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Mi fiera
La web de Venus


Mi fiera

Elena hacía el amor mejor que cualquier otra mujer que haya conocido. Sobre todo era activa, tremendamente activa. Era osada, muy osada. Carecía de pudor o de tabúes.
Lo que más le gustaba eran mis manos jugando en su sexo. Devolvía con creces todo lo que yo le daba. Hacer el amor con ella era tocar, acariciar, besar, chupar, lamer, dejarse hacer... disfrutar. Me volvía loco su boca besando mi pene, lamiendo, acariciando mi miembro erguido y sus ojos buscando mis ojos. Me encantaba comer su sexo jugoso, buscar mi lengua los rincones mas secretos y buscar los puntos que la hacían enervarse. Me enamoré, me enamoré como un tonto sin remedio.
Soñaba toda la semana con aquellas noches de sábado en el piso de su hermana, novhes en las que amanecía y seguiamos amándonos. Hasta queda extenudados, saciados, haitos de amor. Ella tenía 20 años y yo, 22 y sentía que tenía en mis brazos a la más bella criatura, a la más desable, a la más carnal de las mujeres.
Su sexo, excitado, húmedo, sus pezones durísimos. Y aquellos orgasmos que la recorrían, mientras mi sexo enhiesto permanecía dentro de ella, quieto, muy quieto, notando sus contracciones, escuchando sus gemidos, oliendo su sudor limpio.
Cuando yo no podía más, cuando mi cuerpo se rendía tras varios asaltos, la masturbaba. Me gustaba ver su rostro mientras el placer recorría su cuerpo. Me extasiaba con los cambios que se operaban en su sexo insaciable y siempre distinto. Y sus orgasmos larguísimos, con distintos puntos en los que yo sentía se concentraba su placer.
Elena era directa en el amor. Me decía lo que le gustaba. Me pedía que le besara el sexo o que le acariciara los pechos llenos.
Cogía mi sexo y lo metía en el suyo. Me usaba a su antojo y a mí me hacía volverme aún más loco.
La quería, me sentía feliz teniéndola entre mis brazos. En un momento dado, decidí que era la mujer de mi vida.
Decidí presentarsela a mis padres y a mis amigos. Todos me dijeron que estaba loco, que como podía salir con una mujer tan gorda y tan fea. Con mucho dolor la deje. Nunca he vuelto a encontrar otra mujer que hiciera el amor como Elena. Mi gordi, mi fiera.
El duende de la noche



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