Un Corazón
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"El día que mi María José
nació, en verdad no sentí gran alegría porque la
decepción que sentía parecía ser más grande que el
gran acontecimiento que representa tener un hijo. Yo quería
un varón.
A los dos días de haber nacido, fuí a buscar a mis dos
mujeres, una lucía pálida y la otra radiante y
dormilona. En pocos meses me dejé cautivar por la
sonrisa de María José y por el negro de su mirada
fija
y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla
con locura, su carita, su sonrisa y su mirada no se
apartaban ni un instante de mi pensamiento todo se
lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña,
hacía planes, todo sería para mi María José".
Este relato era contado a menudo por Jorge, el padre de María José: Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Jorge, según decía él mismo.
Una tarde estabamos mi
familia y la de Jorge haciendo un picnic a la orilla
de una laguna cerca de casa y la niña entabló una
conversación con su papá, todos escuchábamos.
- Papi, cuando cumpla quince años,
¿cuál será mi regalo?.
- Pero mi amor si apenas tienes diez añitos,
¿No te parece que falta mucho para esa fecha?.
- Bueno papi, tu siempre dices que el tiempo pasa
volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.
La conversación se extendía y
todos participamos de ella.
Al caer el sol regresamos a nuestras casas.
Una mañana me encontré con Jorge
enfrente del colegio donde estudiaba su hija quien
ya tenía catorce años. El hombre se veía muy contento
y la sonrisa no se apartaba de su rostro.
Con gran orgullo me mostró el registro de calificaciones
de María José, eran notas impresionantes, ninguna
bajaba de Diez puntos y los estímulos que
les habían escrito sus profesores eran realmente
conmovedores, felicité al dichoso padre y le invité a
un café.
María José ocupaba todo
el espacio en casa, en la mente y en el corazón
de la familia, especialmente el de su padre.
Fué un domingo muy temprano en
el que nos dirigíamos a misa, cuando María José tropezó
con algo, eso creímos todos, y dio un traspié, su papá
la agarró de inmediato para que no cayera.
Ya instalados en nuestros asientos, vimos como María José
fué cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento.
La tomé en brazos mientras su
padre, buscaba un taxi y la llevamos al hospital.
Allí permaneció por diez días y fue entoncescuando le
informaron que su hija padecía de una grave enfermedad
que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo
definitivo, que debía
practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico
firme. Los días iban transcurriendo, Jorge renunció
a su trabajo para dedicarse al cuidado de María José,
su madre quería hacerlo pero
decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos
eran superiores a los de él.
Una mañana Jorge se encontraba al lado de su hija
cuando ella le preguntó:
- ¿Voy a morir, no es cierto?. Te lo dijeron los médicos.
- No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado en el mundo. -respondió el padre.
- ¿Van a algún lugar?
¿Pueden ver desde lo alto a las personas queridas? ¿Sabes
si pueden volver?
- Bueno hija, respondió, en verdad nadie ha regresado de
allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te
dejaría sola. Estando en el más allá buscaría la
manera de comunicarme contigo, en última
instancia utilizaría el viento para venir a verte.
- ¿Al viento?
Replicó María José. ¿Y como lo harías?
- No tengo la menor idea hija, sólo sé que si algún día
muero, sentirás que estoy contigo cuando un suave viento
roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Jorge, el asunto era grave, su hija estaba muriendo, necesitaban un corazón pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más. ¡Un corazón!
¿Dónde hallar un
corazón? Lo vendían en la farmacia acaso, en el
supermercado, o en una de esas grandes tiendas que
propagandean por radio y televisión. ¡Un corazón!
¿Dónde?
Ese mismo mes, María José cumpliría sus quince años. Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar.
El domingo por la tarde, ya María José
estaba operada. Todo salió como los médicos
lo habían planeado. ¡Éxito total!
Sin embargo,Jorge no había vuelto
por el hospital y María José lo extrañaba muchísimo.
Su mamá le decía que ya que todo estaba bien, sería
él quien trabajaría para sostener la familia,
María José permaneció en el hospital por quince días
mas, los médicos no habían querido dejarla ir
hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así
lo hicieron.
Al llegar a casa todos se sentaron
en un enorme sofá y su mamá con los ojos
llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre.
"María José, mi gran amor: Al momento
de leer mi carta, debestener quince años y un corazón
fuerte latiendo en tu pecho, esa fué la promesa de los médicos
que te operaron.
No puedes imaginarte ni remotamente cuánto lamento no
estar a tu lado en este instante.
Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta
a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez años y
la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más
hermoso que nadie jamás ha hecho.
Te regalo mi vida entera sin condición alguna, para
que hagas con ella lo que quieras.
¡Vive hija! ¡Te amo!."
María José lloró
todo el día y toda la noche. Al día siguiente, fue
al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá,
lloró como nadie lo ha hecho y susurró:
-Papi ahora puedo comprender cuánto me amabas, yo también
te amaba aunque nunca te lo dije.
Por eso también comprendo la importancia de decir
te amo. Y te pediría perdón por haber guardado silencio.-
En ese instante las copas
de los árboles se movieron suavemente, cayeron
algunas flores y una suave brisa rozó las mejillas
de María José.
Alzó la mirada al cielo, se levantó y caminó a casa...