La web de Venus


Esencia de mujer

El objetivo de mi camara es como un gran ojo a traves del que veo el mundo. Oculta tras mi Nikon, observo y capto para siempre un instante. La fascinacion por mi trabajo me habia impedido durante anos mirar hacia dentro de mi misma y recoger mis propios instantes. Compensaba mi soledad recordando las imagenes recogidas durante la jornada laboral, imaginando nuevas formas de atrapar la realidad. Un encargo insospechado del periodico para el que trabajo me hizo comprender que hay en mi cuerpo de mujer. La enfermedad de un companero quiso que mis jefes decidieran enviarme a una zona de guerra. Nunca habia estado en lugares de riesgo ni habia visto de cerca mas tragedias que los rostros de los familiares de las victimas de la seccion de sucesos. La guerra era un reto. El periodista al que acompanaba era un viejo redactor, fajado en mil guerras y catastrofes. Estaba de vuelta de todo y ya no le dolia el dolor ajeno. Me miraba distante y se limitaba a indicarme el lugar que ibamos a visitar cada dia. Era tan correcto conmigo como mi profesor de matematicas. Ya en las primeras horas, se mezclaron en mis carretes y en mi mente una danza siniestra de cuerpos jovenes masacrados en sus uniformes recien estrenados, de mujeres heridas mientras trataron de parar con sus cuerpos una bala dirigida a sus hijos, de ancianos destripados cuando hacian cola para recoger su racion de pan. Llegaba al hotel exhausta y rota por todo el horror que veían mis ojos. Apenas podia tragar bocado y tenia negras pesadillas. El periodista se emborrachaba cada sabado, de forma sistematica y metodica, despues de pasar sus noticias. Yo le veia rumiar, bajo sus ojos turbios, la ultima esperanza en que un dia mejore el ser humano. En esos momentos, yo envidiaba su capacidad para evadirse, para dejar de un lado por unas horas tanto dolor ajeno. Uno de aquellos sabados en los que ya habia enviado mis fotos y nada tenia que hacer en aquella ciudad devastada, me meti en la ducha intentando que el chorro de agua lavara la pena y me llevara al olvido. Con la toalla anudada todavia por encima del pecho, mire por la ventana. Las luces de emergencia mal iluminaban las calles vacias. La destruccion era desoladora y el silencio solo una tregua de la nueva masacre que la costumbre auguraba. No podia mas. Necesitaba alejarme mentalmente de tanta miseria. Me tumbe en la cama tratando de concentrarme en un libro que habia comprado en el aeropuerto y en el que no lograba pasar de las primeras paginas. Deje el libro y puse la tele. De nuevo imagenes del horror. Cambie de canal. Peliculas que hablaban de amor y de familias que parecian una ridicula guinda entre la escenografía tragica de la guerra. Opte por apagar el boton rojo del mando y me puse a pensar. Trate de recordar a mi primer amor. Su imagen se difumino, borrosa. Trate de pensar en Juan, el hombre con el que habia compartido cinco anos de mi vida. Y los escasos momentos de intimidad que habiamos tenido, a salto de mata, en el escaso tiempo en el que coincidiamos en casa, se perdieron en mi mente como un eco. Mi cerebro torturado empezo a fabricar la imagen ideal del hombre que no había conocido nunca. Debería ser alto, con el pelo negro y fosco, los ojos tiernos. Caderas estrechas, hombros anchos y bonita sonrisa. Logre alejarme del hotel, como en las novelas de lamas que leiaíde cria. Con mi mente me situe en un lugar donde no había guerra, en una playa de arena fina y palmeras onduladas por un leve viento. Oli el olor del mar y oi el batir de las olas. Imagine que yo estaba sola en la playa, desnuda y ajena, recibiendo gratos rayos de sol. Imagine el sabor de una bebida fria y al hombre alto que habia fabricado acercandose a mi con una sonrisa. Puse la mano derecha sobre mi sexo. La carnalidad de mi monte de Venus me sorprendio. La suavidad de la piel de mis labios menores aun cerrados. Y empece a sonar. Empece a imaginar a aquel hombre haciendome el amor. Mi dedo corazon encontro el clitoris aun vacio y replegado. Comence a acariciarlo suavemente, en circulos, hasta la humedad que rezumaba mi mente lo envolvio en una suavidad oleosa. Se redondeo como una pequena perla y lo trate con mimo mientras fantaseaba con mi hombre sonado. Mi sueno me decia palabras tiernas, me hablaba bajo al oido mientras me penetraba con un falo muy real en mi mente. Una contraccion me traspaso y mi clitoris se expandio bajo mi dedo. El orgasmo habia sido tan delicioso que quise prolongarlo. Pase el dedo tras el clitoris y note como la vagina se cerraba en torno a mi dedo. Un pequeno pene se marco en la cara interior de mi vagina. Acaricie aquella protuberancia de forma alargada, desconocida hasta el momento, con un movimiento ascendente y descendente de la yema de mi dedo. Parecia que me abria en dos, que mi cuerpo se escindia desde alli donde se encontraba mi centro. Oleadas de placer recorrian mi cuerpo. Mis miembros laxos recibian las senales electricas de las sensaciones mas agradables. Esta segunda forma de orgasmo me animo a seguir. Habia abandonado ya mi sueno y me concentraba en las sensaciones que me estaba proporcionado mi cuerpo. Busque con el dedo el fondo de la vagina, alli donde parece que todo es mas amplio. Hice grandes circulos con mi dedo hasta rebanar el hueco delicioso. Mi vientre era fuente de placer. Se contraia sobre si mismo, mi dedo me enervaba. Cansada de esa tercera fase de mi orgasmo, regrese con mi dedo a la parte posterior a mi clitoris. Simulando una penetracion, me masturbe metiendo y sacando el dedo magico. Al tocar un punto indeterminado de mi falo interno, un chorro se disparo. Era un agujerito muy pequeno, y el chorro era ligero como el agua. Se empapo mi mano, se empapo la parte exterior de mi sexo. El liquido calido mojo mis nalgas. Lo recogi con la mano abierta y acaricio las nalgas para extender sobre ellas el fluido de mi cuerpo. Apoye una rodilla en el hombro y me entregue a la delicia de extender aquello que manaba desde el sexo, hasta mi aro, subiendo hasta el monte de Venus, aplicandolo sobre el vientre, volviendo a su origen y llevandolo a la cara anterior de mi muslo. Cuando me relaje, amodorrada y plena, mire el reloj. Habia pasado dos horas encerrada en mi misma. Aquello sucedio cuando tenia veintiocho anos. Desde aquel dia, cada vez que estoy cansada, cada vez que no me gusta lo que veo, cada vez que la vida se me viene encima, me encierro un par horas a solas conmigo mismo y me entrego al placer de encontrarme con la esencia misma de mi cuerpo de mujer. Opalo



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