El Fuero concedido por el rey Alfonso VI a la Villa en 1085 y
confirmado en 1155 por su nieto Alfonso VII, significa el nacimiento de
Avilés como ciudad. A partir de ese momento y por los privilegios
concedidos en el mismo (políticos y comerciales, principalmente) la ciudad
medieval se fortifica y pasa a ser la segunda de Asturias y uno de los
principales puertos, no sólo del Cantábrico, sino de zonas marítimas del
Atlántico europeo. El Fuero se tradujo en un espectacular progreso del
Avilés medieval.