PALABRAS EN EL INFIERNO
Por Eduardo Galeano

1/ La palabra y el crimen
En 1955, la American Psychiatric Association public� un informe sobre la patolog�a criminal. �Cu�l es, seg�n los expertos, el rasgo m�s t�pico de los delincuentes habituales? La inclinaci�n a la mentira. As�, queriendo retratar al hamp�n caracter�stico, los psiquiatras norteamericanos dibujaron el perfecto identikit de los hombres m�s poderosos del mundo.
En otro informe, publicado medio siglo antes, la misma asociaci�n de psiquiatras hab�a diagnosticado que los delincuentes habituales mostraban “una cr�nica incapacidad para aprender de la experiencia”. Ahora, a la vista est�: los ladrones de gallinas y los navajeros de suburbios aprenden de la exitosa experiencia de los reyes del dinero, de la pol�tica y de la guerra. All� arriba, en las cumbres, “la inclinaci�n a la mentira” es tradici�n milenaria y costumbre cotidiana. Y desde la c�spide social se irradia esta lecci�n universal: Quien no miente, est� frito.

2/ La palabra y la guerra
Por paradoja del progreso tecnol�gico, cada d�a estamos m�s informados y m�s manipulados. Despu�s de las dos guerras contra Irak, que contin�a sufriendo bombazos, fue el turno de Yugoslavia: otro manijazo a la m�quina que vende armas y miente pretextos. Para descargar su diluvio de misiles sobre Yugoslavia, el despotismo militar invent� una “misi�n humanitaria”. El sensible coraz�n de las potencias occidentales no pod�a soportar “la limpieza �tnica” de Milosevic contra los albaneses de Kosovo. Entre otros instrumentos, la misi�n humanitaria utiliz� helic�pteros llamados Apaches y misiles llamados Tomahawk. Apaches, Tomahawk: dos palabras que algo tienen que ver con otra limpieza �tnica, ocurrida precisamente en el pa�s que arras� a sus ind�genas antes de ocuparse de redimir al mundo.
Ante la indiferencia o el aplauso de casi toda la opini�n p�blica internacional, Estados Unidos y sus aliados acaban de celebrar, en los Balcanes, un auto de fe que arroj� a las llamas la Carta de las Naciones Unidas, la Carta de Fundaci�n de la OTAN, la Convenci�n de Viena y los Acuerdos de Helsinki. Las grandes potencias de Occidente hab�an mentido firmando con la mano, lo que despu�s han borrado con el codo.
El escritor norteamericano John Reed escribi�, en 1917: “Las guerras crucifican la verdad”.

3/ La palabra y los banqueros
Aquel John Reed, el escritor, hab�a sido amigo de Pancho Villa. Ochenta a�os despu�s, otro John Reed es director ejecutivo del Citibank, y el Citibank es amigo de Ra�l Salinas, el voraz hermano de quien fuera, hasta hace un rato, presidente de M�xico.
–Tenemos una misi�n de Gargant�a –dice John Reed, el de ahora–. Aspiramos a tener mil millones de clientes. Mil millones de amigos.
Por esas cosas de la amistad, el Citibank evapor� cien millones de d�lares de Ra�l Salinas, que proven�an del tr�fico de drogas. En nuestros d�as, la desaparici�n de personas es una especialidad militar, y los banqueros se ocupan de la desaparici�n del dinero. En su edici�n del 14 de diciembre del ‘98, la revista Time public� las conclusiones del Congreso de Estados Unidos, que investig� este asunto: el Citibank organiz� el viaje de los cien millones de narcod�lares a trav�s de cinco pa�ses, y ayud� a don Ra�l a inventar empresas fantasmas y nombres de fantas�a, hasta que se borr� la pista.
Seg�n la revista Time, resulta improbable que los directivos del Citibank puedan ser procesados, porque el banco alega que “ignoraba que su cliente pudiera estar envuelto en actividades criminales”. El Citibank tambi�n afirma que “este error no autoriza a desconocer nuestros esfuerzos en la lucha contra el lavado del dinero de origen il�cito”. Este ap�stol de la honestidad ocupa el tercer lugar entre los bancos privados m�s poderosos del mundo. O sea: el Citibank es uno de los selectos miembros del gobierno planetario, que decide todo, hasta la frecuencia de las lluvias, en los pa�ses deudores.

4/ La palabra y la publicidad
Hoy por hoy, la publicidad tiene a su cargo el diccionario del lenguaje universal. Si ella, la publicidad, fuera Pinocho, su nariz dar�a varias vueltas al mundo.
“Busque la verdad”: la verdad est� en la cerveza Heineken. “Usted debe apreciar la autenticidad en todas sus formas”: la autenticidad humea en los cigarrillos Winston. Los zapatos deportivos Converse son “solidarios” y la nueva c�mara de Canon se llama “Rebelde”: “Para que usted muestre de qu� es capaz”. En el nuevo universo de la computaci�n, la empresa Oracle proclama la revoluci�n: “La revoluci�n est� en nuestro destino”. Microsoft invita al hero�smo: “Podemos ser h�roes”. Apple propone la libertad: “Piense diferente”. Comiendo hamburguesas Burger King, usted puede manifestar su inconformismo: “A veces hay que romper las reglas”. Contra la inhibici�n, Kodak, que “fotograf�a sin l�mites”. La respuesta est� en las tarjetas de cr�dito Diner’s: “La respuesta correcta en cualquier idioma”. Las tarjetas Visa afirman la personalidad: “Yo puedo”. Los autom�viles Rover permiten que “usted exprese su potencia” y la empresa Ford quisiera que “la vida estuviera tan bien hecha” como su �ltimo modelo. No hay mejor amiga de la naturaleza que la empresa petrolera Shell: “Nuestra prioridad es la protecci�n del medio ambiente”. Los perfumes Givenchy brindan “eternidad”; los perfumes Dior, “evasi�n”; los pa�uelos Herm�s, “sue�os y leyendas”. �Qui�n no sabe que “la chispa de la vida” enciende a quien bebe Coca-Cola? Si quiere usted saber, fotocopias Xerox, “para compartir el conocimiento”. Contra la duda, los antisudorales Gillette: “Para estar seguro de ti mismo”.

5/ La palabra y la historia
En 1532, el conquistador Pizarro meti� preso al Inca Atahualpa, en Cajamarca. Pizarro le prometi� la libertad, si el Inca llenaba de oro una gran habitaci�n. El oro lleg�, desde los cuatro caminos del imperio, y cubri� la habitaci�n hasta el techo. Pizarro mand� matar al prisionero.
Desde antes, desde que las primeras carabelas aparecieron en el horizonte, hasta nuestros d�as, la historia de las Am�ricas es una historia de la traici�n a la palabra: promesas rotas, pactos negados, documentos firmados y olvidados, enga�os, emboscadas. “Te doy mi palabra”, se sigue diciendo, pero pocos son los que dan, con la palabra, algo m�s que nada.
�No habr� que aprender, como en tantas otras cosas, de los perdedores? Los primeros habitantes de las Am�ricas, derrotados por la p�lvora, por los virus y las bacterias y tambi�n por la mentira, compart�an la certeza de que la palabra es sagrada, y muchos de los sobrevivientes lo creen todav�a:
Dicen que nosotros no tenemos grandes monumentos –dice un ind�gena mapuche, al sur de Chile–. Para nosotros, la palabra sigue siendo el gran monumento. En lengua guaran�, �e’e significa “alma”, y tambi�n significa “palabra”:
–La palabra vale –dice un ind�gena av�-guaran�, en el Paraguay– porque es nuestra alma. No necesitamos ponerla en un papel, para que nos crean.
Las culturas americanas m�s americanas de todas fueron descalificadas, desde el pique, como ignorancias. En su mayor�a, no ten�an escritura. La Il�ada y La Odisea, las obras fundadoras de eso que llaman cultura occidental, tambi�n hab�an sido creadas por una sociedad sin escritura, y sus palabras vuelan cada d�a mejor. Oral o escrita, la palabra puede ser instrumento del poder o puente de encuentro. La descalificaci�n ten�a, y sigue teniendo, otro motivo mucho m�s realista: estamos entrenados para escuchar y para repetir las voces del �xito.
Por hablar de las voces del �xito, vale la pena mencionar la importancia que la palabra, una sola palabra, ha tenido durante el reciente proceso contra los militares que ejecutaron la matanza contra la comunidad ind�gena de Xam�n, en Guatemala. La carnicer�a ocurri� en 1995, ya en el per�odo que llaman democr�tico, y hab�a una monta�a de pruebas que condenaban a los asesinos; pero el asunto qued� en agua de borrajas. La secretaria que transcribi� el auto de procesamiento hab�a cometido un error de ortograf�a en la calificaci�n penal: “Ejecusi�n extrajudicial”, escribi�. Los abogados del ej�rcito sostuvieron que ese delito, escrito as�, ejecusi�n, no existe. El fiscal protest�: fue amenazado de muerte y march� al exilio.

 

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