CUANDO LLEGUES
No espero que
llegues; afuera, los detalles cotidianos y el frió en mi espalda me
obligan a detenerme, con el corazón como vecino prefiero no llegar a
casa, me tomare un café y esconderé los minutos de mi reloj, la nostalgia en mi rodilla y
los ceros de mis cuentas los
quemare con un cigarro, distraeré la imagen de tu falda
en mi mente con un buen libro de Saramago,
perderé el pasado mujer, mientras observo el desfile de zapatos y
medias, no se porque te recuerdo en cada mujer que pasa, hay un espacio en la nada, el viento a
fuera me obliga a quedarme, o será que no tengo nada mejor que hacer,
será que el camino lo descubro dentro de mi, donde el cansado,
mecánico y terco deseo de
tenerte se esfuma junto con el humo de mi cigarro y la desesperación de
encontrar una sucursal de sueños, agua y sal para mi sed.
No espero que
llegues, el Diablo de mi memoria me
toma el pelo, no confió en nadie, descubro el filósofo que nadie
entiende como un buscador de verdad, una persona con quien muero, una balanza
de cordura, y una extraña sensación de verte llegar, tengo que cuidarme de lo incierto, de lo que no
puedo controlar, del huracán que pasa por mi cuello, de tus recuerdos
encendidos con el avanzar del segundero melódico, con la malicia y burla
de su brillo, no importa, no vengas y déjame inventarte e imaginarte con
la mejor sonrisa y tu manera tan especial de caminar con tu falda y zapatos
negros, con el nuevo color de tu pelo, que hace juego con las cejas y combina
con lo negro de las pestañas que cubres tus ojos verdes, y en tu mano el
anillo y esa pesada pulsera plateada, deja que te imagine así, y
conmigo sentada con las
piernas cruzadas e inventando una falsa excusa.
Jacob Vida