La web de Venus


El viaje más dulce

Me ha costado mucho decidirme, pero al fin voy a hacerlo. He recogido mis cosas en una maleta, llevo ropa ligera, estamos en verano y no creo que necesite muchas cosas más. Llevo un vestido blanco, ligero, sencillo y elegante, me servirá para una noche de fiesta si es necesario, me costó la paga de un mes, pero mereció la pena, se ajusta al cuerpo como un guante y realza mis todavía deseables curvas.
Es mi primer viaje sola desde que me separé hace un año, pensaba viajar con una amiga, pero a última hora cogió la varicela, ¿a quién se le ocurre con treinta y cuatro años coger esa enfermedad? ¡vaya mala pata ha tenido! Al principio pensé anular el viaje, pero luego me dije: ¿por qué voy a hacerlo?, seguro que encuentro gente que viaja como yo. Eso suelen decirlo las agencias de viajes. Me imagino que es un anzuelo para terminar de decidir a los indecisos como yo.
Bueno, ya he cerrado la puerta con llave. Una semanita por ahí me sentará bien, estoy realmente agotada del trabajo, quiero desconectarme completamente y descansar y divertirme y….un montón de cosas más.
He tenido suerte, he encontrado un taxi rápidamente y mientras me lleva me recuesto tranquilamente y pienso en lo que me espera. No te pongas nerviosa, me digo, eres una mujer adulta y experimentada. ¿En qué?, me río bajito. Tal vez en aprender a vivir sola después de que mi marido me cambiase por otra más joven y más guapa, pero seguro que no hacía la paella tan bien como yo… Por fin he llegado a la parada del autobús. Hay gente agolpada a la entrada, forman grupos animados. Veo un par de parejas jóvenes que ríen, un pequeño grupito de cincuentones marchosos, tres chicas de mi edad que cargan con sus maletas, cuatro hombres en mangas de camisa que se acercan al autobús. Bueno, no está nada mal el grupo.
Pago al taxista y me acerco despacio al autobús, pregunto a una de las chicas si es el de la agencia que he contratado y me responde amablemente que si. Le doy mi maleta al conductor que introduce junto a las otras.
Comenzamos a subir y nos vamos sentando, elijo un asiento por el centro, me gusta más, el asiento de al lado queda libre. Miro mi reloj y veo que sólo faltan cinco minutos para la hora de salida. Un hombre alto y moreno se sienta a mi lado, me saluda, tiene una sonrisa simpática. Comenzamos a charlar y resulta ser una persona muy animada. Me dice que viaja solo, también está divorciado. ¡Sí que abundamos!.
Cuando llegamos al aeropuerto ya somos buenos amigos, nos hemos contado parte de nuestra vida y ya somos como de la familia.
Nos han distribuido en las habitaciones y, ¡qué casualidad!, la suya está junto a la mía. Entramos a descansar un poco y a organizarnos las maletas. Me fijo que hay una puerta que comunica con su habitación, está cerrada. Ummmmm. ¿Y si la abriese?, ¿ y si la dejase abierta esta noche?.
Voy a ducharme. El agua templada recorre mi piel desnuda. Acaricio mis pechos. Cojo la esponja y froto con ella mis piernas, mis muslos, llego a mi sexo y lo cubro de jabón, siento calor. La esponja cae y sigo acariciándome con los dedos. Mi dedo llega a mi clítoris y lo froto suavemente, con la otra mano acaricio mis pechos, mis pezones se endurecen. Pienso en sus manos largas sobre mi piel. Cierro los ojos y siento tal deseo que creo que voy a alcanzar el orgasmo. Estoy temblando.
Alguien llama a la puerta. ¿Quién será? Cojo una toalla y me froto vigorosamente. Pongo una pequeña cubriendo mi cabello y con otra alrededor de mi cuerpo todavía húmedo salgo fuera.
Él está en el umbral, se apoya en el quicio de la puerta y me mira sonriendo. No sé si me he puesto roja, creo que sí, pero le dejo pasar. Lleva en su mano una bolsa.
Cuando le digo que voy a ponerme ropa me retiene con una mano, me atrae y me besa. Un beso largo, profundo. Su mano suelta fácilmente la toalla que cae al suelo. Me coge en brazos y me deposita sobre la mesa, me abre las piernas y mira mi sexo húmedo. De la bolsa que hay en el suelo saca un bote de nata, lo agita y echa un buen chorro en mi sexo que se cubre de blanco, siento cosquillas al notar el contacto de la nata, empieza a besarme, a chuparla con fruición, noto su lengua que me recorre, sin parar, una y otra vez. Cuando ha dejado mi sexo limpio y brillante vuelve a recurrir a la bolsa y saca un tubo largo y metálico y lo introduce en mi sexo, poco a poco, lentamente, mientras con la otra mano me acaricia los pezones. Lo introduce más y más en mi interior. De pronto me incorpora y me baja al suelo, me coloca a cuatro patas sobre la alfombra de espaldas a él. Oigo como se baja la cremallera y noto su verga en mi culo, empieza a introducirla poco a poco, muy suave, muy lento, entra y sale sin parar. Mientras con su mano en su verga trata de vencer mi resistencia, con la otra vuelve a jugar con la barra metálica. Por delante, por detrás, nunca había sentido tal dolor, tal placer, estoy llena, estoy gimiendo sin parar. Él se mueve sin parar dentro de mí. Estoy jadeando, estoy gritando.
Siento que me corro, un orgasmo como nunca había sentido, nunca había alcanzado un placer tan completo. Noto como su semilla llena mi interior. Sus jadeos se suman a los míos y cae sobre mí. Los dos estamos sudorosos., Me acaricia los pechos y me besa el cuello.
Quiero repetir. ¿Seguimos?
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