El miedo al socialismo sirve para socializar el miedo. El frente de izquierdas acaba de perder la segunda vuelta de las elecciones en el Uruguay. Fue derrotado por el miedo. A la hora de la verdad, el miedo impidi� que se moviera hacia la izquierda la mano de los votantes indecisos que decidieron la elecci�n. Pero a pesar del miedo, y contra el miedo, esta fuerza alternativa ha pasado, en cinco a�os, del 30 al 44 por ciento de los votos. No est� nada mal, al fin y al cabo: era el Club Progreso contra los dos grandes a la vez, Nacional y Pe�arol jugando juntos. Y bien se puede decir que el espectacular crecimiento de la izquierda implica un cambio radical en un pa�s que parec�a condenado a nostalgia perpetua, por siempre petrificado en la repetici�n y en la resignaci�n. Una amplia base social, formada sobre todo por los j�venes y por los muy j�venes, est� haciendo posible el entusiasmo, esa linda palabrita que significa, seg�n su ra�z griega, "tener a los dioses adentro". El panorama est� dejando de ser un panorama, como quer�a Peloduro, el entra�able humorista uruguayo que no vivi� para verlo. En alegr�a, el frente gan� por goleada. Hasta los perros y los caballos andaban embanderados, por las calles, el domingo de la elecci�n. En votos, el frente perdi�: la derecha embarr� la cancha, jug� sucio, desat� una campa�a del miedo destinada a demonizar a la izquierda y a desconfiar de lo nuevo, que m�s vale mal conocido. La izquierda apost� por el juego defensivo: y una vez m�s se comprob� que en la pol�tica, como en el f�tbol, como en la vida, el juego defensivo, que renuncia a la audacia en funci�n del resultado, no resulta. La publicidad, ya se sabe, obra milagros. Tocados por su varita m�gica, los venenos se convierten en alimentos, y como tales se venden. A la inversa, la publicidad tambi�n es capaz de convertir en venenos a los alimentos, para que nadie los compre. El bombardeo de la propaganda se propuso asustar, chillidos de espanto ante la brujer�a alborotada, y hasta cierto punto lo logr�: lo logr� para postergar, al menos por cinco a�os m�s, lo que ya parec�a inevitable. El impuesto a la renta, pongamos por caso, que se aplica en casi todo el mundo, result� ser una invenci�n marxista para despojar a los trabajadores y a los jubilados de lo poco o nada que tienen. En la realidad, no m�s que el tres por ciento de los jubilados iba a pagar el tal impuesto: en la publicidad, lo iba a pagar la gran mayor�a, dos de cada tres y en el pa�s entero se difundi� el rumor de que hordas de tupamaros y comunistas iban a recorrer casa por casa, destripando colchones en busca del dinero escondido. Y otras alarmas resonaron, cuando ya parec�a que la mayor�a del electorado se hab�a hartado de desayunar promesas y almorzar mentiras. El Uruguay no iba a pagar su deuda externa, los norteamericanos se iban a enojar y nos iban a castigar con el bloqueo y el hambre, como en Cuba, y habr�a golpe de Estado, y volver�an los tiempos de la violencia y de la dictadura militar. Y la fuga de capitales: no iba a quedar, en el pa�s, ni un solo peso partido por la mitad. Fuga de qu� capitales, nunca se aclar�. �Los capitales productivos? Los uruguayos tenemos menos trabajo que el barbero de Fidel, y aqu� s�lo prospera la industria del discurso pol�tico, la exportaci�n de trabajadores a los pa�ses extranjeros, las lavander�as de dinero sucio y los fastuosos shopping centers, donde se entona el himno patrio las muy raras veces en que se vende alg�n producto nacional. Los dos grandes partidos tradicionales se unieron contra el enemigo com�n, el Partido Colorado y el Partido Blanco en una fuerza �nica que podr�a llamarse Partido Coloranco, y juraron que har�n ma�ana todo lo que no hacen hoy, ni han hecho ayer, ocupados como han estado, y siguen estando, en el orde�amiento de la vaca, desde los lejanos tiempos en que Dios cre� el cielo, la tierra y el Uruguay. La vaca p�blica en manos privadas: por decisi�n de un plebiscito popular, las empresas p�blicas siguen perteneciendo al Estado, pero la gran pregunta es: �a qui�n pertenece el Estado? El monopolio pol�tico de la vaca, que ha reducido los derechos ciudadanos a favores del poder, acaba de sufrir, en estas elecciones, la m�s grave amenaza de toda su historia. Entonces se puso en evidencia un fen�meno muy interesante para los hombres de ciencia: el s�ndrome de la p�rdida de la vaca, que no hab�a sido estudiado por don Segismundo Freud ni por sus numerosos seguidores. As� se denomina el conjunto de s�ntomas que revela el trauma sufrido por los due�os de la vaca, que la siguen orde�ando hasta la �ltima gota de su leche, ante el inminente peligro de liberaci�n de este mam�fero rumiante. El s�ndrome de la p�rdida de la vaca se manifiesta a trav�s de una crisis de p�nico. El p�nico empieza atacando a los due�os del cuadr�pedo, pero r�pidamente se proyecta sobre la colectividad. Los expertos publicitarios act�an como agentes de contagio de esta peste del miedo, que se propaga, la prueba est�, con la rapidez necesaria para decidir una elecci�n. La historia universal ense�a que los due�os de la vaca tienen la habilidad y la costumbre de trasladar a los dem�s todo, menos la vaca: sobre la sociedad entera descargan sus deudas, sus bancarrotas, sus crisis, y tambi�n sus p�nicos. El Partido Coloranco, que llama Acuerdo Program�tico a su derecho de seguir orde�ando a cuatro manos al extenuado animal, puso el grito en el cielo: si la izquierda ganaba, el Uruguay iba a quedar en manos de unos forajidos que roban a los pobres, violan a las ancianas hu�rfanas y revuelven el brasero con el piecito del beb�. Hubo gente que lo oy�, lo crey� y decidi�. La vaca tendr� que pasarse, todav�a, otros cinco a�os atada. |
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