I. Definición de Imprenta.
II. Historia de la Imprenta.
III. Biografía del inventor de la
Imprenta.
IV. Impacto del invento de La Imprenta
en la sociedad.
V. Aportes de La Imprenta a la humanidad.
I. Definición de Imprenta.
La Imprenta es una máquina mecánica cuya
función principal es la impresión en tinta,
de escritos, graficas, etc. principalmente en papeles y
hojas. Con el desarrollo de los tiempos se ha convertido
en un objeto muy importante en el área del trabajo.
Ya no es tan solo una máquina mecánica, sino
también con las tecnologías modernas, que
la convierten en digitales y láser para una impresión
cada vez más nítida y exacta.
También podemos definir la imprenta, como una Técnica
de reproducir en papel u otro material textos e ilustraciones.
II. Historia de la Imprenta.
La invención de la imprenta, se remonta al año
960, durante el periodo de los Song (960 - 1279), en que
se usaron en China tipos móviles de madera, uso que
se extendió a Turquestán en 1280. El caso
es que la Europa Central de principios del Renacimiento
ya conocía el invento.
Aunque siempre se piensa en Maguncia como la cuna de la
imprenta, parece ser que son los Países Bajos su
más serio competidor, pues se imprimió allí
con tipos móviles antes que en la ciudad alemana,
y consta que es la única nación europea a
la que los alemanes no llevaron la imprenta.
Puede sacarse así la conclusión de que en
Europa se estaba trabajando y buscando una técnica
que hiciera posible la producción de libros a partir
de un molde constituido por letras sueltas, en lugar de
manuscribirlo o estamparlo en un bloque de madera grabada.
Parece ser que fueron naipes las primeras obras que se
produjeron, a la vez que imágenes de santos, ya que
en el Museo de Bruselas se conserva una xilografía
de 1418, que representa a la Virgen rodeada de cuatro santos
que es la más antigua que se conoce. Por esta fecha
se empezaron a grabar planchas con textos en letras góticas,
a imitación de los códices de aquella época,
como Donatos, Ars Moriendi, Biblia Pauperum, y otros.
El trabajo y el tiempo que invertían en grabar estas
planchas fueron sin duda lo que indujo a buscar un medio
de lograrlas con más facilidad y rapidez. Pero la
verdadera invención se atribuye hoy casi sin dudas
a Johannes Gutemberg, cuyo mérito fue el de fundir
letras sueltas y adaptar una prensa de uvas renana para
la impresión de pliegos de papel, que es lo que constituyó
la imprenta primitiva (1440); le sigue en importancia Peter
Schöffer, que fue quien concibió los punzones
para hacer las matrices y fundirlas en serie, y finalmente,
Johan Fust, que aportó el capital para llevar a buen
término la genial empresa.
En 1454 se publicaron las bulas de indulgencia encargadas
por el papa Nicolás V para allegar fondos destinados
a sufragar los gastos que ocasionaban las Cruzadas para
liberar de la dominación turca los Santos Lugares,
de estas bulas se conserva un solo ejemplar en la Biblioteca
de Munich.
Existen también dos ediciones de la Biblia: la primera
llamada "de 42 líneas", que se empieza
a componer en el taller de Gutemberg en 1452 y es la única
obra que se le atribuye con seguridad, y la segunda la "de
36 líneas" del año 1459, y hay opiniones
de que con anterioridad a ellas se imprimió el Misal
de Constanza, catalogado como "el libro tipográfico
más antiguo que se conoce", que parece ser de
1450, o incluso antes.
Desde luego, en esta obra parece que se hallan defectos
de composición de los que adolecen las citadas Biblias,
y que hay quien le considera como una primera impresión
experimental.
En 1457 se termina de imprimir el Salterio de Maguncia,
obra importantísima en la historia del libro y de
la imprenta pues es la primera obra impresa que indica el
año de publicación y el lugar de impresión,
que lleve marca de impresor y colofón, ilustraciones,
impresión a más de un color, la primera que
pasó directamente del impresor al encuadernador,
sin pasar antes por los ilustradores, y finalmente, la primera
que contiene una errata (que sería corregida en la
edición de 1459): en el colofón dice Spalmor(um)
en lugar de Psalmor(um).
En América, el primer país que cuenta con
imprenta es México (1539), pero al resto del continente
llega en los siguientes siglos, con gran retraso, debido
a la oposición de las metrópolis que preferían
enviar libros impresos antes que permitir que se imprimieran
allí.
III. Biografía del inventor de la Imprenta.
Juan Gutemberg fue un alemán que nació en
Maguncia (1397). Su verdadero nombre era Johannes Gensfleisch.
Fue el inventor de la imprenta y de una tinta que permitía
la impresión del papel por las dos caras.
A partir de 1438 comenzó a investigar sobre una
técnica de impresión basada en el empleo de
caracteres móviles. Se cree que la invención
de la tipografía tuvo lugar hacia 1440. Ese mismo
año se asoció con Johann Fust para impulsar
la impresión de libros mediante la nueva técnica
de tipos sueltos que pudieran combinarse a voluntad del
impresor.
Se sabe que en 1440 pertenecía al gremio de los
plateros y batidores de oro de Estrasburgo y que por esta
época hizo pruebas de textos e ilustraciones sobre
láminas de metal, sistema que ya era usado por otros.
En 1447 se asoció con Peter Schöffer, a quién
había enseñado su técnica, e imprimió
el Mainzer Psalterium (salterio maguntino), estampado con
capitales a dos tintas.
En 1465, falto de recursos económicos, se acogió
a la protección del arzobispo de Maguncia, Adolfo
II de Nassau, quién le concedió un título
de nobleza y le permitió vivir en su residencia de
Eltwil. Falleció en 1468. Entre los libros que se
le atribuyen a la impresión de Gutemberg, el más
célebre es la Biblia llamada cuarenta y dos líneas
(1455), por el número de líneas de que consta
cada una da las dobles columnas. Destacan también
el Catholicon, de Juan de Gauna´que se publicó
en 1460.
IV. Impacto del invento de La Imprenta en la sociedad.
El descubrimiento de la imprenta, a finales de la edad
media, transformó la sociedad humana y abrió
una nueva era al conservar el pensamiento escrito o la imagen
y difundirlos en numerosos ejemplares, poniéndolos
así al alcance de un numeroso público.
Dicha sociedad se caracterizaba por la existencia de una
gran mayoría analfabeta, donde la única cultura
residía en los manuscritos que sólo existían
en los conventos, es decir, estaban en poder de los monjes,
los cuales aparte de rezar, se dedicaban a la copia de textos
e ilustraciones.
Los primeros libros impresos no tuvieron gran repercusión
entre la mayor parte de la población, pero poco a
poco el nuevo sistema de confección de libros se
hizo mucho más barato, permitiendo que la cultura
dejara de ser patrimonio exclusivo de unos pocos (que son
precisamente los anteriormente nombrados, es decir, los
poseedores de los manuscritos, más concretamente
diré que nos estamos refiriendo al clero o clase
dominante).
Este proceso citado (el de las copias de los monjes) era
demasiado lento, lo que dificultaba la expansión
de libros (con lo cual también dificultaba la expansión
de la cultura). Para los nuevos tiempos, en Europa, se necesitaba
una sociedad más culta y por eso hizo falta que la
información saliera de los muros de los conventos.
Llegado este punto y bajo estas circunstancias surgió
el invento desarrollado en estas páginas: la imprenta.
Este proceso también es impulsado por el auge de
la tinta (procedente de China) que se da en esta época.
Con la imprenta se pudo conseguir una mayor información
para todas las personas y para todos los lugares, ya que
el fácil manejo de este aparato hizo posible una
rápida impresión de todo tipo de texto.
La aparición de la imprenta y, por lo tanto, de
grandes cantidades de un mismo texto, significó,
no sólo una mayor difusión de la cultura,
sino también una nueva forma de recibirla. La transmisión
de unos conocimientos a través de un libro se hace
por medio de signos que hay que razonar, comprender y aceptar.
Ese proceso supone un examen crítico de lo leído
y la posibilidad de recurrir a la información transmitida
tantas veces como sea posible.
Estas peculiares condiciones no podían darse en
una transmisión oral de la cultura en la que el maestro,
el sacerdote o el jefe siempre o casi siempre, adoptaban
una postura dogmática que no solía permitir
la discusión ni, por la inmediatez del discurso,
ni por la reflexión sobre los contenidos transmitidos.
Es por lo tanto la sociedad un punto clave (como en todos
los inventos) para la invención de la imprenta.
Con todo esto estamos mostrando unas posturas de claro rechazo
a la idea de que los inventos surjan por inspiración
divina de una sola persona (en nuestro caso de Gutemberg).
Además de la sociedad, también hay determinadas
personas que contribuyeron al invento de la imprenta (como
en cualquier otro invento), personas que duermen en el olvido
de todos debido al nulo reconocimiento que recibieron en
su época. Entre estas personas, y ya volviendo al
tema en concreto de la imprenta, podemos citar a: Bi Sheng
(que inventó los caracteres móviles), Peter
Schöffer, M. Friburger, M. Grantz, U.Gering, Lyon E.
Dolet... y otros muchos que a estas alturas son imposibles
de localizar, pero que merecen mención ya que con
sus trabajos generaron un capital que se invirtió
en las investigaciones de todos los inventos, y así
los hicieron posible.
Pero todo esto no sólo se da en la imprenta, sino
que es característico de todos los inventos, así
que después de todas estas páginas escritas
llegamos a la conclusión de dos ideas: de que para
que se realice un fenómeno de este tipo tiene que
darse una sociedad que necesite este invento y que detrás
de esos inventores tan renombrados se esconden multitud
de personas que han colaborado en la invención, ya
sea de manera directa (colaborando en la invención)
o de manera indirecta (obteniendo dinero, con sus trabajos,
para invertir en los inventos, y aquí se incluyen
a los jornaleros, campesinos, siervos esclavos...).
V. Aportes de La Imprenta a la humanidad.
La imprenta, en expansión desde el S. XV en más,
provoca efectos en el entramado socio-cultural al posibilitar
la circulación de las ideas y propiciando el intercambio
de opiniones. La palabra escrita produce un efecto distinto
que el de la hablada. El decir queda documentado, testimoniado,
fijado.
Es cierto que la circulación de los libros y la
posibilidad de acceder a ellos también contribuye
a la alfabetización. Paulatinamente se va incrementando
el ejercicio de lectura solitaria que reemplazará
al de la lectura comunitaria. Pero el incremento de esta
práctica también hace que se pluralicen las
interpretaciones posibles de un texto ya que va desapareciendo
la injerencia del sujeto alfabetizado que -desde lo gestual,
el tono y su comentario complementario- orienta la interpretación
en una determinada dirección.
La connotación de lo dicho por el texto queda en
manos de aquel que lo lee, soberano de su propia actividad
interpretativa, no necesariamente coincidente con otras
interpretaciones, aún tratándose de la misma
obra en cuestión. Se acrecienta el ejercicio del
uso público de la razón -en términos
kantianos- esto es, la puesta en práctica de la propia
capacidad intelectiva que contribuye a la reflexión
crítica y permite el ejercicio del pensar por cuenta
propia (también siguiendo a Kant).
El poder eclesiástico -con ínfulas de académico-
será el encargado de aprobar o censurar las publicaciones
y el tan mentado y nefasto index, indicará la prohibición
de impresión de determinado material textual. La
Iglesia decidirá qué puede ser sabido y qué
ha de ser silenciado y digno de condena por su condición
de blasfemo. Aquí vale, simplemente como ejemplo
paradigmático, el protagonismo del Santo Oficio en
relación a los aportes científicos de Galileo
Galilei y la condena (l633) que le sigue a su persona, y
a todo aquel que intente adherir a los postulados copernicanos,
ahora tenidos por blasfemia.
Tales enfoques no lograrán el permiso para su publicación
oficial y la circulación se realizará por
canales clandestinos, a modo de correspondencia epistolar
pero con claras intenciones de publicidad. No olvidar otros
casos pertenecientes al ambiente de la Francia del S. XVI,
tal vez menos resonantes en la historia: recuérdese
a Antoine Augereau quien muere quemado en la hoguera en
el 1534 por su condición de impresor y divulgador
de libros luteranos; así también Etienne Dolet
es estrangulado y después quemado, por haber sido
hallado culpable de prologar, imprimir y vender libros heterodoxos
a la doctrina católica, en el año l543. Ignacio
de Loyola, al que se lo ha calificado como "primer
católico moderno" apoya la aplicación
de penas a los responsables de la libre circulación
de material impreso.