A la mañana siguiente Bulma no se reponía aún de lo sucedido la tarde anterior... Eran las once de la mañana y una voz familiar la despertaba: ¡Hija! ¡Hija! ¡¿No piensas levantarte hoy?!...¡Ayy, Mamá! ¡¿Qué hora es?!...Son más de las once...casi las doce...¡Ahhhhhhhh! ¡Está bien, ya es hora que me levante, se me hace tarde!...¿Vas a salir?...Sí, pienso darle una sorpresa a Yamcha, lo iré a buscar al Gimnasio donde entrena para invitarlo a almorzar a un lindo Restaurant. Mamá por favor preparame la bañera...¡Ok, Hija! Luego de tomar un baño reparador después de una noche de mal sueño -no había podido dormir bien debido a lo sucedido la tarde anterior- Bulma se disponía a arreglarse para salir, escogió un vestido color rosado claro, corto, sin mangas, un sweater del mismo color pero de un tono más intenso, cogió un bolso y zapatos de tacón del mismo color, y recogió su largo cabello lacio color turquesa en dos colas de caballo una a cada lado, el cual había rizado un poco. Aquella apariencia la hacia lucir muy dulce, aparte de bella. Eran cerca de la una cuando Bulma estacionó el aircar a un lado de la calle, echó las monedas al parquímetro y se dirigió hacia el edificio donde se hallaba el Gimnasio, tomó el elevador, el Gimnasio se hallaba en el último piso de ese moderno edificio de cincuenta pisos. Era el Gimnasio de moda de la temporada, Yamcha había decidido ir a entrenar allí, a decir verdad había decidido entrenar ahí a petición de la propia Bulma, llevaba menos de dos semanas de regreso en la Capital del Oeste, luego de un intempestivo viaje hace ya casi un año atrás, como Yamcha se dió cuenta que su nivel de pelea estaba muy por debajo del poder de pelea de Vegeta había decidido ir a un viaje alrededor del mundo, tratando de buscar su propio ritmo de entrenamiento, había pasado de Gimnasio en Gimnasio, había ido buscando a Krillin, en Kame House, para entrenar con él, pero el ritmo del entrenamiento y la vida rutinaria de la isla no eran lo que Yamcha buscaba, él a pesar de haberse criado en medio del desierto se había acostumbrado y muy bien a la vida de la ciudad, especialmente al ritmo de vida que llevaba Bulma. Es así como había decidido ir a hacerle una pequeña visita a Gokú, tal vez, podía acoplarse al ritmo de entrenamiento que ellos llevaban, claro, que eso ni el mismo Yamcha se la creía, pero igual se animó a probar, es así como luego de mucho andar llegó por fin un día de esos a la Montaña Paoz, en donde encontró a un Gokú más sano que nunca lo que le hizo desconfiar aún más del muchacho que decía venir del futuro, claro al ver el fuerte entrenamiento que llevaban en un lugar cercano Píkoro, Gokú y Gohan, pues ni se acercó y se marchó sin despedirse, sin ni siquiera saludar, momentos antes había visitado a Milk quien le había invitado a quedarse a almorzar y ella le había dicho donde estaban los otros. Iba de regreso a la Capital del Oeste, cuando se le ocurrió llamar a Bulma para contarle como estaba, ella había entendido las razones de Yamcha para realizar ese viaje, pero más que eso, no le había hecho mayor problema porque sentía que necesitaba un respiro para esa relación que por momentos la ahogaba, además ella quería replantear su propia vida antes de la llegada de los androides, pero al oir nuevamente la voz de Yamcha a través del auricular no pudo dejar de sentir nostalgia por el novio viajero y por la suerte que el destino les depararía a todos ellos. Pero no pudo decir algo más que, REGRESA, es así como Yamcha había regresado a la Capital del Oeste, y se había inscrito, luego de consultarlo con Bulma en el Gimnasio que acababan de abrir esa temporada, no quería entrenar en la casa luego de enterarse que Vegeta aún seguía allí en Capsule Corp. La puerta del elevador por fin se abrió en el piso 50 había sido varios minutos de espera, Bulma ya estaba más que impaciente, caminó fuera del elevador y preguntó en la recepción por Yamcha, alguien allí le dijo que en ese momento se encontraba en la sección de máquinas. Bulma se dirigió hacia donde le habían dicho que se encontraba dicha sección, y de pronto vió como una muchacha llamaba a Yamcha -quien al parecer estaba en el vestidor- de manera cariñosa diciéndole que se apurara, de pronto Yamcha salió y apenas apareció la muchacha le saltó al cuello y lo besó sin tiempo a reaccionar, Yamcha vió como Bulma se daba media vuelta, mientras una extraña sensación recorría su cuerpo dándose cuenta de que la había perdido ya para siempre, y esa sensación lo llenó de tristeza, pero sabía también que ya no tenía nada que hacer, ni excusa que dar, ella ya le había advertido, es más, eso no tenía ni discusión, así que no había vuelta que darle, esa misma noche Yamcha abandonó la Capital del Oeste y fue a entrenar al desierto de su infancia, del que en esos momentos pensaba no debió salir. Bulma por su parte contuvo las lágrimas, aguantó estoicamente el eterno tiempo de espera hasta llegar al primer piso, salió del edificio subió al auto y arrancó a la máxima velocidad posible hacia cualquier lugar menos hacia Capsule Corp., lo último que quería era ir a su casa, lo que menos quería era verle la cara a alguien. Ya en el carro, no pudo aguantar las lágrimas que más que de dolor eran de un sentimiento de rabia y de la sensación de que pasó algo que hace mucho debió pasar. Condujo hacia las afueras de la ciudad, hacia unas montañas, finalmente luego de casi una hora de conducir a toda velocidad, había dejado a trás la ciudad y se encontraba en las montañas que la rodeaban, Bulma decidió finalmente aterrizar, bajó del aircar, y se dejó caer sobre la fresca hierba, la primavera había llegado ya, la flores comenzaban a brotar, todo el paisaje era más que hermoso, pero difïcilmente Bulma se podía percatar de lo que ocurría a su alrededor, de la belleza del paisaje y del hecho de que alguien la observaba... |
Continuará...