SATANASES

Por Eduardo Galeano

 

Los diarios publicaron la noticia: un aciago d�a del a�o 1982, el Demonio visit�, en forma de ama de casa, las habitaciones del Vaticano. Para conjurar al Demonio, metido en el cuerpo de una mujer que aullaba arrastr�ndose por los suelos, el papa Juan Pablo II pronunci� los viejos exorcismos de su colega Urbano VIII. Esas f�rmulas, martillo y azote del Diablo, ven�an de una �poca exitosa. Hab�a sido el papa Urbano VIII quien hab�a arrancado, de la cabeza de Galileo Galilei, la diab�lica idea de que el mundo giraba alrededor del sol.
Cuando el Demonio apareci�, en forma de becaria, en el Sal�n Oval de la Casa Blanca, el presidente Bill Clinton no recurri� al anticuado m�todo cat�lico. En cambio, para espantar a Satan�s, Clinton ensay� unos bombardeos sobre Sud�n y Afganist�n, y despu�s arroj� un hurac�n de misiles desde el cielo de Irak. De inmediato, las encuestas de opini�n p�blica revelaron que el Diablo se bat�a en retirada: ocho de cada diez norteamericanos apoyaron ese ritual de las armas, y de paso confirmaron que Dios estaba, como siempre, de su lado.
Hombre prevenido vale por dos: aunque Clinton ahuyent� al Maligno y pudo seguir siendo presidente del planeta, sus conjuros no han cesado. Irak, tierra besada por la boca llameante de Sat�n, donde acechan las serpientes y las armas qu�micas y biol�gicas, sigue recibiendo peri�dicos ataques a�reos. Y tambi�n contin�a sufriendo el incesante cerco econ�mico de castigo, que le impide vender y comprar. El bloqueo econ�mico hab�a comenzado, hace una d�cada, cuando otro presidente, George Bush, hab�a lanzado su propia Cruzada contra estos infieles del Islam.
La modernizaci�n
Despu�s de su combate cuerpo a cuerpo contra el Demonio, el papa Juan Pablo II no qued� muy convencido de la eficacia diablicida de los conjuros tradicionales. Y a principios de este a�o, el Vaticano dio a conocer un nuevo Manual del Exorcista, que incluye una gu�a pr�ctica, actualizada, para identificar a los endemoniados. Entre las caracter�sticas inconfundibles de los pose�dos por Sat�n no figura el uniforme de general del ej�rcito chileno. El identikit del Vaticano tampoco menciona la hernia de disco, ni la inmunidad diplom�tica.
El presidente Clinton, por su parte, tambi�n ha modernizado el m�todo norteamericano de lucha contra el Mal. Aunque los generales del Pent�gono siempre arden de ganas de invadir a alguien, la Casa Blanca prefiere bombardear de lejos. As� se mata sin riesgo de morir. Al cabo del castigo de tres d�as y tres noches contra los maleficios de Irak, el a�o pasado, el contraalmirante Cutler Dawson hizo el balance y reconoci� que mejor, imposible. “No hay ni un solo rasgu�o en ninguno de nuestros aparatos”, comprob�.
La diablada
M�s vale as�. La tarea ser� larga, en este mundo ancho y ajeno. All� por el a�o 1569, el demon�logo Johann Wier hab�a contado a los diablos que estaban trabajando en la tierra, a tiempo completo, por la perdici�n de las almas. Este especialista registr� 7.409.127 diablos, divididos en setenta y nueve legiones. Desde aquel censo, mucha agua ha pasado bajo los puentes del infierno. Ahora, �cu�ntos suman? Dif�cil saberlo. Los demonios contin�an siendo demonios, amigos de la noche, temerosos de la sal y del ajo, pero sus artes de teatro dificultan el conteo.
Sin embargo, y calculando muy por lo bajito, no resultar�a exagerado estimar que por lo menos ocho de cada diez miembros del g�nero humano merecen estar bajo sospecha. Un criterio estad�stico elemental empezar�a por sumar a los gent�os que no son blancos: sus pieles de colores demon�acos, que van desde el negro carb�n hasta el amarillo azufre, delatan una inclinaci�n natural al crimen. Entre ellos, es imprescindible tener en cuenta a los mil trescientos millones de miembros de la secta de Mahoma. Desde hace mil cuatrocientos a�os, estos enga�eros usan turbantespara ocultar sus cuernos, y t�nicas que tapan sus colas de drag�n y sus alas de murci�lago. Pero ya el Dante hab�a condenado a Mahoma a pena de taladro perpetuo, en uno de los c�rculos del infierno de La Divina Comedia; y dos siglos despu�s, Martin Lutero hab�a advertido que las hordas musulmanas, que amenazaban a la Cristiandad, no estaban formadas por seres de carne y hueso, sino que eran “un gran ej�rcito de diablos”.
A la portaci�n de piel, habr�a que agregar la portaci�n de ideas: �cu�ntos suman los enemigos del orden? Tambi�n ellos son h�biles en el oficio de la transfiguraci�n. Hoy por hoy, el color rojo fuego se usa poco en el mundo, pero los subversivos disponen de todo el arcoiris para reciclarse, y bien saben usar m�scaras y disfraces y otros ardides aprendidos de sus viejos amigos, los c�micos de la legua.
La misi�n divina
Y la lista no termina all�. Habr�a que sumar otras multitudes. Tantos son los demonios y los endemoniados, que pareciera vac�o el infierno.
No es cosa de generalizar, sin embargo. Entre los musulmanes, por ejemplo, tambi�n hay santos, como esos jeques y reyes del desierto que brindan a Occidente petr�leo barato y son los mejores compradores de armas. Ellos aman tanto la democracia, que jam�s la usan, para que no se gaste.
Tambi�n supo ser santo, hasta hace pocos a�os, Saddam Hussein, que al fin y al cabo es un dictador laico, y sigue teniendo un primer ministro cristiano. Durante los a�os de la guerra entre Irak e Ir�n, �l fue un modelo de virtudes. Pero despu�s, Saddam se puso al servicio de Sat�n, y del infierno recibe sus vitaminas.
El pr�ncipe de las tinieblas, glot�n devorador de cuerpos y almas, no descansa los domingos: y tampoco descansan sus funcionarios. Contra Irak, toda dureza es poca; y toda distracci�n puede resultar fatal. �El Pent�gono necesita dos mil millones de d�lares m�s? Clinton le otorga doce mil millones. Cuando las guerras van bien, la econom�a va mejor. Los Estados Unidos, que tienen el mayor presupuesto militar del planeta y fabrican la mitad de las armas que el mundo produce, viven una radiante prosperidad que el mundo entero envidia.
Lesley Stahl entrevist� a la canciller Madeleine Albright, el 12 de mayo de 1996, en el programa televisivo “Sesenta minutos”. Hablando de las sanciones econ�micas contra Irak, que estrangulan al pa�s, el periodista pregunt�:
–Se dice que medio mill�n de ni�os iraqu�es han muerto como consecuencia de las sanciones. �Usted cree que vale la pena?
–Nosotros creemos que vale la pena –respondi� la se�ora Albright.
Tres a�os despu�s, todo indica que el exorcismo va para largo. “Es m�s dif�cil matar a un fantasma que a una realidad”, hab�a comprobado, hace ya unos cuantos a�os, la novelista Virginia Woolf.

 

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