C A P I T U L O IV
SAN MIGUEL DEL VILLAR DE PIURA
ARRIBA
ACTAS QUE SE PIERDEN DOS
VECES
Los más importantes documentos relacionados con la historia de
Piura, parecen que han estado predestinado siempre a
perderse y dejar nuestro pasado a oscuras.
No sólo las actas relativas a la fundación de San Miguel en
Tangarará, del traslado de su gobierno a
Piura, y de los primeros años de la colonia, se perdieron por la acción
depredadora de los corsarios, sino que también toda la documentación relativa a
la fundación de San Miguel del Villar que ocurrió en 1578 estuvieron por muchos
años perdidas debido a la incuria de las autoridades coloniales de Piura hasta
que doscientos años más tarde en 1788 fueron encontrados, para que se volvieran
a perder y sólo en 1883 se encontró una copia, que ha servido para conocer con
minuciosidad todos los actos relativos a la última fundación de San Miguel del Villar de Piura.
No hay duda que durante la ocupación chilena también se perdió
valiosa documentación, así como en el incendio de la mansión del Marqués de
Salinas y del cual López Albújar en “Mi casona” dice: “...y por que mañana,
cuando la historia y la tradición recojan y vacíen en el libro tantas cosas de
Piura, al hablar de ella tendrán que rememorar necesariamente aquel pavoroso
incendio que en una noche tristísima de 1871, mientras el fuego consumía
algunas obras de arte del marqués y el archivo más valioso de la ciudad, no
faltaron miserables que dijeran –no hay que ayudar, que se les queme a esos
blancos la casa, para que todos quedemos iguales”
Ricardo Vegas García en su obra “Libro del Cabildo”, relata que “las actas de la última fundación de Piura
en el sitio del Chilcal, han podido conocerse gracias a que existía una copia
de ellas en el expediente de un juicio de la Beneficencia Pública
de Piura, contra los indígenas de Catacaos, sobre las tierras de Yupita”. Luego
manifestaba que en el periódico “El ciudadano” en 1883, se dio a publicidad
esta acta, la cual fue insertada en 1919 en forma total y fiel, en el boletín
municipal, gracias al esfuerzo de don Enrique del Carmen Ramos, habiéndole
correspondido al secretario del Concejo Provincial de Piura, don Luis Clark,
editarlo en un folleto y por último reproducirlo en el 7mo. Tomo del Primer
Festival del Libro Piurano de 1958 organizado por la Asociación Cultural
de Piura que presidía el doctor Luis Altuna.
La hacienda Yupita, que se menciona líneas arriba, en el siglo XVIII
pertenecía al maestre de campo Pedro Muñoz de Coveñas.
ARRIBA
En 1788 encuentran actas originales de 1588
El obispo
de Trujillo, Baltasar Jaime Martínez Compañón había venido insistiendo ante el
cabildo de Piura, procedieran a la búsqueda de las actas de fundación de San
Miguel del Villar.
Martínez Compañón y Bujanda,
fue nombrado en 1778 para el obispado de Trujillo y durante tres años recorrió
pueblo por pueblo su diócesis, haciéndose acompañar por cartógrafos y
escribientes que tomaron nota de todo, lo cual volcó en nueve volúmenes. Hizo
una enorme labor cultural en su diócesis, pues construyó 54 escuelas, 6
seminarios y 39 templos. Fundó 20 pueblos para indios, hizo abrir canales de
riego, construir caminos y fomentó la agricultura.
Siendo alcalde ordinario de Piura don Santiago de la Sota y de la Barra, se encontraron los
valiosos documentos, una de cuyas copias que sacó la envió al sub-delegado don
Pedro Rafael del Castillo que no las quiso recibir por que en esos momentos viajaba.
El alcalde Santiago de la
Sota, al enviar las copias al sub-delegado, lo hizo con la
siguiente comunicación:
Muy señor mío:
Aunque en años anteriores se mandó por los
superiores muy estrechamente la solicitud de la fundación de esta ciudad y demás
preheminencias, no se pudo por entonces encontrar cosa alguna en este
particular, sin embargo de haberse desvelado sobre ello el cuidado en el
registro de papeles antiguos; más habiéndose recientemente repetido este mismo
encargo por el Ilustrísimo Sr. Dr. Dn. Baltazar Jaime Martínez Compañón,
dignísimo obispo de esta diócesis, para los fines del real servicio que su
Señoría Ilustrísima tenga por conveniente, esforcé la diligencia con antiguo
conato, contrayéndome especialmente a un prolijo escrutinio de los libros
antiguos de actas capitulares y a fatigas de mi deseo, he podido encontrar
entre el desgreño y total confusión de estos papeles y de su letra griega, un
trozo de dichos libros que inicia desde fojas ciento noventa y cinco hasta
fojas doscientos sesenta y ocho, y años desde el diecisiete de marzo de mil
quinientos ochenta y siete, hasta dieciocho de agoste de mil quinientos ochenta
y nueve por fortuna en orden y arreglo, y en que las fojas doscientas
veintisiete a fojas doscientos cuarentiuna, consta la reedificación y fundación de esta ciudad,
bajo el nombre titular de San Miguel de Piura del Villar, en fuerza de reales
provisiones del Real Superior Gobierno de este Reino que actuó como comisionado
del Visitador Juan de Caldaso de Salazar, en el año mil quinientos ochenta y
ocho, despoblándose la anterior ciudad o situación de ella denominada San
Francisco de la Buena
Esperanza y Puerto de Paita por la instancia de los vecinos y
moradores que interpusieron ante el excelentísimo Señor Conde del Villar,
Virrey que fue de este reino, conteniéndose el acta capitular respectiva con
los oportunos insertos que los acreditan y subsiguientemente las ordenanzas que
se hicieron, resultando todo confirmado con la Real Cédula que el año
siguiente de mil quinientos ochenta y nueve, expidió su majestad, nombrando de
Corregidor al Capitán Bartolomé Carreño y que fue admitido en su uso y como uno
de los inmediatos en la dicha reedificación, según que se demuestra con la
concerniente acta capitular de fojas doscientas sesenta y dos vuelta a fojas doscientas setenta y cinco vuelta.
Estos documentos tan circunstanciados e
importantes que ha tenido pues sepultados a la confusión, son como ellos dejan
ver, sumamente útiles a la
República: ellos denotan la primera situación en el valle de
Piura (que hoy conocemos con el distintivo nombre de Piura la Vieja) que sin duda fue la
que afirma el Inca Gracilazo de la
Vega en sus Comentarios Reales e Historia de este reino, y
ellos también acreditan el incendio que puso el corsario inglés a la segunda
reedificación en el puerto de Paita, bajo el nombre de San Francisco de Buena
Esperanza, y cuya quema sin duda consumió los instrumentos de sus excepciones y
privilegios como la primera ciudad de los españoles de este dicho reino, según afirma
el mismo Gracilazo, y conforma bien con lo que ministra esta tercera fundación;
por eso, y por lo que pueda importar a la noticia de vuesamerced, lo pongo en
ella por si estimase conveniente su copia en letra corriente en el libro actual
de acuerdos capitulares, o en el de Cédulas y Provisiones, y que se haga
notorio en el primer día de Ayuntamiento para la inteligencia presente y en lo
sucesivo, así de los señores capitulares, como de los vecinos por lo que pueda
serles provechoso sin el sumo trabajo que ofrece la lectura antigua y que al
mismo tiempo se sirva mandar se me dé un testimonio de los indicados
documentos, con sola exclusión de las ordenanzas que yo necesito con el objeto
de instruir al superior concepto del Ilustrísimo Diocesano, para los fines que
este prelado está encargado. En todo lo que vuesamerced con vista de los dichos
documentos, deliberará como mejor estime oportuno al Real servicio y a la República.
Nuestro Señor Guarde a Vuesamerced muchos
años
Piura y de Julio dos, de mil setecientos
ochentiocho años. testimonio de los indicados
documentos con sola exclusión de las ordenanzas, que yo necesito con el objeto
de instruir
Besa la mano a Vuesamerced su mas atento servidor
Santiago de la Sota y de la Barra
Al señor Sub-delegado don pedro Rafael del
Castillo
ARRIBA
RESPUESTA DEL DELEGADO AL ALCALDE
Muy señor mío:
El tenor del oficio a Vuesamerced, de dos
de los corrientes, me ha sido grande complacencia por la utilidad pública que
creo en los documentos encontrados; pues me hallo con precisión de partida, en
el día del Puerto de Payta, podría Vuesamerced, como Justicia Mayor, en mi
ausencia hacerlos presente en el Ilustre Ayuntamiento, a fin deque por este
cuerpo se tome la providencia oportuna a que Vuesamerced se contrae en el
expresado, su oficio que al indicado objeto devuelvo.
Nuestro Señor guarde a Vuesamerced muchos
años.
Piura, Julio 7 de mil setecientos
ochetiocho
Besa la mano a Vuesamerced su más atento
servidor.
Pedro Rafael del Castillo
Señor Alcalde Ordinario Don Santiago de la Sota.
ARRIBA
ALCALDE HACE CONOCER EL
HALLAZGO
El Sub-delegado don Pedro Rafael del Castillo, contestó el 7 de
julio, al coronel Santiago de la
Sota y de la
Barra, haciéndole conocer su complacencia por el valioso
hallazgo, al mismo tiempo que le comunicaba que en el mismo día tenía que
partir de la ciudad de Piura, vía puerto de Payta, y le encomendaba que como
Justicia Mayor suplente, presentara el asunto ante el ayuntamiento a fin de que se dicten las
providencias necesarias
El 15 de julio de 1788, en el cabildo se reunieron las siguientes
personas: el coronel Santiago de la
Sota, alcalde ordinario del primer voto, que estaba también
encargado de la función de justicia mayor, juez de provincia y de la
presidencia del cabildo por ausencia del sub-delegado Pedro Rafael del
Castillo. Asistió también don Manuel Seminario y Jaime, alcalde ordinario del
segundo voto, así como los regidores Baltasar Ruiz Martínez, Joaquín de
Adrianzén y Palacios y Vicente María Fernández de Otero. Los demás regidores
estaban ausentes o enfermos según consta en el acta que se levantó. El coronel
de la Sota hizo
conocer que el día dos de ese mes había cursado oficio al señor sub-delegado,
haciéndole conocer que había sido hallado el libro, en que se registraba la
fundación de la ciudad en 1588, así como las ordenanzas que se dictaron tras la
fundación y demás documentos relativos al mismo asunto, lo que se había logrado
tras una prolija revisión de libros antiguos, para atender un pedido del obispo
de Trujillo don Baltasar Jaime Martínez Compañón. Que en el oficio de fecha 2
de septiembre, había sugerido, se sacase una copia en letra corriente, ya que
el documento original ofrece mucho trabajo de entender por la lectura antigua.
El coronel de la Sota,
hizo dar lectura al oficio de respuesta del delegado del Castillo.
Los concurrentes resolvieron en forma unánime, que se copiase dichos
documentos del Libro de Provisiones, así como los dos oficios a que había hecho
mención el alcalde, y que se de el testimonio que éste había solicitado en su
oficio del 2 de julio, pagándose al escribano.
El Acta a que dio lugar esta reunión, fue levantada por el escribano
Francisco Montero, que actuaba como Escribano Real Público, de Cabildo,
Registros, Minas y Real Hacienda
ARRIBA
SE DESCONOCÍA LA FUNDACIÓN DE
TANGARARÁ
Como es fácil de apreciar por la comunicación del alcalde al
sub-delegado por los años de 1788, fecha en que se descubrieron las actas de
fundación de San Miguel del Villar, no se tenía el menor conocimiento de que la
primera ciudad fundada por Pizarro, tuvo su ubicación en el valle del Chira.
El descubrimiento de las actas que por casualidad se logra dos
siglos exactos más tarde, los llevan a erróneas conclusiones.
Así se expresa que: “ellos (los documentos) denotan la primera
situación en el valle del Piura –que hoy conocemos con el distintivo nombre de
Piura la Vieja-
sin duda fue la que afirma el Inca Gracilazo de la Vega en sus Comentarios
Reales e Historia de este Reyno”.
En efecto, el mencionado Garcilaso, es muy parco al referirse a la
fundación de San Miguel, y tras relatar el desembarco de Pizarro en Tumbes,
agrega “Los españoles viendo cuan prósperamente les había sucedido aquella
jornada, acordaron poblar un pueblo en aquella comarca, que llamaron San
Miguel, por que se fundó en su día”. Como se puede apreciar, Gracilaso estuvo
completamente equivocado sobre a fecha y
más aún cuando supone que San Miguel estaba en Tumbes.
El alcalde Santiago de la
Sota, en 1788 decía: “la segunda reedificación fue en el
puerto de Payta”, para terminar asegurando que la tercera fundación fue la de
1588.
Sin embargo, se reconoce que los valiosos documentos de la fundación
de San Miguel, se perdieron en el incendio de Paita, atacada por el corsario
inglés Cavendish.
ARRIBA
EL VIRREY CONDE DEL
VILLAR ORDENA EL TRASLADO.
En atención al pedido de los vecinos de Paita y del acuerdo de la
comisión nombrada, se dictó la siguiente provisión, ordenando el traslado de la
ciudad.
“Don Fernando de Torres y Portugal, Conde del Villar,
Visorrey, Gobernador y Capitán General en estos Reynos y Provisiones del Perú y
tierra firme, Presidente de la Real Audiencia y Cancillería que reside en la
ciudad de Los Reyes; por cuanto: habiéndose dado petición por parte de los vecinos
y moradores de la ciudad de San Francisco de Buena Esperanza del Puerto de
Payta, en que pidieron y suplicaron mudarse de aquel sitio de dicha población
por que padecían allí de mucha necesidad de agua y leña y todo género de
mantenimientos y que de lo susodicho había bastante recaudo en el valle de
Catacaos, que es quince leguas delante de la ciudad, adonde se podría fundar y
hacer la dicha población con mucha comodidad por ser temple bueno y abundante
de tierras en que poder sembrar y después que los ingleses corsarios entraron
en este mar del sur por el estrecho de Magallanes y surgieron en el dicho
puerto y saltaron en la dicha ciudad y
la arruinaron y pusieron fuego, me han tornado a suplicar y pedir les dé
licencia para deshacer la dicha población y pasarla a dicho valle de Catacaos,
pues me era notorio que los dichos enemigos habían quemado la iglesia y
monasterio y casas de la ciudad, y que los clérigos y frayles y vecinos de
ellas se habían ido de allí a vivir al dicho valle de Catacaos y a otras partes
y solamente estaban en ella el Teniente Corregidor y alguna poca gente pero que
pretendían pasarse y vivir y poblar a otro sitio, como antes lo habían
pretendido y pedido, habiéndose por mi propuesto lo susodicho en un acuerdo
general que mandé hacer en esta ciudad de Los Reyes con los señores oidores de
esta Real Audiencia, Alcalde de Corte, Fiscal y Oficiales Reales, para que en
él, se tratase y confiriese sobre ello y acordase lo que más conviniese y se
debía hacer, advirtiendo que por una parte sería bien hacerse lo pedido por los
vecinos por la mucha descomodidad que hay en la vivienda de aquel puerto y el
trabajo ordinario que tienen los indios que en él residen, y peligro que pasan
trayendo el agua y leña necesaria por el mar para sustento de los vecinos y
moradores de aquella población y personas que desembarcan en dicho puerto y se
van a embarcar en él, y de la mayor comodidad con que podrían vivir los dichos
vecinos e indios en otra parte y donde en ella hacer sus sementeras y lo que en
contra de esto había que era que si en el dicho puerto no quedase más de un
tambo y lo que no se pudiere excusar para dar recaudo a los navíos que al dicho
puerto viniesen desde Panamá e iban desde aquí allá, no podrían hallar el
conveniente y necesario, que sería mucha falta en especial a los Ministros de
su Majestad y personas principales y de calidad que se vienen a servir, que de
ordinario desembarcan en dicho puerto, y para que en éste no hubiese falta
parecía convenir que se sustentase la dicha población y la quema de dicha
Iglesia Monasterio y casa se podrían remediar con mucha brevedad, y poca costa,
según el dicho Teniente me había escrito, por que solamente se quemó la madera
y lo demás de paredes y casas quedó en su sitio, y habiéndose tratado y conferido
sobre lo susodicho, se resolvió en el dicho acuerdo: que por la dicha ciudad y
puerto no parecía que podría por ahora tener aunque
estuviesen poblados allí
los vecinos que tienen encomiendas de indios por ser muy pocas y menos los
demás pobladores, y que los enemigos la podrían tomar y saquear todas las veces
que quisieran y aunque es de muy poco monto el tomarla los dichos enemigos, y
quemarla como lo habían hecho ya este año; en España y en otras partes donde
hubiere noticias de esto, se podría decir que tomaron....(Está roto)...................
y la quemaron siendo los enemigos.................... poca gente y no se dirá
ni se entenderá cuan poca era la de la dicha ciudad, sino que era una
ciudad muy grande, lo cual no es de pequeño inconveniente para llamar a otros
enemigos, y que para los dichos corsarios, no puede ser de ningún objeto el
puerto, por no tener agua ni leña ni otra cosa de que puedan aprovechar, y que
el trabajo que tienen los indios que van a la dicha ciudad a traer agua y leña
en balsas por la mar de tres leguas es muy grande a cuya causa se han ahogado y faltan
muchos, y con todo esto padecen allí necesidad de dicha agua y leña para
remedio de lo cual convenía que la dicha población se desamparase y la gente de
ella hiciese otra nueva, en la parte, lugar y sitio que a mí me pareciese más
útil y conveniente y necesario, dando para ello la forma y orden que mejor
estuviese a dichos vecinos y moradores para su vivienda y conservación en
conformidad de lo cual y para que se cumpla ha efecto lo que se pretende
confiando de vos el Capitán Juan de Cadalso y Salazar, vecino de la ciudad de
Los Reyes, a quién he proveído por visitador de los llanos desde esta dicha
ciudad hasta la de Payta, y otras cosas que bien y fielmente hareis y cumplireis
en esto lo que por mi os fuere ordenado y mandado, acordé de dar la
presente por la cual os mando, os informareis y sepais del corregidor, alcaldes
y regidores de la dicha ciudad y de otras personas que os pareciese, en que
parte y lugar se podrá poblar la dicha ciudad junto al Tacalá que está en el
valle de Catacaos, con que sea lo más distante que pueda ser del sitio y lugar
donde están poblados los indios de dicho valle y donde haya más comodidad para
hacer la dicha población, y que tenga abundamiento de tierras, pastos, agua y
leña y buen temperamento y las demás cosas necesarias para poder pasar la vida
humana y habiéndose visto por vista de ojos y elegido que sea cual convenga, y
averiguando ser sin perjuicio de los indios y de otro tercero, proveeréis y
dareis orden como quedando un tambo en dicho puerto de Payta, para que se de
recaudo a los navíos y pasajeros que allí llegaren, se desampare y deshaga la
población de la dicha ciudad, y los vecinos y moradores de ella, así presentes
como los que estuvieren ausentes, se pasen y hagan en el dicho nuevo sitio que
habeis de elegir a los cuales hareis notificar y notificareis, lo hagan y
cumplan así y vayan hacer y edificar la dicha población y vos se la trazareis y
dareis modelo para que hagan el dicho edificio que esté acomodado para todos y
repartirles sitios y solares, conforme a sus familias y calidades, advirtiendo
que lo primero que se ha de edificar, trazar y fundar, ha de ser: Iglesia,
Cabildo, Cárcel y Hospital con que la dicha población se ha de hacer, desviada
del dicho pueblo de Catacaos, toda la
más distancia que se pudiere respecto de escusar la vejación que se les podría
seguir de estar cerca de los dichos españoles, dando en todo la mejor orden y traza
que os pareciere convenir, como yo lo confío de vuestra persona y prudencia y
avisareisme de lo que esto se hiciere y de lo que más convenga proveerse, en
todo lo cual os ocupareis veinte días y en cada uno dellos, llevareis vos y vuestros oficiales otro tanto
salario como tengo señalado a las provisiones y comisiones que mías llevais, y
lo que montare el dicho salario lo repartireis entre los vecinos y moradores de
la dicha ciudad de Payta, que han pretendido y quieren hacer
la dicha mudanza y nueva población a
pro rata por cantidad, como os pareciese;
teniendoos consideración a la hacienda, posibilidad, quantidad y familia
que cada uno tuviere y fecha la dicha repartición, cobrareis de cada uno de
ellos y de sus bienes lo que por ello les cupiese
sin embargo de cualquier contradicción que a ello hagan. Para todo lo susodicho
y lo de ello dependiente, os doy poder y comisión en forma, cual de derecho en tal caso se requiere, y si para cumplir y caciques principales e indios de su comarca os lo den
y hagan dar, so las penas se ejecutar lo que dicho
es, hubiere de menester favor y ayuda, mando al Corregidor, Alcaldes Ordinarios
y otras personas de la dicha ciudad y de Payta y de otras partes de este reyno,
y a los caciques principales e indios de
s comarca os lo den y hagan dar, so la penas que se les pusieren, las cuales yo desde ahora para
entonces doy por puestas y condenadas en ellas lo contrario haciendo, e os doy
poder y facultad para la ejecutar en las personas y bienes de los que rebeldes
e inobedientes, fueren unos y los otros, no dejeis ni dejen de los así cumplir
con alguna manera, so pena de cada uno mil pesos oro para la Cámara de Su Majestad.-
Fecha en Los Reyes, a cinco días del mes de Diciembre de mil quinientos ochenta
y siete años.- El Conde del Villar.- Por mandato del Virrey.- Alvaro Ruiz de
Navamanuel.
ARRIBA
CAPITALES QUE NACEN Y CAPITALES QUE MUEREN
El texto de la autorización que el virrey, conde del Villar, otorga
para el cambio de la capital del sub-corregimiento, resulta bastante
informativo y con abundante datos.
Para los españoles, seguía siendo por esta época, muy importante
disponer de agua y de leña para las ciudades, condiciones básicas que eran
requeridas en los tiempos de Pizarro cuando de fundaciones se trataba.
Queda también definitivamente aclarando que fue el corsario inglés
Cavendish el que desembarcó en Paita, quemando el templo y el monasterio, al
mismo tiempo que hacía huir a los vecinos y religiosos.
También se confirma que la única autoridad que quedó en Paita, fue el
teniente corregidor Troche Buitrago que era encomendero. El corregidor Forero
estaba en Lima.
Dato importante es que se acuerda que Paita no desaparezca
totalmente y quede en el lugar un tambo, a fin de que pueda seguir funcionando
como puerto para los barcos que van y llegan de Panamá, y se hacía hincapié a
la necesidad de proporcionar algunas comodidades a los personajes que
desembarcan o se embarcan por ahí. Es decir, que Payta como población no
desaparecía, sino que volvía al status anterior, pero dejaba de ser la capital
del Corregimiento de San Miguel de Piura, que ahora pasaba a ser San Migue del
Villar, la nueva ciudad fundada.
En cuanto a las casas quemadas, en Payta, se manifiesta que eran de madera y que no se
destruyeron en su totalidad, sobre todo el convento y el templo, y que a poco
costo podrían ser reconstruidos. El cabildo tenía sin embargo un local nuevo
construido por Forero.
El orgullo español se manifiesta una vez más cuando el virrey dice
que Paita podría ser tomado y saqueado cuantas veces lo quisieran los
corsarios, y que luego iban a creer en España y en Europa que se trataba de una
ciudad muy grande tomada por un puñado de corsarios
También se conduelen de los indios balseros que tienen que hacer
constantes viajes a la bocana del río Chira para llevar en botijas, agua a
Paita, y afirma que el cubrir el trayecto de tres leguas por mar, muchos se han
ahogado
El virrey dispone que la nueva ciudad sea poblada y fundada en el
valle de Catacaos junto al Tacalá, pero no precisa con exactitud el lugar y esa
tarea se la encomienda al capitán Juan de Caldazo y Salazar. Pone sin embargo
una condición básica y es la de ubicar el lugar lo más lejos posible de la
población de indios de Catacaos para que sus moradores no sean molestados.
A Cadalso y Salazar autoriza a repartir solares entre los nuevos
vecinos, pero advierte que lo que se deberá edificarse de inmediato serán la
iglesia, el cabildo, la cárcel y el hospital.
El virrey daba a Cadalso y Salazar veinte días de plazo para cumplir
con todas las disposiciones que había dado.
Al capitán Cadalso y Salazar se le otorgó
amplio poder, y en el caso de encontrar resistencias o desobediencias podía
imponer elevadas multas, de mil pesos.
Tan pronto firmó el virrey la autorización, de inmediato partieron los miembros de la
comisión que había llegado a Lima, de retorno a Paita.
Pero algunos pocos vecinos, encabezados por Troche Buitrago,
consideraron conveniente que el puerto se conservase, y así fue.
De esta forma, al momento del traslado oficial de la capital
provincial a una cuarta sede, quedan todavía otras dos ciudades: San Miguel en
Tangarará que continuaba figurando con el nombre de San Miguel en
Tangarará; también Piura (la vieja), en el Alto Piura, ya casi
en ruinas por la acción de las lluvias de “El Niño”, pero muy venida a menos y
Paita, que como puerto existió antes y
después de ser sede de gobierno
La única ciudad que desapareció totalmente y sólo quedó en ruinas y
deshabitada fue por lo tanto Piura la Vieja cerca del cerro Pilán.
Fue también la única que se construyó al momento de nacer, ya que el caserío de
Pirúa era insignificante. Ella fue, por otra parte, la que dio nombre a la
ciudad capital con que se conoció en lo sucesivo, forma definitiva.
ARRIBA
VIRREY DISPONE QUE SE LLAME SAN MIGUEL
Tan pronto los paiteños supieron que el virrey había autorizado el
traslado, por intermedio del vecino Juan García Torrico, solicitaron que la
nueva fundación tuviera como nombre San Miguel de Piura, ya que Paita seguiría
bajo la advocación de San Francisco.
El virrey accedió al pedido y dio la provisión siguiente:
D. Fernando de Torres y
Portugal, Conde del Villar, Visorrey Gobernador y Capitán General en estos
reynos y provisiones del Perú y tierra firme; Presidente de la Real Audiencia y
Canciller Real que reside en esta ciudad de Los Reyes, a Vos el Capitán Juan de
Cadalso y Salazar, visitador de los llanos desde el puerto de Payta hasta esta
ciudad de los Reyes: Sabed que Juan García Torrico, en nombre de los vecinos de
Payta, me hizo relación de que a suplicación se le había hecho merced de mandar
trasladar aquella ciudad al valle de Catacaos, en que había recibido notorio
beneficio, y merced ahora la recibiría muy particularmente en que a la dicha
ciudad se le pusiera por nombre San Miguel de Piura, que es propio y antiguo
nombre que ha tenido y el que desean que tenga, pues el que tenía de San
Francisco, se queda en el puerto de Payta, donde estaba fundada, y me pidió y
suplicó lo mandase a proveer así, que en ello los dichos vecinos recibirían
bien y merced, y por mi visto lo sucedido, lo he tenido por bien y mandé dar y
di la presente en la dicha razón, por lo cual os mando a la ciudad que habeis de trasladar y fundar, conforme a la orden de
comisión que mía llevais para este efecto, le pongais por nombre San Miguel
conforme se pide por parte de los dichos vecinos, dejando como habeis de dejar
el Puerto de Paita con el nombre de San Francisco de la Buena Esperanza,
Puerto de Paita que ha tenido y tiene, y no dejeis de lo así cumplir por alguna
manera. Fecha en los Reyes, a diez y siete días del mes de febrero de mil
quinientos ochenta y ocho años.- Conde del Villar.- Por mandato del Virrey.-
Alvaro Ruiz de Navamanuel.
Como se puede apreciar por la provisión, el virrey mandó que la
nueva ciudad se llamase simplemente San Miguel, mientras que los vecinos de
Paita, pedían que el nombre fuese San Miguel de Piura.
ARRIBA
PROHÍBEN ESTABLECERSE EN CATACAOS
El capitán Cadalso y Salazar, tras recorrer el valle de Catacaos
desde la Presa
y Tacalá en compañía de las autoridades como son el corregidor, alcaldes,
regidores, etc. Decidió el sitio preciso de la nueva ciudad, a cierta distancia
del pueblo de San Juan de Catacaos, poblado por indígenas.
El virrey para evitar que algunos españoles tratasen de avecinarse
en el mismo poblado indígena, o que lo hicieran sus esclavos, mulatos o zambos
y que luego cometieran abusos contra la población indígena, dictó en abril de
1588 una provisión que más tarde quedó incorporada en las ordenanzas que se
dieron para la nueva ciudad.
La provisión dice:
“Mando al dicho visitador Juan de Cadalso que no consienta que en
dicho pueblo de Catacaos entren, estén, ni habiten ningunos encomenderos de los
indios que allí viven y están reducidos, ningún tabernero, ni panadero,
mestizo, mulato, ni zambaigo, ni otras personas hombres ni mujeres, que no sean
indios y los que hubiere y entraren en el dicho pueblo, los eche luego de él, y
si hubieren hecho daño y agravio o debieran algo a los dichos indios, llamarlos
y (...aquí está roto el documento original) las partes, haga justicia en caso,
de manera que no tengan causa ni razón de venir, ni a quejar y acabado que a
(...aquí está roto...) la dicha su visita haga y cumpla lo susodicho el
corregidor y otras autoridades en cuyo Partido cae el dicho pueblo de Catacaos
y los unos y los otros (...aquí está roto...) de los así cumplir por alguna
manera so pena del interés de la parte y (...aquí está roto...) cada mil pesos
oro para la Cámara
de su Majestad. Fecha en la ciudad de los Reyes a ocho días del mes de abril de
mil quinientos ochenta y ocho años”
ARRIBA
ACTA DE FUNDACIÓN DE LA NUEVA SAN MIGUEL
Por fin, el 15 de agosto –día de la Asunción de la Virgen María, se
reunieron el capitán Juan Cadalso y Salazar, con los miembros del cabildo y del
vecindario de indios, y acuerdan la fundación de la nueva ciudad bajo la guarda
de la Virgen María
y del arcángel San Miguel, suscribiéndose la siguiente acta:
“En nombre de Dios Todopoderoso, y de la Santísima Trinidad:
Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son tres personas distintas y un solo Dios
verdadero, en quien toda criatura humana debe creer y con mucho cuidado y
vigilancia servir, para que por su misericordia todas las cosas que se
empezaron consigan buenos fines y sucesos y sean a honra y gloria suya y
ensalzamiento de su santa fe católica y para que en la ciudad que se ha de
poblar se haga mucho servicio a Dios, Nuestro Señor y resulte mucho aprovechamiento a los moradores que
habitan en ella, tomando como toma por intercesora a la Gloriosisíma Virgen
María su Benditísima Madre y Señora Nuestra, cuyo santísimo nacimiento fue tal
día como hoy es, quince de agosto de mil quinientos ochenta y ocho años, y al bienaventurado
Arcángel San Miguel, cuyo nombre ha de tener la ciudad, que de presente se
funda y puebla por razón de la que se ha mandado despoblar por justos fines y
discretas consideraciones, por el Excelentísimo Señor Conde de Villar, Viso-rey
y Gobernador y Capitán de estos reynos del Perú, por la provisión que para ello
dio a mí el Capitán Juan de Cadalso Salazar, vecino de la ciudad de los Reyes,
Contador del Santo Oficio de la
Inquisición de estos reynos y visitador de todos los llanos,
así de las ciudades, villas y lugares de los españoles, como de indios hasta la
de los reyes, conviene a saber que por causas urgentes que convinieron, se
mandó despoblar la ciudad de San Francisco de Buena Esperanza de Paita,
quedando allí mesoneros que dan recaudo
y avivamiento a los navíos y personas que llegaren al puerto y por las causas y
razones susodichas, convino al servicio de Dios y del Rey don Felipe, nuestro
señor a quien Dios guarde muchos y felices años para seguridad de sus vasallos,
y a mérito de la santa fe católica de Jesucristo que la dicha ciudad de San
Francisco de Buena Esperanza se despueble y pase al valle de Catacaos, en el
mejor sitio y comodidad que hallaren y lo más distante del pueblo de los indios
que se pueda , para que no reciban molestias ni vejaciones; consultándolo con
el Cabildo, Justicia y Regimiento, siendo Corregidor y Justicia Mayor el
Capitán Alfonso Forero de Ureña, y con los demás vecinos moradores, estantes y
habitantes de la dicha ciudad, pareció después de haberlo visto muchas y
diversas veces todos juntos y divididos; se acordó y determinó el poblar la dicha
ciudad encima de la Presa
y Tacalá de este dicho valle, que será dos leguas del pueblo de indios, antes
más que menos, donde hay agua y leña, y muy buen temperamento por ser el sitio
muy desbajado y que lo baña el aire el cual viene por todas partes limpio, sin
que pueda traer mal olor ni corrupción que pueda causar enfermedades en la
dicha ciudad y visto el dicho sitio, que se llama entre los indios asiento de
Chilcal y que allí parece es la mejor comodidad que se halla y más conveniente,
determiné en nombre de la
Majestad del Rey Don Felipe, nuestro señor y por virtud de
las provisiones y comunicaciones que de su excelencia tengo para trasladar y
fundar la ciudad en el dicho sitio, llamándola San Miguel del Villar, por que
el dicho nombre se pidió por petición de los dichos vecinos y estando todos
ellos presentes, por sus nombres son los siguientes:
El capitán Don Alonso Forero de Ureña,
Corregidor y Justicia Mayor; Gonzalo Farfán, Alcalde Ordinario; Antonio de
Frías, Alcalde Ordinario; Juan López del Puerto, regidor; Pedro de Saavedra,
Procurador de la ciudad.
Vecindario de Indios.- Gaspar Valladolid,
vecino encomendero de indios. -Diego de Escalante- Diego Muñoz de Sotomayor-
Nicolás de Villacosta- Juan Lozada de Quiroga- Juan Francisco Baca- Ambrosio
Gallego- Alonso Sánchez- Juan García Pulido.”
En el acta de fundación, menciona al día 15
como del nacimiento de la
Virgen María, fecha que en la actualidad se celebra la Asunción, elevada tal
creencia a la condición de dogma.
En el pedido que se hace al Virrey para que
el nombre sea San Miguel de Piura, actuó
como procurador o representante de los vecinos Juan García Torrico. Así dice en
la provisión dada, mientras que en el acta de fundación esa persona aparece
como Juan García Pulido, aunque éste es el que figura con más frecuencia.
Como se puede apreciar por el acta, hubo acuerdo para que el nombre
no fuese sólo San Miguel, sino San Miguel del Villar, no apareciendo la palabra
Piura.
ARRIBA
TOMA DE POSESIÓN
La ceremonia de toma de posesión del área del Chilcal para construir
en ese lugar la ciudad de San Miguel del Villar, dio origen a una simbólica y
espectacular ceremonia, con numerosos testigos y de la cual el escribano real
dejó el correspondiente testimonio.
El inquisidor y capitán Cadalso Salazar, en nombre del rey Felipe II
hizo conocer que tomaba dicho sitio y fundaba la ciudad de San Miguel del
Villar, mandándola a edificar. Mandó a poner rollo, picota y horca en la plaza
pública utilizando provisionalmente un
tronco de algarrobo, mientras se levantaba otro de ladrillo y cal. Luego
Cadalso desenvainó su espada dorada y dio dos cuchilladas de tajo y revés en
señal de posesión. Se procedió a continuación a dar posesión al procurador
Pedro Saavedra del terreno para el cabildo y para la cárcel y al cura vicario
Antonio Moreta de Aldreta, se le entregó con la correspondiente escritura el
terreno destinado a la iglesia y el cementerio.
El acta levantada por Cadalso Salazar en cumplimiento de las
provisiones dadas por el virrey, fue la siguiente:
“E conforme a las dichas provisiones, en su
cumplimiento, desde que vine a la ciudad de los Reyes a la ciudad de San
Francisco de Buena Esperanza, Puerto de Paita y de allí a este valle de
Catacaos, con mucho cuidado y diligencia he andado personalmente por las
tierras de este valle en muchos días buscando sitio y lugar como los muchos de
los vecinos y moradores y otras personas que tienen noticias de las tierras,
sitios y lugares de este dicho Valle, procurando el bien y conservación y
aumento de la dicha ciudad, vecinos y moradores de ella y de los naturales,
tratando y comunicando el caso con el dicho capitán Alonso Forero, Corregidor y
Justicia Mayor de ese partido, y con el cabildo, Justicia y regimiento de la
dicha ciudad y demás vecinos de ella, muchas y diversas veces conferido sobre
ello, se resolvió ser el asiento más cómodo de todo lo necesario y sin
perjuicio de los naturales y de otro tercero para poblar la dicha ciudad, este
dicho asiento llamado el Chilcal, junto a la dicha obra de Tacalá y Presa del
Tacalá, del río que pasa por este valle, para lo cual y que tuviese efecto he
despoblado la dicha ciudad de San Francisco de Buena Esperanza Puerto de Paita,
dejando en él tambos y mesoneros que den
avivamiento a las personas y navíos que llegasen a dicho puerto, y la he
mandado a despoblar y desamparar de los vecinos y gente que en ella había, para
que vengan a poblar y tomar solares en este dicho asiento que estaba señalado y
electo, adonde tengo trazado y hecho el modelo de él, para que conforme a él,
los vecinos y moradores y cada uno sepan los solares que tienen por vía de
propiedad, y para mayor claridad y evitar pleitos y contiendas, queda por
escrito hecho memorial en cuadras y en las puertas y lugares que estén
señalados en un pergamino, que juntamente con esta fundación, ha de quedar en
el Libro de Cabildo, y haciendo y cumpliendo lo que su Excelencia me tiene
cometido y mandado, hice la dicha traslación, reedificando fundación, de la
dicha ciudad, conforme al dicho modelo y trasa en la forma y manera siguiente:
primeramente en virtud de las dichas provisiones y comisiones, habiendo mudado
la dicha ciudad, del asiento de Paita, por el Rey don Felipe Nuestro Señor, y
en su Real nombre elijo, señalo este dicho asiento de (aquí está roto, posiblemente
decía del Chical) en el cual fundo, pueblo y reedifico la dicha ciudad, por la orden
según como fue fundada en el dicho puerto de Paita, con aquellos títulos,
nombres y mercedes que el Rey Nuestro Señor y la Majestad del Emperador
don Carlos, de gloriosa memoria, y Reyes Católicos sus antecesores le hicieron,
y cumpliendo las dichas provisiones, declaro ser su propio nombre, San Miguel,
como lo fue en su fundación primera la ciudad de San Miguel de Piura, cuyo
título, advocación y nombre se ha de nombrar San Miguel del Villar, el cual se
ha de guardar, intitular y nombrar donde hoy en adelante. Ítem, en señal de
fundación y continuación de todos sus términos y jurisdicción que tuvo y con
que fue fundada por su primer fundador y continuación de ella, y de la posición
antigua de sus términos y jurisdicción, habiendo señalado sitio y lugar para la Iglesia Mayor de la
dicha ciudad y otros para Hospital, Casa de Cabildo y Cárcel, mando poner
rollo, picota y horca en la
Plaza Pública de esa ciudad, donde está señalado y situado
conforme a la traza modelo y habiéndose puesto el dicho rollo, fiso de un
estante grande de algarrobo, con cargo y orden de que edifique de ladrillo y
cal, y en señal de posesión, fundamento y propiedad de la dicha ciudad y sus
términos y jurisdicción con que se fundó. Hincando el dicho rollo y picota de
que yo, Melchor de Escobar, Escribano de visita en mi presencia y de los
testigos susoescritos, doy fe que se puso, y el dicho Capitán Juan de Cadalso y
Salazar, Visitador General, puso mano a su espada dorada y con ella fuera de la vaina dio
dos cuchilladas de tajo y revés en el dicho rollo, en señal de posesión y
fundamento de la dicha ciudad y de toda su jurisdicción Civil y Criminal, según
y como su Majestad y Reyes Católicos antecesores y sus Gobernadores la
fundaron, con todas aquellas preeminencias y mercedes que por ellos les fue
concedida, de todo lo cual como fundador y continuador della dijo: Que en
nombre del Rey D. Felipe tomaba y tomó posesión de la dicha Ciudad de San
Miguel del Villar, quieta y pacíficamente, para que en su Real nombre, la
habiten y posean los vecinos y moradores estantes y habitantes que de presente
hay en ella y los demás que de aquí en adelante vinieron como fieles y leales
vasallos acudiendo a su real servicio que somos obligados, la cual dicha
posesión tomó en todos sus terrenos y jurisdicción que son desde el pueblo y
Valle de Pacora y Jayanca por la parte y términos de los Valles que dicen de
Trujillo y de ahí subiendo a la sierra de Penachí, Salas, y Huarmaca y
Huancabamba, Provincia de Cajas y Ayabaca, que confirman con términos de Jaén y
Loja, y a Poechos, Maricavelica y Motape, Máncora y Pariña, Tumbes y Solana, hasta dar a la Costa de este mar del Sur
prosiguiendo por ella hasta la punta de la Guja, y prosiguiendo hasta los confines, costa de
los dichos pueblos de Jayanca y Pacora que confinan en la dicha y valle de
Trujillo, y de cómo en nombre de la
Majestad del Rey Felipe, nuestro Señor, fundaba y reedificaba
la dicha ciudad de San Miguel del Villar y tomaba y tomó el dicho sitio,
términos y jurisdicción continuando la dicha posesión y propiedad
de ellos; mandó a mí, el presente escribano, se le diese por
testimonio y de cómo a la dicha fundación y antes de susoreferidos, se hallaron
presentes el Cabildo, Justicia y Regimiento de la dicha ciudad arriba
referidos, los cuales y el dicho Pedro de Saavedra, Procurador de la Ciudad de San Miguel del
Villar, dijeron que en nombre de ella tomaban (aquí está roto) aprendían y
continuaban la posesión de su fundamento, términos y jurisdicción de suso
declarados, que son los de su propiedad con que fue fundada y está mandada
amparar por el Rey don Felipe, Nuestro señor y protestaron de usar de la
posesión de ellos, continuándola según como los tenía y poseía ante dicha
ciudad de San Miguel en su primer fundamento en el asiento de Piura de donde
fue trasladaba al Puerto de Paita y de donde de presente se funda y traslada a
dicho asiento y de cómo continuando su quieta y antigua posesión, la tomaba de
nuevo; y así mismo el dicho Pedro Saavedra tomó posesión del solar y sitio que
está señalado para casa de Cabildo y Cárcel, y pidieron a mi el presente
Escribano, se lo diese por testimonio de cómo la tomaban en nombre de la dicha
ciudad quieta y pacíficamente, y en señal de ello se paseó por el dicho sitio e
hizo otros actos de posesión; por la misma orden, Antonio de Moreta y Aldreta,
cura y vicario de la dicha ciudad de San Miguel del Villar, tomó posesión del
sitio y lugar que le fue señalado para la Iglesia Mayor y
Cementerio y lo demás perteneciente a la dicha Iglesia Mayor, como a la trasa y
señalamiento, y pidió, a mi el presente escribano se lo diese por testimonio
siendo presentes por testigos a todo lo susodicho, los dichos Juan Lozada de
Quiroga, Francisco García, Juan García Pulido, Juan Franco Baca, y otros muchos
que se hallaron presentes y el dicho Capitán Juan de Cadalso Salazar,
Visitador, poblador, reedificador y fundador de la dicha ciudad y Cabildo,
Justicia y Regimiento, Procurador y Vicario y lo firmaron, de sus nombres
siendo presente en todo lo susodicho, el dicho Capitán Alonzo Forero,
Corregidor y Justicia Mayor, en el dicho día quince de agosto de mil quinientos
ochenta y ocho años, Juan Cadalso Salazar, Alonzo Forero, Gonzalo Farfán,
Antonio Moreta Aldreta, Antonio de Frías, Gabriel de Miranda, Rui López
Calderón, Pedro de Saavedra, Ante mí, Melchor Escobar, y Vistas y entendidas
por los dichos (aquí está roto) Regimiento de cuyo mandato se ha insertado (aquí
está roto) y como en lo proveído y en ellas previene por él (aquí está roto)
Juan de Cadalso Salazar, Visitador general y para (aquí está roto) de ello se
dé noticia a su excelencia el Visorrey de estos reynos, para que haga merced a
esta ciudad y república, para que vaya en mayor acrecentamiento -y luego así
mismo el dicho capitán Juan Cadalso Salazar propuso y dijo: que por cuanto para
que haga buen efecto la dicha fundación es necesario hacer alguna ordenanza y
es necesario que juntamente con él asistan otras dos personas de este Cabildo
para que puedan tener entera noticia de lo que es necesario proveer y ordenar,
y para lo cual los dichos Cabildos, Justicia y Regimiento entendido dijeron que
nombraban y nombraron para el dicho efecto al Capitán Corregidor y a Rui López
de Calderón- I luego se trató y dijeron que por cuanto, conforme a la costumbre
de esta dicha ciudad y Cabildo, se debe nombrar Alférez cada año, desde el día
de San Miguel que viene de este presente año hasta el que viene del año mil quinientos
ochenta y nueve, a Pedro de Saavedra, vecino de esta ciudad y Procurador
General de ella y de este dicho Cabildo, para que use y ejerza el dicho oficio
y cargo según su uso y costumbre. En este dicho Cabildo, el dicho Pedro
Saavedra, Procurador General de él, propuso y dijo: que es negocio importante
que en esta dicha ciudad se haga y funde tambo y mesón (aquí está roto) en que
estén los pasajeros que por aquí pasaron, que les pide y requiere que luego le
hagan orden en ella, por el bien de esta ciudad y por el daño que reciben los
que por ella pasan no habiendo, y los dichos Cabildo, Justicia y Regimiento
dijeron y acordaron que se haga el tambo, como el dicho Procurador lo pide y
para que tenga más efecto, se haga entre el Corregidor y vecindario y algunos
de los moradores, dando a cada uno Mitayo o dos conforme a cada uno se
repartiere y su voluntad hasta tanto que sea acabado y que sea el dicho Mesón
del Cabildo y lo que restare ahora e adelante sea para propios de esta dicha
ciudad y que mientras dure la obra vayan por su orden y semana los de este
Cabildo, comenzando por el Corregidor y así por su orden hasta que acabe y
desde luego se ponga por obra y se den los Mitayos para ello y con esto se
acabó este dicho Cabildo, u lo firmaron aquí de sus nombres.- Alonso Forero,
Gonzalo Farfán, Antonio de Frías, Gabriel de Miranda, Rui López Calderón, Pedro
de Saavedra. Pasó ante mi, Pedro Marquez Botello, Escribano Público y Cabildo.
ARRIBA
PRIMERA SESIÓN DEL
CABILDO EN PIURA
La fundación de San Miguel del Vi1lar, se realizó de acuerdo al Acta
suscrita e1 15 de Agosto de 1588 en
Paita y a continuación se realizó la
solemne ceremonia de toma de posesión en el valle del Chilcal.
En la naciente ciudad habían unas cuantas casas mandadas a construir
desde mucho tiempo atrás por españoles vecinos de San Francisco de la Buena Esperanza,
una de ellas era la de don Pedro Saavedra, en donde se realizaron todos los
actos que siguieron a la toma de posesión. Todo hace suponer que fue frente a
esta casa donde se designó el terreno para la Plaza Mayor, y pudo
también haber influenciado para que Pedro Saavedra resultara elegido Alférez
Real, aun cuando hay que reconocer que
Saavedra tenía muy buenos merecimientos.
El 19 de septiembre de 1588 se realizó en dicha casa la primera
sesión del cabildo de la nueva ciudad para juramentar al alférez real y
posiblemente por mucho tiempo, se continuó sesionando en la casa de Saavedra
Los nuevos vecinos que tenían solares designados hicieron gran
acopio de indios para que en forma acelerada iniciaran las nuevas
construcciones y lo mismo hicieron los religiosos de las congregaciones
dominicanas, franciscanas y mercedarias para construir la iglesia. y el Hospital de Santa. Ana, frente a la Plaza (En 2000, Hotel los
Portales)
El Acta de la Primera
sesión dice lo siguiente:
En la ciudad de San Miguel del Villar, a
veinte nueve días del mes de septiembre de mil quinientos ochenta y ocho años,
el Cabildo, Justicia y Regimiento de la dicha ciudad, estando juntos a la
puerta de Pedro Saavedra. por no estar hechas las casas de Cabildo de esta
ciudad, conviene saberlos que de susu tienen f (aquí está roto el documento)
más en el Cabildo de esta otra parte contenido ( aquí está roto) presencia
del Capitán Alfonso Forero de Ureña, Corregidor ( aquí está roto) Justicia
Mayor de esta Ciudad y jurisdicción por el (aquí seta roto) nuestro Señor y por
ante mí Pedro Márquez Botello Escribano Público y Escribano de dicho Cabildo
haciendo hecho traer el Estandarte Real, los dicho Cabildo, Justicia y
regimiento, estando presente el dicho Pedro de Saavedra, Procurador General de
esta ciudad, Alférez nombrado para este presente año que viene hasta el día de
San Miguel que viene el año mil ochocientos ochenta y nueve, y tomaron y
recibieron juramento y pleito homenaje, según que se va a tomar y recibir de
los hijosdalgos, debajo del cual juró y prometió servir con el dicho estandarte
y con su persona al rey don Felipe, nuestro Señor, como su vasallo, y al Conde
del Villar, Visorrey, Gobernador y Capitán General de estos reynos en su nombre
y acudir a su real servicio como debe y es obligado y hecho el dicho juramento
ante el dicho Cabildo, dieron y entregaron el dicho estandarte al dicho
Alférez, y él lo recibió de mano del dicho Corregidor y lo firmó aquí de su
nombre, siendo testigos Juan Lozano de Quiroga, Juan García Pulido y Ambrosio
Gallegos y otras muchas personas y firmólo juntamente con el dicho Alférez de
dicho Corregidor, Pedro Saavedra. Ante mí: Botello Escribano Público y Cabildo.
Como se puede apreciar, el nombre oficial de la nueva ciudad fue San
Miguel del Villar.
Todo lleva a Suponer que el Acta de Fundación fue suscrita en San
Francisco de la Buena
Ventura de Payta, que por entonces era la capital del
Corregimiento de San Miguel de Piura.
Llama la atención que en ninguno de los documentos oficiales de la
fundación de la nueva ciudad, figurase el vecino notable, encomendero y
teniente corregidor Gaspar Troche Buitrago
La nueva ciudad conservaría sus títulos, mercedes otorgados por el
Emperador Carlos V y el Rey Felipe II jurisdicción y los términos con que fue
fundada. Esa jurisdicción comprendía los actuales departamentos de Piura y
Tumbes y casi la mitad del departamento de Lambayeque, mencionando en forma
concreta a los pueblos de Pacora, Jayanca y Salas, a sí como las sierras de
Penachí. En dicho departamento, igualmente menciona a Huarmaca, Huancabamba,
Cajas, Ayabaca, Por lo visto, aun Cajas o Caxas existía. Después se citan a la Solana, Tumbes, Poechos,
Máncora, Pariñas, Amotape y Marcavelica. En el litoral hasta Punta Aguja, y de
allí hasta Pacora
Se justificaba la extensión y jurisdicción de San Miguel del Villar
por que se aseguraba que esa era la que tenía momento de ser fundada, criterio
erróneo de Forero, por cuanto Pizarro no sabía en agosto de 1532, siquiera de la existencia de las poblaciones
lambayecanas.
El error parte del hecho de que Forero –al igual que el resto de
piuranos de la época- ignoraban o no le dieron importancia a la fundación de
Tangarará, posiblemente por el poco tiempo que allí estuvo como sede de la Gobernación de Nueva
Castilla..
Por eso en el acta al referirse a la jurisdicción, dice:
“continuándola según como los tenía y poseía esta dicha ciudad de San Miguel en
su primer fundamento en el asiento de Piura, de donde fue trasladada al puerto
de Paita y de donde se presente se funda y traslada a dicho asiento...”.
Es decir, que se ignoraba la fundación de San Miguel en Tangarará Sin
embrago, sólo habían pasado 56 años de dicha fundación de San Miguel de
Tangarará, que relató Jerez.
En 1588. seguía existiendo en el Chira, la
ciudad de San Miguel, conservando ese nombre con que fue fundada como lo prueba
el mapa hecho por Diego Méndez en 1574.
Fueron pues muchos los que creyeron que la ciudad fundada por
Pizarro fue la de Piura, de Monte de los Padres.
El mismo Cieza de León, tan leído, es un poco confuso al relatar la
fundación de San Miguel, y dice: “Dos jornadas más delante de Poechos, está el
ancho y gran valle de Piura, a donde se juntan dos o tres ríos, que es causa de
que el valle sea tan ancho, y en el cual está fundada y edificada la ciudad de
San Miguel...”
Sólo en forma muy referencial Cieza se refiere a la fundación en
Tangarará, pero a la inversa de lo que dice con respecto a Pirhúa, no habla de
fundación, sino de poblamiento, al expresar: “Al principio estuvo poblada en el
asiento que llaman Tangarará, de donde se pasó por ser sitio enfermo...”
Más adelante Cieza manifiesta: “Esta ciudad de San Miguel (se
refiere a Pirhúa), pobló u fundó el adelantado don Francisco Pizarro,
gobernador del Perú...” lo que como bien sabemos, no es cierto.
ARRIBA
LAS ORDENANZAS DE LA CIUDAD DE SAN MIGUEL DEL
VILLAR
Cumpliendo el acuerdo del cabildo, el corregidor, capitán Alonso
Forero de Ureña y el encomendero Rui López de Calderón, redactaron las Ordenanzas
de San Miguel del Villar, que presentaron el 3 de octubre de 1588 al cabildo y
el 13 del mismo mes el escribano público y de cabildo Pedro Marqués Botello,
sacó copias certificadas de dichos originales y las dejó sentadas en el libro
del cabildo, actuando como testigos Francisco Hernández Crespo, y Cristóbal
López, residentes de la ciudad.
La primera ordenanza disponía que se tomase a la Virgen María como
abogada e intercesora de la ciudad, ya que en su día había sido fundada y se
mandaba que cada año en el 15 de agosto, fuera celebrada dicha fecha, debiendo
el cabildo y vecinos acudir la víspera, el día y el que sigue, a la iglesia
mayor, en donde se celebrará la misa que será solemne y para que se haga
devoción del arcángel San Miguel, patrono de la ciudad. Se termina diciendo que
“esta
ordenanza está en el cabildo, para que todos sepan y no pretendan ignorancia”
Sin embargo, la Piura
republicana ha ignorado esta ordenanza, que dada la tradición y antigüedad,
debería ser observada como el día clásico de San Miguel del Villar, que es el
nombre verdadero de la ciudad.
ARRIBA
DAN TRES AÑOS DE PLAZO
PARA CONSTRUIR
El segundo artículo de la ordenanza, disponía que los vecinos
construyesen sus casas en los sitios que se les había señalado, dentro del área
de “150 pies
por todas partes”, esto es en un cuadrado de 150 pies por lado. Como el
pié de Castilla equivalía a 278 milímetros, cada lote tenía entonces 41.70 metros por lado,
es decir 1,738
metros cuadrados. La disposición exigía buenos
cimientos, que no se salieran de las medidas, que las paredes fueran derechas y
que iniciada la labor de construcción no se suspendiera. Se daba como plazo
máximo para la terminación de la vivienda, tres años, o sea hasta el 15 de
agosto de 1591, bajo la pena de declarar vacante el solar y otorgarlo a otra persona que quisiese avecinarse en la
ciudad. Los que ocuparan más terreno, sufrirán a su costa la demolición, además
de la sanción que de hecho acarrea.
En el tercer artículo se prohibía al cabildo o a cualquier autoridad
a conceder nuevos solares sin autorización del virrey, quedando sin ninguna
validez y sujeto a sanción, los que tal cosa hicieren.
ARRIBA
PROHIBÍAN LAVAR ROPA EN EL RÍO
Entre los artículo 4º y 6º, se prohibía que se dieran solares entre
la ciudad y la barranca del río, que debía reservarse para la ronda de la
ciudad, así como para lugar de recreación y se disponía que se levantase un
pretil sobre esa barranca.
Esta prohibición ha sido observada a lo largo de 400 años y se ha
construido el malecón “Eguiguren”.
Se disponía también de que no hubiera estorbo alguno en una vía que
permitiera circundar la ciudad.
Se prohibía que de la
Presa y Tacalá, hacia aguas arriba, se lavase ropa en el río,
ni se arrojase basura que pudieran contaminar las aguas destinadas a servir de
alimento, debiendo ser un lugar de recreación por el hermoso panorama que
ofrecía. A los infractores se les sancionaba de acuerdo a la clase social. Si
era indio o india, negro o mulato, sufriría 100 azotes, en las calles, con
pregonero, más una multa de tres pesos reales, de los que uno era para el
denunciante, otro para el juez y el tercero para obras públicas.
Con la misma pena, se sancionaba al que hiciera hoyos en las calles
o plaza para sacar tierra.
ARRIBA
PROHÍBEN VENDER SOLARES
Se disponía que los vecinos propietarios de solares, los cercasen y
se prohibía la venta de los mismos, sin licencia del
justicia mayor y regimiento. Sólo al cabo de tres años y siempre que hubieran
cumplido con fabricar la vivienda, podrían hacer la venta libremente y sin
autorización.
Mediante notificación, se daría dos meses de plazo para iniciar la
construcción de las viviendas y a los que cumplieran con eso se les darían
mitayos para guarda de ganados. Se disponía que todos los españoles que vivían
en los alrededores de la nueva ciudad, vinieran a poblarla, pues no podían permanecer
en las poblaciones de indios como San Juan de Catacaos, ya que ello iba en
perjuicio de los “naturales son muy molestados”. Se consideraba que la medida
era también necesaria, para evitar que los españoles estuvieran desparramados
en una gran zona, lo que no permitiría que acudieran al servicio del rey cuando
se les necesitase en Paita. Esto indudablemente se refería a la defensa del
puerto ante la amenaza de los piratas, hecho que en la práctica no tuvo ningún
efecto, pues los vecinos de Piura, no estuvieron muy dispuestos a luchar en la
defensa de Paita.
ARRIBA
TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A SAN MIGUEL
Los artículos 11 y 12, al mismo tiempo que prácticamente decretaban
la muerte de Paita, buscaban de poblar y de incrementar el comercio de la
ciudad recién fundada.
Fue así como se prohibía que los vecinos, moradores, o cualquier
otra persona sin distinción de condición y calidad, pudieran vivir ni tener
casa en Paita. Sólo podrían habitar en el puerto, las personas encargadas de
recibir a los barcos y atender al movimiento de pasajeros.
Ni siquiera podían las mercaderías o géneros permanecer depositados
en Paita por el riesgo que ellos corrían, y fue así como se ordenó que las
mercaderías embarcadas en Paita con destino a Loja, Jaén y otras partes,
pasaran a San Miguel del Villar y de allí a su lugar de destino. Los que no
cumplían con esa ordenanza serían sancionados con doscientos pesos de plata
ensellada.
Los caminos de Paita a Tumbes y a Olmos, construidos por el
corregidor Forero de Ureña serían “enderazados”, para que pasaran
necesariamente por Piura y aseguraba la ordenanza que era “más corto y
derecho”. Los comerciantes que iban de Paita a Tumbes, tuvieron por lo tanto
que dar un gran rodeo y para evitar que siguieran transitando por los antiguos
caminos, se mandaba a destruirlos.
Es así como se pensaba dar gran prosperidad a Piura. Como en ese
tiempo el transporte de mercadería se hacía en acémilas, en la ordenanza, el
artículo 14 disponía lo siguiente: “Que
de aquí en adelante los señores de Requas que llegan al dicho puerto de Paita,
no sean osados a llevar con las dichas sus Requas, mercaderías ningunas por el
camino que va de Paita a Colán y Motape (Amotape), ni por ninguna vía ni manera
vayan, ni pasen por él, ni lo usen, ni continúen ni vengan a dicha ciudad, y
desde ella vayan su viaje por caminos que desde esta ciudad salen para Loja,
Jaén, la sierra y los llanos, pues este valle es acomodado y hay pastos y buen
avivamiento para las dichas harrias y rodeen bien poco y en todo caso se
procure que lo sepan los dichos arrieros y los dueños y señores de ella so pena
que el arriero y señor de ella que hiciera lo contrario, incurrirá en pena de
veinte pesos aplicados por tercias pertes, en obras públicas, Juez y
denunciador, por cada vez que excedieran de lo susodicho”.
De esta forma se inicia un proceso centralizador en el ámbito
regional.
Después, los piuranos llamaron a su ciudad San Miguel del Villar de
Piura; posteriormente se le llamó San Miguel de Piura y cuando en 1783 llega el
obispo de Trujillo, Martínez Compañón,
hacía mucho tiempo que se habían olvidado el nombre de San Miguel y la ciudad
se llamaba Piura a secas como hasta hoy.
ARRIBA
ENCOMIENDAS EN 1588
Los encomenderos en el nuevo estado de
cosas eran los siguientes :
Gaspar Troche Buitrago, en Sechura y
Mañueli (La Muñuela).
Nicolás de Villacorta, tenía Moscalaque y
Copiz (Chiclayo).
Diego Baca de Sotomayor , era poseedor de
la encomienda de Ayabaca..
Gaspar de Valladolid y Angulo, en Huarmaca y Huancabamba (murió en 1616).
Francisco Cornejo; la Chira y Huaura ( así empezó la riqueza de los que luego serían Cornejo y
Cantoral).
Lucas Ramírez Arellano, en Motupe.
Pedro Saavedra ( el
que prestó su casa para Cabildo en San Miguel del Villar), tuvo Chalaco y Frías
Rodrigo Méndez, Colán y Marcavelica (el
antiguo curacazgo de Marcahuilca)( falleció en 1634)
Gonzalo Farfán de los Godos (el Mozo) que
murió al año siguiente, tuvo ^Payta, La Silla Motape (o Amotape), Solana, Vitonera y
Lizama.
Gonzalo Prieto Dávila: Máncora, Malacas y Pariñas
(posteriormente fue del Capitán Benito de las Heras)
Ruy López Calderón, que había sido Alcalde
en Payta tenía, Camacho, Menón, Sechura y Punta Aguja.