Mientras Hitler montaba su ataque contra
Inglaterra durante la Segunda
Guerra Mundial, a Winston Churchill le
pidieron que hablara a un grupo de
londinenses que se sentía desanimado. Él
les dio aliento pronunciando estas
ocho palabras:
«¡Nunca se rindan! Nunca, nunca, nunca se
rindan!»
Habrá momentos en que te sentirás
desanimado en tu andar cristiano, pero no
debes rendirte nunca, nunca, nunca. Al
menos, tu lucha contra el pecado te
hará regresar a Dios una y otra vez y
aferrarte a Él en tu desesperación.
En su libro The Flight [El vuelo], John
White escribe:
El verdadero guerrero es el hombre o la
mujer que se levanta y pelea de
nuevo. . . . Fortalécete con una poderosa
dosis del vino de Romanos 8:1-4.
Luego, ¡vuelve a la pelea antes de que los
músculos se te pongan tiesos!»
Lo que se necesita es un aguante tenaz,
manteniendo la obediencia en las
altas y bajas, las victorias y derrotas. Es
volver a intentarlo, sin
olvidar que Dios está obrando en ti para
lograr sus propósitos (Filipenses
1:6; 2:13). Es buscar la voluntad de Dios
para tu vida persistentemente
hasta que comparezcas delante de él y tu
obra esté acabada.
Dios también es maravillosamente
persistente. El no desistirá de ti nunca,
nunca, nunca.
"!!Levántate y resplandece, que tu luz
ha llegado!! la Gloria de Dios brilla
sobre ti!!
Isaías 60:1.
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