Anduvo rpidamente por el pasillo. 
Adnde ira? De pronto se detuvo, con el corazn palpi-tante, y pens. Y entonces lo supo. La Seccin Prohibida de la biblioteca. Iba a 
poder leer todo lo que quisiera, para descu-brir quin era Flamel. Se ajust la capa y se dirigi hacia all. 
La biblioteca estaba oscura y fantasmal. Harry encendi una lmpara para ver la fila de libros. La lmpara pareca flotar sola en el aire y 
hasta el mismo Harry, que senta su brazo llevndola, tena miedo. 
La Seccin Prohibida estaba justo en el fondo de la bi-blioteca. Pasando con cuidado sobre la soga que separaba aquellos libros de los 
dems, Harry levant la lmpara para leer los ttulos. 
No le decan mucho. Las letras doradas formaban pala-bras en lenguajes que Harry no conoca. Algunos no tenan ttulos. Un libro tena 
una mancha negra que pareca sangre. A Harry se le erizaron los pelos de la nuca. Tal vez se lo esta-ba imaginando, tal vez no, pero le 
pareci que un murmullo sala de los libros, como si supieran que haba alguien que no deba estar all. 
Tena que empezar por algn lado. Dej la lmpara con cuidado en el suelo y mir en una estantera buscando un li-bro de aspecto 
interesante. Le llam la atencin un volumen grande, negro y plateado. Lo sac con dificultad, porque era muy pesado y, balancendolo 
sobre sus rodillas, lo abri. 
Un grito desgarrador; espantoso, cort el silencio... El li-bro gritaba! Harry lo cerr de golpe, pero el aullido continua-ba, en una nota 
aguda, ininterrumpida. Retrocedi y choc con la lmpara, que se apag de inmediato. Aterrado, oy pa-sos que se acercaban por el 
pasillo, meti el volumen en el es-tante y sali corriendo. Pas al lado de Filch casi en la puer-ta, y los ojos del celador; muy abiertos, 
miraron a travs de Harry. El chico se agach, pas por debajo del brazo de Filch y sigui por el pasillo, con los aullidos del libro 
resonando en sus odos. 
Se detuvo de pronto frente a unas armaduras. Haba es-tado tan ocupado en escapar de la biblioteca que no haba prestado atencin al 
camino. Tal vez era porque estaba oscu-ro, pero no reconoci el lugar donde estaba. Haba armadu-ras cerca de la cocina, eso lo saba, 
pero deba de estar cinco pisos ms arriba. 
Usted me pidi que le avisara directamente, profesor, si alguien andaba dando vueltas durante la noche, y alguien estuvo en la 
biblioteca, en la Seccin Prohibida. 
Harry sinti que se le iba la sangre de la cara. Filch de-ba de conocer un atajo para llegar a donde l estaba, porque el murmullo de su 
voz se acercaba cada vez ms y, para su ho-rror, el que le contestaba era Snape. 
La Seccin Prohibida? Bueno, no pueden estar lejos, ya los atraparemos. 
Harry se qued petrificado, mientras Filch y Snape se acercaban. No podan verlo, por supuesto, pero el pasillo era estrecho y, si se 
acercaban mucho, iban a chocar contra l. La capa no ocultaba su materialidad. 
Retrocedi lo ms silenciosamente que pudo. A la iz-quierda haba una puerta entreabierta. Era su nica espe-ranza. Se desliz, 
conteniendo la respiracin y tratando de no hacer ruido. Para su alivio, entr en la habitacin sin que lo notaran. Pasaron por delante de 
l y Harry se apoy con-tra la pared, respirando profundamente, mientras escucha-ba los pasos que se alejaban. Haban estado cerca, 
muy cerca. Transcurrieron unos pocos segundos antes de que se fijara en la habitacin que lo haba ocultado. 
Pareca un aula en desuso. Las sombras de sillas y pupi-tres amontonados contra las paredes, una papelera inverti-da y apoyada contra 
la pared de enfrente... Haba algo que pareca no pertenecer all, como si lo hubieran dejado para quitarlo de en medio. 
Era un espejo magnfico, alto hasta el techo, con un mar-co dorado muy trabajado, apoyado en unos soportes que eran como garras. 
Tena una inscripcin grabada en la parte supe-rior:  Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse . 
Ya no oa ni a Filch ni a Snape, y Harry no tena tanto miedo. Se acerc al espejo, deseando mirar para no encontrar su imagen 
reflejada. Se detuvo frente a l. 
Tuvo que llevarse las manos a la boca para no gritar. Gir en redondo. El corazn le lata ms furiosamente que cuando el libro haba 
gritado... Porque no slo se haba visto en el espejo, sino que haba mucha gente detrs de l. 
Pero la habitacin estaba vaca. Respirando agitadamente, volvi a mirar el espejo. 
All estaba l, reflejado, blanco y con mirada de miedo y all, reflejados detrs de l, haba al menos otros diez. Harry mir por encima 
del hombro, pero no haba nadie all. O tambin eran todos invisibles? Estaba en una habitacin llena de gente invisible y la trampa 
del espejo era que los re-flejaba, invisibles o no? 
Mir otra vez al espejo. Una mujer, justo detrs de su re-flejo, le sonrea y agitaba la mano. Harry levant una mano y sinti el aire que 
pasaba. Si ella estaba realmente all, de-ba de poder tocarla, sus reflejos estaban tan cerca... Pero slo sinti aire: ella y los otros 
existan slo en el espejo. 
Era una mujer muy guapa. Tena el cabello rojo oscuro y sus ojos... Sus ojos son como los mos, pens Harry, acer-cndose un poco 
ms al espejo. Verde brillante, exactamente la misma forma, pero entonces not que ella estaba llorando, sonriendo y llorando al mismo 
tiempo. El hombre alto, delga-do y de pelo negro que estaba al lado de ella le pas el brazo por los hombros. Llevaba gafas y el pelo 
muy desordenado. Y se le pona tieso en la nuca, igual que a Harry. 
Harry estaba tan cerca del espejo que su nariz casi toca-ba su reflejo. 
Mam? susurr. Pap? 
Entonces lo miraron, sonriendo. Y lentamente, Harry fue observando los rostros de las otras personas, y vio otro par de ojos verdes 
como los suyos, otras narices como la suya, incluso un hombre pequeo que pareca tener las mismas ro-dillas nudosas de Harry. 
Estaba mirando a su familia por primera vez en su vida. 
Los Potter sonrieron y agitaron las manos, y Harry per-maneci mirndolos anhelante, con las manos apretadas contra el espejo, como 
si esperara poder pasar al otro lado y alcanzarlos. En su interior senta un poderoso dolor, mitad alegra y mitad tristeza terrible. 
No supo cunto tiempo estuvo all. Los reflejos no se des-vanecan y Harry miraba y miraba, hasta que un ruido leja-no lo hizo volver a la 
realidad. No poda quedarse all, tena que encontrar el camino hacia el dormitorio. Apart los ojos de los de su madre y susurr: 
Volver. Sali apresurada-mente de la habitacin. 
Podas haberme despertado dijo malhumorado Ron. 
Puedes venir esta noche. Yo voy a volver; quiero ense-arte el espejo. 
Me gustara ver a tu madre y a tu padre dijo Ron con inters. 
Y yo quiero ver a toda tu familia, todos los Weasley. Po-drs ensearme a tus otros hermanos y a todos. 
Puedes verlos cuando quieras dijo Ron. Ven a mi casa este verano. De todos modos, a lo mejor slo muestra gente muerta. Pero 
qu lstima que no encontraste a Flamel. No quieres tocino o alguna otra cosa? Por qu no comes nada?
Harry no poda comer. Haba visto a sus padres y los ve-ra otra vez aquella noche. Casi se haba olvidado de Flamel. Ya no le pareca 
tan importante. A quin le importaba lo que custodiaba el perro de tres cabezas? Y qu ms daba si Sna-pe lo robaba? 
Ests bien? pregunt Ron. Te veo raro. 
Lo que Harry ms tema era no poder encontrar la habita-cin del espejo. Aquella noche, con Ron tambin cubierto por la capa, tuvieron 
que andar con ms lentitud. Trataron de repetir el camino de Harry desde la biblioteca, vagando por oscuros pasillos durante casi una 
hora. 
Estoy congelado se quej Ron. Olvidemos esto y volvamos. 
No! susurr Harry. S que est por aqu. 
Pasaron al lado del fantasma de una bruja alta, que se deslizaba en direccin opuesta, pero no vieron a nadie ms. 
Justo cuando Ron se quejaba de que tena los pies helados, Harry divis la pareja de armaduras. 
Es all... justo all... s! 
Abrieron la puerta. Harry dej caer la capa de sus hom-bros y corri al espejo. 
All estaban. Su madre y su padre sonrieron felices al verlo. 
Ves? murmur Harry. 
No puedo ver nada. 
Mira! Mralos a todos... Son muchos... 
Slo puedo verte a ti. 
Pero mira bien, vamos, ponte donde estoy yo. 
Harry dio un paso a un lado, pero con Ron frente al espe-jo ya no poda ver a su familia, slo a Ron con su pijama de colores. 
Sin embargo, Ron pareca fascinado con su imagen. 
Mrame! dijo. 
Puedes ver a toda tu familia contigo? 
No... estoy solo... pero soy diferente... mayor... y soy delegado! 
Cmo? 
Tengo... tengo un distintivo como el de Bill y estoy le-vantando la copa de la casa y la copa de  quidditch... Y tam-bin soy capitn de 
quidditch! 
Ron apart los ojos de aquella esplndida visin y mir excitado a Harry. 
Crees que este espejo muestra el futuro? 
Cmo puede ser? Si toda mi familia est muerta... djame mirar de nuevo... 
Lo has tenido toda la noche, djame un ratito ms. 
Pero si ests sosteniendo la copa de  quidditch, qu tiene eso de interesante? Quiero ver a mis padres. 
No me empujes. 
Un sbito ruido en el pasillo puso fin a la discusin. No se haban dado cuenta de que hablaban en voz alta. 
Rpido! 
Ron tir la capa sobre ellos justo cuando los luminosos ojos de la  Seora Norris  aparecieron en la puerta. Ron y Harry permanecieron 
inmviles, los dos pensando lo mismo: la capa funcionaba con los gatos? Despus de lo que pareci una eternidad, la gata dio la 
vuelta y se march. 
No estamos seguros... Puede haber ido a buscar a Filch, seguro que nos ha odo. Vamos. 
Y Ron empuj a Harry para que salieran de la habita-cin. 
La nieve todava no se haba derretido a la maana si-guiente. 
Quieres jugar al ajedrez, Harry? pregunt Ron. 
No. 
Por qu no vamos a visitar a Hagrid? 
No... ve t... 
S en qu ests pensando, Harry, en ese espejo. No vuelvas esta noche. 
Por qu no? 
No lo s. Pero tengo un mal presentimiento y, de todos modos, ya has tenido muchos encuentros. Filch, Snape y la  Seora Norris 
andan vigilando por ah Qu importa si no te ven? Y si tropiezan contigo? Y si chocas con algo? 
Pareces Hermione. 
Te lo digo en serio, Harry, no vayas 
Pero Harry slo tena un pensamiento en su mente, vol-ver a mirar en el espejo. Y Ron no lo detendra. 
La tercera noche encontr el camino ms rpidamente que las veces anteriores. Andaba ms rpido de lo que habra sido prudente, 
porque saba que estaba haciendo ruido, pero no se encontr con nadie. 
Y all estaban su madre y su padre, sonrindole otra vez, y uno de sus abuelos lo saludaba muy contento. Harry se dej caer al suelo 
para sentarse frente al espejo. Nadie iba a im-pedir que pasara la noche con su familia. Nadie. 
Excepto... 
Entonces de vuelta otra vez, no, Harry? 
Harry sinti como si se le helaran las entraas. Mir para atrs. Sentado en un pupitre, contra la pared, estaba nada menos que Albus 
Dumbledore. Harry debi de haber pasado justo por su lado, y estaba tan desesperado por llegar hasta el espejo que no haba notado su 
presencia. 
No... no lo haba visto, seor. 
Es curioso lo miope que se puede volver uno al ser invi-sible dijo Dumbledore, y Harry se sinti aliviado al ver que le sonrea. 
Entonces continu Dumbledore, bajando del pupitre para sentarse en el suelo con Harry, t, como cien-tos antes que t, has 
descubierto las delicias del espejo de Oesed.
No saba que se llamaba as, seor. 
Pero espero que te habrs dado cuenta de lo que hace, no? 
Bueno... me mostr a mi familia y... 
Y a tu amigo Ron lo reflej como capitn. 
Cmo lo sabe...? 
No necesito una capa para ser invisible dijo amable-mente Dumbledore. Y ahora puedes pensar qu es lo que nos muestra el 
espejo de Oesed a todos nosotros? 
Harry neg con la cabeza. 
Djame explicarte. El hombre ms feliz de la tierra puede utilizar el espejo de Oesed como un espejo normal, es decir, se mirar y se 
ver exactamente como es. Eso te ayuda? 
Harry pens. Luego dijo lentamente: 
Nos muestra lo que queremos... lo que sea que que-ramos... 
S y no dijo con calma Dumbledore. Nos muestra ni ms ni menos que el ms profundo y desesperado deseo de nuestro corazn. 
Para ti, que nunca conociste a tu familia, verlos rodendote. Ronald Weasley, que siempre ha sido so-brepasado por sus hermanos, se 
ve solo y el mejor de todos ellos. Sin embargo, este espejo no nos dar conocimiento o verdad. Hay hombres que se han consumido 
ante esto, fasci-nados por lo que han visto. O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible. 
Continu: 
El espejo ser llevado a una nueva casa maana, Harry, y te pido que no lo busques otra vez. Y si alguna vez te cruzas con l, 
debers estar preparado. No es bueno dejarse arrastrar por los sueos y olvidarse de vivir, recurdalo. Aho-ra por que no te pones de 
nuevo esa magnfica capa y te vas a la cama? 
Harry se puso de pie. 
Seor... profesor Dumbledore... Puedo preguntarle algo? 
Es evidente que ya lo has hecho sonri Dumbledo-re. Sin embargo, puedes hacerme una pregunta ms. 
Qu es lo que ve, cuando se mira en el espejo? 
Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana. 
Harry lo mir asombrado. 
Uno nunca tiene suficientes calcetines explic Dum-bledore. Ha pasado otra Navidad y no me han regalado ni un solo par. La 
gente sigue insistiendo en regalarme libros. 
En cuanto Harry estuvo de nuevo en su cama, se le ocu-rri pensar que tal vez Dumbledore no haba sido sincero. Pero es que, pens 
mientras sacaba a Scabbers de su almo-hada, haba sido una pregunta muy personal. 
13 
Nicols Flamel 
Dumbledore haba convencido a Harry de que no buscara otra vez el espejo de Oesed, y durante el resto de las vacacio-nes de Navidad 
la capa invisible permaneci doblada en el fondo de su bal. Harry deseaba poder olvidar lo que haba visto en el espejo, pero no pudo. 
Comenz a tener pesadillas. Una y otra vez, soaba que sus padres desaparecan en un rayo de luz verde, mientras una voz aguda se 
rea. 
Te das cuenta? Dumbledore tena razn. Ese espejo te puede volver loco dijo Ron, cuando Harry le cont sus sueos. 
Hermione, que volvi el da anterior al comienzo de las clases, consider las cosas de otra manera. Estaba dividida entre el horror de la 
idea de Harry vagando por el colegio tres noches seguidas (Si Filch te hubiera atrapado!) y desilu-sionada porque finalmente no 
hubieran descubierto quin era Nicols Flamel. 
Ya casi haban abandonado la esperanza de descubrir a Flamel en un libro de la biblioteca, aunque Harry estaba seguro de haber ledo 
el nombre en algn lado. Cuando em-pezaron las clases, volvieron a buscar en los libros durante diez minutos durante los recreos. Harry 
tena menos tiempo que ellos, porque los entrenamientos de  quidditch haban co-menzado tambin. 
Wood los hacia trabajar ms duramente que nunca. Ni siquiera la lluvia constante que haba reemplazado a la nie-ve poda doblegar su 
nimo. Los Weasley se quejaban de que Wood se haba convertido en un fantico, pero Harry esta-ba de acuerdo con Wood. Si 
ganaban el prximo partido contra Hufflepuff, podran alcanzar a Slytherin en el campeo-nato de las casas, por primera vez en siete 
aos. Adems de que deseaba ganar; Harry descubri que tena menos pesadi-llas cuando estaba cansado por el ejercicio. 
Entonces, durante un entrenamiento en un da especial-mente hmedo y lleno de barro, Wood les dio una mala noti-cia. Se haba 
enfadado mucho con los Weasley, que se tiraban en picado y fingan caerse de las escobas. 
Dejad de hacer tonteras! grit. sas son exacta-mente las cosas que nos harn perder el partido! Esta vez el rbitro ser 
Snape, y buscar cualquier excusa para quitar puntos a Gryffindor! 
George Weasley, al or esas palabras, casi se cay de ver-dad de su escoba. 
Snape va a ser el rbitro? Escupi un puado de barro. Cundo ha sido rbitro en un partido de  quid-ditch? No ser imparcial, 
si nosotros podemos sobrepasar a Slytherin. 
El resto del equipo se acerc a George para quejarse. 
No es culpa ma dijo Wood. Lo que tenemos que hacer es estar seguros de jugar limpio, as no le daremos ex-cusa a Snape para 
marcarnos faltas. 
Todo aquello estaba muy bien, pens Harry; pero l tena otra razn para no querer estar cerca de Snape mientras ju-gaba a  quidditch. 
Los dems jugadores se quedaron, como siempre, para charlar entre ellos al finalizar el entrenamiento, pero Harry se dirigi 
directamente a la sala comn de Gryffindor; donde encontr a Ron y Hermione jugando al ajedrez. El ajedrez era la nica cosa a la que 
Hermione haba perdido, algo que Harry y Ron consideraban muy beneficioso para ella. 
No me hables durante un momento dijo Ron, cuan-do Harry se sent al lado. Necesito concen... vio el rostro de Harry. Qu 
te sucede? Tienes una cara terrible. 
En tono bajo, para que nadie ms los oyera, Harry les ex-plic el sbito y siniestro deseo de Snape de ser rbitro de  quidditch.
No juegues dijo de inmediato Hermione. 
Diles que ests enfermo aadi Ron. 
Finge que se te ha roto una pierna sugiri Hermione. 
Rmpete una pierna de verdad dijo Ron. 
No puedo dijo Harry. No hay un buscador suplente. Si no juego, Gryffindor tampoco puede jugar. 
En aquel momento Neville cay en la sala comn. Nadie se explic cmo se las haba arreglado para pasar por el agujero del retrato, 
porque sus piernas estaban pegadas jun-tas, con lo que reconocieron de inmediato el Maleficio de las Piernas Unidas. Haba tenido que 
ir saltando todo el camino hasta la torre Gryffindor. 
Todos empezaron a rerse, salvo Hermione, que se puso de pie e hizo el contramaleficio. Las piernas de Neville se se-pararon y pudo 
ponerse de pie, temblando. 
Qu ha sucedido? pregunt Hermione, ayudndolo a sentarse junto a Harry y Ron. 
Malfoy respondi Neville temblando. Lo encontr fuera de la biblioteca. Dijo que estaba buscando a alguien para practicarlo. 
Ve a hablar con la profesora McGonagall! lo inst Hermione. Acsalo! 
Neville neg con la cabeza. 
No quiero tener ms problemas murmur. 
Tienes que hacerle frente, Neville! dijo Ron. Est acostumbrado a llevarse a todo el mundo por delante, pero sa no es una razn 
para echarse al suelo a su paso y hacerle las cosas ms fciles. 
No es necesario que me digas que no soy lo bastante valiente para pertenecer a Gryffindor; eso ya me lo dice Mal-foy dijo Neville, 
atragantndose. 
Harry busc en los bolsillos de su tnica y sac una rana de chocolate, la ltima de la caja que Hermione le haba re-galado para 
Navidad. Se la dio a Neville, que pareca estar a punto de llorar. 
Tu vales por doce Malfoys dijo Harry. Acaso no te eligi para Gryffindor el Sombrero Seleccionador? Y dnde est Malfoy? En 
la apestosa Slytherin. 
Neville dej escapar una dbil sonrisa, mientras desen-volva el chocolate. 
Gracias, Harry.. Creo que me voy a la cama... Quie-res el cromo? T los coleccionas, no? 
Mientras Neville se alejaba, Harry mir el cromo de los Magos Famosos. 
Dumbledore otra vez dijo l fue el primero que... 
Buf. Mir fijamente la parte de atrs de la tarjeta. Lue-go levant la vista hacia Ron y Hermione. 
Lo encontr! susurr. Encontr a Flamel! Os dije que haba ledo ese nombre antes. Lo le en el tren, viniendo hacia aqu. 
Escuchad lo que dice: El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald, en 1945, por el 
descubrimiento de las doce apli-caciones de la sangre de dragn y por su trabajo en alquimia con su compaero Nicols Flamel!. 
Hermione dio un salto. No estaba tan excitada desde que le dieron la nota de su primer trabajo. 
Esperad aqu! dijo, y se lanz por la escalera hacia el dormitorio de las chicas. Harry y Ron casi no tuvieron tiempo de intercambiar 
una mirada de asombro y ya estaba all de nuevo, con un enorme libro entre los brazos. 
Nunca pens en buscar aqu! susurr excitada. Lo saqu de la biblioteca hace semanas, para tener algo lige-ro para leer. 
Ligero? dijo Ron, pero Hermione le dijo que espera-ra, que tena que buscar algo y comenz a dar la vuelta a las pginas, 
enloquecida, murmurando para s misma. 
Al fin encontr lo que buscaba. 
Lo saba! Lo saba! 
Podemos hablar ahora? dijo Ron con malhumor. Hermione hizo caso omiso de l. 
Nicols Flamel susurr con tono teatral es el ni-co descubridor conocido de la Piedra Filosofal. 
Aquello no tuvo el efecto que ella esperaba. 
La qu? dijeron Harry y Ron. 
Oh, no lo entiendo! No sabis leer? Mirad, leed aqu. Empuj el libro hacia ellos, y Harry y Ron leyeron: 
El antiguo estudio de la alquimia est relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sus-tancia legendaria que tiene 
poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. Tambin produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal 
al que lo bebe. 
Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a tra-vs de los siglos, pero la nica Piedra que existe ac-tualmente pertenece al seor 
Nicols Flamel, el notable alquimista y amante de la pera. El seor Flamel, que cumpli seiscientos sesenta y cinco aos el ao 
pasado, lleva una vida tranquila en Devon con su es-posa Perenela (de seiscientos cincuenta y ocho aos). 
Veis? dijo Hermione, cuando Harry y Ron termina-ron. El perro debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel. Seguro 
que le pidi a Dumbledore que se la guar-dase, porque son amigos y porque debe de saber que alguien la busca. Por eso quiso que 
sacaran la Piedra de Gringotts! 
Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera! dijo Harry. No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querra. 
Y no es raro que no pudiramos encontrar a Flamel en ese  Estudio del reciente desarrollo de la hechicera  dijo Ron. l no es 
exactamente reciente si tiene seiscientos se-senta y cinco aos, verdad? 
A la maana siguiente, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, mientras copiaban las diferentes formas de tratar las 
mordeduras de hombre lobo, Harry y Ron se-guan discutiendo qu haran con la Piedra Filosofal si tuvie-ran una. Hasta que Ron dijo que 
l se comprara su propio equipo de  quidditch y Harry record el partido en que ten-dra a Snape de rbitro. 
Jugar inform a Ron y Hermione. Si no lo hago, todos los Slytherins pensarn que tengo miedo de enfrentar-me con Snape. Les 
voy a demostrar... les voy a borrar la son-risa de la cara si ganamos. 
Siempre y cuando no te borren a ti del terreno de juego dijo Hermione. 
Sin embargo, a medida que se acercaba el da del partido, Harry se pona ms nervioso, pese a todo lo que le haba di-cho a sus 
amigos. El resto del equipo tampoco estaba dema-siado tranquilo. La idea de alcanzar a Slytherin en el torneo de la casa era 
maravillosa, nadie lo haba conseguido en sie-te aos, pero podran hacerlo con aquel rbitro tan parcial? 
Harry no saba si se lo imaginaba o no, pero vea a Snape por todas partes. Por momentos, hasta se preguntaba si Sna-pe no lo estara siguiendo para atraparlo. Las clases de Pociones se convirtieron en torturas semanales para Harry, por la forma en que lo trataba Snape. 
Era posible que Snape su-piera que ellos haban averiguado lo de la Piedra Filosofal? Harry no se imaginaba cmo poda saberlo... 
aunque algunas veces tena la horrible sensacin de que Snape poda leer los pensamientos. 
Harry supo, cuando le desearon suerte en la puerta de los vestuarios, la tarde siguiente, que Ron y Hermione se pre-guntaban si 
volveran a verlo con vida. Aquello no era lo que uno llamara reconfortante. Harry casi no oy las palabras de Wood, mientras se pona la 
tnica de quidditch y coga su Nimbus 2.000. 
Ron y Hermione, entre tanto, encontraron un sitio en las gradas, cerca de Neville, que no poda entender por qu esta-ban tan 
preocupados, ni por qu llevaban sus varitas al par-tido. Lo que Harry no saba era que Ron y Hermione haban estado practicando en 
secreto el Maleficio de las Piernas Unidas. Se les ocurri la idea cuando Malfoy lo utiliz con Neville, y estaban listos para utilizarlo con 
Snape, si daba al-guna seal de querer hacer dao a Harry 
No te olvides, es  locomotor mortis murmur Hermio-ne, mientras Ron deslizaba su varita en la manga de la tnica. 
Ya lo s respondi enfadado. No me des la lata. 
Mientras tanto, en el vestuario, Wood haba llevado aparte a Harry 
No quiero presionarte, Potter; pero si alguna vez nece-sitamos que se capture en seguida la  snitch, es ahora. Ne-cesitamos terminar 
el partido antes de que Snape pueda fa-vorecer demasiado a Hufflepuff. 
Todo el colegio est all fuera! dijo Fred Weasley, es-piando a travs de la puerta. Hasta... Vaya, Dumbledore ha venido al 
partido! 
El corazn de Harry dio un brinco. 
Dumbledore? dijo, corriendo hasta la puerta para asegurarse. Fred tena razn. Aquella barba plateada era in-confundible. 
Harry tena ganas de rerse a carcajadas, del alivio que senta. Estaba a salvo. No haba forma de que Snape se ani-mara a hacerle algo 
si Dumbledore estaba mirando. 
Tal vez por eso Snape pareca tan enfadado mientras los equipos desfilaban por el terreno de juego, algo que Ron tam-bin not. 
Nunca vi a Snape con esa cara de malo dijo a Her-mione. Mira, ya salen. Eh! 
Alguien haba golpeado a Ron en la parte de atrs de la cabeza. Era Malfoy. 
Oh, perdn, Weasley, no te haba visto. 
Malfoy sonri burlonamente a Crabbe y Goyle. 
Me pregunto cunto tiempo durar Potter en su escoba esta vez. Alguien quiere apostar? Qu me dices, Weasley? 
Ron no le respondi: Snape acababa de pitar un penalti a favor de Hufflepuff, porque George Weasley le haba tirado una  bludger. 
Hermione, que tena los dedos cruzados sobre la falda, observaba sin cesar a Harry, que circulaba sobre el juego como un halcn, 
buscando la snitch. 
Sabis por qu creo que eligen a la gente para la casa de Gryffindor? dijo Malfoy en voz alta unos minutos ms tarde, mientras 
Snape daba otro penalti a Hufflepuff, sin ningn motivo. Es gente a la que le tienen lstima. Por ejemplo, est Potter; que no tiene 
padres, luego los Weasley, que no tienen dinero... Y t, Longbottom, que no tienes cerebro. 
Neville se puso rojo y se volvi en su asiento para enca-rarse con Malfoy 
Yo valgo por doce como t, Malfoy tartamude. 
Malfoy, Crabbe y Goyle estallaron en carcajadas, pero Ron, sin quitar los ojos del partido, intervino. 
As se habla, Neville. 
Longbottom, si tu cerebro fuera de oro seras ms po-bre que Weasley, y con eso te digo todo. 
La preocupacin por Harry estaba a punto de acabar con los nervios de Ron. 
Te prevengo, Malfoy... Una palabra ms... 
Ron! dijo de pronto Hermione. Harry...! 
Qu? Dnde? 
Harry haba salido en un espectacular vuelo, que arran-c gritos de asombro y vivas entre los espectadores. Hermio-ne se puso de pie, 
con los dedos cruzados en la boca, mientras Harry se lanzaba velozmente hacia el campo, como una bala. 
Tenis suerte, Weasley, es evidente que Potter ha visto alguna moneda en el campo dijo Malfoy 
Ron estall. Antes de que Malfoy supiera lo que estaba pasando, Ron estaba encima de l, tirndolo al suelo. Neville vacil, pero luego 
se encaram al respaldo de su silla para ayudar. 
Vamos, Harry! gritaba Hermione, subindose al asiento para ver bien a Harry, sin darse cuenta de que Mal-foy y Ron rodaban bajo 
su asiento y sin or los gritos y golpes de Neville, Crabbe y Goyle. 
En el aire, Snape puso en marcha su escoba justo a tiem-po para ver algo escarlata que pasaba a su lado, y que no cho-c con l por 
slo unos centmetros. Al momento siguiente Harry suba con el brazo levantado en gesto de triunfo y la mano apretando la  snitch. 
Las tribunas bullan. Aquello era un rcord, nadie recor-daba que se hubiera atrapado tan rpido la  snitch. 
Ron! Ron! Dnde ests? El partido ha terminado! Hemos ganado! Gryffindor es el primero! Hermione bai-laba en su asiento y se 
abrazaba con Parvati Patil, de la fila de delante. 
Harry salt de su escoba, a centmetros del suelo. No po-da creerlo. Lo haba conseguido... El partido haba termina-do y apenas haba 
durado cinco minutos. Mientras los de Gryffindor se acercaban al terreno de juego, vio que Snape aterrizaba cerca, con el rostro blanco 
y los labios tirantes. Entonces Harry sinti una mano en su hombro y, al darse la vuelta, se encontr con el rostro sonriente de 
Dumbledore. 
Bien hecho dijo Dumbledore en voz baja, para que slo Harry lo oyera. Muy bueno que no buscaras ese espe-jo... que te 
mantuvieras ocupado... excelente... 
Snape escupi con amargura en el suelo. 
Un rato despus, Harry sali del vestuario para dejar su Nim-bus 2.000 en la escobera. No recordaba haberse sentido tan contento. 
Haba hecho algo de lo que poda sentirse orgullo-so. Ya nadie podra decir que era slo un nombre clebre. El aire del anochecer nunca 
haba sido tan dulce. Anduvo por la hierba hmeda, reviviendo la ltima hora en su mente, en una feliz nebulosa: los Gryffindors corriendo 
para llevarlo en andas, Ron y Hermione en la distancia, saltando como lo-cos, Ron vitoreando en medio de una gran hemorragia nasal... 
Harry lleg a la cabaa. Se apoy contra la puerta de madera y mir hacia Hogwarts, cuyas ventanas despedan un brillo rojizo en la puesta del sol. Gryffindor a la cabeza. l lo haba hecho, le haba demostrado a Snape... 
Y hablando de Snape. 
Una figura encapuchada baj sigilosamente los escalo-nes delanteros del castillo. Era evidente que no quera ser visto dirigindose a 
toda prisa hacia el bosque prohibido. La victoria se apag en la mente de Harry mientras observaba. Reconoci a la figura que se 
alejaba. Era Snape, escabulln-dose en el bosque, mientras todos estaban en la cena... Qu suceda? 
Harry salt sobre su Nimbus 2.000 y se elev. Deslizn-dose silenciosamente sobre el castillo, vio a Snape entrando en el bosque. Lo 
sigui. 
Los rboles eran tan espesos que no poda ver adnde haba ido Snape. Vol en crculos, cada vez ms bajos, rozan-do las copas de 
los rboles, hasta que oy voces. Se desliz hacia all y se detuvo sin ruido, sobre un haya. 
Con cuidado se detuvo en una rama, sujetando su escoba y tratando de ver a travs de las hojas. 
Abajo, en un espacio despejado y sombro, vio a Snape. Pero no estaba solo. Quirrell tambin estaba all. Harry no poda verle la cara, 
pero tartamudeaba como nunca. Harry se esforz por or lo que decan. 
... n-no s p-por qu queras ver-verme j-justo a-aqu, de entre t-todos los l-lugares, Severus... 
Oh, pens que bamos a mantener esto en privado dijo Snape con voz  glida. Despus de todo, los alumnos no deben saber 
nada sobre la Piedra Filosofal. 
Harry se inclin hacia delante. Quirrell tartamudeaba algo y Snape lo interrumpi. 
Ya has averiguado cmo burlar a esa bestia de Ha-grid? 
P-p-pero Severus, y-yo... 
T no querrs que yo sea tu enemigo, Quirrell dijo Snape, dando un paso hacia l. 
Y-yo no s-s qu... 
T sabes perfectamente bien lo que quiero decir. 
Una lechuza dej escapar un grito y Harry casi se cae del rbol. Se enderez a tiempo para or a Snape decir: 
... tu pequea parte del abracadabra. Estoy esperando. 
P-pero y-yo no... 
Muy bien lo interrumpi Snape. Vamos a tener otra pequea charla muy pronto, cuando hayas tenido tiem-po de pensar y decidir 
dnde estn tus lealtades. 
Se ech la capa sobre la cabeza y se alej del claro. Ya es-taba casi oscuro, pero Harry pudo ver a Quirrell inmvil, como si estuviera 
petrificado. 
Harry, dnde estabas? pregunt Hermione con voz aguda. 
Ganamos! Ganamos! Ganamos! gritaba Ron al tiempo que daba palmadas a Harry en la espalda. Y yo le puse un ojo negro a 
Malfoy y Neville trat de vencer a Crabbe y Goyle l solo! Todava est inconsciente, pero la seora Pomfrey dice que se pondr bien. 
Todos te estn esperando en la sala comn, vamos a celebrar una fiesta, Fred y George robaron unos pasteles y otras cosas de la 
cocina... 
Ahora eso no importa dijo Harry sin aliento. Va-mos a buscar una habitacin vaca, ya veris cuando oigis esto... 
Se asegur de que Peeves no estuviera dentro antes de cerrar la puerta, y entonces les cont lo que haba visto y odo. 
As que tenamos razn, es la Piedra Filosofal y Snape trata de obligar a Quirrell a que lo ayude a conseguirla. Le pregunt si saba 
cmo pasar ante  Fluffy y dijo algo sobre el abracadabra de Quirrell... Eso significa que hay otras co-sas custodiando la Piedra, 
adems de Fluffy, probablemente cantidades de hechizos, y Quirrell puede haber hecho algu-nos encantamientos anti-Artes Oscuras 
que Snape necesita romper... 
Quieres decir que la Piedra estar segura mientras Quirrell se oponga a Snape? pregunt alarmada Hermione. 
En ese caso no durar mucho dijo Ron. 
14 
Norberto, el ridgeback noruego 
Sin embargo, Quirrell deba de ser ms valiente de lo que haban pensado. En las semanas que siguieron se fue po-niendo cada vez ms 
delgado y plido, pero no pareca que su voluntad hubiera cedido. 
Cada vez que pasaban por el pasillo del tercer piso, Harry, Ron y Hermione apoyaban las orejas contra la puerta, para ver si  Fluffy 
estaba gruendo, all dentro. Snape segua con su habitual mal carcter, lo que seguramente significa-ba que la Piedra estaba a salvo. 
Cada vez que Harry se cru-zaba con Quirrell, le diriga una sonrisa para darle nimo, y Ron les deca a todos que no se rieran del 
tartamudeo del profesor. 
Hermione, sin embargo, tena en su mente otras cosas, adems de la Piedra Filosofal. Haba comenzado a hacer ho-rarios para repasar 
y a subrayar con diferentes colores sus apuntes. A Harry y Ron eso no les habra importado, pero los fastidiaba todo el tiempo para que 
hicieran lo mismo. 
Hermione, faltan siglos para los exmenes. 
Diez semanas replic Hermione. Eso no son si-glos, es un segundo para Nicols Flamel. 
Pero nosotros no tenemos seiscientos aos le recor-d Ron. De todos modos, para qu repasas si ya te lo sabes todo? 
Que para qu estoy repasando? Ests loco? Te has dado cuenta de que tenemos que pasar estos exmenes para entrar en 
segundo ao? Son muy importantes, tendra que ha-ber empezado a estudiar hace un mes, no s lo que me pas... 
Pero desgraciadamente, los profesores parecan pensar lo mismo que Hermione. Les dieron tantos deberes que las vacaciones de 
Pascua no resultaron tan divertidas como las de Navidad. Era difcil relajarse con Hermione al lado, recitan-do los doce usos de la 
sangre de dragn o practicando movi-mientos con la varita. Quejndose y bostezando, Harry y Ron pasaban la mayor parte de su tiempo 
libre en la biblioteca con ella, tratando de hacer todo el trabajo suplementario. 
Nunca podr acordarme de esto estall Ron una tar-de, arrojando la pluma y mirando por la ventana de la biblio-teca con nostalgia.
Era realmente el primer da bueno desde haca meses. El cielo era claro, y las nomeolvides azules y el aire anunciaban el verano. 
Harry, que estaba buscando dctamo en  Mil hierbas mgicas y hongos  no levant la cabeza hasta que oy que Ron deca: 
Hagrid! Qu ests haciendo en la biblioteca? 
Hagrid apareci con aire desmaado, escondiendo algo detrs de la espalda. Pareca muy fuera de lugar; con su abri-go de piel de topo. 
Estaba mirando dijo con una voz evasiva que les lla-m la atencin. Y vosotros qu hacis? De pronto pare-ci sospechar 
algo. No estaris buscando todava a Nicols Flamel, no? 
Oh, lo encontramos hace siglos dijo Ron con aire grandilocuente. Y tambin sabemos lo que custodia el pe-rro, es la Piedra Fi... 
Shhh!! Hagrid mir alrededor para ver si alguien los escuchaba. No podis ir por ah dicindolo a gritos. Qu os pasa? 
En realidad, hay unas pocas cosas que queremos pre-guntarte dijo Harry sobre qu cosas ms custodian la Piedra, adems de  
Fluffy... 
SHHHH! dijo Hagrid otra vez. Mirad, venid a ver-me ms tarde, no os prometo que os vaya a decir algo, pero no andis por ah 
hablando, los alumnos no deben saber nada. Van a pensar que yo os lo he contado... 
Te vemos ms tarde, entonces dijo Harry 
Hagrid se escabull. 
Qu esconda detrs de la espalda? dijo Hermione con aire pensativo. 
Creis que tiene que ver con la Piedra? 
Voy a ver en qu seccin estaba dijo Ron, cansado de sus trabajos. Regres un minuto ms tarde, con muchos li-bros en los 
brazos. Los desparram sobre la mesa. 
Dragones! susurr. Hagrid estaba buscando co-sas sobre dragones! Mirad estos dos:  Especies de dragones en Gran Bretaa e 
Irlanda y Del huevo al infierno, gua para guardianes de dragones ... 
Hagrid siempre quiso tener un dragn, me lo dijo el da que lo conoc dijo Harry 
Pero va contra nuestras leyes dijo Ron. Criar dra-gones fue prohibido por la Convencin de Magos de 1709, to-dos lo saben. Era 
difcil que los muggles no nos detectaran si tenamos dragones en nuestros jardines. De todos modos, no se puede domesticar un 
dragn, es peligroso. Tendrais que ver las quemaduras que Charlie se hizo con esos dragones salvajes de Rumania. 
Pero no hay dragones salvajes en Inglaterra, verdad? pregunt Harry 
Por supuesto que hay respondi Ron. Verdes en Gales y negros en Escocia. Al ministro de Magia le ha costado trabajo silenciar 
ese asunto, te lo aseguro. Los nuestros tie-nen que hacerles encantamientos a los  muggles que los han visto para que los olviden. 
Entonces en qu est metido Hagrid? dijo Hermione. 
Cuando llamaron a la puerta de la cabaa del guardabos-ques, una hora ms tarde, les sorprendi ver todas las corti-nas cerradas. 
Hagrid pregunt quin es? antes de dejarlos entrar, y luego cerr rpidamente la puerta tras ellos. 
En el interior; el calor era sofocante. Pese a que era un da clido, en la chimenea arda un buen fuego. Hagrid les prepar el t y les 
ofreci bocadillos de comadreja, que ellos no aceptaron. 
Entonces querais preguntarme algo? 
S dijo Harry No tena sentido dar ms vueltas. Nos preguntbamos si podas decirnos si hay algo ms que custodie a la Piedra 
Filosofal, adems de  Fluffy. 
Hagrid lo mir con aire adusto. 
Por supuesto que no puedo dijo. En primer lugar; no lo s. En segundo lugar, vosotros ya sabis demasiado, as que tampoco os 
lo dira si lo supiera. Esa Piedra est aqu por un buen motivo. Casi la roban de Gringotts... Aunque eso ya lo sabais, no? Me gustara 
saber cmo averiguasteis lo de  Fluffy. 
Oh, vamos, Hagrid, puedes no querer contarnos, pero debes saberlo, t sabes todo lo que sucede por aqu dijo Hermione, con voz 
afectuosa y lisonjera. La barba de Hagrid se agit y vieron que sonrea. Hermione continu: Nos pre-guntbamos en quin ms poda 
confiar Dumbledore lo sufi-ciente para pedirle ayuda, adems de ti. 
Con esas ltimas palabras, el pecho de Hagrid se ensan-ch. Harry y Ron miraron a Hermione con orgullo. 
Bueno, supongo que no tiene nada de malo deciros esto... Dejadme ver... Yo le prest a  Fluffy... luego algunos de los profesores 
hicieron encantamientos... el profesor Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall cont con los dedos, el profesor Quirrell 
y el mismo Dumbledore, por su-puesto. Esperad, me he olvidado de alguien. Oh, claro, el pro-fesor Snape. 
Snape? 
Aj... No seguiris con eso todava, no? Mirad, Snape ayud a proteger la Piedra, no quiere robarla. 
Harry saba que Ron y Hermione estaban pensando lo mismo que l. Si Snape haba formado parte de la proteccin de la Piedra, le 
resultara fcil descubrir cmo la prote-gan los otros profesores. Es probable que supiera todos los en-cantamientos, salvo el de Quirrell, 
y cmo pasar ante Fluffy. 
Tu eres el nico que sabe cmo pasar ante  Fluffy, no, Hagrid? pregunt Harry con ansiedad. Y no se lo dirs a nadie, no es 
cierto? Ni siquiera a un profesor? 
Ni un alma lo sabe, salvo Dumbledore y yo dijo Ha-grid con orgullo. 
Bueno, eso es algo murmur Harry a los dems. Hagrid, podramos abrir una ventana? Me estoy asando. 
No puedo, Harry, lo siento respondi Hagrid. Harry not que miraba de reojo hacia el fuego. Harry tambin mir. 
Hagrid... Qu es eso? 
Pero ya saba lo que era. En el centro de la chimenea, de-bajo de la cazuela, haba un enorme huevo negro. 
Ah dijo Hagrid, tirndose con nerviosismo de la bar-ba. Eso... eh... 
Dnde lo has conseguido, Hagrid? pregunt Ron, agachndose ante la chimenea para ver de cerca el huevo Debe de haberte 
costado una fortuna. 
Lo gan explic Hagrid. La otra noche. Estaba en la aldea, tomando unas copas y me puse a jugar a las cartas con un 
desconocido. Creo que se alegr mucho de librarse de l, si he de ser sincero. 
Pero qu vas a hacer cuando salga del cascarn? pre-gunt Hermione. 
Bueno, estuve leyendo un poco dijo Hagrid, sacando un gran libro de debajo de su almohada. Lo consegu en la biblioteca:  
Crianza de dragones para placer y provecho . Est un poco anticuado, por supuesto, pero sale todo. Mantener el huevo en el fuego, 
porque las madres respiran fuego sobre ellos y, cuando salen del cascarn, alimentarlos con brandy mezclado con sangre de pollo, 
cada media hora. Y mirad, dice cmo reconocer los diferentes huevos. El que tengo es un  rid-geback noruego. Y son muy raros.
Pareca muy satisfecho de s mismo, pero Hermione no. 
Hagrid, t vives en una casa de madera dijo. 
Pero Hagrid no la escuchaba. Canturreaba alegremente mientras alimentaba el fuego. 
As que ya tenan algo ms de qu preocuparse: lo que poda sucederle a Hagrid si alguien descubra que ocultaba un dra-gn ilegal en 
su cabaa. 
Me pregunto cmo ser tener una vida tranquila sus-pir Ron, mientras noche tras noche luchaban con todo el trabajo extra que les 
daban los profesores. Hermione haba comenzado ya a hacer horarios de repaso para Harry y Ron. Los estaba volviendo locos. 
Entonces, durante un desayuno,  Hedwig  entreg a Harry otra nota de Hagrid. Slo deca: Est a punto de salir. 
Ron quera faltar a la clase de Herbologa e ir directa-mente a la cabaa. Hermione no quera ni or hablar de eso. 
Hermione, cuntas veces en nuestra vida veremos a un dragn saliendo de su huevo? 
Tenemos clases, nos vamos a meter en los y no vamos a poder hacer nada cuando alguien descubra lo que Hagrid est haciendo... 
Cllate! susurr Harry 
Malfoy estaba cerca de ellos y se haba quedado inmvil para escucharlos. Cunto haba odo? A Harry no le gust la expresin de su 
cara. 
Ron y Hermione discutieron durante todo el camino hacia la clase de Herbologa y, al final, Hermione acept ir a la cabaa de Hagrid con 
ellos durante el recreo de la maa-na. Cuando al final de las clases son la campana del castillo, los tres dejaron sus trasplantadores y 
corrieron por el parque hasta el borde del bosque. Hagrid los recibi, excitado y ra-diante. 
Ya casi est fuera dijo cuando entraron. 
El huevo estaba sobre la mesa. Tena grietas en la csca-ra. Algo se mova en el interior y un curioso ruido sala de all. 
Todos acercaron las sillas a la mesa y esperaron, respi-rando con agitacin. 
De pronto se oy un ruido y el huevo se abri. La cra de dragn alete en la mesa. No era exactamente bonito. Harry pens que pareca 
un paraguas negro arrugado. Sus alas puntiagudas eran enormes, comparadas con su cuerpo flacu-cho. Tena un hocico largo con 
anchas fosas nasales, las pun-tas de los cuernos ya le salan y tena los ojos anaranjados y saltones. 
Estornud. Volaron unas chispas. 
No es precioso? murmur Hagrid. Alarg una mano para acariciar la cabeza del dragn. Este le dio un mordisco en los dedos, 
enseando unos colmillos puntiagudos. 
Bendito sea! Mirad, conoce a su mam dijo Hagrid. 
Hagrid dijo Hermione. Cunto tardan en crecer los  ridgebacks noruegos? 
Hagrid iba a contestarle, cuando de golpe su rostro pali-deci. Se puso de pie de un salto y corri hacia la ventana. 
Qu sucede? 
Alguien estaba mirando por una rendija de la corti-na... Era un chico... Va corriendo hacia el colegio. 
Harry fue hasta la puerta y mir. Incluso a distancia, era inconfundible: 
Malfoy haba visto el dragn. 
       
Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana si-guiente pona nerviosos a Harry, Ron y Hermione. Pasaban la mayor parte de 
su tiempo libre en la oscura cabaa de Ha-grid, tratando de hacerlo entrar en razn. 
Djalo ir lo instaba Harry. Djalo en libertad. 
No puedo deca Hagrid. Es demasiado pequeo. Se morir. 
Miraron el dragn. Haba triplicado su tamao en slo una semana. Ya le sala humo de las narices. Hagrid no cum-pla con sus deberes 
de guardabosques porque el dragn ocu-paba todo su tiempo. Haba botellas vacas de brandy y plu-mas de pollo por todo el suelo. 
He decidido llamarlo  Norberto dijo Hagrid, mirando al dragn con ojos hmedos. Ya me reconoce, mirad.  Nor-berto! Norberto! 
Dnde est mam? 
Ha perdido el juicio murmur Ron a Harry. 
Hagrid dijo Harry en voz muy alta, espera dos se-manas y  Norberto ser tan grande como tu casa. Malfoy se lo contar a 
Dumbledore en cualquier momento. 
Hagrid se mordi el labio. 
Yo... yo s que no puedo quedarme con l para siempre, pero no puedo echarlo, no puedo. 
Harry se volvi hacia Ron sbitamente. 
Charlie dijo. 
Tu tambin ests mal de la cabeza dijo Ron. Yo soy Ron, recuerdas? 
No... Charlie, tu hermano. En Rumania. Estudiando dragones. Podemos enviarle a  Norberto. Charlie lo cuidar y luego lo dejar vivir 
en libertad! 
Genial! dijo Ron. Qu piensas de eso, Hagrid? 
Y al final, Hagrid acept que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a Charlie. 
La semana siguiente pareci alargarse. La noche del mirco-les encontr a Harry y Hermione sentados solos en la sala comn, mucho 
despus de que todos se fueran a acostar. El reloj de la pared acababa de dar doce campanadas cuando el agujero de la pared se abri 
de golpe. Ron surgi de la nada, al quitarse la capa invisible de Harry Haba estado en la ca-baa de Hagrid, ayudndolo a alimentar a  
Norberto, que ya coma ratas muertas. 
Me ha mordido! dijo, ensendoles la mano envuel-ta en un pauelo ensangrentado. No podr escribir en una semana. Os 
aseguro que los dragones son los animales ms horribles que conozco, pero para Hagrid es como si fuera un osito de peluche. Cuando 
me mordi, me hizo salir porque, segn l, yo lo haba asustado. Y cuando me fui le estaba can-tando una cancin de cuna. 
Se oy un golpe en la ventana oscura. 
Es Hedwig!  dijo Harry, corriendo para dejarla en-trar. Debe de traer la respuesta de Charlie! 
Los tres juntaron las cabezas para leer la carta.
Querido Ron: 
Cmo ests? Gracias por tu carta. Estar encan-tado de quedarme con el  ridgeback noruego, pero no ser fcil traerlo aqu. Creo que 
lo mejor ser hacerlo con unos amigos que vienen a visitarme la semana que viene. El problema es que no deben verlos llevando un 
dragn ilegal. Podrais llevar al  ridgeback noruego a la torre ms alta, la medianoche del sba-do? Ellos se encontrarn contigo all y se 
lo llevarn mientras dure la oscuridad. 
Envame la respuesta lo antes posible. 
Besos, 
Charlie 
Se miraron. 
Tenemos la capa invisible dijo Harry. No ser tan difcil... creo que la capa es suficientemente grande para cu-brir a  Norberto y a 
dos de nosotros. 
La prueba de lo mala que haba sido aquella semana para ellos fue que aceptaron de inmediato. Cualquier cosa para liberarse de  
Norberto... y de Malfoy. 
Se encontraron con un obstculo. A la maana siguiente, la mano mordida de Ron se haba inflamado y tena dos veces su tamao 
normal. No saba si convena ir a ver a la seora Pomfrey Reconocera una mordedura de dragn? Sin em-bargo, por la tarde no tuvo 
eleccin. La herida se haba convertido en una horrible cosa verde. Pareca que los colmillos de  Norberto tenan veneno. 
Al finalizar el da, Harry y Hermione fueron corriendo hasta el ala de la enfermera para visitar a Ron y lo encontra-ron en un estado 
terrible. 
No es slo mi mano susurr aunque parece que se me vaya a caer a trozos. Malfoy le dijo a la seora Pomfrey que quera 
pedirme prestado un libro, y vino y se estuvo rien-do de m. Me amenaz con decirle a ella quin me haba mor-dido (yo le haba dicho 
que era un perro, pero creo que no me crey). No deb pegarle en el partido de  quidditch. Por eso se est portando as. 
Harry y Hermione trataron de calmarlo. 
Todo habr terminado el sbado a medianoche dijo Hermione, pero eso no lo tranquiliz. Al contrario, se sent en la cama y 
comenz a temblar. 
La medianoche del sbado! dijo con voz ronca. Oh, no, oh, no... acabo de acordarme... la carta de Charlie es-taba en el libro que 
se llev Malfoy, se enterar de la forma en que nos libraremos de  Norberto. 
Harry y Hermione no tuvieron tiempo de contestarle. Apareci la seora Pomfrey y los hizo salir; diciendo que Ron necesitaba dormir. 
Es muy tarde para cambiar los planes dijo Harry a Her-mione. No tenemos tiempo de enviar a Charlie otra lechu-za y sta puede 
ser nuestra nica oportunidad de librarnos de  Norberto. Tendremos que arriesgarnos. Y tenemos la capa invisible y Malfoy no lo sabe. 
Encontraron a  Fang, el perro cazador de jabales, senta-do afuera, con la cola vendada, cuando fueron a avisar a Ha-grid. ste les habl 
a travs de la ventana. 
No os hago entrar jade porque  Norberto est un poco molesto. No es nada importante, ya me ocupar de l. 
Cuando le contaron lo que deca Charlie, se le llenaron los ojos de lgrimas, aunque tal vez fuera porque  Norberto acababa de morderle 
la pierna. 
Aaay! Est bien, slo me ha cogido la bota... est ju-gando... despus de todo es slo un cachorro. 
El cachorro golpe la pared con su cola, haciendo temblar las ventanas. Harry y Hermione regresaron al castillo con la sensacin de que 
el sbado no llegara lo bastante rpido. 
Tendran que haber sentido pena por Hagrid, cuando lleg el momento de la despedida, si no hubieran estado tan preocu-pados por lo 
que tenan que hacer. Era una noche oscura y llena de nubes y llegaron un poquito tarde a la cabaa de Hagrid, porque tuvieron que 
esperar a que Peeves saliera del vestbulo, donde jugaba a tenis contra las paredes. 
Hagrid tena a  Norberto listo y encerrado en una gran jaula. 
Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje dijo Hagrid con voz amable. Y le puse su osito de peluche por si se siente solo. 
Del interior de la jaula les llegaron unos sonidos, que hi-cieron pensar a Harry que  Norberto le estaba arrancando la cabeza al osito. 
Adis, Norberto! solloz Hagrid, mientras Harry y Hermione cubran la jaula con la capa invisible y se metan dentro ellos 
tambin. Mam nunca te olvidar! 
Cmo se las arreglaron para llevar la jaula hasta la torre del castillo fue algo que nunca supieron. Era casi mediano-che cuando 
trasladaron la jaula de  Norberto por las escaleras de mrmol del castillo y siguieron por pasillos oscuros. Su-bieron una escalera, luego 
otra... Ni siquiera uno de los ata-jos de Harry hizo el trabajo ms fcil. 
Ya casi llegamos! resopl Harry, mientras alcanza-ban el pasillo que haba bajo la torre ms alta. 
Entonces, un sbito movimiento por encima de ellos casi les hizo soltar la jaula. Olvidando que eran invisibles, se en-cogieron en las 
sombras, contemplando las siluetas oscuras de dos personas que discutan a unos tres metros de ellos. Una lmpara brill. 
La profesora McGonagall, con una bata de tejido esco-cs y una redecilla en el pelo, tena sujeto a Malfoy por la oreja. 
Castigo! gritaba. Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche... Cmo te atreves...? 
Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendr. Y con un dragn! 
Qu absurda tontera! Cmo te atreves a decir esas mentiras? Vamos, hablar de ti con el profesor Snape... Va-mos, Malfoy! 
Despus de aquello, la escalera de caracol hacia la torre ms alta les pareci lo ms fcil del mundo. Cuando salieron al fro aire de la 
noche, donde se quitaron la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie de salto. 
Malfoy est castigado! Podra ponerme a cantar! 
No lo hagas la previno Harry. 
Rindose de Malfoy, esperaron, con  Norberto movindo-se en su jaula. Diez minutos ms tarde, cuatro escobas ate-rrizaron en la 
oscuridad. 
Los amigos de Charlie eran muy simpticos. Ensearon a Harry y Hermione los arneses que haban preparado para poder suspender a  
Norberto entre ellos. Todos ayudaron a co-locar a  Norberto para que estuviera muy seguro, y luego Harry y Hermione estrecharon las manos de los amigos y les dieron las gracias. 
Por fin. Norberto se iba... se iba... se haba ido. 
Bajaron rpidamente por la escalera de caracol, con los corazones tan libres como sus manos, que ya no llevaban la jaula con  Norberto. 
Sin el dragn, y con Malfoy castigado, qu poda estropear su felicidad? 
La respuesta los esperaba al pie de la escalera. Cuando llegaron al pasillo, el rostro de Filch apareci sbitamente en la oscuridad. 
Bien, bien, bien susurr Harry. Tenemos pro-blemas. 
Haban dejado la capa invisible en la torre. 
15 
El bosque prohibido 
Las cosas no podan haber salido peor. 
Filch los llev al despacho de la profesora McGonagall, en el primer piso, donde se sentaron a esperar; sin decir una palabra. Hermione 
temblaba. Excusas, disculpas y locas his-torias cruzaban la mente de Harry, cada una ms dbil que la otra. No poda imaginar cmo 
se iban a librar del problema aquella vez. Estaban atrapados. Cmo podan haber sido tan estpidos para olvidar la capa? No haba 
razn en el mundo para que la profesora McGonagall aceptara que ha-ban estado vagando durante la noche, para no mencionar la torre 
ms alta de Astronoma, que estaba prohibida, salvo para las clases. Si aada a todo eso  Norberto y la capa invisi-ble, ya podan 
empezar a hacer las maletas. 
Harry pensaba que las cosas no podan estar peor? Es-taba equivocado. Cuando la profesora McGonagall apareci, llevaba a Neville. 
Harry! estall Neville en cuanto los vio. Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, o que Malfoy deca que iba a atraparte, 
dijo que tenas un drag... 
Harry neg violentamente con la cabeza, para que Nevi-lle no hablara ms, pero la profesora McGonagall lo vio. Lo mir como si echara 
fuego igual que  Norberto y se irgui, amenazadora, sobre los tres. 
Nunca lo habra credo de ninguno de vosotros. El se-or Filch dice que estabais en la torre de Astronoma. Es la una de la maana. 
Quiero una explicacin. 
sa fue la primera vez que Hermione no pudo contestar a una pregunta de un profesor. Miraba fijamente sus zapati-llas, tan rgida como 
una estatua. 
Creo que tengo idea de lo que sucedi dijo la profeso-ra McGonagall. No hace falta ser un genio para descubrirlo. Te inventaste 
una historia sobre un dragn para que Draco Malfoy saliera de la cama y se metiera en los. Te he atrapa-do. Supongo que te habr 
parecido divertido que Longbottom oyera la historia y tambin la creyera, no? 
Harry capt la mirada de Neville y trat de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Neville pareca asombrado y herido. 
Pobre mete-patas Neville, Harry saba lo que deba de haberle costado buscarlos en la oscuridad, para prevenirlos. 
Estoy disgustada dijo la profesora McGonagall. Cuatro alumnos fuera de la cama en una noche. Nunca he odo una cosa as! Tu, 
Hermione Granger, pens que tenas ms sentido comn. Y t, Harry Potter... Crea que Gryffin-dor significaba ms para ti. Los tres 
sufriris castigos... S, t tambin, Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche, en especial en estos 
das: es muy peligroso y se os descontarn cincuenta puntos de Gryffindor. 
Cincuenta? resopl Harry. Iban a perder el pri-mer puesto, lo que haba ganado en el ltimo partido de  quidditch. 
Cincuenta puntos cada uno dijo la profesora McGo-nagall, resoplando a travs de su nariz puntiaguda. 
Profesora... por favor... 
Usted, usted no... 
No me digas lo que puedo o no puedo hacer; Harry Pot-ter. Ahora, volved a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de 
alumnos de Gryffindor. 
Ciento cincuenta puntos perdidos. Eso situaba a Gryffin-dor en el ltimo lugar. En una noche, haban acabado con cualquier posibilidad 
de que Gryffindor ganara la copa de la casa. Harry senta como si le retorcieran el estmago. Cmo podran arreglarlo? 
Harry no durmi aquella noche. Poda or el llanto de Neville, que dur horas. No se le ocurra nada que decir para consolarlo. Saba que 
Neville, como l mismo, tena miedo de que amaneciera. Qu sucedera cuando el resto de los de Gryffindor descubrieran lo que ellos 
haban hecho? 
Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigan-tesco reloj de arena, que informaba de la puntuacin de la casa, pensaron que 
haba un error. Cmo iban a tener; sbi-tamente, ciento cincuenta puntos menos que el da anterior? Y luego, se propag la historia. 
Harry Potter; el famoso Harry Potter, el hroe de dos partidos de  quidditch, les haba hecho perder todos esos puntos, l y otros dos 
estpidos de primer ao. 
De ser una de las personas ms populares y admiradas del colegio, Harry sbitamente era el ms detestado. Hasta los de Ravenclaw y 
Hufflepuff le giraban la cara, porque todos haban deseado ver a Slytherin perdiendo la copa. Por donde-quiera que Harry pasara, lo 
sealaban con el dedo y no se molestaban en bajar la voz para insultarlo. Los de Slytherin, por su parte, lo aplaudan y lo vitoreaban, 
diciendo: Gracias, Potter; te debemos una!. 
Slo Ron lo apoyaba. 
Se olvidarn en unas semanas. Fred y George han perdido puntos muchas veces desde que estn aqu y la gente los sigue 
apreciando. 
Pero nunca perdieron ciento cincuenta puntos de una vez, verdad? dijo Harry tristemente. 
Bueno... no admiti Ron. 
Era un poco tarde para reparar los daos, pero Harry se jur que, de ah en adelante, no se metera en cosas que no eran asunto suyo. 
Todo haba sido por andar averiguando y es-piando. Se senta tan avergonzado que fue a ver a Wood y le ofreci su renuncia. 
Renunciar? exclam Wood. Qu ganaramos con eso? Cmo vamos a recuperar puntos si no podemos jugar al  quidditch? 
Pero hasta el quidditch haba perdido su atractivo. El resto del equipo no le hablaba durante el entrenamiento, y si tenan que hablar de 
l lo llamaban el buscador. 
Hermione y Neville tambin sufran. No pasaban tan-tos malos ratos como Harry porque no eran tan conocidos, pero nadie les hablaba.
Hermione haba dejado de llamar la atencin en clase, y se quedaba con la cabeza baja, trabajan-do en silencio. 
Harry casi estaba contento de que se aproximaran los exmenes. Las lecciones que tena que repasar alejaban sus desgracias de su 
mente. l, Ron y Hermione se quedaban juntos, trabajando hasta altas horas de la noche, tratando de recordar los ingredientes de 
complicadas pociones, apren-diendo de memoria hechizos y encantamientos y repitiendo las fechas de descubrimientos mgicos y 
rebeliones de los gnomos. 
Y entonces, una semana antes de que empezaran los exmenes, las nuevas resoluciones de Harry de no interferir en nada que no le 
concerniera sufrieron una prueba inespe-rada. Una tarde que sala solo de la biblioteca oy que alguien gema en un aula que estaba 
delante de l. Mientras se acercaba, oy la voz de Quirrell. 
No... no... otra vez no, por favor... 
Pareca que alguien lo estaba amenazando. Harry se acerco. 
Muy bien... muy bien. Oy que Quirrell sollozaba. 
Al segundo siguiente, Quirrell sali apresuradamente del aula, enderezndose el turbante. Estaba plido y pareca a punto de llorar. 
Desapareci de su vista y Harry pens que ni siquiera lo haba visto. Esper hasta que dejaron de orse los pasos de Quirrell y entonces 
inspeccion el aula. Pareca vaca, pero la puerta del otro extremo estaba entreabierta. Harry estaba a mitad de camino, cuando record 
que se ha-ba prometido no meterse en lo que no le corresponda. 
Al mismo tiempo, habra apostado doce Piedras Filoso-fales a que Snape acababa de salir del aula y, por lo que Harry haba escuchado, 
Snape debera estar de mejor humor... Quirrell pareca haberse rendido finalmente. 
Harry regres a la biblioteca, en donde Hermione esta-ba repasndole Astronoma a Ron. Harry les cont lo que haba odo. 
Entonces Snape lo hizo! dijo Ron. Si Quirrell le dijo cmo romper su encantamiento anti-Fuerzas Oscuras... 
Pero todava queda  Fluffy dijo Hermione. 
Tal vez Snape descubri cmo pasar ante l sin pre-guntarle a Hagrid dijo Ron, mirando a los miles de libros que los rodeaban. 
Seguro que por aqu hay un libro que dice cmo burlar a un perro gigante de tres cabezas. Qu va-mos a hacer, Harry? 
La luz de la aventura brillaba otra vez en los ojos de Ron, pero Hermione respondi antes de que Harry lo hiciera. 
Ir a ver a Dumbledore. Eso es lo que debimos hacer hace tiempo. Si se nos ocurre algo a nosotros solos, con segu-ridad vamos a 
perder. 
Pero no tenemos pruebas! exclam Harry. Qui-rrell est demasiado atemorizado para respaldarnos. Snape slo tiene que decir 
que no saba cmo entr el trol en Ha-lloween y que l no estaba cerca del tercer piso en ese mo-mento. A quin pensis que van a 
creer, a l o a nosotros? No es exactamente un secreto que lo detestamos. Dumble-dore creer que nos lo hemos inventado para hacer 
que lo echen. Filch no nos ayudara aunque su vida dependiera de ello, es demasiado amigo de Snape y, mientras ms alumnos pueda 
echar, mejor para l. Y no olvidis que se supone que no sabemos nada sobre la Piedra o  Fluffy. Seran muchas ex-plicaciones. 
Hermione pareci convencida, pero Ron no. 
Si investigamos slo un poco... 
No dijo Harry en tono terminante: ya hemos in-vestigado demasiado. 
Acerc un mapa de Jpiter a su mesa y comenz a apren-der los nombres de sus lunas. 
A la maana siguiente, llegaron notas para Harry, Hermio-ne y Neville, en la mesa del desayuno. Eran todas iguales. 
Vuestro castigo tendr lugar a las once de la noche. 
El seor Filch os espera en el vestbulo de entrada. 
Prof M. McGonagall 
En medio del furor que senta por los puntos perdidos, Harry haba olvidado que todava les quedaban los castigos. De alguna manera 
esperaba que Hermione se quejara por te-ner que perder una noche de estudio, pero la muchacha no dijo una palabra. Como Harry, 
senta que se merecan lo que les tocara. 
A las once de aquella noche, se despidieron de Ron en la sala comn y bajaron al vestbulo de entrada con Neville. Filch ya estaba all y 
tambin Malfoy. Harry tambin haba olvidado que a Malfoy lo haban condenado a un castigo. 
Seguidme dijo Filch, encendiendo un farol y condu-cindolos hacia fuera. Seguro que os lo pensaris dos veces antes de faltar a 
otra regla de la escuela, verdad? dijo, mi-rndolos con aire burln. Oh, s... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si 
queris mi opinin... es una lstima que hayan abandonado los viejos castigos... colgaros de las muecas, del techo, unos pocos das. 
Yo todava tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez se necesitan... Bien, all vamos, y no pensis 
en escapar, porque ser peor para vosotros si lo hacis. 
Marcharon cruzando el oscuro parque. Neville comenz a respirar con dificultad. Harry se pregunt cul sera el cas-tigo que les 
esperaba. Deba de ser algo verdaderamente ho-rrible, o Filch no estara tan contento. 
La luna brillaba, pero las nubes la tapaban, dejndo-los en la oscuridad. Delante, Harry pudo ver las ventanas iluminadas de la cabaa de 
Hagrid. Entonces oyeron un grito lejano. 
Eres t, Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez. 
El corazn de Harry se anim: si iban a estar con Hagrid, no poda ser tan malo. Su alivio debi aparecer en su cara, porque Filch dijo: 
Supongo que crees que vas a divertirte con ese papa-natas, no? Bueno, pinsalo mejor, muchacho... es al bosque adonde iris y 
mucho me habr equivocado si volvis todos enteros. 
Al or aquello, Neville dej escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe. 
El bosque? repiti, y no pareca tan indiferente como de costumbre. Hay toda clase de cosas all... dicen que hay hombres lobo. 
Neville se aferr de la manga de la tnica de Harry y dej escapar un ruido ahogado. 
Eso es problema vuestro, no? dijo Filch, con voz ra-diante. Tendrais que haber pensado en los hombres lobo antes de meteros 
en los. 
Hagrid se acerc hacia ellos, con  Fang pegado a los talo-nes. Llevaba una gran ballesta y un carcaj con flechas en la espalda. 
Menos mal dijo. Estoy esperando hace media hora. Todo bien, Harry, Hermione? 
Yo no sera tan amistoso con ellos, Hagrid dijo con frialdad Filch. Despus de todo, estn aqu por un castigo. 
Por eso llegis tarde, no? dijo Hagrid, mirando con rostro ceudo a Filch. Has estado dndoles sermones? Eso no es lo que tienes que hacer. A partir de ahora, me hago cargo yo. 
Volver al amanecer dijo Filch para recoger lo que quede de ellos aadi con malignidad. Se dio la vuelta y se encamin hacia 
el castillo, agitando el farol en la oscuridad. 
Entonces Malfoy se volvi hacia Hagrid. 
No ir a ese bosque dijo, y Harry tuvo el gusto de no-tar miedo en su voz. 
Lo hars, si quieres quedarte en Hogwarts dijo Hagrid con severidad. Hicisteis algo mal y ahora lo vais a pagar. 
Pero eso es para los empleados, no para los alumnos. Yo pens que nos haran escribir unas lneas, o algo as. Si mi padre supiera 
que hago esto, l... 
Te dir que es as como se hace en Hogwarts gru Hagrid. Escribir unas lneas! Y a quin le servira eso? Ha-ris algo que sea 
til, o si no os iris. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. Vete! 
Malfoy no se movi. Mir con ira a Hagrid, pero luego baj la mirada. 
Bien, entonces dijo Hagrid. Escuchad con cuida-do, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que 
ninguno se arriesgue. Seguidme por aqu, un mo-mento. 
Los condujo hasta el lmite del bosque. Levantando su farol, seal hacia un estrecho sendero de tierra, que desapa-reca entre los 
espesos rboles negros. Una suave brisa les le-vant el cabello, mientras miraban en direccin al bosque. 
Mirad all dijo Hagrid. Veis eso que brilla en la tierra? Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aqu un unicornio que ha 
sido malherido por alguien. Es la segun-da vez en una semana. Encontr uno muerto el ltimo mir-coles. Vamos a tratar de encontrar a 
ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo. 
Y qu sucede si el que hiri al unicornio nos encuen-tra a nosotros primero? dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz. 
No hay ningn ser en el bosque que os pueda herir si estis conmigo o con  Fang dijo Hagrid. Y seguid el sen-dero. Ahora vamos 
a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lu-gar, debieron herirlo ayer por la 
noche, por lo menos. 
Yo quiero ir con  Fang dijo rpidamente Malfoy, mi-rando los largos colmillos del perro. 
Muy bien, pero te informo de que es un cobarde dijo Hagrid. Entonces yo, Harry y Hermione iremos por un lado y Draco, Neville y  
Fang, por el otro. Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, de acuerdo? Sacad vuestras varitas y practicad ahora... 
est bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas sern rojas y nos reuniremos to-dos... as que tened cuidado... en marcha. 
El bosque estaba oscuro y silencioso. Despus de andar un poco, vieron que el sendero se bifurcaba. Harry, Hermione y Hagrid fueron 
hacia la izquierda y Malfoy, Neville y  Fang se dirigieron a la derecha. 
Anduvieron en silencio, con la vista clavada en el suelo. De vez en cuando, un rayo de luna a travs de las ramas ilu-minaba una mancha 
de sangre azul plateada entre las hojas cadas. 
Harry vio que Hagrid pareca muy preocupado. 
Podra ser un hombre lobo el que mata los unicor-nios? pregunt Harry 
No son bastante rpidos dijo Hagrid. No es tan f-cil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mgi-cas. Nunca haba odo 
que hubieran hecho dao a ninguno. 
Pasaron por un tocn con musgo. Harry poda or el agua que corra: deba de haber un arroyo cerca. Todava haba manchas de sangre 
de unicornio en el serpenteante sendero. 
Ests bien, Hermione? susurr Hagrid. No te preocupes, no puede estar muy lejos si est tan malherido, y entonces 
podremos... PONEOS DETRS DE ESE RBOL! 
Hagrid cogi a Harry y Hermione y los arrastr fuera del sendero, detrs de un grueso roble. Sac una flecha, la puso en su ballesta y la 
levant, lista para disparar. Los tres escu-charon. Alguien se deslizaba sobre las hojas secas. Pareca como una capa que se arrastrara 
por el suelo. Hagrid miraba hacia el sendero oscuro pero, despus de unos pocos segun-dos, el sonido se alej. 
Lo saba murmur. Aqu hay alguien que no debe-ra estar. 
Un hombre lobo? sugiri Harry. 
Eso no era un hombre lobo, ni tampoco un unicornio dijo Hagrid con gesto sombro. Bien, seguidme, pero te-ned cuidado. 
Anduvieron ms lentamente, atentos a cualquier ruido. De pronto, en un claro un poco ms adelante, algo se movi visiblemente. 
Quin est ah? grit Hagrid. Djese ver... estoy armado! 
Y apareci en el claro... era un hombre o un caballo? De la cintura para arriba, un hombre, con pelo y barba rojizos, pero por debajo, el 
cuerpo de pelaje zaino de un caballo, con una cola larga y rojiza. Harry y Hermione se quedaron bo-quiabiertos. 
Oh, eres t, Ronan dijo aliviado Hagrid. Cmo ests? 
Se acerc y estrech la mano del centauro. 
Que tengas buenas noches, Hagrid dijo Ronan. Te-na una voz profunda y acongojada. Ibas a dispararme? 
Nunca se es demasiado cuidadoso dijo Hagrid, to-cando su ballesta. Hay alguien muy malvado, perdido en este bosque. Ah, ste 
es Harry Potter y ella es Hermione Granger. Ambos son alumnos del colegio. Y l es Ronan. Es un centauro. 
Nos hemos dado cuenta dijo dbilmente Hermione. 
Buenas noches los salud Ronan. Estudiantes, no? Y aprendis mucho en el colegio? 
Eh... 
Un poquito dijo con timidez Hermione. 
Un poquito. Bueno, eso es algo. Ronan suspir. Tor-ci la cabeza y mir hacia el cielo. Esta noche, Marte est brillante. 
Aj dijo Hagrid, lanzndole una mirada. Escucha, me alegro de haberte encontrado, Ronan, porque hay un uni-cornio herido. Has 
visto algo? 
Ronan no respondi de inmediato. Se qued con la mira-da clavada en el cielo, sin pestaear, y suspir otra vez. 
Siempre los inocentes son las primeras vctimas dijo. Ha sido as durante los siglos pasados y lo es ahora. 
S dijo Hagrid. Pero has visto algo, Ronan? Algo desacostumbrado? 
Marte brilla mucho esta noche repiti Ronan, mien-tras Hagrid lo miraba con impaciencia. Est inusualmente brillante. 
S, claro, pero yo me refera a algo inusual que est un poco ms cerca de nosotros dijo Hagrid. Entonces no has visto nada 
extrao? 
Otra vez, Ronan se tom su tiempo para contestar. Has-ta que, finalmente, dijo: 
El bosque esconde muchos secretos. 
Un movimiento en los rboles detrs de Ronan hizo que Hagrid levantara de nuevo su ballesta, pero era slo un se-gundo centauro, de 
cabello y cuerpo negro y con aspecto ms salvaje que Ronan.
Hola, Bane salud Hagrid. Qu tal? 
Buenas noches, Hagrid, espero que ests bien. 
S, gracias. Mira, le estaba preguntando a Ronan si haba visto algo extrao ltimamente. Han herido a un uni-cornio. Sabes algo 
sobre eso? 
Bane se acerc a Ronan. Mir hacia el cielo. 
Esta noche Marte brilla mucho dijo simplemente. 
Eso dicen dijo Hagrid de malhumor. Bueno, si al-guno ve algo, me avisis, de acuerdo? Bueno, nosotros nos vamos. 
Harry y Hermione lo siguieron, saliendo del claro y mi-rando por encima del hombro a Ronan y Bane, hasta que los rboles los taparon. 
Nunca dijo irritado Hagrid tratis de obtener una respuesta directa de un centauro. Son unos malditos astrlo-gos. No se interesan 
por nada ms cercano que la luna. 
Y hay muchos de ellos aqu? pregunt Hermione. 
Oh, unos pocos ms... Se mantienen apartados la ma-yor parte del tiempo, pero siempre aparecen si quiero hablar con ellos. Los 
centauros tienen una mente profunda... saben cosas... pero no dicen mucho. 
Crees que era un centauro el que omos antes? dijo Harry. 
Te pareci que era ruido de cascos? No, en mi opinin, eso era lo que est matando a los unicornios... Nunca he odo algo as. 
Pasaron a travs de los rboles oscuros y tupidos. Harry segua mirando por encima de su hombro, con nerviosismo. Tena la 
desagradable sensacin de que los vigilaban. Estaba muy contento de que Hagrid y su ballesta fueran con ellos. Acababan de pasar una 
curva en el sendero cuando Hermio-ne se aferr al brazo de Hagrid. 
Hagrid! Mira! Chispas rojas, los otros tienen pro-blemas! 
Vosotros esperad aqu! grit Hagrid. Quedaos en el sendero, volver a buscaros! 
Lo oyeron alejarse y se miraron uno al otro, muy asusta-dos, hasta que ya no oyeron ms que las hojas que se movan alrededor. 
Crees que les habr pasado algo? susurr Hermione. 
No me importar si le ha pasado algo a Malfoy, pero si le sucede algo a Neville... est aqu por nuestra culpa. 
Los minutos pasaban lentamente. Les pareca que sus odos eran ms agudos que nunca. Harry detectaba cada r-faga de viento, cada 
ramita que se rompa. Qu estaba suce-diendo? Dnde estaban los otros? 
Por fin, un ruido de pisadas crujientes les anunci el regreso de Hagrid. Malfoy, Neville y  Fang estaban con l. Ha-grid estaba furioso. 
Malfoy se haba escondido detrs de Neville y, en broma, lo haba cogido. Neville se aterr y envi las chispas. 
Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, despus del alboroto que habis hecho. Bueno, ahora voy a cambiar los 
grupos... Neville, t te quedas conmigo y Her-mione. Harry, t vas con  Fang y este idiota. Lo siento aa-di en un susurro dirigindose 
a Harry pero a l le va a costar mucho asustarte y tenemos que terminar con esto. 
As que Harry se intern en el corazn del bosque, con Malfoy y  Fang. Anduvieron cerca de media hora, internndose cada vez ms 
profundamente, hasta que el sendero se volvi casi imposible de seguir, porque los rboles eran muy grue-sos. Harry pens que la 
sangre tambin pareca ms espesa. 
Haba manchas en las races de los rboles, como si la pobre criatura se hubiera arrastrado en su dolor. Harry pudo ver un claro, ms 
adelante, a travs de las enmaraadas ramas de un viejo roble. 
Mira... murmur, levantando un brazo para detener a Malfoy 
Algo de un blanco brillante reluca en la tierra. Se acer-caron ms. 
S, era el unicornio y estaba muerto. Harry nunca haba visto nada tan hermoso y tan triste. Sus largas patas delga-das estaban 
dobladas en ngulos extraos por su cada y su melena color blanco perla se desparramaba sobre las hojas oscuras. 
Harry haba dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto 
que estaba en el borde del claro se agit... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acerc gateando, como una 
bestia al acecho. Harry, Malfoy y  Fang permanecieron paralizados. La figura encapuchada lleg hasta el unicornio, baj la cabeza sobre 
la herida del animal y comenz a beber su sangre. 
AAAAAAAAAAAAAH! 
Malfoy dej escapar un terrible grito y huy... lo mismo que  Fang. La figura encapuchada levant la cabeza y mir directamente a Harry. 
La sangre del unicornio le chorreaba por el pecho. Se puso de pie y se acerc rpidamente hacia l... Harry estaba paralizado de miedo. 
Entonces, un dolor le perfor la cabeza, algo que nunca haba sentido, como si la cicatriz estuviera incendindose. Casi sin poder ver, 
retrocedi. Oy cascos galopando a sus es-paldas, y algo salt limpiamente y atac a la figura. 
El dolor de cabeza era tan fuerte que Harry cay de rodi-llas. Pasaron unos minutos antes de que se calmara. Cuando levant la vista, la 
figura se haba ido. Un centauro estaba ante l. No era ni Ronan ni Bane: ste pareca ms joven, te-na cabello rubio muy claro, cuerpo 
pardo y cola blanca. 
Ests bien? dijo el centauro, ayudndolo a ponerse de pie. 
S... gracias... qu ha sido eso? 
El centauro no contest. Tena ojos asombrosamente azules, como plidos zafiros. Observ a Harry con cuidado, fi-jando la mirada en la 
cicatriz que se vea amoratada en la frente de Harry. 
T eres el chico Potter  dijo. Es mejor que regreses con Hagrid. El bosque no es seguro en esta poca en especial para ti. 
Puedes cabalgar? As ser ms rpido... Mi nombre es Firenze aadi, mientras bajaba sus patas de-lanteras, para que Harry 
pudiera montar en su lomo. 
Del otro lado del claro lleg un sbito ruido de cascos al galope. Ronan y Bane aparecieron velozmente entre los r-boles, resoplando y 
con los flancos sudados. 
Firenze! rugi Bane. Qu ests haciendo? Tie-nes un humano sobre el lomo! No te da vergenza? Es que eres una mula 
ordinaria? 
Te das cuenta de quin es? dijo Firenze. Es el chi-co Potter. Mientras ms rpido se vaya del bosque, mejor. 
Qu le has estado diciendo? gru Bane. Recuer-da, Firenze, juramos no oponernos a los cielos. No has ledo en el 
movimiento de los planetas lo que suceder? 
Ronan dio una patada en el suelo con nerviosismo. 
Estoy seguro de que Firenze pens que estaba obran-do lo mejor posible dijo, con voz sombra. 
Tambin Bane dio una patada, enfadado. 
Lo mejor posible! Qu tiene eso que ver con nosotros? Los centauros debemos ocuparnos de lo que est vaticinado! No es asunto 
nuestro el andar como burros buscando huma-nos extraviados en nuestro bosque!
De pronto, Firenze levant las patas con furia y Harry tuvo que aferrarse para no caer. 
No has visto ese unicornio? pregunt Firenze a Bane. No comprendes por qu lo mataron? O los plane-tas no te han dejado 
saber ese secreto? Yo me lanzar contra el que est al acecho en este bosque, con humanos sobre mi lomo si tengo que hacerlo. 
Y Firenze parti rpidamente, con Harry sujetndose lo mejor que poda, y dej atrs a Ronan y Bane, que se interna-ron entre los 
rboles. 
Harry no entenda lo sucedido. 
Por qu Bane est tan enfadado? pregunt. Y a pro-psito, qu era esa cosa de la que me salvaste? 
Firenze redujo el paso y previno a Harry que tuviera la cabeza agachada, a causa de las ramas, pero no contest. Siguieron andando 
entre los rboles y en silencio, durante tan-to tiempo que Harry crey que Firenze no volvera a hablar-le. Sin embargo, cuando llegaron a 
un lugar particularmente tupido, Firenze se detuvo. 
Harry Potter, sabes para qu se utiliza la sangre de unicornio? 
No dijo Harry, asombrado por la extraa pregun-ta. En la clase de Pociones solamente utilizamos los cuer-nos y el pelo de la cola 
de unicornio. 
Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso dijo Firenze. Slo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar 
puede cometer semejante crimen. La san-gre de unicornio te mantiene con vida, incluso si ests al bor-de de la muerte, pero a un precio 
terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a s mismo, conseguir media vida, una vida maldita, desde el momento en que 
la sangre toque sus labios. 
Harry clav la mirada en la nuca de Firenze, que pareca de plata a la luz de la luna. 
Pero quin estara tan desesperado? se pregunt en voz alta. Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, no? 
Es as dijo Firenze a menos que lo nico que nece-sites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo ms, algo que 
te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. Harry Potter, sabes qu est escondido en el colegio en este 
preciso momento? 
La Piedra Filosofal! Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo quin... 
No puedes pensar en nadie que haya esperado mu-chos aos para regresar al poder, que est aferrado a la vida, esperando su 
oportunidad? 
Fue como si un puo de hierro cayera sbitamente sobre la cabeza de Harry. Por encima del ruido del follaje, le pare-ci or una vez ms 
lo que Hagrid le haba dicho la noche en que se conocieron: Algunos dicen que muri. En mi opinin, son tonteras. No creo que le 
quede lo suficiente de humano como para morir. 
Quieres decir dijo con voz ronca Harry que era Vol...? 
Harry! Harry, ests bien? 
Hermione corra hacia ellos por el sendero, con Hagrid resoplando detrs. 
Estoy bien dijo Harry, casi sin saber lo que con-testaba. El unicornio est muerto, Hagrid, est en ese cla-ro de atrs. 
Aqu es donde te dejo murmur Firenze, mientras Hagrid corra a examinar al unicornio. Ya ests a salvo. 
Harry se desliz de su lomo. 
Buena suerte, Harry Potter dijo Firenze. Los pla-netas ya se han ledo antes equivocadamente, hasta por cen-tauros. Espero que 
sta sea una de esas veces. 
Se volvi y se intern en lo ms profundo del bosque, de-jando a Harry temblando. 
Ron se haba quedado dormido en la oscuridad de la sala co-mn, esperando a que volvieran. Cuando Harry lo sacudi para despertarlo, 
grit algo sobre una falta en  quidditch. Sin embargo, en unos segundos estaba con los ojos muy abiertos, mientras Harry les contaba, a 
l y a Hermione, lo que haba sucedido en el bosque. 
Harry no poda sentarse. Se paseaba de un lado al otro, ante la chimenea. Todava temblaba. 
Snape quiere la piedra para Voldemort... y Voldemort est esperando en el bosque... Y todo el tiempo pensbamos que Snape slo 
quera ser rico! 
Deja de decir el nombre! dijo Ron, en un aterroriza-do susurro, como si pensara que Voldemort pudiera orlos. 
Harry no lo escuch. 
Firenze me salv, pero no deba haberlo hecho... Bane estaba furioso... Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que 
suceder... Deben decir que Voldemort ha vuelto... Bane piensa que Firenze debi dejar que Voldemort me ma-tara. Supongo que eso 
tambin est escrito en las estrellas. 
Quieres dejar de repetir el nombre? dijo Ron. 
As que lo nico que tengo que hacer es esperar que Snape robe la Piedra          continu febrilmente Harry.. En-tonces 
Voldemort podr venir y terminar conmigo... Bueno, supongo que Bane estar contento. 
Hermione pareca muy asustada, pero tuvo una palabra de consuelo. 
Harry, todos dicen que Dumbledore es al nico al que Quien-t-sabes siempre ha temido. Con Dumbledore por aqu, Quien-t-sabes 
no te tocar. De todos modos, quin puede decir que los centauros tienen razn? A m me parecen adivinos y la profesora McGonagall 
dice que sa es una rama de la magia muy inexacta. 
El cielo ya estaba claro cuando terminaron de hablar. Se fueron a la cama agotados, con las gargantas secas. Pero las sorpresas de 
aquella noche no haban terminado. 
Cuando Harry abri la cama encontr su capa invisible, cuidadosamente doblada. Tena sujeta una nota: 
Por las dudas. 
16 
A travs de la trampilla
En aos venideros, Harry nunca pudo recordar cmo se las haba arreglado para hacer sus exmenes, cuando una parte de l esperaba 
que Voldemort entrara por la puerta en cual-quier momento. Sin embargo, los das pasaban y no haba dudas de que  Fluffy segua bien y 
con vida, detrs de la puer-ta cerrada. 
Haca mucho calor, en especial en el aula grande donde se examinaban por escrito. Les haban entregado plumas nuevas, especiales, 
que haban sido hechizadas con un encantamiento antitrampa. 
Tambin tenan exmenes prcticos. El profesor Flitwick los llam uno a uno al aula, para ver si podan hacer que una pia bailara 
claqu encima del escritorio. La profesora McGonagall los observ mientras convertan un ratn en una caja de rap. Ganaban puntos 
las cajas ms bonitas, pero los perdan si tenan bigotes. Snape los puso nerviosos a todos, respirando sobre sus nucas mientras 
trataban de re-cordar cmo hacer una pocin para olvidar. 
Harry lo hizo todo lo mejor que pudo, tratando de hacer caso omiso de las punzadas que senta en la frente, un dolor que le molestaba 
desde la noche que haba estado en el bosque. Neville pensaba que Harry era un caso grave de ner-viosismo, porque no poda dormir por 
las noches. Pero la verdad era que Harry se despertaba por culpa de su vieja pe-sadilla, que se haba vuelto peor, porque la figura 
encapucha-da apareca chorreando sangre. 
Tal vez porque ellos no haban visto lo que Harry vio en el bosque, o porque no tenan cicatrices ardientes en la fren-te, Ron y Hermione 
no parecan tan preocupados por la Piedra como Harry. La idea de Voldemort los atemorizaba, des-de luego, pero no los visitaba en 
sueos y estaban tan ocupados repasando que no les quedaba tiempo para inquie-tarse por lo que Snape o algn otro estuvieran 
tramando. 
El ltimo examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos chiflados que haban inventado 
calderos que revolvan su contenido, y estaran libres, libres durante toda una maravillosa semana, hasta que recibieran los resultados de 
los exmenes. Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plu-mas y enrollaran sus pergaminos, Harry no pudo dejar 
de alegrarse con el resto. 
Esto ha sido mucho ms fcil de lo que pens dijo Hermione, cuando se reunieron con los dems en el parque soleado. No 
necesitaba haber estudiado el Cdigo de Con-ducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfrico  el Vehemente . 
A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los ex-menes, pero Ron dijo que iba a ponerse malo, as que se fue-ron hacia el lago y 
se dejaron caer bajo un rbol. Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentculos de un calamar gigante que 
tomaba el sol en la orilla. 
Basta de repasos suspir aliviado Ron, estirndose en la hierba. Puedes alegrarte un poco, Harry, an falta una semana para que 
sepamos lo mal que nos fue, no hace falta preocuparse ahora. 
Harry se frotaba la frente. 
Me gustara saber qu significa esto! estall enfa-dado. Mi cicatriz sigue dolindome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto 
tiempo seguido como ahora. 
Ve a ver a la seora Pomfrey sugiri Hermione. 
No estoy enfermo dijo Harry. Creo que es un avi-so... significa que se acerca el peligro... 
Ron no poda agitarse, haca demasiado calor. 
Harry, reljate, Hermione tiene razn, la Piedra est segura mientras Dumbledore est aqu. De todos modos, nunca hemos tenido 
pruebas de que Snape encontrara la for-ma de burlar a  Fluffy. Casi le arranc la pierna una vez, no va a intentarlo de nuevo. Y Neville 
jugar al quidditch en el equipo de Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dum-bledore. 
Harry asinti, pero no pudo evitar la furtiva sensacin de que se haba olvidado de hacer algo, algo importante. Cuando trat de 
explicarlo, Hermione dijo: 
Eso son los exmenes. Yo me despert anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformacin, cuando me acord de que 
ya habamos hecho ese examen. 
Pero Harry estaba seguro de que aquella sensacin in-quietante nada tena que ver con los exmenes. Vio una lechu-za que volaba 
hacia el colegio, por el brillante cielo azul, con una nota en el pico. Hagrid era el nico que le haba enviado cartas. Hagrid nunca 
traicionara a Dumbledore. Hagrid nun-ca le dira a nadie cmo pasar ante  Fluffy... nunca... Pero... 
Harry, sbitamente, se puso de pie de un salto. 
Adnde vas? pregunt Ron con aire sooliento. 
Acabo de pensar en algo dijo Harry. Se haba puesto plido. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora. 
Por qu? suspir Hermione, levantndose. 
No os parece un poco raro dijo Harry, subiendo por la colina cubierta de hierba que lo que ms deseara Hagrid fuera un dragn, 
y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? Cunta gen-te anda por ah con huevos de 
dragn, que estn prohibidos por las leyes de los magos? Qu suerte tuvo al encontrar a Hagrid, verdad? Por qu no se me ocurri 
antes? 
En qu ests pensando? pregunt Ron, pero Harry ech a correr por los terrenos que iban hacia el bosque, sin contestarle. 
Hagrid estaba sentado en un silln, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba 
guisantes en un gran recipiente. 
Hola dijo sonriente. Habis terminado los ex-menes? Tenis tiempo para beber algo? 
S, por favor dijo Ron, pero Harry lo interrumpi. 
No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntar-te algo Te acuerdas de la noche en que ganaste a  Norberto? Cmo era el 
desconocido con el que jugaste a las cartas? 
No lo s dijo Hagrid sin darle importancia. No se quit la capa. 
Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levant las cejas. 
No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podra ser un traficante de dra-gones, no? No 
llegu a verle la cara porque no se quit la ca-pucha. 
Harry se dej caer cerca del recipiente de los guisantes. 
De qu hablaste con l, Hagrid? Mencionaste Hogwarts? 
Puede ser dijo Hagrid, con rostro ceudo, tratando de recordar. S... Me pregunt qu haca y le dije que era guardabosques 
aqu... Me pregunt de qu tipo de animales me ocupaba... se lo expliqu... y le cont que siempre haba querido tener un dragn... y 
luego... no puedo recordarlo bien, porque me invit a muchas copas. Djame ver... ah s, me dijo que tena el huevo de dragn y que 
poda jugarlo a las cartas si yo quera... pero que tena que estar seguro de que iba a poder con l, no quera dejarlo en cualquier lado... 
As que le dije que, despus de  Fluffy, un dragn era algo fcil.
Y l... pareci interesado en  Fluffy? pregunt Harry, tratando de conservar la calma. 
Bueno... s... es normal. Cuntos perros con tres cabe-zas has visto? Entonces le dije que  Fluffy era buensimo si uno saba 
calmarlo: tocando msica se dorma en seguida... 
De pronto Hagrid pareci horrorizado. 
No deb decir eso! estall. Olvidad que lo dije! Eh... adnde vais? 
Harry, Ron y Hermione no se hablaron hasta llegar al vestbulo de entrada, que pareca fro y sombro, despus de haber estado en el 
parque. 
Tenemos que ir a ver a Dumbledore dijo Harry. Hagrid le dijo al desconocido cmo pasar ante  Fluffy, y slo poda ser Snape o 
Voldemort, debajo de la capa... No fue difcil, despus de emborrachar a Hagrid. Slo espero que Dum-bledore nos crea. Firenze nos 
respaldar, si Bane no lo detie-ne. Dnde est el despacho de Dumbledore? 
Miraron alrededor, como si esperaran que alguna seal se lo indicara. Nunca les haban dicho dnde viva Dumble-dore, ni conocan a 
nadie a quien hubieran enviado a verlo. 
Tendremos que... empez a decir Harry pero sbita-mente una voz cruz el vestbulo. 
Qu estis haciendo los tres aqu dentro? 
Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros. 
Queremos ver al profesor Dumbledore dijo Hermio-ne con valenta, segn les pareci a Ron y Harry. 
Ver al profesor Dumbledore? repiti la profesora, como si pensara que era algo inverosmil. Por qu? 
Harry trag: Y ahora qu?. 
Es algo secreto dijo, pero de inmediato dese no ha-berlo hecho, porque la profesora McGonagall se enfad. 
El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos dijo con frialdad. Recibi una lechuza urgente del ministro de Magia y sali 
volando para Londres de inmediato. 
Se fue? pregunt Harry con aire desesperado. Ahora? 
El profesor Dumbledore es un gran mago, Potter, y tie-ne muchos compromisos... 
Pero esto es importante. 
Algo que t tienes que decir es ms importante que el ministro de Magia, Potter? 
Mire dijo Harry dejando de lado toda precaucin, profesora, se trata de la Piedra Filosofal... 
Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros que llevaba se deslizaron al suelo y no se molest en 
recogerlos. 
Cmo es que sabes...? farfull. 
Profesora, creo... s... que Sna... que alguien va a tra-tar de robar la Piedra. Tengo que hablar con el profesor Dum-bledore. 
La profesora lo mir entre impresionada y suspicaz. 
El profesor Dumbledore regresar maana dijo fi-nalmente. No s cmo habis descubierto lo de la Piedra, pero quedaos 
tranquilos. Nadie puede robarla, est demasia-do bien protegida. 
Pero profesora... 
Harry s de lo que estoy hablando dijo en tono cor-tante. Se inclin y recogi sus libros. Os sugiero que sal-gis y disfrutis del 
sol. 
Pero no lo hicieron. 
Ser esta noche dijo Harry una vez que se asegura-ron de que la profesora McGonagall no poda orlos. Snape pasar por la 
trampilla esta noche. Ya ha descubierto todo lo que necesitaba saber y ahora ha conseguido quitar de en me-dio a Dumbledore. l envi 
esa nota, seguro que el ministro de Magia tendr una verdadera sorpresa cuando aparezca Dumbledore. 
Pero qu podemos...?  
Hermione tosi. Harry y Ron se volvieron.  
Snape estaba all. 
Buenas tardes dijo amablemente. Lo miraron sin decir nada. 
No deberais estar dentro en un da as dijo con una rara sonrisa torcida. 
Nosotros... comenz Harry, sin idea de lo que dira. 
Debis ser ms cuidadosos dijo Snape. Si os ven andando por aqu, pueden pensar que vais a hacer alguna cosa mala. Y 
Gryffindor no puede perder ms puntos, no es cierto? 
Harry se ruboriz. Se dieron media vuelta para irse, pero Snape los llam. 
Ten cuidado, Potter, otra noche de vagabundeos y yo personalmente me encargar de que te expulsen. Que pases un buen da. 
Se alej en direccin a la sala de profesores. 
Una vez fuera, en la escalera de piedra, Harry se volvi hacia sus amigos. 
Bueno, esto es lo que tenemos que hacer susurr con prisa. Uno de nosotros tiene que vigilar a Snape, esperar fuera de la sala 
de profesores y seguirlo si sale. Hermione, mejor que eso lo hagas t. 
Por qu yo? 
Es obvio intervino Ron. Puedes fingir que ests esperando al profesor Flitwick, ya sabes cmo la imit con voz aguda: Oh, 
profesor Flitwick, estoy tan preocupada, creo que tengo mal la pregunta catorce b.... 
Oh, cllate dijo Hermione, pero estuvo de acuerdo en ir a vigilar a Snape. 
Y nosotros iremos a vigilar el pasillo del tercer piso dijo Harry a Ron. Vamos. 
Pero aquella parte del plan no funcion. Tan pronto como llegaron a la puerta que separaba a  Fluffy del resto del colegio, la profesora 
McGonagall apareci otra vez, salvo que ya haba perdido la paciencia. 
Supongo que creeris que sois los mejores para vencer todos los encantamientos dijo con rabia. Ya son suficien-tes tonteras! Si 
me entero de que habis vuelto por aqu, os quitar otros cincuenta puntos para Gryffindor. S, Weasley, de mi propia casa! 
Harry y Ron regresaron a la sala comn. Justo cuando Harry acababa de decir: Al menos Hermione est detrs de Snape, el retrato 
de la Dama Gorda se abri y apareci la muchacha. 
Lo siento, Harry! se quej. Snape apareci y me pregunt qu estaba haciendo, as que le dije que esperaba al profesor Flitwick. 
Snape fue a buscarlo, yo tuve que irme y no s adnde habr ido Snape. 
Bueno, no queda otro remedio, verdad? 
Los otros dos lo miraron asombrados. Estaba plido y los ojos le brillaban. 
Ir esta noche y tratar de llegar antes y conseguir la Piedra.
Ests loco! dijo Ron. 
No puedes! dijo Hermione. Despus de todo lo que han dicho Snape y McGonagall? Te van a expulsar! 
Y qu? grit Harry. No comprendis? Si Snape consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! No habis odo cmo eran las 
cosas cuando l trataba de apoderarse de todo? Ya no habr ningn colegio para que nos expulsen! Lo destruir o lo convertir en un 
colegio para las Artes Oscu-ras! No os dais cuenta de que perder puntos ya no impor-ta? Creis que l dejar que vosotros y vuestras 
familias estis tranquilos, si Gryffindor gana la copa de la casa? Si me atrapan antes de que consiga la Piedra, bueno, tendr que volver 
con los Dursley y esperar a que Voldemort me encuentre all. Ser slo morir un poquito ms tarde de lo que debera haber muerto, 
porque nunca me pasar al lado tene-broso. Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digis me detendr. Voldemort 
mat a mis padres, lo re-cordis? 
Los mir con furia. 
Tienes razn, Harry dijo Hermione, casi sin voz. 
Voy a llevar la capa invisible dijo Harry. Es una suerte haberla recuperado. 
Pero nos cubrir a los tres? pregunt Ron. 
A... nosotros tres? 
Oh, vamos, no pensars que te vamos a dejar ir solo? 
Por supuesto que no dijo Hermione con voz enrgi-ca. Cmo crees que vas a conseguir la Piedra sin nosotros? Ser mejor que 
vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva... 
Pero si nos atrapan, tambin os expulsarn a vosotros. 
No, si yo puedo evitarlo dijo Hermione con severi-dad. Flitwick me dijo en secreto que en su examen tengo ciento doce sobre 
cien. No me van a expulsar despus de eso. 
Tras la cena, los tres se sentaron en la sala comn, lejos de todos. Nadie los molest: despus de todo, ninguno de los de Gryffindor 
hablaba con Harry, pero sa fue la primera no-che que no le import. Hermione revisaba sus apuntes, con-fiando en encontrar algunos de 
los encantamientos que deberan conjurar. Harry y Ron no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que haran. 
Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar. 
Ser mejor que vayas a buscar la capa murmur Ron, mientras Lee Jordan finalmente se iba, bostezando y desperezndose. Harry 
corri por las escaleras hasta su dor-mitorio oscuro. Sac la capa y entonces su mirada se fij en la flauta que Hagrid le haba regalado 
para Navidad. La guard para utilizarla con  Fluffy: no tena muchas ganas de cantar... 
Regres a la sala comn. 
Es mejor que nos pongamos la capa aqu y nos asegu-remos de que nos cubra a los tres... si Filch descubre a uno de nuestros pies 
andando solo por ah... 
Qu vais a hacer? dijo una voz desde un rincn. Ne-ville apareci detrs de un silln, aferrado al sapo  Trevor , que pareca haber 
intentado otro viaje a la libertad. 
Nada, Neville, nada dijo Harry, escondiendo la capa detrs de la espalda. 
Neville observ sus caras de culpabilidad. 
Vais a salir de nuevo dijo. 
No, no, no asegur Hermione. No, no haremos nada. Por qu no te vas a la cama, Neville? 
Harry mir al reloj de pie que haba al lado de la puer-ta. No podan perder ms tiempo, Snape ya deba de estar haciendo dormir a  Fluffy 
. 
No podis iros insisti Neville. Os volvern a atra-par. Gryffindor tendr ms problemas. 
T no lo entiendes dijo Harry. Esto es importante. 
Pero era evidente que Neville hara algo desesperado. 
No dejar que lo hagis dijo, corriendo a ponerse fren-te al agujero del retrato. Voy... voy a pelear con vosotros! 
Neville! estall Ron. Aprtate de ese agujero y no seas idiota! 
No me llames idiota! dijo Neville. No me parece bien que sigis faltando a las reglas! Y t fuiste el que me dijo que hiciera frente 
a la gente! 
S, pero no a nosotros dijo irritado Ron. Neville, no sabes lo que ests haciendo. 
Dio un paso hacia Neville y el chico dej caer al sapo  Tre-vor , que desapareci de la vista. 
Ven entonces, intenta pegarme! dijo Neville, levan-tando los puos. Estoy listo! 
Harry se volvi hacia Hermione. 
Haz algo dijo desesperado. Hermione dio un paso adelante. 
Neville dijo, de verdad, siento mucho, mucho, esto. 
Levant la varita. 
Petrificus totalus! grit, sealando a Neville.  
Los brazos de Neville se pegaron a su cuerpo. Sus pier-nas se juntaron. Todo el cuerpo se le puso rgido, se balance y luego cay 
bocabajo, rgido como un tronco. 
Hermione corri a darle la vuelta. Neville tena la man-dbula rgida y no poda hablar. Slo sus ojos se movan, mi-rndolos horrorizado. 
Qu le has hecho? susurr Harry. 
Es la Inmovilizacin Total dijo Hermione angustia-da. Oh, Neville, lo siento tanto... 
Lo comprenders despus, Neville dijo Ron, mien-tras se alejaban para cubrirse con la capa invisible. 
Pero dejar a Neville inmvil en el suelo no pareca un buen augurio. En aquel estado de nervios, cada sombra de una estatua les pareca 
que era Filch, y cada silbido lejano del viento les pareca Peeves que los persegua. 
Al pie de la primera escalera, divisaron a la  Seora Norris . 
Oh, vamos a darle una patada, slo una vez murmu-r Ron en el odo de Harry, que neg con la cabeza. Mientras pasaban con 
cuidado al lado de la gata, sta volvi la cabeza con sus ojos como linternas, pero no los vio. 
No se encontraron con nadie ms, hasta que llegaron a la escalera que iba al tercer piso. Peeves estaba flotando a mitad de camino, 
aflojando la alfombra para que la gente tropezara. 
Quin anda por ah? dijo sbitamente, mientras suban hacia l. Entorn sus malignos ojos negros. S que estis aqu, aunque 
no pueda veros. Aparecidos, fantasmas o estudiantillos detestables?
Se elev en el aire y flot, mirndolos de soslayo. 
Llamar a Filch, debo hacerlo, si algo anda por ah y es invisible. 
Harry tuvo sbitamente una idea. 
Peeves dijo en un ronco susurr, el Barn Sangui-nario tiene sus propias razones para ser invisible. 
Peeves casi se cay del aire de la impresin. Se sostuvo a tiempo y qued a unos centmetros de la escalera. 
Lo siento mucho, sanguinaria seora dijo en tono meloso. Fue por mi culpa, ha sido una equivocacin... no lo vi... por supuesto 
que no, usted es invisible, perdone al viejo Peeves por su broma, seor. 
Tengo asuntos aqu, Peeves gru Harry. Man-tnte lejos de este lugar esta noche. 
Lo har, seora, desde luego que lo har dijo Peeves, elevndose otra vez en el aire. Espero que los asuntos del seor barn 
salgan a pedir de boca, yo no lo molestar. 
Y desapareci. 
Genial, Harry! susurr Ron. 
Unos pocos segundos ms tarde estaban all, en el pasi-llo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta. 
Bueno, ya lo veis dijo Harry con calma. Snape ya ha pasado ante  Fluffy. 
Ver la puerta abierta les hizo tomar plena conciencia de aquello a lo que tenan que enfrentarse. Por debajo de la capa, Harry se volvi 
hacia los otros dos. 
Si queris regresar, no os lo reprochar dijo. Po-dis llevaros la capa, no la voy a necesitar. 
No seas estpido dijo Ron. 
Vamos contigo dijo Hermione. 
Harry empuj la puerta. 
Cuando la puerta cruji, oyeron unos gruidos. Los tres hocicos del perro olfateaban en direccin a ellos, aunque no poda verlos. 
Qu tiene en los pies? susurr Hermione. 
Parece un arpa dijo Ron. Snape debe de haberla dejado ah. 
Debe despertarse en el momento en que se deja de to-car dijo Harry. Bueno, empecemos... 
Se llev a los labios la flauta de Hagrid y sopl. No era exactamente una meloda, pero desde la primera nota los ojos de la bestia 
comenzaron a cerrarse. Harry casi ni respiraba. Poco a poco, los gruidos se fueron apagando, se ba-lance, cay de rodillas y luego 
se derrumb en el suelo, profundamente dormido. 
Sigue tocando advirti Ron a Harry, mientras sala de la capa y se arrastraba hasta la trampilla. Poda sentir la respiracin caliente y 
olorosa del perro, mientras se aproxi-maba a las gigantescas cabezas. 
Creo que podemos abrir la trampilla dijo Ron, es-piando por encima del lomo del perro. Quieres ir delante, Hermione? 
No, no quiero! 
Muy bien. Ron apret los dientes y anduvo con cui-dado sobre las patas del perro. Se inclin y tir de la argolla de la trampilla, que 
se levant y abri. 
Qu puedes ver? pregunt Hermione con ansiedad. 
Nada... slo oscuridad... no hay forma de bajar, hay que dejarse caer. 
Harry, que segua tocando la flauta, hizo un gesto para llamar la atencin de Ron y se seal a s mismo. 
Quieres ir primero? Ests seguro? dijo Ron. No s cmo es de profundo ese lugar. Dale la flauta a Hermione, para que pueda 
seguir hacindolo dormir. 
Harry le entreg la flauta y, en esos segundos de silencio, el perro gru y se estir, pero en cuanto Hermione comenz a tocar volvi a 
su sueo profundo. 
Harry se acerc y mir hacia abajo. No se vea el fondo. 
Se descolg por la abertura y qued suspendido de los dedos. Mir a Ron y dijo: 
Si algo me sucede, no sigis. Id directamente a la lechucera y enviad a  Hedwig  a Dumbledore. De acuerdo? 
De acuerdo respondi Ron. 
Nos veremos en un minuto, espero... 
Y Harry se dej caer. Fro, aire hmedo mientras caa, caa, caa y.. 
PAF! Aterriz en algo mullido, con un ruido suave y ex-trao. Se incorpor y mir alrededor, con ojos desacostum-brados a la 
penumbra. Pareca que estaba sentado sobre una especie de planta. 
Todo bien! grit al cuadradito de luz del tamao de un sello, que era la abertura de la trampilla. Fue un ate-rrizaje suave, puedes 
saltar! 
Ron lo sigui de inmediato. Aterriz al lado de Harry 
Qu es esta cosa? fueron sus primeras palabras. 
No s, alguna clase de planta. Supongo que est aqu para detener la cada. Vamos, Hermione! 
La msica lejana se detuvo. Se oy un fuerte ladrido, pero Hermione ya haba saltado. Cay al otro lado de Harry. 
Debemos de estar a kilmetros debajo del colegio dijo la nia. 
Me alegro de que esta planta est aqu dijo Ron. 
Te alegras? grit Hermione. Miraos!  
Hermione salt y choc contra una pared hmeda. Tuvo que luchar porque, en el momento en que cay, la planta co-menz a 
extenderse como una serpiente para sujetarle los to-billos. Harry y Ron, mientras tanto, ya tenan las piernas totalmente cubiertas, sin 
que se hubieran dado cuenta. 
Hermione pudo liberarse antes de que la planta la atra-para. En aquel momento miraba horrorizada, mientras los chicos luchaban para 
quitarse la planta de encima, pero mien-tras ms luchaban, la planta los envolva con ms rapidez. 
Dejad de moveros! orden Hermione. S lo que es esto. Es Lazo del Diablo! 
Oh, me alegro mucho de saber cmo se llama, es de gran ayuda gru Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello. 
Calla, estoy tratando de recordar cmo matarla! dijo Hermione. 
Bueno, date prisa, no puedo respirar! jade Harry, mientras la planta le oprima el pecho. 
Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... Qu dijo el profe-sor Sprout?... Le gusta la oscuridad y la humedad... 
Entonces enciende un fuego! dijo Harry. 
S... por supuesto... pero no tengo madera! gimi Hermione, retorcindose las manos. 
TE HAS VUELTO LOCA? pregunt Ron. ERES UNA BRUJA O NO?
Oh, de acuerdo! dijo Hermione. Agit su varita, murmur algo y envi a la planta unas llamas azules como las que haba utilizado 
con Snape. En segundos, los dos mu-chachos sintieron que se aflojaban las ligaduras, mientras la planta se retiraba a causa de la luz y 
el calor. Retorcindo-se y alejndose, se desprendi de sus cuerpos y pudieron moverse. 
Me alegro de que hayas aprendido bien Herbologa, Hermione dijo Harry, mientras se acercaba a la pared, se-cndose el sudor de la 
cara. 
S dijo Ron, y yo me alegro de que Harry no pierda la cabeza en las crisis. Porque eso de no tengo madera... francamente... 
Por aqu dijo Harry, sealando un pasadizo de pie-dra que era el nico camino. 
Lo nico que podan or, adems de sus pasos, era el go-teo del agua en las paredes. El pasadizo bajaba oblicuamente y Harry se 
acord de Gringotts. Con un desagradable sobresalto, record a los dragones que decan que custodiaban las cmaras, en el banco de 
los magos. Si encontraban un dra-gn, un dragn ms grande... Con  Norberto ya haban tenido suficiente... 
Oyes algo? susurr Ron. 
Harry escuch. Un leve tintineo y un crujido, que parecan proceder de delante. 
Crees que ser un fantasma? 
No lo s... a m me parecen alas. 
Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitacin brillantemente iluminada, con el techo curvndo-se sobre ellos. 
Estaba llena de pajaritos brillantes que vola-ban por toda la habitacin. En el lado opuesto, haba una pe-sada puerta de madera. 
Crees que nos atacarn si cruzamos la habitacin? pregunt Ron. 
Es probable contest Harry. No parecen muy ma-los, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que 
hacer... voy a correr. 
Respir profundamente, se cubri la cara con los brazos y cruz corriendo la habitacin. Esperaba sentir picos agu-dos y garras 
desgarrando su cuerpo, pero no sucedi nada. Alcanz la puerta sin que lo tocaran. Movi la manija, pero estaba cerrada con llave. 
Los otros dos lo imitaron. Tiraron y empujaron, pero la puerta no se mova, ni siquiera cuando Hermione prob con su hechizo de 
Alohomora. 
Y ahora qu hacemos? pregunt Ron. 
Esos pjaros... no pueden estar slo por decoracin dijo Hermione. 
Observaron los pjaros, que volaban sobre sus cabezas, brillando... Brillando? 
No son pjaros! dijo de pronto Harry. Son llaves! Llaves aladas, mirad bien. Entonces eso debe significar... Mir alrededor de la 
habitacin, mientras los otros obser-vaban la bandada de llaves. S... mirad ah. Escobas! Te-nemos que conseguir la llave de la 
puerta! 
Pero hay cientos de llaves! 
Ron examin la cerradura de la puerta. 
Tenemos que buscar una llave grande, antigua, de pla-ta, probablemente, como la manija. 
Cada uno cogi una escoba y de una patada estuvieron en el aire, remontndose entre la nube de llaves. Trataban de atraparlas, pero las 
llaves hechizadas se movan tan rpida-mente que era casi imposible sujetarlas. 
Pero no por nada Harry era el ms joven buscador del siglo. Tena un don especial para detectar cosas que la otra gente no vea. 
Despus de unos minutos movindose entre el remolino de plumas de todos los colores, detect una gran llave de plata, con un ala 
torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la ce-rradura. 
Es sa! grit a los otros. Esa grande... all... no, ah... Con alas azul brillante... las plumas estn aplastadas por un lado. 
Ron se lanz a toda velocidad en aquella direccin, choc contra el techo y casi se cae de la escoba. 
Tenemos que encerrarla! grit Harry, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada. Ron, ven desde arri-ba, Hermione, 
qudate abajo y no la dejes descender. Yo tra-tar de atraparla. Bien: AHORA! 
Ron se lanz en picado, Hermione subi en vertical, la llave los esquiv a ambos, y Harry se lanz tras ella. Iban a toda velocidad hacia 
la pared, Harry se inclin hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplast contra la piedra con una sola mano. Los vivas de Ron y 
Hermione retumbaron por la habitacin. 
Aterrizaron rpidamente y Harry corri a la puerta, con la llave retorcindose en su mano. La meti en la cerradura y le dio la vuelta... 
Funcionaba. En el momento en que se abri la cerradura, la llave sali volando otra vez, con aspec-to de derrotada, pues ya la haban 
atrapado dos veces. 
Listos? pregunt Harry a los otros dos, con la mano en la manija de la puerta. Asintieron. Abri la puerta. 
La habitacin siguiente estaba tan oscura que no pu-dieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro la luz sbi-tamente inund el lugar, 
para revelar un espectculo asombroso. 
Estaban en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrs de las piezas negras, que eran todas tan altas como ellos y construidas en 
lo que pareca piedra. Frente a ellos, al otro lado de la habitacin, estaban las piezas blancas. Harry, Ron y Hermione se estremecieron: 
las piezas blancas no te-nan rostros. 
Ahora qu hacemos? susurr Harry 
Est claro, no? dijo Ron. Tenemos que jugar para cruzar la habitacin. 
Detrs de las piezas blancas pudieron ver otra puerta. 
Cmo? dijo Hermione con nerviosismo. 
Creo contest Ron que vamos a tener que ser piezas. 
Se acerc a un caballero negro y levant la mano para to-car el caballo. De inmediato, la piedra cobr vida. El caballo dio una patada en 
el suelo y el caballero se levant la visera del casco, para mirar a Ron. 
Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar? 
El caballero negro asinti con la cabeza. Ron se volvi a los otros dos. 
Esto hay que pensarlo... dijo. Supongo que tene-mos que ocupar el lugar de tres piezas negras. 
Harry y Hermione esperaron en silencio, mientras Ron pensaba. Por fin dijo: 
Bueno, no os ofendis, pero ninguno de vosotros es muy bueno en ajedrez... 
No nos ofendemos dijo rpidamente Harry. Sim-plemente dinos qu tenemos que hacer. 
Bueno, Harry, t ocupa el lugar de ese alfil y t, Her-mione, ponte en lugar de esa torre, al lado de Harry. 
Y qu pasa contigo? 
Yo ser un caballo. 
Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras, un caballo, un alfil y una torre dieron la espal-da a las piezas lancas y salieron del tablero, dejando libres tres cuadrados que Harry, Ron y Hermione ocuparon. 
Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez dijo Ron, mirando al otro lado del tablero. S... mirad.  
Un pen blanco se movi hacia delante. 
Ron comenz a dirigir a las piezas negras. Se movan si-lenciosamente cuando los mandaba. A Harry le temblaban las rodillas. Y si 
perdan? 
Harry... muvete en diagonal, cuatro casillas a la de-recha. 
La primera verdadera impresin lleg cuando el otro ca-ballo fue capturado. La reina blanca lo golpe contra el tablero y lo arrastr hacia 
fuera, donde se qued inmvil, bocabajo. 
Tuve que dejar que sucediera dijo Ron, conmovido. Te deja libre para coger ese alfil. Vamos, Hermione. 
Cada vez que uno de sus hombres perda, las piezas blancas no mostraban compasin. Muy pronto, hubo un gru-po de piezas negras 
desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a Harry y Hermione del peligro. l mismo 
jug por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que haban perdido. 
Ya casi estamos murmur de pronto. Dejadme pensar... dejadme pensar. 
La reina blanca volvi su cara sin rostro hacia Ron. 
S... murmur Ron. Es la nica forma... tengo que dejar que me cojan. 
NO! gritaron Harry y Hermione. 
Esto es ajedrez! dijo enfadado Ron. Hay que ha-cer algunos sacrificios! Yo dar un paso adelante y ella me coge-r... Eso te 
dejar libre para hacer jaque mate al rey, Harry. 
Pero... 
Quieres detener a Snape o no? 
Ron... 
Si no os dais prisa va a conseguir la Piedra! 
No haba nada que hacer. 
Listo? pregunt Ron, con el rostro plido pero deci-dido. All voy, y no os quedis una vez que hayis ganado. 
Se movi hacia delante y la reina blanca salt. Golpe a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumb en 
el suelo. Hermione grit, pero se qued en su casillero. La reina blanca arrastr a Ron a un lado. Pareca desmayado. 
Muy conmovido, Harry se movi tres casilleros a la iz-quierda. El rey blanco se quit la corona y la arroj a los pies de Harry. Haban 
ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una ltima mirada de desespe-racin hacia Ron, Harry y 
Hermione corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo. 
Y si l est...? 
l estar bien dijo Harry, tratando de convencerse a s mismo. Qu crees que nos queda? 
Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transform a las piezas de ajedrez. 
Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape... 
Haban llegado a otra puerta. 
Todo bien? susurr Harry. 
Adelante. 
Harry empuj y abri. 
Un tufo desagradable los invadi, haciendo que se tapa-ran la nariz con la tnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, 
aplastado en el suelo frente a ellos, un trol ms grande que el que haban derribado, inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza. 
Me alegro de que no tengamos que pelear con ste su-surr Harry, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes 
piernas. Vamos, no puedo respirar. 
Abri la prxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que segua... Pero no haba nada terrorfico all, Slo una mesa con siete 
botellas de diferente tamao puestas en fila. 
Snape dijo Harry. Qu tenemos que hacer? 
Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendi detrs de ellos. No era un fuego comn, era prpura. Al mis-mo tiempo, llamas 
negras se encendieron delante. Estaban atrapados. 
Mira! Hermione cogi un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry mir por encima de su hombro para leerlo: 
El peligro yace ante ti, mientras la seguridad est detrs,  
dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,  
una entre nosotras siete te dejar adelantarte,  
otra llevar al que lo beba para atrs,  
dos contienen slo vino de ortiga,  
tres son mortales, esperando escondidos en la fila.  
Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,  
para ayudarte en tu eleccin, te damos cuatro claves: 
Primera, por ms astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre encontrars alguno al lado iz-quierdo del vino de ortiga; 
Segunda, son diferentes las que estn en los extremos, pero si quieres moverte hacia delante, ninguna es tu amiga; 
Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaos diferentes: Ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior; 
Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean 
diferentes. 
Hermione dej escapar un gran suspiro y Harry, sor-prendido, vio que sonrea, lo ltimo que haba esperado que hiciera. 
Muy bueno dijo Hermione. Esto no es magia... es lgica... es un acertijo. Muchos de los ms grandes magos no han tenido una 
gota de lgica y se quedaran aqu para siempre. 
Pero nosotros tambin, no? 
Por supuesto que no dijo Hermione. Lo nico que necesitamos est en este papel. Siete botellas: tres con vene-no, dos con vino, 
una nos llevar a salvo a travs del fuego ne-gro y la otra hacia atrs, por el fuego prpura. 
Pero cmo sabremos cul beber? 
Dame un minuto.
Hermione ley el papel varias veces. Luego pase de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y sealndo-las. Al fin, se golpe 
las manos. 
Lo tengo dijo. La ms pequea nos llevar por el fuego negro, hacia la Piedra. 
Harry mir a la diminuta botella. 
Aqu hay slo para uno de nosotros dijo. No hay ms que un trago. 
Se miraron. 
Cul nos har volver por entre las llamas prpura? 
Hermione seal una botella redonda del extremo dere-cho de la fila. 
T bebe de sa dijo Harry. No: vuelve, busca a Ron y coge las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podris salir 
por la trampilla sin que os vea  Fluffy. Id di-rectamente a la lechucera y enviad a  Hedwig  a Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que 
yo detenga un poco a Snape, pero la verdad es que no puedo igualarlo. 
Pero Harry... y si Quien-t-sabes est con l? 
Bueno, ya tuve suerte una vez, no? dijo Harry, se-alando su cicatriz. Puede ser que la tenga de nuevo. 
Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanz sobre Harry y lo abraz. 
Hermione! 
Harry.. Eres un gran mago, ya lo sabes. 
No soy tan bueno como t contest muy incmodo, mientras ella lo soltaba. 
Yo! exclam Hermione. Libros! Inteligencia! Hay cosas mucho ms importantes, amistad y valenta y... Oh, Harry, ten cuidado! 
Bebe primero dijo Harry. Ests segura de cul es cul, no? 
Totalmente dijo Hermione. Se tom de un trago el contenido de la botellita redondeada y se estremeci. 
No es veneno, verdad? dijo Harry con voz anhe-lante. 
No... pero parece hielo. 
Rpido, vete, antes de que se termine el efecto. 
Buena suerte... ten cuidado... 
VETE! 
Hermione gir en redondo y pas directamente a travs del fuego prpura. 
Harry respir profundamente y cogi la ms pequea de las botellas. Se enfrent a las llamas negras. 
All voy dijo, y se bebi el contenido de un trago. 
Era realmente como si tragara hielo. Dej la botella y fue hacia delante. Se dio nimo al ver que las llamas negras la-man su cuerpo 
pero no lo quemaban. Durante un momento no pudo ver ms que fuego oscuro. Luego se encontr al otro lado, en la ltima habitacin. 
Ya haba alguien all. Pero no era Snape. Y tampoco era Voldemort. 
17 
El hombre con dos caras 
Era Quirrell. 
Usted! exclam Harry. 
Quirrell sonri. Su rostro no tena ni sombra del tic. 
Yo dijo con calma me preguntaba si me iba a en-contrar contigo aqu, Potter. 
Pero yo pens... Snape... 
Severus? Quirrell ri, y no fue con su habitual so-nido tembloroso y entrecortado, sino con una risa fra y agu-da. S, Severus 
pareca ser el indicado, no? Fue muy til tenerlo dando vueltas como un murcilago enorme. Al lado de l quin iba a sospechar del 
po-pobre tar-tamudo p-profe-sor Quirrell? 
Harry no poda aceptarlo. Aquello no poda ser verdad, no poda ser. 
Pero Snape trat de matarme! 
No, no, no. Yo trat de matarte. Tu amiga, la seorita Granger, accidentalmente me atropell cuando corra a pren-derle fuego a 
Snape, en ese partido de  quidditch. Y rompi el contacto visual que yo tena contigo. Unos segundos ms y te habra hecho caer de esa 
escoba. Y ya lo habra conseguido, si Snape no hubiera estado murmurando un contramaleficio, tratando de salvarte. 
Snape trataba de salvarme a m? 
Por supuesto dijo framente Quirrell. Por qu crees que quiso ser rbitro en el siguiente partido? Estaba tratando de asegurarse 
de que yo no pudiera hacerlo otra vez. Gracioso, en realidad... no necesitaba molestarse. No poda hacer nada con Dumbledore mirando. 
Todos los otros profesores creyeron que Snape trataba de impedir que Gryffindor ganase, se ha hecho muy impopular... Y qu pr-dida 
de tiempo cuando, despus de todo eso, voy a matarte esta noche. 
Quirrell chasque los dedos. Unas sogas cayeron del aire y se enroscaron en el cuerpo de Harry, sujetndolo con fuerza. 
Eres demasiado molesto para vivir, Potter. Deslizn-dote por el colegio, como en Halloween, porque me descubris-te cuando iba a ver 
qu era lo que vigilaba la Piedra. 
Usted fue el que dej entrar al trol? 
Claro. Yo tengo un don especial con esos monstruos. No viste lo que le hice al que estaba en la otra habitacin? Desgraciadamente, 
cuando todos andaban corriendo por ah para buscarte, Snape, que ya sospechaba de m, fue directa-mente al tercer piso para ganarme 
de mano, y no slo hizo que mi monstruo no pudiera matarte, sino que ese perro de tres cabezas no mordi la pierna de Snape de la 
manera en que debera haberlo hecho... 
Hizo una pausa: 
Ahora, espera tranquilo, Potter. Necesito examinar este interesante espejo. 
De pronto, Harry vio lo que estaba detrs de Quirrell. Era el espejo de Oesed. 
Este espejo es la llave para poder encontrar la Piedra murmur Quirrell, dando golpecitos alrededor del mar-co. Era de esperar 
que Dumbledore hiciera algo as... pero l est en Londres... Cuando pueda volver, yo ya estar muy lejos.
Lo nico que se le ocurri a Harry fue tratar de que Quirrell siguiera hablando y dejara de concentrarse en el espejo. 
Lo vi a usted y a Snape en el bosque... dijo de golpe. 
S dijo Quirrell, sin darle importancia, paseando alrededor del espejo para ver la parte posterior. Me esta-ba siguiendo, tratando de 
averiguar hasta dnde haba llegado. Siempre haba sospechado de m. Trat de asustar-me... Como si pudiera, cuando yo tengo a lord 
Voldemort de mi lado... 
Quirrell sali de detrs del espejo y se mir en l con enfado. 
Veo la Piedra... se la presento a mi maestro... pero dnde est? 
Harry luch con las sogas qu lo ataban, pero no se aflo-jaron. Tena que evitar que Quirrell centrara toda su aten-cin en el espejo. 
Pero Snape siempre pareci odiarme mucho. 
Oh, sdijo Quirrell, con aire casual claro que s. Estaba en Hogwarts con tu padre, no lo sabas? Se de-testaban. Pero nunca 
quiso que estuvieras muerto. 
Pero hace unos das yo lo o a usted, llorando... Pens que Snape lo estaba amenazando... 
Por primera vez, un espasmo de miedo cruz el rostro de Quirrell. 
Algunas veces dijo me resulta difcil seguir las instrucciones de mi maestro... l es un gran mago y yo soy dbil... 
Quiere decir que l estaba en el aula con usted? pre-gunt Harry 
l est conmigo dondequiera que vaya dijo con cal-ma Quirrell. Lo conoc cuando viajaba por el mundo. Yo era un joven tonto, 
lleno de ridculas ideas sobre el mal y el bien. Lord Voldemort me demostr lo equivocado que estaba. No hay ni mal ni bien, slo hay 
poder y personas demasiado d-biles para buscarlo... Desde entonces le he servido fielmente, aunque muchas veces le he fallado. Tuvo 
que ser muy severo conmigo. Quirrell se estremeci sbitamente. No perdo-na fcilmente los errores. Cuando fracas en robar esa 
Pie-dra de Gringotts, se disgust mucho. Me castig... decidi que tena que vigilarme muy de cerca... 
La voz de Quirrell se apag. Harry record su viaje al ca-llejn Diagon... Cmo haba podido ser tan estpido? Haba visto a Quirrell 
aquel mismo da y se haban estrechado las manos en el Caldero Chorreante. 
Quirrell maldijo entre dientes. 
No comprendo... La Piedra est dentro del espejo? Tengo que romperlo? 
La mente de Harry funcionaba a toda mquina. 
Lo que ms deseo en el mundo en este momento pen-s es encontrar la Piedra antes de que lo haga Quirrell. Entonces, si miro 
en el espejo, podra verme encontrndola... Lo que quiere decir que ver dnde est escondida! Pero cmo puedo mirar sin que Quirrell 
se d cuenta de lo que quiero hacer? 
Trat de torcerse hacia la izquierda, para ponerse frente al espejo sin que Quirrell lo notara, pero las sogas que tena alrededor de los 
tobillos estaban tan tensas que lo hicieron caer. Quirrell no le prest atencin. Segua hablando para s mismo. 
Qu hace este espejo? Cmo funciona? Aydame, Maestro! 
Y para el horror de Harry, una voz le respondi, una voz que pareca salir del mismo Quirrell. 
Utiliza al muchacho... Utiliza al muchacho... 
Quirrell se volvi hacia Harry. 
S... Potter... ven aqu. 
Hizo sonar las manos una vez y las sogas cayeron. Harry se puso lentamente de pie. 
Ven aqu repiti Quirrell. Mira en el espejo y dime lo que ves. 
Harry se aproxim. 
Tengo que mentir pens, desesperado, tengo que mirar y mentir sobre lo que veo, eso es todo. 
Quirrell se le acerc por detrs. Harry respir el extrao olor que pareca salir del turbante de Quirrell. Cerr los ojos, se detuvo frente al 
espejo y los volvi a abrir. 
Se vio reflejado, muy plido y con cara de asustado. Pero un momento ms tarde, su reflejo le sonri. Puso la mano en el bolsillo y sac 
una piedra de color sangre. Le gui un ojo y volvi a guardar la Piedra en el bolsillo y, cuando lo haca, Harry sinti que algo pesado 
caa en su bolsillo real. De alguna manera (era algo increble) haba conseguido la Piedra. 
Bien? dijo Quirrell con impaciencia. Qu es lo que ves? 
Harry, haciendo de tripas corazn, contest: 
Me veo con Dumbledore, estrechndonos las manos invent. Yo... he ganado la copa de la casa para Gryffindor. Quirrell maldijo 
otra vez. 
Qutate de ah dijo. Cuando Harry se hizo a un lado, sinti la Piedra Filosofal contra su pierna. Se atrevera a es-capar? 
Pero no haba dado cinco pasos cuando una voz aguda habl, aunque Quirrell no mova los labios. 
l miente... l miente... 
Potter, vuelve aqu! grit Quirrell. Dime la ver-dad! Qu es lo que has visto? 
La voz aguda se oy otra vez. 
Djame hablar con l... cara a cara... 
Maestro, no est lo bastante fuerte todava! 
Tengo fuerza suficiente... para esto. 
Harry sinti como si el Lazo del Diablo lo hubiera clava-do en el suelo. No poda mover ni un msculo. Petrificado, ob-serv a Quirrell, 
que empezaba a desenvolver su turbante. Qu iba a suceder? El turbante cay. La cabeza de Quirrell pareca extraamente pequea 
sin l. Entonces, Quirrell se dio la vuelta lentamente. 
Harry hubiera querido gritar, pero no poda dejar salir ningn sonido. Donde tendra que haber estado la nuca de Quirrell, haba un rostro, 
la cara ms terrible que Harry hubiera visto en su vida. Era de color blanco tiza, con brillan-tes ojos rojos y ranuras en vez de fosas 
nasales, como las ser-pientes. 
Harry Potter... susurr. 
Harry trat de retroceder, pero sus piernas no le res-pondan. 
Ves en lo que me he convertido? dijo la cara. No ms que en sombra y quimera... Tengo forma slo cuando puedo compartir el 
cuerpo de otro... Pero siempre ha habi-do seres deseosos de dejarme entrar en sus corazones y en sus mentes... La sangre de 
unicornio me ha dado fuerza en es-tas semanas pasadas... t viste al leal Quirrell bebindo-la para m en el bosque... y una vez que 
tenga el Elixir de la Vida ser capaz de crear un cuerpo para m... Ahora... por qu no me entregas la Piedra que tienes en el bolsillo? 
Entonces l lo saba. La idea hizo que de pronto las pier-nas de Harry se tambalearan. 
No seas tonto se burl el rostro. Mejor que salves tu propia vida y te unas a m... o tendrs el mismo final que tus padres...
Murieron pidindome misericordia... 
MENTIRA! grit de pronto Harry. 
Quirrell andaba hacia atrs, para que Voldemort pudie-ra mirarlo. La cara maligna sonrea. 
Qu conmovedor dijo. Siempre consider la valen-ta... S, muchacho, tus padres eran valientes... Mat prime-ro a tu padre y 
luch con valor... Pero tu madre no tena que morir... ella trataba de protegerte... Ahora, dame esa Piedra, a menos que quieras que tu 
madre haya muerto en vano. 
NUNCA! 
Harry se movi hacia la puerta en llamas, pero Volde-mort grit: ATRPALO! y, al momento siguiente, Harry sin-ti la mano de Quirrell 
sujetando su mueca. De inmediato, un dolor agudo atraves su cicatriz y sinti como si la cabeza fuera a partrsele en dos. Grit, 
luchando con todas sus fuer-zas y, para su sorpresa, Quirrell lo solt. El dolor en la cabeza amain... 
Mir alrededor para ver dnde estaba Quirrell y lo vio doblado de dolor, mirndose los dedos, que se ampollaban ante sus ojos. 
ATRPALO! Atrpalo! ruga otra vez Voldemort, y Quirrell arremeti contra Harry, hacindolo caer al suelo y apretndole el cuello 
con las dos manos... La cicatriz de Harry casi lo encegueca de dolor y, sin embargo, pudo ver a Quirrell chillando desesperado. 
Maestro, no puedo sujetarlo... Mis manos... mis manos! Y Quirrell, aunque mantena sujeto a Harry aplastn-dolo con las rodillas, le 
solt el cuello y contempl, aterroriza-do, sus manos. Harry vio que estaban quemadas, en carne viva, con ampollas rojas y brillantes. 
Entonces mtalo, idiota, y termina de una vez! ex-clam Voldemort. 
Quirrell levant la mano para lanzar un maleficio mor-tal, pero Harry, instintivamente, se incorpor y se aferr a la cara de Quirrell. 
AAAAAAH! 
Quirrell se apart, con el rostro tambin quemado, y en-tonces Harry se dio cuenta: Quirrell no poda tocar su piel sin sufrir un dolor 
terrible. Su nica oportunidad era sujetar a Quirrell, que sintiera tanto dolor como para impedir que hi-ciera el maleficio... 
Harry se puso de pie de un salto, cogi a Quirrell de un brazo y lo apret con fuerza. Quirrell grit y trat de empu-jar a Harry. El dolor de 
cabeza de ste aumentaba y el muchacho no poda ver, solamente poda or los terribles ge-midos de Quirrell y los aullidos de 
Voldemort: MTALO! M-TALO!, y otras voces, tal vez slo en su cabeza, gritando: Harry! Harry!. 
Sinti que el brazo de Quirrell se iba soltando, supo que estaba perdido, sinti que todo se oscureca y que caa... caa... caa... 
Algo dorado brillaba justo encima de l. La  snitch! Trat de atraparla, pero sus brazos eran muy pesados. 
Pestae. No era la  snitch. Eran un par de gafas. Qu raro. 
Pestae otra vez. El rostro sonriente de Albus Dumble-dore se agitaba ante l. 
Buenas tardes, Harry dijo Dumbledore. 
Harry lo mir asombrado. Entonces record. 
Seor! La Piedra! Era Quirrell! l tiene la Piedra! Seor, rpido... 
Clmate, qerido muchacho, ests un poco atrasado dijo Dumbledore. Quirrell no tiene la Piedra. 
Entonces quin la tiene? Seor, yo... 
Harry, por favor, clmate, o la seora Pomfrey me echar de aqu. 
Harry trag y mir alrededor. Se dio cuenta de que deba de estar en la enfermera. Estaba acostado en una cama, con sbanas blancas 
de hilo, y cerca haba una mesa, con una enorme cantidad de paquetes, que parecan la mitad de la tienda de golosinas 
Regalos de tus amigos y admiradores dijo Dumble-dore, radiante. Lo que sucedi en las mazmorras entre t y el profesor Quirrell 
es completamente secreto, as que, na-turalmente, todo el colegio lo sabe. Creo que tus amigos, los seores Fred y George Weasley, 
son responsables de tratar de enviarte un inodoro. No dudo que pensaron que eso te di-vertira. Sin embargo, la seora Pomfrey 
consider que no era muy higinico y lo confisc. 
Cunto tiempo hace que estoy aqu? 
Tres das. El seor Ronald Weasley y la seorita Gran-ger estarn muy aliviados al saber que has recuperado el co-nocimiento. Han 
estado sumamente preocupados. 
Pero seor, la Piedra... 
Veo que no quieres que te distraiga. Muy bien, la Pie-dra. El profesor Quirrell no te la pudo quitar. Yo llegu a tiem-po para evitarlo, 
aunque debo decir que lo estabas haciendo muy bien. 
Usted lleg? Recibi la lechuza que envi Hermione? 
Nos debimos cruzar en el aire. En cuanto llegu a Lon-dres, me di cuenta de que el lugar en donde deba estar era el que haba 
dejado. Llegu justo a tiempo para quitarte a Qui-rrell de encima... 
Fue usted. 
Tuve miedo de haber llegado demasiado tarde. 
Casi fue as, no habra podido aguantar mucho ms sin que me quitara la Piedra... 
No por la Piedra, muchacho, por ti... El esfuerzo casi te mata. Durante un terrible momento tuve miedo de que fuera as. En lo que se 
refiere a la Piedra, fue destruida. 
Destruida? dijo Harry sin entender. Pero su ami-go... Nicols Flamel... 
Oh, sabes lo de Nicols! dijo contento Dumbledo-re. Hiciste bien los deberes, no es cierto? Bien, Nicols y yo tuvimos una 
pequea charla y estuvimos de acuerdo en que era lo mejor. 
Pero eso significa que l y su mujer van a morir, no? 
Tienen suficiente Elixir guardado para poner sus asuntos en orden y luego, s, van a morir. 
Dumbledore sonri ante la expresin de desconcierto que se vea en el rostro de Harry. 
Para alguien tan joven como t, estoy seguro de que parecer increble, pero para Nicols y Perenela ser real-mente como irse a la 
cama, despus de un da muy, muy largo. Despus de todo, para una mente bien organizada, la muer-te no es ms que la siguiente 
gran aventura. Sabes, la Piedra no era realmente algo tan maravilloso. Todo el dinero y la vida que uno pueda desear! Las dos cosas 
que la mayor parte de los seres humanos elegiran... El problema es que los hu-manos tienen el don de elegir precisamente las cosas 
que son peores para ellos. 
Harry yaca all, sin saber qu decir. Dumbledore cantu-rre durante un minuto y despus sonri hacia el techo. 
Seor? dijo Harry. Estuve pensando... Seor, aunque la Piedra ya no est, Vol... quiero decir Quin-us-ted-sabe... 
Llmalo Voldemort, Harry. Utiliza siempre el nombre correcto de las cosas. El miedo a un nombre aumenta el mie-do a la cosa que se 
nombra.
S, seor. Bien, Voldemort intentar volver de nuevo, no? Quiero decir... No se ha ido, verdad? 
No, Harry, no se ha ido. Est por ah, en algn lugar, tal vez buscando otro cuerpo para compartir... Como no est realmente vivo, no 
se le puede matar. l dej morir a Qui-rrell, muestra tan poca misericordia con sus seguidores como con sus enemigos. De todos 
modos, Harry, t tal vez has re-trasado su regreso al poder. La prxima vez har falta algn otro preparado para luchar y, si lo detienen 
otra vez y otra vez, bueno, puede ser que nunca vuelva al poder. 
Harry asinti, pero se detuvo rpidamente, porque eso haca que le doliera ms la cabeza. Luego dijo: 
Seor, hay algunas cosas ms que me gustara saber, si me las puede decir... cosas sobre las que quiero saber la verdad... 
La verdad Dumbledore suspir. Es una cosa terri-ble y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuida-do. Sin embargo, 
contestar tus preguntas a menos que ten-ga una muy buena razn para no hacerlo. Y en ese caso te pido que me perdones. Por 
supuesto, no voy a mentirte. 
Bien... Voldemort dijo que slo mat a mi madre por-que ella trat de evitar que me matara. Pero por qu iba a querer matarme a m 
en primer lugar? 
Aquella vez, Dumbledore suspir profundamente. 
Vaya, la primera cosa que me preguntas y no puedo contestarte. No hoy. No ahora. Lo sabrs, un da... Qutatelo de la cabeza por 
ahora, Harry. Cuando seas mayor... ya s que eso es odioso... bueno, cuando ests listo, lo sabrs. 
Y Harry supo que no sera bueno discutir. 
Y por qu Quirrell no poda tocarme? 
Tu madre muri para salvarte. Si hay algo que Volde-mort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan 
poderoso como el de tu madre hacia ti deja mar-cas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible... Haber sido amado tan 
profundamente, aunque esa persona que nos am no est, nos deja para siempre una proteccin. Eso est en tu piel. Quirrell, lleno de 
odio, codicia y ambicin, compartiendo su alma con Voldemort, no poda tocarte por esa ra-zn. Era una agona el tocar a una persona 
marcada por algo tan bueno. 
Entonces Dumbledore se mostr muy interesado en un pjaro que estaba cerca de la cortina, lo que le dio tiempo a Harry para secarse 
los ojos con la sbana. Cuando pudo ha-blar de nuevo, Harry dijo: 
Y la capa invisible... sabe quin me la mand? 
Ah... Resulta que tu padre me la haba dejado y pens que te gustara tenerla.    Los ojos de Dumbledore brilla-ron. Cosas 
tiles... Tu padre la utilizaba sobre todo para robar comida en la cocina, cuando estaba aqu. 
Y hay algo ms... 
Dispara. 
Quirrell dijo que Snape... 
El profesor Snape, Harry 
S, l... Quirrell dijo que me odia, porque odiaba a mi padre. Es verdad? 
Bueno, ellos se detestaban uno al otro. Como t y el se-or Malfoy. Y entonces, tu padre hizo algo que Snape nunca pudo perdonarle. 
Qu? 
Le salv la vida. 
Qu? 
S... dijo Dumbledore, con aire soador. Es curio-sa la forma en que funciona la mente de la gente, no es cier-to? El profesor 
Snape no poda soportar estar en deuda con tu padre... Creo que se esforz tanto para protegerte este ao porque senta que as estara 
en paz con l. As podra seguir odiando la memoria de tu padre, en paz... 
Harry trat de entenderlo, pero le haca doler la cabeza, as que lo dej. 
Y seor, hay una cosa ms... 
Slo una? 
Cmo pude hacer que la Piedra saliera del espejo? 
Ah, bueno, me alegro de que me preguntes eso. Fue una de mis ms brillantes ideas y, entre t y yo, eso es decir mucho. Sabes, 
slo alguien que quisiera encontrar la Piedra, encontrarla, pero no utilizarla, sera capaz de conseguirla. De otra forma, se veran 
haciendo oro o bebiendo el Elixir de la Vida. Mi mente me sorprende hasta a m mismo... Bueno, suficientes preguntas. Te sugiero que 
comiences a comer esas golosinas. Ah, las grageas de todos los sabores. En mi ju-ventud tuve la mala suerte de encontrar una con 
gusto a v-mito y, desde entonces, me temo que dejaron de gustarme. Pero creo que no tendr problema con esta bonita gragea, no te 
parece? 
Sonri y se meti en la boca una gragea de color dorado. Luego se atragant y dijo: 
Ay de m! Cera del odo! 
La seora Pomfrey era una mujer buena, pero muy estricta. 
Slo cinco minutos suplic Harry 
Ni hablar. 
Usted dej entrar al profesor Dumbledore... 
Bueno, por supuesto, es el director, es muy diferente. Necesitas descansar. 
Estoy descansando, mire, acostado y todo lo dems. Oh, vamos, seora Pomfrey.. 
Oh, est bien dijo. Pero slo cinco minutos. 
Y dej entrar a Ron y Hermione. 
Harry! 
Hermione pareca lista para lanzarse en sus brazos, pero Harry se alegr de que se contuviera, porque le dola la cabeza. 
Oh, Harry; estbamos seguros de que te... Dumbledore estaba tan preocupado... 
Todo el colegio habla de ello dijo Ron. Qu es lo que realmente pas? 
Fue una de esas raras ocasiones en que la verdadera his-toria era an ms extraa y apasionante que los ms extraos rumores. Harry 
les cont todo: Quirrell, el espejo, la Pie-dra y Voldemort. Ron y Hermione eran muy buen pblico, jadeaban en los momentos 
apropiados y, cuando Harry les dijo lo que haba debajo del turbante de Quirrell, Hermione grit muy fuerte. 
Entonces la Piedra no existe? dijo por ultimo Ron. Flamel morir? 
Eso es lo que yo dije, pero Dumbledore piensa que... cmo era? Ah, s: Para las mentes bien organizadas, la muerte es la siguiente gran aventura. 
Siempre dije que era un chiflado dijo Ron, muy im-presionado por lo loco que estaba su hroe. 
Y qu os pas a vosotros dos? pregunt Harry. 
Bueno, yo volv dijo Hermione, despert a Ron (tard un rato largo) y, cuando bamos a la lechucera para comunicarnos con 
Dumbledore, lo encontramos en el vest-bulo de entrada, y l ya lo saba, porque nos dijo: Harry se fue a buscarlo, no?, y subi al 
tercer piso. 
Crees que l quera que lo hicieras? dijo Ron. Envindote la capa de tu padre y todo eso? 
Bueno estall Hermione. Si lo hizo... eso es terri-ble... te podan haber matado. 
No, no fue as dijo Harry con aire pensativo. Dum-bledore es un hombre muy especial. Yo creo que quera dar-me una 
oportunidad. Creo que l sabe, ms o menos, todo lo que sucede aqu. Acepto que deba de saber lo que bamos a intentar y, en lugar 
de detenernos, nos ense lo suficiente para ayudarnos. No creo que fuera por accidente que me dej encontrar el espejo y ver cmo 
funcionaba. Es casi como si l pensara que yo tena derecho a enfrentarme a Voldemort, si poda... 
Bueno, s, est bien dijo Ron. Escucha, debes es-tar levantado para maana, es la fiesta de fin de curso. Ya estn todos los 
puntos y Slytherin gan, por supuesto. Te per-diste el ltimo partido de  quidditch. Sin ti, nos gan Raven-claw, pero la comida ser 
buena. 
En aquel momento, entr la seora Pomfrey 
Ya habis estado quince minutos, ahora FUERAdijo con severidad. 
Despus de una buena noche de sueo, Harry se sinti casi bien. 
Quiero ir a la fiesta dijo a la seora Pomfrey, mien-tras ella le ordenaba todas las cajas de golosinas. Podr ir, verdad? 
El profesor Dumbledore dice que tienes permiso para ir dijo con desdn, como si considerara que el profesor Dumbledore no se 
daba cuenta de lo peligrosas que eran las fiestas. Y tienes otra visita. 
Oh, bien dijo Harry. Quin es? 
Mientras hablaba, entr Hagrid. Como siempre que es-taba dentro de un lugar, Hagrid pareca demasiado grande. Se sent cerca de 
Harry, lo mir y se puso a llorar. 
Todo... fue... por mi maldita culpa! gimi, con la cara entre las manos. Yo le dije al malvado cmo pasar ante  Fluffy. Se lo dije! 
Podas haber muerto! Todo por un huevo de dragn! Nunca volver a beber! Deberan echarme y obligarme a vivir como un  muggle! 
Hagrid! dijo Harry, impresionado al ver la pena y el remordimiento de Hagrid, y las lgrimas que mojaban su barba. Hagrid, lo 
habra descubierto igual, estamos ha-blando de Voldemort, lo habra sabido igual aunque no le di-jeras nada. 
Podras haber muerto! solloz Hagrid. Y no di-gas ese nombre! 
VOLDEMORT! grit Harry, y Hagrid se impresion tanto que dej de llorar. Me encontr con l y lo llamo por su nombre. Por 
favor, algrate, Hagrid, salvamos la Piedra, ya no est, no la podr usar. Toma una rana de chocolate, tengo muchsimas... 
Hagrid se sec la nariz con el dorso de la mano y dijo: 
Eso me hace recordar... Te he trado un regalo. 
No ser un bocadillo de comadreja, verdad? dijo preocupado Harry, y finalmente Hagrid se ri. 
No. Dumbledore me dio libre el da de ayer para hacer-lo. Por supuesto tendra que haberme echado... Bueno, aqu tienes... 
Pareca un libro con una hermosa cubierta de cuero. Harry lo abri con curiosidad... Estaba lleno de fotos mgi-cas. Sonrindole y 
saludndolo desde cada pgina, estaban su madre y su padre... 
Envi lechuzas a todos los compaeros de colegio de tus padres, pidindoles fotos... Saba que t no tenas... Te gusta? 
Harry no poda hablar, pero Hagrid entendi. 
       
Harry baj solo a la fiesta de fin de curso de aquella noche. Lo haba ayudado a levantarse la seora Pomfrey, insistiendo en examinarlo 
una vez ms, as que, cuando lleg, el Gran Comedor ya estaba lleno. Estaba decorado con los colores de Slytherin, verde y plata, para 
celebrar el triunfo de aquella casa al ganar la copa durante siete aos seguidos. Un gran estandarte, que cubra la pared detrs de la 
Mesa Alta, mos-traba la serpiente de Slytherin. 
Cuando Harry entr se produjo un sbito murmullo y to-dos comenzaron a hablar al mismo tiempo. Se desliz en una silla, entre Ron y 
Hermione, en la mesa de Gryffindor, y trat de hacer caso omiso del hecho de que todos se ponan de pie para mirarlo. 
Por suerte, Dumbledore lleg unos momentos despus. Las conversaciones cesaron. 
Otro ao se va! dijo alegremente Dumbledore. Y voy a fastidiaros con la charla de un viejo, antes de que po-dis empezar con los 
deliciosos manjares. Qu ao hemos te-nido! Esperamos que vuestras cabezas estn un poquito ms llenas que cuando llegasteis... 
Ahora tenis todo el verano para dejarlas bonitas y vacas antes de que comience el pr-ximo ao... Bien, tengo entendido que hay que 
entregar la copa de la casa y los puntos ganados son: en cuarto lu-gar, Gryffindor, con trescientos doce puntos; en tercer lugar, 
Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos; Ravenclaw tiene cuatrocientos veintisis, y Slytherin, cuatrocientos setenta y dos. 
Una tormenta de vivas y aplausos estall en la mesa de Slytherin. Harry pudo ver a Draco Malfoy golpeando la mesa con su copa. Era 
una visin repugnante. 
S, s, bien hecho, Slytherin dijo Dumbledore. Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta. 
Todos se quedaron inmviles. Las sonrisas de los Slythe-rin se apagaron un poco. 
As que dijo Dumbledore tengo algunos puntos de ltima hora para agregar. Dejadme ver. S... Primero, para el seor Ronald 
Weasley... 
Ron se puso tan colorado que pareca un rbano con inso-lacin. 
... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos aos, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos. 
Las hurras de Gryffindor llegaron hasta el techo encan-tado, y las estrellas parecieron estremecerse. Se oy que Percy le deca a los 
otros prefectos: Es mi hermano, sabis? Mi hermano menor! Consigui pasar en el juego de ajedrez gigante de McGonagall!. 
Por fin se hizo el silencio otra vez. 
Segundo... a la seorita Hermione Granger... por el uso de la fra lgica al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Gryffindor con 
cincuenta puntos. 
Hermione enterr la cara entre los brazos. Harry tuvo la casi seguridad de que estaba llorando. Los cambios en la ta-bla de puntuaciones pasaban ante ellos: Gryffindor estaba cien puntos ms arriba. 
Tercero... al seor Harry Potter... continu Dumble-dore. La sala estaba mortalmente silenciosa... por todo su temple y 
sobresaliente valor, premio a la casa Gryffindor con sesenta puntos. 
El estrpito fue total. Los que pudieron sumar, adems de gritar y aplaudir, se dieron cuenta de que Gryffindor tena los mismos puntos 
que Slytherin, cuatrocientos setenta y dos. Si Dumbledore le hubiera dado un punto ms a Harry... Pero as no llegaban a ganar. 
Dumbledore levant el brazo. La sala fue recuperando la calma. 
Hay muchos tipos de valenta dijo sonriendo Dum-bledore. Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero 
hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos al seor Neville Longbottom. 
Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Come-dor habra credo que se haba producido una explosin, tan fuertes eran los 
gritos que salieron de la mesa de Gryffindor. Harry, Ron y Hermione se pusieron de pie y vitorearon a Ne-ville, que, blanco de la 
impresin, desapareci bajo la gente que lo abrazaba. Nunca haba ganado ms de un punto para Gryffindor. Harry, sin dejar de vitorear, 
dio un codazo a Ron y seal a Malfoy, que no poda haber estado ms atnito y ho-rrorizado si le hubieran echado el maleficio de la 
Inmovili-dad Total. 
Lo que significa grit Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebran-do la derrota de 
Slytherin, que hay que hacer un cambio en la decoracin. 
Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron escarlata; los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneci para 
dar paso al len de Gryffindor. Snape es-trechaba la mano de la profesora McGonagall, con una horri-ble sonrisa forzada en su cara. 
Capt la mirada de Harry y el muchacho supo de inmediato que los sentimientos de Snape hacia l no haban cambiado en absoluto. 
Aquello no lo preocupaba. Pareca que la vida iba a volver a la normalidad en el ao prximo, o a la normalidad tpica de Hogwarts. 
Aqulla fue la mejor noche de la vida de Harry, mejor que ganar un partido de  quidditch, o que la Navidad, o que hacer que se desmayara 
el monstruo gigante... Nunca, jams, olvi-dara aquella noche. 
Harry casi no recordaba ya que tenan que recibir los resul-tados de los exmenes, pero stos llegaron. Para su gran sor-presa, tanto l 
como Ron pasaron con buenas notas. Hermio-ne, por supuesto, fue la mejor del ao. Hasta Neville pas a duras penas, pues sus 
buenas notas en Herbologa compen-saron los desastres en Pociones. Ellos confiaban en que sus-pendieran a Goyle, que era casi tan 
estpido como malo, pero l tambin aprob. Era una lstima, pero como dijo Ron, no se puede tener todo en la vida. 
Y de pronto, sus armarios se vaciaron, sus equipajes es-tuvieron listos, el sapo de Neville apareci en un rincn del cuarto de bao... 
Todos los alumnos recibieron notas en las que los prevenan para que no utilizaran la magia durante las vacaciones (Siempre espero 
que se olviden de darnos esas notas, dijo con tristeza Fred Weasley). Hagrid estaba all para llevarlos en los botes que cruzaban el 
lago. Subieron al expreso de Hogwarts, charlando y riendo, mientras el pai-saje campestre se volva ms verde y menos agreste. 
Comie-ron las grageas de todos los sabores, pasaron a toda veloci-dad por las ciudades de los  muggles, se quitaron la ropa de magos y 
se pusieron camisas y abrigos... Y bajaron en el an-dn nueve y tres cuartos de la estacin King Cross. 
Tardaron un poco en salir del andn. Un viejo y enjuto guarda estaba al otro lado de la taquilla, dejndolos pasar de dos en dos o de tres 
en tres, para que no llamaran la atencin saliendo de golpe de una pared slida, pues alarmaran a los  muggles. 
Tenis que venir y pasar el verano conmigo dijo Ron, los dos. Os enviar una lechuza. 
Gracias dijo Harry. Voy a necesitar alguna pers-pectiva agradable. 
La gente los empujaba mientras se movan hacia la esta-cin, volviendo al mundo  muggle. Algunos le decan. 
Adis, Harry! 
Nos vemos, Potter! 
Sigues siendo famoso dijo Ron, con sonrisa burlona. 
No all adonde voy, eso te lo aseguro respondi Harry.  
l, Ron y Hermione pasaron juntos a la estacin. 
All est l, mam, all est, mralo! 
Era Ginny Weasley, la hermanita de Ron, pero no sea-laba a su hermano. 
Harry Potter! chill. Mira, mam! Puedo ver... 
Tranquila, Ginny. Es de mala educacin sealar con el dedo. 
La seora Weasley les sonri. 
Un ao movido? les pregunt. 
Mucho dijo Harry. Muchas gracias por el jersey y el pastel, seora Weasley 
Oh, no fue nada. 
Ya ests listo? 
Era to Vernon, todava con el rostro prpura, todava con bigotes y todava con aire furioso ante la audacia de Harry, llevando una 
lechuza en una jaula, en una estacin llena de gente comn. Detrs, estaban ta Petunia y Dudley, con aire aterrorizado ante la sola 
presencia de Harry 
Usted debe de ser de la familia de Harry! dijo la se-ora Weasley 
Por decirlo as dijo to Vernon. Date prisa, mucha-cho, no tenemos todo el da. Dio la vuelta para ir hacia la puerta. 
Harry esper para despedirse de Ron y Hermione. 
Nos veremos durante el verano, entonces. 
Espero que... que tengas unas buenas vacaciones dijo Hermione, mirando insegura a to Vernon, impresionada de que alguien 
pudiera ser tan desagradable. 
Oh, lo sern dijo Harry, y sus amigos vieron, con sor-presa, la sonrisa burlona que se extenda por su cara. Ellos no saben que no 
nos permiten utilizar magia en casa. Voy a di-vertirme mucho este verano con Dudley..