Guerra Civil Española (1936 – 1939)

El condenado


Los detalles de lo sucedido a Benito D. durante los años de la Guerra Civil Española fueron relatados a Xoquia por el artillero del Crucero Canarias.

Corría el año 1935 y por ese entonces me ganaba la vida ocupado como ayudante de albañilería. Fue trabajando en una obra en Vigo donde conocí a Benito un hombre que se desempeñaba con gran habilidad en el oficio de , pintor y albañil. Era Benito un fervoroso defensor de las ideas comunistas y mientras trabajábamos no dejaba de hablar de asuntos políticos.

A principios del año 1936 terminé mi trabajo con él y dejé de verlo. Tiempo después, ingresé a la Marina de Guerra y a fines de 1938, estando el Crucero Canarias en reparaciones en El Ferrol, obtuve permiso para salir del barco por unos días. En esa oportunidad visité a un amigo que vivía en Vigo y por él me enteré de lo sucedido a Benito:

Se encontraba Benito pintando el frente de un edificio allí en Vigo cuando, subido en el andamio, vio pasar por la calle justo debajo de él un camión que transportaba tropas del ejército nacional. Al parecer en ese momento el balde de pintura que sostenía en sus manos cayó sobre los soldados.

Este episodio llevó a Benito directamente a la cárcel y fue así que terminó castigado con la pena de muerte. Para esperar su ejecución se lo trasladó a una cárcel en Burgos.

Pasado algún tiempo en el presidio Benito se cansó de permanecer ocioso, así que mientras esperaba su muerte pidió a sus carceleros si le podían facilitar material de yeso. Éste le fue entregado y el condenado, usando toda su habilidad, se entretuvo en hacer una réplica de la Giralda (la torre de la catedral de Sevilla). La escultura fue tan admirada en el penal que el director del mismo decidió colocarla en la sala de entrada de la cárcel.

Allí estaba la Giralda de Benito cuando un militar de alto rango visitó la prisión. El visitante quedó por demás sorprendido al saber que esa escultura la había hecho un condenado a muerte y por lo tanto quiso saber de quién se trataba.

No había pasado demasiado tiempo después de tan importante visita al penal, que llegó la orden de trasladar al sentenciado. Benito pensó que había llegado su hora, sin embargo el pintor fue llevado hasta una antigua iglesia y una vez allí le mandaron recorrerla y que observara minuciosamente el deterioro que el tiempo había ocasionado en ella. Le preguntaron si era capaz de restaurarla a lo que Benito por supuesto contestó que sí.

Al cabo de varios meses de trabajo la obra quedó terminada y entonces Benito volvió al penal, allí las autoridades del mismo le dieron la noticia de que su condena había sido levantada y por lo tanto quedaba libre para volver a su casa.

Una vez finalizada la guerra, por casualidad volví a encontrar a Benito y él mismo me contó por lo que había pasado en esos años... Lo que no me aclaró fue si el balde de pintura se le había caído por accidente o si él mismo lo arrojó con toda intención...

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