Hosted by www.Geocities.ws

En el tren
La web de Venus


En el tren

Hoy salgo del colegio, han llegado por fin las vacaciones y he recogido rápidamente mis cosas y las he metido de cualquier forma en la maleta. Quiero perder cuanto antes de vista los muros del dichoso colegio, las monjas que, cual cuervos negros, nos vigilan sin cansarse nunca. Voy a ir con mi padre unos días a la playa y luego iré con mi madre a su casita de la montaña. Mis padres están separados desde que yo tenía siete años y, ahora que ya tengo dieciocho, resulta una auténtica ventaja, puedo sacárles todo lo que quiero. Se sienten culpables de que me críe en el colegio interna. Por eso, cuando llegan las vacaciones me llevan a sitios preciosos y me compran regalos estupendos. No me controlan mucho y puedo hacer lo que más me gusta, pasear sola por la playa, ir al cine y a casa de mis amigas cuando coincidimos con alguna de ellas.
Bueno, estoy esperando en el pasillo, me siento recatadamente en uno de los bancos, a la puerta del despacho de la directora y espero. Espero que venga mi padre y me saque por fin de estos muros. Las chicas desfilan ante mi con sus maletas y sus padres y hermanos detrás charlando animadamente. Estoy nerviosa, no quiero quedarme la última. Llega papá, llega, por favor. Al fin aparece por la puerta, lleva un traje azul oscuro y camisa blanca. ¿Debo correr a su encuentro y besarlo? No, ya soy mayor y la educación que me han dado y que están pagando es muy cara. Me hago la super educada y lo espero pacientemente. Se acerca pisando fuerte, todo en él denota autoridad, está acostumbrado a mandar, tanto en su empresa como a los pobres mortales que le rodeamos. Me levanto del banco y le sonrío, él también sonríe, no sé si lo hace porque se alegra de verme o porque es un actor consumado. Es igual, me alegro realmente de verlo. Me da dos besos en las mejillas y me toca suavemente con sus largos y blancos dedos.
Después de las preguntas de rigor: ¿cómo estás?, ¿cómo te va en el colegio?, se sienta a mi lado y se pone serio. ¿Qué me va a decir? Conozco esa mirada. Comienza a explicarme que, desgraciadamente, ha tenido que cancelar nuestras vacaciones y que no podrá acompañarme a la playa como habíamos planeado. Unos asuntos de última hora han hecho que tenga que viajar a Nueva York para una reunión. He debido de poner la cara como un poema, ya me estoy viendo pasar las vacaciones en el colegio y lo odio, no podré soportarlo. Él me mira con seguridad y me dice que no, que ha hablado con mi madre y que iré con ella, sólo que no podrá acompañarme hasta Italia donde está ella con su nuevo amor, pero que no me preocupe, que con él viene un hombre de su confianza que me acompañará hasta allí y que, una vez me deje en los tiernos brazos de mi madre (eso es de mi propia cosecha) regresará.
Bueno, no es tan malo después de todo, no me he quedado sin vacaciones. Me gusta Italia.
Una vez que mi padre ve que ya no estoy enfurruñada se levanta rápidamente y cogiendo mi maleta se dirige a la puerta de salida. Yo le acompaño como un perrito faldero. Antes ha prometido que me recompensará la próxima vez. Ya tendré tiempo de pensar que es lo que puedo pedirle.
Ya estamos fuera, respiro con ansia el aire caliente, hace mucho calor. Mi blusa blanca se empieza a pegar a mi cuerpo.
Ya veo el coche de mi padre, delante está un hombre apoyado que se incorpora rápidamente cuando nos ve. Es alto, moreno y recio, lleva un pantalón beige y una camisa blanca de manga corta. No lo conozco, supongo que es uno de los empleados de mi padre, ya nos iremos conociendo en el camino. Me saluda con voz ronca y nos abre la puerta.
En el trayecto mi padre sigue hablando, yo le digo que sí mientras mi mente vuela, estoy a gusto, el aire acondicionado es fantástico, ya no tengo calor. Vamos a ir a la estación del tren, allí cogeremos el va con destino a Madrid, tenemos reservada una habitación en un hotel cerca del aeropuerto porque al día siguiente cogemos un vuelo temprano hacia Roma. Mi padre nos despedirá porque tiene que ir a Barcelona y desde allí cogerá el avión hasta Nueva York.
Una vez en la estación subimos los tres al tren que ya ha llegado. El hombre que me ha presentado como Carlos se dirige al compartimento reservado para nosotros, le seguimos. Mi padre se despide con un beso y me desea unas divertidas vacaciones. Los dos salen y hablan durante unos minutos. Luego, Carlos entra y cierra la puerta tras él.
-He reservado el compartimento entero siiiiguiendo las indicaciones de tu padre.
-¡Qué bien!
Faltan unos minutos para la salida del tren.
Me acerco a la ventanilla y miro a la gente que se queda en el andén despidiendo a los viajeros. Veo a mi padre que se ha quedado unos pasos atrás y me mira con aire ausente, seguro que está deseando marchar. Le sonrío y le saludo con la mano, él me devuelve el saludo. Noto que Carlos se coloca detrás de mí. Está pegado a mi cuerpo. Mi padre nos saluda por última vez y dando media vuelta sale del andén.
Yo sigo pegada a la ventanilla y noto la presión de su miembro que se endurece más y más. Llevo una falda fina y una camiseta de manga corta. Su mano se introduce bajo mi falda y toca mis braguitas, sus dedos estiran el elástico y se introducen bajo él, buscan mi sexo, introduce su dedo dentro de mí y lo mueve. Yo estoy ardiendo. La mano que tiene libre la introduce bajo mi camiseta, no llevo sujetador, tengo los pechos pequeños y no lo necesito. Su mano busca mi pezón y lo acaricia, lo estira y noto como se endurece en sus dedos.
No dice nada, el silencio nos cubre, pero sus manos siguen avanzando. Me levanta la falda y me baja despacio las braguitas de algodón. Caen al suelo. Yo abro un poco más las piernas, estoy muy excitada, todo está ocurriendo tan rápidamente que no reacciono, sólo le dejo hacer…
Oigo como se baja la cremallera del pantalón, noto su miembro grande, caliente y palpitante. Mis piernas tiemblan, pero él me sujeta con fuerza y no deja que vacile.
No es como con los chicos que he estado, eso son juegos de niños, tocamientos y caricias. Él es un hombre y sabe lo que hace.
Me inclina un poco más sobre la ventana, me agarro con fuerza y él sujeta mis caderas de niña. Me está penetrando, sí, suavemente va introduciendo su miembro en mí, con delicadeza, no quiere hacerme daño, pero lo hace. No me importa, el placer supera al dolor que estoy sintiendo. Quiero que siga y lo hace. Supera la barrera y la introduce más, empieza a moverse más fuerte, más rápido, más profundo, como si me traspasara. Estoy sintiendo un placer como jamás había sentido ni había soñado. Siento como me voy derritiendo, soy un juguete en sus manos. Estoy alcanzando la cima, síiiii, todas las fibras de mi ser vibran. Noto como su semilla me llena por dentro, noto sus estremecimientos. Mis sueños a partir de ahora tendrán una imagen, un sentido, soñaré con él, con sus manos, con su fuerza. Ya he dejado de ser una niña. Ya sé lo que un hombre puede hacer sentir a una mujer.
Me coge en brazos y me deja sobre el asiento, abre mis piernas e introduce su lengua en mí, es como una serpiente. Me acaricia los pechos. Estoy otra vez excitada y él también. Pone su miembro en mi boca y yo lo chupo, lo paladeo, aprieto mis labios con fuerza y lo saboreo, palpita en mi interior, lo introduzco más en mi boca, más y más. Agarra con fuerza mi pelo y me dice que abra los ojos. Lo hago, lo miro y veo sus ojos brillar. Los míos seguro que también están brillantes de deseo. Me gusta, oh, cuánto me gusta.
El viaje va a ser muy interesante.
PISCIS



[INDICE] [ESCRITORES] [PISCIS]



Mandame tus relatos eroticos [email protected]



© Copyright dr_pleco&Opalo - 2001

Hosted by www.Geocities.ws

1