DELENDA EST CARITAS CHRISTIANA

(La Caridad Cristiana ha de ser destruida

Autopsia del Amor de una Encíclica - 3  

 

                         IV. ANTES DE LA DEFINICIÓN:

                                EL MOTIVO DE LA CARIDAD

   Antes de la definición de la Caridad Cristiana el Cardenal Ratzinger enuncia falsamente el motivo de la caridad.

   ¿Por qué hemos de amar? ¿Qué debe movernos al amor, sea a Dios, sea a nosotros mismos, sea a nuestro prójimo? Permita el amable lector que enunciemos primero los motivos católicos que siempre se enseñaron a nuestros pueblos y que para recordarlos mejor hemos querido resumir en el cuadro siguiente:

   El primer motivo (Dios creador) justifica nuestro amor a Dios de quien todo recibimos y por quien somos; el segundo (Dios redentor) es el que debemos a Nuestro Señor Jesucristo que nos redimió; el tercero y el cuarto completan el fundamento del amor a los demás. Si miramos bien, todo el fundamento está como dirigido y orientado al Cielo, sea por su origen como por su meta entendido que la vida en esta tierra es la circunstancia pasajera divinamente querida para que aquí forjemos nuestro destino eterno y definitivo.

                                   B) Los Motivos del Cardenal Ratzinger y de Wojtila:

   Contrariamente el Card. Ratzinger enuncia un motivo novedoso desde hace algunas décadas inventado por Jacques Maritain; motivo que había cautivado a Paulo VI y que muchas veces fue repetido por los “Papas” del Concilio Vaticano II y sus reformas. El Cardenal, al dar el motivo de la Caridad Cristiana, lo asimila al de las otras religiones, si lo asimila lo identifica, es decir que afirma que es el mismo y para eso cita hacia el fin del n. 30 de esta Encíclica a Karol Wojtila (Juan Pablo II) diciendo: “… Lo que mi gran predecesor Juan Pablo II dijo en su Encíclica "Sollicitudo Rei Socialis" cuando declaró la disponibilidad de la Iglesia Católica a colaborar con las organizaciones caritativas de estas (otras) iglesias y comunidades, puesto que todos nos movemos por la misma motivación fundamental y tenemos los ojos puestos en el mismo objetivo: un verdadero humanismo”  

                        V. DEFINICIÓN: REDUCIDA Y MINIMIZADA. 

    La definición esperada de la Caridad Cristiana está recién expresada aquí en el n. 31 (la Encíclica tiene 42 números).

   Si entendimos bien los motivos de la verdadera Caridad Cristiana y sus fundamentos ella tiene por objeto, primero a Dios, luego a nosotros, finalmente a los demás. No es invento nuestro, está en el Evangelio de San Mateo en el Cap. XXII, vers. 34 al 40 y son palabras de Nuestro Señor Jesucristo: “Le interrogó uno de ellos, doctor de la ley, tentándole: - Maestro, ¿Cuál es el mandato más grande de la Ley? Le respondió Jesús: - Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el máximo y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas”.

   Esta frase esencial, diáfana y decisiva de Nuestro Señor Jesucristo no está en la Encíclica. No solo no está sino que la Caridad está reducida y desvirtuada porque no habla de amar a Dios en la definición, ni de buscar el bien principal del prójimo y el nuestro, que sería salvar el alma.

   El Cardenal Ratzinger reduce la Caridad a este mundo y a lo puramente material. Veamos:

   En el n. 31 a. dice: “Según el modelo expuesto en la parábola del Buen Samaritano la Caridad Cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos para que se recuperen, los prisioneros visitados…” ¿Amor a Dios? ¿Deseo de salvar a otros? ¿Sacar del pecado? ¿Evitar que se condenen?

   Reduce la Caridad a lo material y natural, es una definición útil para un naturalista a quien no le importa la Vida Eterna o para una asociación filantrópica como la Cruz Roja o el Club de Leones. 

                        VI. REQUISITOS DE LA CARIDAD: LÓGICAMENTE REDUCIDOS.                       

   Achicada la definición se achican los requisitos. La Encíclica del Cardenal Ratzinger es coherente, no está escrita por alguien de pocas luces o que no advierta la trascendencia de un documento de este orden. ¿Qué dice el Cardenal? ¿Cuáles son los requisitos del amor cristiano?

    Veamos el n. 31 a. de la Encíclica (a continuación de la definición): “Un primer requisito fundamental es la competencia profesional, pero por si sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, y los seres humanos necesitan siempre algo más que una atención técnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atención cordial.”

   ¡Competencia y humanidad! ¡Bravo! ¿De qué evangelio está sacado? ¿Qué Santo Padre lo dijo? ¿Fue quizás un Doctor de la Iglesia o algún Teólogo? Competencia y humanidad le alcanzan y le sobran al Rotary y a los Masones, nó al Católico.

                              El primer requisito católico de la Caridad es su requisito fundamental, amar por amor a Dios y a Dios sobre todas las cosas (ni una sola vez está dicho en toda la Encíclica); dar de comer, vestir al desnudo, atender al necesitado está bien, hacerlo con competencia y cordialidad es mejor y más agradable pero jamás será su primer requisito.

   Usted dirá, estimado y paciente lector, que estamos atentos al mínimo detalle para enfrentarle la doctrina católica. Sea, pero ¿No le parece a Usted que es horroroso ver y constatar que la doctrina católica no coincide con una Encíclica? ¿Delante de quién estamos? ¿Qué es lo que leemos?

   Faltan todavía dos cosas:

                                          - La Conclusión de la Encíclica.

                                          - Nuestra Conclusión. 

                        VII. CONCLUSIÓN DE LA ENCÍCLICA: NIEGA EL FIN DE LA CARIDAD

                           CRISTIANA QUE ES HACER CRISTIANOS. 

   A decir verdad la Conclusión no está en el último parágrafo de la Encíclica sino que termina mucho antes, en el n. 31 c., es decir, once números antes del final, el resto es de poca importancia.

   La conclusión es el tiro de gracia y la estocada final para que la Caridad que costó la vida de Nuestro Señor entregada en la Cruz, quede yerta e inerte en las almas de los católicos. ¿Por qué decimos esto? Porque si el Cielo no existiera y no fuera nuestro destino común, si Dios no fuera nuestro Creador y Jesucristo nuestro Redentor, poco sentido tendría amar al prójimo o amar a Dios. ¿No es acaso la pena más grande que alguien nazca, viva y muera sin saber de Dios, de su Gracia o de su Amor?

   Dice en su conclusión el Cardenal Ratzinger en el n. 31 c.: “Además, la Caridad no ha de ser un medio en función de lo que hoy se considera proselitismo… Quien ejerce la Caridad en nombre de la Iglesia nunca tratará de imponer a los demás la fe de la Iglesia”.

   No es que agarremos del cuello hasta sofocarlo a aquél a quien le hacemos un bien para que se haga católico, claro que nó, pero ¿Cuál fue el ejemplo de Nuestro Señor? No perdió oportunidad de enseñar y convertir cada vez que hizo el bien. Dice el Evangelio de San Juan, Cap. V, Vers. 14 (al encontrar Nuestro Señor a un paralítico a quien había curado): “- Mira que ahora estás sano: Ya no quieras pecar no te suceda algo peor”. Al impedir que la pecadora fuera apedreada la despide diciendo: “Vete y ya no quieras pecar más” (San Juan VIII, 11). Y al sanar a aquél leproso que le rogaba lo curara, una vez hecho el milagro le dirá: “Ve y preséntate al Sacerdote” (San Mateo VIII, 3-4).

   No es proselitismo querer que los demás se salven. Si se quiere usar la palabra proselitismo bien usada la caridad cristiana es esencialmente proselitista porque quiere el bien ajeno. No se trata de extorsionar a cambio del bien, eso no es cristiano, pero no hay nada de malo, al contrario, en dar y predicar. Si no hubiera Dios ¿Qué nos movería a amar? No hay bien mayor que pueda ser hecho a los hombres que el arrimarlos a Dios.                             

                        VIII. NUESTRA CONCLUSIÓN:

                                                                   * 9 CONCLUSIONES PUNTUALES

                                                                   * NO ES UNA ENCÍCLICA CATÓLICA

                                                                  * NATURALISTA Y RACIONALISTA

                                                                  * SAN HILARIO DE POITIERS 

                                   * Nueve Conclusiones puntuales

   ¿Qué idea le quedaría a un simple cristiano que hubiera leído la Encíclica y hubiera logrado entender su contenido? :

  1. Que su autor es alguien docto.  

  2. Que no todo lo de la Biblia es tan así de espiritual y divino.         

  3. Que el sexo es cosa importante y necesaria, tanto que no se es hombre del todo sin él.

  4. Que el tal Juliano no fue tan malo.      

  5. Que el Estado no puede ni debe ser católico.

  6. Que la Iglesia enseña en lo social argumentando sólo con la razón, que el  Evangelio allí no tiene nada que hacer.

  7.  Que lo importante es ser hombre, que siéndolo plenamente ya cumplimos  nuestro cometido.

  8. Que la Caridad es hacer obras materiales de caridad como los del Rotary o  la Cruz Roja, que ellos y la Iglesia pueden ser igual de caritativos y ser lo mismo.

  9. Que la cuestión es querer, que esto no implica predicar, no implica Cielo ni Moral, que se conviertan los hombres con sólo mirarnos, que nuestra “competencia y cordialidad” les baste y les alcance.                                  

                                   * No es una Encíclica Católica

   Esto no es una Encíclica Católica, no está regida ni por la Fe sobrenatural ni por la Doctrina. Falta en ella lo esencial y sobra lo accesorio. Manda en ella lo puramente racional y nó lo revelado. El hombre al natural es hombre bueno y para serlo completo hay que tener mujer. Si el naturalismo basta para el sujeto individual, sobra entonces para el Estado. Si es así lo que hacen los cristianos y los que no lo son, los de la religión Católica, los de otras y los de ninguna puede ser bueno e inspirado por el mismo motivo, a saber, el humanismo; por la misma caridad, la natural; con el mismo fin, ser hombre.

                                         Por eso comenzamos diciendo que el contenido de esta Encíclica en su conjunto y en su detalle no es el de un documento pontificio, no induce a la Fe ni a la Religión, no distingue ni destaca nada de superior o de eminente en la Fe Católica; reduce, minimaliza y disminuye lo grandioso y único de la Caridad Cristiana, anula sus efectos sobrenaturales en los sujetos y en las sociedades. Hace de la Caridad Cristiana algo sólo de hombres y para hombres, aún para los que no quieren Dios.    

No se puede amar bien sin amar a Dios y amarlo como enseñó Nuestro Señor Jesucristo:

“Si me amáis, guardad mis Mandamientos” (San Juan XIV, 15)

“Si alguien no permaneciere en Mi será echado fuera” (San Juan XV, 6).

“Esta es la Vida Eterna, que te conozcan a Ti sólo Dios verdadero y a

Jesucristo a quien enviaste” (San Juan XVII, 3). 

                                   * Naturalista y Racionalista

   Es en definitiva una Encíclica naturalista y racionalista, nó es católica, por eso decimos que no puede ser de un Papa.

   La Encíclica predica como católica pero nó lo es, habla de Dios pero de un Dios que a nadie duele y que a nadie exige, al menos, nó más que a las pretensiones de un masón o de un liberal. Dice de una manera pensando de otra, usa términos que parecen católicos pero ya no es, quizás nunca lo fue.

   El conjunto de los hombres en su mayoría no lee las Encíclicas, de los que hoy las leen muchos no entienden nada y otros están de acuerdo porque ya les han arrancado la Fe sobrenatural reemplazándola por un sentimiento de condescendencia universal. Los que no las leen, a Dios gracias, siguen creyendo que de Dios les hablaron y que como Dios quiere las cosas así han de ser. Entonces: 

                                   * San Hilario de Poitiers

   No podemos nó recordar aquella frase de San Hilario Obispo de Poitiers hablando de los Obispos arrianos: “Esta duplicidad impía de predicar distinto de lo que se piensa es causa de que, bajo los Obispos del Anticristo, el pueblo de Cristo nó parezca persuadido de que las palabras tienen su sentido propio. Los fieles escuchan decir que Cristo es Dios, y creen que es lo que dicen. Escuchan llamarlo Hijo de Dios, y creen por lo mismo que es Dios verdadero. Escuchan decir que es desde antes de todos los tiempos y piensan que eso quiere decir eterno. Los oídos del pueblo son más santos que los corazones de los Obispos” (S. Hilario, Const. Auxent., n. 6, sobre los Obispos arrianos) 

   Nota bene: Esta caridad que ya no es católica es la que hoy quiere conceder la Misa Tradicional a condición de que impere la misa nueva y sus reformas. Por “caridad” nos ofrecen la Misa a cambio de la Fe. La Verdadera Religión Católica merece los templos y la Fe, nó queremos los templos sin la Fe, es más, queremos la falta de Fe fuera de los templos. 

+ Mons. Andrés Morello.                                         

Lunes Santo, 2007

  

El Bolsón, Río Negro.

Patagonia Argentina

 

VOLVER A ÍNDICE DE ESCRITOS

MAPA DEL SITIO (Índice general)

INICIO:

Hosted by www.Geocities.ws

1