Tan pronto como la población de Sechura fuera destruida por
las inundaciones de 1728, los pobladores con esa decisión que es característica
en ellos, se dedicaron a reconstruir sus modestas viviendas.
El párroco Navarro Casasola
congregó al pueblo y sometió a su consideración el proyecto de levantar un gran
templo. La idea era sin duda buena, pero la magnitud de la obra parecía escapar
a las posibilidades económicas de los sechuranos. Sin
embargo más pudo su ferviente catolicismo. Los sechuranos
y los pueblos de los alrededores, no sólo dieron su contribución económica,
sino también su trabajo personal. Ellos querían unas torres altas que se vieran
desde el mar.
Los trabajos sólo se podían hacer los primeros meses del
año cuando se disponía del agua del río Piura. El resto del año, el arquitecto
que inició los trabajos, pasaba al otro lado del desierto, en Mórrope, donde también se edificaba un gran templo.
Las torres llegaron a tener
Las campanas fueron donadas por don Roque Rodríguez de
Arenas en 1742 y fundidas por don Juan de Espinosa y Mesones.
Los sechuranos dicen que el
templo se empezó a construir 20 años después de la destrucción de la ciudad y
que los trabajos demoraron treinta años, bendiciéndose el 30 de mayo de 1778. Agregan
luego un dato notoriamente erróneo al asegurar que la estrenó, bendijo y
pontificó el arzobispo de Lima Pedro Antonio Barroeta.
En realidad, este prelado salió de Lima para España en septiembre de 1758 y
murió en Granada el año 1773. Tampoco se ha podido establecer que haya
realizado una visita pastoral al norte del virreinato. Es posible que el templo
empezara a usarse antes de su terminación total y que el arzobispo desde Lima
impartiera su bendición.
CONCESIÓN DE BREA A EX-CORREGIDOR
Don Victorino
Montero del Águila, ex –corregidor de Piura y luego capitán de la guardia del
virrey, durante su permanencia en este corregimiento, pudo darse cuenta de la
importancia que tenían los depósitos de brea existentes en Amotape.
Antes de la llegada de los españoles, los indios utilizaban
el producto para sus lanchones. Luego, durante la conquista y la colonia,
servía para calafatear los barcos.
Al dejar el corregimiento, Montero del Águila logró que el
virrey Villagarcía, del cual también fuera su capitán
de guardias, le concediera el derecho de explotar tales yacimientos, de lo cual
nos hemos ocupado antes.
Posteriormente, en 1755 Manso de Velasco le renovó la
concesión pero subió los derechos a 1.000 pesos. Eso era más de lo que se
pagaba en Piura por comprar el cargo de alférez
real.
Por lo tanto, Montero del Águila viene a ser un pionero en
la explotación de lo que en una época fueran riquísimos yacimientos de brea y
petróleo.
LLEGADA DEL VIRREY AMAT Y LOS VERSOS DE UN EX-CORREGIDOR
Otro gobernador de Chile que ascendió al virreinato del Perú fue don
Manuel Amat y Juniet, caballero de la orden de San
Juan y militar competente de mucho carácter. Llegó a Lima el 12 de octubre de
1761 y gobernó hasta 1776, o sea por
quince años.
El ex-corregidor de Piura, Vinatea
Torres, durante casi dieciséis años guardó su rencor contra Manso de Velasco,
que fuera tan duro con él, al sentenciarlo por el asunto del contrabando de
Paita. Por eso recibió con alborozo la llegada de Amat y le dedicó un poema de
octavas reales, en el que satiriza al conde de Superunda
y hacía grandes elogios a Amat. El título, sumamente largo como era costumbre
en esa época, decía: “Refiérese el suceso del reyno del Perú y de la ciudad de Lima, cuando congojados
buscaban en el cielo el remedio de sus males y celebrarse el haberlo
conseguirlo con la venida del excelentísimo Sr. D.M.
Amat”. El virrey premió al autor, por que era muy sensible a la lisonja.
En efecto, poco tiempo más tarde don Juan Vinatea y Torres partía rumbo al sur para hacerse cargo del
corregimiento de Moquegua que no era de provisión real.
Buenos dividendos sacó por lo tanto el ex–corregidor
piurano y su larga paciencia se vio plenamente recompensada.
Como seis años estuvo Vinatea en
Moquegua y posiblemente su musa se sintió inspirada entre olivares y viñedos,
hasta octubre de 1767 en que murió a la edad de 79 años.
El escritor piurano don Manuel Antonio Rosas, ha aportado
importante información con relación a
este contradictorio personaje que fue Juan Vinatea y
Torres, a través de comunicación epistolar sostenida con su amigo el poeta
español Manuel Gonzáles Souza, ambos nacidos en Islas Canarias, donde Vinatea no era un desconocido, por que allá tiene un lugar
asegurado en el mundo de las letras, como un canario ilustre, a pesar que sólo
su infancia y mocedad las pasó en la islas, pues la mayor parte de su vida
hasta su muerte transcurrió en el Perú.
Nació en Santa
Cruz de
El poeta Gonzáles Souza, escudriñando archivos en la madre
patria, ha encontrado un viejo periódico del 5 de octubre de 1866, llamado “El ramillete de Canarias” en donde
al enumerarse a los canarios ilustres, aparece nada menos que el nombre de Juan
Vinatea y Torres, con datos biográficos, que muestran
facetas no conocidas por su personalidad, como aquella de que era un poeta de
estilo elegante y fluido, incursionando con notable éxito, en nada menos que en
la confección de sonetos y en composiciones de endecasílabos.
En 1746 moría el rey Felipe V, el primero de la casa
francesa de Borbón. Su reinado fue largo, ya que fue nada menos que de 45 años
durante los cuales se operó una recuperación de España en el concierto de
naciones más poderosas.
Le sucedió su hijo Fernando, cuya madre era la princesa
italiana María Luisa de Saboya. Su reinado fue corto. El segundo hijo de Felipe
V y de su segunda esposa, era Carlos por lo cual se desempeñaba como rey de las
dos Sicilias.
Era Fernando un príncipe bondadoso, amante de la paz y en
este sentido logró un acuerdo con Inglaterra. Padecía sin embargo un raro mal
de melancolía contagiado por su padre, que se supone era tuberculosis. Gobernó
hasta 1759, o sea, 13 años y durante su gobierno el único virrey que tuvo el
Perú fue Manso de Velasco.
Como el rey Fernando murió sin sucesión, recibió el trono
su segundo hermano, Carlos III, hijo de Isabel Farnesio, que se desempeñaba
como rey de las dos Sicilias (Nápoles y Sicilia)
Durante el gobierno de Carlos III, el Perú tuvo los
siguientes virreyes:
-
Manuel Amat
y Juniet, 1771
-
Manuel de Guirior, 1776
-
Agustín de
Jáuregui, 1780
-
Teodoro de
Carlos III unió su política a la que seguían sus parientes
los Borbón de Francia, en abierta oposición a Inglaterra.
Era frecuente en Piura Colonial, al igual que en otras
ciudades, que la gente pudiente al morir dejase sus bienes a conventos o
congregaciones, o para capellanías u obras pías.
De este modo pretendían lograr salir mejor parados ante el
juicio que les correspondía en la otra vida.
Un documento de septiembre de 1763 existente en el archivo
de Piura, da cuenta que el 14 de marzo de 1749 hizo su testamento don Angel Diez Arias dejando sus bienes a
Murió el testador y cuatro meses más tarde don Jerónimo Heros tuvo que viajar a Panamá donde quedó residiendo. Por
lo tanto quedó como único albacea el presbítero Tomás Cárcamo.
Cualquiera podía imaginar que siendo albacea un religioso y
como beneficiaria nada menos que a
El hecho es que catorce años más tarde, nada se sabía del
destino del legado y hasta se olvidaron todos del mismo, pero quiso la
casualidad que el jesuita Manuel Talledo, residente
en Piura, vio que un niño tenía y jugaba con papeles muy viejos y maltratados
que al revisarlos, comprobó que se trataba nada menos que del testamento de don
Angel Diez Arias.
Ni corto ni perezoso, el jesuita comunicó el hecho a sus
superiores de Quito, los cuales dispusieron se reclamase una rendición de
cuentas, cosa que el jesuita Manuel Talledo pidió al
vicario don Manuel León y Encalada, pues parece que Cárcamo ya había fallecido.
Eso fue sólo el inicio de un lío gordo, que demoró bastante.
En la sociedad colonial, era cuestión muy seria la
observancia del protocolo, no sólo en lo que atañe a los lugares que en
ceremonias y misas, así como en las procesiones que debía de ocupar la
autoridad civil, sino las mismas autoridades eclesiásticas.
En Lima hay ejemplos de casos muy sonados, que en muchas
ocasiones terminaron en las temibles excomuniones y en tiranteces
entre el fuero civil y el eclesiástico.
Casos similares no podían faltar en Piura. Hubo uno que fue
zanjado nada menos que por el obispo de Trujillo, según documento de fecha 19
de junio de 1767 existente en los archivos de Piura.
El asunto era contra el R.P. fray Manuel Medrano Muñoz,
comendador del convento de
La disposición dada por su ilustrísimo obispo de Trujillo,
ponía en su sitio al altanero comendador y lo amenazaba con excomunión mayor en
caso de persistir.
Para cortar cualquier asomo de rebeldía del fraile, que ya
se había manifestado, se disponía también de que estaba obligado a asistir con
toda la comunidad a las procesiones de Hábeas Christi
y demás que fueran de
Se le llamaba también la atención por haberse negado –se
decía- con gran escándalo a asistir a anteriores procesiones.
Demás está decir que, en la pequeña ciudad de Piura, este
lío entre religiosos fue por mucho tiempo la comidilla del día y que el
afectado tuvo que tragarse su soberbia para no exponerse a una excomunión mayor
que en ese tiempo era cuestión muy seria.
Por los años de 1757 ya se había formado un núcleo urbano
en la ruta que mediaba entre Querecotillo y la ciudad de Piura
El pequeño caserío se denominaba
Sin embargo, por los años que nos ocupa, parece que ya
había en el lugar una capilla que era servida por el cura de Querecotillo.
En 1757, la autoridad político militar era un teniente
llamado Juan José Verero, que tenía mando tanto en
Querecotillo como en
Era este un hombre díscolo, borracho y escandaloso, que
abusaba de las doncellas del lugar. El historiador Lohman
se ocupa de este caso
Esto motivó una general protesta de los habitantes de
El virrey Villagarcía, para
retornar a España tomó la ruta de cabo de Hornos y le fue mal muriendo en la
travesía.
Manso de Velasco
hizo a la inversa, siguió la ruta de Panamá, pasó a Cuba para embarcarse
a España y eso fue su perdición.
Superunda llegaba a la isla antillana en momentos en que una
poderosa flota inglesa la atacaba. Militarmente los defensores estaban en
inferioridad de condiciones. El capitán general de la isla, don Juan de Prado Portocarrero, formó una junta de guerra cuya presidencia recayó en Superunda
por ser el militar de más alta graduación que había en Cuba en esos momentos.
Por dos meses se resistió el asedio sin que España prestara ninguna ayuda. Al
fin, sin esperanzas de ninguna clase, los jefes navales y de tierra de Cuba,
platearon que se aceptase la honrosa capitulación ofrecida por los ingleses.
Los cuatro personajes fueron sometidos a consejo de guerra
en España. Para los jefes de la plaza se extremó el rigor, pero no fue menos
para Superunda no obstante sus 60 años. Unos miembros
del consejo pidieron la pena de muerte y otros la absolución. El presidente del
consejo, el conde de Aranda, era partidario de una pena muy severa sin llegar a
la de ejecución. Al final el rey Carlos III se decidió por una pena más
benigna, aún cuando siempre dura. Por diez años se les suspenderían sus
derechos civiles y grados, desterrándosele de la corte, además de que se le
confiscaban sus bienes.
En la más completa pobreza se fue a cumplir su destierro en
la ciudad de Granada. Ahí fundó una escuelita para párvulos y se convirtió en
el “maestro Velasco”, el que había sido virrey del Perú, reconstructor de Lima,
esforzado combatiente en el sitio de Alcántara, en Tortosa,
Gudeña, Estadilla, Avila, Balaguer, Peñalva,
Almenara, Zaragoza, Villaviciosa, Gaeta, Castelmar, Cerdeña, Orán y Ceuta. Don Ricardo Palma relata,
como recorriendo en su calesa las calles de Granada, el arzobispo Barroeta, reparó en un hombre de porte digno, muy
modestamente vestido que se encontraba rodeado de niños y creyó reconocer en él
al otrora poderoso virrey del Perú. El prelado bajó del vehículo, abrazando a
ese hombre que llevaba con tanta dignidad su infortunio, y desde ese momento
los que antes habían sido rivales en Lima, se convirtieron en la declinación de
sus vidas en inseparables amigos, en forma tal que Manso de Velasco pasó a
vivir en el palacio arzobispal.
En 1767, cuando recién había ascendido al trono de España, Carlos
III, y Piura tenía como Corregidor a
Cristóbal Guerrero de los Ríos y como Alcalde a don Joaquín Sojo y Cantoral; visitó la ciudad
el jesuita italiano Mario Cicala integrante de
El referido sacerdote editó después, en 1777 un libro titulado “Descripción Histórico Tipográfica de
Todo el Capítulo XIII lo dedica a
Empieza diciendo que la
muy antigua y muy noble ciudad y
territorio de San Miguel de Piura se
encuentra en el Virreinato de Lima “dependiente de
Expresa que “en lo
eclesiástico está gobernada
por un Vicario Foráneo dependiente del Obispo de Truxillo”
y disponía de una renta de 4.000 escudos.
Luego sigue manifestando que el gobierno político y civil
era administrado por un Gobernador ( se refiere a los
Corregidores), que es uno de los mas famosos del Perú, no solo porque tienen un
buen y pingüe renta, sino por las grandes utilidades que tiene en la
aplicación de las llamadas industrias y reparticiones, que no se sabe si
era un privilegio concedido por el rey o un abuso. Cada seis meses se debía recepcionar
en forma obligatoria, tejidos de diversas calidades, citas, flecos, galones de
oro y de plata, así como vinos y aguardientes procedentes de Lima y otras
mercaderías. La obligación era para los indios, mestizos y mulatos, y hasta
algunos españoles. Se pagaba bajo la forma de cuotas. Otro negocio que tenían
controlado era el de las piaras, ya sea que transportasen pasajeros o
mercadería. El valor de la recaudación de cada piara debía de depositarse en la
caja del corregimiento y era el corregidos el que hacia el reparto y se quedaba
con buna parte. Todo eso enriqueció a los corregidores piuranos. Y cuando se
retiraban, lo hacían llevándose entre medio millón y 600 mil escudos, mientras
a gran mayoría de los indios seguía en la mayor pobreza.
Según Cicala. La ciudad de Piura
está en pleno trópico, y en una vastísima llanura arenosa junto a la playa del
río del mismo nombre. El suelo es todo de arena sequísima y menuda de tal manea que en la mayoría de
las calles los pies se entierran. Son tres calles principales, rectas y
amplias. La primera calle tiene menos de una milla de longitud. La segunda
supera la milla y la tercera s la mas corta.. Asegura
que antes esta ultima calle era mas larga pero que una inundación del río Piura
arrasó con ella y aun se podían ver los restos..Las
calles transversales y las callejuelas
son muchas, estrechas y torcidas, pero permiten pasen por ellas los
coches. Dice que hay dos plazas. La mayor representa un cuadrado perfecto y es de las mas
grandes que conoce. La otra es la de Santa Teresa. En realidad no se ha podido
ubicar, ni
Sobre as iglesias dice que son magnificas, bellas y bien
arregladas.
Sobre
Hay otras iglesias pequeñas de congregaciones. La de San
Francisco servida por seis u ocho religiosos. Posee un conventillo bueno, bello
y elegante gracias a que todas las celdas dan hacia el río.
La otra iglesia es de los padres mercedarios y su comunidad
es de 3 y hasta 4 religioso. Las iglesia se encontraba
bastante arruinada y peor aun el conventillo, pues la arena los está
sepultando.
Como se pede apreciar, la iglesia de
Cicala habla de otra pequeña iglesia parroquial de indios,
también maltratada por la arena. Se refiere sin duda a San Sebastián.
La tercera congregación es la de los Betlemitas. Está al cuidado de su famosísimo
hospital, que cuenta con una surtida botica, una de la mejores del Perú, El
hermoso convento es de dos plantas, muy sólido, de cal y ladrillo, con
pilastras octogonales. Forma un cuadrado perfecto, con un gracioso patio dotado
de corredores y pórticos. Posee una gran biblioteca de medicina, botánica, química y cirugía. El
hospital está adyacente a la iglesia y al convento. Con frente la plaza mayor. El hospital es espacioso y se
han distribuido muy bien sus pabellones. La atención que dan a los enfermos es
magnifica gracias a los cuantiosos recursos de la congregación que posee varias
haciendas,. Tienen fama a que en él se curan los enfermos que llegan de regiones muy
apartadas como Lambayeque, Truxillo, Lima, Guayaquil, Quito y hasta Popayán. Esas
curas maravillosas se logran por el clima cálido y sequísimo así como por la
excelente atención y alimentación que
brindan. El pago por hospitalización es muy módico.
El hospital, convento e iglesia se vinieron abajo con el
terremoto de 1912 y en ese lugar está construido el Hotel Los Portales, ex
Hotel de Turistas.
En el relato no se menciona a
Dice Cicala que Piura esta
rodeada por un gran arenal y los vientos fuertes de sur a norte llevan nubes de
arenas a las calles invadiendo las casas. Los piuranos cometieron la
imprudencia de talar los algarrobos que rodeaban la ciudad para aprovechar la
leña, y no los repusieron, quedando la ciudad desprotegida,
Estima la población de Piura en 7.000 o en 8.000
habitantes. Afirma que hay muchas familias nobles y una mayor cantidad de
civiles, no pocos mercaderes y apreciable cantidad de negros esclavos en la
misma ciudad y otros en diversas localidades. También hay mulatos y zambos. Y una gran cantidad de indios y mestizos. El
Gobierno está bien organizado debido a que la plebe no es atrevida, insolente,
ni altanera. Sino mas bien humilde, respetuosa y dócil. Los indios son
diferentes a los de Quito, Cuenca o Loxa. Los de la
sierra hablan la lengua inga diferente a la de Quito y la lengua española con
mucha claridad. Visten a la española, si bien las indias llevan un traje
nacional, muy limpio y muy decente..
Los ciudadanos y vecinos de Piura son de bien cuerpo y bien
parecidos. Las mujeres son atractivas, de forma
majestuosa y noble .El color de la tez es blanco rosado. Nada vulgares.
Toda aquella gente es robusta. En todos se ve una buena capacidad. En las
mujeres nobles, el ingenio y la comprensión son sorprendentes, casi diría
extraordinarios.. Debo asegura que en las mujeres nobles, el ingenio es bastante
aventajado que el de los hombres. Además, todos son de carácter afectuoso y de
índole muy bondadosa, de amable trato,
de ánimo grandemente generoso y liberal, afables , corteses, humanos,
afectuoso; graves pero humildes, serios pero agradables, nada altaneros, nada afectados, nada ásperos,
nada violentos, y muy tratables, suaves, mansos y pacíficos y sobre todo tienen
una innata sinceridad, sin ninguna sombra de doblez o fraude. No observé vicios
públicos como el juego, la embriaguez, el homicidio. En cuanto a las virtudes
morales, debo decir que admiré mucho lo bueno y raro. . Se visten tanto los
hombres como las mujeres en forma recatada y honesta, en especial las mujeres,
que tienen hermosísimos y honestísimos
vestidos de uso doméstico y para asistir a la iglesia, Todas usan manto de
tafetán negro para ir al templo y el vestido de larga cola sostenido por una
esclava. La cabeza siempre cubierta y si bien llevan sus joyas, las pulseras de oro y perlas son cubiertas
por el manto. No acostumbran usar afeites para embellecerse. Las mujeres
civiles y plebeyas usan manteleta y el
vestido muy largo, hasta casi el suelo. La verdad que las mujeres piuranas son
modestas en grado sumo, lo que no se ve
en ninguna otra ciudad o provincia..La modestia y
devoción que se observa en la calle y sobre todo en la iglesia son
verdaderamente ejemplares y admirables. En aquella ciudad se considera un
escándalo, si una mujer hablase o se descubriese un tanto la cabeza. Parecen
las mujeres piuranas de otra índole, de otra
piedad y devoción, de lo que son otras mujeres de otras ciudades de
América.
La concurrencia a
Los piuranos tienen un corazón suave y de cera, fácil para
estampar en él las enseñazas mas justas. Todos, particularmente los pobres
tienen su casas abiertas a los viajeros a los que dan acogida y comida sin el
mínimo interés,
Su labor en Piura, dice
Cicala, terminó en la cuaresma de 1767, pero
el caballero Francisco Sánchez Navarrete y muchas instituciones de Piura pidieron al Provincial de los Jesuitas de
Quito, se quedase tres meses mas lo que fue accedido.
Dice el narrador que en Piura hay zapateros, barberos,
sastres, carpinteros, herreros, plateros, etc. Sobresalen en el arte de
fabricar jabón blanco muy hermoso. Piura provee de ese artículo a
Son los edificios de Piura de lo mas hermosos y elegantes,
que yo haya visto en aquella llanura de profundas arenas. Hay edificios de dos
y tres pisos adornados con vistosos balcones, algunos de los cuales rodean toda
la casa y otros están formados por barandillas torneadas trabajada con maderas
preciosas de Guayaquil. La tercera parte de los edificios son de una sola planta.. Todas las paredes son de adobe, pero mas
pequeños del usado en Quito. Los cimientos son también de adobe pues no hay
piedras en toda la región. Todas las
paredes están reforzadas con armaduras de madera colocadas en su contorno de
tres a cuatro palmos de altura y tres palmos de ancho; cubiertas y revestidas
con ladrillo unidos con mezcla de cal.
Esas armaduras existen en todas las casas por los siguientes motivos: 1) sirven
de refuerzo de las paredes, 2) son elementos de adorno y belleza de la ciudad y
de sus calles pues le imprimen gracia y elegancia a la manera de los pórticos de la ciudad de Boloña. 3) para dormir en la noche en esa especie de poyos,
extendiendo sobre ellos alguna cocha o manta
de cama con una almohada. y no se crea que esto
lo hace la gene baja o plebeya, pues también es una esta costumbre la gente
civil, la mercantil, , las personas nobles; 4) para hacer tertulia hasta las 8
de la noche, según es su costumbre, con una linterna encendida en el arco de la
puerta para gozar así el fresquecillo y de la
serenidad de la noche. Cuando usan los poyos para dormir solo lo hacen los
hombres.
El clima es excesivamente seco, y libre de zancudos,
moscas, mosquitos, tábanos, serpientes, escorpiones u otros bichos., o de piojos de climas cálidos y húmedos. No hay
viajero que no constate por propia experiencia la extrema sequedad de aquel clima. Dice Cicala que a veces
extendía en el patio una hoja de papel mojado y al día siguiente la encontraba
seca. Los viajeros en esa región se tienden sobre la arena que es mas suave que cualquier colchón, y duermen maravillosamente
sin perjuicio de la salud, al aire libre y sin cobijas y Cicala
dice haberlo hecho en dos ocasiones.
Las casas tienen sus puertas y fachadas bien hechas y bien trabajadas.. Todas tienen un pequeño patio enladrillado con corredores
muy elegantes en su contorno. Algunos departamentos están adornados con muy
lindos muebles, con nobles pinturas, cuadros con artísticos marcos, con muchos
espejos, arcas. armarios, mesitas, sillas, tapetes,
cortinas, porcelanas de China, cristales y otros enseres. La elegancia de
aquellas cámaras, dormitorios, gabinetes y claustros, no puede ser mayor. Casas
así amoblada hay mas de treinta. Las demás lo están modesta
pero bien presentadas. No hay casa que tenga un pequeño y un gran jardín
de flores, hortalizas y algunos frutales sobre todo cítricos, que se riegan a
mano. Es muy agradable el olor e las flores de naranja, los jazmines,
claveles y hierbas aromáticas, como la hierba buena, el toronjil, el basilicón,
y otras muy fraganciosas.
Los techos son feos y rústicos, externamente, pero en el
interior es diferente. Los techos de las
casas y de la iglesia son de paja y no se ve ninguna teja, y no por que no
exista arcilla y tierras adecuadas, son por que aquel clima no lo permite, pues
el ardiente calor reduce las tejas en
mil pedazos en pocos meses, y también porque se calientan con los rayos del
sol, reverberan y transmiten el calor a los interiores. Por otra parte los
fuertes vientos las levantan y en caso
de terremotos se desploman por su gran
peso,. Por eso se usa una paja especial, dispuesta en
manojos, ligándola en el techo con gruesos cordeles hasta cubrir toda la techumbre y se ponen capas sucesivas de paja hasta formar
un grueso colchón. Para que el viento no se la lleve y para que el gran calor
no la tueste y para que cuando vengan
las raras lluvias el agua no se filtre a
las habitaciones, se cubre la paja con una mezcla llamada torta. Cuando llueve
crece vegetación sobre esos techos.
Todas las calles de Piura están llenas de arena y de semillas de algodón,
sandias, melones y otras mas, y cuando llueve, germinan y brotan toda clase de
plantas. En los techos ocurre lo mismo y a veces se ven melones colgando de los
techos. Los piuranos relataron al jesuita que seis años atrás se habían
producido fuertes lluvias y que luego las calles y los arenales vecinos se
cubrieron de verde con toda clase de frutos., lo que ocurre entre enero y
marzo.
Del río Piura dice que es navegable en canoas y que en
parte baja corre con pausa y
majestuosamente.. Le calcula de
Al río Piura, dice, se le puede calificar como un torrente,
no tiene un curso permanente y corre solo durante siete u ocho meses al año. Cuando el agua
desaparece del cauce, brotan plantas de sandías, melones, maíz, camote,
hortalizas, calabazas. Supone el narrador jesuita que bajo el río hay alguna
corriente subterránea pues a los piuranos les basta hacer pozos poco profundes
en el cauce para tener agua en abundancia.
Los negros, indios, zambos,
y mulatos viven en los suburbios o barrios de los alrededores. La estructura de sus casas consiste en cuatro
vigas verticales de algarrobo,
terminadas horquetas, como
pilares, formando un cuadrado perfecto y sobre esas vigas se colocan otras
viguetas como entarimado. Luego cubren
el entarimado con ramas de árboles frondosos y los ligan con cordeles de
bejuco. Lo mismo hacen con las paredes. Las que dejan
filtrar el aire. Las casas se construyen una separada de la otra.
Duermen sobre el suelo de arena cubriéndolo con una manta.
Pocos usan camas que en estos casos son
cuatro maderos plantados en la arena de dos palmos de altura, sobre los
cuales ponen cañas y encima de ellas un cuero de vaca o alguna cobija de lana
en lugar de colchón. Esa forma de dormir los libra de chinches y pulgas, sobre un lecho que no se endurece
nunca. Si bien es cierto que en los valles hay una serpiente llamada macanche,
ella no entra a las poblaciones.. Cuando se acerca el
periodo lluvias de presentan, cercan el terreno fronterizo a sus viviendas y siembran maíz, fréjol. berenjena
, zapallos , yucas, camotes, melones, lechuga,
coles y otras hortalizas, En las llanuras crece un pasto natural que sirve de alimento a sus rebaños. . Nunca
se producen heladas.
El río Piura tienen su
desembocadura cerca del pueblo de Sechura y el puerto a pesar de ser espacioso
y grande, no es comercial y solo se usa para pequeñas embarcaciones de pesca.
En Sechura para vadear el rió usan unas embarcaciones hechas con mates o
calabazas secas que unen de un modo muy original. El río en este lugar es ancho
y profundo. Del mismo modo pasan las mercaderías, pero las mulas lo pasan a
nado, pese a que a veces aparecen caimanes que llegan hasta la ciudad de Piura.. A veces se forman en el río peligrosos remolinos que han
causado varias víctimas. Así sucedió con un servidor del convento de los Betlemitas. El curato de sechurano
es muy productivo. Subiendo de Sechura con dirección a Piura se encuentra
Catacaos, que es una verdadera ciudad, con calles espaciosas, rectas y bien
trazadas. Su población puede ser de
En Catacaos se cultiva el arte de la música y del cato.
Usan el arpa, el violín, la flauta, pífano
y bajo. Cantan muy bien y forman coro, algunos muy famosos.. Disponen de carne de res, de novillo, de pollo, etc. en cantidad. Se da toda clase
de legumbres y frutas. Los higo, uvas,
sandías, melones y granadas son las mas jugosas y agradables de la región, y
mejores que los de Europa y del resto de los valles de Piura.
Siguiendo hacia la trasmontaña
(los Andes) se encentra la gran tierra de los indios de Ayabaca, situada entre
dos ríos, distante de Piura 20 leguas. El curato es de buenas rentas. La región
es feraz en toda clase de granos,
legumbres, maíz, carne y frutas de toda clase. Por tal motivo la llaman
la tierra de las bendiciones, pues se da de todo, en abundancia y de buena
calidad; a poca distancia de Ayabaca, hay dos ríos que se juntan y forman otro
no vadeable y navegable, que allí toma
el nombre de Achira ( río Chira), famoso y celebre por la delicadeza
y límpida calidad de sus aguas, que son aprovechadas en el ubérrimo
valle en ambos lados. Hasta su desembocadura en el mar. A seis o siete leguas
mas abajo desemboca otro caudaloso río
(el Quiroz) que tiene su fuente en las montañas vecinas que circundan la
ciudad de Valladolid (¿?) descrita en otra parte de esta obra. Desde esta nueva
confluencia, el río Achira se vuelve formidable, ya que tanto el río Valladolid
como el de Ayabaca son caudalosos y no muy fáciles de pasar por vados, por lo
cual hasta en los meses secos, son invadeables y ofrecen grandes peligros para
los viajeros a caballo.
A poca distancia de Ayabaca, está el pequeño pueblo de Gonzanamá (hoy en Ecuador), habitado solo por indios.. En esas llanuras hay otro poblado llamado Cariamanga a 20 leguas de Piura.
Hacía el medio dia, mas allá del
caudaloso Achira, está la hermosa tierra de Colán poblada solo por indios muy
bien situados y acomodados.. Casi la mayor parte de
ellos trabajan como conductores de carruajes (en piaras) y los demás son
marineros o pescadores, célebres por su destreza, agilidad y pericia en el
oficio. Son de hermoza contextura corporal, robustos,
fuertes. Son limpios y bien vestidos a
la española y solo las mujeres usan atuendos de su raza. Se tratan muy bien en
la comida y en el vestido, son capacitados, razonables urbanos y humanitarios.
La tierra de Colán está en la vastísima bahía que llaman
comúnmente puerto de Paita. Es un delicioso poblado que yace en la ribera u orillas del mar, bien
delineado, con sus calles rectas y bien
trazadas. Sobresale la magnifica y soberbia iglesia que se levanta en el centro de la población
.Los recursos del curato, superan los
tres mil escudos. Sus habitantes gozan de un clima que si bien es cálido, es menos fuere que el de Piura
debido a la brisa que sopla del mar. Es
increíble la abundancia de granos, legumbres
frijoles, higos, granadillas, naranjas, sandías, yucas arracachas, camotes muy
grandes, camotillos y muchas tras frutas y raíces, que aquellos indígenas, nada
desidiosos y perezoso, sino mas bien laboriosos, cosechan de la dos orillas del
río Achira, y también en los campos arenosos donde llevan el agua con acequias.
Los indios de Colán con sus balsas de dos velas cargadas de
granos y legumbres, frutas y hortalizas, van y vienen de Guayaquil para proveer
a esa gran ciudad de esas vituallas, tanto en invierno como en verano. También
proveen con peses salados a
A tres leguas por tierra de Colán y a dos leguas al ir por mar,
está en una entrante la costa, un lugar hermoso ameno, La celebre ciudad de
Paya, Emporio en tiempos pasados, de las flotas que transportaban las
más grandes capitales del comercio del Perú. Los caudales oficiales del rey, siempre estaban en depósito
en la ciudad de Paita, 20, 30, 40 hasta 60 millones de escudos
.correspondientes en parte al rey de España. Pero la mayor parte era de los
comerciantes. Actualmente desde que el célebre almirante inglés Anson, sin
encontrar resistencia, saqueó en el año
No hay en la ciudad una gota de agua dulce, por lo que los
indios deben de transportarla desde el río
El puerto es bastante espacioso. Tienen una circunferencia
de aproximadamente unas 6 leguas. Si el arte marítimo desarrollara su trabajo,
resultaría de ello un famoso puerto, capaz de alberga un millar de naves, pero
estando como está abandonado y no muy frecuentado, se halla al presente muy lleno de arena a tal punto que los barcos
mercantes, solo pueden fondear a
distancia de una legua de la playa.
En Paita, la curia no es muy abundante en rentas y la
iglesia es verdaderamente pobre y miserable. .Existe un pequeño convento,
residencia de los Padres Mercedarios, que dependen del Provincial de Lima. La iglesita es muy hermosa. Tiene una sola nave construida
toda en cal y piedra y con una buena fachada de piedra labrada. Es la primera
construcción que ven los navegantes cuando las naves llegan a la altura de lo
que llaman e escollo o farallón de
En su narración, Cicala cuenta, lo que es tradición en Paita. La invasión de
los ingleses de Anson , los corsarios ingresaron a
Luego el Padre Cicala se ocupa
del comercio de los piuranos. Y dice que trafican con el Perú, Panamá, Guayaquil y toda
El cutir las pieles es el segundo ramo de los
piuranos. Lo que hacen con mayor pericia
que en Europa y que España, pues las pieles adquieren suavidad, flexibilidad,
fortaleza y colores vivos e indelebles. Todos los trabajadores son negros
esclavos, muy diestros.. Dice el sacerdote jesuita que
presenció la matanza de cabritos y
machos cabríos cebados, y pudo constatar
la gran cantidad de manteca y sebo que tenían. Los negros con gran agilidad
separaban la carne de la grasa. Las vísceras eran vendidas por cuatro reales.
Algunos machos cabríos tenían carne como para satisfacer a 16 personas.
El tercer producto es el azúcar que comercia con Panamá y Guayaquil.
En cuarto lugar están las harinas que fabrican en gran abundancia y proveen de
ellas a Guayaquil, Panamá y otras ciudades.
Son harinas especiales, muy blancas y de magnífico sabor. Por ese motivo
son alabados el pan y los biscochos de Piura.
El quito producto del comercio son los granos y legumbres
muy copiosas, que en barcos menores llevan a Panamá y a Guayaquil. A Quito
llevan garbanzos en grandes cantidades.
El sexto producto son los sombreros de lana y de paja muy
fina, así como los petates y esteras y alfombras de paja de colores. Los
tejidos son variados y muy bien hechos. En Lima usaban mucho esas alfombras de
paja, que eran muy limpias y de larga duración.
El séptimo producto son las piedras de sal, blanquísimas y
brillantes como cristales.. En Panamá solo se consume la sal de Piura..
En Quito la compran en gran cantidad para engordar al ganado. También se
comercia e pescado salado de Paita,
frutas, verduras y raices de Colán, de
Catacaos, y otras cosas de gusto y
regalo excelentes.
También se ocupa el jesuita de los terremotos en Piura que
dice son frecuentes y muy violentos. Cree que tienen su origen en el mar. Y por
un volcán no lejano llamado Macas ( no se conoce ahora
tal volcán). Durante la estadía del
jesuita en Piura se produjeron dos fuertes temblores, uno de ellos el martes de
carnaval de 1767 cundo estaba predicando, por lo que toda la gente salió
despavorida de la iglesia..
Se ocupa igualmente de las piedras de sal, que pondera
mucho.
Habla también de los
dulces, enconfitados, confituras, conservas y jarabes y menciona una de frijoles, muy sabrosa.
Afirma que en Piura no hay mosquitos por lo que no son
necesarios los toldos ni mosquiteros. Muy poco escorpiones, pero hay pulgas y chinches que dicen fueron
traídos por viajeros de Lima., en sus vestidos y colchones, pues aseguran que
antes no se conocían en Piura. . Las serpientes son muy raras. Hay pocas
hormigas. Existen niguas pero no en la
abundancia que hay en otras ciudades.
Cuando el protestantismo hizo su aparición en Europa, el
capitán español Ignacio de Loyola, que luego fuera elevado a los altares, fundó
En el Perú, el virrey Amat montó un gran operativo militar
sumamente secreto, para reducirlos y encarcelarlos y luego remitirlos a España.
Se asegura, que su nombramiento como
virrey del Perú tenía como objeto de encargarle esta difícil tarea.
Los jesuitas no tenían en Piura establecimiento alguno,
pero no por ello se dejó de sentir, la drástica actitud. Del Perú fueron
extrañados 799 religiosos, muchos de ellos de edad avanzada, achacosos y
enfermos. De ellos 230 eran peruanos. Entre los expulsados figuraba el padre
Bernardino de Castilla, piurano, de familias conocidas y que se desempeñaba como rector del colegio de Ica.
Gran chasco se llevó Amat, pues no encontró entre los
papeles que dejaran los jesuitas, ningún documento comprometedor como para
justificar la brutal medida. Tampoco encontraron las riquezas que suponían
ocultas, a pesar de que se excavaron pisos y derrumbaron paredes de templos y
conventos. Fue en cambio muy criticable la actitud de algunas autoridades, que
a semejanza de los piratas, se apropiaron de joyas pertenecientes a las propias
imágenes sagradas.
En 1773 el virrey don Manuel de Amat, hizo conocer por
medio del marqués de Salinas, los
tributos que tenían que pagar los indios de la parroquia-repartimiento de San
Sebastián, que eran 1,217 clasificados de la siguiente forma:
Indios tributarios 259
Indios exonerados (por enfermos o ancianos) 54
Indios menores de 18 años 294
Indias 610
De los 259 afectos a la tributación, habían 8 que estaban
temporalmente exonerados en razón de la ocupación que tenían, y eran: 2
cobradores; 4 cantores; 1 maestro de capilla y 1 maestro de escuela.
Los 251 indios restantes debían de pagar un tributo anual
de cuatro pesos de plata, lo que hacía un total de 1,004 pesos. La forma como
se debía utilizar este impuesto general de los indios, era el siguiente:
- Para el sínodo y sustento del cura de la parroquia
la
apreciable suma de 400
pesos
- Para el cacique principal 30 pesos
- Para el otro cacique 20 pesos
- Para el maestro de la escuela 30 pesos
- Para
Total:
1,004 pesos
Pero no era esta la única contribución que debían hacer los
indios, sino que como cristianos tenían otras obligaciones, y también una
especie de seguro social. En efecto, los indios tributarios pagaban en
conjunto:
- Un tomín ensayado cada uno para la construcción
del
templo de San Sebastián 49
pesos
- Un tomín ensayado cada uno, al hospital de Belén,
donde
son atendidos 49
pesos
Se prohibía terminantemente que fuera de estas cargas
tributarias se exigieran otros pagos a los indios. La autoridad infractora
estaba sujeta a una multa de 500 pesos.
Ricardo Vegas García en su obra “Libro del Cabildo”, al
referirse al sacerdote don Simón de Lavalle y Cortés,
que fuera propuesto para una capellanía, dice: “era hijo del general
don Simón de Lavalle y Bodega, corregidor de
Piura, caballero de Calatrava, contador y juez ordinario de las cajas reales de
Trujillo, visitador de Cajamarca y alcalde de Trujillo, y de la señora María
del Carmen Cartavio y hermano del general don José
Antonio de Lavalle y Cortés, también corregidor de Piura
en 1772, caballero de Santiago.”
Por lo tanto don Simón Lavalle y Bodega, se hizo cargo del corregimiento,
sucediendo a Cristóbal Guerrero de los Ríos.
La esposa de don Simón, era descendiente del conquistador
de México don Hernán Cortés, según asegura Mendiburu.
Cuando don Simón era corregidor de Piura, su hijo José
Antonio, cursaba estudios y viajaba por Europa.
En 1772, don
José Antonio asumía el corregimiento de Piura. De esta ciudad pasó a Lima en
donde fue coronel de milicias y alcalde de Lima en 1779. En enero de 1782 se le
confirió el Título de Castilla de Conde Premio Real. Tras desempeñar varios
cargos en Lima, llegó en 1813 al grado de brigadier, falleciendo en 1815.
El Conde de Premio Real fue cansado doña Mariana Zugasti y Ortiz de Feranda y de
ese matrimonio nacieron Simón, el primogénito que murió también en 1813 cuando
era teniente general del Batallón del
Número.
Otros hijos del conde fueron: don José Antonio, caballero
de
El cuarto hijo, José Casimiro, sirvió también en el
regimiento de su hermano. En 1806 solicitó su retiro del ejército español para
retornar a Lima, pero a poco estalló la revolución de Aranjuez y se unió al
general Palafox que en Zaragoza resistió al ejército francés. Fue enviado a
Lérida, sitiada por un poderoso ejército. Tras la toma de Zaragoza se le exigió
la rendición de la plaza. Los franceses se lanzaron al asalto el 16 de mayo de
1809 y durante tres días se luchó encarnizadamente, saliendo victoriosos los
españoles, obligándoles a levantar el cerco de Lérida y abandonar Zaragoza. El
brigadier Lavalle fue puesto al frente de una
división del ejército en Valencia, lugar donde fue herido, hecho prisionero y
enviado a Francia, escapando finalmente y reintegrándose a su división. El rey
lo hizo mariscal de campo y gobernador de Alicante, falleciendo en 1815.
Juan Bautista de Lavalle,
caballero de Alcántara y de San Hermenegildo, brigadier en el ejército español
en el Perú. Alcalde de Lima en 1814, coronel intendente de Arequipa en 1816.
Brigadier en 1823. El rey le confirió la presidencia del Cuzco, pero el
nombramiento llegó después de la batalla de Ayacucho. Sirvió a la república
llegando a ser general de brigada, Fue casado con doña Narcisa Arica Saavedra, hija del conde de la
casa de Saavedra. Juan Bautista heredó de una tía el título de conde de San
Antonio de Vista Alegre, que no usó.
Mariano fue el último hijo
del Conde de Premio Real. En 1806 pasó a España y en 1809 fue oidor de
Guadalajara. Se le hizo caballero de la orden de San Juan y enviado a Cuba como
oidor de
Desde noviembre de 1735, cuando llegó el marqués de Villagarcía, no pisaba Piura un virrey. Luego de cuarenta
años llegaba nuevamente un representante de su majestad. Era éste un marino que
ostentaba el alto grado de teniente general de
Don Manuel Guirior llegó a Paita
el 1º de junio de 1775 y de inmediato se trasladó a Piura. Desde esta ciudad,
el día 5, escribió a
Guirior encontró al país sumamente agitado. El pueblo ya no se
sometía sumiso al abuso y el gobierno despótico de Amat, creando mayor
resistencia. El 1776, cuando recién llegaba el nuevo virrey, los indios de Chumbivilcas se
sublevaron y dieron muerte al corregidor. Al año siguiente la indiada de Llata en Huamalíes se rebeló
contra el comercio de explotación que hacía un capitán, cuñado del corregidor,
dándosele muerte. En Urubamba también
estaban sublevados los indios desde 1776. Los indios de Yungay
agobiados por los impuestos también se rebelaron, propagándose el movimiento de
protesta, pero el corregidor de Casa Hermoza, que era
muy apreciado por el pueblo por el trato humano que le daba, logró sosegar a la
multitud. Caso único el de este corregidor, por que generalmente eran odiados
por el trato despótico que daban a los indios a quienes explotaban.
En Arequipa se vivía un ambiente de tensión que bien pronto
se transformó en motín. También había intranquilidad en Moquegua, Cuzco,
Huamanga, Huancavelica, Jauja, Pasco y Huanuco.
Lambayeque fue conmovida por un motín de los mulatos que
tenía ramificaciones en las haciendas del Alto Piura. La protesta era contra el
impuesto personal que antes no pagaban los manumisos. La agitación fue grande
en la mangachería piurana
El descontento en el Cuzco era general. El corregidor
Fernando Inclán llegó a descubrir un complot manejado
por Lorenzo Farfán de los Godos, hidalgo que movía a gran cantidad de artesanos
y mestizos. El virrey hizo que la sentencia de muerte contra Farfán y otros
cuatro se cumpliera en Lima, según dice Mendiburu.
Lo cierto es que la sentencia se ejecutó en el Cuzco el 29
de junio de 1780. Fueron ahorcados: Lorenzo Farfán de los Godos, que las
autoridades españolas aseguran que pretendía proclamarse rey del Cuzco.
Diego de Aguilar, al
que decían “marqués de Chamica”, que había ofrecido
poner 2,000 indios para la revolución.
Alonso del Castillo, que iba a desempeñar el cargo de
capitán de armas.
También fueron ejecutados Eugenio Carmelo, José Gómez, de
oficio platero; Juan de Dios Vera y Asensio Vergara.
Farfán de los Godos tenía parientes en Piura y su padre
había sido regidor del Cuzco. Desempeñaba el cargo de contador real del derecho
de alcabala. Tenía conexiones con los amotinados de Arequipa y Lambayeque.
Los complotados debían reunirse el 24 de junio de 1780 al
repique de campanas, para deliberar y nombrar un capitán.
El corregidor del Cuzco, Fernando Inclán
del Valle tuvo conocimiento del complot por un cura que violó el secreto de
confesión. El obispo Juan Manuel de Moscoso Peralta excomulgó a ese sacerdote.
El cacique de Pisac Bernardo Tambowacso, que había ofrecido 3,000 indios para la
rebelión, logró huir. Se refugió en un templo, por cuyo motivo al ser capturado
se le remitió a Lima. Ahí fue defendido por Baquíjano
y Carrillo y ya había logrado salvarlo de ser sentenciado a muerte, cuando
estalló la revolución de Tupac Amaru, por cuyo motivo se le ajustició como
escarmiento
Entre el obispo del Cuzco y el corregidor de Tinta, Antonio
de Arriaga había profundo encono que terminó con la
excomunión de éste. Posteriormente Arriaga tomó parte
en la investigación y ajusticiamiento del complotado Farfán y acusó al obispo
de haber estado comprometido, pero en Lima no le hicieron caso y el obispo al
enterarse de estas acusaciones, pese a lo cual el obispo siguió insistiendo y
tratando que se le conmutara la pena a Farfán y los suyos y cuando fueron
ajusticiados, hizo darles sepultura en el templo de San Francisco. Todo esto
dio pábulo, que en la opinión pública se le considerase que en efecto había
estado comprometido. Así lo expresa el
general e historiador Mendiburu.
.En Arequipa los amotinados saquearon la aduana, las cajas
reales, la casa del corregidor y
liberaron a los presos. Fue necesario trabar un sangriento combate para
reducirlos, pero el estado de inquietud se mantuvo por mucho tiempo, estimulado
por personas importantes.
Durante el gobierno de Guirior se
creó el virreinato de Buenos Aires, el que por falta de recursos siguió
dependiendo económicamente de Lima. La audiencia de Lima tenía la siguiente
jurisdicción: la costa que hay desde Lima hasta la provincia de Atacama donde
comienza la audiencia de Chile. Por el norte hasta el puerto de Paita
inclusive. Por tierra adentro a San
Miguel de Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba y
los Motilones inclusive, hasta el Collao exclusivo,
por los términos que se señala a
España, siempre atenta a sacar lo más que se pudiera de sus
colonias, envió a México como visitador a José Galves,
al cual se le acreditó como ayudante a José Antonio Areche.
El visitador actuaba esencialmente en el campo económico y Areche dio en México muestras de probidad, por cuyo motivo
el mismo Galves lo recomendó al rey como visitador
para el Perú.
Pero, ni México era el Perú, ni era lo mismo actuar como
subordinado que pleno de poder, como el que se le dio a Areche,
colocándolo a igual nivel y muchas veces por encima del virrey.
Fue Areche un hombre nefasto para
el Perú. Además de arbitrario, era terco e intrigante. En el Perú hizo subir la
tasa del impuesto de alcabala y además comprendió dentro del impuesto personal,
a muchas clases que antes estaban exoneradas de él.
Por otra parte se opuso a la supresión de los
repartimientos, que muchos corregidores, como el marqués de Casa Hermosa,
habían propuesto y que el virrey deseaba.
Areche, se hizo también antipático entre el propio elemento
español, porque obligó a que pagasen diezmos y cobos, las alhajas y plata
labrada en poder de particulares y hasta desairó a comisiones del cabildo y del
consulado. Puso impuesto a la producción del aguardiente.
Areche sin embargo se dio cuenta de que el Perú estaba a punto de
estallar y había mucho abuso. Decía en carta a México “ahí hay justicia y aquí
tiranías comunes, ahí toman los indios lo que les conviene y acá lo que el
corregidor les reparte. Allá es en compra libre lo que se toma y acá en venta
forzada de parte del que recibe lo que se le da y esto tiene a las provincias
cerca de dar un estallido”. Fatalmente Areche actuó
en base a instrucciones de la corte española que deseaba siempre más dinero, y
por lo tanto en lugar de remediar la situación la empeoró. Cuando la rebelión
estalló, trató de ahogarla y hacer un escarmiento, utilizando el máximo de
dureza. Con el Virrey estuvo en pugna constante, por eso lo indispuso ante la
corte y lo calumnió
El historiador Carlos Robles Rázuri, había logrado reunir y
dado a la publicidad datos muy interesantes sobre la iglesia mayor de Piura,
como se le denominaba antes a la catedral
Los sismos de 1619 y 1687 afectaron bastante al templo pero
su reconstrucción recién se inició en 1773
Dada la cuantiosa inversión que se hizo, cabe suponer que
los piuranos de la época estuvieron muy diligentes y mostraron ferviente
religiosidad.
El constructor Andrés Velasco invirtió la suma de 4,345
pesos en dicha reconstrucción.
El maestro Rudesindo de
El templo contaba además con un reloj público
Tres años más tarde la reconstrucción llegó a su fin y los
piuranos quisieron celebrar ese acontecimiento en grande, para lo cual
nombraron padrino nada menos que al rey de España Carlos III.
El rey hizo lo que hoy hacen los presidentes y ministros en
igual situación, esto es, delegar en una determinada autoridad la
representación.
Por lo tanto fue designado don Manuel Guirior,
virrey del Perú, para que lo
representara y éste como era natural, se apresuró a cumplir los deseos del rey,
que lo honraba haciéndolo su representante personal.
El cabildo, autoridades eclesiásticas y el corregidor se
multiplicaron para atender al señor virrey, que un año antes había estado con
su esposa y habían dejado una grata impresión por su amabilidad.
Como era de rigor, la parte central de los festejos fue una
solemne misa que se celebró el 24 de junio de 1776, hecho que se registra en el
libro parroquial, según lo da a conocer Robles Rázuri con la siguiente
anotación: “El día venticuatro, cargo treinta y siete
pesos que se han gastado en esta santa iglesia, para el día de la misa de
gracias de llegada del excelentísimo señor virrey don Manuel Guirior...”
El templo fue desde el principio construido con tres naves
y en la parte fronteriza y superior tenía la efigie del patrono de la ciudad,
el arcángel San Miguel
Al costado del templo estaba el baptisterio y la residencia del párroco, tal como fue
siempre. El resto de la manzana era un cementerio, estando separado el campo de
los adultos que se levantaba frente a la plaza, en donde luego se construyó el
edificio Duncan Fox y frente a la calle Tacna, antes
llamada El Cuerno estaba el de párvulos. Pero como en esto de enterrar a los
muertos ha habido siempre categorías, a la gente de alcurnia se enterraba en la
cripta que existía en la iglesia mayor o en las paredes del túnel que conducía
posiblemente hasta el templo de Belén. Del túnel ahora no se sabe nada.
Es en esta cripta en donde está sepultado el capitán
Gonzalo Farfán de los Godos, hijo del conquistador, y fundador de San Miguel
del Villar, muerto en 1588.
Por los turbulentos años de 1779 y 1780, era corregidor de
Piura el general Juan Ignacio León y Gastelú, piurano
de muy encumbradas familias. Su padre fue el capitán Ignacio León y Velásquez,
alcalde en 1744, que estuviera casado con en primeras nupcias con doña Josefa Gastelú Robles.
Don Ricardo Vegas García dice que Juan Ignacio heredó el
mayorazgo de su casa y que en la guerra de 1795 cedió todos sus productos al
rey
Fue tronco de muy conocidas familias piuranas.
El 4 de julio de 1776 las colonias norteamericanas lograron
su independencia de Inglaterra. Francia y España favorecieron el movimiento
para golpear al poder inglés, ya que era muy difícil sacarle ventaja en el
escenario europeo.
España no se percató que la independencia de las colonias
inglesas podría ser un ejemplo para sus dominios en América.
Si bien es cierto
que de inmediato no repercutió; a la vuelta de algunos años fue con
El visitador Areche en forma
constante había estado enviando a la corte de España quejas contra el virrey,
al cual además calumniaba. Entre las muchas cosas que le imputaba a Guirior, estaban las supuestas críticas, a poderosos
personajes de la corte, burla a las cédulas reales y hasta la pretensión de
coronarse rey.
La insistencia de Areche al fin
dio resultados y el 10 de enero de 1780, el virrey fue destituido y reemplazado
por el capitán general de Chile don Agustín de Jáuregui. Fue posiblemente de
acuerdo a las órdenes de Madrid que Jáuregui procedió a actuar en forma
sigilosa e inmediata, pues sin despedirse de nadie en Santiago y sólo
informando que se dirigía a Valparaíso, tomó el barco “El Monserrate”
y se dirigió al Callao. El 19 de julio, por la noche, estaba desembarcando en
el Callao y de inmediato hacía conocer al virrey su nombramiento. Al día
siguiente asumía el mando.
Para Guirior todo fue sorpresivo
y lo mismo sucedió con Lima, cuyos vecinos tenían gran estima por el virrey y su esposa. Al revés de lo que
sucedió con Amat, fueron muchas las familias que disputaron en brindar sus casas a la ilustre pareja.
El juicio de residencia que se le siguió a Guiror fue largo y terminó recién en 1783, quedando
absuelto de todos los cargos que se le habían hecho. La sentencia fue
confirmada en 1785 y en 1787 el rey le concedía, tardíamente, el título de
marqués, pues al poco tiempo moría.
El virrey Jáuregui se vio en breve enfrentado al mayor
levantamiento indígena desatado en el Perú.
Los hechos se produjeron casi en forma repentina. El 4 de
noviembre de 1780 el párroco de Yanaoca convidó a
almorzar a Tupac Amaru, cacique de Tungasuca y a don
Antonio Arriaga, el excomulgado corregidor de Tinta.
Se asegura que Tupac Amaru era amigo del corregidor y
además, le era su deudor. Tupac Amaru se retiró primero y en el camino esperó y
emboscó a Arriaga, tomándolo prisionero y
conduciéndolo a Tinta, ahorcándolo, manifestando su decisión en nombre y por
mandato de las autoridades españolas. Hasta ese momento la masa de indios
estaba más que todo sorprendida. Muchos aseguran que Tupac Amaru actuó
instigado por el obispo del Cuzco y existen
indicios que permiten pensar que así lo fue. Los hechos arrastraron
después al caudillo; al mismo tiempo que
y el obispo y demás religiosos del Cuzco perdieron todo control sobre el
rebelde.
La revolución de Tupac Amaru casi no se sintió en Piura,
pero fue un piurano del bando realista que al actuar en los primeros momentos
en forma decidida, parece que hizo cambiar el rumbo de los acontecimientos y
determinó en parte la derrota de Tupac Amaru
Cuando se supo de la ejecución de Arriaga,
toda la indiada se convulsionó y en grandes masas acudieron a Tinta en un
intento de borrar a todos los corregidores.
Tupac Amaru, antes de ejecutar a Arriaga,
mediante un documento firmado por éste, logró conseguir 65 mosquetones, mulas y
23,000 pesos
El rebelde, en poco tiempo logró reunir no un ejército,
sino una masa, que algunos estiman, en casi 60,000 hombres.
El caudillo se ve, entonces, envuelto en los
acontecimientos que lo arrastraron a la acción, pero sin saber lo que debía
hacer, pues no contaba con un plan
estratégico previo. No se había propuesto un objetivo. Las decisiones se toman
al momento y es así que marchan hacia Quiquijana
(actual Quispicanchis) en busca del cruel corregidor
Cabrera, el cual logra huir al Cuzco
Creyendo que se
trataba de un motín fácil de controlar, en el Cuzco se alistan fuerzas para
enviarlas a luchar contra el rebelde. Se disponen 400 soldados que son lo mejor
de la juventud cuzqueña y 800 indios auxiliares. Con ansias de gloria, Cabrera
y Landa deciden partir sin esperar los refuerzos anunciados. El 18 de
noviembre, Tupac Amaru los copa en la iglesia de Sangarara
y los exterminan totalmente, con pocas pérdidas de sus tropas. Menos de 10
soldados se salvan y van a contar al Cuzco el desastre. Entre los muertos
estaban Cabrera y Landa.
Recién el Cuzco se da cuenta de la magnitud de la rebelión
y cunde el pánico. La mayoría trata de evacuar la ciudad. Hay congoja en muchas
familias por la pérdida de sus hijos. En esos momentos llega el corregidor de
Abancay, Manuel Villalta, con tropas bien disciplinadas, toma el control de la
ciudad, restablece la calma y organiza la defensa.
Tupac Amaru vuelve a titubear con respecto al partido a
tomar. Su mujer Micaela Bastidas le incita a tomar el Cuzco. Hubiera sido sin
duda el momento oportuno, ya que el temor de la población hubiera sido factor a
su favor.
Se decide sin embargo marchar hacia Puno y el 13 de
diciembre se subleva Azángaro
a donde ingresa en triunfo. Parecía que su plan era acoplarse con los hermanos Catari levantados en
el Altiplano, con lo que se constituiría una formidable fuerza, sin embargo
retorna con la intención de atacar Cuzco, pero ya en la ciudad la defensa
estaba organizada y se disponía hasta de 3,000 soldados, unque
en su mayoría reclutas.
El 18 de diciembre, miles de indios ponen cerco al Cuzco. A
sólo dos leguas de la ciudad grandes masas de atacantes ocupan las alturas de
Chita. Es ese el lugar más peligroso. Llega el 21 de diciembre y la ciudad
imperial está completamente alborotada habiendo renacido el temor. El obispo
canceló los oficios de navidad por precaución y los transfirió para el amanecer
del 25.
Se decide entonces enviar al teniente coronel Francisco Laysaquilla, con 100 hombres escogidos para despejar el
peligro en la zona de Chita. La tropa sale a las 9 de la mañana del 22 de
diciembre. Se trataba de una operación suicida. Se toma contacto con el
contrario y se lucha una hora que fue suficiente para derrotar a los indios en
el sector de Chita. En el Cuzco corrió
el rumor de que Laysaquilla y su tropa habían
sido aniquilados y el pánico llegó a su máxima expresión. Se envió entonces a
otros 100 hombres con Simón Gutiérrez para establecer cual era la situación
real, encontrando que Laysaquilla regresaba con
prisioneros y muchas cabezas de indios en las picas como macabros trofeos de
guerra. Los vencedores fueron recibidos en el Cuzco como héroes, volvió a restablecerse la
confianza y se celebró en grande el triunfo en la plaza mayor. Los cuzqueños
pudieron entonces celebrar su navidad.
Esta primera derrota desconcertó a Tupac Amaru. Los cuzqueños
en cambio se animaron a enviar nuevas expediciones como la de Nicolás Lobatón a Urubamba contando con la ayuda del cacique Pumacahua, lo que
les dio una nueva victoria. Después una salida a Yungay
significó un nuevo triunfo. En 1814 Pumacahua encabezaría
una sangrienta rebelión.
Tupac Amaru reúne más combatientes para continuar el cerco
del Cuzco, pero no puede impedir que el 1º de enero ingrese el coronel Gabriel
Avilés con 200 soldados provenientes de Lima. Avilés sería más adelante virrey
del Perú.
De inmediato mandan al comandante Valcárcel y al corregidor
Laysaquilla a cerrar los accesos de la ciudad. El 3
de enero de 1781 atacan al cacique Castello y le
infligen 300 muertos. Como Diego Tupac amagaba por la zona del puente sobre el
Urubamba, se envió a Laysaquilla con 40 hombres como
refuerzo y la lucha fue dura, pero luego se le llamó urgente porque en la
cumbre de Picchu se tenía que combatir a una
avalancha de indios que luchaban ardorosamente. Durante cuatro días se luchó en
forma denodada. Siempre estuvo Laysaquilla en los
puntos de peligro siendo herido en el pecho. Los días 7 y 8 el ejército de
Tupac hizo un supremo esfuerzo, pero el 10 levantó el cerco. Fue a
reorganizarse y atrincherarse en Tungasuca.
El febrero llegan al Cuzco los refuerzos de Lima con el
mariscal José del Valle y el intransigente visitador José Antonio Areche.
El 4 de marzo sale del Cuzco un ejército de 17,116 hombres,
distribuidos en 7 columnas. La primera se dirige a Tinta al mando de Valcárcel
con 2,310 hombres. La segunda enrumba a la quebrada de Quispicanchis
con 2,950 soldados al mando de Manuel Campero. La tercera comandada por Manuel
Villalta y con igual número de efectivos que la anterior con destino a las alturas de Ocororo.
La cuarta columna con 3,000 efectivos va a Paruro y a
Livitaca, al mando de Manuel Urios.
La quinta columna, con igual número que la anterior y mandada por Domingo Marnara va a Cotabambas y Chumbivilcas, tenía por segundo jefe a Francisco Laysaquilla. La sexta columna con 550 hombres a Paucartambo comandada por el coronel Cavero. El sétimo
agrupamiento, de reserva, al mando del coronel Avilés, para marchar después a
reforzar Ocororo, o Lares,
Urubamba y Calca.
La primera columna que entró en acción fue la quinta de Marnara y Laysaquilla cuando en Cotabambas trabó combate con el cuerpo del ejército rebelde
que comandaban los caciques Parvina y Bermúdez, que
murieron en la refriega, lo que fue muy sentido por Tupac Amaru, que
consideraba a estos jefes sus principales capitanes. El mariscal del Valle que
comandaba todo el operativo estaba en las alturas de Vilcamayu
sufriendo mucho por el intenso frío, la nieve y la falta de víveres. A ese lugar pensó caerles por sorpresa Tupac
Amaru, pero un traidor llamado Zumiaño Castro informó
a los españole, que abandonaron el lugar
y bajaron al valle de Quiquijana el cual tomaron. Ante esto, Tupac Amaru se
atrincheró en Chocacupe con 20,000 combatientes.,
pero los españoles realizaban movimientos de pinzas y los atacaron en dos
frentes. Los indios tuvieron que retirarse a una segunda línea de defensa a una
legua de Tinta. Pero la artillería española destruyó los parapetos de adobe. La
cabeza de Tupac Amaru había sido puesta a precio y además estaba excomulgado
desde el ataque a la iglesia de Sangarara y esto le restó sin duda adeptos, ante el temor
rayano en la superstición de los indígenas, de ir a los infiernos. Tupac Amaru,
su mujer y sus hijos dejaron Tinta con el fin de reunir a sus dispersas fuerzas
y para eso tenían que pasar por Langui. Ahí una mujer
llamada Juana Portilla que había perdido marido e hijos en la lucha, se apoderó
de las riendas del caballo del caudillo, dando tiempo a que actuaran otros
traidores más entre los que estaba Ventura Landaeta y el cura de Langui, entregándolo a los españoles. Landaeta era uno de
los capitanes de Tupac Amaru. El mismo día el mariscal del Valle ejecutó a 67
indios y ponía sus cabezas en postes a lo largo del camino.
Preso el jefe rebelde, la cacica Micaela, sus familiares y
capitanes, le tocaba entonces actuar al execrable Areche.
Su comportamiento fue criticado hasta por el endurecido mariscal Del Valle, ni
siquiera lo que llaman males de la época puede disculpar, los extremos de
salvaje sevicia a que llegó Areche el 18 de mayo de
1781, y ni los reyes en cuyo nombre ejecutó la feroz sentencia se lo aprobaron.
La historia ha dado ya su veredicto sobre Tupac Amaru y sobre Areche. Muy distante el epílogo de los rasgos de
generosidad y nobleza de que en muchas oportunidades dio muestras Tupac Amaru
durante la lucha, y si bien es cierto que en algunos lugares como en Calca, los
indios cometieron atrocidades, nunca fueron hechas por indicación de Tupac
Amaru y hasta el mismo ajusticiamiento de Arriaga
parece que fue a sugerencia del propio obispo del Cuzco.
El fracaso del movimiento de Tupac Amaru en el campo
militar, se debió a que todo fue improvisado e imprevisto. Le faltaron
capitanes de valía. Los indios titubeaban, se encontraban desconcentrados y a
eso cooperaban los muchos caciques que apoyaban a los españoles, entre ellos Pumacahua que años después también se sublevó. En muchas
oportunidades las batallas se dieron entre indios. La traición fue muy
frecuente y también la falta de organización y disciplina.
Con Tupac Amaru se inicia una nueva etapa en la historia
del Perú. El poder español empieza a declinar y se inicia la lucha por la
liberación. Tupac Amaru fue su principal precursor.
Pero volvamos a Laysaquilla. Su
participación fue tan importante y decisiva, que se puede decir, que desde el
principio, al infligir a Tupac Amaru su primera derrota, le señaló el camino
del fracaso final. En el Cuzco se hizo muy popular la siguiente “décima”:
En Cuenca nació Orellana,
Laysaquilla en Piura,
y Villalta en la hermosura
de esta corte peruana.
En Tacunga, villa ufana
recibió su aliento Flores
dignos de eternos honores
son los cuatro americanos
que se han hecho por sus manos
cuatro reconquistadores.
Fue pues un piurano el que determinó el fracaso inicial del
gran Tupac Amaru. Eso en modo alguno resulta desmerecedor, porque cada uno
luchaba por sus convicciones y en la guerra de la independencia, muchos
peruanos estuvieron batallando en uno y otro lado.
Si bien es cierto que en Piura no se notó ningún intento
por secundar la rebelión de Tupac Amaru, sin embargo no dejó de sentirse
conmocionada por las noticias alarmantes que llegaban del sur.
El rumor se hizo más insistente cuando se infiltraron algunas
informaciones procedentes de la vecina audiencia de Quito en donde se llegó a
descubrir un complot que puso de manifiesto su vinculación con los rebeldes del
sur.
Fue en el seno de la comunidad indígena del Socorro, en
donde se tramó la posibilidad de una rebelión general para restablecer el
antiguo imperio de los incas.
En la conspiración intervinieron mestizos de cierta
cultura, los que enviaron delegados a Tupac Amaru, los que al ser interceptados
en el camino, permitieron que se descubriera todo.
Las autoridades españolas en Quito actuaron con gran
reserva y sin hacer mayores demostraciones o aparatos lograron capturar a
varios de los complotados entre los cuales estaba el escribano Manuel Tovar que
fue sentenciado al exilio por el presidente de la real audiencia José María de
León. Como siempre, fue un traidor el que informó de los correos y permitió que
se descubriera el complot. El escribano Tovar murió en su destierro de Chagres, pantanos de Panamá. Así lo relata el historiador
Virgilio Roel.
El sacrificio de Tupac Amaru no fue en vano y bien pronto
los desacreditados corregimientos iban a ser suprimidos.
En Piura el último corregidor fue don José Vicente de
Zavala, en cuyo tiempo el obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martínez Compañón,
hizo una visita pastoral a Piura y creó 10 reducciones con sus respectivos
curatos.
Don José Vicente era natural de Cajamarca, sus padres
fueron don Nicolás José de Zavala, natural de Buenos Aires y su madre fue doña
Francisca de Arze y Barrantes.
Tuvo 7 hermanos, de ellos dos religiosas.
Se casó en primeras nupcias con doña Catalina de
Al suprimirse los corregimientos se crearon las
intendencias y subdelegaciones, Zavala fue nombrado sub-delegado del partido de
Cajamarca, dependiente de la intendencia del Trujillo. Estuvo en el cargo entre
1790 y 1796 y posteriormente se radicó en dicha ciudad de Cajamarca,
contrayendo matrimonio en segundas nupcias con doña Inés Angulo en 1800.