Cuando
llegó al Perú don Antonio de Mendoza, trajo en su comitiva a un joven oficial
llamado Gil Ramírez Dávalos al cual dispensaba protección por haberlo criado en
su hogar. Al morir fue su albacea.
El
virrey lo nombró corregidor del Cuzco y en ese cargo estaba, cuando se produjo
el levantamiento de Hernández Girón y de los cabecillas que intentaron
inicialmente darle muerte, habían quedado 17 sin castigo tras la derrota de
Girón.
Cuando
el marqués de Cañete llegó a San Miguel de Piura, se encontraba con que Ramírez
Dávalos era corregidor de esta decaída ciudad, cargo que sin duda el ambicioso
capitán no encontraba a su gusto.
Ramírez
Dávalos enteró al virrey de que las cosas en Quito andaban muy mal y que en el
Perú había muchos soldados dispuestos a
sublevarse al menor pretexto.
Es
ese el motivo, por el que el Virrey al llegar a Lima, ordena sanciones contra
los revoltosos y dispuso que el corregidor del Cuzco ajusticiase a los 17 que
atentaron contra Gil Ramírez Dávalos.
El
virrey mandó que Gil Ramírez fundase una ciudad en el valle de Paucarbamba, en Ecuador.
Ramírez
Dávalos eligió el sitio donde se había levantado antes la imponente Tumebamba
y le dio por nombre Cuenca en homenaje a la ciudad española donde había nacido
el virrey. El acto de fundación se realizó el 12 de abril de 1557 y el padre
Vargas Ugarte dice que ocho años después de fundada tenía 8 vecinos y sólo dos
poseían encomienda de indios y los demás se dedicaban al cultivo del campo y a
la ganadería para lo cual era propicia la región. Con el tiempo muchos vecinos
de San Miguel se trasladaron a Cuenca, en la misma forma como lo habían hecho
con Loja.
Cuando
el virrey le dio la misión de fundar la nueva ciudad, nombró también a Ramírez
Dávalos Justicia Mayor de Quito
El
marqués de Cañete cobró mucho aprecio a
este oficial y en carta que el 3 de noviembre de 1556 dirigió al rey lo encomia
grandemente. En 1557 con motivo de la ascensión al trono de Felipe II, le
obsequia Ramírez Dávalos, al virrey un esclavo
negro que había pertenecido al infortunado Hernández de Girón, que había
capturado en la batalla de Pucará y
perdonado la vida.
En
1562 seguía Ramírez Dávalos en Quito como corregidor y en 1570 forma parte de
la comitiva que acompañó al virrey Toledo a efectuar visitas al Cuzco,
En
1557 el emperador Carlos V, cansado de las duras tareas de gobernar tan inmenso
imperio y de las guerras permanentes que tenía que llevar a cabo en los Países
Bajos y con Francia, abdicó a favor de su hijo Felipe II. Carlos V tuvo la
deferencia de comunicar esa decisión a algunas ciudades importantes de su
dilatado imperio. Piura fue una de esas ciudades, cuyo cabildo recibió la
comunicación de cortesía.
Como
San Miguel siguió llamándose como tal, la nueva localidad tomó el nombre
definitivo de Piura. La ciudad Piura ennoblecida con el escudo, que el
emperador concedió a San Miguel, era en realidad una localidad con muy poco
vecindario, pues habían principiado a abandonarla por no tener clima saludable
y existir abundante mosquito que causaba serias dolencias a los ojos.
Por
la gran distancia entre Piura y España, la noticia se recibió muy tarde y llegó
junto con la ascensión de Felipe II al trono de España, que era auténtico
español y no como su padre nacido en el extranjero. Como era de suponer, se
hicieron grandes festejos en Piura. El nuevo monarca no era emperador como su
padre que gobernaba todos los estados alemanes. Carlos V dejó la dignidad
imperial y los estados alemanes, a su hermano Fernando.
Felipe
II gobernó desde 1556 hasta 1599 y fueron virreyes del Perú, el marqués de
Cañete don Andrés Hurtado de Mendoza (3er. virrey de
El
marqués de Cañete había sido nombrado virrey por un período de seis años a
partir de marzo de 1556 fecha de su llegada a Paita. Sin embargo ya en 1557 el
rey de España había resuelto cambiarlo por don Diego Acevedo que murió poco
antes de partir de España. La verdad es que los reyes de España se mostraron
siempre muy inconsecuentes con sus representantes en América y se dejaron
influenciar de las cartas acusatorias que desde acá enviaban a los monarcas,
género epistolar al que eran muy dados los españoles residentes en Lima. Por
otra parte, los deportados del Perú a la península no desperdiciaron la
oportunidad para desprestigiar ante el trono, al virrey marqués de Cañete al cual hay que
reconocer el haber sentado las bases para una real pacificación de estos
agitados dominios.
Como
reemplazante del marqués de Cañete, el rey de España envió a un cortesano sin
dotes de gobernante. Era este don Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de
Nieva, que según Mendiburu desembarcó en Paita en
1561, desde donde envió comunicación al marqués de Cañete dándole el
tratamiento de señoría y obligando a que los demás hicieran lo mismo, cuando lo
que le correspondía era el de excelencia.
Es
decir, se repitió el episodio que también tuvo como escenario Paita cuando al
llegar al Perú el virrey marqués de Cañete regateó tratamiento a los
cabildantes de Lima. En esa época esos asuntos eran muy tenidos en cuenta.
Don
Ricardo Palma, considera que la descortés comunicación del conde de Nieva fue
enviada desde Panamá y el padre Vargas Ugarte no menciona el desembarco del
nuevo virrey en Paita, y señala que desde Mantas en Ecuador, se dirigió por mar
hasta Trujillo en donde desembarcó.
El
conde de Nieva llegó a Lima al poco tiempo de haber fallecido su antecesor. Don
Ricardo Palma en la tradición “Pronóstico Cumplido” asegura que el marqués de
Cañete antes de morir dijo: “mala muerte tendrá Nieva”
Gracilaso de
Durante
el gobierno de Nieva fue fundada la ciudad de Saña que pronto adquirió
prosperidad y esplendor hasta que fue destruida por el desbordamiento del río
del mismo nombre
El
virrey había llegado con su hijo y una gran cantidad de cortesanos
comprometiéndose en negocios pocos limpios. En esto se diferenció con su
antecesor que fue muy honrado y murió
pobre, habiendo utilizado el marqués de Cañete, a su hijo, don García, joven de 22 años, para
pacificar el convulsionado Chile.
El
conde de Nieva fue venal, codicioso y coimero. A eso se unió una conducta
privada sumamente desordenada. Se aseguraba que cortejaba a muy distinguidas
señoras y en especial a su prima doña Catalina López de Zúñiga, esposa de don
Rodrigo Manrique de Lara. El la noche del 20 de febrero de 1564, el virrey fue atacado y
quedó muy mal herido, al tratar de escalar el domicilio de doña Catalina,
falleciendo a las pocas horas.
Con
este eran ya cuatro los virreyes que morían y uno más sin siquiera haber salido
de España.
Durante
su gobierno apareció en Lima la lepra entre los negros esclavos, por cuyo
motivo se fundó en 1563 el hospital de San Lázaro. Sin duda que los infelices
esclavos ya traían el mal desde África y lo propagaron por el Perú, en donde
hubo gran alarma, que alcanzó a Piura en donde había no pocos esclavos.
El nuevo gobernante reemplazante de Nieva, rompería la racha fatal, pero no vendría como virrey. Era el licenciado Lope García de Castro.
El rey Felipe II no quiso enviar al Perú otro
virrey. Ya muy malos resultados había tenido con los cuatro anteriores por una
u otra razón. En esta oportunidad sólo mandó a un gobernador que fue el
licenciado Lope García de Castro, que resolvió echar tierra en la investigación
en el asesinato del conde de Nieva y se aprestó a realizar un gobierno
pacífico, lo cual logró.
En
su tiempo se creó
El
gobernador llegó al Perú el 11 de agosto
de 1564 y al igual que sus antecesores, desembarcó en Paita, en donde sólo tuvo
un breve tiempo para proseguir su viaje a Lima.
Uno
de los hechos más importantes de su gobierno fue la creación de los
corregimientos.
Antes
se había dado impropiamente este nombre a los gobernadores políticos de algunas
importantes ciudades.
Eran
sub-divisiones político-administrativas de
Inicialmente
fueron 11 pero con el tiempo fueron creciendo y ya en 1780 eran 52. Equivalían
a provincias.
La
capital del corregimiento era la residencia del corregidor, funcionarios que
eran nombrados por el rey y cuyo mandato
generalmente duraba tres años. En Piura hubo sin embargo corregidores que
gobernaron varios períodos seguidos.
El
corregidor era un mandatario casi absoluto en su circunscripción lo cual fue motivo de que se
tornaran abusivos y despóticos.
Tenía
a cargo todos los asuntos de la administración, política, recaudación de
impuestos, administración de justicia y hasta la presidencia del cabildo.
Los
primeros corregimientos fueron Piura, Cajamarca, Saña, Chiclayo, Ica, Huamanga, Huancavelica, Cuzco, Andes del Cuzco, Collaguas y Arequipa.
El
de Piura se llamó: Corregimiento de San Miguel de Piura con sede de gobierno en
Piura. Se crearon tenencias de corregimientos en Ayabaca, Huancabamba, Paita,
Tumbes, Motupe y Frías.
Como
se puede apreciar, la importante ciudad de Trujillo no fue sede de
corregimiento y sí se consideró a Saña recién fundada. Igual Ica. También Piura mereció esa distinción no obstante ser
una población completamente decadente que se estaba despoblando rápidamente.
En
septiembre de 1569 llegó a Paita el quinto virrey del Perú, don Francisco de
Toledo. Tenía 52 años de edad y era soltero. Estaba destinado a permanecer doce
años en el Perú y ser el primer virrey que no moriría en estas tierras.
Toledo
encontró a Paita casi despoblada. Los pocos españoles que ahí se radicaron
habían emigrado por la dificultades de obtener agua
potable, pues tenían que conseguirla algunos kilómetros más al norte, en la
desembocadura del río Chira. Tampoco había indios en las inmediaciones y el
tráfico marítimo era reducido, no obstante su espléndida bahía y ser un lugar
obligado para el desembarco de los grandes funcionarios del virreinato.
Toledo
era de la opinión de que Paita debía de poblarse y para lograr tal objetivo dio
diversas disposiciones. Desde entonces y para perpetuar su nombre, dispuso
Toledo que el puerto se llamase San Francisco de
En
Paita Toledo decidió seguir su continuar su viaje por tierra, con el fin de
conocer las comarcas del norte en su recorrido.
A
Piura la encontró también despoblada. Los vecinos consideraban que el clima era
malsano y los abundantes mosquitos ocasionaban enfermedades a los ojos. Los
españoles emigraron a la parte media o baja del valle del Piura o a las
ciudades de Loja y Cuenca que habían sido fundadas recientemente y gozaban de
gran prosperidad.
Don
Ricardo Vegas García, en su libro del
Cabildo expresa que “cuando don Francisco Toledo, hizo en 1570 su visita
a Piura, dejó orden para que se hiciese en el río de Catacaos (era el mismo río
Piura pasando por Catacaos). una presa que llaman Tacalá.........
por ser ese lugar tierra tan buena”....
para que ahí se recogiesen los españoles que andaban diseminados por los valles
que hay de ahí hasta Trujillo
Es
posible que tal disposición en realidad la diera Toledo en 1569 al llegar al
Perú y pasar por San Miguel de Piura, por que el 30 de noviembre de ese año
llegaba a Lima y se entregaba de lleno a la tarea de documentarse y escribir al
rey, dándole informe pormenorizado del estado de cosas existentes y de la
actuación de los virreyes anteriores.
Fue
así como el 8 de febrero de 1570 hace al rey un relato crítico de la forma de
cómo actuaron los hombres que tuvieron las riendas del poder en el Perú desde
Francisco Pizarro.
El
2 de marzo escribía al Consejo de Indias, refiriéndose a la forma cómo se podía
atender a tanto pretendiente que reclamaban predios y recompensas por servicios
prestados a la corona durante la conquista.
El
31 de mayo de 1570 informaba al rey de haber nombrado como escribano de
Trujillo a don Diego Muñoz y pedía confirmación del nombramiento.
El
10 de junio mandaba nueva carta al rey, que era otro amplio informe sobre
asuntos de gobierno y se refería a las visitas que proyectaba realizar a todo
el país. Todas estas cartas se hicieron en Lima.
En
octubre de 1570 el virrey salía de Lima en compañía del capitán Martín García
de Loyola y numerosa delegación con dirección a Jauja y luego pasó al Cuzco,
Estando en Charcas, escribió al rey el 30 de
noviembre de 1573 de que se habían dado por terminado las visitas a San Miguel,
Quito, Guayaquil y Chachapoyas.
Por
todo esto, Toledo no pudo estar en Piura en 1570.
Durante
el dilatado gobierno de Toledo, se organizó totalmente el virreinato por cuyo
motivo se le llama el Solón Peruano. Las ciudades
prosperaron –con excepción de Piura- y Lima llegó a tener 120,000 habitantes.
Se intensificó la explotación de la minería, sobre todo de los fabulosos
yacimientos de plata de Potosí y azogue de Huancavelica.
El
año 1570 se establece
León
Pinedo en su obra “El paraíso en el nuevo mundo” relata que en la ciudad de
Piura –de Monte de los Padres- se presentó una plaga de ratones que hizo gran
daño a los cultivos.
El
cura vicario hizo rogativas y exorcismos para alejar a tan dañinos roedores sin
lograr nada. Ante tal situación, considerada como contumacia y resistencia, el
cura Pedro Bravo Verdasco, resolvió iniciarles
proceso, y para que nada faltara y no se alegara abuso y que el acto tuviera la
seriedad del caso, se les nombró un defensor de oficio y luego se dictó
sentencia, de acuerdo a la cual los ratones debían retirase del lugar en un
plazo corto que les fue señalado.
Los
españoles de la conquista y del coloniaje eran muy dados a los procedimientos y
legalidades formales y de eso se contagiaron los indios, que también se
entregaban a largos y tediosos litigios por quítame esta paja.
Demás
está decir que los ratones hicieron caso omiso de la sentencia y que siguieron
haciendo de las suyas como si nada
hubiera pasado.
Ya
no quedó entonces más recurso al cura Pedro Bravo, que dictar excomunión mayor
contra los roedores, la cual se expidió al término de una misa dominical.
Dice
la tradición que los ratones súbitamente abandonaron los cultivos y se
arrojaron al río desapareciendo en la corriente
Hechos
de esta naturaleza se han producido en algunos lugares en otros continentes, no
sólo con ratones sino con otros animales que al reproducirse en gran número,
deciden salir bajo el comando de un guía o jefe, el que sin mucha prudencia los
lleva a veces a lanzarse a una correntada o a un precipicio en lo que parece
ser un suicidio colectivo.
Por
otra parte, el abrir juicios por hechicería, o artes diabólicos o posesión
infernal, a los animales; en Europa era
frecuente en
El
padre Miguel Justino Ramírez Adrianzén, en su obra “Huancabamba” transcribe una
interesante información de don Juan López de Velasco que “Geografía y
Descripción Universal de las Indias”, del año 1574 al referirse a los
repartimientos de la ciudad de San Miguel de Piura, da lo siguiente:
Repartimientos
y pueblos de indios de esta ciudad:
|
Huancabamba |
Motripemos |
Paita |
Máncora |
|
Caxas |
Cala |
Sechura |
Catacaos |
|
Serrán |
Xayanca |
Chira |
Isonto |
|
Ayavaca |
Piura |
Motape-Solana |
La mita de Catacaos |
|
Olimos |
Malingas |
Bitonera |
Chumalaque |
|
Penachepo |
Socolán |
Guarua |
Paivor |
|
Ochos |
Catacaos |
Paita |
Sechura |
|
Copiz |
Maricabelica |
Silla |
Colán |
|
Xayanca |
Colán |
Tumbes |
Catacaos |
|
|
Tangarará |
Parina |
|
Desde
que Pizarro estuvo en Piura, repartió tierras y encomendó indios. Durante
Como
se puede apreciar, algunas nombres de localidades ya no existen, ya sea por
haber desaparecido esas poblaciones o por tener otras denominaciones. En otros
casos los toponímicos han experimentado ciertas modificaciones. En determinados
lugares hay hasta dos repartimientos.
En
nuestro edición anterior, “La conquista
de Piura”, nos hemos referido a como Francisco Pizarro, sin tener plena
autorización, repartió tierras y encomendó indios en 1532 entre los vecinos que quedaron en
Piura
Cuando
se repartía tierras, en forma simultánea, se encomendaba indios para que las
trabajaran, y fue así como se terminó con la organización política, económica y
social del Imperio Incaico
De ese modo, cientos y
hasta miles de hombres de una o más parcialidades que debían de pagar tributos
y hacer el servicio personal, cayeron bajo el control de los conquistadores
encomenderos
El tributo se podía pagar
en dinero, en especie y hasta en trabajo, lo que fue permitido por las leyes
hasta 1596. Los repartimientos comprendían uno o varios pueblos, a veces hasta
10 o 12. Uno de ellos se consideraba como centro del repartimiento. Los
españoles y sus familias estaban prohibidos de vivir en los repartimientos,
pero eso fue burlado para lo que se construyeron centros administrativos que en
realidad eran viviendas temporales de los encomenderos. Esos locales con el tiempo fueron las llamadas casas hacienda
El trabajo obligatorio que
los indios debían de prestar, cuando menos 120 días al año (1/3 de año) se hacía por turnos. Se le
llamaba rnita y podían ser para trabajos en minas,
obrajes o en la agricultura y ganadería, Toledo reglamentó el trabajo de los
mitayos, y dispuso que ganasen salarios, pero eran totalmente miserables. Los
hijos menores de lo indios y sus mujeres trabajaban en los valles piuranos como
pastores. Si un animal se perdía, sometían al indio marido a castigos fuertes y
quedaba endeudado hasta pagar el valor de los animales perdidos. Se trabajaba
de sol a sol bajo el mando despótico de mayorales que eran mestizos o indios.
Estos se convertían en verdaderos puñales contra los de su raza
Los repartimientos primero
y más tarde
De
todos modos, los indios preferían el trabajo del yanaconaje
al de vivir en reducciones y era frecuente que las dejaran para ir a vivir en
los repartimientos
En
1536, cuando el número de españoles que vivían en el Perú era más o menos 2.000
había 500 encomenderos y posteriormente
En 1561 habían en el
corregimiento de Piura, 22 Repartimientos de los que 4 existían desde los
tiempos de Pizarro, y eran: El de Guancabamba (sic)
otorgado en encomienda al capitán Diego Palomino. El de Ayabaca que se dio a
don Diego Núñez Vaca; el de Copis que se otorgó a don
Diego Bustamante; y el de Pariña, Máncora
y Catacaos que se dio a don Alfonso Rangel
El virrey de Cañete dio o
confirmó los repartimientos que favorecieron a Juan de Saavedra en Caxas, a Gonzalo Grijera también
en Caxas y en Serrán. A
Juan Cortés, se entregó Olmos, Penachí y Poechos. A Suero de Cangas se le dio Motupe, El repartimiento de Jayanca fue entregado a los encomenderos Alonso Carrasco y Luis del Canto. El repartimiento de Piura y Malingas a Gonzalo Alonso; Don Diego López
tuvo Socolán y Catacaos. Don Juan Méndez obtuvo
Marcavelica y Colán. Al capitán Francisco de Lucena se le confirmó Tangarará, Paita y Sechura. A la
esposa de Gonzalo Farfán de los Godos se dio el repartimiento del Chira. A don
Pero Gonzáles del Prado se le entregó los repartimientos de Motupe. Solana, Bitonera, Guaura, Paita y
Este
mapa de Diego Méndez, confeccionado sólo 42 años más tarde de la fundación de
San Miguel, la primera ciudad de esta parte del continente sudamericano, es
sumamente interesante.
Ante
todo, en 1574 existía en el Chira una ciudad que se llamaba San Miguel, aparte
de otra llamada Piura. Es decir habían dos pueblos
diferentes. El primero fundado por Pizarro y el segundo por Almagro.
Algo
que también asombra es la existencia de tan gran cantidad de ciudades y de
pueblos que se formaron en tiempo tan corto. Hay por otra parte poblaciones que
ya han desaparecido y otras, cuyo nombre
ha evolucionado un tanto.
Por
esa época ya se tenía una idea bastante aproximada del perfil del litoral, de
los ramales de la cordillera de los Andes y de la ubicación de ríos y ciudades.
Por lo tanto, el traslado
de Piura
Es
decir que no hubo un único asiento en el Alto Piura, sino que tras ubicarse originalmente
en el pueblo indígena de Pirhua, se traslada unas cuatro
leguas más al sur, esto es, unos 17 kms, lo que sería
un punto ubicado al sur de la ciudad actual de
Morropón, en las proximidades del caserío
Otros 14 años más
estuvieron los antiguos piuranos en Monte de los Padres.
En 1571 el corregidor de
Loja, capitán Juan Salinas de Loyola hizo una relación geográfica de Loja,
Quito, San Miguel y Jaén de Bracamoros, que presentó
ante el rey de España. El relato es bastante descriptivo, pero también presenta
a Piura como una ciudad en total
decadencia; a tal punto que pretendió su
anexión con todos sus términos, a su gobernación de Yaguarsongo
En 1574 y 1575, cuando la
sede del corregimiento se había ya trasladado a Payta,
se presentó el fenómeno de El Niño con gran fuerza, lo que motivó que los pocos
pobladores que aun quedaban en Piura
En 1578
En el año 1575, el
traslado ya se había producido, pues con fecha de 3 de marzo de ese año, el
alcalde Gonzalo Prieto Dávila despachaba desde San Francisco de
Por el año 1560, gobernaba
el virreinato el segundo marqués de Cañete don Andrés Hurtado de Mendoza y Piura
Entre Marzo de 1561 y el
20 de Febrero de 1564, gobernó el Perú el virrey conde de Nieva, y como consecuencia
de la trágica muerte de este,
El
último acuerdo celebrado por
Don Víctor Eguiguren, habla sobre una carta -y
no sobre el informe- que el Oidor Salazar envió al rey, en la que decía:
"Estando yo por oidor de los Reyes, mudaron la ciudad (se refiere a Piura)
cuatro leguas más abajo y estuvieron allí unos dos años; íbales
peor de salud y se han tornado a la primera población. junto
a un río, en un alto" De acuerdo al historiador Miguel Maticorena,
también decía Salazar: "Está junto a un río pequeño, hay una Iglesia
parroquial. Un monasterio solo de N. a S. de
Posteriormente don Lope
García, escribía al rey: “: La ciudad de San Miguel de Piura,
por ser tan malsana, poco antes de que yo llegara a estas tierras,
se había mudado a otro sitio, muy más enfermo que el primero y volvió ahora al
antiguo sitio". Como ya hemos dicho, don Lope llegó al Perú en agosto de
1564, esto hace suponer que las mudanzas fueron entre 1562 y 1564
En
setiembre de 1569 El virrey Toledo desembarca en Paita y luego visita Piura y
concibe la idea del traslado de ésta al puerto
En 1996 se
publicó un libro titulado "Tambogrande y
El conquistador español
Juan Salinas de Loyola empieza a destacar en la lucha contra la rebelión de
Manco Inca. Luego intervino en la guerra civil de los españoles a favor de los
Pizarro, pero tuvo el tino de separarse a tiempo de Gonzalo Pizarro para unirse
a
En 1948 en el Anuario
Lambayeque-Piura editado por don Víctor Arena Pérez, aparece un fragmento de
Posteriormente, en el Suplemento de
Podría suceder por lo tanto que en el
archivo del extinto historiador Urteaga haya había
una confusión.
Es interesante
esta primera respuesta, pues aún llama Pirú al Perú y no se refiera a la
fundación de Piura sino a que fue poblada. Luego dice: "está poblada en un
valle que se dice Piura, que es su propio nombre y no tiene significación"
Dice Salinas de Loyola que los
términos de la ciudad, es decir su jurisdicción, o límites, son por el Norte la
ciudad de Santiago de Guayaquil, por el Sur con la de Trujillo, por el Este con
las ciudades de Loja, Valladolid y Jaén. Su
largo lo calculaba en 60 leguas y su ancho de 30. Al referirse al mar, dice que
hay corrientes, pero no huracanes ni tormentas. Se navegaba a Panamá y
En el litoral piurano dice hay dos
puntas, que son Cabo Blanco y Punta Aguja, que hay que doblar con cuidado. En
los términos de la ciudad de Piura hay dos puertos que son Tumbes y Payta, al cual pocos navíos dejan de entrar, ya sea, de ida
como de vuelta. De Payta
dice que era muy buen puerto y muy grande donde se podían acomodar mil navíos, muy
seguros
El sitio y valle done esta la ciudad
es muy caliente, por estar a 25 leguas del mar y no llegarle los vientos. El
aire que corre es poco, delgado y sin nieblas. Asegura Salinas, que en la costa
hubieron muchos bancos de perlas grandes y hermosas,
que los indios han ocultado. Generalmente el cielo está muy claro y sereno,
salvo cuando llueve lo que es pocas veces.
Algunos años suelen llover aguaceros recios y tiénese
por dañoso y enfermo cuando llueve.
Se refiere a las enfermedades de los
ojos y que muchos naturales estaban faltos de la vista y con nubes. Que también
habían calenturas. Unas y otras, no son contagiosas,
según Salinas. Para curarlas, se usan purgas y sangrías como
España y para los ojos, aguas. Se aprovechan gran cantidad de yerbas que
abundan en la sierra
En
la ciudad, en el valle y en el resto de sus términos hay mosquitos que dan
fastidio y en algunas partes víboras y culebras que hacen poco daño
La ciudad está en los
llanos, próxima de una loma y cerca ella hay muchas serranías. Hay muchos
algarrobales y todo género de frutas. La tierra del valle es la arenisca, pero
la sierra es muy peñascosa y de mucha pedrería, muy dura. A la vista de la
ciudad hay minas de plata y de oro, que inicialmente se explotaban, pero los
costos resultaron muy altos. En cambio hay salinas, de mucha y muy buena
calidad sobre todo cerca de Payta, de donde se sacan
peñascos de sal.
En los términos de la
ciudad, dice Salinas, hay tres ríos, el de Tumbes, el que dicen de Maricabelica, que son caudalosos y no se pueden vadear sino
en tiempo de gran seca y se atraviesan con balsas. “Hay otro cerca de la dicha
ciudad que se dice Paburo, que en invierno tampoco se
puede vadear y todos dan sus aguas al Mar del Sur (Salinas se refiere al río
Piura, que en el sector alto llamaban río Pabur). En
las tierras ásperas los ríos van muy corrientes, hacen raudales, y en lo llanos
van quietos y mansos, y en algunos lugares son navegables en canoas
Todos los vecinos tienen huertas con
árboles de frutas de España y del lugar y también hay molinos
No hay lagunas, pero si hay ciénagas
cuando los ríos en invierno se salen de la madre. Los árboles que hay más cerca
de la ciudad son los algarrobos, y tienen madera que se aprovecha, por recia e
incorruptible, también hay cedros, pero lejos de la ciudad, en la sierra. Hay
abundancia y todo genero de frutas como membrillos, uva, manzanas, higos,
agrios y rosales.
Hay un ingenio en la ciudad y con las
frutas hacen conservas. Todos los árboles traídos de España y que se han
plantado, se dan muy bien. Hay toda clase de yerbas medicinales como en España.
La tierra es fértil y se cultiva trigo y maíz El trigo de mejor calidad que el
de España. . La cebada sufre daño por los venados y puercos monteses, lo que
obliga a cercar los terrenos. Hay sombríos de lentejas, garbanzos, melones
pepinos, berenjenas y toda clase de horta1izas. Las flores de olor, son que se
trajeron de España. Dentro de los términos de la ciudad hay tigres que hacen
daño a los naturales, lagartos o cocodrilos en los ríos y si se descuidan
pueden hacer daño. Hay osos, puercos monteses y venados. Hay ganados de la
propia tierra como ovejas (así denomina a las llamas) cuyo precio es igual al
de una vaca y superior al de cabras y puercos. Hay vacas y puercos cimarrones.
En los campos hay pavas bravas, así como ánades, palomas torcazas, tórtolas,
perdices y pájaros de todo género. Las gallinas que llegaron de España se crían
por todas partes en gran cantidad. Hay pescado muy bueno de río y de mar, como
lisas, sardinas tollos y otros. Hay abejas de miel, que se crían muy bien y no
pican. También hay avispas, moscas mosquitos y arañas pero no son ponzoñosas.
Los caminos son muy seguros y no hay
riesgo. No hay ni salteadores, ni fieras. La ciudad fue antes poblada en un
sitio que se decía Tangarará y por ser muy enferma,
en especial de los ojos, se mudó y pobló a donde ahora está. En Tangarará hubo treinta vecinos que tuvieron repartimientos
de indios. La ciudad al presente está en gran disminución, por haberse
consumido y acabado la más parte de los naturales. Los vecinos que actualmente tienen
repartimientos son dieciséis. De los que primero poblaron y conquistaron, no
hay ninguno, pues todos han muerto y los que ahora tienen encomienda, algunos
son por sucesión. Todos los vecinos se precian de tener armas y caballos,
aunque no por necesidad por que no hay enemigos. No hay en la ciudad quien goce
de merced ni entretenimiento de la hacienda real más de solamente los que
tienen encomienda de indios. Hay mercaderes aunque no de mucho caudal. La
manera de vivir son las contrataciones de mercadería, la cría de ganado y las
labranzas, los algodonales, y el ingenio de azúcar. Fuera de la ciudad no hay
españoles, salvo los que andan ocupados en sus crianzas y labranzas. Las
autoridades han tenido particular cuidado en ejecutar la cédula de Su Majestad,
sobre los casados que tenían mujeres ausentes y al presente no hay ninguno.
Las justicias que hay en la ciudad
son, un corregidor, y dos alcaldes ordinarios, un alguacil mayor y menores y
regidores y oficiales de Su Majestad. El salario del corregidor es mil pesos,
los oficiales doscientos. Los cargos son proveídos por los virreyes. No hay día
señalado para los mercados. Andan recuas y carretas de Payta
a la ciudad, que traen mercaderías y cosas necesarias. El puerto de Payta está poblado en la misma playa a 25 leguas de la
ciudad. Entre ambas, la tierra es muy llana y parte con arenales y valles.
La traza de la ciudad es una plaza en
medio y della salen ocho calles y por ellas cuadras
de solares de a ciento ochenta pies cada un solar en cuadra y cada cuadra tiene
cuatro solares. las calles de ancho a treinta pies y
por ser el pueblo pequeño, lo son también las calles y no con los nombres que
acá se acostumbran. Podrá haber hasta cien casas, pocas más o menos, y los
materiales con que están edificados son, los cimientos de piedra y los demás de
adobe, y tapias, y cal, y ladrillo, y las cubijas de paja, como llueve poco; y
que antes van a disminución que no en crecimiento, por las causas que tienen dichas,
aunque los edificios se mejoran. Todas las casas son de calidad. Hay casas de
ayuntamiento y carnicerías de los materiales y edificios de los demás.
Como no se usan arnas, no hay
oficiales para ellas. En los caminos reales y en todas las poblaciones de
indios hay caseríos y aposentos que sirven de alojamiento para los que caminan,
con precios puestos por las autoridades y es obligación de los naturales comarcanos que los tengan poblados y proveídos.
En lo religioso pertenece al obispado
de Quito. En la ciudad hay una Iglesia, suficiente, trazada y edificada con los
mismos materiales de las casas, se edificó al principio cuando se pobló la
ciudad. Hay también un Monasterio de
Dentro de los términos
de la ciudad hay tres naciones de naturales diferentes en el habla y en los
nombres. Y
cada una tenía sus provincias por si y territorios y límites. ( Se refiere al Sec hablado en
Colán, Catacaos y Sechura, que tiene algunas
diferencias, sobre todo con Sechura). No se podían
entender una con otra sin intérpretes, que contrataban. En cuanto a
repartimientos de indios, el que más da será de hasta cinco mil
pesos. El
número de indios que pueden haber dentro de los términos de la ciudad pueden
ser 12.000 y en los más pueblos van en disminución, por ser tierra enferma y
haber sido el paso de todos los españoles que iban al Pirú. Eso ha obligado a
la congregación de los naturales porque antes estaban desparramados en barrios
y ahora en pueblos trazados por orden de los españoles, con traza de plaza y casas
y viven en policía. En la ciudad no hay poblados de naturales, sino que los
naturales están en sus propias poblaciones y tierras desde donde los obligan a
que vayan a servir a la ciudad para sustento de ella, repartidos a prorrata por
cantidad entre ellos para que sea moderado el trabajo y se reparta entre todos.
Los indios naturales de la
sierra son muy bien agestados, de buen entendimiento y policía, en lo cual
tienen mucha ventaja con otras naciones que son yungas de la costa. Casi todos usan el
mismo hábito (vestido) que antiguamente usaron y les está mejor que el de
España, que algunos han usado, de lo que generalmente se aprovechan las
alpargatas, zapatos y sombrero. Las camas son colchones de algodón y ropa así
mismo de algodón
La
adoración que tuvieron fue al sol y muchas huacas y
adoratorios que ofrecían y hacían sus sacrificios y ceremonias, lo
que al presente, si no es oculto y secreto, no 1o usan por miedo del castigo
que les ha dado a entender, que se les dará si lo hacen. Hay muestras de cristiandad
entre ellos y reciben la doctrina con voluntad. Usan sus fiestas, bailes y
regocijos, comiendo y bebiendo juntos y emborrachándose.
El cronista se refiere también al uso de los
quipus más entre las gentes de la sierra que entre los llanos. La cuenta de los
meses las hacen por las fases de
Las casas
de los serranos son diferentes a las de los yungas por las lluvias. Son más
recias y abrigadas y de mejor cobija. Sobra la madera para unos y
otros. Los de la sierra, los bienes que más tienen en estima son el oro y la plata, ganados y ropa
y heredades, que suceden entre hijos, hermanos o sobrinos. Usan pocas alhajas
en sus casas y usan muchas vasijas, ollas y cántaros para sus
brebajes y comidas. En cada uno de los pueblos indios tienen sus corporaciones
para sus contrataciones, trocando unas cosas por otras o con oro y plata, para
lo cual tenían antes sus pesos y medidas diferentes a las nuestras, que han dejado
y usan ahora las nuestras.
Los pleitos que hay entre los
naturales, como son de poca sustancia, se determinan sumariamente y los demás,
verificándose la verdad entre las partes, por tinta y papel por la orden
judicial. Los delitos se castigan de acuerdo a las leyes de España, aunque con
alguna remisión, teniendo atención en la incapacidad de los naturales. No es
gente que tiene en mucha estima la honra, así reparan poco en los términos de
ella, sienten el castigo cuando se hace en las plazas públicamente azotándolos
o trasquilándolos. En todos los pueblos de los naturales hay iglesias donde se
celebra el culto divino y los congregan y juntan para darles la doctrina y
enseñarles las cosas de nuestra Santa Fe, las cuales iglesias o monasterios
obligan a los naturales de cada pueblo que lo hagan. En cada pueblo o provincia
de acuerdo a las posibilidades de ellos, hay sacerdotes, pagados por los
encomenderos.
Los sacerdotes y clérigos de los
pueblos, son muy venerados y respetados de los indios y los sirven en lo que
mandan, y para el sustento de ellos contribuyen con la comida que esta señalado
como tributo.
Hay
pocos mestizos en la ciudad y tienen habilidad para cualquier cosa. Los vecinos
de la ciudad para servicio tienen negros y negras, y para las labranzas y
crianzas e ingenios de azúcar, y los nacidos allá (en Piura), no difieren de
los padres idos de acá. El precio por ellos es de doscientos cincuenta y
trescientos pesos, siendo buenos. Aunque ha habido algunos negros cimarrones e
huidos, no se ha podido sustentar, porque los indios naturales, por el daño que
de ellos reciben, los espían y descubren y prenden y también por el interés que
de ello les sigue que por las Ordenanzas dan diez pesos al negro huido que
fuera prendidos. La ordenanza dispone un buen tratamiento para los negros y los
castigos para los que fueran prendidos
A
pesar de todo lo que se ha dicho del despoblamiento de la ciudad de Piura, en
1570 tenía 100 vecinos, de los cuales 23 eran encomenderos, es decir una mayor
cantidad que la próspera Saña, igual a
los que tenía Trujillo y ligeramente inferior al número de encomenderos de
Lima. Poseía además, iglesia, monasterio, hospital, cárcel y locales para la
gobernación el cabildo.
La
ganadería es bastante próspera y funcionaba un trapiche para la elaboración de
azúcar, servido por una gran cantidad de esclavos, pero este cultivo favorecía
la plaga de zancudos portadores del paludismo. Las lluvias y la creciente de
los ríos frecuentemente aislaban a la ciudad y había una plaga permanente de
mosquitos lame ojos, que motivó en los españoles males visuales, por tal motivo
se volvieron muy devotos de Santa Lucía y tan luego se afincaron en el valle
del Chilcal, una de las primeras obras que
emprendieron, fue la construcción de una capilla a Santa Lucía, en lo que ahora
es la avenida Grau.
Por
un Breve dado por Su Santidad el Papa Gregorio XVIII, se creó el 15 de junio de 1577 el obispado de Trujillo,
habiendo actuado como procurador don Hernando de Cevallos, el mismo que fuera
también procurador de San Miguel de Piura, para obtener el escudo de la ciudad.
Sin
embargo, pasaron casi cuarenta años para que fuera nombrado el primer obispo y
fue con tan mala fortuna que cuando pasaba el barco por Paita, falleció. El que
a continuación fue nombrado llegó a asumir el obispado, pero también fue
perseguido por la fatalidad, pues en 1619 un violento sismo destruyó la ciudad y
muchos decidieron trasladar el vecindario a Lambayeque y Saña; siendo el más
empecinado en salir a Lambayeque, el obispo, que murió poco después de susto.
Al
crearse el obispado de Trujillo, el corregimiento de Piura pasó a integrar esa
jurisdicción eclesiástica, separándose del obispado de Quito al cual había
pertenecido antes.
El
obispado de Trujillo comprendía 10 provincias que eran: Piura, Jaén, Saña,
Luya, Chillaos, Chachapoyas, Cajamarca, Conchucos, Pataz y Santa Cruz.
Según
una información de Cosme Bueno, que transcribe el escritor Carlos Chávez
Sánchez en su obra “Los linderos de Piura”, en lo eclesiástico, la provincia de
Piura comprendía los siguientes curatos: 1.- Piura con sus anexos de
La
provincia de Piura había sido sede de corregimiento, más que todo por la jerarquía
que tenía San Miguel de Piura, reconocida como ciudad cuando se fundó en Tangarará, por
Carlos V y tener escudo nobiliario, a lo cual se agregaba el haber sido la
primera ciudad española fundada en esta
parte del Pacifico de América del Sur, Las primeras ciudades sudamericanas
fueron Santa Marta (1525), Santa Maria
Pero
en la práctica y sobre todo en lo que respecta a la conformación de su cabildo,
fue apenas considerada como una simple Villa.
Con
el traslado del gobierno a Paita, la sede del corregimiento correspondía a este
puerto, en donde apenas había unas cuantas chozas o viviendas de material
liviano. Esto fue el motivo que decidió posiblemente al virrey Toledo a
trasladar la sede del corregimiento a Loja y dejar en Paita sólo a un
teniente-corregidor.
Al respecto, Ricardo Vegas
García, en su obra “Libro del cabildo”, dice lo siguiente:
“Según
la relación del virrey Enríquez, que es de 1581, o sea cuando la población de
San Miguel de Piura estaba aún refundida en la de San Francisco de
Néstor
Martos, que tanto hurgó en el pasado de Piura, se refiere en su ensayo, de “Tangarará al Chilcal” que a
Felipe II se le hizo llegar una relación histórico-geográfico de varias
ciudades del Perú, entre ellas figuraba una descripción de la ciudad de San
Miguel de Piura, según Martos, el historiador Horacio H. Urteaga
conocía una copia de esa relación en la que trece páginas se dedicaban a Piura.
Según
ese relato la palabra Pirhua no tiene significación,
aún cuando en la lengua quechua era trojo o granero.
Martos consideraba que eso era una etimología completamente arbitraria. En
efecto, nada permite asegurar que Pirhúa nazca con el
imperio incaico. Es posible más
bien que fuera anterior.
La
narración a la que se refería Martos
decía que habían mosquitos que
daban gran fastidio y en algunas partes
víboras y culebras que hacían poco daño.
A
la ciudad se le describe como muy cálida a causa de estar a 25 leguas del mar y
no llegarle los vientos marinos, sino los calientes de los llanos.
Sigue
la narración en esta forma: “El sitio es enfermo. Los vientos de la sierra
cuando soplan son frescos y sanos. Pocas veces llueve. Los años lluviosos se
tienen por dañosos y enfermos. Muchos de los naturales hay faltos de vista y
con nubes. También hay calenturas que no son contagiosas. Se curan con puras y
sangrías y con aguas compasionadas (sic) para los ojos. Las ovejas cuestan un
peso y menos, las cabras medio peso, los puercos cinco y las vacas seis. Sólo
quedan dieciséis vecinos con repartimientos”.
Agustín
Zárate, dice que la región no era muy sana por causa de una enfermedad natural
de la tierra que da a los ojos, a los más que por ahí pasan.
Es
decir que de acuerdo a lo manifestado por el cronista, no sólo en la localidad
de Piura existía la dolencia a los ojos, sino en toda la región y era
contagiosa.
Por
tal motivo, una gran cantidad de tallanes eran tuertos o tenían nubes u otras
dolencias que les disminuyen la visión.
Por
ejemplo, Blas de Atienza, el primer alcalde del Perú, tuvo que trasladarse al
sur por que había quedado casi ciego, yendo a radicarse a Trujillo.
Enrique
de Guzmán relata el arribo de Toledo a Paita de la siguiente manera: “Halló el puerto casi desierto, no obstante
las ventajas que ofrecía su excelente bahía, pues la mayor parte de los vecinos,
parte por la escasez de agua, parte por la falta de indios y lo raro del
tráfico marítimo, habían emigrado. Toledo comprendió que convenía mantener
dicho puerto y dio orden para que se le poblase nuevamente. Desde entonces,
según parece, data el nombre que se le asigna en algunos documentos y
relaciones antiguas, esto es, San Francisco de
Hasta
aquí lo expresado por el historiador Enrique Guzmán. Palomino. Eso quiere decir que
fue Toledo el que se interesó en poblar Paita y lo hizo sin duda a expensas de
Piura, cuyos habitantes ya habían empezado a salir en gran número para
radicarse e Amotape, en la presa Tacalá y en el mismo
Paita.
Don
Ricardo Vegas García, en su escrito “El libro del cabildo”, relata que el
virrey Toledo en 1570 visitó la ciudad de Piura y que dispuso que en el río
Catacaos construyesen una presa que llaman Tacalá,
para irrigar una tierra muy fértil en donde pudiera hacerse una población, para
que en ella se recogiesen los españoles que andaban diseminados por los valles.
Cuando
se habla del río Catacaos se refieren al Piura en su curso bajo. Esa tierra era
desde antaño sumamente fértil. Desde esa época existió la idea de hacer en esa
comarca una nueva ciudad, pero la presa Tacalá se
construyó mucho más tarde, sobre la base de la que hicieran los tallanes.
Don
Ricardo Vegas dice que “estando Toledo en Potosí el 20 de marzo de 1573, le
envió una carta al rey en la que habla de Paita a 18 leguas de la ciudad de San
Miguel de Piura, lo que prueba que aún la ciudad seguía existiendo tras de
haberla visitado en
La verdadera Piura, estuvo
por lo tanto en la cercanía del cerro Pilón. En Sullana lo que se fundó fue la
ciudad de San Miguel en Tangarará; en el puerto
estuvo San Francisco de Payta de
Contrariando la opinión de muchos que
aseguran que el traslado del Corregimiento de Piura
En 1996, el sullanero
Coronel E.P. Jorge Barrantes
Arrese y otros historiadores entre ellos el
historiador piurano Dr. Miguel Maticorena Estrada,
editaron con el auspicio de
El libro contiene varios
interesantes temas. El Dr. Maticorena en sus temas,
"Yahuarsongo, Bracamoros
y el Cenepa entradas de Juan de Salinas de Loyola, el ex corregidor de
Piura" y "El Corregimiento de Piura en el Siglo XVI”, proporciona
información amparada en el Archivo de
El capitán Salinas de Loyola era una
persona muy ambiciosa, en un viaje que hizo a España, trató que le dieran el
titulo nobiliario de marqués y vasallos feudatarios, lo que no logró. En 1556
Salinas obtuvo del virrey Marqués de Cañete la gobernación de Yahuarsongo y Bracamoros, y para
darle un apoyo económico se dispuso la
anexión a Yahuarsongo de las ciudades de Loja, Zamora
y San Miguel de Piura; pero esto no duró, pues el nuevo Virrey Conde de Nieva
revocó la disposición y las cosas volvieron al estado de antes, es decir, San
Miguel de Piura siguió como sede de corregimiento.
En septiembre de 1569, llegó el
Virrey Toledo, y encontró que la capital del corregimiento llamado de San Miguel de Piura, era la ciudad de Piura, que era un pueblo muy pobre y sólo con 40
vecinos (según versión de Toledo). En documentos del 13 de Octubre de 1571 en
Piura
Pero lo más interesante es que el 13
de Junio de 1573 el Licenciado Gómez de Chávez ya figuraba en Paita como
corregidor y Justicia Mayor de San Miguel, Loja, Zamora, Jaén y Cuenca, es
decir San Miguel de Piura y 4 ciudades según un documento que obra en el
Archivo General de
Por lo tanto, ya en Abril
o Mayo de 1573 se había producido el traslado de la sede del corregimiento a
San Francisco de
El 11 de Diciembre de 1578, el capitán
Salinas de Loyola se encontraba tomando juicio de residencia por orden del virrey
Toledo al corregidor de Loja, Jaén y Zamora, don Francisco de Grado. Lo que
prueba que Loja era corregimiento aparte
A fines de 1582, el rey Felipe II que
apreciaba mucho al capitán Alfonso Forero de Ureña, por los grandes servicios que había prestado a la corona
en España, lo nombra como corregidor de San Miguel de Piura y de las ciudades
anexas de Loja, Zamora y Jaén. Era por lo tanto un nombramiento real, para un
corregimiento, que normalmente lo hacía el virrey. Posiblemente por eso el virrey
Martín Enríquez, se atrevió a desafiar las órdenes del rey, y sólo reconoció a Forero como corregidor de San Miguel de Piura, con sede en
San Francisco de
Los reyes de España concibieron la
idea de reunir, juntar o reducir en un solo pueblo, a una gran cantidad de los
pobladores que existían en los alrededores. Como ocurría siempre con las
disposiciones dadas por la corona, las reducciones, tenían aparentemente la finalidad
de evitar abusos contra los indios y hacer de ellos campesinos libres, velando
al mismo tiempo por su interés espiritual, ya que se suponía seda más fácil su
adoctrinamiento.
En las reducciones sólo podían vivir
los indios, los cuales generalmente disponían también de tierras de cultivo
cerca. Desde el principio, los mestizos y criollos y no pocos españoles
trataron de vivir en las reducciones para ejercer lucrativas actividades
comerciales. En 1646 se prohibió que gente blanca viviera en las reducciones.
Al respecto hubo muchos reclamos de hacendados que con sus familiares se
encontraban residiendo en los lugares donde tenían sus intereses económicos.
Los indios fueron trasladados en masa
a los nuevos lugares, sus aldeas quedaron despobladas, sus terrenos de cultivo
abandonados y sus chozas eran destruidas. Para las
reducciones se debían buscar lugares con buen clima, contar con pastos, tierras
de cultivo y bastante agua. También debían estar apartados de las huacas o santuarios indígenas para evitarles tentaciones a
los naturales. El trazado urbano era sencillo. Se designaba un lugar central
para plaza y en ella se ubicaba el cabildo de indios y
Al poco tiempo de llegar Toledo a Lima
emprendió un largo viaje de la sierra sur, para tomar conocimiento de la
realidad de los pueblos
Como no podía hacer lo mismo con la
parte norte del territorio, designó visitadores y fue así como nombró para
Guayaquil y Piura don Bemardino Loayza.
Los visitadores disponían de amplios poderes, y se les encargó de hacer las
reducciones de indios. Desde 1565, por disposición del gobernador Don Lope
García de Castro, había llegado a Piura, don Gregorio Gonzáles de Cuenca con el
fin de crear reducciones, pero se hizo nada concreto
En pleno viaje, Toledo dio una serie
de disposiciones u ordenanzas, entre las que incluyó
En lo que ahora es el departamento de
Piura, las dos primeras reducciones fueron las de Catacaos y Colán, Con ellas
nacieron las comunidades indígenas con propiedad sobre la tierra cuyo uso se
reglamentó, así como el funcionamiento de las Cajas de Comunidad que se crearon
y se determinó la linderación territorial y la
organización institucional de las comunidades, lo que plasmó una nueva
sociedad. Se reglamentó el pago del tributo y se determinó la función de los
Alcaldes de Indios. Fatalmente cuando las cosas se
llevaron a la práctica, se produjeron abusos inauditos en el cobro del impuesto y de] servicio
personal a los indios. Sólo los Cañaris y los Chachapoyas por haber sido
fieles aliados y colaboradores de los españoles fueron exonerados de ese
impuesto. En 1563 lograron también tal beneficio los huancas, por su contribución a la caída del imperio de los
incas.
Los indios de las reducciones y de
las comunidades, se encontraban en más bajo nivel social que los indios
acriollados que vivían en las ciudades, a los que se llamaban indios ladinos.
Con relación a la reducción de Colán,
Bernardino Loayza escribía Toledo, que había en el,
196 personas, de los 51 eran indios tributarios casados o viudos, y solteros de
18 hasta 50 años, 3 viejos de 50 años para arriba, y 43 mozos de 16 años para
abajo más 99 mujeres de todas las edades, y de los 51 indios tributarios
se saca uno para que sea cacique y los otros 50 debían de pagar en un año
200 pesos ensayados, de ellos 156 pesos y 2 tomines en plata y 56
tomines de plata ensayada en cien aves de Castilla, moderada cada una a 6
granos. Debe pagar cada indio, conforme a lo dicho cada año 3 pesos
y 1 tomin en plata y los 6 tomines restantes en 100 tollos y 1
aves de Castilla. Al sacerdote que los doctrinase, 49 pesos y 3 tomines en
plata ensayada los 38 pesos y 6 tomines en plata y los 10 pesos y 5 tomines en
50 aves y 1,000 tollos para la fábrica de la iglesia de los dichos indios...
así mismo se saca para el cacique ocho pesos de la dicha plata y otros 4 en 400
tollos y 16 aves de Castilla.
Desde los tiempos del virrey
Blasco Núñez de Vela, el cacique de Colán Francisco Achútiga,
el de Catacaos Lucas Cutivalú, el de Sechura Francisco Capullán y el
de Santo Domingo de Olmos, Domingo Copis habían
iniciado gestiones para que se reconociera la propiedad de las tierras de sus
curacazgos, por las que habían pagado al tesorero de Pizarro. Cuando llegó
Cuando se creó la reducción de
Catacaos, acumuló los tributos de doce pueblos que fueron: a) en el valle del
Chira;
La reducción de Colón contó
con los tributos de Colán, Guaura, Camacho y Bitonera (o Vitonera)
Durante la gestión de Toledo
se establecieron otras ocho reducciones que fueron: Máncora,
Sechura, Olmos, Ayabaca, Cumbicus,
Frías, Huancabamba y Salas-Penachí. Poco después se
crearon las reducciones de Paita, Tumbes, Motupe y Copis
La reducción de Sechura concentró los tributos de Sechura,
Los indios Guayacundos
de Ayabaca, fueron reducidos al pueblo de Nuestra Señora del Pilar de Ayabaca
que contaba con una población de 698 indios de los que 237 eran tributarios.
Era encomendero don Diego de Vaca Sotomayor
Los pueblos de Huancabamba, Sóndor y Huarmaca, fueron
reducidos al pueblo de San Pedro de Huancabamba, con una población de 1,257
indios y 377 tributarios. Tenía como encomendero al capitán Gaspar de Valladolid
y Aranda
En la época de Toledo, se
fundaron en el Perú 614 reducciones. En cuanto a las Reducciones del
Corregimiento de Piura, si bien es cierto habían sido ordenadas por el
visitador don Bernardino de Loayza, aún no se habían
cumplido en cuanto a
Gonzalo Prieto Dávila, era
encomendero de Narihualá y llegó a ser corregidor de
San Miguel del Villar de Piura. Con una india de Catacaos llamada Catalina Nyspay tuvo a su hijo Juan, que fue también encomendero
Un
antiguo documento tiene el archivo de la ciudad de Piura, en la que se menciona
la existencia de una capullana en el valle del Bajo
Piura, en tiempos del virrey Toledo.
Se
trata de una declaración hecha por el indio ladino Juan Chunga, con relación a
los repartimientos de los indios de Tangarará,
reducidos a las parcialidades de Sechura, que
reconocían como cacique principal y señora de dichos pueblos y de
Esto
sucedía en 1572.
Parece
que la referida cacica era una mujer de armas tomar, tal como las presenta la
tradición, pues en 1578 tuvo fuertes roces con el cura de Catacaos don Melchor
de Morales, terminando por desconocerle su autoridad y a la vez que incita a lo
mismo a los indios de su jurisdicción.
El
alcalde de San Francisco de Buena Esperanza de Paita, Ruy López Calderón
recibió la queja del religioso y tuvo que actuar en forma ponderada y prudente,
para hacer entrar en razón a la autoritaria cacica.
Dios
años más tarde este alcalde, tuvo un papel principalísimo en la fundación de la
nueva ciudad San Miguel del Villar.
El
escritor y literato cataquense Lelis
Rebolledo al tratar en un artículo sobre la comunidad campesina “San Juan” de
Catacaos, se refiere a capullanas, o cacicas del Valle del Bajo Piura, que
tuvieron mando en los primeros años de la colonia y del virreinato
Posiblemente
contemporáneas del cacique Lucas Cutivalú, fueron Ana
Mechato que estaba al frente de la parcialidad de Mechato y María Mecache que
lideraba la parcialidad de Mecano.
Posteriormente
María Temoche fue cacica de Catacaos y tuvo también
posesión de las tierras de Simbilá.
En
1649 Francisca Capanay, tenía bajo su control a Cucungará donde hoy se ha constituido el distrito de Cura Mori. Por ese año se encontraba ya desde hacía casi un
lustro, don Juan de Mori Alvarado en Catacaos y había
logrado que el capitán Carlos
Cuando
don Bernardino de Loayza visitó por orden de Toledo
el corregimiento de Piura, encontró que era cacica de la parcialidad de Piura
doña Isabel Capullana, la que en realidad se llamaba
Isabel Temoche, casada con Luis
de Colán, que era hijo del cacique de Colán. Doña Isabel que era cacica y
gobernadora, contaba en Sechura con 49 indios
tributarios, fuera de los de la parcialidad de
Tanto
Sechura como
Los
Temoche, en el Bajo Piura, al igual que los indios
Colán en Colán, constituyeron por muchas décadas, generaciones de caciques que
controlaban esos pueblos.
Durante el gobierno de
Toledo, hizo su aparición el primer corsario en las costas del Pacífico. Fue el
año 1578.
A partir de esa fecha y
durante todo el virreinato, se sucedieron los ataques a puertos y barcos, por
piratas y por corsarios ingleses, holandeses y algunos franceses.
El almirante inglés
Francisco Drake, tras de pasar el estrecho de Magallanes,
hizo su ingreso en el océano Pacífico. Atacó Valparaíso y Arica, y luego en forma
sorpresiva se presentó en la rada del Callao en la noche del 13 de febrero de
1579, haciendo presa del cargamento de varios barcos. Luego puso rumbo al norte
y atacó Zaña.
Mendiburu y el padre Vargas Ugarte, no mencionan que Drake hubiera atacado Paita, pero el escritor paiteño
Ricardo Pastor dice que Drake a la altura del cabo
San Francisco, captura al navío español “Caga-fuego” y bombardeó Payta y redujo a cenizas a la iglesia, al monasterio y a
los principales edificios de la ciudad. Pero el mismo escritor en un artículo
titulado “Historia y leyenda de la virgen de Las Mercedes del puerto de Paita”,
asegura que tanto el templo como el convento de
Sea lo que fuera, el hecho
cierto es de que Drake sí llegó a Paita y la atacó. En
el puerto tuvo conocimiento que un barco
cargado con barras de plata navegaba rumbo a Panamá. Así lo consigna el
“Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano”. Fue a la altura del Cabo San
Francisco en las costas ecuatorianas de Esmeraldas, que el barco fue alcanzado
y capturado con su tesoro. Se cuenta que Drake,
bromeando con el derrotado capitán español, dijo -que mas bien el barco
corsario debía llamarse “caga-fuego” y la nave española “caga-plata”- Drake siguió rumbo a California y de ahí se dirigió a las
costas de África, para luego retornar a Inglaterra lleno de riquezas.
Esto es, sin duda, la parte
anecdótica de la incursión de Drake, pues José del
Busto Duthurburu, en Historia Marítima del Perú, dice
que el barco capturarlo se llamaba “Nuestra Señora”, el que fue capturado
después que un disparo del barco corsario, le derribó el palo mayor,
imposibilitándolo de seguir navegando. En el barco se encontraron gran cantidad
de esmeraldas, perlas y joyas. En 14 baúles llenos de monedas, el valor
estimado era de
Drake tenía un origen muy humilde. Su familia vivía en un
viejo barco que estaba abandonado en una playa. Allí nació el futuro almirante
inglés. Su pariente John Hawkins
que era propietario de un barco y hacía negocio transportando esclavos negros,
lo inició en la vida del mar. Tras reunir un pequeño capital trató de trabajar
por su cuenta en comercio marítimo, pero los españoles detuvieron y confiscaron
el barco donde llevaba su mercadería, por lo cual juró odio eterno a los
españoles. Después siguió navegando.
El 13 de diciembre de 1577
partió del puerto inglés en Plymouth con cinco
pequeños barcos que le proporcionó la reina de Inglaterra. Al atravesar el
estrecho de Magallanes sólo logró salvar a uno, la nave capitana llamada “Pelican” al que cambió de nombre por el “Golden Hind”, con el cual
audazmente atacó Valparaíso y se
presentó ante el Callao donde capturó varios barcos. Luego siguió a Paita y en
su bahía capturó un barco, pero Busto Duthurburu no
menciona que haya bombardeado Paita.
Drake fue el primer inglés que dio la vuelta al mundo y al
llegar a Inglaterra fue recibido con honores por la reina Isabel.
Entre las muchas
disposiciones que dictó Toledo para el mejor gobierno del virreinato, hay una
en que señala los límites de las comunidades, lo cual sin embargo no ha
impedido que por siglos las comunidades tengan litigios entre sí, con
hacendados o con los municipios, por la posesión y linderación de las tierras.
Toledo reconoció como legal
todo lo hecho por Blasco Núñez, Vaca de Castro y
En abril de 1578 da una
provisión, ordenando que los encomenderos, caciques y corregidores respetasen
las propiedades comunales dadas a perpetuidad y que también se respetasen las
tierras dadas en encomienda.
Dividió las tierras de
Piura en cuatro secciones. Como límites entre las comunidades de Sechura y Olmos, daba una línea que tenía como puntos de
referencia el Portachuelo, Cerro Ñaupe, Cerro Artezón, el antiguo camino de los incas, los sitios
llamados Morante y Llurú para rematar en Punta Aguja.
Las tierras de la comunidad
de San Martín de Sechura, tenían como lógicos límites, los de la comunidad de Olmos
en el sur
Por el norte colindaba con
la comunidad de Catacaos.
Las tierras de la comunidad
de San Juan Bautista de Catacaos estaban limitados al sur por una línea que
partiendo del mar, pasaba por Pozo Real, el cerro El Tunal en la actual
provincia de Paita, el tablazo de Chocholla, Canizal, el Colorado, el cerro Loma Blanca en pleno
desierto y el punto llamado
Las tierras de Catacaos,
tenían por el norte como límites las tierras de la comunidad de San Lucas de
Colán, de las que las separaba una línea que partiendo del mar, pasaba por los
puntos denominados Llauro, Congorá,
Capada, Coscomba, el Tacalá
y de allí hasta el camino de los incas
La comunidad de San Lucas
de Colán limitaba al sur con la comunidad de Catacaos y comprendía el Arenal,
el cerro Santa Lucía, la barranca de Pariñas, Las Garzas, Paita y Yacila, así como parte del despoblado de Congorá.
El escritor cataquense Jacobo Cruz Villegas, da con toda precisión
estos límites en su libro “Catac-Ccaos”.
De esa forma el 13 de abril
de 1578 quedan virtualmente reconocidas, la existencia de las principales
comunidades de indios del departamento.
Las comunidades indígenas
no eran en realidad una organización socio-económica heredera del ayllu, por
cuanto éste era una comunidad unida por vínculos de sangre. Las nuevas
comunidades más bien correspondían a los antiguos cacicazgos y a las tierras
que les correspondían.
Desde los tiempos pre
hispánicos, se conocía por relatos de los indios que fuertes lluvias habían
azotado al Imperio en forma ocasional.
La primera vez que se
registraron en forma escrita, las lluvias intensas fueron las de 1578, que
cayeron desde lo que ahora es Tumbes hasta el departamento de Lambayeque..
La ciudad de Piura que años
antes había sido abandonada por sus moradores, sufrió daño tremendo pues en
todo el Alto Piura llovió mas fuerte que en el resto del departamento.
La capital del
Corregimiento de San Miguel de Piura que estaba en el puerto de San Francisco
de
Las comunicaciones se
interrumpieron, las nacientes poblaciones y los campos de cultivo se inundaron
y aparecieron muchos insectos extraños y
enfermedades.
La ciudad de Lambayeque
prácticamente fue destruida por las lluvias e inundaciones, pero pasado el
fenómeno fue reconstruída.
El virrey Toledo dio una
nueva organización al virreinato, estableciendo 71 corregimientos.
El corregimiento de Piura
comprendía lo que ahora son los departamentos de Tumbes y Piura. Esto fue el
año 1572., es decir un año antes del traslado a Payta.
Cuando los españoles
llegaron al Perú, en el valle del Saña había 3,000 indios. Esta encomienda le
tocó a Alfonso Félix de Morales pero bien pronto se despobló y sólo quedaron
400 indios. El virrey Conde de Nieva, dispuso que en ese valle se fundara una
ciudad, lo que fue cumplido por el capitán Baltasar Rodríguez, vecino de la
ciudad de Trujillo, el 29 de noviembre de 1563, dándose a Juan Delgadillo la
encomienda y poblándola con 41 vecinos procedentes de Trujillo. La nueva ciudad
se llamó Santiago de Miraflores de Saña.
La ciudad de Saña logró en poco tiempo un sorprendente progreso y lo hizo a expensas de Trujillo, que también se había convertido en una muy importante ciudad. Fue necesario modificar los límites de Piura y pasaron como jurisdicción de la nueva ciudad, las encomiendas de Motupe, Copis, Olmos y Salas-Penachí; a las cuales se agregaban las que habían pertenecido a Trujillo, que era Jayanca, Lambayeque, Callanca-Monsefú, Ferreñafe, Reque, Illimo, Sintu, Collique, Chérrepe, Mocupe y Pacora. En total 9,339 tributarios.
El esplendor de Saña atrajo
a los vecinos de Trujillo y esta ciudad se despobló, hasta que comenzaron los
descubrimientos de tesoros, como el llamado Peje Chico, con lo cual empezó a
recuperarse.
Lo cierto era que al
momento de fundarse Saña, ya estaba Trujillo experimentando cierta decadencia
lo cual obligó al virrey Conde de Nieva a ordenar al corregidor de Trujillo don
Diego de Pineda, que trasladara el gobierno a Saña. Ante la desaparición del
corregimiento de Trujillo, el nuevo corregimiento de Saña pasó a limitar con el
corregimiento de San Miguel de Piura,
pero al perder categoría, y dejó solo un teniente de corregidor,
residente en Paita
Se ha dicho que la obra
maestra de la colonización española en América fue la fundación de ciudades y
en esto hay mucha razón.
Las ciudades no sólo fueron centros de comercio, de difusión cultural y religiosa, sino también núcleos administrativos sobre las cuales descansó todo el nuevo sistema que España impuso a los pueblos del Nuevo Mundo. Por tal motivo en los primeros años de la conquista, cada ciudad que se fundaba contribuía a afianzar el poderío español.
Cuando se fundaba una
ciudad, se levantaba un acta y en torno al terreno reservado a la plaza de
Armas, se ubicaba una especie de centro cívico, en donde se levantaría el
templo, el cabildo, la casa de gobierno, el cuartel, etc.
Luego venía la entrega de
lotes a los vecinos fundadores. Estos eran previamente designados, y siempre
correspondían a hidalgos. La categoría de vecino, era transmisible a los
herederos y suponía ciertos privilegios. Los que se afincaban después eran simples moradores.
La vida administrativa de
una ciudad giraba en torno al cabildo o municipio. Los alcaldes y regidores de
las poblaciones que tenían la categoría de ciudad, eran nombrados por el rey o
por los virreyes, o confirmados por éstos.
Era el corregidor el que presidía al cabildo. Con el tiempo se hizo un
negociado con los cargos de los cabildos que eran subastados. Los cabildos de
ciudades tenían 8 regidores y las villas 4. Los cabildos no sólo tenían las
funciones de las actuales municipalidades, sino que también administraban
justicia. Había por lo tanto un alcalde ordinario (justicia mayor) que era el
alcalde del primer voto. Generalmente el cargo de justicia mayor lo desempeñaba
el corregidor cuando presidía el cabildo y sólo a falta de éste, actuaba el
alcalde del primer voto. Piura era corregimiento real por lo que el rey
nombraba al corregidor.
El alférez real era el
encargado de llevar el pendón real en las ceremonias públicas. Era un cargo
altamente honorífico y su titular tenía voz y voto en el cabildo.
Los procuradores eran
personas elegidas por los cabildos para hacer alguna gestión ante el rey o los
virreyes. Fue procurador de Piura para lograr el escudo de armas, ante el rey,
don Hernando de Cevallos.
Las Cajas Reales estaban a
cargo de los oficiales reales, que en Piura eran dos.
En sólo cuarenta años las
ciudades se multiplicaron y crecieron fantásticamente en el Perú. Lima por los
tiempos de
Miles de españoles llegaron
al Perú en busca de fortuna, pero ya los tiempos de la conquista en que la
riqueza se lograba a punta de audacia y valor habían pasado. Los virreyes no
deseaban a esta clase de recién llegados y cuando no lograban ocupación, hacían
levas con ellos y los mandaban a Chile a
guerrear con los araucanos.
El espíritu de los
españoles se tornó sedentario, y hasta se podría decir que habían desaparecido
las virtudes guerreras que se pusieron de manifiesto en la conquista. Los
vecinos y moradores deseaban la tranquilidad y la seguridad que daba la nueva
vida, que brindaba muchas satisfacciones. Cuando los piratas llegaron a las
costas, incendiando y saqueando ciudades, con mucha dificultad se tuvo que
reunir gente de coraje para hacerles frente y de eso se quejaron mucho los
virreyes. En Paita sucedió eso frente al corsario Anson
en 1741, cuando el teniente gobernador huyó en bata de dormir dejando
abandonada a su joven esposa; mientras en cambio una mujer armada de coraje
dirigió la defensa del puerto cuando Spilberg lo
atacó en 1615
El sucesor de Toledo en el
virreinato fue don Martín Henríquez de Almanza, segundo hijo del marqués
de Alcañices.
Había desempeñado antes el
virreinato de Nueva España o México en donde hizo buena labor, pero al llegar
al Perú estaba ya muy enfermo y anciano. Ricardo Palma, en sus Tradiciones dice
que en Lima le apodaban “el gotoso”.
No hay la seguridad de que
haya desembarcado en Paita como sus antecesores y ni siquiera se conoce la fecha
exacta de su llegada al Perú, pues Cosme Bueno señala el 23 de septiembre de
1581 como su ingreso a Lima, mientras que Antonio León Pinelo
menciona al 15 de mayo de ese año.
Toledo no lo esperó para
entregarle el mando y partió antes a Panamá lo cual disgustó al nuevo virrey.
El gobierno de este virrey
fue muy corto, duró sólo entre 18 y 22 meses. En 1583 estableció un servicio de
correos entre las principales ciudades del Perú y Lima, utilizando el sistema
de chasquis en lugar de jinetes. Piura y Lima fueron unidas no sólo para uso
oficial sino también para el envío de correspondencia privada. Pero estaba tan
arraigado el abusar del trabajo de los indios, que al poco tiempo se dejó de
pagarles sus jornales y los corregidores de las diversas circunscripciones y
vecinos no pagaban los portes.
En tiempo del virrey
Henríquez de Almaza, se inicia el comercio entre Perú y Filipinas,
archipiélago que estaba también en posesión de España.
Fue así como en forma
indirecta también se empezó a comerciar con
El contrabando se activó a
causa de una desatinada medida dictada por los reyes de España destinada a dar
protección a la industria de la península. Fue así como se prohibió que en el
Perú se elabore vino, aceite, paños, sedas, papel, etc. Los virreyes no fueron
muy exigentes en cumplir estas ordenanzas, por que ello hubiera implicado grave
perjuicio al país. Así, por ejemplo, en los obrajes se utilizaba una gran
cantidad de mano de obra indígena y los envíos de paños de España no cubrían
las necesidades de la colonia
En 1583, el Tribunal de
El 22 de enero de 1582, la
ciudad de Arequipa fue arruinada por un terremoto, pero su regidor Melchor
Cadalso Salazar se negó trasladarla a otro lugar e inició la reedificación en
el mismo sitio.
En tiempos del virrey
Henríquez llegó a Lima el arzobispo Toribio de Mogrovejo,
que luego sería santificado a su muerte.
El virrey murió en Lima el
12 de marzo de
Ricardo Palma en sus
Tradiciones, dice que “un terremoto en 1585 dejó a Piura y Lima en escombros”.
Ningún otro historiador o escritor mencionan tal terremoto. El 18 de enero de
1935, en el diario “El Comercio” Carlos Bachmann,
publica una pormenorizada relación de terremotos ocurridos en el Perú y tampoco
nombra tal sismo. En cambio, el 9 de julio de 1586, Lima fue destruida por un
terremoto.
En 1585, la ciudad de San
Miguel de Piura hacía mucho que había quedado abandonada.
A fines de 1582, el Virrey Don Martín Enríquez (o Henríquez), dispuso
que se hiciera una relación de todas las encomiendas que por entonces había en
el virreinato.
La relación
del Corregimiento de San Miguel de Piura
la hizo el contador don Gabriel de Miranda que ejercía ese cargo desde los
tiempos del virrey Toledo. El informe que presentó en Lima a inicios de 1583,
es decir poco antes de morir el virrey Enríquez, fue el siguiente:
"En la
ciudad de San Francisco de
Provéense en
esta dicha ciudad, dos oficiales reales, con trescientos pesos de plata
ensayada y marcada de salario en cada un año, pagados de la hacienda real; y
sirven al presente estos oficios, Gonzalo Prieto Dávila el de tesorero y
Gabriel de Miranda, el de contador, con título del virrey don Francisco de
Toledo
En la dicha
ciudad, se eligen cada año, dos alcaldes y cuatro regidores, fuera de los dos
oficiales reales, que así mismo tienen voz y voto en el cabildo; entiéndese que si se hubiesen de vender estos regimientos
(cargos), se hallará por cada uno hasta trescientos ducados y no mas, por ser pueblo de
pocos vecinos.
Hay un
escribano público y de cabildo, el cual oficio se vendió por el virrey don
Francisco de Toledo a Juan de Bustos, en 280 pesos ensayados y habrá cuatro
meses que falleció y quedó vaco
Podríase proveer
otro escribano público y que así mismo fuese escribano de registros, y valdrá
este oficio de esta forma mil pesos y más.
Jurisdicción
del Corregimiento.- Tiene en jurisdicción el dicho corregidor en los pueblos
siguientes:
Junto a la
dicha ciudad (de Payta), están poblados cincuenta y
cinco indios tributarios y doscientos cuarenta y seis personas de la encomienda
de Gonzalo Farfán y Gaspar Troche Buitrago.
El pueblo
de San Lucas de Colán, que tiene ciento sesenta y tres indios tributarios y
seiscientas treinta y dos personas, encomendadas en diferentes personas.
El pueblo
de San Martín de Sechura, que tiene ciento cincuenta
y siete indios tributarios y seiscientos setenta y ocho personas, de la
encomienda de Ruy López y Gaspar Troche de Buitrago.
El pueblo de San Juan de Catacaos, de la corona real, que tiene
doscientos doce indios tributarios y seiscientas cincuenta cuatro personas;
quedan reducidos en este pueblo trescientos treinta siete indios tributarios y
mil siento diez personas de diferentes encomenderos.
El pueblo
de San Sebastián del Valle que tiene ochenta y dos indios tributarios y
doscientas veintisiete personas.
El
repartimiento de Guancabamba, encomendada a don
Gaspar de Valladolid tiene trescientas setenta y siete indios tributarios y mil
doscientas cincuenta y siete personas, reducidas en un pueblo llamado San Pedro
El pueblo
de San Nicolás de Tumbes, que tiene doscientos diez y siete indios tributarios
y quinientas cincuenta y tres personas, de la encomienda de Gonzalo Farfán y
veinte indios tributarios y noventa y cinco personas, de Máncora
de Gonzalo Prieto Dávíla.
El repartimiento de Ayabaca, que tiene en encomienda a Diego Vaca de
Sotomayor, posee doscientos treinta y siete indios tributarios y seiscientas
noventa y ocho personas, reducidos en un pueblo llamado Nuestra Señora del
Pilar.
El
repartimiento de Chincha-chara,
Sondor, Serrán de la
encomienda del capitán don Hernando Lamero tiene
doscientos tres indios tributarios y quinientas cuarenta y dos personas
reducidas en un pueblo llamado Frías
La cual
(Jurisdicción), yo Cristóbal de Miranda, secretario de la gobernación de estos
reinos del Perú, saqué de los libros y registros della
que están en mi poder, a que me refiero, en cumplimiento de la real cédula de S.M. que va puesta por cabeza, y por mandato del
excelentísimo virrey don Martín Henríquez que es fecha en
Eran por lo tanto Gonzalo Farfán de los Godos y Gaspar Troche, riquísimos encomenderos, los que junto con Gaspar
de Valladolid tomaron parte muy importante de la última fundación de Piura
En cuanto al almirante don Hernando Lamero de
Andrade, nunca fue vecino de Piura. El repartimiento que tenía era para premiar
sus servicios a la corona como buen marino.
El 1º de octubre de 1579 salía del puerto del Callao dos barcos al mando,
uno de Pedro Sarmiento de Gamboa que tenía el mando de la operación y el otro,
el “San Francisco” piloteado por Lamero. La finalidad
era perseguir a Drake que se suponía iba a regresar a
Inglaterra por el estrecho de Magallanes. “San Francisco” no pudo pasar el
estrecho y regresó al Callao. Como se sabe, Drake no
regresó por el estrecho de Magallanes sino que se dirigió a
En 1588 Lamero recibió orden de conducir a
Panamá en dos barcos, un rico cargamento de plata. Estando en ese lugar hizo su
aparición en el Pacífico el corsario Cavendish. El virrey dispuso que Lamero aguardara a dos barcos de refuerzo que a las órdenes
del general Pedro de Arana, partieron del Callao y con ellos iniciaron la
persecución del corsario, pero éste les había ganado mucha ventaja.
El virrey conde del Villar envió luego a Lamero
a Chile con una fuerza de 250 hombres para combatir a los feroces araucanos que
se habían sublevado. En 1590 el virrey García de Mendoza, envió al entonces
almirante Lamero con dos galeones al estrecho de
Magallanes para esperar a Cavendish que nuevamente había salido de Inglaterra
rumbo a América del Sur, pero el corsario no pasó del Brasil.
En la misma época, los encomenderos de Lambayeque eran los siguientes:
De Lambayeque eran Juan de Barbarán, el mismo que dio sepultura a
Francisco Pizarro. De Túcume, Lorenzo Zamudio. De Ferreñafe; Miguel
Osorno; de Illimo, Juan Roldán Dávila; de Pacora, Alonso Pizarro de
Forero de Ureña
fue un brillante militar españo1 que luchó en la guerra por la captura del
reino moro de Granada y luego sirvió 10 años en la armada española. Cierta vez
al mando de un barco logró la rendición de dos barcos ingleses, lo cual le
mereció el aprecio del Rey Felipe II, que en forma inusual lo nombró corregidor
de Piura, Cuenca, Loja y Zamora, pues lo habitual era que los corregidores
fueran nombrados por los virreyes. Además estaba facultado para nombrar
tenientes corregidores en las ciudades donde no residiese. Esto molestó al
virrey Enríquez que ya había nombrado, corregidores, para las otras ciudades,
por lo cual, cuando Forero llegó a Lima sólo lo
reconoció para la jurisdicción de Piura. Forero
protestó pero el virrey se mantuvo firme y en Enero de 1583. Forero se tuvo que hacer cargo del corregimiento de Piura
con sede en San Francisco de
En Payta, hizo edificar la casa para el
cabildo, la cárcel y la casa del corregimiento,
donde daba hospedaje a los ilustres
visitantes. En estas edificaciones gastó 2.000 pesos de su peculio.
Posteriormente, por disposición del virrey Conde del Villar, la gran casa del
Cabildo, fue partida en dos, para poner allí la aduana y un alojamiento para
los oficiales reales. Hizo construir un camino que por Amotape iba a Tumbes,
otro de Payta a Zaruma y el camino de Huancabamba a Copiz. Reorganizó el servicio de correos con chasquis, a
varios lugares y a Lima. Fue justo con los campesinos. En Frías repartió
tierras entre los indios y fundó el pueblo de San Andrés de Ureña,
y lo dotó
de un molino que costeó de su
propio peculio. Fue corregidor hasta 1590, y a partir de 1588 en San Miguel de
Piura.
Una de sus mayores preocupaciones fue de aprovechar el agua en la mejor
forma. Con gran esfuerzo hizo abrir un pozo para el pueblo de San Francisco de Olmos, donde nunca llovía. Construyó
la presa del Tacalá que sirvió para dar agua a las tierras del valle de San
Juan de Catacaos, para lo cual laboró dos años, utilizando, cantería cal y
ladrillos para lo cual construyó hornos. Sobre el río Piura y frente a la
ciudad hizo construir un puente de madera, con lo que eliminó a los balseros.
Preparó la defensa de Payta ante la presencia de
barcos ingleses. Cuando dejó Piura en 1590, se radicó en Lima y se dedicó a los
negocios
Cuando al
final de su mandato se le siguió el correspondiente juicio de residencia, se le
hicieron una gran cantidad de imputaciones injustas y calumniosas, que duró
hasta 1593 y le hizo gastar tanto, que lo empobreció. Gracias a los valiosos testimonios de don Sebastián
de Montoro y de fray
Hernando de Paredes, fue absuelto
El Rey Felipe II, tras de considerar 108 nombres de varios nobles
españoles para el cargo de virrey del Perú, se decidió, por el que en realidad
era el menos indicado por su salud y edad. Se trataba de don Femando Torres de
Portugal, conde del Villar Donpardo. Descendía de
reyes portugueses y de los marqueses de
Llegó a Paita el 11 de Junio de 1585 en compañía de su hijo tenido en
el primer matrimonio, don Jerónimo Torres de Portugal, de su nieto Femando
Torres de Carvajal, de su cuñado Hernando Carrillo de Córdova que se radicaría
en Lima y tendría como a uno de sus descendientes a Manuel Baquíjano
y Carrillo, conde Vista Florida.
El virrey llegó enfermo a Paita (nombre indígena Payta)
por lo que lo que permaneció en el puerto más de dos meses. Don Ricardo Palma,
dice que a este virrey los limeños le pusieron el remoquete "el temblecón" por la agitación nerviosa de sus manos (mal
de Parkinson).
En Paita, encontró el virrey pocos vecinos, pues los habitantes la
habían ido abandonando como hicieron con San Miguel de Piura (del Alto Piura).
El virrey recibió el pedido de los vecinos que aun quedaban y de las
autoridades, de trasladar la ciudad ( trasladar el
gobierno), a un lugar más conveniente.
Uno de los más graves problemas era la falta de agua potable, que tenía que
acarrearse desde Colán donde se tomaba del río Chira, que los indios tallanes
la llevaban en botijas, usando balsas para el transporte
El 9 de
Julio de 1586, un espantoso terremoto destruyó Lima y Callao. Al sismo siguió
un maremoto cuya onda marina, se expandió por toda la costa norte del Perú.
El remezón fue precedido por un fuerte ruido que hizo salir a todos los
limeños de sus casas, lo que desminuyó el número de muertos que solo llegaron a
25, no obstante que casi todas las casas se vinieron abajo. El virrey desde
hacia algún tiempo vivía en el Callao pues estaba vigilando la fortificación de
la ciudad. La casa donde vivía quedó totalmente destruida.
En Paita se sintió el maremoto con gran fuerza y anegó a la ciudad, aun
cuando no llegó a destruirla. Fue en Sechura, donde
el maremoto golpeó más duro, y destruyó la población tallán que existía desde
siglos, no se sabe bien si cerca de Punta Aguja o donde ahora es el Puerto de Bayóvar. Antes ese curacazgo había sido mandado por una Capullana.
Los sechuranos se trasladaron según unos a San Pedro y según
don Eduardo Temoche, a Chulliyachi,
ubicado varios kilómetros más al sur del anterior. Su fundador habría sido
don Bernardino de Loayza.
Cuando creo la reducción de san Martín de Sechura ,
que concentró los tributos de
El 9 de
julio de 1586 Paita sufrió un maretazo y
varias balsas de pescadores se hundieron. El pánico se apoderó de la población,
pues olas de varios metros de altura se lanzaban sobre las débiles viviendas de
la pequeña población. Pero como los males no vienen solos, al año siguiente
apareció otro corsario.
Tomás Cavendish era un marino inglés de noble origen, el que con
autorización de la reina Isabel, salió del puerto de Playmoufh con tres barcos
y 123 tripulantes. El corsario sólo tenía 26 años, cuando empezó a incursionar
en las costas de América española. Tras de cruzar el estrecho de Magallanes
siguiendo la ruta de Drake, ingresó al océano
Pacífico. Años antes don Pedro Sarmiento de Gamboa, marino y cronista, había
fundado por orden de Toledo, una población de 400 personas entre hombres y
mujeres, en el estrecho, edificando cuatro fuertes y varias iglesias. El
objetivo fue de impedir que los ingleses pasaran por el estrecho. Cuando
Cavendish o Candish como también lo llamaban, llegó a
esa población llamada San Felipe, sólo encontró un puñado de españoles mandados
por Hernando Gómez. En San Felipe, el panorama era macabro, pues todo estaba
destruido e incendiado y había numerosos cadáveres insepultos que no se habían
corrompido por el intenso frío reinante. La gente de San Felipe, había sido,
prácticamente abandonada por las autoridades españolas, no obstante que
Sarmiento de Gamboa por muchos años estuvo solicitando el apoyo del virrey y
del rey de España. El sitio era desolado, nada producía y los españoles eran
constantemente atacados por los belicosos indios. Cavendish tomó preso a Gómez
y dejó abandonado al resto y al lugar le puso como nombre Puerto de Hambre, que
aún tiene.
El corsario siguió su viaje y desembarcó cerca de Valparaíso, pero fue
atacado por los españoles que perdieron 24 combatientes y mataron a 12
tripulantes y capturaron 9 de los que después, ahorcaron a 6 tras un juicio sumario. El 4 de
mayo estaban los corsarios frente a Arica pero fue repelido nuevamente. El
corregidor envió de inmediato un chasqui a Lima avisando la presencia del
inglés, el que no se atrevió atacar Callao y siguió hasta Chérrepe,
puerto de Saña, a los que audazmente atacaron y saquearon
El 30 de Mayo de 1587, estaba Cavendish frente a Paita, y lanzaron un
ultimátum a las autoridades para que pagasen fuerte suma bajo amenaza de
bombardear a la población. El empobrecido puerto no podía pagar tal suma por lo
que fue bombardeado. Había unas doscientas casitas de indios, algunos pocos
edificios construidos por el Corregidor Forero y unas
cuantas casas de vecinos españoles, pues estos desde mucho tiempo antes habían
abandonado Paita. En el bombardeo fueron destruidos el Convento y
Cavendish logró dar con
Luego, se dirigió a Guayaquil, desembarcando antes en la isla Puná, donde fueron atacados sorpresivamente por el capitán
Juan de Galarza con 40 hombres, que mató a 25 ingleses y capturó a 4, entre
ellos un jefe. Además los españoles le quemaron a Cavendish un barco y una
lancha, por lo que tuvo que continuar su recorrido muy mermado y frente a Machala, se vio
obligado a hundir uno de sus barcos que estaba inservible. Y el 21 de junio se
dirigió al norte con la única nave que le quedaba. Frente a las costas de
México capturó un galeón español llegado de Manila, cargado con marfil, jade,
nácar, ébano, perla, sedas de China. Se dirigió de inmediato a
Al llegar a Londres, las baterías de tierra dispararon 21 cañonazos en
su honor, en los muelles una enorme multitud lo recibió y lo aclamó y la reina
Isabel, le concedió audiencia extraordinaria y le dio a besar su mano.
Mientras tanto, los maltratados paiteños al bajar del tablazo, vieron
que casi nada quedaba en pie y el Corregidor Forero,
informó después al virrey que no pudo defender el puerto, porque no contaba ni
con 20 combatientes.
Cuando el virrey informó al rey del saqueo de Payta,
dio
muy poca importancia a los daños materiales causados. No tuvo en cuenta que al
ser incendiada
En cambio si, se salvaron los caudales de las cajas reales, gracias a la
diligencia con que actuó el corregidor Alfonso Forero,
que tan pronto corno vio el peligro que corría el puerto, se llevó al tablazo
los caudales, salvándose también él, lo que fue imitado por autoridades, religiosos y
pobladores. El tablazo constituiría en adelante, la segunda línea de
protección, cada vez que el puerto fuera atacado
Después, Forero llegó a tener conocimiento, que un navío español
perseguido por una nave corsaria, se había refugiado en la bahía de Sechura en cuyas playas encalló. Actuando con gran
presteza, pudo salvar este barco, cuyo capitán era don Juan Urrutia, que
llevaba nada menos que 500,000 pesos pertenecientes al tesoro español.
El saqueo e incendio de
Cavendish, fue sin duda alguna el golpe de gracia para Payta.
La gente no pensó en la
reconstrucción y fueron muchos los vecinos y los religiosos que la abandonaron
para trasladarse al valle de Catacaos.
El corregidor Forero de Ureña viajó a Lima a
informar al virrey y en la comunicación que éste hizo al rey, de las correrías
del corsario por las costas del Pacífico, dio muy poca importancia a lo
sucedido en Payta, por cuanto conocía a la humilde
aldea y pensaba que muy poco había por destruir allí.
Payta había dejado prácticamente de existir. Sólo una
autoridad se mantenía tenazmente en su puesto y ese era Gaspar Troche Buitrago, el teniente corregidor. Todos los frailes
y religiosos, así como una gran cantidad de vecinos abandonaron San Francisco
de Payta y de
Largas filas de gente de
todo nivel, a pie o en acémilas se pudo ver por varios días, atravesando el
desierto, como nuevos israelitas, que iban en post de un nuevo lugar que les
diera seguridad. Ese lugar fue el valle del Chilcal.
La provincia de Piura se
encontraba prácticamente sin una ciudad capital, y hasta la antigua Piura,
ubicada en el valle del mismo nombre, había desaparecido y sólo quedaban ruinas
de la ciudad. Juan Pérez de Torres, uno de los miembros de la comisión del
virrey que se había atrasado y había hecho el recorrido de Quito a Lima por
tierra, menciona su paso por Loja, Ayabaca, Frías, Moscalá
y Olmos, pero no dice nada de la ciudad de Piura
Indudablemente que el
virrey Torres de Portugal fue un gobernante infortunado. Al terremoto y los
corsarios se sumó una peste que parece haberse originado en Ecuador. Sólo en la
zona de Quito hubo 4,000 víctimas. De Piura no se conocen datos concretos, pero
se sabe que causó muchas víctimas, aunque fue en el sur y en especial Arequipa
en donde actuó con mayor violencia.
No se conoce la naturaleza
del mal, pero se supone que fue viruela.
Tan pronto como la ciudad de
Payta quedó destruida por el incendio y saqueo de los
corsarios ingleses, partieron procuradores a Lima, para solicitar al virrey el
traslado del gobierno.
Correspondió esta labor de
representar a Paita, a los oficiales reales don Francisco Manrique de Lara,
rico comerciante de Ayabaca y a don Tristán Sánchez.
El virrey nombró una
comisión para estudiar el problema, presidida nada menos que por don Cristóbal
Ramírez de Cartagena, que en su calidad de presidente de
El 9 de julio de 1587, o
sea a los pocos días de llegados los procuradores de Payta,
el virrey instala la comisión y les hace saber que en vista de que los enemigos
que han quemado la iglesia, convento, el cabildo y casa de los vecinos; éstos
han abandonado Payta y desean poblar otro sitio, lo
que vienen solicitando desde los tiempos del virrey Toledo. Posteriormente, el
11 de noviembre, se realizó un acuerdo general y el virrey Torres de Portugal,
tras oír a
A pedido de Francisco
Manrique Lara, apoyado por el oidor Arteaga, se decidió conservar el puerto de Payta para mantener el tránsito marítimo.