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El canto de las sirenas
Para su regreso a Itaca, Circe advierte a Ulises de algunos peligros. Uno de ellos es el canto de las sirenas que hechizan a los navegantes y los conducen a la muerte. Para vencer la influencia de ese misterioso canto, Ulises tapa con cera los oídos de sus compañeros y exige ser atado al mástil.
¿Dónde están las sirenas? ¿Dónde suena su canto?
En algunas islas de las Baleares hay unos pocos ejemplares de una ave marina llamada pardela balear o baldrija. Es un ave marina que sólo se acerca a la costa para la reproducción. Dicen que los cantos de sirenas eran los gritos de estas aves.

La noticia me sorprende al leerla el sábado en elmundo: «Las 'baldritjas', en el origen de la leyenda del canto de las sirenas».

La pardela balear suele vivir sobre el mar, lejos de las costas, normalmente sobre el Atlántico. Se alimenta de sardinas y boquerones. Sólo vienen a las islas para reproducirse. En algún acantilado buscan alguna cueva o hendidura donde sitúan su nido. Sólo pondrán un huevo del que, si hay suerte, nacerá un pollo que a los quince días permanecerá solitario sobre las rocas durante unos pocos meses. Al anochecer, con sus gritos característicos, regresarán los adultos con comida. Su envergadura es amplia y, descubro en alguna página de hermosos dibujos que es un ave no planeadora.

Desde hace años se sabe que es un ave en extinción. Pocos son ya los ejemplares que de ella quedan. Ya en 1997 se trazó un plan de recuperación. En el año 2001 la pardela balear fue elegida por SEO/BirdLife como Ave del Año.



En el año 2003 se traza el Segundo Plan de recuperación, como muestra este bonito documento (pdf). En esta revista (pdf) nos muestran los acantilados donde nidifican.

En aula- el mundo también encuentro una alusión a los cantos de sirenas: Su chillido, parecido al de una mujer, hacía pensar a los habitantes de la Antigüedad que se trataba del canto de las sirenas.

La Odisea de Homero
Apenas el sol se puso y sobrevino la oscuridad, Circe me cogió de la mano, me hizo sentar separadamente de los compañeros y, acomodándose cerca de mí, me preguntó cuanto me había ocurrido; y yo se lo conté por su orden. Entonces me dijo estas palabras:

-Oye ahora lo que voy a decir y un dios en persona te lo recordará más tarde: llegarás primero a las sirenas, que encantan a cuantos hombres van a su encuentro. Aquel que imprudentemente se acerca a ellas y oye su voz, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos rodeándole, llenos de júbilo, cuando torna a su hogar; las sirenas le hechizan con el sonoro canto, sentadas en una pradera en el centro de un enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo. Pasa de largo y tapa las orejas de tus compañeros con cera blanca, mas si tú deseas oírlas, haz que te aten los pies y manos a la parte inferior del mástil, y que las sogas se liguen a él: así podrás deleitarte escuchando a las sirenas. Y en caso de que supliques o mandes a los compañeros que te suelten, atente con más lazos todavía.

(...) Mientras hablaba, la nave llegó muy presto a la isla de las sirenas, pues la empujaba un viento favorable. Desde aquel instante echose el viento y reinó sosegada calma, pues algún numen adormeció las olas. Levantáronse mis compañeros, amainaron las velas y pusiérolas en la nave; y, habiéndose sentado nuevamente en los bancos, emblanquecían el agua, agitándola con los remos de pulimentado abeto. Tomé al instante un gran pan de cera y lo partí con el agudo bronce en pedacitos, que me puse luego a apretar con mis robustas manos. Pronto se calentó la cera, porque hubo de ceder a la gran fuerza y a los rayos del soberano Sol, y fui tapando con ella los oídos de todos los compañeros. Atáronme éstos en la nave, de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil; ligaron las sogas al mismo; y, sentándose en los bancos, tornaron a batir con los remos el espumoso mar. Hicimos andar la nave muy rápidamente, y, al hallarnos tan cerca de la orilla que allá pudieran llegar nuestras voces, no les pasó inadvertido a las sirenas que la ligera embarcación navegaba a poca distancia y empezaron un sonoro canto.

-¡Ea, célebre Odiseo, gloria insigne de los aqueos! Acércate y detén la nave para que oigas nuestra voz. Nadie ha pasado en su negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca, sino que se van todos, después de recrearse con ella, sabiendo más que antes, pues sabemos cuántas fatigas padecieron en la vasta Troya griegos y troyanos por la voluntad de los dioses, y conocemos también todo cuánto ocurre en la fértil tierra.

Esto dijeron con su hermosa voz. Sintióse mi corazón con ganas de oírlas, y moví las cejas, mandando a los compañeros que me desatasen; pero todos se inclinaron y se pusieron a remar. Y, levantándose al punto Perimedes y Euríloco, atáronme con nuevos lazos, que me sujetaban más reciamente. Cuando dejamos atrás las sirenas y ni su voz ni su canto se oían ya, quitáronse mis fieles compañeros la cera con que había yo tapado sus oídos y me soltaron las ligaduras.

Homero (fuente)









09 Mar 2004 by Fabián
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