PASEO A LA VICTORIA CALDAS

Por: Fabio Acuña Enciso. (El cursor sobre las fotos entrega información)
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Los recuerdos fortalecen la esperanza y llenan de alegría el espíritu. El jueves 1 de julio de 2004 y después de haber planeado la salida, partimos a las nueve de la mañana con rumbo a La Victoria (Caldas), éramos los hermanos Acuña Enciso que junto con algunos de los hijos, resolvieron desandar los caminos que otrora recorrieron en procura de visita de sus ascendientes más cercanos, los abuelos y los tíos.

Era un día radiante y lleno de luz: Inés, Rómulo, Juan Carlos, Johana, Ana Maria, Mariela, Paco, Fidel, Fabian Ricardo, Cecilia, Nelson Ricardo y Fabio, en sendos vehículos rodaron por la carretera que de Nocaima conduce a Villeta, Guaduas, Honda, La Victoria y La Dorada. Por el camino comentaban acerca de cómo era la vía en la década de los cincuenta, de como eran los pueblos, de las calles empedradas de Guaduas, del camino que conducía al "Hato", de las salidas el domingo de los tíos, del padrino de bautizo de Fidel, del que nunca volvió a saber, del cruce o la entrada a La Victoria, de la parcela que compraron los abuelos, de la finca que adquirieron los tíos, del lugar donde se llegaba para tomar las bestias que al “Progreso” nos llevaba, vimos el “Llano” con su camino polvoriento que a modo de un túnel adornado de árboles se aleja hacia la finca "La Lorena" y que pasando por "San Félix" nos lleva hasta "El Progreso", no sin antes divisar el imponente cerro “Español”, que erguido se asoma hacia el valle donde se localizaba la finca de los tíos. Entrada a La Victoria sobre la troncal del Magadalena.

La meta era almorzar en algún lugar cercano a nuestro destino, se viajaba por la carretera a La Victoria, el sol canicular esparcía sus rayos sobre el asfalto, era la una de la tarde, el calor era sofocante; de pronto Fabián Ricardo dijo:

-¡Paren un momento!

Fidel que venía conduciendo detuvo el vehículo. Observamos hacia la izquierda y vimos el lugar adecuado para servir el almuerzo que se traía ya preparado. El sitio es un potrero de cerca de una hectárea bordeado por el río Guarinó y que estaba acondicionado para recibir cada fin de semana las familias que quieren aprovechar los ratos de ocio fuera de su vivienda habitual, tiene sus casetas con improvisados comedores, parrillas para hacer los asados, leña suficiente, pues el río en sus playas deja cantidades de árboles muertos producto de la deforestación de la cuenca del río. Nos bañamos en las aguas del Guarinó, almorzamos, descansamos un poco y a eso de las cuatro, nos enrumbamos hacia el lugar que queríamos visitar.

De izquierda a derecha: Fidel Acuña Enciso, Fabio Acuña Enciso y su sobrino Nelsón Ricardo Díaz Acuña.

La carretera esta casi toda pavimentada aunque un poco deteriorada, llegamos como a la cinco, por el camino observamos el sitio llamado “El Llano”, un valle dividido en potreros empradizados con pasto brachiaria y donde hay una construcción a manera de kiosco que marca la entrada a la finca y el lugar donde se dejaban los caballos cuando se salía de ella, en el trayecto tratamos de localizar el sitio donde tenían la finquita los abuelos, pero fue imposible, todo esta cambiado.

Lo primero que hicimos al llegar fue buscar donde pernoctar, encontramos en el parque principal el hotel “Victoria Plaza”, allí nos alojamos; anunciaban: “Vea el encuentro de fútbol de nuestro De izquierda a derecha: Nelsón Ricardo Díaz Acuña, Mariela Acuña Enciso, Fabio Acuña Enciso, Cecilia Acuña Enciso, Fidel Acuña Enciso, Marco Fidel Santos Leyva y Romulo Rincón Peñuela. glorioso Once Caldas contra el Boca Juniors, en pantalla gigante”, era un televisor de 29” que estaba instalado en el bar del tercer piso del hotel. Allí algunos de nosotros vimos ganar al Once Caldas, otros lo hicieron en la caseta instalada en el centro del parque que arropada por la inmensa Ceiba, vende “frescos” a los visitantes. Por cierto el parque esta muy bien cuidado y es bonito, es la apología a la ecología, todo es verde y lleno de flores.

Hicimos una caminata por las calles del pueblo, recordando las estadías de la década del sesenta.

-¡Allí vivieron los abuelos!

-¡Mire esa era la casa¡

-¡Vea lo amplia que es¡

-¡ Vea ese era el patio¡

-! Aquí había unos árboles de aguacate que producían muchas pepas!

Casa remodelada donde vivió Avelino Acuña Laverde y  Paz Toro Bohórquez, junto con su hijo Andrés Avelino Acuña Toro. De izquierda a derecha: Rómulo, Cecilia, Fidel, Mariela, Nelson y Fabio. Realmente en la época la casa estaba construida en tabla, era la característica de la arquitectura de La Victoria, hoy sus paredes son de cemento; sin embargo, queda una que otra vivienda con paredes de tabla como recuerdo del viejo pueblo, en este lugar pasaron una parte de su existencia los abuelos Avelino y Paz, lo mismo que Guillermo y Avelino como también algunos de sus hijos.

 

El pueblo se estaba preparando para realizar “Las Ferias y Fiestas”, con recebo estaban tapando los huecos que en gran cantidad tiene la vía de acceso, construían las tarimas para albergar las orquestas que noche anoche amenizarían la jornada. Sin temor dejamos los carros parqueados frente al hotel, la seguridad impera en el sector. Fidel, como buen negociante, observó un letrero: “Se vende esta casa”, fue averiguar, el dueño es un señor que conocía a la familia Acuña, preguntó por Avelino, la respuesta fue ¡él murió en Bucaramanga hace ya varios años!. Le mostraron la casa en venta, era un casarón, compuesto por varios apartamentos, los esposos se habían quedado solos, los hijos se casaron y cada uno tomó el rumbo más conveniente.

Esa noche se durmió placidamente, la levantada fue temprano, baño y luego a tomar el jugo de naranja. Fidel siempre lleva consigo un exprimidor, naranjas, avena, salvado y levadura. Después a buscar el desayuno, luego de un corto paseo por otros lugares de La Victoria, entramos en un restaurante de nombre “Los Guaduales”, inicialmente pedimos huevos batidos con patacón y chocolate, pero la señora de la cocina nos dijo:

-¡Tengo un sabroso pescado, que frito se puede comer!

-¿Cuál es? ¿Cómo se llama?

-¡Es yamu¡ -Casi todos cambiamos de parecer.Fabio mirando El Español, el cerro más puntiagudo.

-¡Denos entonces yamu frito¡ -Dijimos.

El plato estuvo exquisito, el sabor muy agradable, lo acompañamos con patacones, café y chocolate, fue un desayuno muy frugal y reparador; coincidió que el dueño es un paisano, pues es nativo de Nocaima, llamado Henry Molano. Pagamos y regresamos al Hotel para preparar el viaje hacia La Dorada. Antes de partir una última mirada al pueblo desde la azotea del Hotel, donde también se puede observar el majestuoso cerro de “El Español”.

 

Salimos como a las once del día, la carretera la vimos como en mejores condiciones, puesto que nos rindió mas el viaje. Sitio El Llano, lugar donde alguna vez estuvo fundada La Victoria.  La Familia rumbo a La Dorada. El día era esplendoroso y radiante, el calor era sofocante, estuvimos en La Dorada como a las doce del día, ¡a lo que venimos vamos! Se ordenó la preparación del almuerzo “Nicuro en salsa”. A la una y treinta debíamos estar sentados almorzando.

-¿Qué hacer entre las doce y la 1:30 p.m.? –Pensamos. De Izquierda a derecha: Juan Carlos Rincón Acuña, Fidel Acuña Enciso, Fabio Acuña Enciso y Nelson Ricardo Díaz Acuña.

Se sugirió ir hasta el balneario localizado en la carretera que conduce a Sonsón y sobre el río Pontoná. Allá fuimos, nos bañamos en las aguas cristalinas del arroyo, hicimos hambre y después de 20 minutos de viaje llegamos al lugar cerca de río Magdalena donde nos tenían preparado el almuerzo con pescado. Comimos con tanto agrado el sabroso nicuro, que quedamos satisfechos y agradecidos, bebimos una deliciosa limonada.

 

Luego de un rato de descanso, nos regresamos hacia Nocaima, después de una serie de recomendaciones.

-¡Nos esperamos en Guaduas!

Mariela Acuña Enciso y su esposo Marco Fidel Santos Leyva de regreso a Nocaima. ¡Por favor llamen por el celular, para saber donde van!

¡No corran! -Y otras mas nos devolvimos.

En el trayecto entre Honda y Guaduas, 10 kilóme Casa de la Familia Acuña Enciso en Nocaima tros adelante del peaje, había un soberano trancón por causa de un accidente. Los vehículos estaban represados en ambos sentidos, situación que afortunadamente se solucionó al poco tiempo de haber llegado nosotros a la cola. Superado el impase continuamos en la ruta. Llegamos a Nocaima unos a las siete de la noche, otros a las 7:30 y el último a las 8:30, ya que se demoró haciendo una diligencia en Villeta.

 

Cumplimos con nuestro deseo, recordar los lugares donde nuestros antepasados habían estado una parte de su existencia de nómadas, por causa de la violencia partidista.

 

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