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El
crecimiento anual de los ordenadores huéspedes conectados a internet
ha dejado de ser exponencial, pero, con todo, la característica
principal de la red, su tremenda capacidad de aumento, sigue viva.
En el gráfico 2 se aprecia
cómo, frente al incremento de un 6 por ciento de la telefonía
convencional, creció un 52 por ciento la telefonía móvil y se
incrementaron nada menos que un 81 por ciento los ordenadores que
funcionan como nódulos en internet. Si añadiéramos todos los
pequeños ordenadores que pueden funcionar como servidores,
generalmente a través de líneas telefónicas, la diferencia sería aún
mayor.
No obstante, ese
crecimiento esconde una realidad innegable. En estos momentos, la
mayor parte de las personas que viven en una sociedad
hispanohablante no siente que un gráfico como el anterior refleje
una distancia que se perciba realmente. Dicho en otras palabras, el
uso de la telefonía celular es más penetrante y está más ampliamente
repartido que el uso de las computadoras y el acceso a la red.
Frente a unos 120 millones de ordenadores en el mundo, pueden
calcularse 300 millones de teléfonos móviles. Esta circunstancia es
más fácilmente observable en América que en España, porque en el
continente americano son muchas las zonas en las que lo difícil es
conseguir que se instale el teléfono de hilos. Los teléfonos
digitales de tercera generación, que permiten ya una amplia gama de
operaciones por internet, traerán, seguramente, mayores
posibilidades y crearán más necesidades, lo que puede generar otro
impulso espectacular. Nuevas computadoras, más sencillas y pensadas
para internet, pueden introducir un nuevo componente que multiplique
las posibilidades de acceso. Cuando el acceso a internet se hace
gratuito, el número de cuentas se dispara. Entre agosto y octubre de
1999 el número de cuentas de acceso gratuito a internet, sólo en
España, se incrementó en medio millón, lo que supone un 50 por
ciento más. El 90 por ciento de ese incremento se lo repartieron
Retevisión y Telefónica. |
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Otro factor de peso es la velocidad de implantación. El
teléfono tardó setenta y cuatro años en llegar a 50 millones de
usuarios, mientras que la televisión lo logró en trece y la conexión
a la World Wide Web sólo necesitó cuatro, aunque eso sí, apoyada en
el uso del ordenador personal, que requirió dieciséis años, tres más
que la televisión. Indudablemente, los incrementos cada vez más
rápidos se apoyan también en que se implantan en medios cada vez más
tecnificados, por lo que tropiezan con menores resistencias, y
aprovechan las infraestructuras que, al principio, fueron muy
costosas de crear. Por otro lado, incluso esas mismas
infraestructuras son hoy más baratas, o pueden ponerse a disposición
de los usuarios a precios más bajos.
En todo caso, el
acceso a internet afecta más profundamente la vida de las personas,
porque altera los hábitos. También por ello exige más y, por ello,
requiere sistemas de acceso más naturales y sencillos al mayor
número de posibilidades que aporta, razón por la cual es
imprescindible vincularlo al tratamiento de la lengua natural. En
los primeros tiempos de la informática, cuando el acceso estaba muy
limitado, los ordenadores eran muy caros y la entrada de datos muy
costosa, se podía considerar normal exigir al usuario el
conocimiento de un lenguaje de programación. Cobol y Fortran eran
así términos tan corrientes como ficha perforada, unidad de cintas o
perforadora. Hoy lo que corresponde es el concepto de «interfaz
amistosa», a través de voz, si es posible, lo que ha disparado las
exigencias lingüísticas. En el espacio de una generación hemos
pasado de no poder representar más que los grafemas del teclado de
la máquina de escribir norteamericana, sin eñes ni acentos, a la
exigencia de que las interfaces de voz reflejen el habla natural,
con las curvas tonales y los sistemas puedan entrenarse para
reconocer la voz al dictado. |
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Es frecuente que los autores que se plantean escribir sobre
cualquier asunto en relación con internet dediquen un gran espacio a
reproducir gráficos (generalmente de origen ajeno con reelaboración
propia). Es algo que, desde el punto de vista didáctico, se defiende
por sí solo. La cuestión es el valor que podemos dar a las
estadísticas que todos manejamos, ya que, en ocasiones, además de
variar en cifras y órdenes de magnitudes, pueden ser
contradictorias. El modelo de medición de internet es definitivo a
la hora de establecer una estadística clave para la publicidad y
para la bolsa. Muchas compañías, como las operadoras de
telecomunicaciones, formulan sus previsiones de negocio a partir de
datos que no se elaboran de modo coherente, por la sencilla razón de
que a veces sólo se puede disponer de ellos tomándolos de fuentes
distintas.
En España, la OJD
es el único organismo que sigue estadísticamente el uso de los
distintos servicios. Preocupada por esas diferencias, ha planteado
cambiar el sistema de medición utilizado hasta ahora. A grandes
rasgos, la OJD propone afinar en el recuento de datos, eliminando
algunos o desglosándolos por segmentos. La consecuencia de la
revisión puede cambiar la impresión de futuro que se tiene de
servicios como, por citar algunos mencionados por el diario
económico Expansión (13-10-1999), «Alehop y Canal 21, de
Retevisión, Terra, de Telefónica, y Ya.com, de Jazztel, entre
otros».
Tradicionalmente
se ha medido el uso de internet a partir de la diferencia entre
«páginas vistas» y «visitas». Cualquier persona que haya navegado
por internet sabe que, de modo fortuito, acaba visitando varias
páginas que no buscaba, sino que se las ha ido encontrando al pasar
de una información a otra. Cuando nos conectamos a una dirección, un
localizador de recursos universal (URL), entramos en lo que
técnicamente se llama un «portal». Cada entrada y salida de
un portal nos permite medir una «visita». Una vez dentro de
ese portal, descargamos una serie de páginas distintas en nuestra
máquina. Descargarlas no significa guardarlas, sino que se limita a
designar el proceso por el cual las páginas del portal pasan a
nuestro ordenador, generalmente de modo transitorio. Cada una de
esas pantallas —o páginas— que el usuario descarga al visitar un
portal es una «página vista». |
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Si no se
diferencian las visitas y las páginas vistas y se suma todo, se
comete el error de dar el mismo valor a aquello que se busca y a lo
que uno se encuentra por casualidad o por los requisitos o las
tentaciones de la navegación. Hay servicios gratuitos de correo
electrónico que llevan al usuario a ver una serie de páginas que no
le interesan en absoluto y, sin embargo, cuentan en las
estadísticas. Si no se tienen en cuenta las páginas vistas a las que
el internauta entra desde un servicio que lo lleva a ellas, la
contabilidad se altera enormemente. Claro que también pueden
contabilizarse por separado, porque es inexacto suponer que porque
se visiten por razones ajenas a la búsqueda originaria carecen de
impacto, especialmente en el terreno de la publicidad: puede ser
indiferente, en muchos casos, que la página publicitaria se visite
indirectamente, pues el efecto de la publicidad llega en todo caso.
La diferencia en el modo de contabilizar es importante, en cambio,
en la valoración de los portales, puesto que ésta depende de los
parámetros que se fijen: visitas, páginas, ambas conjuntamente,
ambas por separado. La incidencia futura puede llegar a las
comisiones comerciales e incluso a la bolsa, de manera que no es una
cuestión menor. Si hablamos de cifras que oscilan entre ocho y
quince dólares por página vista, para estimar el valor de un portal
en el caso de salida a bolsa, los parámetros que permitan hacer los
cálculos tienen una importancia definitiva. Tomamos un ejemplo del
ya citado número de Expansión: cuando Jazztel presentó en
sociedad su portal Ya.com, mencionó como uno de sus principales
activos el servicio de correo electrónico Mix Mail. Pero el uso de
Mix Mail no contaría como páginas vistas, según los parámetros
reducidos, a la hora de valorar Ya.com o, en el mejor de los casos,
contaría por separado, lo que disminuiría el valor de los activos.
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Hablar hoy de
internet es hablar de algo asociado a un concepto amplio de
telecomunicación, que incluye, no sólo el correo, sino el comercio
electrónico, la educación y la salud, como los informes de la
ITU 2 y de
Andersen Consulting para 1999 3 ponen
bien de manifiesto. La incidencia es social y económica, toca el
corazón mismo de la estructura de los grupos humanos.
En el año 1998, el
estudio realizado por Andersen Consulting para comparar la visión
del comercio electrónico en Europa y en Estados Unidos señalaba la
existencia de una notable barrera entre ambas concepciones del
recurso. En 1999, aunque persisten ciertas diferencias, la situación
ha cambiado de modo radical y Europa vive de una manera mucho más
positiva la realidad, que se ve ineludible, del comercio
electrónico. Desde el punto de vista lingüístico, esta circunstancia
es de excepcional importancia, porque el acercamiento al usuario es
notablemente más sencillo desde su propia lengua. La cohesión
lingüística de Estados Unidos, sin duda, hizo mucho para favorecer
el clima de confianza en esta fórmula de comercio, y la decisión de
ampliar la oferta lingüística para incluir a la población
hispanohablante estadounidense señala con claridad que una de las
adaptaciones necesarias de la lengua a la tecnología pasa por este
rubro de la actividad económica. Mientras que el valle producido
como consecuencia de la necesaria adaptación al medio social había
retraído a los europeos, la aceleración de esta actividad, anterior
a lo previsto y más intensa, ha provocado una respuesta también más
acelerada de los estados de Europa. |
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Si bien las
empresas que figuran en los nombres de cabeza son Total-Fina, Lloyd
1885, Telenor Mobil, Cable & Wireless Communications y
MigrosBank, la actividad comercial por internet llega rápidamente a
otras muchas, entre las que se encuentran las españolas. También
vale la pena señalar que, en los nombres que acabamos de citar,
están los de compañías sólidas y grandes, no se trata de que se
interesen compañías pequeñas y jóvenes. En 1998 el comercio
electrónico se limitaba, fundamentalmente, a las ventas y la
mercadotecnia o marketing, pero en 1999 la gama de actividades es
más amplia e incluye todo el proceso de la oficina de compras,
logística, financiación, hasta el desarrollo de productos. En los
próximos cinco años al menos un 90 por ciento tiene previsto usar el
comercio electrónico para ventas y mercadotecnia y un 83 por ciento
en el proceso de compras.
Los mayores
ingresos por el comercio electrónico han correspondido hasta ahora a
Estados Unidos. Lo cual, unido a la tecnología de la información, ha
supuesto una tercera parte del crecimiento económico real
estadounidense en los tres últimos años. La equiparación con Europa
puede producirse en el 2003, con un mercado europeo en línea de 430
millardos de dólares y 170 millones de usuarios de internet, es
decir, cifras muy similares a las previstas para Estados Unidos.
Está claro que la conexión a internet es determinante y que la
amistad hacia el usuario, una de cuyas mejores manifestaciones es la
lingüística, será decisiva. El cambio de actitud respecto al año
anterior es manifiesto en la tabla
1. |
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La telefonía
móvil y la televisión digital interactiva ya no son los únicos
terrenos en los que los europeos ponen su confianza a propósito del
comercio electrónico. El cambio, en tan sólo un año, se extiende a
numerosos aspectos de la vida económica. Aunque los detalles de este
estudio rebasan nuestros intereses en estas páginas (y la propia
competencia del autor), vale la pena recoger que, en términos de
ahorro, el comercio electrónico puede suponer, en el caso de
compañías como Total-Fina, que da a los clientes de sus refinerías
acceso a sus servicios para clientes y de distribución, entre un 20
por ciento y un 30 por ciento menos en los costos de gestión propios
y de sus clientes. Más notable es el caso de MigrosBank, en Suiza,
que gracias a un sistema innovador, con quioscos multimediales,
personal especializado y toda la organización de su mercado por
internet, ha logrado incrementar el alcance de su mercado en un 60
por ciento, sin incrementar los costos.
La ventaja europea
es manifiesta en el terreno de las telecomunicaciones, que incluyen
los teléfonos móviles y los servicios por cable, más el acceso
digital a bienes muy distribuidos, como la televisión. La
infraestructura permite que el proceso de transición sea rápido y
barato, aunque es necesario que los costos de las comunicaciones se
reduzcan en un futuro inmediato, si se quiere alcanzar esos niveles
de competencia con Estados Unidos. El acceso a internet es
progresivamente más barato y su implantación en los hogares de los
consumidores, mayor. |
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La
preocupación de directivos europeos y americanos se divide en partes
casi iguales en lo que se refiere a las dudas sobre la capacidad
técnica y cultural de sus empresas para adaptarse a los nuevos
cambios. La capacidad técnica para explotar el comercio electrónico
preocupa a un número similar de directivos europeos (85 por ciento)
y norteamericanos (90 por ciento), mientras que las cifras sobre las
posibilidades de adaptarse a la nueva cultura electrónica se
reparten entre un 83 por ciento de europeos y un 85 por ciento de
estadounidenses. En lo que se refiere a la seguridad, un 68 por
ciento de los dirigentes empresariales europeos sigue teniendo dudas
sobre ese factor en las transacciones a través de la red. Sin
embargo, aunque la duda sobre si el comercio electrónico será una
posible solución para los problemas del intercambio comercial sigue
siendo superior a la esperanza de que lo sea, las cifras se
aproximan bastante, con porcentajes a favor de un 59 por ciento para
los estadounidenses y un 41 por ciento para los europeos. Por ello,
se aprecia un ambiente en el cual no es extraño que el impacto
económico del comercio electrónico en la posible transformación del
comercio sea superior en Estados Unidos, con un 55 por ciento,
frente a un 39 por ciento europeo. Es normal, en consecuencia, que
mientras un 67 por ciento de los altos directivos de las empresas
estadounidenses están ya implicados en el comercio electrónico, sólo
lo esté un 50 por ciento de los europeos. Si el comercio electrónico
es en realidad más una cuestión de cambio cultural que otra cosa,
con nuevos modelos comerciales, el papel de la lengua en él puede
ser más importante de lo que parecería a simple vista y, en
cualquier caso, es preciso explorar cualquier posible ventaja.
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El primer
terreno en el cual la interacción comercial con el cliente exige un
componente lingüístico es el de las telecomunicaciones (telefonía a
través de un proveedor de internet o IP, mensajería, y aplicaciones
de comunicaciones para comercio electrónico). En España, a partir
del año 2000, las telecomunicaciones serán el segundo sector
productivo, sólo aventajado por el turismo. Rafael Arias Salgado,
ministro español de Fomento, en su intervención en la exposición
Telecom 99, celebrada en octubre, recordó que el sector español de
las telecomunicaciones aportó en 1998 un 3,5 por ciento del Producto
Interior Bruto (PIB). Según Arias Salgado, este sector creció un 5,1
por ciento respecto al año anterior, con una facturación de 2,94
billones de pesetas, un 11,5 por ciento más que en 1997.
En los últimos
tres años, se han invertido en España 760 000 millones de pesetas en
telefonía móvil, mientras que las operadoras del cable han
comprometido 1,5 billones de pesetas en los próximos diez años. A
finales del 2000, un 74 por ciento de la población española puede
estar cubierto por el servicio de televisión digital terrestre, que
contará con 14 programas.
El cambio es
también aquí, como decíamos antes para el comercio electrónico, un
cambio cultural. La presencia de los medios de conexión a internet,
que serán múltiples (ordenadores de diversos tipos, teléfonos
celulares, televisión digital) permite y exige reajustes de carácter
fundamentalmente educativo, para que la población pueda acceder a
los nuevos servicios y reconvertir los canales comerciales. Del
mismo modo que el paso a la sociedad industrial obligó a aumentar la
escolarización de la población, este nuevo modelo exigirá una
adaptación de los ciudadanos a las posibilidades de la técnica. Es
un cambio social que afectará de manera decisiva a las lenguas, como
saben bien los defensores de lenguas no internacionales, que hacen
lo posible por prepararse para resistir el impacto y evitar su
desaparición. Por ejemplo, la Administración vasca lanzará el año
2000 un plan especial para hacer llegar las tecnologías de la
información a la sociedad de Euskadi, «a fin de propiciar un cambio
cultural y garantizar la competitividad de la economía autonómica en
un mundo globalizado». Esta acción forma parte del nuevo programa
Euskadi 2003, que se sustenta en el empleo y la modernización, y
contará con una dotación extrapresupuestaria de 721 millones de
euros —120 000 millones de pesetas— para el período 2000-2003, según
anunció el lehendakari, Juan José Ibarretxe, en persona, ante el
Parlamento vasco, en octubre de 1999. |
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En los
próximos seis años, los usuarios conectados a internet de Europa
occidental pasarán de los 38 millones actuales a 150 millones, el
equivalente de la mitad de la población de esa zona del planeta,
según un estudio encargado por el proveedor Nortel Networks.
Internet es
plurilingüe, pero ni siquiera las lenguas internacionales están
seguras. Las estadísticas sobre el uso de la lengua en la red,
aunque con manifiestas discrepancias en detalles que podemos
considerar secundarios, nos llevan a una situación muy conocida, con
el inglés como lengua general de comunicación, con cerca de un 60
por ciento de uso, en el menos favorable de los censos, mientras que
el 40 por ciento restante cada vez está más fraccionado entre otras
lenguas. Según datos de julio de 1999, si se incluye el inglés, el
español se usa en un 4,3 por ciento de las conexiones, el inglés en
un 57,4 por ciento y ninguna otra lengua alcanza un 10 por ciento
del uso total. Si excluimos al inglés, el español se usa en un 10,1
por ciento de las conexiones a internet que se realizan en todas las
demás lenguas. Chino, alemán y japonés serían las únicas que
contabilizan magnitudes superiores. Sólo una adecuada planificación
puede permitirnos resistir el cambio, hasta que los nuevos
especialistas en las lenguas puedan reacomodarlas para los nuevos
rumbos.
Los profesionales
de la lingüística estamos ya habituados a que se nos pregunte, desde
diversos medios, cuántas lenguas desaparecerán próximamente y en qué
plazo. Cuando el entrevistado responde que ninguna lengua, por
numerosos que sean sus hablantes o grande el poder del gobierno que
la utiliza, tiene garantizada su pervivencia, la reacción suele ser
de incredulidad. Sin embargo, hace mil años no eran nada ni el
inglés ni el español, mientras que nada queda hoy del antiguo
egipcio y, en cambio, una lengua pequeña, apoyada en una cultura
fuerte y en circunstancias religiosas no directa o mayoritariamente
relacionadas con su uso en la comunidad general, sino en la más
reducida de su grupo social, hablamos del hebreo, ha podido llegar
hasta hoy y hasta reimplantarse como lengua nacional. Otro ejemplo
de preservación lingüística cultural —en este caso por otras
razones, vinculadas a la representación escrita— es el del chino,
donde lo que se ha preservado es la escritura, pero no la
manifestación oral que esos signos representan: podemos entender un
texto escrito chino, incluso sin saber cómo se lee en voz alta. De
ahí el peligro de creer que el número de hablantes o de kilómetros
cuadrados son garantía de pervivencia. La extensión geográfica no ha
demostrado históricamente ninguna capacidad en favor de la
conservación y pervivencia de las lenguas. Eso no significa que lo
contrario sea verdad. El mantenimiento de las comunicaciones y la
existencia de organismos de estabilidad de las lenguas, como los
educativos, son sus grandes apoyos tradicionales, a los que hoy
podemos añadir los medios de difusión y de intercomunicación.
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NOTAS: |
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2. El informe resumido de
la International Telecommunication Union, publicado en
octubre de 1999, está disponible en
http://www.itu.int/ti/publications/ INET_99/chal_exsum.pdf.
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3. Utilizamos en este
punto la encuesta de mayo de 1999 de Andersen Conculting a 350 altos
directivos europeos y 60 norteamericanos. El informe resumido
Europe Takes Off se encuentra en
http://www.ac.com/showcase/ ecommerce/ecom_efuture.html.
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