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Ambrosia
La web de Venus


Ambrosia

Estoy saciado. Mi cabeza reposa en la suave almohada: tu muslo de piel de seda. Me basta estirar la mano y retirar la suave tela de cubre tu sexo para descubrir la belleza que esconde. Tu mano se enreda en mi pelo. Me dices palabras dulces y yo quiero permanecer así para siempre, entre tus piernas, cerca de tu centro, perdido en el calor de tus ingles. Levanto la vista y veo tu rostro. Me miras. Te brillan los ojos. Estás muy bella con el pelo revuelto. El tirante de este camisón tan leve abandonado en medio de tu brazo. Tu seno espléndido mostrándoseme en toda su carnosidad, como una ofrenda, como un fruto que quiero comer una y otra vez.
Estiro la mano y retiro la suave tela. Tu sexo dormido ahora está cubierto por la leve capa de tu propio orgasmo. Me acerco y, con el nudillo de mi dedo, compruebo la suavidad de tu leve vello. Busco tu rajita aún cerrada. Repaso con la yema ese caminito por el que quiero perderme siempre. Oigo tus quejas, pero no hago caso. Mi dedo separara despacio y desde arriba esos dos labios que cubren tus delicias. Tu perla, chiquita aún, como una pasita dulce que quiero que se convierta en uva.
Pongo mi rostro frente a tu vulva. Separas más las piernas. Quiero ver la belleza de tu sexo abierto. Con dos dedos separo los labios menores. Tu clítoris se humedece, palpita. Acaricio la suave piel que lo rodea. Hago círculos sin tocar tu perla. Tiemblas. Quiero besarte. Acomodo mi boca a tus labios mayores. Con la lengua hago círculos en tu perla, cada vez más grande, cada vez más fuera de sí, cada vez más mía. Y con ese beso largo hago que vibres toda. Se acelera tu respiración. Abarco tu clítoris con mis labios. Absorbo fuerte, muy fuerte, mientras mi lengua reposa en el centro de tu carne palpitante.
Te arqueas. Aparto mis labios. Separo con los dedos de las dos manos tus labios y lamo tu perla dulce, vibrante, a punto de estallar. Me aplico con la lengua. Quiero que te derrames en mi rostro. Quiero sentir el chorro cálido de tu orgasmo.
Tu vientre se contrae con violencia. Tensas los músculos. Gritas. Recibo tu chorro cálido en la boca. Lo bebo un tiempo infinito tu fluido dulce, como si fuera ambrosia. Néctar de dioses. Tu orgasmo. Mi dicha.
El duende de la noche



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