Por Horacio Verbitsky
Carlos Alvarez supo siempre que la sociedad con el radicalismo ten�a un plazo de vencimiento, que no era un proyecto estrat�gico, sino apenas una etapa t�ctica en el crecimiento del Frepaso. Pero la imaginaba distinta. Desde el primer d�a tuvo en claro que se ir�a con el portazo de la denuncia contra la corrupci�n, pero pens� que en ese momento tendr�a a su disposici�n una fuerza pol�tica m�s poderosa y cohesionada.
La Alianza logr� sus objetivos demasiado pronto. Formada en agosto de 1997, dos meses despu�s ya hab�a acabado con el menemismo, que hab�a sido su factor de unidad. El eclipse de la insoportable d�cada presidida por los Menem, Duhalde, R�ckauf y Pierri era ostensible, aunque todav�a restaran dos largos a�os hasta la elecci�n presidencial.
Al lanzar a Graciela Fern�ndez Meijide para las elecciones legislativas de Buenos Aires, Alvarez anunci� que, si triunfaba, a ella le corresponder�a la candidatura presidencial por el Frepaso. Que no postulara la propia, indicaba su escasa convicci�n en las posibilidades de su partido frente a Fernando de la R�a, el candidato obvio de la Uni�n C�vica Radical.
Por eso intent� evitarlas y propuso la nominaci�n por consenso, en la que se reconocieran generosos espacios al socio menor en las listas comunes en todo el pa�s. Ella no acept� porque cre�a que su buena estrella electoral era imbatible y prevalecer�a sobre la maquina partidaria radical. Pero perdi� por 7 a 3. Si le hubieran dado tiempo, el radicalismo hubiera reclamado tambi�n la candidatura a la gobernaci�n de Buenos Aires, que s�lo hab�a cedido a rega�adientes cuando la relaci�n entre ambos aliados parec�a m�s equilibrada. Fue necesario anunciar la misma noche de los comicios a�n sin escrutinio definitivo que Fern�ndez Meijide ser�a la candidata de la Alianza en Buenos Aires. Pero de este modo Alvarez qued� obligado a integrar la f�rmula nacional, en contra de sus deseos. Enrique Nosiglia dijo en una reuni�n con radicales de la Capital: �Ahora que Chacho ya est� en la bolsa el Frepaso est� muerto. No hay que darles nada en ning�n lado. En octubre ganaremos los radicales�. All� hab�a un plan, que no dej� de aplicarse.
La trampa
La corrupci�n del sistema pol�tico no apareci� como eje de conflicto entre los aliados reci�n al destaparse la podredumbre del Senado. El Frepaso naci� a la vida pol�tica denunciando la corrupci�n del menemismo, pero su despegue como fuerza con proyecci�n nacional se produjo al postularse como alternativa al Pacto de Olivos, un tango que Menem no bail� solo. Ya durante la campa�a electoral para las primarias de 1998, Alvarez propuso crear lo que llam� la �Conadep de la Corrupci�n� y Ra�l Alfons�n se opuso. En el equipo de trabajo no hubo radicales, lo cual ilustr� las diferentes concepciones de ambos partidos sobre la construcci�n democr�tica.
Con el mayor sigilo, Alvarez orden� a sus representantes que entre la documentaci�n que acopiaban reservaran espacio al menos para un caso que afectara a De la R�a. Cuando Adalberto Rodr�guez Giavarini (el m�s puro de los amigos de De la R�a, un cat�lico practicante que cree en lo que cree) choc� con Nicol�s Gallo en el gabinete de la Ciudad Aut�noma, Alvarez lo apoy�. El recaudador partidario no puede encargarse de las concesiones de servicios, dijo.
Cuando vio que el retroceso de Fern�ndez Meijide en las preferencias electorales se acentuaba, Alvarez lanz� un brulote radial matutino contra el �sistema delarruista de corrupci�n�. El radical volvi� a jugar el rol de v�ctima que tanto le place e hizo saber que s�lo una retractaci�n lisa y llana impedir�a la ruptura de la Alianza. Al caer la noche Alvarez ya hab�a capitulado. En aquel momento no pod�a hacer lo que hizo ahora. En la Alianza se cifraban las ilusiones populares de batir a Menem y Duhalde y quien la rompiera lo pagar�a caro.
Desde entonces militantes y dirigentes del Frepaso se sintieron en una trampa, de la que no sab�an c�mo salir. ��Hicimos todo esto para devolverles el gobierno a los radicales?�, preguntaba un dirigente envenenado por tal perspectiva. Alvarez no lo ve�a as�. So�aba con las jefaturas de gobierno de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires, las gobernaciones de Neuqu�n y Santiago del Estero, algunas vicegobernaciones, un bloque de medio centenar de diputados, posiciones en diversas legislaturas y concejos deliberantes y varias decenas de intendencias. Desde esa plataforma proyectar�a su poder nacional. Pero s�lo consigui� la jefatura de gobierno de la Capital y tres intendencias en el Gran Buenos Aires, el bloque de diputados se redujo en un par de miembros y el partido no existe fuera de las dos Buenos Aires y Rosario (gracias a la hist�rica inserci�n socialista y a la descollante gesti�n del intendente Hermes Binner).
Las trayectorias que hicieron colisi�n esta semana ven�an juntando impulso desde lejos. Tres meses antes de las elecciones presidenciales Alvarez hizo saber a Duhalde su sospecha de un acuerdo entre Menem y De la R�a, gestado por Enrique Nosiglia y Luis Barrionuevo. Otro interlocutor habitual de Alvarez, Domingo Cavallo, denunci� el presunto plan canje de gobernabilidad por impunidad.
Al radicalismo tampoco le faltaron disensos al respecto. Por esa misma �poca, Leopoldo Moreau dijo en una reuni�n partidaria: �O hacemos sangrar al menenismo, preparamos los juicios y mandamos presos a varios o nos encaminamos a una conciliaci�n y negociaci�n. Desde mi punto de vista hay que adoptar la primera�. De la R�a le respondi�: �La primera alternativa fue la que adopt� inicialmente Alfons�n, y as� le fue�. El primer indicio de que el candidato hab�a impuesto su visi�n fue el archivo de la investigaci�n sobre el uso de los fondos reservados del Senado por parte de R�ckauf.
Testimonio y poder
�Queremos ser un partido del poder y no un partido testimonial�, repet�a Alvarez para justificar cada retroceso de sus posiciones hist�ricas. El Frepaso fue dejando en el camino las reivindicaciones socioecon�micas que fundamentaron su nacimiento, desisti� de las alianzas sociales con los sectores castigados por el ajuste. Graciela Fern�ndez Meijide hizo silencio sobre las cuestiones de derechos humanos que fueron su camino de aproximaci�n a la pol�tica. Ante el desencanto creciente de quienes, sin afiliaci�n partidaria, anhelaban un cambio de personal, de valores y estilos en la pol�tica, pero tambi�n de la alianza social gobernante, la respuesta de Alvarez borde� el cinismo. Esos sectores no tienen otra opci�n electoral. Igual nos van a votar, dijo.
As� fue, pero el Frepaso lleg� al gobierno en condiciones de extrema debilidad. Sus instancias organizativas nunca se desarrollaron. El Frepaso no discute pol�ticas sino candidaturas, algo que calza bien con la personalidad de su jefe. A la participaci�n colectiva prefiri� la decisi�n solitaria, con un par de laderos que compartieran su visi�n del debate pol�tico como un engorro que resta tiempo y fuerzas para la aplicaci�n de t�cticas. Uno de ellos fue desplazando a todos los dem�s. Era un mendocino pragm�tico, heredado de Bord�n despu�s de la ruptura. El tiempo lo revel� m�s activo que fiel.
Quienes supon�an que el partido de Alvarez y Alberto Flamarique era el componente de centro-izquierda de la coalici�n oficial constataron que tema por tema se colocaba incluso a la derecha del radicalismo. En su respaldo acr�tico al voto en Naciones Unidas contra Cuba, a la ortodoxia liberal del equipo econ�mico, al ajuste salarial, a la reforma laboral, a la privatizaci�n de la salud p�blica, Alvarez sobreactu�. Lleg� a recriminarle al radical Moreau falta de lealtad al presidente, por reclamar la reimplantaci�n de los aportes patronales a las empresas privatizadas.
El gui�o de complicidad que Alvarez y Flamarique se cruzaron al terminar la sesi�n del Senado en la que se vot� la ley que el Fondo Monetario Internacional reclamaba para bajar los costos salariales, como con sajona precisi�n inform� el New York Times, describ�a la dif�cil situaci�n del Frepaso dentro de la Alianza. Con la bandera de la sensibilidad social hecha jirones, y la de la transparencia manchada por los esc�ndalos que afectaron al Frepaso bonaerense y a sus dirigentes Fern�ndez Meijide y Mary S�nchez, s�lo le quedaba hacer flamear la de la eficiencia, para lo que el presidente gustara mandar. El problema era la incongruencia entre tales directivas y las concepciones que el Frepaso defendi� hasta su acceso al gobierno. La divisa de la transparencia hab�a ocultado la falta de definiciones pol�ticas del Frepaso. La idea de que los recursos ahorrados al suprimirse la corrupci�n solucionar�an los m�s graves problemas sociales era una prestidigitaci�n con las cifras, al comparar magnitudes econ�micas tan dispares, un modo de ignorar la inequidad esencial del modelo econ�mico, que no hab�a voluntad por corregir. Pero sin esa consigna, �qu� quedar�a del Frepaso? Alvarez estaba siguiendo las huellas de Menem y empez� a recibir insultos en la calle.
Pol�tica y delito
Recuperar su rol de denunciante de las pr�cticas que hacen que los j�venes asocien pol�tica con delito, como dijo en su despedida del poder, es tanto una t�ctica pol�tica como una necesidad psicol�gica de supervivencia. De la R�a no est� dispuesto a ceder ese rol. Pero si en 1998 Alvarez se retract� porque percibi� que la opini�n p�blica no lo favorec�a, ahora parece estar ocurriendo lo contrario. Las situaciones relativas de los socios son distintas. El radicalismo posee al menos una clara inercia reproductiva, expresada, para bien y para mal, en su aparato partidario. El Frepaso es m�s virtual y su home page debe renovarse todos los d�as, con material que atraiga a un p�blico m�s exigente, tan inclinado al fervor como al desd�n, seg�n lo que perciba.
Ante un hecho tan grave como la renuncia a la vicepresidencia, los dirigentes del Frepaso no estaba deprimidos, sino euf�ricos, como el propio Alvarez desde que se erigi� en el azote del Senado. Los gestos de alegr�a ponen en duda las palabras de compromiso con la continuidad de la Alianza. Si los acuerdos fueron cada d�a m�s dif�ciles en los �ltimos diez meses, no se facilitar�n ahora. En sus mensajes del viernes, Alvarez y De la R�a profundizaron el disenso. Sus visiones sobre lo que ocurri� en el Senado son contrapuestas. An�bal Ibarra, quien necesita de la coalici�n para gobernar su distrito, intent� desde Roma impedir la fractura y propici� un di�logo entre Alvarez y De la R�a que ratificara la Alianza. Pero no fue escuchado. De la R�a confundi� sus atribuciones legales con la legitimidad pol�tica de sus decisiones. Su mandato constitucional le permite designar a quien se le ocurra. El contrato pol�tico de la Alianza lo obligaba a consultarlo, primero con su partido, luego con su socio. La provocaci�n que escogi� pone a la Alianza in extremis y es posible que el presidente tenga tiempo de arrepentirse. La presencia de Alvarez lo fortalec�a, tanto pol�tica como institucionalmente. El temor a una presidencia del Frepaso jugaba a su favor. Desde el viernes ha pasado a ser concebible que en alg�n momento tambi�n De la R�a se aleje. En las nuevas condiciones ninguna invocaci�n a la disciplina partidaria bastar� para que la bancada del Frepaso vote cualquier ley que env�e el Poder Ejecutivo. En el mejor de los casos, se abrir� un proceso de negociaci�n tema por tema, tal como ocurre con los partidos provinciales. La p�rdida de la mayor�a en la C�mara de Diputados abre un nuevo cap�tulo en la historia del bipartidismo. O dicho en t�rminos menos formales, en la relaci�n de Nosiglia y Barrionuevo.
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