MACHINEA, CAVALLO, LOPEZ MURPHY Y EL FUTURO DE LA DEMOCRACIA
Petr�leo y pol�tica

Si la blitzkrieg de Cavallo pavimentara el acceso de L�pez Murphy al ministerio de Econom�a, la Juventud Antoniana no lo recibir�a con disgusto. La Alianza terminar�a de partirse, pero el radicalismo no abandonar�a al presidente. Las diferencias entre cualquiera de ellos y Machinea no alcanzan a la situaci�n del trabajo y los trabajadores, de las que seg�n un reciente ensayo de Pepe Nun depende que la democracia �pueda sostenerse, como corresponde, en una mayor�a de ciudadanos plenos�.

L�pez Murphy, actual ministro de Defensa, candidato fantasmal para reemplazar a Machinea.

Por Horacio Verbitsky

t.gif (862 bytes) El que habla es un allegado a Domingo Cavallo, para m�s se�as especialista en temas econ�micos y empresariales de la Fundaci�n Novum Millenium: �Vista desde afuera, la situaci�n argentina es muy grave. La corrida ya ha comenzado y se pueden precipitar los acontecimientos de un d�a para el otro. Mingo est� organizando sus equipos. Adem�s de �l tambi�n entrar�an al gobierno Adolfo Sturzenegger y Carlos Bastos. Cavallo ser�a Jefe de Gabinete, y Sturzenegger ministro de Econom�a�.
��En qu� plazo ocurrir�a tal cosa?
�No m�s de quince d�as.

Baja probabilidad

Quien responde ahora es un amigo �ntimo de Cavallo desde hace d�cadas y uno de sus principales consejeros en asuntos pol�ticos: �No ha habido ning�n ofrecimiento de parte del gobierno y la probabilidad de que lo haya en el futuro es baja. A Mingo le viene bien la versi�n, pero lo m�s probable es que todo esto termine potabilizando el acceso al ministerio de Econom�a de Ricardo L�pez Murphy, que ya integra el gabinete nacional y tiene una historia propia y familiar dentro del radicalismo�.
Comenta el ministro del Interior, Federico Storani: �La segunda hip�tesis me resulta mucho m�s veros�mil. Hay un sector ajeno al gobierno que trata de dominar el poder pol�tico. Cada vez que se ponen en marcha mecanismos de recambio en el gabinete, ese sector no se satisface con una o dos modificaciones, sino que quiere ir a lo m�ximo. O sea, tener una persona de su absoluta y total confianza en el Ministerio de Econom�a de la Naci�n. Somos conscientes de eso, es parte de una lucha pol�tica�. Es decir, su compa�ero de militancia juvenil L�pez Murphy no le parece el ministro ideal, pero est� dentro del l�mite tolerable. Cavallo no.
Cuenta uno de los hombres m�s pr�ximos al ex presidente Ra�l Alfons�n: �Cavallo llam� por tel�fono y dijo que quer�a conversar con �l. Muerto de ansiedad, Alfons�n le dijo que se viniera ya mismo. Por supuesto ni se mencion� el hipot�tico ingreso de Cavallo al gabinete. A los dos les ven�a bien el encuentro. A Cavallo, luego de la paliza electoral que le dio Ibarra, para presentarse como un estadista y no como un energ�meno. Y Alfons�n a�n anhela ser candidato a Senador el a�o pr�ximo, pero habl� de la convertibilidad y volvi� a enredarse. Los dos se lavaban�, dice. 
Opina un ministro del Poder Ejecutivo Nacional: �No creo que [el presidente Fernando] De la R�a est� dispuesto a desprenderse de[l jefe de gabinete Crystian] Colombo, quien ha demostrado una efectividad nada desde�able. Colombo tiene una excelente relaci�n con los gobernadores y tambi�n con el Congreso. [El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos] R�ckauf ya estableci� el circuito para comunicarse con el gobierno a trav�s de Colombo, quien adem�s ha logrado compromisos importantes para la aprobaci�n del presupuesto nacional�. 
Revela otro colaborador cercano del ex presidente: �Alfons�n fue informado de un supuesto almuerzo entre Dar�o Lop�rfido, Lautaro Garc�a Batall�n, Dar�o Richarte y Daniel Hadad. No pudo confirmarlo, pero la revista del empresario menemista dio por terminado al ministro de Econom�a Jos� Luis Machinea y la calificadora de riesgo Standard & Poor�s (que representa aqu� la esposa de Hadad), disminuy� la nota argentina�. En cuanto regres� de Espa�a, Machinea dijo que intentaban desestabilizarlo empresarios y periodistas. Lop�rfido, Garc�a Batall�n y Richarte son integrantes de la Juventud Antoniana en la que conf�a De la R�a. 

Matices

La combinaci�n de estos seis testimonios describe algunos de los matices de una compleja operaci�n pol�tica, la primera en meses que logr�desplazar la atenci�n p�blica del supuesto pago de sobornos en el Senado y de la relaci�n entre el presidente y su ex vice. Algunos, pero no todos.
Los accionistas republicanos a�adieron su generosa ayuda a los ya denodados esfuerzos del propio gobierno por instalar el escenario de crisis rampante que conviene al cordob�s para reconstruir su imagen de salvador de la Patria ante emergencias incontrolables por los simples mortales. No hay observador pol�tico que no haya advertido la entusiasta participaci�n de Cavallo en la creaci�n del cl�max que culmin� esta semana y decodificado sus objetivos. El de m�nima: recobrar algo de la prestancia perdida con vistas a la renovaci�n de un mandato legislativo que toca a su fin. El de m�xima: hacer pie en el gobierno del que fue expelido en junio de 1996. Es decir, una estrategia similar a la de sus ex compa�eros Carlos Menem, Eduardo Duhalde y Carlos R�ckauf, pero dimensionada a la ventaja comparativa de Cavallo. De todos ellos, es el �nico que no se enga�a respecto de sus perspectivas electorales. No pretende conquistar la voluntad popular sino la del pr�ncipe. Lo suyo no es la urna, sino el o�do, el colaboracionismo desaforado y no el golpismo oculto, por decirlo con una expresi�n de moda. 

Seg�n se mire

Menos evidente es la parte que jug� el gobierno en esta danza y el beneficio que obtuvo o espera obtener del acercamiento a Cavallo. Por cierto, ni De la R�a, ni Colombo, ni Alfons�n son ingenuos manipulables a gusto, y menos por alguien con tan reducida habilidad pol�tica como el economista mediterr�neo. Tampoco la situaci�n financiera inmediata es tan apurada como para ceder ante cualquier chantaje m�s o menos audaz. Cavallo conserva, no obstante, dos activos que el gobierno apetece: influencia en sectores empresariales y financieros, del pa�s y del exterior, y, debido a ella, ascendiente sobre peque�os partidos conservadores de provincia con representaci�n parlamentaria, que sobreviven como pueden entre las fuerzas nacionales. De la R�a depende por un lado de la constante renovaci�n de pr�stamos externos y por otro de la aprobaci�n de sus iniciativas por el Congreso. En una de sus c�maras est� en c�moda minor�a desde el primer d�a, y no puede contar con una mayor�a autom�tica en la otra desde hace tres semanas. La funcionalidad del apoyo de Cavallo no es entonces dudosa, y la firma de un acuerdo por el cual sus diputados y los provinciales se comprometieron a aprobar en general el presupuesto 2001, constituye una clara victoria operativa para el gobierno y su jefe de gabinete Colombo, que lo negoci�. Pero lo sucedido no puede presentarse como una demostraci�n de fortaleza. 
Desde la renuncia del vicepresidente Carlos Alvarez, el horizonte legislativo del gobierno se oscureci�. Si hubo una docena de diputados del Frepaso que mantuvieron convicciones, principios y programas pese a la verticalidad y sobreactuaci�n delarruistas de su l�der en los primeros 250 d�as de gobierno, a partir del portazo de Alvarez cada ley amenaza con convertirse en un calvario. Algunas designaciones de segundo nivel en varios ministerios procuran impedir a bajo costo la definitiva disgregaci�n de la entente que le permiti� a De la R�a arribar a la presidencia. Pero ni la cantidad de las voluntades frepasistas en el Congreso ni la calidad de su adhesi�n personal y doctrinaria al jefe de Estado son elevadas. Sin necesidad y tal vez tambi�n sin posibilidad de formalizar una coalici�n hacia la derecha, que perturbar�a al propio partido radical, el tendido de puentes en esa direcci�n constituye un acto de la m�s pura l�gica conservacionista del poder, si se prefiere eludir la ambig�edad del vocablo conservadora. Adem�s, hace parecer a L�pez Murphy como el mal menor. Si tal desenlace se produjera, la tropilla legislativa de Cavallo y sus aliados estar�a disponible para substituir el apoyo quecon alta probabilidad le restar�a el Frepaso. Pero la democracia argentina se habr�a empobrecido a�n m�s. 

Asignaturas pendientes

Hace dos semanas, el m�s prestigioso polit�logo argentino, Guillermo O�Donnell, describi� con pausado estilo profesoral las dos �asignaturas pendientes� que tendr�a por delante el ex vicepresidente y que �incluso los ciudadanos que le tenemos gran simpat�a debemos cobrarle rigurosamente. La primera es hacer del Frepaso algo que se parezca a un partido pol�tico, con implantaci�n territorial, con una razonable institucionalidad de los organismos de direcci�n. Eso le quitar� capacidad de maniobra inmediata, pero es condici�n necesaria para que un liderazgo pol�tico democr�tico avance en direcci�n constructiva y de largo aliento. La segunda es ofrecer un aut�ntico y veros�mil perfil progresista, delinear alternativas responsables pero mucho m�s creativas en el plano econ�mico-social e incorporar una preocupaci�n expl�cita sobre los temas de derechos civiles y humanos, por su significaci�n pol�tica y no s�lo intr�nseca�. 
O�Donnell concluy� que �como toda asignatura pendiente, vamos a ver si se inscribe en las materias para darlas, y si las aprueba�. Alvarez parece m�s interesado en iniciar una carrera distinta. Lejos de dedicarse a la siempre postergada construcci�n del Frepaso, ha elegido tomar distancia de �l y lanzarse hacia la invocaci�n de un indefinido �Movimiento� para estimular la participaci�n popular en a�n no se sabe cu�l forma nueva de hacer pol�tica. En apariencia, reproducir�a el modelo hist�rico peronista, de movimiento y partido. Las diferencias no son menores: en este caso el movimiento no preexiste al partido sino que deber�a surgir como su emanaci�n. Su objeto no son los sectores populares golpeados por una pol�tica de exclusi�n ni los sindicatos que los encuadran, sino los estudiantes y profesionales de clases desahogadas a quienes, para participar, se les reclama un expl�cito abandono de cualquier aspiraci�n electoral. No se sabe si Alvarez har� una renuncia similar, en cuyo caso estar�a construyendo una nueva Organizaci�n No Gubernamental enraizada en la sociedad civil para controlar al poder y colocar algunos temas de su inter�s espec�fico en la agenda p�blica, o si se propone seguir actuando dentro del marco de la sociedad pol�tica, en el que todav�a no se advierte c�mo se insertar�a su nueva estructura. Es una contradicci�n significativa, sobre cuyos modos y tiempos de resoluci�n es de esperar que propicie alguna forma de discusi�n abierta, sin el hermetismo del reducido c�rculo �ntimo con que se movi� hasta ahora, en el que proliferaron personas y conductas contra las que luego el mismo Alvarez se enfrent�, no por inexistentes razones ideol�gicas, sino por faltas a la confianza, erigida en raz�n suprema de la pol�tica sin ancla social ni proyecto. El caso m�s notorio y reciente es el de Alberto Flamarique, cuya designaci�n como secretario general de la presidencia deton� su alejamiento del gobierno. Tal debate, dentro pero tambi�n fuera del Frepaso, es esencial para cualquier intento de rendir la segunda de las asignaturas pendientes, aunque no es seguro que Alvarez entienda este an�lisis como otra cosa que una agresi�n personal, actitud reiterada que rebaja la calidad de su en�rgico liderazgo.
Temeroso del desvanecimiento de la confederaci�n que le permiti� substituir a Menem en el gobierno, De la R�a ha satisfecho los reclamos de Alvarez, al menos en lo formal, con el exilio del gabinete de incordios como Flamarique y Fernando de Santiba�es. La ley de presupuesto es apenas la primera prueba �cida que deber� sortear el Frepaso, que ha mantenido un llamativo silencio ante posiciones brutales como la que el ministro de Defensa sostuvo ante la Comisi�n de la Memoria de la provincia de Buenos Aires, de protecci�n a quienes se niegan a admitir en toda su extensi�n elabismo que separa el rol que las Fuerzas Armadas asumieron bajo el Estado Terrorista del que les corresponde en una democracia. M�s temprano que tarde quedar� claro que la transparencia (o su contrario la opacidad) en la administraci�n de la cosa p�blica no es lo �nico que separa a los miembros de la Alianza, aunque todos hayan elegido ese terreno para dirimir diferencias sobre el modelo econ�mico-social que no se animan a formular m�s que en forma espor�dica y escueta. 

M�s d�bil que nunca

La eyecci�n del gabinete de los neodesarrollistas Terragno y Nicol�s Gallo fue presentada por De la R�a como un fortalecimiento de Machinea. Pero �c�mo y ante qui�n? Seguro que no ante el chantaje financiero, que le va imponiendo su duro pliego de condiciones. Ante la prolongaci�n del ciclo recesivo que ya lleva dos a�os y medio, la amenaza cotidiana de volatilidad de los mercados, el temido acercamiento de la primera prueba electiva nacional y la necesidad de mostrar algunos proyectos que permitan imaginar algo distinto en alg�n momento del futuro, el equipo econ�mico ha ido ablandando a�n m�s sus posturas. La excusa es privilegiar las inversiones. El resultado, la cesi�n de privilegios desmesurados a cambio apenas de la postergaci�n del golpe de furca con el que los grandes capitales que oligopolizan todos los mercados amedrentan a gobernantes y gobernados. Por eso las anunciadas inversiones son meras promesas y no se dise�an los instrumentos de control y sanci�n que pudieran forzar su cumplimiento. Del mismo modo, la reforma pol�tica del ministro Storani no incluye el modo de elegir los candidatos ni establece el fuero electoral que controle que el resto no se convierta en bellas declamaciones virtuales. 
De hecho la posici�n del ministro de Econom�a en todas las renegociaciones pendientes con prestadores de servicios p�blicos o concesionarios de diversas explotaciones es m�s d�bil hoy que antes del denominado relanzamiento del gobierno. Un ejemplo es el de las tarifas de Aguas Argentinas, que Gallo negociaba con alg�n vigor y que Machinea entreg� con resignaci�n imposibilista. Otro, el de la pr�rroga de la concesi�n gas�fera neuquina de Loma de la Lata a Repsol, la empresa espa�ola que absorbi� a YPF. Este caso adquiere una extremada gravedad, no s�lo econ�mica sino tambi�n pol�tica y �tica, dada su estrecha vinculaci�n con el esc�ndalo de los sobornos en el Senado y la expl�cita diferencia de criterios entre De la R�a y Alvarez. Adem�s, servir� de precedente para todas las concesiones petrol�feras y gas�feras del pa�s.

Negro profundo 

Anunciada por Machinea en mayo como parte de su denominado Plan Quinquenal de Inversiones, la pr�rroga fue negociada en Madrid en junio por el gobernador neuquino Jorge Sobisch, objetada en forma p�blica por Alvarez en julio pese a las felicitaciones de De la R�a a Sobisch, y estigmatizada en setiembre por la Senadora Silvia Sapag, al revelar que su colega Emilio Cantarero le hab�a ofrecido dinero en nombre de las empresas petroleras a cambio de aprobar la nueva ley de hidrocarburos que favorecer�a este tipo de transacciones. Terragno plante� la necesidad de un estudio profundo antes de decidir y esa fue una de las �ltimas gotas que a los ojos del presidente colmaron su vaso. La crisis del Senado s�lo demor� un par de meses el acuerdo, que se anunci� el jueves durante la visita de De la R�a a Espa�a. En cualquier pa�s serio, hubiera causado la ca�da del gobernador Sobisch, quien hab�a firmado actas de entendimiento en condiciones a�n peores que las ya deprimentes obtenidas ahora por el Estado Nacional. Por ejemplo, el Tesoro percibir� un canon de 300 millones de d�lares pagaderos en tres a�os y la empresa invertir� 100 millones por a�o en los pr�ximos cinco aparte de los gastos operativos, dos rubros que no estaban contemplados en los papeles preparados por Repsol y firmadospor Sobisch, que no inclu�an canon alguno ni diferenciaban entre inversiones y gastos de operaci�n y mantenimiento. 
Cuando objet� la pr�rroga, Alvarez sostuvo que los espa�oles embolsar�an 40.000 millones de d�lares adicionales. La Secretaria de Energ�a D�bora Giorgi desde�a ese c�lculo y afirma tener otro muy inferior, pero no se lo ha mostrado ni al presidente de la Comisi�n de Energ�a y Combustible de la C�mara de Diputados, V�ctor Fayad, quien prefiri� evitar el escarnio del viaje a Espa�a. Lo que s� puso de manifiesto Giorgi en la conferencia de prensa del viernes es su escaso conocimiento de la materia en que se supone que decide. En un capcioso an�lisis de la ley de hidrocarburos vigente para justificar la firma de una pr�rroga 17 a�os antes del vencimiento de la concesi�n lleg� a decir que ten�a �car�cter autom�tico�, una barbaridad que contradice de modo abierto el art�culo 35 de la ley, que condiciona su otorgamiento a que se haya dado �buen cumplimiento a las obligaciones emergentes de la concesi�n�. Seg�n confesi�n firmada por uno de los directivos de Repsol, que la senadora Sapag exhibe en toda discusi�n sobre el tema, la pr�rroga no crear� m�s de 600 puestos de trabajo en Neuqu�n. 
M�s cuidadoso de las formas que Giorgi, Machinea reconoci� que es posible rehusar la pr�rroga si el concesionario �ha hecho una mala explotaci�n o ha causado da�os al medio ambiente�. Pero tal admisi�n te�rica carece de efectos pr�cticos. Los da�os al medio ambiente son el preciso motivo de varios juicios y acuerdos conciliatorios e incluso de una causa abierta ante la Comisi�n Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, contra la provincia de Neuqu�n y contra la empresa. Los damnificados son los habitantes mapuches de las Comunidades Paynemil y Kaxipayi� y el impacto ambiental producido por la explotaci�n ha sido medido en un estudio por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD. De 1928 a 1990, el da�o ambiental causado por la entonces empresa petrolera fiscal fue de 500 millones de d�lares. De 1990 a 1995, per�odo que incluye el fin de la YPF estatal y los primeros a�os de la privada, de otros 500 millones. No hay datos posteriores, dado el desinter�s de Sobisch por documentar esos perjuicios a ciudadanos de tercera, pero no se han realizado trabajos preventivos ni reparatorios de significaci�n tal que permitan suponer alguna mejora. Los habitantes de esas comunidades, que exigieron compensaci�n por los mil millones de d�lares en da�os, presentan niveles alt�simos de plomo y mercurio en sangre, causantes de graves enfermedades. La provincia se comprometi� a suministrar agua mineral en bidones a los habitantes; lo ha cumplido en forma parcial, s�lo para el consumo humano, pero no para los animales, que se enferman con el agua y las pasturas y luego transmiten la contaminaci�n a las personas. La justicia orden� a la empresa construir una planta potabilizadora y hacerse cargo del costo del tratamiento de las personas afectadas. Una peque�a planta fue construida pero nunca funcion� y nadie se hizo cargo de atender la salud de las v�ctimas por la contaminaci�n de las napas de agua con hidrocarburos. Un video que se proyecta en cada acto de protesta muestra c�mo es posible encender un fuego arrojando un f�sforo sobre maderas humedecidas con agua de la canilla.

Un asunto pol�tico

Hace algunos meses, con previsiones de crecimiento de la econom�a del 5 por ciento anual, pod�a calcularse que los �ndices de desocupaci�n oscilar�an entre 15,5 y 16 por ciento en 2001 y entre 15,4 y 17,1 por ciento en 2003. Esto quiere decir entre un m�nimo de 2,26 y un m�ximo de 2,56 millones de personas sin empleo. Con la reformulada previsi�n de crecimiento macroecon�mico de menos de un 1 por ciento este a�o y de 3,8 por ciento el pr�ximo, los resultados laborales ser�n tan catastr�ficos que no da ganas calcularlos. Ni los planes Trabajar en los que confiabaFlamarique, ni su supresi�n a la que apuesta Patricia Bullrich dan cuenta del fen�meno estructural que estas cifras reflejan y que no podr�n revertirse sin un deliberado y contundente shock redistributivo. 
Como plantea el anal�tico pero apasionado libro �Democracia. �Gobierno del pueblo o gobierno de los pol�ticos?�, del soci�logo Jos� Nun: �Si una ense�anza se desprende del recorrido que hemos realizado es que, inexorablemente y contra lo que postula la separaci�n neoliberal entre la econom�a y la pol�tica, el presente y el futuro del trabajo y de los trabajadores constituye una parte esencial de cualquier debate serio sobre la democracia en Am�rica Latina, pues de ellos depende que �sta pueda sostenerse, como corresponde, en una mayor�a de ciudadanos plenos. Por eso, en las presentes circunstancias no hay ning�n tema m�s prioritario que �ste para quienes creen en la democracia. Y no es un asunto que pueda quedar en manos de los expertos en econom�a o en relaciones laborales so pretexto de despolitizarlo, simplemente porque hoy es el m�s pol�tico de todos los asuntos�. Nada de eso forma parte de los planes oficiales, lo cual relativiza las diferencias entre Machinea, L�pez Murphy y Cavallo y abre un grueso interrogante sobre el futuro de la democracia aborigen.

 

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