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Noche de amor
La web de Venus


Playas ardientes


Sintió la brisa del amanecer en su rostro. Su plácido caminar se detuvo y girando la vista hacia atrás, contempló por unos instantes las huellas que sus desnudos pies habían dejado sobre la inmaculada arena que las incansables olas habían alisado durante la noche borrando todo vestigio de profanación del día anterior.
Levantó su mirada y buscó en el firmamento la plateada figurada de su querida Selene. Su esplendor se estaba mitigando con el nacimiento del nuevo día, pero aún y eso, era la más hermosa de todas las cosas, pensó. Un breve destello en la faz de la luna, como si de un guiño de complicidad se tratara, le hizo dibujar una tierna sonrisa en sus labios, comprendiendo el significado de la señal que su amiga le mandaba.
Alargó la mano y pudo rozar la piel de la mujer que amaba. Notó como esta se estremecía y entrelazó sus dedos con los de ella. Lentamente acercó las manos de su compañera a sus labios y depositó un suave beso en el dorso de cada una de ellas. Levantó la mirada sin apartar su boca del contacto con su amada y contempló su rostro... Miró sus ojos chispeantes, el inmenso amor que se desprendía de su mirada y la sensual sonrisa que se dibujaba en sus golosos labios.
Despacio giró las manos de la mujer y las siguió besando. Un beso tras otro recorrió todas las líneas que se dibujaban en sus palmas con movimientos lentos y muy suaves. El contacto de la piel con sus labios y el embriagador olor a femineidad que desprendía de ellas hicieron que un leve temblor recorriera su cuerpo.
Ella sintió el estremecimiento del hombre y como este pasaba a través de todo su cuerpo como pequeñas descargas eléctricas que la recorrían por dentro excitando sus zonas erógenas. Una ola de placer la sacudió como adelanto de lo que se avecinaba. Alzó la vista al cielo mientras sentía los besos que él depositaba en sus manos. Su mirada vagó por las estrellas de la noche hasta que tropezó con la brillante cara de la luna.
Esta lucía sus mejores galas, y su belleza hería los ojos.
Sonrió al recordar el rayo de luz que viera brotar momentos antes de la faz del cuerpo celeste y de su =orazón salió un mensaje de gratitud hacia la cómplice amiga luna.
Lentamente se deshizo de las manos que sujetaban las suyas y acarició la cara del hombre. Con las manos en la mejilla de este acercó sus labios y besó los párpados de él.
Fue bajando muy despacio mientras recorría toda la cara con suaves besos hasta llegar a la comisura de los labios de hombre amado.
Este sintió como las manos de la mujer se apoyaban en sus hombros y ejercían una persistente fuerza hacia abajo. Enseguida comprendió el deseo de su amada y doblando las rodillas se dejó caer en la arena acompañando en su caída a la mujer.
Tumbados en el suelo y con las silenciosas olas acariciando sus cuerpos se entregaron con pasión a un desenfrenado beso de amor y deseo mientras la luna palidecía a la luz del alba y las estrellas refulgían en la plenitud de la noche.
Él tomó el labio inferior de ella entre sus dientes y lo mordisqueó mientras la lengua de ella pugnaba por entrar en su boca, hasta que el hombre cedió y aceptó la danza de amor uniendo su =engua a la de la mujer. Sus salivas se entremezclaron y bebieron ávidamente el uno del otro alimentando con ellas el volcán de deseo que rugía en su interior.
Poco a poco la mujer fue pasando una pierna por encima de la cintura del hombre hasta sentarse en su =adera. Sintió la dura virilidad de este en su pelvis y sin poder aguantar más el deseo se la introdujo hasta sus entrañas.
Oleadas de placer estremecieron los dos cuerpos mientras la mujer inclinaba la cabeza y acariciaba con su pelo el rostro del hombre. Sus senos rozaron el pecho masculino y una descarga eléctrica recorrió el cuerpo de ambos al entrar en contacto sus pezones.
El lento cabalgar de ella fue aumentando en ritmo hasta hacerse desenfrenado, a las puertas del éxtasis. La mujer enderezó su torso y echando la cabeza hacia atrás se sumergió en la vorágine que formaban las estrellas que vertiginosamente giraban ante su vista.
El hombre buscó las manos de ella y cuando las tuvo entrelazadas sintió como el fruto de la pasión le abandonaba y era absorbido por el cuerpo de la mujer. Esta sintió como la esencia de él regaba sus entrañas al tiempo que las estrellas del firmamento estallaban en mil pedazos ante su vista y penetraban en ella recorriendo su cuerpo en oleadas de insufrible placer.
La languidez se apoderó de sus cuerpos. Ella se dejó caer sobre el cuerpo del hombre y lentamente se deslizó sobre este hasta yacer a su costado. Ambos miraron el cielo. Él buscó con la mirada la casi invisible luna del amanecer. Ella en cambio, se bañó con los rayos del astro de la noche que brillaba con fuerza en su firmamento nocturno..
Una sonrisa de gratitud se formó en los labios de los amantes al contemplar al unísono un brillante destello en la superficie de Selene.
La hermosa Dama Luna sonrió complacida y se burló de los hombres que pensaban que no era posible amar en la distancia. Se sintió orgullosa de si misma, pues una noche más, había contribuido a que dos personas que se amaban consumaran su amor, sintiéndose uno al lado del otro sin importar que un océano separara sus playas.
Nolo 24-3-2001



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