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Por Horacio Verbitsky Cuando el gobernador de La Rioja Carlos Menem se pase� con el flamante presidente Raul Alfons�n por los jardines de Olivos, voces de su partido Justicialista lo acusaron de traici�n, igual que cuando apoy� el acuerdo con Chile por el Beagle. Incluso llegaron a golpearlo durante un congreso partidario. Las costumbres pol�ticas locales son m�s saludables, ahora que Menem es casi tan ex presidente como Alfons�n y sus respectivos partidos no saben bien qu� hacer con ellos. El tercer presidente postdictatorial consecutivo ha sido electo en comicios libres y los l�deres del partido derrotado compiten por el acercamiento a su futuro gobierno. Nadie critica a Eduardo Duhalde por haber prometido todo el apoyo necesario a Fernando De la R�a, apenas si Menem lamenta no haber sido el preferido, pese a los mensajes que envi� ofreci�ndose como el primer interlocutor del poder entrante. El amistoso encuentro de los dos candidatos sugiere que desde el punto de vista de las relaciones pol�ticas, las cosas ser�n menos complicadas para De la R�a de lo que podr�a sugerir la relaci�n de fuerza en cuerpos ejecutivos y legislativos.Es cierto que la mayor�a de las provincias, y entre ellas las m�s importantes, tendr�n un color pol�tico distinto al del gobierno nacional. Pero es probable que esta diferencia crom�tica sea m�s preocupante para los gobernadores que para el presidente, en un sistema que pese al federalismo declarado en la Constituci�n hist�rica y a la atenuaci�n del presidencialismo proclamada por la reforma reciente, sigue girando en forma absorbente en torno de quien el art�culo 99 a�n denomina como jefe supremo de la Naci�n, jefe del gobierno y responsable pol�tico de la administraci�n general del pa�s. El resultado de los comicios de la semana pasada obliga a las principales fuerzas a buscar formas de cooperaci�n y no de confrontaci�n. En ning�n lado esa necesidad es m�s n�tida que en la provincia de Buenos Aires, donde se cierne sobre el gobernador justicialista la pinza formada por un presidente y una legislatura de la Alianza y con las intendencias provinciales repartidas por mitades. Por eso hay quienes sospechan que el flirteo de Carlos Ruckauf con Aldo Rico no es m�s que una maniobra de distracci�n, para que cualquier decisi�n distinta sea recibida como un mal menor e interpretada como un gesto hacia la Alianza, que reaccion� como era de esperar ante el provocativo anuncio. Tambi�n el nombramiento de responsables de �reas para negociar la transici�n con el gobierno saliente ser�a una cortina de humo para descomprimir la ansiedad de la prensa y de las propias filas, mientras va conformando su verdadero gabinete, seg�n colaboradores del presidente electo. La organizaci�n de su nuevo gobierno, las cuestiones econ�micas, sociales, de combate a la corrupci�n y de estilo de gesti�n con las que espera provocar un shock de confianza en cuanto asuma la presidencia, ocupan por ahora los d�as del nuevo presidente. Terreno minado Aunque la cuesti�n de la Justicia es menos notoria tiene un valor estrat�gico indudable, y el menemismo dej� all� un terreno minado. Mientras De la R�a insiste en que el respeto por la institucionalidad ser� su �nica norma, uno de sus expertos describe la combinaci�n de estrategias que piensan usar con la Corte Suprema. En los casos m�s escandalosos, de jueces que almuerzan todos los d�as con Dom Perignon o contratan cruceros enteros al Caribe, desde el Estado reuniremos elementos contundentes para promoverles juicios pol�ticos. Tambi�n tenderemos puentes de plata para el retiro decoroso de otros. Y un tercer grupo ya abri� l�neas de negociaci�n con el nuevo gobierno. En definitiva, basta con reemplazar a uno de los nueve para que se altere la regla de la mayor�a autom�tica. No parece una tarea de H�rcules, sobre todo dadas las caracter�sticas del personal involucrado, donde no hay santos ni militantes. Ya hay un planteo denulidad de la designaci�n de Adolfo V�zquez, presentado por el abogado Carlos Garber porque no se cumpli� el plazo de siete d�as que debi� esperar el Senado antes de confirmarlo.La situaci�n no parece tan clara en el decisivo fuero federal de la Capital. En 1989 hab�a seis jueces y seis fiscales federales de primera instancia y seis camaristas de apelaciones. El n�mero de juzgados se duplic�, los seis jueces preexistentes renunciaron, fueron ascendidos o trasladados en forma horizontal a otros fueros, y Menem nombr� a los doce titulares. El n�mero de fiscal�as tambi�n se duplic� y adem�s se designaron un titular y un adjunto por fiscal�a, es decir 24 en lugar de los seis anteriores. La C�mara Federal tiene cinco miembros, s�lo uno de los cuales no fue designado all� por el gobierno saliente. Adem�s se cre� una nueva C�mara Nacional de Casaci�n Penal, de 13 jueces y con cuatro fiscales. Es decir que Menem design� al 99 por ciento de los miembros del fuero en el que se procesan las responsabilidades penales de funcionarios del gobierno nacional en casos de corrupci�n, si bien la mayor�a de los camaristas ya ocupaban cargos judiciales en otros fueros o instancias. La doctrina Del Castillo Confiamos en la posibilidad de trasladar a otros fueros a varios de los jueces federales de la Capital, con el consentimiento de los interesados y del Consejo de la Magistratura, aduce un asesor personal del presidente electo. Es lo que hizo Menem con el entonces juez federal Miguel Del Castillo, quien acept� el pase al fuero ordinario, cuando a�n no exist�a el Consejo de la Magistratura. En febrero de este a�o, Menem dispuso trasladar del Tribunal Oral de Ushuauaia al de San Mart�n a la camarista Marta Isabel Milloc. Pero el Consejo de la Magistratura invoc� una cl�usula de su reglamento, inst� al Poder Ejecutivo a abstenerse y llam� a concurso para cubrir el cargo. La votaci�n del plenario fue un�nime, salvo por el voto del representante del Poder Ejecutivo, Julio Comadira. Es cierto que a partir de diciembre la composici�n del Consejo se modificar� de modo favorable al nuevo presidente. La Alianza pasar� a tener dos de los tres representantes de la C�mara de Diputados, y el justicialismo s�lo uno, y adem�s ser� reemplazado el representante del gobierno nacional. Tampoco es imposible que el pr�ximo presidente de la Corte Suprema y al mismo tiempo del Consejo sea m�s af�n con el nuevo gobierno. Pero aun as� ser�a necesaria una improbable reforma del reglamento para que los traslados horizontales fueran practicables.Uno de los candidatos a ocupar funciones en el �rea de Justicia del nuevo gobierno, el constitucionalista Rafael Bielsa se inclina por una soluci�n distinta. En un art�culo sobre el prometido combate contra la corrupci�n, firmado durante el �ltimo mes de la campa�a electoral para una publicaci�n del Frepaso, Bielsa se pregunta si pueden quienes son objeto de sospecha juzgar a los sospechosos. Su respuesta es afirmativa, aunque es dif�cil que sus razonamientos halaguen a los magistrados concernidos. La Alemania posterior al nazismo, dice, mantuvo en sus cargos a numerosos jueces que hab�an colaborado con mayor o menor latitud con el r�gimen aniquilado. Y esos mismos jueces juzgaron y condenaron, con distinta y variable severidad, a personas que hab�an cometido cr�menes que ellos mismos hubieran cometido. Esos jueces desprestigiados pueden juzgar los casos de corrupci�n del gobierno saliente s�lo si media el conocimiento de su proceder por parte de la prensa y de la opini�n p�blica ya que la funci�n judicial s�lo por excepci�n es secreta. S�lo as� ser� posible que el Poder Judicial recupere su rol social y si no lo hace se someta a las consecuencias. El propio Bielsa destaca la importancia del complementario rol del Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuciamiento para la selecci�n y remoci�n de magistrados pero advierte que el proceso ser� lento. Un pa�s con tan larga historia deapartamiento de lo establecido legalmente sabe que se tardan d�cadas para ir desde la barbarie a la civilizaci�n, pero s�lo un instante para regresar a la barbarie. Lento pero seguro La lentitud de este proceso es mensurable: 62 d�as desde la convocatoria a concurso hasta el an�lisis de los antecedentes si no hay impugnaciones y 113 si las hay, m�s un lapso cuya extensi�n depende de la cantidad de inscriptos hasta la elevaci�n de la terna al gobierno. Si hay impugnaciones, ese lapso se duplica. El Consejo de la Magistratura debe cubrir 63 vacantes entre las distintas instancias en todo el pa�s. Ya est�n en marcha los procesos de selecci�n de tres jueces federales de primera instancia para Concepci�n del Uruguay, Comodoro Rivadavia y Ushuauaia, de dos camaristas para los Tribunales Orales Federales de Tierra del Fuego y de tres para el Tribunal Oral Federal de La Plata. Tambi�n se cerr� la inscripci�n para seleccionar un juez federal para Jun�n y otro para Santa F� y cuatro jueces comerciales para la Capital Federal. En noviembre se cerrar� la inscripci�n para elegir tres jueces de instrucci�n en lo criminal de la Capital, el juez federal que substituir� en Campana a Osvaldo Lorenzo y en diciembre para la elecci�n de seis jueces civiles de la Capital Federal y sendos vocales en la C�mara Nacional Electoral y la C�mara Federal de Tucum�n. Seg�n el reglamento del Consejo:El postulante debe presentar un certificado de reincidencia sin condenas penales. Si se ha desempe�ado en la Justicia, la Corte Suprema certificar� las sanciones que se le impusieron. El Consejo de la Magistratura solicitar� a la Facultad correspondiente la certificaci�n del t�tulo de abogado. No son recaudos comparables a los de Estados Unidos, donde se asigna un abogado por cada candidato para que estudie a fondo sus antecedentes, lo cual incluye un informe del FBI y otro de la American Bar Association (equivalente de la Federaci�n de Colegios de Abogados), pero hubieran bastado para que quedaran en el camino varios de los designados por Menem, entre los que hubo hasta presuntos abogados sin t�tulo. Para cada cargo se forma un jurado que integran un acad�mico, un juez y un abogado; estos son sorteados entre las listas sometidas al Consejo por las universidades, la Asociaci�n de Magistrados y los colegios de abogados. Los nombres de los jurados se publican junto con la convocatoria, de modo que los candidatos puedan impugnarlos. Si las impugnaciones se refieren a cuestiones b�sicas, como la falta de t�tulo o de antig�edad, se resuelven de inmediato. De lo contrario se elevan al plenario del Consejo una vez concluido el concurso. En la breve historia del Consejo ya hubo dos impugnaciones: una de un postulante y otra del Centro de Estudios Legales y Sociales.Los antecedentes presentados por cada postulante se califican en una escala de 0 a 100 puntos. Quienes obtuvieron un puntaje superior a 50 pasan a la etapa siguiente, la prueba de oposici�n.El d�a anterior a la prueba los jurados presentan tres sobres, que se lacran y firman. Se sortea uno, se abre y se entrega su contenido a los postulantes: uno o dos casos, reales o ficticios, a resolver en un lapso de 8 horas. Cada postulante recibe una clave num�rica que lo identifica ante los jurados. La Comisi�n de Selecci�n de Magistrados cita a los 15 postulantes que obtuvieron mejores puntajes a una audiencia p�blica, sobre sus condiciones morales, su conocimiento de la Constituci�n Nacional, su valoraci�n del estado de derecho y de los derechos humanos. La Comisi�n puede decidir que los cinco primeros calificados pasen por un examen psicol�gico. El plenario del Consejo convoca a una nueva audiencia p�blica en la que interroga a los mejor calificados, y eleva una terna al Poder Ejecutivo,que elige a uno de sus integrantes y lo propone al Senado para que le de acuerdo.Por cierto es mucho m�s expeditivo el m�todo anterior, por el cual el gobierno saliente design� nada menos que seis de los nueve miembros de la Corte Suprema de Justicia en un d�a: el 18 de abril de 1990 Menem envi� los pliegos de los nuevos miembros de la Corte, que el Senado aprob� el 19 en una sesi�n secreta de apenas siete minutos, a la que no asistieron los legisladores de la oposici�n. Tal vez el nuevo m�todo extienda el periodo de selecci�n pero suprima el de lamentaciones.
El general que venci� a Freud Por HV
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