CRECE LA BRECHA ENTRE LOS QUE MAS Y LOS QUE MENOS TIENEN
El salario del miedo

La banda sonora de los avisos de Cavallo incluye una puerta de rejas que se cierra sobre un hombre maniatado; la de los de Ibarra, la sirena de un patrullero. En el mercado del consenso social, la seguridad ha devenido una mercanc�a esencial del negocio pol�tico. La inseguridad subjetiva tiene sin embargo causas objetivas que hasta ahora s�lo en forma tangencial han ingresado en la campa�a: el empobrecimiento de una gran porci�n de los habitantes de la Ciudad mientras el ingreso se concentraba en pocas manos, los problemas de empleo y las muertes violentas en accidentes, que triplican las debidas a homicidios.

Las primeras villas, hace un siglo.
En la �ltima d�cada se duplic� el n�mero de sus habitantes.


Por Horacio Verbitsky

Aunque la campa�a electoral de la Ciudad Aut�noma de Buenos Aires gira en torno de la seguridad ciudadana, el debate se reduce a mensajes alarmistas dirigidos a estimular el p�nico y omite profundizar en cuestiones elementales para quien se preocupe por la vida y la propiedad de los porte�os. Por ejemplo, el crecimiento de los delitos contra la propiedad es directamente proporcional al de la desocupaci�n y al ensanchamiento de la brecha entre quienes m�s y menos poseen, que en el �ltimo lustro se acentu� hasta extremos antes desconocidos. Adem�s, por cada homicidio hay tres muertes violentas en accidentes de tr�nsito. El 65 por ciento de sus v�ctimas son peatones y en el 20 por ciento de los accidentes intervienen colectivos, pese a que constituyen apenas el uno por ciento del parque automotor de la Ciudad. Esto contribuye a explicar con datos objetivos la sensaci�n subjetiva de inseguridad, en t�rminos muy distintos a los del discurso fascistoide de la mano dura. As� lo indican investigaciones realizadas por la Consultora Equis que dirige el soci�logo Artemio L�pez y por la Defensora del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, Alicia Oliveira. La publicidad de Domingo Cavallo repite los slogans sencillos y efectistas del gobernador bonaerense Carlos R�ckauf que prometen la c�rcel para los delincuentes. Una t�trica puerta de rejas retumba sobre la imagen de una persona maniatada. La de An�bal Ibarra informa que hasta la familia y los hijos del candidato tienen miedo. Su sonido de fondo es la sirena de un patrullero. Cavallo atribuye el problema de la inseguridad urbana al C�digo de Convivencia cuya sanci�n reprocha a Ibarra, quien, a su turno, impulsa una sobreactuaci�n policial contra putas de todos los sexos, como forma de demostrar que el C�digo no es un obst�culo para la represi�n. Ambos ejemplifican as� la universalidad de la descripci�n que la semana pasada formul� el crimin�logo italiano Massimo Pavarini sobre el estado de la cuesti�n en su pa�s: �El sistema pol�tico no est� en condiciones de dar una respuesta material, real, de seguridad. S�lo puede vender una imagen ficticia de seguridad. Se abre entonces un mercado de consenso social, que hace de la seguridad un bien fundamental en el negocio pol�tico�. 
El estudio a�n inconcluso de la Defensor�a del Pueblo menciona las placas colocadas en la Iglesia Santa Mar�a Madre del Pueblo en la villa 111-14, en recuerdo de los ni�os muertos en accidentes de tr�nsito por la ausencia en la avenida Perito Moreno de sem�foros que, en cambio, se han colocado en las dem�s avenidas de la ciudad. El informe menciona fuentes no identificadas de la Legislatura porte�a, seg�n las cuales no se instalan all� esas se�ales luminosas porque �los automovilistas tienen miedo de detenerse debido a los asaltos�. Para la Defensor�a este es un �t�pico ejemplo de pol�ticas de seguridad pensadas desde el decimon�nico paradigma del orden conservador�. Esas actitudes discriminatorias �enmarcan a los barrios humildes y necesitados en una suerte de casta de ciudadanos de segunda, quienes pueden vivir sin sem�foros y sin puentes porque sus vidas tiene menos valor que las de los habitantes de los barrios de clase media y alta y menos valor que el supuesto temor de los automovilistas�. 

Un triste r�cord

Esto no significa desconocer la relaci�n entre pobreza y delincuencia, sino objetar una respuesta que se limite a condenar a los chicos que padecen una y otra. Por el contrario, las investigaciones realizadas por Equis indican una correlaci�n directa entre criminalidad y privaciones socioecon�micas y distribuci�n regresiva del ingreso. Entre 1991 y 2000 se duplic� el n�mero de personas que viven en las 18 villas de emergencia de la Capital: de 52.472 (que rondaba el promedio hist�rico del siglo XX), a 100.000. Durante la convertibilidad tambi�n se duplic� el porcentaje de personas que viven en villas sobre el total de habitantes de la Ciudad: del 1,7 al 3,3 por ciento. Mientras la poblaci�n de las villas se incrementaba en 47.528 personas, la del total de la Ciudad Aut�noma s�lo crec�a en 37.471, lo cual indica una migraci�n interna de casi once mil porte�os de otros sitios de la Ciudad a las villas, lo que implica un deterioro en la calidad de vida del conjunto urbano. 
Salvo la Villa 31 de Retiro, todas las dem�s est�n asentadas en el cord�n sur de la Ciudad, que recorre desde San Telmo hasta Mataderos. En ese enclave de pobreza estructural residen 600.000 porte�os y de ellos el 17,4 por ciento tiene Necesidades B�sicas Insatisfechas, contra apenas un 7,4 por ciento en el promedio de la Ciudad. En ese sector reside la mitad de todos los pobres estructurales del distrito. La proporci�n de habitantes originarios de pa�ses lim�trofes en las villas casi sextuplica la del promedio de la Ciudad: (23 contra 4 por ciento) y la desocupaci�n la duplica: 18,1 en las villas contra 9,2 por ciento en el promedio de la Ciudad. Pero la desocupaci�n en las villas llega al 32,7 por ciento entre los menores de 19 a�os y 22,8 por ciento entre los 20 y los 24. Adem�s, la cantidad de jefes de familias residentes en villas de emergencia porte�as sin ning�n ingreso triplica a la de jefes de hogar no pobres. El 15,7 por ciento del total de jefes de hogar residentes en villas de emergencia, lo que es decir uno de cada seis, no perciben ingreso alguno. Dos de cada tres de los habitantes de las villas sobreviven con ingresos por debajo de la L�nea de Pobreza y aquellos que tienen trabajo perciben ingresos sensiblemente inferiores a los de los pobres que no viven en villas: en promedio reciben 2,6 pesos por hora, contra 4,2 de los no pobres residentes en otros sitios de la ciudad. Esto se agrava entre los menores de 24 a�os de las villas, que ganan hasta un peso ochenta por hora, contra dos con noventa en el promedio de la Ciudad. El impacto se potencia cuando se sabe que la mitad de los habitantes en esas villas tienen menos de 29 a�os. No por azar, esa es la franja de edad que seg�n el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos se destaca entre los autores de delitos violentos contra la propiedad. Todos los indicadores coinciden. Siete de cada diez pobladores de las villas de emergencia porte�as no super� el ciclo primario completo, porcentaje que baja a cuatro de cada diez entre la poblaci�n no pobre. A la inversa, mientras no llegan a tres de cada diez los residentes en villas de emergencia que por lo menos han iniciado estudios secundarios, entre la poblaci�n no pobre son el doble. 
La responsabilidad primaria del gobierno nacional de la �poca es un obvio cavallito de batalla de Ibarra. Pero tambi�n es cierto que este proceso no se detuvo con la elecci�n de Fernando De la R�a como primer jefe de gobierno aut�nomo de la Ciudad. En octubre de 1998 el decil m�s postergado de la poblaci�n, es decir los 304.000 porte�os m�s pobres, ten�an una disponibilidad de ingresos de $ 3,3 diarios cada uno, que se hab�a reducido a $2,7 en octubre de 1999 (el mes en que el jefe de gobierno fue elegido presidente de la Naci�n), con una ca�da de disponibilidad del 18 por ciento en s�lo un a�o. La l�nea de pobreza est� en los $ 4 diarios per c�pita promedio y la canasta b�sica de consumo es de $ 8,5 diarios. En ese mismo lapso se produjo en la Ciudad un marcado incremento de la desocupaci�n abierta, que pas� del 8,6 al 10,3 por ciento, con un total de 158.931 personas, de las cuales el 34 por ciento pas� sin trabajo m�s de seis meses. El mismo cuadro se verifica entre los subempleados, que tambi�n han crecido en el �ltimo a�o. En 1999 un 22 por ciento de la poblaci�n econ�micamente activa del distrito ten�a problemas de empleo, entre desocupados y subocupados. Una constataci�n muy significativa es que el mayor impacto del desempleo se da entre quienes tienen estudios secundarios completos o terciarios incompletos. Que el nivel de escolarizaci�n no sea una garant�a contra el desempleo, en una Ciudad donde al mismo tiempo se produce una enorme concentraci�n de riqueza, constituye una poderosa inducci�n hacia los atajos delictivos. 

Tener o no tener

No todo ha sido empobrecimiento en la Ciudad Aut�noma de Buenos Aires. Tambi�n ha habido en estos a�os quienes acumularon riquezas como nunca antes. La simultaneidad de ambos procesos redunda en un cr�tico aumento de la inequidad, seg�n los datos oficiales y p�blicos de la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estad�sticas y Censos (INDEC). El indicador usado para medir la distribuci�n del ingreso es el coeficiente Gini, que fluct�a entre 0 y 1. Si el coeficiente es cero, todas las personas obtienen el mismo ingreso; si es igual a uno el ingreso est� concentrado en una sola persona y la desigualdad es absoluta. Los pa�ses m�s desarrollados tienen coeficientes menores a 0,30, que tienden a una distribuci�n equitativa; los pa�ses en v�as de desarrollo hasta 0,60, todo lo contrario. En la Ciudad de Buenos Aires era de 0,43 en 1974 y de 0,63 en 1999, lo que mide el deterioro de la equidad distributiva en ese cuarto de siglo. El actual coeficiente es equivalente al de 1989, en el pico hiperinflacionario, y peor que el de los pa�ses subdesarrollados. Si se compara la porci�n del ingreso que reciben el 10 por ciento m�s pobre y el 10 por ciento m�s rico de la poblaci�n, se advierte la brecha entre ambos extremos de la pir�mide social. En el �ltimo cuarto de siglo el ingreso del 10 por ciento m�s pobre no ces� de caer y el del 10 por ciento m�s rico de aumentar, de modo que la brecha que era de ocho veces y media en 1974 se ensanch� a m�s de veinte veces ahora. Ricos m�s ricos, que acrecentaron en un 38 por ciento su participaci�n en el ingreso, y pobres m�s pobres, que en el mismo lapso perdieron un 57 por ciento de su participaci�n, coexisten en el mismo territorio. La brecha entre ambos, que creci� un 140 por ciento, define una combinaci�n explosiva.
Estos datos explican por qu� la Capital Federal es el distrito m�s inseguro o con mayor incidencia de delitos declarados por n�mero de habitantes de la Argentina, con una tasa de 62,2 delitos cada mil habitantes, cuando la media nacional fue de 27,8. La evoluci�n de la tasa de delincuencia porte�a muestra que en los �ltimos quince a�os se produjo un incremento constante, s�lo interrumpido en el trienio 1991-1993, al frenarse con la convertibilidad las ondas hiperinflacionarias de 1989 y 1990. �El ciclo delictivo recomienza con sostenido ascenso a partir de 1994, en particular en el segundo semestre, hasta casi duplicarse en 1995, crecimiento notablemente asociado con el aumento del desempleo abierto y la pobreza por ingresos en la zona metropolitana�, afirma el estudio. M�s del 70 por ciento de esos delitos se cometen contra la propiedad.

Ver�n vuelve

Ambos candidatos observan con atenci�n los sucesos de la provincia de Buenos Aires, que condicionan sus planteos sobre seguridad. La agitada saga de Aldo Rico y su negociada eyecci�n complican los planes de R�ckauf, quien planeaba intervenir en forma activa junto a Cavallo y Beliz, quienes por ahora han debido tomar distancia de su mentor. Entre R�ckauf y Rico lograron el milagro de revivir la causa por la venta de los votos del Mod�n para permitir la reelecci�n de Duhalde, iniciada a ra�z del libro �El Otro�, de Hern�n L�pez Echag�e y anestesiada por el juez Emir Caputo T�rtara. A R�ckauf se le atragant� el agradecimiento al �compa�ero Aldo Rico�, que no tuvo m�s remedio que pronunciar para que no trascendieran m�s detalles de aquel esc�ndalo. 
La designaci�n del comisario general retirado Ram�n Oreste Ver�n parece confirmar la fragilidad de la conducci�n pol�tica bonarense, que se hizo evidente en la �ltima crisis. Si la polic�a es conducida por un uniformado y el ministerio por un civil, hay dos fusibles antes del gobernador. Si el ministro es un comisario, la conducci�n recae en forma directa en el gobernador y no hay fusibles que lo protejan. La operaci�n es de alto riesgo, y los antecedentes de Ver�n no son tranquilizadores. Experto en Narcotr�fico (el �rea privilegiada de recaudaci�n policial con protecci�n pol�tica), ex socio nada menos que de Mario Naldi en una consultora de seguridad desde la cual polic�as desplazados y personal de la SIDE conspiraron para desestabilizar al ex ministro Carlos Arslanian, la foja de Ver�n tiene puntos oscuros. El grupo antisecuestros que integr� con Naldi y el comisario Oscar Rossi ten�a asiento en la Brigada de Investigaciones de Banfield. La historia oficial dice que luego del golpe de 1976 el coronel Ram�n Camps los desplaz� y ocup� esa sede para montar en ella el campo clandestino de concentraci�n �Pozo de Banfield�. Sin embargo, las investigaciones que al momento de su muerte continuaba el periodista Carlos Dutil, luego de publicar su nota �Maldita polic�a� en el semanario �Noticias� y su libro �La bonaerense�, asociaron los nombres de Ver�n, Naldi, Rossi y Mario Rodr�guez con ese centro de torturas. Un oficial pasado a retiro por el ex jefe Pedro Klodczyk le cont� que hab�a intervenido con ellos en las operaciones del Pozo de Banfield. Para aportar pruebas solicit� una compensaci�n econ�mica, que Dutil se neg� a pagar. No es improbable que el hombre reaparezca ahora. Tampoco que los sobrevivientes de ese centro clandestino tengan algo que decir, luego de haber visto el rostro del nuevo ministro.


�Un nuevo Beliz?

�Ante cada agravio responderemos con una propuesta�, dijo Gustavo Beliz. Es una buena consigna, s�lo arruinada por la realidad. El supuesto agravio fue la referencia de An�bal Ibarra al paso de Cavallo por la dictadura militar. Beliz replic� que el candidato de la Alianza hab�a sido fiscal durante el mismo periodo. Hay una diferencia no desde�able: una afirmaci�n es cierta y la otra falsa. Cavallo fue subsecretario de relaciones econ�micas con las provincias del ministerio del Interior durante la gesti�n del dictador Roberto Viola, en 1981, y presidente del Banco Central con el dictador Benito Bignone, en 1982. Cada cual puede formular los juicios de valor que esos hechos le merezcan. �Estuve en el gobierno militar precisamente cuando decidi� dar elecciones, trat� de preparar la econom�a para que el gobierno constitucional tuviera mejores condiciones� interpret� el propio Cavallo en un reportaje concedido a este diario el 17 de noviembre de 1991. En cuanto al ministro del Interior al que sirvi�, Horacio Liendo, �ten�a ideas de avanzar hacia un proceso de democratizaci�n�, agreg�. En cambio Ibarra era un adolescente cuando los militares tomaron el poder en 1976 y entr� a tribunales como pinche en 1978. Reci�n en 1986, Ra�l Alfons�n lo design� fiscal federal. 
Beliz dijo que Aldo Rico era �un imb�cil�, por haber afirmado con falsedad que el procesado por homicidio Carlos Castillo formaba parte de la custodia del presidente De la R�a. Beliz no es un imb�cil. �Qu� lo llev� entonces a arriesgar as� el prestigio ganado desde que renunci� al ministerio del Interior denunciando que se planeaba pagar voluntades en favor de la reelecci�n de Carlos Menem? Si se trat� de un error de informaci�n, le bastar�a reconocerlo y disculparse, que es lo que no supo hacer Rico; de lo contrario, habr� que pensar que la proximidad con Cavallo ha engendrado un inescrupuloso nuevo Beliz.

 

Mirando al sur

Mientras Cavallo anuncia la eliminaci�n de impuestos para la zona sur, Ibarra promete su desarrollo. Su rehabilitaci�n �no significa solamente saldar una deuda hist�rica con sus habitantes: es pensar esta parte de la Ciudad como un �rea estrat�gica para el desarrollo econ�mico de la Ciudad en su totalidad�, dice el documento base sobre el que trabaja el equipo de campa�a conducido por Ariel Schiffrin. �Por qu� no lo hicieron hasta ahora?, preguntan los cavallistas. Entre las potencialidades del sur el documento menciona la existencia de grandes terrenos e inmuebles privados a valores relativamente bajos, un valioso stock edilicio industrial recuperable y grandes predios de propiedad p�blica a reurbanizar, muy buena accesibilidad a trav�s de v�as r�pidas y autopistas, proximidad al centro, y una pr�ctica hist�rica como centro de producci�n, almacenaje y distribuci�n de la que queda memoria y que puede ser recuperada. La propuesta incluye desarrollar lo que llama un circuito gastron�mico, muse�stico y patrimonial; un polo log�stico-empresarial y una ciudad de la ciencia y de la industria. El plan de acci�n contempla:
  Un polo inform�tico y de servicios avanzados, en el �rea adyacente a la cabecera sur de Puerto Madero. Inversi�n p�blica estimada: 10 millones de pesos.
  Viviendas para sectores sociales de ingresos medios, por 25 millones.
  Urbanizaci�n de las villas 21 y 24, donde se construir�an 7.000 viviendas de inter�s social. Inversi�n estimada: 170 millones.
  Ciudad de la Moda y el Dise�o en el antiguo mercado del pescado. Inversi�n: 20 millones.
  Revitalizaci�n y recuperaci�n del espacio p�blico en las calles California, Su�rez, Vieytes y las avenidas Iriarte, Patricios, Montes de Oca, S�enz, Alcorta, Perito Moreno, Roca, Chiclana y Almafuerte. Inversi�n: 10 millones.
  Parque deportivo en la playa ferroviaria S�enz. Inversi�n estimada: 5 millones.
  Redesarrollo urbano en Nueva Pompeya, Soldati, Lugano y Villa Riachuelo, mediante un reordenamiento de los usos del suelo. Incluir�a emprendimientos residenciales privados a gran escala sobre tierras de propiedad municipal, orientados a sectores sociales medios y medio-bajos (viviendas unifamiliares, condominios, barrios parque, viviendas en bloque, torres con infraestructura); delimitaci�n de zonas de actividad econ�mica mixta (industria, servicios a la producci�n, grandes equipamientos comerciales, actividades log�sticas); promoci�n de grandes equipamientos recreativos y deportivos y parques tem�ticos; promoci�n de centros empresariales y comerciales y revitalizaci�n de arterias y subcentros comerciales. Inversi�n p�blica: 200 millones.
  Ciudad de la Ciencia y de la Industria en el �rea del antiguo Mercado de Hacienda de Liniers; promoci�n de un Centro Empresarial que actuar�a como �incubadora� de nuevas empresas; recuperaci�n y jerarquizaci�n del espacio p�blico comercial de las avenidas Eva Per�n y Lisandro de la Torre. Inversi�n: 100 millones.
  Reurbanizaci�n de la villa Ciudad Oculta, con una inversi�n p�blica estimada de 150 millones.

 

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