Página/12 - Junio de 1998
Sin embargo, �por qu� no se paraliza Buenos Aires, por qu� no se ralean sus calles y veredas, por qu� el desierto no crece en la ciudad cuando se juega un mundial de hockey, de polo o de ping pong? Porque el f�tbol es un maravilloso deporte. Sirve para pensar. (Por ejemplo: en el segundo tomo de la Cr�tica de la Raz�n Dial�ctica, edici�n Losada, Sartre le dedica casi cien p�ginas al an�lisis de un partido de f�tbol para explicitar las relaciones dial�cticas entre la particularidad y el todo.) Sirve para divertirse. Para emocionarse. Para comunicarse. Y mil cosas m�s. Hasta sirve para que uno lo juegue y baje de peso sin pastillas ni dietas crueles. Quiero decir: no ser�a aconsejable olvidar, en medio de la tentaci�n de los an�lisis trascendentes y serios, que el f�tbol es el m�s maravilloso deporte que el hombre haya inventado sobre este mundo. Y que un Mundial es --o deber�a ser-- la mejor posibilidad de verlo bien jugado. Y que, en medio de la devastaci�n de las identidades y los estados nacionales, todav�a esa celeste y blanca que llevan nuestros millonarios muchachos nos entrega la sensaci�n provisoria de ser un pa�s. Que no lo seamos o que para serlo haga falta mucho m�s no es culpa del f�tbol. |